La casa común y la democracia: misión diaria.

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Especial para En Rojo

 

Brasil recuerda su independencia política en el 7 de septiembre. Tradicionalmente es un día de desfiles militares y discursos de las autoridades oficiales. Desde 1995, por iniciativa de grupos cristianos involucrados en la lucha de la clase trabajadora  y muchas personas de movimientos populares, se toman las calles y plazas de las ciudades para llevar a cabo lo que se denomina el Grito de los Excluidos y las Excluidas.

En todo Brasil, el Grito se celebra este 7 de septiembre para mostrar que nuestra independencia formal aún debe hacerse efectiva y real, sobre todo para la población empobrecida. De poco sirve que el Estado sea independiente si gran parte de la población no tiene acceso a los elementos básicos que nos hacen libres: educación y salud de calidad, trabajo digno y, por supuesto, autosuficiencia alimentaria. Entre los países de todo el mundo, Brasil sigue ostentando uno de los peores índices de desigualdad social. Además, en toda la sociedad brasileña, el racismo estructural naturaliza las desigualdades y se organiza de manera que excluye siempre a la mayoría empobrecida del pueblo, principalmente a la población negra e indígena

 

Desde 1999, el Grito de los Excluidos y Excluidas no es solamente brasileño. Resuena en el continente, en 15 países de América Latina y el Caribe. En la mayoría de esos países, cada año, la fecha de movilización en la que se realizan manifestaciones y marchas es el 12 de octubre, día que marca el inicio de la conquista y colonización de las Américas. El Grito simboliza todos los gritos de los pueblos originarios, cuyos derechos básicos fueron violados por el colonialismo europeo.

Desde el principio, en el Grito, hay un tema central que se mantiene constante: «¡La vida ante todo!». Este tema central se expresa en una afirmación que, cada año, actualiza este principio. En el Brasil, en este 2025, el tema es «Cuidar la Casa Común y la Democracia es la lucha de cada día». Al proponer «cuidar la casa común», el Grito recuerda los diez años de la publicación de la encíclica Laudato Si de Papa Francisco, quien en 2015 llamaba a toda la humanidad para la responsabilidad de la Ecología Integral. Al vincular el cuidado ecológico con la defensa de la democracia, el Grito de 2025 se propone, junto con la clase trabajadora, comprender que necesitamos una democracia participativa y directa, que perfeccione y complete el sistema democrático formal que vivimos hoy.

Para el Grito y para todas las manifestaciones sociales y políticas que defienden la causa del pueblo, un reto importante es cómo dialogar con los sectores más excluidos de la sociedad. Lamentablemente, en las periferias de la ciudad y en el campo, son los medios de comunicación masiva los que más influyen en la sensibilidad y forman la opinión pública. Las cadenas de televisión y canales de comunicación más escuchados pertenecen a familias muy ricas y expresan los intereses de ese grupo. Así, en la mente y la cultura de los grupos más oprimidos se instala el virus de la alienación y muchas personas necesitadas razonan y actúan según los intereses del opresor.

En Roma, en el 15 de octubre de 2020, el papa Francisco lanzó lo que denominó Pacto Educativo Global. Se trataba de un llamamiento para que todas las personas, instituciones, iglesias y gobiernos del mundo dieran prioridad a una educación humanista y solidaria como forma de transformar la sociedad. En la América Latina y en el Caribe, la Iglesia Católica cuenta con una inmensa y extensa red de instituciones como parroquias, capillas y comunidades. Imaginemos que sus responsables se interesaran realmente en participar en esta campaña de una educación liberadora.

Cada vez es más urgente la inserción amorosa de los educadores y educadoras en las periferias de la vida. Es urgente que el Grito de los Excluidos y las Excluidas se convierta no solo en un evento momentáneo, sino en un proceso y movimiento que reúna a los grupos empobrecidos del campo y la ciudad, a los pueblos indígenas y a los jóvenes, en una sola marcha, en una lucha pacífica por los derechos de la humanidad y de la Madre Tierra, de las aguas y de la vida.

 

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

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