Durante las Olimpiadas 2024 grandes sectores de nuestro Pueblo estuvimos pendientes de los medios de comunicación para seguir el desempeño de la delegación boricua. La ceremonia de apertura siempre es especial porque vemos el grupo unido con nuestra bandera ondeando sola y se siente un orgullo desbordante. Olvidamos durante ese esperado momento que seguimos siendo colonia. Desde Guánica, donde estábamos algunas amigas, al día siguiente de rendir homenaje a los mártires de la Patria en el Cerro Maravilla, el desfile inaugural se ensombreció bastante cuando Telemundo escogió el momento en que pasaría la representación de Cuba para pautar anuncios y así impedir que la teleaudiencia la apreciara y admirara. ¡Tremenda mezquindad!
Conocíamos de antemano cuán empinada sería la cuesta para alcanzar medallas, tratándose de una competencia mundial. Sin embargo, las alegrías recibidas con las actuaciones de Mónica Puig y Jasmine Camacho en México y Tokío, respectivamente, así como las medallas de plata y bronce de Jaime Espinal y Javier Culson en Londres 2012, sin olvidar las preseas de bronce que obtuvimos a través de boxeadores que honrosamente nos representaron antes, comenzando por Juan Evangelista Venegas, mantenían vivo el entusiasmo y la esperanza. Aún cuando no se logran preseas, me lleno de alegría cuando nuestra gente tiene lucidas participaciones en los distintos eventos y es evidente el gran esfuerzo que hacen para tener una actuación digna, cuando logran mejorar sus tiempos, también los tiempos nacionales, como fue el caso del equipo femenino de baloncesto y de la atleta de pista, Gladymar Torres. Por supuesto, las ejecutorias de Jasmine y de Sebastián Rivera con sus premiaciones de bronce hicieron palpitar nuestros corazones y fortalecieron la identidad nacional boricua.
Para mí, el momento más conmovedor de todas las olimpiadas fue la tercera etapa en la que jugó la querendona de Utuado y de Puerto Rico, Adriana Díaz González. Su llanto sin consuelo cuando perdió en los octavos de final y, aun así, se enfrentó a la entrevista pautada con los medios de comunicación para luego del evento, estoy segura que conmovió hasta las lágrimas a cualquier boricua que la estuviera viendo. Sus palabras y posteriores expresiones a través de las redes sociales, implicaban una solicitud de disculpa a sus compatriotas y vergüenza deportiva por no haber avanzado en su ejecutoria olímpica. Sin embargo, fuimos testigos a distancia, del esfuerzo que hizo, de lo mucho que ha adelantado a su corta edad y de los sacrificios sociales y familiares en los que ha incurrido desde la temprana adolescencia para continuar desarrollando al máximo sus destrezas deportivas. Llegó a París entre las primeras 11 jugadoras del Mundo, por primera vez en las tres olimpiadas que ha participado clasificó a los octavos de final, es la primera latinoamericana en lograrlo y la segunda de América. Por su disciplina, constancia y amor por Puerto Rico es merecedora de nuestra admiración y respeto.
La proyección de sinceridad y sencillez sin falsas modestias, compromiso deportivo y patriótico que proyecta Adriana es real y creo no equivocarme al concluir que ha sido inculcado en la crianza familiar. La solidaridad es uno de esos valores que ocupan la maleta de su personalidad. En septiembre de 2023, mientras se celebraba en Cuba el Campeonato Panamericano de Tenis de Mesa y junto a su hermana competía en la modalidad de dobles, la utuadeña recibió apoyo y palabras de ánimo de una funcionaria cubana que laboraba en el pabellón de las atletas. Tan significativo fue ese estímulo
emocional para que el desempeño la tenimesista que culminó con la obtención de la medalla de oro. En un gesto único de agradecimiento, Adriana le regaló la presea a Elsa Peña, la funcionaria cubana de 76 años, quien la ayudó a superar la tensión emocional que la agobiaba.
Esa misma sencillez y accesibilidad la hemos sentido en el Comité de Solidaridad con el Pueblo de Haití cuando Adriana y su familia aceptaron nuestra invitación para participar en la actividad “Tenis de Mesa por Haití: con Adriana Díaz.” Desde el principio la propuesta fue bien recibida, pero la complicada agenda de la atleta, quien la mayor parte del tiempo está fuera de Puerto Rico, hizo difícil acordar una fecha. Generosamente separaron un sábado, luego del regreso de París y dentro de los pocos días que estaría en Puerto Rico para decir presente en el evento de apoyo a Haití.
Se trata de un torneo de tenis de mesa para edades de hasta 15 años con premiaciones y una categoría abierta para personas fanáticas del deporte. La actividad que tendrá lugar en el Club de Tenis de Mesa de Trujillo Alto, ubicado en la Urb. Ciudad Universitaria de dicho municipio, contará con Adriana de 10 a 12 de la mañana. El público escuchará su mensaje y quienes tengan la oportunidad de hacer un donativo, podrán intercambiar lanzamientos de bola con ella sobre la mesa de tenis. Además, habrá una variada oferta cultural y gastronómica durante todo el día.
Adriana nunca ha visitado Haití, pero tengo la certeza de que no está ajena a la situación de violencia incontenible que allí ocurre; al extremo empobrecimiento que les arropa, al saqueo y la corrupción gubernamental, a la necesidad de que, en esa Nación Isla tan cercana a Puerto Rico, se logre y prevalezca la paz con justicia. Una pequeña delegación haitiana de siete personas representó a su país en París, en las diciplinas de gimnasia artística, atletismo, boxeo, judo y natación. Desfilaron en la ceremonia inaugural y en la clausura con mucha alegría. La hermandad que promueve el deporte también hace olvidar por breve tiempo los graves problemas por los que atraviesan los países que compiten. Con su participación en “Tenis de Mesa por Haití”, Adriana iniciará una relación de la solidaridad que ella bien conoce, con nuestras hermanas y hermanos que a tan corta distancia están de nuestras costas. Le hemos informado a nuestra querida y admirada campeona nacional, centroamericana y panamericana que la recaudación que se genere en la actividad se destinará a la alimentación de la matrícula de la Escuela que construimos en Leogane, luego del terremoto de 2010, al mantenimiento del plantel y al apoyo a dos orfanatos cercanos.
Los valores del deporte y de la solidaridad se unirán, una vez más, por una justa causa, los derechos humanos de la niñez haitiana. Adriana Díaz y la fanaticada del tenis de mesa, lo harán posible.
Nota: Para más información sobre “Tenis por Haití: con Adriana Díaz”, pueden llamar a:787-349-6217 y 787-374 8348. También pueden buscar la página de “Facebook” del Comité de Solidaridad con el Pueblo de Haití o escribir a: [email protected]



