La mercantilización cultural en la colonia

 

Especial para En Rojo

Hace más de una década, el ganador del premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa advirtió en La Civilización del Espectáculo que, en la escala de valores del mundo actual, el ocio y el entretenimiento ocupaban el primer lugar. Vargas Llosa no era el primero en hacerlo. En los ’70, el filósofo Guy Debord vislumbró que los medios de comunicación en masas habían desarrollado toda una economía mundial a base del espectáculo de la cual nadie podría escapar, posicionándose la imagen y sus reproducciones como ejes de nuestra sociedad en su sentido global.

De lo que pocos están conscientes es que los medios de comunicación de masas, desarrollados en gran parte por Estados Unidos, más que una herramienta para la diversión y el escape, han sido un suave e imperceptible armamento de dominación política. Hollywood, CNN, Disney, Facebook, Amazon y el resto de las incontables compañías de comunicación y plataformas digitales han insertado globalmente sus visiones y valores a través de los discursos que producen por medio de películas, series, noticiarios y música, creando una hegemonía cultural y política.

¿Por qué la hegemonía cultural estadounidense es peligrosa? Primero, porque atenta contra la diversidad y el pluralismo cultural. Hoy día tienes a personas comiendo McDonald’s, vistiendo tenis Nike, viendo Orange is the New Black, identificándose como liberales (desde la concepción liberal demócrata), individualistas y capitalistas sin importar su lugar geográfico. Todo ello producto de un bombardeo de discursos sublimes en todo lo que consumen.

¿Qué tiene esto que ver con la colonia? En Puerto Rico, un territorio pequeño y dominado hace más de un siglo por Estados Unidos, no es sorpresa que estemos asimilados o cuasiasimilados a ellos en todos sus aspectos. Hagamos un ejercicio: vaya a la sección de cultura de su medio favorito puertorriqueño y notará que más de un setenta por ciento de las noticias que allí yacen son foráneas, banales y ajenas al quehacer cultural de aquí. En un territorio insular donde los artistas, intelectuales y las actividades culturales abundan, una mínima parte llega a los medios de comunicación.

En un país donde el quehacer artístico se encuentra herido y desvalorado, se debería reseñar y celebrar cada exposición de arte, los conciertos de la Sinfónica, los lanzamientos literarios nuevos, los logros de cantantes, directores, actores, autores y músicos, sin importar cuánto tiempo llevan en la industria. En cambio, lo que tenemos es un bombardeo constante de farándula y producciones estadounidenses nuevas. Mientras tanto, un puñado de artistas locales, muchas veces de gran reconocimiento, acaparan los medios de comunicación puertorriqueños y se mantienen en el pugilateo de la competencia y el stardom. Estos no tienen la culpa, pero obstaculizan la posibilidad de dar espacio y aforo a caras nuevas y sus ofertas artísticas y culturales.

Después nos preguntamos por qué ha habido un retroceso intelectual y cultural. Daya Kishan Thussu atribuye el embrutecimiento colectivo al infoentretenimiento, que no es otra cosa que una manera de elegir, producir y republicar lo que consideramos noticia con un formato puramente ágil y solaz, sin mayor desarrollo o discusión.

Los medios de comunicación deben recordar su función social, que más que entretener apunta a informar y educar. Fue por medio de la cobertura cultural que muchos ciudadanos de a pie se expusieron a las artes, el debate intelectual y las ideas profundas, generando así pensamiento crítico y capacidad para discernir.

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