¿Qué significa tener útero?
Spoiler Alert: Voy a revelar el misterio de la película Conclave.
Murió el Papa Francisco. La iglesia católica tiene que hacer una reunión de cardenales para elegir un Papa: un cónclave.
La película Conclave, nominada para el oscar en 2024, es sobre un cónclave. La maravilla de la trama de la película es que podría ser real. Tal vez a través de la historia tuvimos Papas con útero y nunca lo sabremos. La iglesia tiene que preguntarse qué hará en su próximo cónclave.
Consideremos que la trama de Conclave es posible porque creamos tecnologías, por ejemplo, en la radiología, que nos permiten mirar dentro de los cuerpos. (Siempre ha existido la opción de abrir los cuerpos para mirar.) La innovación tecnológica puede crear nuevos problemas éticos. Por ejemplo, la máquina de respiración artificial hizo posible la nueva categoría de muerte cerebral, la cual entonces hizo posible el nuevo problema ético de decidir qué hacer con los humanos en ese estado. En Conclave tenemos el (supuesto) nuevo problema ético de tener que decidir si queremos o no queremos un Papa con útero.
Como la iglesia solamente permite Papas hombres, la película Conclave sugiere que tener un útero tiene algo que ver con categorizar a los seres humanos como mujeres u hombres.
Consideremos el proyecto sobre las histerectomías en Puerto Rico de la Dra. Michele Beauchamp (https://histerectomiapr.com/). En las entrevistas que hizo la Dra. Beauchamp, algunas puertorriqueñas decían no sentirse mujeres porque sus úteros habían sido removidos. Algunas también expresaron que sus parejas, que se categorizan como hombres, ya no querían tener relaciones sexuales con ellas porque ya no las consideraban mujeres si no tenían útero.
Parece que le damos más importancia y significado a tener un útero que a tener otros órganos, como por ejemplo un apéndice, incluso cuando no se pueda (o no se quiera) utilizarlos.
Dividir el mundo en categorías biológicas mujer u hombre siempre ha sido cuesta arriba. No hace mucho se determinaba usando el ‘juicio médico’ con la ‘Escala de Prader’, mirando los genitales. Ahora podemos usar tecnologías para mirar dentro del cuerpo y ver si tiene útero. Resulta complejo si se pretende alinear la apariencia externa con alguna categoría biológica. No siempre hay correlación entre la apariencia externa mujer u hombre y la categoría. Como en la película Conclave, hay una falta de correlación entre el útero y la apariencia externa masculina. Y hay humanos que no tienen útero y tienen apariencia externa femenina. También existe falta de correlación entre la apariencia externa y las categorías genéticas XX y XY. Tenemos a la ‘súper modelo XY’ y a los ‘varones XX’. La institución médica, en su afán de definir lo “normal” y medicalizar la vida, a veces decide ponerle nombres -como condición, síndrome, desorden- a faltas de correlación. (También podemos seguir creando categorías. En Conclave, se puede decir que el Papa está en la categoría de intersexualidad.)
Se piensa que categorizar el mundo ayuda a entenderlo. Pero no necesariamente es así. Las categorías pueden mostrar conocimiento o pueden invisibilizar conocimiento. También pueden ordenarse jerárquicamente; incluir o excluir a los seres. Ayuda parar y preguntarse cuál es el propósito de una categoría, sobre todo si se considera biológica. ¿Promueve inclusividad en armonía o excluye a algunos seres de derechos, beneficios, o privilegios? Para un análisis de cómo las categorías de mujer u hombre son la base de la opresión sexista, recomiendo el ensayo Sexism de la filósofa Marilyn Frye en su libro The Politics of Reality.
Me pregunto si la iglesia católica requiere, o va a requerir, que las personas en el cónclave utilicen tecnología para confirmar que no tienen útero.
Indudablemente, tener un útero es significativo independientemente de la categoría del ser humano que lo posea.
El útero está atado al poder de creación.
Aunque no todas las personas que tiene útero tienen la capacidad (o el deseo) de gestar y parir; ninguna persona sin útero tiene esa capacidad. El útero no es suficiente, pero es necesario, para crear humanos.
También queremos dividir los procesos de creación de humanos en categorías.
¿Qué significa parir? es una de mis preguntas filosóficas favoritas.
Se podría pensar que es simplemente una pregunta biológica, cuya definición actual funciona para dividir el mundo en las categorías que utilizamos como aborto, parto, cesárea, o “pérdida de bebés”. Por ejemplo, la Real Academia Española define parir como: “Dicho de una hembra vivípara: Expulsar naturalmente el hijo o los hijos que tiene en su vientre.” La definición en el libro más popular de la cultura obstétrica, Williams Obstetrics, es: “El parto es el proceso que conduce al nacimiento de un niño. Empieza con el inicio de las contracciones uterinas regulares y termina con el parto del recién nacido y la expulsión de la placenta.”
Ninguna de las dos definiciones funciona para dividir los procesos de creación de humanos en las categorías que usamos actualmente. Ese es el tema de la próxima gotita.
Conclave nos invita a pensar sobre el significado del útero y su relación a lo humano, sobre todo porque no sabemos, simplemente mirando a las personas, quiénes tienen ese órgano.
Interesantemente, ahora que hacemos trasplantes de úteros, apuesto a que el útero va a considerarse lo que siempre ha sido, un órgano que puede proveer una capacidad adicional -o, digamos, el súper poder- de crear seres humanos. O, para ponerlo en términos médicos, la innovación en tecnología que permite los trasplantes de úteros será considerada una “mejoría humana” (human enhancement) que algunos humanos sin útero empezarán a reclamar.
¿Desde cuándo estamos pariendo? Desde siempre…
Poco a poco tenemos que ir des-aprendiendo –que es más difícil que aprender- la cultura obstétrica en la que fuimos criad@s y en la que vivimos y parimos.
La autora es profesora de filosofía en la UPR en Mayagüez y autora de libros infantiles.



