Especial para En Rojo
¿Cómo puede ser la violación masiva durante la guerra con el propósito de forzar embarazos un tipo de genocidio?
Estamos en tiempos de guerra y ocupación militar.
La violación de mujeres como arma de guerra a través de la historia está ampliamente documentada. Se ha usado con varios propósitos; como tortura, como método de forzar la obediencia del enemigo, como venganza, como premio para los soldados (“botín“), para fomentar la hermandad entre soldados, etc. (Actualmente se está documentando; por ejemplo, La violencia sexual como crimen internacional en el conflicto ruso-ucraniano, 2014-2022 de Diego Alberto Zapata Gonzales y Stephani Violeta Paliza Obando.)
Pero la filósofa Claudia Card, en su libro, Confronting Evils: Terrorism, Torture, Genocide (2010), argumenta que no solamente la violación se ha usado como arma de guerra, sino que, además, el semen se ha utilizado como arma biológica de guerra. Por ejemplo, se argumenta que como parte de la violación durante la guerra se tenía la intención de infectar a las mujeres con HIV (pueden leer, por ejemplo, Rape and HIV/AIDS as weapons of war: Human rights and health issues in post-conflict societies de Obijiofor Aginam). En ese caso, el semen se estaría utilizando como método de transmisión de una enfermedad (potencialmente) letal y se entiende su uso como arma biológica.
Pero Card argumenta que el semen se puede usar como un arma biológica aunque no transmita enfermedades, y, aun más, que se puede utilizar con propósitos genocidas.
¿Qué es genocidio? es una pregunta filosófica.
La Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948 define genocidio —genos (griego) de raza o tribu, y cide (latín) de matar— como “destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”. En esa definición tiene sentido infectar a personas con una enfermedad letal. También tiene sentido la técnica de introducir instrumentos en el útero con el propósito de que las mujeres no puedan tener hijos (pueden leer, por ejemplo, un artículo de agosto del 2025, “Nos aseguramos que no puedan tener hijos” La violencia sexual como genocidio en Etiopia de Silvia Laboreo Longás).
Pero Card propone una paradoja: El semen saludable se utiliza como arma biológica a través de la violación masiva para forzar embarazos con propósitos genocidas. Por ejemplo, Card cita, como parte de un plan de genocidio, una política de guerra de “violación genocida” en la cual los soldados serbios violaban a las prisioneras musulmanas hasta que quedaban embarazadas, las mantenían en prisión hasta que el aborto ya no era seguro, y luego las liberaban (Rape Warfare: The Hidden Genocide in Bosnia-Herzegovina and Croatia de Beverly Allen).
¿Cómo se puede destruir un grupo re-produciendo más personas?
Muy brevemente, Card argumenta que el genocidio no es solamente la exterminación de un número o grupo de personas, sino que genocidio es un tipo de destrucción de ‘vitalidad social’, que ella define como las relaciones, contemporáneas e intergeneracionales, que crean contextos e identidades que le dan forma y significado a nuestras vidas: “[genocide] substantially destroys ties that bind individuals into a people, including the kinds of ties (economical, political, religious, etc.) that tend to outlive individual members and give meaning and shape to a group. The intended termination of a genocidal plan is the destruction of a people as a people, as its foundations are ruined, with a concomitant destruction of social vitality in the lives of survivors.” (2010, 277). Card añade: “The intentional production of social death in a people or community is the central evil of genocide. Social death distinguishes the evil of genocide, morally, from the evils of other mass murders” (2010, 237).
¿Cómo se pierda la vitalidad social con violaciones masivas con el propósito de embarazos forzados con semen del enemigo?
Card argumenta que el propósito no es, necesariamente, que la cultura sienta que los bebés son del enemigo. Más bien, la tortura prolongada de violaciones rutinarias, combinada con el forzar embarazos con el semen del enemigo, tiene la expectativa de deshumanizar a las mujeres y adolescentes que lo sobre-vivieron. El torturar y violarlas durante meses y meses, y forzar sus embarazos, destruye su vitalidad social. Las que sobreviven el horror se convierten en “cadáveres gestantes” o “envases biológicos vivientes”.
En las palabras de Card:
“Even after birthing, a survivor might not experience herself or be perceived by others as a potential wife, mother, or any other recognized kind of family member….Unless she is unusually creative and resilient, as well as lucky in finding support from others, she may find it overwhelmingly difficult to recover social vitality….In this case, the child and its biological mother are potentially constant reminders of shame, humiliation, impotence, and defeat. The production of new life is an instrument of social death….The production of a generation of children of rape who grow up alongside children who were old enough to have witnessed war rape and to know what it means is a profound assault on the community….Whether rapists thought they were producing little [enemy children] is irrelevant. What counts is the attack on the social meaning of the lives of the women and girls they tortured and on the social vitality of their communities.” (2010, 285-6)
Sería interesante ponderar: ¿Se podría utilizar La convención sobre armas biológicas como respuesta a la violación genocida?


