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Las diversas Pascuas y el mundo actual

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Especial para En Rojo

Mucha gente habla de Pascua como si solo existiera una. De hecho, en el ámbito religioso, existen la Pascua judía y la Pascua cristiana. En la sociedad, existe la Pascua de quienes aprovechan el feriado para ir a la playa o salir a pasear. Incluso en cada una de las Pascuas religiosas, hay  formas muy diferentes de vivir y celebrar este evento.

Probablemente, el término Pascua (Peshach) significa paso. En regiones del antiguo Oriente Medio,  designaba una  danza de primavera. Era el paso (Pascua) de los refugios del invierno hacia la convivencia con otras personas y la naturaleza. Así, por su origen, la Pascua tiene un carácter ecológico y, hasta hoy, la humanidad celebra el renacer de la naturaleza en la primavera.

Hasta hoy, en el judaísmo, la fiesta de Pascua, conocida con el nombre de Peshach, es celebrada en las sinagogas y comunidades de todo el mundo. En este año 2026, la Pascua judía ocurre del 1 al 9 de abril. Conmemora la liberación del pueblo oprimido que, según cuenta la Biblia, estaba esclavizado en Egipto, bajo el yugo del faraón, y en una fiesta de Pascua, tomó una comida apresurada para partir hacia la liberación.

La tradición tradujo el término hebreo como judío y, posteriormente, la propia Biblia identificó a los hebreos con los israelitas. Historiadores, exégetas e investigadores de la historia, como el estadounidense Norman Gottwald y el alemán Gerd Theissen, creen que el término «hebreo» no designaba una etnia o raza, sino una categoría social que, hoy en día, correspondería a un campesino sin tierra o a un migrante indocumentado. Desafortunadamente, hoy en día, muchos religiosos y religiosas del judaísmo tradicional celebran litúrgicamente el Peshaj, pero, al mismo tiempo, apoyan al gobierno sionista que masacra al pueblo palestino y llama a Irán «amalecitas», quienes, según la interpretación fundamentalista de los textos del libro de Josué, deben ser simplemente exterminados.

Muchas sinagogas celebran la Pésaj, pero no traducen esa celebración en una actitud ética actual. Mientras celebran la Pésaj, están de acuerdo que el gobierno de Israel haga, hoy con el pueblo palestino y con otros pueblos, lo mismo que el faraón del Egipto antiguo hacía con el pueblo hebreo. Gracias a Dios, mismo siendo minorías, hay sinagogas que celebran la cena pascual y proclaman al mundo que Dios es Amor y está siempre del lado de los pueblos crucificados de hoy.

En esta Pascua de 2026, en nombre de la fe, hay soldados israelíes que se niegan a participar en la guerra. Desde 1969, en Tel Aviv y Jerusalén, las comunidades de Neve Shalom, Oasis de Paz, reúnen a personas judías y árabes. Aunque enfrentan amenazas de grupos fundamentalistas judíos y musulmanes, Neve Shalom mantiene escuelas bilingües, en hebreo y árabe, y brinda ayuda a las familias víctimas de la guerra. El miércoles 1 de abril, esta comunidad celebra el SEDER, la cena pascual judía. El jueves comienza la celebración cristiana de la Pascua.

Las Iglesias tradicionales aún mantienen un lenguaje sacrificial en sus ritos, textos y cantos. Los textos hablan de Jesús como cordero pascual que fue inmolado y celebran la muerte de Cristo como sacrificio ofrecido a Dios para salvar a la humanidad del infierno.

Gracias a Dios, en todo el mundo crece el número de grupos y comunidades que creen y proclaman: no fue por su muerte y su sangre que Cristo nos salvó. Fue por su vida entregada por la solidaridad hasta la muerte. Creemos en la vida y no en la muerte. No podemos creer en un Dios que necesita que su hijo muera para reconciliarse con la humanidad. Creemos en la salvación, no solo como liberación del pecado, sino como vida nueva que, a través del Espíritu, el Cristo Resucitado nos da, para renovarnos interiormente y transformar las relaciones humanas y todo el universo.

Ser pascual significa optar siempre por la vida y creer que, pase lo que pase, la vida vence a la muerte y que si nos dejamos dominar por el desánimo, el pesimismo o el conformismo, seguimos presos en el sepulcro que es simbólico, pero real.

En este momento, la América Latina, el Caribe y el mundo atraviesan una noche social y política. La violencia cometida por el imperio en contra de Venezuela y Cuba, su intervención en las elecciones en Argentina y en Honduras, así como sus amenazas sobre todos nuestros pueblos, son signos de que la resistencia y la fidelidad a nuestros sueños revelan que la cruz de los pueblos crucificados de hoy es cruz de resurrección.   

Que hagamos pascual nuestra vida y lo más profundo de nuestro ser. Ya sea a los 30 o a los 80 años, debemos ser capaces de cambiar interiormente, de abrirnos cada vez más a la crítica y a la autocrítica. A partir de ahí, renovar nuestra forma de pensar, de sentir y de relacionarnos.

En el siglo IV, San Juan Crisóstomo, obispo de Constantinopla, afirmaba: «Por su resurrección, Cristo viene a convertir nuestra vida en una fiesta continua, incluso en medio de las luchas y dificultades que enfrentamos». Que esta nuestra Pascua sea sin fin.

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