Especial para En Rojo
1.Hacía muchos años, “quizás demasiados” como solía decir ella, que Ana Lydia Vega no publicaba un nuevo libro. Había quien rumoraba que había “cerrado la tienda”, que ya no volvería a publicar nada nuevo, que hasta había quemado en una “hoguera de vanidades” todos sus archivos repletos de textos inéditos, que jamás recogería en libro lo que había ido publicado en revistas y periódicos, especialmente sus agudos y ndeliciosos comentarios sobre la política isleña. En fin, que nos teníamos que conformar con los textos que ya habían visto la luz pública porque había dicho “nacarile del Oriente” y que nada nuevo suyo veríamos. Pero, por suerte, acaba de salir en México una antología de cuentos donde se recogen nuevos textos suyos: Crucero caribe: cuentos selectos (Ciudad de México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2026). Y se rumora que escribe una novela… ¡Albricias!
En esta antología se recogen cuentos ya clásicos como “Encancaranublado”, “Letra para salsa y tres soneos por encargo” y “Cosas de poetas”, entre otros. Pero también aparecen nuevos cuentos que – no me cabe duda – entrarán en su canon personal y con el tiempo también en el del cuento boricua. Por ello Crucero caribe nos invita a repasar su contribución a nuestra cuentística y a examinar su desarrollo a través de esas nuevas piezas. Algo aquí adelantarnos para iniciar esas necesarias tareas; ese es el objetivo principal de este breve comentario, aunque reconocemos que, por suerte, mucho más queda por hacer.
2.
El libro abre con breve pero iluminador prólogo de Manolo Núñez Negrón muy apropiadamente titulado “Mapa de navegación”, apropiado porque nos explica cómo el libro está estructurado por secciones donde se agrupan cuentos que de alguna forma se relacionan. El prologuista nos ofrece, pues, una excelente cartografía del libro; nos prepara para el viaje. Núñez Negrón muy acertadamente clasifica el estilo más típico de Vega como “una gramática de la carcajada” y no se equivoca al así hacerlo porque gran parte de estos cuentos, no todos, pero sí los más característicos, pueden catalogarse bajo esa rúbrica.
Hay que apuntar, aunque así no lo hace el prologuista, que la colocación del primer y del último cuento en esta antología es reveladora y nos sirve para entender mejor los propósitos de Vega. El libro abre con “Pasión de historia” y cierra con “Un domingo de Lilianne”, dos cuentos que ya conocíamos. El hecho, aparentemente insignificante, sirven para retratar los objetivos de la autora al estructurar la antología y así definir mejor aún el mapa del conjunto. Alfa y omega: el comienzo y el final siempre son posiciones privilegiadas y significativas en cualquier texto y aquí claramente lo son.
“Pasión de historia” es una historia de pasión ya que sus personajes están envueltos en relaciones problemáticas y hasta violentas. Podemos colocar el cuento en el género policiaco; por ello no es casualidad que lleve como epígrafe una cita de Alfred Hitchcock. Pero, para mí, lo más interesante del cuento es cómo Vega juega con las normas del género policiaco y, sobre todo, como es una violación de estas: la periodista/detective que lo protagoniza termina siendo la víctima y ninguno de los crímenes que son la base de la trama se aclaran. Por ello y si seguimos las observaciones de Ana María Amar Sánchez, quien tan efectivamente ha estudiado el género policiaco en América Latina, podemos decir – y así lo hace esta estudiosa – que este cuento cabe perfectamente en ese contexto. Así es ya que Amar Sánchez establece que “…el policial en América Latina se define por su trabajo de “deformación” y explotación de las variables implícitas en las fórmulas”. El cuento de Vega cabe perfectamente bien en ese contexto latinoamericano. Pero su final también apunta a otro rasgo de la narrativa de Vega: la autoconciencia de sus textos que muchas veces son meditaciones sobre el arte de narrar o espejos que se reflejan a sí mismo. “Pasión de historia” es por ello un examen de lo que es el cuento para Vega, no sólo el cuento policiaco, y por ello ocupa esta posición privilegiada. El cuento sirve para instruir al lector sobre la que hallará en el resto del libro.
A su vez el colocar al final “Un domingo de Lilianne” apunta a otro rasgo de la producción de Vega que está siempre anclada en un contexto puertorriqueño y retrata nuestra historia y situación política, aunque casi siempre, como en este cuento, se hace de manera indirecta. Este se basa en un hecho histórico y está focalizado en personajes reales; se presenta la Masacre de Ponce a través de un día aparentemente normal de una de las hijas del fiscal de la ciudad, Rafael V. Pérez Marchand. Pero todo se hace sin alardes de compromiso social, ni consignas políticas y sin identificar a los seres históricos. Los cuentos de Vega siempre están anclados en nuestra realidad, histórica, como en este caso, o social, como en la mayoría de sus cuentos. En la gran mayoría de sus textos se presenta la realidad social de forma oblicua o indirecta.
3.
Entre esos dos cuentos que sirven de hitos o marcadores en la antología aparecen otros ya publicados y los nuevos, los que llaman la atención de los lectores puertorriqueños. Recordemos que la publicación de este libro en México implica que tiene como lector implícito al público mexicano. Pero la gran mayoría de los lectores boricuas que ya conocen la obra de Vega están interesados en los nuevos cuentos. Por ello son a estos a los que les presto más atención. Por ello también es revelador que el libro esté dedicado “a Puerto Rico, mi isla ardiente, y a México lindo y querido”. Vega tiene plena conciencia de quienes son sus lectores.
Son veinte los nuevos cuentos. Entre estos no hallamos ninguno que se construya a partir del estilo que caracterizó los primeros que publicó, como “Letra para salsa y tres soneos por encargo” u otros de los que aparecieron en su primer libro, Vírgenes y mártires (1981), libro escrito en conjunto con Carmen Lugo Filippi, y en Encancaranublado y otros cuentos de naufragio (1982). En muchos de esos cuentos anteriores el humor se producía por una sorpresiva yuxtaposición gramatical o por la creación de una palabra a partir de un vocablo popular. El estilo provocaba humor por esas sorpresas lingüísticas. Aunque esta técnica – lo que Núñez Negrón llama atinadamente la “gramática de la carcajada” – no predomina en los nuevos cuentos no desaparece por completo y en algunos se usa el discurso directo de la voz de un personaje del pueblo para acercarse a esa “gramática” a la que apunta Núñez. Recordemos que el acercamiento a la cultura popular es un rasgo dominante en la escritura de Vega, tanto en su narrativa como en sus crónicas y ensayos.
Muchos de los nuevos cuentos son breves, brevísimos. Uno de estos, “La última palabra”, es una meditación sobre la condensación o la síntesis narrativas y, por ello, alude al archiconocido cuento de Augusto Monterroso, “El dinosaurio”, compuesto sólo con siete palabras. Como otros cuentos suyos, nuevos o ya conocidos, este es una especie de arte poética o, al menos, una meditación sobre la brevedad en el arte de narrar. El más breve de los nuevos textos es “El evangelio según San Churubusco” que consiste de un breve párrafo que hace constantes referencia al cine clásico mexicano que fue tan popular en Puerto Rico en los años de formación de Vega y antes. Por ello me pregunto si un lector puertorriqueño de hoy entenderá el humor que produce en los entendidos en la materia las alusiones a Sara García, a la ceja de María Félix y a Chachita. Quizás este texto, que no cabe cómodamente en los parámetros del cuento clásico, lleve a un joven lector boricua a “María Candelaria” o “El Peñón da las Ánimas” o a otras películas mexicanas de ese momento. (Espero que así sea.) Quizás ese sea el propósito de este breve texto que es un modelo de brevedad, humor y empleo de referencias a la cultura popular.
Algunos de los nuevos cuentos también cultivan el género policiaco y lo hacen con humor, atrevimiento y conciencia de las técnicas favorecidas por este tipo de narrativa. Por ejemplo, en “Pillo fino” el elegante y desmemoriado ladrón termina sin su botín, pero no reniega de su pérdida y hasta le gustaría hacerle un regalo a quien lo disfrutará. En “De qué mueren los taxistas”, además de ser un homenaje a la película Taxi Driver (1976), juega, como casi siempre en la obra de Vega, con nuestras circunstancias sociales y saca de una situación peligrosa una moraleja humorística. La sexualidad sigue siendo temática favorecida, pero siempre desde una perspectiva trasgresora y humorística, como se puede evidenciar en “Tríptico de alcoba”. Hay otros textos que adoptan directamente el discurso de los personajes para ofrecer una imagen grotesca e irónica de algún mal social. Ese es el caso de “Discurso de graduación”, texto donde se denuncia la corrupción a través de una sarcástica defensa de la misma. En otro caso, “Noticia de ultratumba”, también se denuncia la corrupción, en este caso la electoral, pero se hace desde una perspectiva fantástica pues son los muertos quienes hacen la denuncia.
4.
Este breve comentario de los nuevos cuentos de Vega que se incluyen en Crucero caribe apunta a la continuidad y a los cambios en su narrativa. El humor, la crítica social, la sexualidad, el acercamiento indirecto e imaginativo a los problemas sociales son rasgos de su cuentística anterior que se hallan en estos nuevos cuentos. Pero ahora se enfatiza menos el empleo de una lengua donde domina el choque lingüístico para crear humor. Ahora abundan los textos más breves. Pero todavía – y por suerte para todos sus lectores – la prosa de Vega deslumbra por su ingenio, su agilidad y su capacidad para entretener. Por ello un texto nuevo titulado muy apropiadamente “Dios mediante”, texto que no creo que quepa dentro de los parámetros del género del cuento, demuestra la capacidad verbal de la autora quien se vale de expresiones y dichos populares donde se menciona a Dios para crear una página que quizás no sea un cuento, pero definitivamente es un deleitoso ejemplo de la maestría verbal de la autora.
Por esa sola página y por todas las otras que componen Crucero caribe le tenemos que darle las gracias a Ana Lydia Vega por este nuevo libro que esperábamos desde hace mucho tiempo, “quizás demasiado”.



