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Palabra de Mujer

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Especial para En Rojo

Cada año, el 8 de marzo, la humanidad celebra el Día Internacional de la Mujer  Trabajadora y constata que, en la sociedad, la condición femenina aún no ha cambiado radicalmente. En América Latina y el Caribe, todos los días se producen actos de violencia contra mujeres. En este momento, con decenas de guerras en diversos continentes, mujeres y niños son las principales víctimas.

Lamentablemente, las religiones, que deberían ser instrumentos de humanización y justicia, casi todas siguen siendo injustas con las mujeres. Desarrollan una visión patriarcal de Dios y de la fe. Hacen una lectura fundamentalista de textos sagrados, escritos en antiguas culturas patriarcales. Por eso, muchas religiones sostienen que el hombre debe ser el jefe de familia y discriminan a la mujer en el acceso a ministerios eclesiales. En el judaísmo, solo en corrientes más abiertas, mujeres pueden ser rabinas y pocas lo consiguen. En la Biblia, los primeros textos proféticos procedían de mujeres y estaban redactados en forma de poemas y canciones atribuidas a Miriam(Ex. 15, 20-21); Débora (Jz 5) y Ana, madre de Samuel (1 Sm 2). También en el Nuevo Testamento, según el evangelio, las primeras manifestaciones proféticas tuvieron lugar en el encuentro entre María, madre de Jesús, e Isabel, madre de Juan Bautista (Lc 1, 39-47). Entonces, la profecía bíblica nació femenina.

En el Islam, los imanes son hombres. En el hinduismo no hay mujeres reconocidas como lamas (gurús). En el Cristianismo, las Iglesias Orientales y la Católica no aceptan el sacerdocio femenino. Las iglesias evangélicas lo aceptan, pero en un modelo de ministerio que sigue basándose en el masculino y dentro de una Iglesia aún patriarcal.

A pesar de la marginación injusta que las mujeres sufren por parte de la mayoría de las religiones, en las diversas tradiciones espirituales, ellas constituyen la mayoría de las comunidades y asumen responsabilidades en ellas.

Las religiones de origen africano son casi las únicas en las que las mujeres siempre han tenido un papel importante. Varios templos del Candomblé y Santería están coordinados por Yalorixás, o Madres de Santo, reconocidas como sacerdotisas y guardianas de culturas afrodescendientes.

Entre todos los grandes cambios sociales que caracterizaron el siglo XX, el feminismo fue la mayor revolución pacífica de nuestra historia reciente. Nació fuera de las religiones, transformó la democracia y los derechos humanos individuales y colectivos. Incluyó a las mujeres como protagonistas de la historia y de la liberación de la humanidad y de la Madre Tierra. Surgió en la sociedad civil, pero acabó contagiando el camino de las comunidades de las principales tradiciones espirituales.

Desde 1970, el Ecofeminismo es una corriente del feminismo que vincula la explotación de la naturaleza con las opresiones que sufren las mujeres. Son opresiones, todas ellas, resultantes de la cultura patriarcal y capitalista. La dominación masculina y patriarcal sobre la naturaleza y sobre el cuerpo femenino tiene la misma lógica. Por eso, el ecofeminismo propone la justicia socioambiental, que valora el cuidado de las personas, la sostenibilidad ecosocial y ya no la maximización de las ganancias[1].

En las últimas décadas, en diversas religiones y, especialmente, en las iglesias, se han desarrollado teologías feministas que reescriben la historia de las religiones desde la perspectiva de género y dan voz y protagonismo a las mujeres. La teología ecofeminista vincula la lucha por la liberación de la mujer a la opresión que la tierra y la naturaleza  sufren[2].

En la década de 1960, en varios países de América Latina surgió la Teología de la Liberación, a partir de las experiencias de participación de cristianos y cristianas en movimientos de liberación social y política. Esta corriente teológica nació en iglesias de cultura patriarcal y en un mundo en el que incluso grupos considerados de izquierda eran machistas. Por eso, lamentablemente, los teólogos que han iniciado la Teología de la Liberación plantearon la cuestión de las clases y opresiones sociales, pero solo tomaron conciencia de la iniquidad que es el patriarcado y todas sus consecuencias, a partir del momento en que abrieron el estudio de la teología a las mujeres y estas pasaron a liderar organismos teológicos. Por eso, en nuestro continente, con toda razón, algunas de las primeras teólogas feministas acusaron a la Teología de la Liberación de ser una construcción aún patriarcal y de no prestar suficiente atención a las cuestiones de género.

Las teólogas feministas latinoamericanas han convertido a sus hermanos de la Teología de la Liberación y han revelado que la causa de la igualdad de género y la defensa de la mujer es tarea de mujeres y hombres que, juntos, aprenden la vida y la teología. Los enfoques pueden ser diversos, pero la causa es la misma. Actualmente, las teologías de la liberación se expresan en varias corrientes, como ecoteología, las teologías negras, indígenas, feministas y otras. Si un teólogo (hombre) no asume las causas de la teología feminista como propias, ese teólogo puede investigar sobre teología de la liberación, pero no es un teólogo de la liberación.

Una anécdota judía cuenta que, al principio, Dios había creado a la mujer. Como ella se sentía sola, le pidió a Dios un compañero y este dudó y respondió: – Sabes que, por naturaleza, el hombre (macho) es arrogante. Siempre tiene la sensación de ser el primero. Quiere ser el más importante de todos. No se conformará con ser el segundo.

La mujer insistió:

  • Entonces, que sea un secreto entre nosotros. Y para que yo pueda vivir tranquila, es mejor que él piense que fue el primero en ser creado.

Dios aceptó:

– Está bien. Guardemos entonces ese secreto y dejemos que el hombre piense que fue el primero a ser creado.

La mujer quiso asegurarse:

– Entonces, Dios, ¿prometes mantener este secreto? ¿Me das tu palabra de que lo guardará solo para nosotros?

Dios respondió:

– Lo prometo. ¡Palabra de mujer!

 

El autor es monje brasileño, teólogo feminista de la liberación y asesor de movimientos populares y comunidades eclesiales de base.

 

[1] CF. D’EAUBORNNE, Françoise. Feminismo ou Morte. Editora Bazar do Tempo, 2025.
[2] – Cf. GEBARA, Ivone. Teologia Ecofeminista. São Paulo: Editora Olho d’Água, 2008.
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