Pedro Escobar Ortiz “Peyito”: Escogido como Leyenda viviente del Surf Puertorriqueño

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El deporte puede, y debe ser, una poderosa herramienta para ayudar a reducir la pobreza y la exclusión social en el mundo. Su impulso globalizador, su poderío económico mundial, su capacidad de arrastre y seducción de masas, su condición de práctica basada en la igualdad de oportunidades y su capacidad de integración y cohesión social, lo sitúan como un pilar fundamental en la lucha contra la pobreza[1]. Sin embargo, los problemas económicos pueden restringir el acceso al ejercicio físico y al deporteAquellos con recursos económicos limitados pueden verse relegados, lo que los priva de potenciar su talento al máximo en ocasiones. Cuando vemos a uno de estos atletas en un salón de la fama o en una liga mayor o profesional quiere decir que su esfuerzo fue con mucho sacrificio y dedicación superando todos los obstáculos a su paso.

En esta historia de superación de un joven humilde de Luquillo llamado Pedro Escobar Ortiz, que finalmente se ha reconocido por su talento en un deporte no tradicional, y se abrió paso con sus habilidades y competitividad a pesar de sus orígenes humildes y desventajas económicas en este deporte.

Pedro Escobar Ortiz nació el 21 de mayo de 1952 en Fajardo, PR (ya que en Luquillo no había hospital). Sus padres, Dominga Ortiz Belardo, nacida en Vieques, y Pedro Escobar Skerrett, nacido en Fajardo. Ha vivido en Luquillo toda su vida. Estudió en la Escuela Rosendo Matienzo Cintrón y luego en la Escuela Superior de Luquillo. Se crió muy cerca de la playa en un sector llamado La Marina. Contrajo matrimonio en 1977 con Maritza Laureano Vélez y de dicha unión tuvieron 3 hijas: Mariana, Wilnelia y Wilmarie.

Ha estado involucrado en el deporte del Surf desde los 12 años, cuando utilizaba un tubo de goma de carro en los “burros” en Luquillo (ahora llamada Playa Azul) y luego, por no tener los recursos económicos, comenzó a utilizar una tabla de “planchar” en la corriente del “cayito en la pared de Luquillo”. Sobre cómo comenzó todo nos señaló:

“Desde niño me escapaba por el “cocal” y miraba las olas y siempre me escapaba y mi mamá me castigaba por eso, pero siempre me escapaba. Comencé a tomar las olas y estuve dos veces a punto de ahogarme. Luego vi una película de surfing en el Teatro Suárez (Icónico teatro en Luquillo ya desaparecido, sólo queda el edificio abandonado) y no sabía dónde había o podía adquirir tablas y pensé que una “tabla de planchar” era ideal y podía hacerse el deporte con eso. Conseguí una tabla de la construcción en Costa Azul y le hice una sillita encima de la tabla de planchar y ahí comencé a coger olas y no me podía parar solo me podía arrodillar y ahí seguí hasta que comenzaron a llegar amigos que conocí de la “loza” (se refiere a jóvenes pudientes del área metropolitana) en Luquillo y a traer tablas y ahí comencé cogiendo tablas prestadas. Comencé a salir de Luquillo y a competir. Hice varias competencias sin saber mucho y así comenzó todo”.

A los 14 años, con mucho esfuerzo, tuvo su primera tabla de surf y estuvo practicando el deporte hasta el año 1990. El Surf deportivo fue su favorito:“Fue amor a primera vista”, me dijo. “Todavía sigo enamorado de ellas”.

Se educó como mecánico de equipo pesado, técnico de refrigeración, agente de uso de explosivos, con 45 años de experiencia en minería. Entre las contribuciones profesionales a la comunidad y sociedad en el área este se destacan la participación en la Procesión de la Virgen del Carmen en Luquillo (actividad donde se transporta la imagen en bote en la costa de Luquillo). Además, ayudó a reparar viviendas durante desastres naturales. También ayudó reparando los equipos de primera necesidad en tiempos de tormentas, contribuyendo con agua y hielo al personal de Policía y Gobierno Municipal y/o comunidades emergentes.

Ha practicado el deporte en los pueblos costeros de la isla que son ideales. En Luquillo, La Selva, La Pared, o Las Pelúas (este nombre fue bautizado por él) fueron su taller de diversión y desarrollo en el deporte. Fue el organizador de la primera y tercera competencia de Surf sin auspicio, sin ayuda económica y sin experiencia organizativa en Luquillo. Lo hizo con amor y pasión al deporte. Entre sus contribuciones significativas al desarrollo del deporte del Surf en Puerto Rico podríamos señalar que, en los años 1980, se comenzaron fogueos en el pueblo de Luquillo de los cuales tuvo la oportunidad de brindar apoyo y sus conocimientos a todo aquel que lo necesitara. Pudo dentro del deporte salvar muchas vidas en las playas de Luquillo. También aportó a varias competencias y orientaciones con el manejo de la tabla, a su vez orientaciones sobre el flujo de las corrientes en nuestras playas.

Sobre cómo lo ven otros en el deporte señala: “Soy muy querido y reconocido por mis colegas del Surf ya que para los locales en mi pueblo me visualizan como Duke Kahanamoku (leyenda hawaiana de la natación y el Surfing) de Luquillo”.

Algunos de sus amigos que lo acompañaron a Rincón para recibir su exaltación al Salón de la Fama del Surf manifestaron lo siguiente: “Para mí, Peyito fue una inspiración. Hombre humilde, sencillo con un corazón grande. Para mí se merece esto y más”, expresó Cesar Collazo.

“Yo no sé si Peyo se imaginaba esto cuando empezó, él es el Papá de los pollitos, todos los que hay ahora en esa línea, él fue el primero”, dijo Abel Jurado.

“Yo me siento bien orgulloso de Peyo ya que, aparte de ser exaltado, también está dando a reconocer que para el lado de nosotros en isla (el este de Puerto Rico) también se surfea y también hay personas que pueden llegar a ciertas posiciones y estos nuevos muchachos puedan estar haciendo cosas buenas y Peyito es propulsor de todo esto”, añadió Vicente Torres.

Jorge Pabón dejó dicho que “gracias a Peyito que trajo el Serfin a Luquillo, trajo este deporte tan sano. Hoy día hay un grupo grande de jóvenes y niños en Luquillo creciendo en él gracias a la Leyenda”.

Peyito ha sido reconocido localmente por la administración del municipio de Luquillo como una figura inspiradora para los niños y jóvenes recibiendo una proclama con sello del municipio en un acto revestido de solemnidad. Ahora se reconoce por el Museo del Surfing de Rincón como leyenda viviente del deporte en Puerto Rico. Claridad felicita a Pedro “Peyito “ Escobar Ortiz por este logro en un deporte no tradicional en Puerto Rico.

Nota Al calce:

Historias de la Mar – “La tintorera de Luquillo”

Jorge Pabón nos señala una de las muchas historias o leyendas del deporte sobre la Tintorera de Luquillo.

“La tintorera es la hembra del tiburón y es más grande. Se rumoraba de una que existía en Luquillo. Hay quien dice que la vio y otros no la han visto nunca”.

“La leyenda decía que las personas que se ahogaban desaparecían y era que quedaban atrapadas en esa piedra (piedra del Sandy Hill) y surgió la leyenda que la Tintorera se los comía. Estaba en la piedra conocida como la del Sandy Hill. Hay varias versiones y una de ella era que se le veían los ojos y pusieron una cruz allí por las personas que murieron y se le llamó la piedra de la cruz”.

Hay una obra de arte en Luquillo elaborada por el artista (pintor/escultor) Carlos Guzmán Vega en el área de la pared o malecón de Luquillo. En un reportaje del 2014 el artista señala lo siguiente:

“Me inspiré en una leyenda que aseguraba que en la formación rocosa donde están los condominios Sandy Hills, había una cueva debajo del agua donde vivía una tintorera (la hembra del tiburón) que se comía a cualquiera que se metiera al agua. Nadie nunca la vio ni comprobó su existencia, pero la leyenda pasó de generación en generación”[2].

Visite Luquillo y quedará enamorado de sus bellezas naturales, sus playas y de la “Tintorera” ubicada entre La Pared y Costa Azul y a lo mejor se encuentra con Peyito, los hermanos Pabón o algún otro local que le cuente la leyenda.

(Par ver videos de las entrevistas visitar: La página de YouTube El Fogón de Jorge/ Prensa Pitirre (https://www.youtube.com/@elfogondejorge-prensapitir2576/featured)

[1] Pobreza y deporte, Javier Olivera Betrán, Apuntes Educación Física y Deportes, 2010.

[2] Tomado de Primera Hora por Agustín Criollo Oquero, 7 de agosto de 2014

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