Playita Cortada, una comunidad “en control de la dependencia”

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Especial para Claridad

 

Aun cuando para muchos de líderes comunitarios la ley que dio paso a la creación del programa de comunidades especiales “es una ley muerta”– Ley Núm. 1 de 2001– la Comunidad de Playita Cortada en Santa Isabel se mantiene activa atendiendo sus propias necesidades sin depender de la asistencia del gobierno municipal o estatal.

“Nosotros hemos estado presentes en todas las necesidades sociales de la comunidad siempre con nuestra filosofía de tener control de la dependencia”, señaló el líder comunitario Bienvenido Maldonado.

De acuerdo con Maldonado la comunidad ha asumido todos sus proyectos financiándolos con sus propios recursos o a través de actividades de recaudación de fondos. El líder comunitario aseguró, además, que todas las actividades económicas se dan en función del proyecto social que se viene desarrollando.

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“Nosotros estamos claros de que nuestra responsabilidad aquí es una de reinversión comunitaria, de responsabilidad social… es la responsabilidad de enfrentar las situaciones que tiene Playita Cortada: embarazo precoz, deserción escolar, problemas de alcoholismo, incesto… aquí había de todo”, dijo Maldonado refiriéndose al momento en que la comunidad es identificada como “comunidad especial” y deciden asumir la búsqueda de alternativas para atender sus problemas.

Entre los primeros pasos que da la comunidad en la búsqueda de dichas alternativas está la recuperación de la antigua escuela Segunda Unidad de Playita Cortada, que había sido cerrada por el Departamento de Educación por la merma en el número de estudiantes en la comunidad.

Tras el cierre, la escuela fue convertida en establo para los caballos de la Unidad Montada de la Policía de Puerto Rico, quien tiempo después la abandona hasta llegar a convertirse en un hospitalillo de adictos a las drogas.

“El Capítulo 111 de la Ley de Comunidades Especiales dispone que si las comunidades contaban con algún espacio que constituyera una amenaza o fuera nocivo a la comunidad, ésta podía ‘empoderarse’ de dicho espacio o facilidad para devolverle la dignidad a su uso”, dijo Maldonado. “Esta facilidad sigue siendo una escuela porque, desde que nosotros estamos aquí, hemos seguido dando talleres de todo tipo: artesanías, pintura, tejidos, poesía, baile… de todo”, añadió.

Para 2005, la Oficina para el Desarrollo Socioeconómico y Comunitario (ODSEC) debió firmar un contrato con la Comunidad de Playita Cortada para ceder la facilidad en usufructo. Sin embargo, 20 años después el contrato sigue sin firmarse. En aquel entonces, la comunidad y su liderato se opuso al contrato según redactado por la administración del entonces gobernador Aníbal Acevedo Vilá, porque en el mismo no se reconocían unas mejoras que la comunidad había hecho a la escuela en preparación para las nuevas gestiones que allí se llevarían a cabo. El compromiso entonces departe de la ODSEC fue que el contrato sería enmendado para su posterior firma. No obstante, hasta el día de hoy, eso no ha ocurrido.

“En ningún momento se tuvo como prioridad el nosotros hacer una invasión para hacernos dueños”, aseguró Maldonado. “Nosotros llevamos 25 años aquí sin ningún sentido de propiedad”, añadió a la vez que recalcaba que en ese periodo “a otras comunidades de Santa Isabel se les han concedido contratos para el usufructo de varias otras facilidades.”

Desde el proyecto comunitario que se concibió para la escuela se creó una incubadora de microempresas.

“Esto, que eran unas facilidades abandonadas, nosotros logramos levantarlas cogiendo préstamos y haciendo cosas”, recordó Maldonado.

De hecho, el propio Maldonado asumió un préstamo de unos $20,000 para desarrollar un programa de micropréstamos para los microempresarios que se aprestaban a iniciar sus negocios. Entre aquellos había una cafetería, un taller de costura, una floristería y un taller de mecánica para bicicletas, entre otros. Así fue como surgió el Mini Mall de Playita Cortada.

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En los 25 años desde la integración de Playita Cortada al programa de comunidades especiales han ocurrido varios cambios en la organización del centro y entre los participantes de las distintas iniciativas. Muchos no pudieron repagar los micropréstamos, por lo que Maldonado debió asumir el pago del préstamo original. No obstante, el líder comunitario aseguró que “a cada persona que salió de la incubadora de microempresas se le pagó el ‘equity’ que había acumulado” mientras operaron sus negocios.

A las dificultades que provocó la no asignación de fondos del Programa de Comunidades Especiales se añadió la falta de un acompañamiento técnico a la comunidad que le permitiera capacitarse para atender los retos inherentes a los procesos de emprendimiento: presupuesto, inventario, licencias, reglamentaciones, plan de ventas, etc.

Pasados 25 años desde la designación de Playita Cortada como comunidad especial, y a pesar de las dificultades que han enfrentado, el proyecto del Mini Mall continua en operación, aunque con algunos cambios. De acuerdo con Maldonado, son dos los tipos de microempresas que operan en el mini mall: las de interés social y las de subsistencia (negocios).

Esto es una economía legítima. No se trata de dinero público… de dinero regalado. No es dinero de dependencia.” – Bienvenido Maldonado

En el primero de estos renglones se encuentran un centro de tutorías escolares, un centro de desarrollo artesanal y empresarial, un servicio de ambulancias, una biblioteca (La Biblioplaya) y una tienda comunitaria. Maldonado señaló que también se encuentran en el proceso de desarrollar un centro educativo para sordos en el que se proponen capacitar personal para que distintas empresas puedan cumplir con los requisitos para ofrecer servicios a personas discapacitadas.

Entre las empresas de subsistencia operando en el mini mall hay un restaurante, una fábrica de puertas y ventanas, una tienda de jardinería, un taller de refrigeración comercial y un salón de belleza y relajamiento (spa).

Entre las empresas en el mini mall hay unas que, aunque son negocios también tienen una fase social. Ese es el caso de la tienda de hilos Hilar Ideas, en donde se venden hilos y materiales para tejidos y además se ofrecen talleres gratuitos de tejidos.

Para los amantes y coleccionistas de música del ayer en discos de vinilo, casetes o discos compactos está la Galería del Disco. De acuerdo con Maldonado, el producto de las ventas de esta empresa se reinvierte en el proyecto comunitario del mini mall.

“Todos aquí son negocios de subsistencia. Lo poquito que ellos ganan es para resolver… es para el diario. Aquí para triunfar hay que traer la gente nosotros mismos… Y se vive rayando en el centavo… y con donativos”, recalcó Maldonado.

“Esto es una economía legítima. No se trata de dinero público… de dinero regalado. No es dinero de dependencia”, sentenció el líder comunitario.

Maldonado estima que en los 25 años que lleva operando el mini mall la comunidad ha hecho una inversión total de unos $2 millones, incluyendo el tiempo y el trabajo hecho por los microempresarios.

“Todas las personas que están aquí tienen obras cuantificadas en tiempo y listas para cobrar. Esas horas serán pagadas cuando tengamos los fondos para pagarlas”, aseguró Maldonado.

De acuerdo con el líder comunitario el desarrollo económico “no puede iniciarse con dinero gratis porque si se inicia así, cuando se acabe el dinero gratis se corre el riesgo de que no se hayan desarrollado las habilidades para manteniendo los negocios”.

 

 

 

 

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