En Rojo
Tengo suerte. Comencé a leer a Rafael Pabón Ortega desde que publicaba sus primeros textos en las redes. A través de Facebook, poco a poco se creo una red de lectores que disfrutábamos las crónicas de Pabón diariamente. Era un modo divertido, inteligente de anécdotas de la vida diaria y espejo de la picaresca popular. Sí, FB y otras plataformas de redes sociales tienden a reproducir muchos de los problemas que se encuentran en el mundo cotidiano.
Con los años, muchos insistimos en que aquellos escritos constituían uno o varios libros. Y resulta que hace algunos meses se publicó el primer libro de Rafa. Surviving a lo Bori (Secta de los Perros, San Juan, 2024) es una colección de poco más de doscientas crónicas escritas desde 2017.Si bien son relatos de la vida del emigrante -Pabón reside hace siete años en Nueva York- hay toda una reflexión sobre cultura popular, historia, arte, música, que satisface al lector de muchas maneras.
Digo “crónicas” porque me parece un concepto que engloba mejor estas narraciones. La crónica es un género literario que combina el relato de hechos reales con elementos de la narrativa de ficción, como el estilo, el tono y la subjetividad del autor. Como en la historiografía. Rafael Pabón relata eventos históricos, sociales o culturales de una manera que va más allá de la simple presentación de datos, incorporando el contexto, las emociones y las impresiones personales.

Quizás es una librería Surviving a lo Bori se encuentre en el área de no-ficción. Sin embargo, mientras que la no-ficción puede abarcar una variedad de formatos, como ensayos, reportajes o biografías, la crónica se enfoca en contar una historia específica, a menudo de forma más literaria y creativa. Pero eso no es tan importante como el placer de la lectura
Surviving a lo Bori se divide en diez partes, incluyendo sus misas sueltas. Si el libro fuese una fonda, aquei los, las, les lectores van a encontrar un suculento menú. Aprovechando esas mismas redes sociales que mencionamos al principio, y dado que la semana próxima el libro se presentará en su primer tour, realizamos una breve entrevista con el autor.
ER Este es tu primer libro. ¿Cuándo comenzaste a pensar que lo que escribías en las redes -luego en En Rojo– podría ser un libro?
RPO- Al principio comencé a escribir para desahogarme -por más clichoso que suene-, combatir el aburrimiento colonial, para comentar mi interpretación de lo cotidiano, o describir a mis compatriotas caribeños con todos sus contradicciones, sandungueria, colores y sabores. También para compartir mi desencanto con el sistema, para compartir mis alegrías y mis penas, para canalizar un humor y sarcasmo de toda la vida que llevo a flor de piel y de paso, para sacarme una rabia contenciosa e insurreccional de muchos años.
La buena acogida y la reacción de mis lectores me decía que no lo estaba haciendo tan mal. Personas que respeto del campo de la escritura y literatura se sumaban a esas voces. Luego, llegó la censura y las ganas de desquitarme, una calvicie incipiente, más barriga, una chochera en aumento y las noticias de más muertes repentinas de amigos contemporáneos, e inclusive más jóvenes que yo. Eso está relacionado entonces con las ganas de dejar un legado y de trascender las redes sociales y adentrarme al mundo real de la literatura isleña con todo lo que conlleva y sobre todo, por que pienso que lo hago mejor que muchos que se atrevieron antes que yo.
ER- ¿Alguna vez pensaste en el género literario? Es decir ¿te planteaste el asunto de «estos son cuentos o son crónicas»?
RPO- Nunca me detuve a pensar o definir mi estilo. Contaba y punto. Lo importante para mi era decir lo que quería sin dar mucha vuelta. La brevedad de un relato escrito de esa forma sin ninguna intención y alevosia es lo que le da fuerza al texto. Un proceso totalmente orgánico, usando el término que esta de moda en estos días.
Para mi todo es un cuento que se relata en forma de crónica o una crónica que se relata en forma de cuento. ¡Qué sé yo! En mi caso soy como un eyaculador prematuro literario, sin el efecto secundario de la insatisfacción. Cuento lo que me sale sin mucho forplay. Me aburro con facilidad. Me pasa cuando leo. Si el autor me tiene leyendo varias páginas para decirme lo que se puede decir en uno o dos párrafos me pierde. Sobretodo si es una crónica o un cuento. En la poesía es distinto. Esa primera oración es clave.
No soporto la cusilería literaria y menos para empezar un relato. Uno se da cuenta cuando un texto está estirado a propósito y no por que la historia lo amerite. Prefiero el escritor que te cuenta lo que pasó con las palabras necesarias y el resto te lo deja a la imaginación. Además, me interesa que me lean los jóvenes. Esos que se dejan, se aman, se pelean, se desahogan, sueñan y viven por mensaje de texto. Quiero que mi texto los atrape y se imaginen los personajes que menciono y describo, que interpreten, cada cuál utilizando su filtro y su historia. Que mi escrito sea visual, que tenga ritmo, que se escuche. Como una canción de esas que censuran en la radio. Eso lo hace más interesante.
ER- ¿Escribir te ha causado problemas?
RPO- Si. Escribir me costó un despido. Me censuraron. Trabajaba de supervisor del Centro de Mediación del Tribunal de San Juan. Alguien informó a las autoridades del tribunal de mis publicaciones en las redes sociales. Las describieron como muy crudas y vulgares. Me radicaron un caso y lo perdí. Me botaron. Tuve que recoger mis cosas y dejar la oficina en plena faena laboral. Los alguaciles se negaron a escoltarme. Me querían y me respetaban mucho. El despido incluía una prohibición de trabajar en el gobierno por siete años. Me fui del país.
Estuve un tiempo con mucho temor a escribir de la forma que siempre lo hacía. La censura dejó sus huellas. Con el tiempo lo superé y pude recobrar mi voz, aunque un poco maltrecha. Luego, me enfrento a la censura de las redes. Había que escribir lo políticamente correcto, sin ofender a ningún grupo marginado, estigmatizado o discriminado. Mis escritos eran irreverentes y viscerales. Tomé conciencia. Dejé de llamar las cosas por su nombre y comencé a utilizar términos más apropiados y lights. Hay censura por todos lados. De parte del gobierno y de algunos supuestos aliados.
Escribir hoy un día es casi como un acto de malabarismo. Uno aprende y madura en el proceso, se es más cuidadoso y sensible. Es cuestión de decidir si escribes para satisfacerte a ti o para satisfacer a otros y asumir las consecuencias.
Ahora, con más años y cicatrices, escribo sin miedo. Soy menos tolerante a los regaños moralistas o políticamente correctos, vengan de donde vengan. A estas alturas de mi vida escribo lo que siento y lo que quiero sin permiso.
¿Qué más me puede pasar ?
ER- Yo leo tu libro como una gran novela en la que un personaje nos narra una vida, desde los mocos hasta la pandemia. Lo que los alemanes llaman bildungsroman, tú sabes,a novel dealing with one person’s formative years or spiritual education. Lo digo en inglés porque no sé alemán. ¿Te parece bien?
Me parece bien que me quieran leer como una novela o de cualquier otra forma. El texto tiene autonomía. Yo narro eventos que sucedieron en un momento dado. Comienzo con una especie de biografía donde pongo en contexto histórico a mis lectores. Lo acompaño con relatos y eventos que sucedieron en esa época. Algunos los relato en forma de crónicas. Sucesos que le ocurrieron a otros pero que yo los viví en un tiempo y espacio determinado.
Esta historia puede ser común para muchos contemporáneos y puede transformarse en una historia colectiva. La elección de Kennedy en los 60, la Fania, y el culo de Iris Chacón, por ejemplo. Esa introducción al texto la escribí al final y luego le intercale las crónicas de esa época. Eso es reflejo de quien soy. A veces hago las cosas al revés. No sé qué técnica literaria es esa, pero me funcionó. Fue un trabajo muy artesanal y rudimentario, de eso estoy seguro y que lo disfruté mucho también.
ER -¿Cómo te ayudaron tus oficios en la escritura? Me refiero a experiencias que se hicieron relatos.
RPO- Mis oficios fueron fundamentales en mi escritura. Siempre he trabajado con gente necesitada y jodida. Personas con VIH y sin hogar, vecinos que se pelean, parejas que se odian, estudiantes que van a la escuela armados, inmigrantes con más traumas que esperanza, comunidades empobrecidas, y personas que hablan con el viento y empujan un carrito de compras invisible. En fin, con una población que tiene mucho que contar y pocas oportunidades de hacerlo. Nadie los escucha.
Mi sueño de ser el bartender de una barra a la orilla de una playa caribeña se fue al carajo hace tiempo. Aproveché esas oportunidades y me convertí en un receptor de historias. Me nutrí de ellas. Recreé y reconstruí un poco los pedazos de una historia excluida y olvidada de un sector marginado, pero cada vez más grande, del país. Como quien arma un rompecabezas de tragedias utilizando sus crónicas y cuentos como piezas.
Le agradezco a Rafael Pabón por dedicarle tiempo a las preguntas. Sin embargo, lo más que agradezco es que se haya dedicado a la escritura. Que haya escogido la crónica -o que la crónica lo haya escogido a él- es significativo. Para mí Surviving a lo Bori nos provee lentes para una rica percepción de eventos históricos. ¿Por qué? Digamos que entre el relajo, el humor, la ironía y el sarcasmo, hay contextualización. Es decir, se ofrece un trasfondo -o varios- y detalles sobre el entorno social, político y cultural. Eso es una crónica, una ayuda a los lectores a entender mejor las circunstancias que rodean un evento histórico. Bueno, no solo eso.
No solo eso porque también la inclusión de la voz del cronista y sus impresiones subjetivas permiten que los lectores se conecten emocionalmente con los hechos narrados, y en eso Rafa es un experto. Además, la habilidad de contar historias de manera atractiva y accesible puede hacer que eventos complejos sean más fáciles de comprender y recordar. Ya quisieran escritores académicos fomentar una mayor empatía y reflexión sobre el pasado.
Pabón logra destacar voces que pueden haber sido ignoradas en relatos históricos más tradicionales. De este modo se contribuye a la construcción de una memoria colectiva al documentar experiencias y testimonios de la gente común, lo que puede enriquecer la comprensión del pasado y el presente desde múltiples ángulos. Surviving a lo Bori no solo informa sobre hechos históricos y actos cotidianos -que serán historia-, sino que también moldea la forma en que estos son recordados y comprendidos. Casi nada. Yo estaría pendiente a las presentaciones de la semana próxima.



