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“West Side Story” 2021, o la otra cara de esa historia

 

Especial para En Rojo

La versión más reciente del film “West Side Story” (WSS) ha sido llevada a la gran pantalla por el célebre director Stephen Spielberg, con la colaboración del no menos laureado dramaturgo Tom Kushner, que al principio consideró la idea del proyecto como “una locura” después del éxito obtenido en la versión del mismo film de 1961. “Quizás a excepción de ‘El Mago de Oz’ (1939), no existe una película que haya tenido el impacto cultural que tuvo ‘West Side Story,’” señala Kushner, el dramaturgo norteamericano más importante del presente[1]. Pero el período entre las dos versiones es de luchas por derechos civiles e insistentes críticas por estudiosos de la realidad puertorriqueña a raíz de las imágenes prejuiciadas y estereotipadas en las versiones originales de 1957 y 1961. Por eso, a Spielberg no le pareció tanto un reto la idea de convencer a Kushner de que hiciera algo para enderezar y hacer más justicia a una comunidad históricamente marginada.

El pasado viernes, 10 de mayo vimos el film en una sala del distrito donde por años se asentaron dos comunidades de 1,600 familias negras y puertorriqueñas (San Juan Hill y Lincoln Square) desplazadas para dar paso al Lincoln Center for the Performing Arts en el lado oeste del Alto Manhattan (Upper West Side).

Es en el contexto verídico de esa remoción comunitaria que la versión de Spielberg nos muestra la historia de un romance entre María (Rachel Zegler) y Tony (Ansel Elgort), inspirada en el drama “Romeo y Julieta” de William Shakespeare.

Del teatro musical al cine, WSS y su evolución

Hacia 1954, el escritor Arthur Laurents concibió una historia de rivalidades entre grupos italianos y judíos con la idea de llevarlo al teatro musical en colaboración con el compositor Leonard Bernstein y la coreografía de Jerome Robbins. Pero de acuerdo al relato oficial, Bernstein, que era un apasionado lector de noticias de prensa y revistas, leyó  informes sobre las rivalidades entre pandillas juveniles de puertorriqueños y blancos en la ciudad de Nueva York, y propuso a Laurents cambiar el perfil étnico de los personajes para reflejar la más reciente cobertura noticiosa de su tiempo.

En 1957, el producto final de WSS es presentado en el teatro musical de Broadway con el joven Stephen Sondheim sumándose al equipo como compositor lírico. Esta producción, así como su adaptación a la pantalla grande estrenada en 1961, gozaron de una enorme aceptación pública mundial, aunque ambas versiones originales ignoran la remoción de puertorriqueños ideada por el planificador urbano Robert Moses con miras a la construcción del principal centro cultural de artes representativas del país en 1959.

Robert Moses y la Ley de Vivienda de 1949

Desde la azotea de un edificio, en la parte inferior derecha, se aprecia la iglesia. Su perfil es notablemente miniaturizado por el complejo de teatros y edificios que forman el Lincoln Center

Entre 1950 y 1957, tres cuartos de un millón de habitantes blancos emigraron de la ciudad de Nueva York hacia los suburbios a la vez que asentaban en Manhattan unos 650,00 residentes negros y puertorriqueños. Para contrarrestar esa acelerada alteración demográfica, el gobierno municipal puso en efecto la Ley de Vivienda de 1949 otorgando poderes para remover comunidades consideradas como “arrabales.”[2]

Robert Moses (1888-1981), considerado el Gran Maestro de la Construcción, entonces ostentaba una influencia comparable a la que hoy tiene Donald Trump en la industria del desarrollo urbano. Su notoriedad se centró en la deliberada empresa de identificar vecindarios de negros y puertorriqueños, procediendo al diseño de proyectos tales como puentes y carreteras sobre esos espacios comunitarios. Para impedir a estos grupos el acceso a las playas de Long Island, Moses diseñó un sistema de carreteras sobre puentes a una altura que no permitiera el paso a las playas de autobuses, el medio de transporte público que los grupos minoritarios usaban para moverse en la ciudad.

La foto recoge la imagen de una de las calles de la comunidad de Lincoln Square aproximadamente en 1955. La remoción de familias negras y puertorriqueñas fue una práctica racial respaldada por leyes de planificación urbana dirigidas atraer familias blancas al condado de Manhattan.

Las comunidades de Lincoln Square y San Juan Hill se consideraban las de mayor población negra e hispana de Manhattan cuando, en 1955, Moses las declara “comunidades arrabaleras en ruinas.” Al auto-designarse presidente del Comité para la Limpieza de Barrios Marginales, procedió a la eliminación de uno de los centros culturales más vibrantes de la ciudad.[3]

Es significativo que el personal de la producción de WSS en 1958 y 59 tuvo acceso a los residenciales de San Juan Hill, ya desocupados, para su filmación de la historia. Dada la inmediatez cronológica entre la remoción comunitaria y la filmación, deja mucho que pensar cómo los desarrolladores cedieron a la cinematográfica 20th Century Fox las facilidades desalojadas para filmar antes de su demolición. Las imágenes del vecindario desalojado pueden apreciarse en la versión cinematográfica estrenada en 1961. Está por verse a qué punto alcanza la complicidad entre planificadores urbanos, desarrolladores y toda una jerarquía en la industria cinematográfica, desde los ejecutivos de la 20th Century Fox hacia abajo.

WSS 2021 ante las urgencias sociales del momento

La nueva versión de Spielberg y Kushner procura enmendar errores de la producción original, alejándose de su antecesor fílmico desde el mismo comienzo de la película. La cámara del cinematógrafo Janusz Kaminski capta la escena recreada de residencias físicamente destruidas a nombre de la llamada “gentrificación” por una maquinaria de tractores y grúas lanzando sus bolas demoledoras.

En mayo de 1959, el Presidente norteamericano Dwight Eisenhower inaugura la construcción del Lincoln Center que el planificador urbano Robert Moses diseñó deliberadamente para desplazar la creciente presencia de inmigrantes puertorriqueños a la ciudad de Nueva York.

En los predios de la construcción, una pandilla juvenil de extracción irlandesa (“jets”) toma pintura blanca del área de construcción del Lincoln Center y pasa la brocha sobre la bandera monoestrellada en azul celeste y, también sobre las palabras de Pedro Albizu Campos (“La Patria es valor y sacrificio”) inscritas en un muro. Sorprende la adopción de “La Borinqueña” (texto de Lola Rodríguez de Tío) como la contrapartida temática de la pandilla juvenil puertorriqueña (“sharks”) al tema de los “jets” que abre el célebre musical de Leonard Bernstein y Stephen Sondheim. Incluir el himno revolucionario puede parecer forzado, pues rompe con los lineamientos estilísticos de la partitura musical y de la propia letra de Sondheim. Pero es uno de varios riesgos que urge Stephen Spielberg para compensar el perfil estereotipado que la producción de 1961 hizo de la comunidad puertorriqueña entonces.

Aunque la tónica del film la espera dar este comienzo, su desarrollo confronta escollos estructurales centrados primordialmente en la lírica prejuiciada y racista que su autor, el recién fenecido Sondheim, prefirió no recordar; y en el estilo musical de Bernstein, que intenta crear un ambiente sonoro latino, aunque termina ciñéndose a su propio estilo musical, el mismo que contribuye a elevar el pobre estándar del teatro musical de Broadway.

Kushner hace uso de su poderosa influencia en el guion para contrarrestar el efecto adverso de lo que es imposible de alterar. Oficialmente se inscribe el film como una producción en inglés y español. El público angloparlante desconocedor del español confrontará diálogos en inglés alternados con diálogos en español sin el beneficio del subtítulo. El único fragmento con subtítulos en inglés es el fragmento de Albizu Campos en el muro.

El film presenta imágenes de personajes puertorriqueños como gente inequívocamente emprendedora y dedicada al trabajo, dejando a un lado el discurso prejuiciado y estereotipado dominante en la sociedad. En horario nocturno, María labora en una tienda por departamentos. Su hermano Bernardo (David Álvarez) se dedica al boxeo mientras su prometida Anita (Ariana DeBose) es costurera, y buena parte de sus amigas trabajan en faenas de limpieza. Igual que Bernardo, líder de los “sharks,” cada miembro de esta pandilla hace algún tipo de oficio, incluyendo a Chino (Josh Andrés Rivera), buen prospecto como contable y el elegido por Bernardo para casarse con María.

Por parte de los “jets,” se trata de jóvenes de familias disfuncionales, dedicados a cometer travesuras y burlarse de las autoridades de la ley y el orden. La excepción es Tony, exlíder respetado de esa pandilla excarcelado luego de dos años de confinamiento. Al salir libre, acude a la ayuda de Valentina (Rita Moreno), una farmacóloga vecinal que vino de Puerto Rico para establecer su pequeño negocio. Ella le ofrece a Tony un espacio vivir en el sótano de su negocio a cambio de trabajo y algún dinero.

Con todo y el tono restaurador de la obertura, la historia de Kushner se somete a los vaivenes del discurso original de Sondheim que resulta en el accidentado desarrollo del evento, aunque a lo largo de la historia prevalece el tono de mayor urgencia social.

El manejo de los altibajos en el discurso

El baile en la cancha de baloncesto es arena de competencia entre pandillas en torno a estilos como el swing y el mambo. Para la ocasión, Bernardo propone que María salga con Chino, un buen prospecto como futuro proveedor aunque, al final, el evento culmina con el romance entre María y Tony ambientado a ritmo lento. Anita le advierte a María que su relación con un miembro de los “jets” provocaría “la Tercera Guerra Mundial.” Este detalle es muy significativo, considerando que Kushner no optó por referirse a una “Guerra Civil,” que sugiere la rivalidad entre “sharks” y “jets” como un asunto doméstico. Aquí, Kushner internacionaliza el asunto dejando clara la disputa territorial entre pandillas juveniles como asunto entre americanos y puertorriqueños.

El iracundo Bernardo se percata del romance entre su hermana y Tony, e invita a éste a un duelo en un lugar designado a las orillas del río Hudson con reglas que excluyen eluso de armas de fuego.

A la escena bailable sigue la popular escena de “América,” en la que Sondheim lleva el discurso racista y dominante a su punto más bajo en el film. Bernardo está harto de su vida en los Estados Unidos y prefiere irse con Anita a Puerto Rico con la idea de crear una familia grande, pero Anita insiste en quedarse en “América,” porque no quiere contribuir más al endeudamiento y a la sobrepoblación de Puerto Rico.

Por fortuna, el público vidente celebra más la energía musical y coreográfica de Bernstein y Robbins que el carácter retrógrado y racista de su letra. Y para los efectos de la versión de Spielberg, la escena de “América” adquiere un inusitado valor, presentando a las mujeres trabajadoras unidas con Anita bailando efusivamente en la esquina de W 68th y Broadway, rodeados de su comunidad y una manifestación que alude directamente a Bob Moses, y que reclama derechos civiles para el vecindario.

La Iglesia Presbiteriana El Buen Pastor es fue erigida en 1893, siendo la única estructura en los predios del Lincoln Center que hoy queda de entre las que formaron las comunidades de Lincoln Square y San Juan Hill. Esta comunidad culturalmente vibrante fue desplazada para dar paso a la construcción del Lincoln Center en el Upper West Side de Nueva York. En sus facilidades se filmó la escena del baile de en la versión original del film en 1958. Información adicional disponible en History (goodshepherdfaith.com)

María y Tony asisten a un templo y se comprometen a vivir eternamente, pero esa noche ocurre el duelo en el que Bernardo ataca a Tony, y mata a Riff (Mike Faist), el líder de los “jets.” Tony responde acuchillando a Bernardo a muerte, y todos salen huyendo de la escena al sonido de la sirena policiaca, dejando los cuerpos de Bernardo y Riff en el terreno. En la escena queda Chino, el más insospechado de los personajes hasta entonces, que encuentra la pistola de Riff y se la lleva.

Para navegar efectivamente por los vaivenes de una historia estructurada sobre música y letra, Kushner se valió de Anita que, al enterarse de la muerte de Bernardo a manos de Tony, acude a la farmacia de Valentina para hablar con Tony. Allí se refugiaban los “jets” de las autoridades, y llega Anita, que discute acaloradamente con ellos y es agredida sexualmente hasta que interviene Valentina.

La escena que sigue nos revela a una Anita ideológicamente transformada. Antes de partir de la farmacia, Diesel (Kevin Csolak) le urge a regresar adonde ella pertenece, a lo cual ella reafirma su lugar de origen. En la escena en torno a la canción “A boy like that,” reitera a María que Tony no es de su cultura y enfatiza en sus diferencias culturales.

Valentina está desolada pues ve su mundo caérsele encima. El momento más emotivo del film es ese, cuando ella (Rita Moreno) evoca ese lugar ideal adonde vivir una vez su farmacia y su vivienda sean desalojadas. A sus 89 años nos ofrece una desgarradora versión de “Somewhere,” recontextualizada para atender la urgencia socio-económica de los desplazados:

Hay un lugar para nosotros

Donde sea, hay un lugar para nosotros

Paz, quietud y aire libre nos esperan

En algún lugar

Entonces ella baja al cuarto de Tom, que se apresuraba a empacar sus pertenencias para salir huyendo. Trata de convencerlo de que huya, pero erróneamente, Valentina le revela que Chino había matado a María y que estaba buscándolo a él.

Tony abandona desesperadamente el apartamento sin las maletas y sale a la calle a altas horas de la noche increpando a Chino a que se apareciera para enfrentársele. Ahí encuentra a María con su maleta, lista para huir con él, que va a abrazarla. A sus espaldas el Chino se le aparece y le dispara. Al final, los “sharks” aparecen con Valentina llevando en sus hombros el cuerpo de Tony a la farmacia.

Conclusión

La nueva versión de WSS hace un excelente trabajo situando la historia en una más justa perspectiva. No se limita a la mera rivalidad entre pandillas sin causas, sino que elabora sus contornos económicos, culturales, raciales y de género. La nueva versión confronta la rigidez estructural centrada en la música de Bernstein y la letra de Sondheim. Aun así, Spielberg alteró los fundamentos de esta estructura insertando la versión revolucionaria de la Borinqueña, posiblemente el cambio más atrevido de la producción. A no ser porque la letra del himno borinqueño la compuso una mujer (Lola Rodríguez de Tió), el público puertorriqueño se habría inclinado justamente a ver esta cara de esa historia como una versión en la que los hombres invocan su nacionalidad para imponer respeto, dignidad y hombría a la vez que urge la dignidad entre las mujeres, aunque inclinadas a adaptarse a la sociedad norteamericana. Sin embargo, de principio a fin, la secuencia anímica de la historia comienza con la afirmación nacional, seguido de conformismo y sujeción a las normas culturales, luego la decepción ante el rechazo, concluyendo con un sentido de reafirmación. Es la otra cara de esa historia.

 

El autor es un músico, musicólogo y etnomusicólogo radicado en el distrito del Lincoln Center que sirve de referente al film. Ha escrito cientos trabajos en periódicos y revistas especializadas. Ha sido editor invitado de la Revista de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, y el suplemento En Rojo, del periódico CLARIDAD.

[1] A.O. Scott. “Tony Kusner, Oracle of the Upper West Side,” New York Times. 30 de noviembre de 2021. Disponible esa fecha en https://www.nytimes.com/2021/11/30/t-magazine/tony-kushner-caroline-west-side.html?searchResultPosition=6
[2] Ver, de Dan W. Dawson, “Family and Agency Equity in Urban Renewal,” Journal of Educational Sociology. Vol. 34 no. 4, 1960, pp. 182-89.
[3] Ver https://www.sghistory.blogspot.com/2011/04/lincoln-center-robert-moses-and.html (American Civilization: From the Slum to the Center: Robert Moses and the Creation of Lincoln Center (sghistory.blogspot.com)).

Será otra Cosa: Una historia del mas allá

Don Segundo Cardona

 

Especial para En Rojo

 

El escrito que sigue a continuación, publicado originalmente el 13 de mayo de 2010, saltó a mi vista en estos días, mientras pensaba en el dilema de la educación a distancia durante la pasada huelga en la Universidad de Puerto Rico. Pensé que en este contexto, a ustedes, como a mí, les resonaría la historia.

Debo aclarar que el profesor del que hablo aquí, Segundo Cardona Bosques (1918-2006), dedicó toda su vida a la enseñanza de lenguas extranjeras en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. En la década de 1990, después de haber enseñado por mucho tiempo francés, italiano y alemán, ya jubilado, daba clases todavía, aunque ad honorem (sin paga), de ruso, griego clásico y latín. Gracias a las oportunidades que le dio la UPR pudo dedicarse a su afición a las lenguas y estudiar toda la vida. Fue el primero de su familia en llegar a la universidad, como tantos estudiantes que he conocido en mis clases a lo largo de los años desde que yo también empecé a enseñar en 1989. Sepan que todavía siguen llegando muchos estudiantes así a nuestra Universidad. Según he averiguado, a nivel de sistema mas de la mitad del estudiantado son de primera generación universitaria.

El jíbaro y el catedrático

Cuatro años antes de morir, a mi papá de ochenta y cuatro años lo entrevistó mi prima Patricia, para una investigación sobre la memoria. Allí narra, por insistencia de mi prima, los datos más remotos de su biografía. Habla de su temprana orfandad, de sus años perdidos y, sobre todo, de cómo, según él, superó su origen campesino y se convirtió en catedrático de la Universidad de Puerto Rico, donde trabajó por cuatro décadas el siglo pasado.

Le cuenta a mi prima que la idea de hacerse catedrático le vino de una peregrinación del abuelo a Hormigueros. Su padre, que era muy devoto, regresó a San Sebastián contando del impresionante discurso que le había escuchado a un «catedrático», que después resultó ser el nacionalista Clemente Pereda*. Era la primera vez que mi papá escuchaba el término y dice que entonces le pareció la palabra más hermosa para un oficio: catedrático. Supongo que su impresión se debería a la reverencia con la que la habría pronunciado mi abuelo, cuyos planes de estudiar becado en Río Piedras en la Escuela Normal que después se convertiría en UPR, habían sido tronchados por la férrea oposición de su mamá. El muchacho «se perdería», opinaba la bisabuela. Mi papá aclara en la entrevista que mudarse a principios del siglo XX del Pepino a Río Piedras era como irse hoy (habla a finales del siglo XX) a vivir a Moscú. Tal vez por eso puso tanto empeño en irse él.

Después de la muerte de su madre, mi papá había abandonado la escuela para “andar por ahí” detrás de sus hermanos mayores, hasta que se dio cuenta a los dieciséis años de que estaba «malgastando el tiempo». Nosotros nunca supimos de esa etapa suya de desertor escolar hasta que escuchamos la grabación. “En mis años perdidos de adolescente, yo no pensaba en nada,” confiesa. Por suerte, con la ayuda de su maestro de inglés de quinto grado, “un tal señor García, que tenía una pierna más larga que otra”, emprendió la tarea de completar la escuela superior a través del Negociado de Estudios Libres y terminó graduándose en Lares, donde conoció al amigo de toda su vida, Juan Bautista Pérez.

Con él consultó, el último viernes del semestre, su futuro académico; cuenta: «El hoy licenciado Juan Bautista Pérez fue mi compañero, y era tan pobre como yo. El viernes en la noche estábamos sentados en la plaza. Hablamos de dónde íbamos a estudiar. Allí decidimos que yo iría a Río Piedras y él a San Germán, donde se podía trabajar en el campo y estudiar. Yo decidí ir a Río Piedras porque yo quería ser catedrático, ya te lo dije. No sabía qué iba a hacer, pero iba a conseguir una licencia de maestro. Yo iba a hacer lo que mi padre no había hecho, porque mi abuela no lo había dejado.» Me emociona imaginar esa noche de 1939 en la plaza del pueblo de Lares: los dos pobretes pensando a dónde irían a parar, qué sería de ellos, lanzándose a lo desconocido como si también ellos se fueran a Moscú.

Una vez en Río Piedras, mi papá tuvo que lidiar con la inmensa brecha entre su trasfondo jíbaro y la vida en el entorno urbano, esa elegante Santa Rita (al menos él la percibía así, quién lo diría ahora) de la década de 1930: «Tuve que aprender cómo se sentaba a la mesa, a mirar con el rabo del ojo lo que hacía el otro… la conversación. Tuve que aprenderlo todo. Ese primer año no sólo fue de estudios en la universidad, sino también de sociedad. Llegué, llegué a la universidad.» El recinto era entonces, a su parecer, un lugar poblado de gente adinerada, que escuchaba ópera, viajaba a Europa y vestía con elegancia. Entró a un grupo, según él, “muy distinguido”: «Ricardito Alegría, Luisito Muñoz Lee, Gloria Arjona, John Bothwell y tantos otros», miembros de una clase dominante que todavía enviaba a sus hijos e hijas a la universidad pública. No estoy segura de que haya superado nunca esa sensación de estar como cucaracha en baile de gallinas. Tampoco se planteó jamás cuestionar aquel sistema de privilegio que paulatinamente nos llevó al desastre.

«Pocos saben de dónde vine», añade en la grabación, después de un corto silencio. Él se esforzó en ocultarlo. He descubierto después que, en efecto, mucha gente desconoce esta historia y se imaginaba que aquel señor siempre enchaquetonado que enseñaba latín y griego antiguo se había criado entre libros y no cuidando vacas en el campo. Sin embargo, al final de su vida, tuvo la suerte de librarse de esas trabas y asumir su identidad campesina como un gesto de liberación, exento de pintoresquismo. Pudo comprarse tres cuerdas de tierra en Quebrada Arenas y allí sembró café, calabazas, cítricos, plátanos y aguacates; tuvo dos vacas y varias colmenas de abejas que atendía él solo con la ayuda de agricultores, apicultores y agrónomos que consultaba con la misma seriedad que dedicaba a sus lecciones de suajili, sueco y japonés.

Disfrutaba bromear con eso. Le pasó una vez que, en medio de algún trabajo de la finca, tuvo que salir a la carretera todo sudoroso y enfangado, el pantalón enrollado sobre unas botas de goma negra, con un sombrero de paja, machete en mano. Un nene del vecindario se le acercó y le dijo, como si le hablara a un marciano: “Oiga, señor. ¿Usted es un jíbaro?” Y él, divertido, le contestó que sí, que por supuesto. Después se relamió de lo lindo repitiendo el cuento muchas, muchas veces, hasta el final de sus días, como lo hace en la entrevista con mi prima.

La historia grabada en la cinta no termina ahí. Sigue contando lo que pasó en sus inicios como profesor, la vida en los hospedajes de Río Piedras y su primer viaje de estudios a París, en 1946, enviado por la misma Universidad, donde coincidió con otros estudiantes de entonces, como el poeta Francisco Matos Paoli y el artista José A. Torres Martinó. Sabemos que visitó ciudades de la Europa de posguerra con maravillados ojos, que fue a museos por primera vez, que intercambió lecciones de español con un compañero rumano que le enseñó ruso, que se vio obligado a regresar por la precariedad de su familia, que logró doctorarse luego en la Universidad de Berlín con una tesis (¡en alemán!) sobre el español de Puerto Rico, que se afanó después por devolverle a la Universidad lo que él sentía que le debía: su entrada en el mundo. La suya es la historia de mucha gente que en aquellos tiempos emprendió la aventura de tales transformaciones, pero todo eso es largo de contar aquí.

Otro final

Me detengo y borro el párrafo que cerraba este escrito en su publicación original del 13 de mayo de 2010 en una nota optimista. En la Universidad somos cada vez menos (menos gente, menos estudiantes, menos docentes, menos personal de apoyo, menos secciones, menos recursos, menos entusiasmo).

Mi colega dice que todo esto es muy triste. Comparto su desánimo, pero le recuerdo que todavía esa muchachería aparece en nuestros salones (y en nuestras pantallas), y de vez en cuando se maravillan, hacen planes, piden becas, se endeudan para estudiar, tienen proyectos. Entonces me acuerdo de la historia de aquella noche de 1939 en la plaza del pueblo de Lares, aquellos dos muchachos que se preguntaban desde la pobreza cuál era su lugar en aquel mundo al borde de una guerra, en un país ocupado, sin otra fortuna que su salud, inteligencia y vigor de juventud. Igual nos toca a nosotras asumir conscientemente cierto optimismo.

Estoy convencida de que hay cada vez más razones para defender el acceso que todos y todas tuvimos a una universidad pública, y eso me hace regresar a este escrito y repetirme como un mantra: no nos queda más remedio que seguir. Son tiempos oscuros, sólo puedo andar por donde se atisbe un poquito de luz.

 

* Un ayuno de protesta contra la «Resolución en Solicitud de la Estadidad de la Legislatura» en 1936 le costaría a Clemente Pereda su expulsión de la Universidad de Puerto Rico, y provocaría su exilio voluntario a Venezuela donde continuó su vida y una distinguida carrera académica. Dice Benigno Trigo que además de la célebre protesta, entre las muchas actividades políticas de esa agitada década, «hizo peregrinaciones en defensa de la purificación del alma nacional puertorriqueña. Sus actos heterodoxos de protesta le valieron el rechazo tanto de liberales como de nacionalistas.» [«Clemente Pereda, el gran ayunador» Exégesis 40 (2013): 40-48] Posiblemente una de esas peregrinaciones fue la de Hormigueros, a la que asistió Porfirio Cardona, mi abuelo, que quedó deslumbrado por la oratoria de aquel defensor de la independencia para Puerto Rico.

 

Cine en pantalla grande: Spencer y Belfast

 

En Rojo

 

Puedo fácilmente devorar uno o dos filmes por día—aparte del bingeing de series—por streaming, pero es difícil ver más de dos filmes en pantalla grande a menos que estemos hablando de festivales de cine donde ver filmes ocupa todo nuestro tiempo. Así que cada ocasión que tengo de ir a la isla (Puerto Rico) trato de ver 2 filmes en pantalla grande a menos que, como me sucedió la semana pasada, en lugares como Plaza las Américas, decidan cancelar sin avisar, la 1era tanda del filme que NO pude ver: House of Gucci.

Spencer

Director: Pablo Larraín; guionista: Steven Knight; cinematógrafa: Claire Mathon; elenco: Kristen Stewart, Sally Hawkins, Timothy Spall, Jack Nielen, Freddie Spry, Jack Farthing, Sean Harris, Stella Gonet, Richard Sammel, Amy Manson.

Cómo ciertas mujeres se convierten en personajes míticos e históricos puede haber sido estudiado y debatido, pero es uno de esos misterios que contribuyen a su permanencia. Pensemos en Maria Callas, Jackie Onassis y por supuesto, Diane princesa de Wales. Fueron figuras públicas con diferentes versiones de una misma historia; acosadas por la prensa casi a nivel de explotación; defensoras de su intimidad y dispuestas a crear una imagen pública que escondiera su realidad diaria. El director chileno Pablo Larraín utiliza en Spencer un acercamiento similar al de su filme Jackie (2016), una figura pública compleja y enigmática por defender su privacidad. Reduce el alcance de la figura pública a un momento en particular y un lugar específico. En Jackie es una entrevista luego del asesinato de JFK ya lejos de la Casa Blanca con todo su simbolismo. En Spencer es en el lugar de reuniones familiares de la familia real en Sandringham donde celebran el tradicional rito de la Navidad. Pero ese espacio se reduce cuando Diane no solamente busca excusas para no presentarse a las cenas, intercambio de regalos y actividades familiares, sino que decide explorar sus recuerdos de la niñez en la antigua residencia (ahora clausurada) de la familia Spencer, la suya, quizá lo único que puede reclamar en este ambiente donde ella es tan solo parte de “la corona”, como bien nos indicó la excelente serie “The Crown”.

Desde que llega—tarde, por supuesto, como desafío a la autoridad real—se le exige que cumpla sus funciones como esposa del heredero al trono. Todo está programado y Diane expresará su rechazo al no comer y vomitar todos los suculentos platos que la tropa de cocineros prepara con tanta precisión. Sus hijos, William y Harry, ya alejados de su madre como es la costumbre de crianza real, comparten su felicidad al expresarse y moverse libremente, pero se preocupan que su comportamiento la aparte de ellos. Diane siente que todas las ayudantes a su alrededor la vigilan y no la dejan respirar ni expresarse, Excepto Maggie (maravillosamente interpretada por Sally Hawkins), que puede ser una genuina acompañante o una fantasía para mantenerla a flote. Todo el elenco sobresale por precisamente darle el espacio a Diane (Kristen Stewart) para expresarse y sentir que todavía puede encontrar quién es ella y trazar su propio camino.

Belfast

Director, autor y guionista: Kenneth Branagh; cinematógrafo: Haris Zambarloukos; elenco: Jude Hill, Jamie Dornan, Caitriona Balfe, Judi Dench, Ciarán Hinds, Lewis McAskie,

Belfast es una historia muy cercana a la niñez de Kenneth Branagh, el reconocido y elogiado director y guionista irlandés/británico (por ser de Irlanda del Norte y no de la República de Irlanda). Por eso dedica el filme a los que se quedaron en Belfast a pesar de la tensión, peligro y conflicto continuo entre protestantes (Unionists) y católicos (Nationalists) y la intervención partidista del ejército británico, pero también a los que decidieron reubicarse para proteger a sus familias y ofrecerles una posible normalidad sin violencia. La historia la cuenta Buddy (Jude Hill), el chico de nueve años, que vive con su madre/Ma (Caitriona Balfe), su padre/Pa (Jamie Dornan) que trabaja en Londres y regresa cada dos semanas o cuando cumple su contrato, su hermano adolescente, Will (Lewis McAskie) y con los abuelos que viven casi al lado, Granny (Judi Dench) y Pop (Ciarán Hinds). Considera su calle y el perímetro donde juega, corre y conoce a todo el mundo como su hogar y área protegida. Pero en agosto de 1969 cuando la enemistad y los conflictos entre protestantes (la mayoría) y los católicos se vuelve un problema político, se obliga a los niñxs y adolescentes a repensar sus relaciones sociales: ¿por qué no puedo jugar, visitar y salir con esa familia si siempre lo hemos hecho? ¿Por qué hay que saquear esa tienda si siempre hemos comprado ahí? Y desde la iglesia, los ministros utilizan el púlpito para sustentar esa separación.

Por más que Ma, Pa, Granny y Pop traten de explicarle a Buddy que nada ha cambiado, que los vecinos que han conocido toda la vida siguen siendo los mismos, que nadie es mejor que nadie, que la religión que se practica no debe dividir el afecto que se tienen, él está lleno de dudas y miedos ahora que todos parecen haber cambiado su manera de tratarse y la violencia invade su espacio. ¿Cómo entender que la propuesta de su padre de mudarse de Irlanda del Norte—y específicamente de Belfast—es la mejor decisión para su seguridad y su futuro? ¿Cómo aceptar que la gente a su alrededor ha cambiado y ya no existe la confianza de antes? ¿Cómo dejar atrás lo conocido y querido sin sentirse solo, extraño y desprotegido? Para una visión similar, pero desde la adolescencia y con un sentido de humor para ofender a todxs, la serie “Derry Girls” (2018-2019) también recoge muy bien la experiencia de la época conocida como “The Troubles” (1960-1998) que tuvo un saldo de más de 3,500 asesinatos, 52% civiles.

Crucigrama: María Bibiana Benítez

Especial para En Rojo

Horizontales

1. _____; ciudad natal de Benítez.

4. A _____ vejez; poema de Benítez.

7. Conozco.

8. La ceiba en _____ tiesto; novela de Enrique Laguerre.

9. Prefijo.

10. Ninguna cosa.

12. La _____ del Morro; drama escrito en 1862 por Benítez.

15. Símbolo del osmio.

16. 10 de _____ de 1783; nacimiento de Benítez.

19. Preposición.

20. De cobre o bronce.

22. Del verbo ser.

24. _____ silencios de María Bibiana Benítez; libro escrito por María Arrillaga.

25. _____ alegórico; poema de Benítez escrito en 1858.

28. _____ a la justicia; poema de Benítez.

31. María Bibiana _____; se le conoce como la primera poeta puertorriqueña. Usó los seudónimos La dama duende y Una jibarita.

34. _____ histórico; poema de Benítez.

36. Nombre de la letra b.

37. _____ jibarita; uno de los seudónimos literarios utilizado por Benítez.

38. Especie de perezoso natural de las cuencas del río Amazonas y del Orinoco.

40. Escucharé.

42. Ribete.

43. La _____ de Bernarda Alba; obra teatral escrita en 1936 por Federico García Lorca.​

44. Se une o coliga.

45. Primera letra del abecedario español.

46. Antigua medida de longitud, generalmente para tejidos, pl.

47. En la heráldica, azur.

48. Red de pesca.

49. La ninfa de Puerto _____; poema de Benítez escrito en 1832. Es considerado el primer poema escrito por una puertorriqueña.

Verticales

1. Distanciado.

2. La dama _____; uno de los seudónimos literarios de Benítez.

3. Árbol de la familia de las abietáceas, pl.

5. Símbolo del aluminio.

6. Diálogo en obsequio del deseado Nacimiento de S.A.R. el Príncipe _____ Asturias; drama de Benítez.

7. Afirmación.

10. _____ Estrada; compositor puertorriqueño.

11. Burro.

13. Utilizad.

14. Área.

17. Cólera.

18. _____ Zedong; político, filósofo y estratega militar chino.

21. Existe.

23. Río de Galicia.

26. Elevé la bandera en el asta.

27. Tela de seda sin brillo.

29. María _____ Benítez; autora de «Romance histórico», «Oda a la justicia», «A la vejez», «Diálogo alegórico» y «La cruz del Morro».

30. Bailador de música flamenca.

32. Lisa, sin arrugas.

33. Pueblo de Grecia ubicado en la isla de Creta.

34. Divinidad egipcia.

35. _____ Bibiana Benítez; tuvo a su cargo la crianza y educación de su sobrina, la poeta Alejandrina Benítez, madre de José Gautier Benítez.

39. San _____; ciudad donde falleció Benítez el 18 de abril de 1873.

40. Gansos.

41. Bella _____; nombre dado a la ciudad vasca de San Sebastián o Donostia.

42. Cacerola.

44. Tipo de sangre.

El hambre aumenta en el mundo y los niños pagan el precio más alto

 

Por Elena Llorente

La pandemia ha aumentado notablemente el hambre en el mundo, mucho más que en las décadas precedentes, especialmente en los niños que están pagando el precio más alto. De acuerdo al reciente Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2021 realizado por varios organismos de Naciones Unidas – UNICEF (Fondo de Naciones Unidas para la Infancia), FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola), OMS (Organización Mundial de la Salud) y PAM (Programa Mundial de Alimentos) -, en 2020 unos 811 millones de personas, la décima parte de la población mundial, padecieron subalimentación. Las mujeres sufrieron en este período una tasa de inseguridad alimentaria del 10% más alta que los hombres, frente al 6% de 2019.

Son Asia y África las regiones más afectadas pero también América Latina. En Asia las personas desnutridas en 2020 fueron 418 millones (57 millones más que en 2019), 282 millones en África (46 millones más que en 2019) y casi 60 millones en América Latina (14 millones más que en 2019), especialmente en países como Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y Venezuela. Pero también se verificó un aumento de casos de subalimentación en varios países de Europa, entre ellos Italia.

Los niños pagan el precio más alto

La covid está amenazando los progresos que se habían logrado en relación a los niños a nivel de pobreza, salud, educación, nutrición, protección y bienestar mental. “A dos años de la pandemia, el impacto continúa a agravarse, aumentando la pobreza, radicalizando las desigualdades y amenazando los derechos de los niños en un modo jamás visto”, dijo el estudio de Unicef que calificó a esta situación como la peor que se haya verificado en los 75 años de existencia de Unicef. Se trata en particular de unos 60 millones de niños que se encuentran en familias con un nivel económico inferior respecto a antes de la pandemia.

Pero los datos alarmantes no terminan aquí. Otro elemento que agrava la situación de los niños es que se ha aumentado el trabajo de menores en un 8,4% llegando a 160 millones de niños en los últimos 4 años. Y, hasta fines de 2022, otros 9 millones arriesgan ser obligados al trabajar a causa de la pobreza aumentada por la pandemia, dice Unicef.

Sobre la situación de pobreza que viven los niños del mundo influyen también otros dos factores que preocupan notablemente a los organismos de Naciones Unidas: las guerras y conflictos y el cambio climático. A nivel global, 426 millones de niños – casi uno de cada cinco – viven en zonas en las que los conflictos son cada vez más graves y recaen pesantemente sobre los civiles, buena parte en África pero no sólo allí. Por otra parte, casi mil millones de niños – casi la mitad de la población infantil del mundo – sufren los efectos del cambio climático que aumenta el hambre en general al difundir la desertificación y otros efectos que arruinan la agricultura y la sobrevivencia. Y muchas familias deciden cambiar de residencia o de país a causa de esto, generando también inseguridad en todos sus miembros.

“En una época de pandemia global, de conflictos crecientes y ante el empeoramiento del cambio climático, hoy más que nunca es fundamental buscar soluciones concentradas en los niños. Mientras trabajamos con gobiernos, donadores y otras organizaciones para diseñar un programa para los próximos 75 años, debemos tener presente a los niños en primer lugar para las inversiones y al último para los recortes que se hagan”, dijo la directora de Unicef Internacional Henrietta Fore.

En Italia

Al parecer en América del Norte y Europa, las dos regiones con las más bajas tasas de inseguridad alimentaria en general, la pandemia aumentó también el número de casos de subalimentados. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, sobre 330 millones de habitantes, unos 37,2 millones estaban en situación de pobreza en 2020, lo que significó un aumento de 3,3 millones respecto al año anterior.

En Italia, los últimos datos del instituto de estadísticas ISTAT revelaron que sobre casi 60 millones de habitantes, más de 5,6 millones de personas viven en condiciones de “pobreza absoluta”, es decir no están en condiciones de conseguir necesario para su sobrevivencia como alimentos y bienes y servicios (ropa, medicinas, libros para la escuela, etc). De estos 5,6 millones, 1.127.000 son jóvenes de 18 a 34 años. Miles de niños y adolescentes que pertenecen a estas familias en dificultad, tienen al menos la suerte de poder gozar de un almuerzo en las escuela a las que asisten.

El aumento de los pobres en Italia fue denunciado por organizaciones de solidaridad internacional como la muy respetada organización católica Comunidad de San Egidio. Según el presidente de San Egidio, Marco Impagliazzo, “Los nuevos pobres de covid son familias con niños y dinero insuficiente como para satisfacer las necesidades elementales. Se trata de unos dos millones de familias, de las cuales 1,3 millones de personas son niños menores de edad”, dijo Impagliazzo agregando que muchos de estas familias han perdido el trabajo o han pasado de una situación de trabajo precario a condiciones super precarias, a lo que se agrega el aumento de los precios de los alimentos.

En América Latina

Unos 59,7 millones de latinoamericanos y caribeños sufrieron hambre en 2020, 13,8 millones más que el año precedente, según el informe de las agencias de Naciones Unidas sobre la seguridad alimentaria. El estudio también precisó que un 41% de la población en general se encuentra en inseguridad alimentaria mientras aumenta el sobrepeso y la obesidad de forma alarmante. Buena parte de este aumento tiene que ver con el impacto de la pandemia de COVID-19, que redujo los ingresos de millones de personas en la región. Sin embargo, ésta no es la única razón, ya que las cifras de hambre en la región llevan seis años consecutivos de crecimiento.

Los datos muestran que entre 2019 y 2020, en América Central 19 millones de personas sufrieron hambre. En el Caribe lo padecieron siete millones de personas, y en América del Sur 33,7 millones de personas. Pero Sudamérica fue la región donde más creció la inseguridad alimentaria: un 20,5% entre 2014 y 2020. Las mujeres latinoamericanas por otra parte, como en el resto del mundo, en 2020 sufrieron más que los hombres la inseguridad alimentaria moderada o grave: el 41,8% fueron mujeres, el 32,2 hombres.

Según las agencias de las Naciones Unidas, que hicieron varias propuestas a los gobiernos, es necesario que cada país tome medidas inmediatas para detener el aumento del hambre, de la inseguridad alimentaria y de la malnutrición en todas sus formas. Y para esto los gobiernos deben actuar rápidamente transformando sus sistemas agroalimentarios, haciéndolos más eficientes, inclusivos y sostenibles, y así poder proporcionar dietas saludables para todos.

Reproducido de www.pagina12.com.ar