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Caballo y ratón

 

Un video en el que un policía mete un tiro a la cabeza de un caballo a plena luz del día. El caballo está herido, parece que en una de las patas. El policía apunta varias veces a la cabeza del caballo, algo pasa con su pistola. Apunta, y vuelve y recarga varias veces. Hasta que apunta, hala el gatillo. Disparo y el desplome del animal. Esperaba el caballo el tiro? Había en el caballo una conciencia propia de la finitud por el tiro? Pienso en la famosa foto del soldado disparando a la cabeza de otro en Vietnam, o del Voluntario de la República que se desploma al recibir un balazo en la cabeza, en la España de la Guerra Civil.

El video de un ratón crucificado, y unas tijeras en su pene y testículos. Sabes el horror que está a punto de ocurrir en unos segundos. No puedes impedir el cierre de la tijera, el corte de los testículos y pene, el gesto de dolor en el ratón. No puedes ver más. Demasiado horror. Qué diferencia hay entre esta escena y las decapitaciones en nombre del Islam? Los asesinatos en nombre del cristianismo? La hay. En lo humano hay voz. La propia, el ruido del horror en el sonido gutural cuando se degolla, el ruido de las voces, y la condena internacional. Guerras se organizan con relación a estas degollaciones. Manifiestos alrededor de esos tiros. Venganzas sin fin. Bombas. Drones. Ejércitos. Tratados de paz.

Nada con relación a un caballo, y a un ratón. Heidegger, en su Ser y Tiempo, reserva el desplomarse, el «Sterben», a lo animal. Eso, lo animal, revienta. No tiene una conciencia propia de su finitud. Un caballo trabaja hasta que revienta. Para eso ha sido domesticado. Un prisionero en los campos de concentración en el Tercer Reich era menos que un caballo, era una figura (Figuren). Una figura es menos que un animal, aún cuando se abuse del animal. Al menos el animal tiene nombre, aunque no tenga conciencia propia del nombre dado. Pero desvarío. Es la cerveza. Y el sentir que, a pesar de todo, articular mi deseo es hablar en chino. Pero eso es un chiste conmigo y sólo conmigo.

¿Cómo alguien puede filmarse metiendo un tiro a un caballo, mas en uniforme? Cómo alguien filma su mano sujetando una tijera contra el órgano reproductivo de un animal, contra su mayor desnudez?, porque les recuerdo que, de toda la especie, somos los únicos que tenemos conciencia propia de nuestra desnudez. No de nuestra carencia, eso es saco de otro costal. De hecho, nuestra carencia es terrible. Cada vez que se piensa, lleva a las lágrimas. A melancolía, a desamparo. Cómo alguien apunta una pistola a la cabeza de otro y hala el gatillo? ¿Cómo alguien pone una cuchilla en la garganta de otro y degolla?

Sobre un animal no hay voz, y cuando se articula, siempre será insuficiente. No hay puente entre humano y animal, no importa cuántas veces des click al video donde salen animales que desafían lo humano. Lo más triste de la domesticación no es el animal domesticado, sino la precaria confirmación de nuestra superioridad sobre el animal, hasta que el oso, el tigre, el león, el elefante, la serpiente, recuerdan su lugar en el cosmos, y que es el de la depredación: tu olor es el de la presa, tu olor es a carne fresca.

Es quizá por eso que se le mete un tiro a la cabeza de un caballo, y se filma. Que se corta el órgano reproductivo a un ratón, y se filma. Que se retrata el momento en que una bala sale de un revólver y hace contacto con una cabeza. Que un cuchillo se abre paso en un cuello. Deleuze nos habla de la imposibilidad de contacto entre los reinos, pero a la vez nos habla del devenir animal, de ese momento en que el niño deja de ser niño y se convierte en caballo en el exacto momento en que dice, papá, soy un caballo, y relincha.

No puedo hablar de lo animal. No hay puente entre los reinos. Y sin embargo, mi corazón, tan humano por animal, va a un caballo. A un ratón. A quien recibe un tiro en la cabeza por su diferencia. A quien se degolla en nombre de alá. A quien se bombardea en nombre de jesús. O del petróleo. En nombre de todos. Ya desvarío. Destruyo este puente.

Poses

Por tres años (desde 1966 a 1968)

Yukio Mishima

posa como San Sebastián

para el lente de Kishin Shinoyama.

En Abril de 1969,

la revista Esquire

publica en su portada

una foto de Muhammad Ali,

posando como San Sebastián

para el lente de Carl Fisher.

El 25 de noviembre de 1970,

Mishima lidera una toma de cuartel militar

en pos de un golpe de estado

que resulta fallido.

Horas más tarde,

y luego de una arenga

que no surte el efecto esperado,

Yukio comete seppuku.

Morita, el kaishaku designado por Mishima,

falta a la tradición

al fallar la decapitación

en tres intentos.

Uno de los golpistas,

de nombre Kogu,

restituye el honor ritual

con las cabezas

de Mishima y Morita.

En Diciembre de 1970,

Ali regresa al cuadrilátero

luego de tres años de suspensión

al declararse

objetor por conciencia

cuando fue enlistado para Vietnam.

Una pelea en la que Alí resulta favorito,

se convierte en una batalla campal

que dura los quince rounds.

Expertos del boxeo concuerdan

que la pelea contra Bonavena

no sólo ha sido una de las más duras

que enfrentara Alí,

sino que marca el comienzo

de un largo y lento declive

de su salud y carrera como boxeador.

Esa noche Alí no era la sombra

del boxeador que fue

antes de la suspensión.

A partir del cuarto round

depende de sus reflejos

y de recostarse sobre l

as cuerdas del ring

para compensar la falta de piernas,

pero no puede evitar recibir

una cantidad desproporcionada

de golpes a la cabeza

y al cuerpo

por parte del argentino.

En el décimoquinto round

Oscar Bonavena

recibe un gancho de izquierda

a la quijada

justo cuando su derecha

sale en pos de Alí.

Ese knock-out fue seguido

por otros dos.

El árbitro detiene la pelea.

Alí se salva por un knockout técnico.

La próxima pelea de Alí

contra Joe Frazier

se convierte en su primera derrota.

Oscar Bonavena

muere de un disparo al pecho

el 22 de mayo de 1976.

La tarde de aquel otoño de 1970,

Mishima la repasa

visitando imágenes de sí mismo:

el adolescente anémico

que esconde sus escritos del padre,

la infancia con la abuela Nitsuko,

tan pronta a los accesos de furia.

El joven que responde

al llamado del ejército,

pero no es admitido

por su constitución enfermiza.

El escritor consagrado,

obseso con el cultivo de su físico,

con el ideario

de un espíritu imperial japonés

a ultranza.

El entusiasta del boxeo.

El tercer sablazo que lanza Morita,

termina como los anteriores,

en el hombro de Mishima.

El bramido de Kogu

cuando arrebata la espada

de las manos de Morita

palidece a la velocidad

con la que el kaishaku

decide su muerte sin hacer caso

a los ruegos de Mishima

de que siguiera con vida.

De rodillas, Mishima ofrece

su cuello al filo que ahora Kogu levanta.

Esta vez la imagen del San Sebastián

de Guido Remis acude ante Mishima.

La eyaculación que sufre

al verla por primera vez,

las lecciones de box, kendo, pesas

el imperativo de esculpir

el propio cuerpo a la usanza del

soldado romano condenado

por confesar su fe cristiana,

las sesiones de fotos

donde Mishima se obsede

en reproducir en su cuerpo

la belleza agónica de flechas

que lo atraviesan.

Esta vez la mano de Kogu no falla,

así como seis años después

una bala calibre .030 se abre paso

a través del corazón de Bonavena.

Alí y Mishima, tan próximos,

nunca se conocieron.

Bonavena fue el único boxeador

al que, en vida, Alí recordara

como el más grande.

Kogu sacude de la espada

la sangre de Mishima.

Morita se arrodilla,

descubre el torso, saca una daga

y sin encomienda alguna

corta y apuñala el abdomen.

Kogu remata

con un corte a la cabeza.

Con una inclinación discreta,

Kogu limpia la otra sangre de la espada,

la envaina, y en silencio

contempla los cuerpos tendidos

en medio de un charco de sangre.

Recoge las cabezas del suelo.

Una de ellas lleva una bandana

con el sol naciente en la frente.

Es la cabeza de Himitake Hiraoka,

conocida también

como la cabeza que soportara

el hermoso cuerpo de Yukio Mishima.

Hato Rey, 23 de enero/14 de julio y 3 de dic de 2021

Pájaros, obra teatral que visibiliza la tragedia de los feminicidios en la isla

– Presentada como parte de la jornada contra la violencia de género y basada en hechos reales –

Como parte de la campaña de activismo contra la violencia de género y el interés de generar espacios para el desarrollo de la dramaturgia nacional, Teatro Púbica y la Fundación de Mujeres en Puerto Rico presentarán la lectura de la obra teatral  Pájaros; pieza que inicia en la escena dramática a la profesora y escritora Jennifer Duprey. La actividad se llevará a cabo este miércoles 8 de diciembre, a las 7:00pm, en el Ateneo Puertorriqueño.

Bajo la dirección de Duprey, el elenco dará voz por primera vez con público a esta pieza de reciente creación, basada en hechos reales y que visibiliza las dificultades de una víctima de violencia doméstica. El elenco estará integrado por Gabriela Saker, Luis Torres Alicea, Carola García, Kairiana Nuñez Santaliz, Magaly Carrasquillo, Israel Lugo, Jose Caro, Raquel Vazquez, Jeliannys Michelle, Eric Yamil y Alexon Duprey.

La trama de la obra se desarrolla en un pequeño pueblo costero al sur de Puerto Rico, donde dos amigas, Luisa y Claudia, sueñan con salir del contexto violento en el que viven. Planean irse a Nueva York para montar juntas un salón de belleza. Sin embargo, el patrón de abuso y maltrato que sufren a diario frena su sueño.

​Al respecto indicó la directora de teatro “ a través de esta historia, busco quitarle el velo a uno de los dilemas sociales y éticos más apremiantes de la sociedad puertorriqueña contemporánea, y el mundo en general: el feminicidio. He confirmado a través de los años y los eventos recientes de feminicidio en Puerto Rico, que el drama que presento en Pájaros mi primera obra de teatro no llega a rasguñar más allá de una primera capa de lo que, tristemente, pueden llegar a ser estos crímenes. Todo ello ha sido una constatación de que la realidad, en comparación con la ficción, sigue siendo más abominable”.

La presentación de la obra culminará con un conversatorio sobre la violencia de género y el proceso de creación de esta pieza. El conversatorio contará con la participación de la Fundación de Mujeres en Puerto Rico y será moderado por Raquel Vázquez.

Para mayor información y registro las personas pueden acceder a teatropublicopr.org.

¿Y Los pasteles? Opera jíbara en dos

Teatro de la Ópera es una compañía sin fines de lucro fundada en 1981, cuya misión radica en promover y presentar producciones operísticas y demás representaciones escénico-musicales en Puerto Rico a través de una programación excitante e innovadora, accesible a todo público. Pro Arte Musical es la organización más longeva dedicada esencialmente a la promoción y difusión de música de cámara y géneros de concierto, entre otros programas educativos, que han marcado el desarrollo sociocultural del país por 90 años. Ambas entidades, en un magno esfuerzo en pro de la gesta musical, se unen en coproducción para el estreno de ¿Y los pasteles? Ópera jíbara en dos actos de la joven y renombrada compositora puertorriqueña Johanny Navarro. Con libreto del primer actor José Félix Gómez, el asunto de la pieza es uno ligero y simpático. La idea para la misma fue concebida luego del paso del huracán María, cuando había escasez de productos, y aborda el «muy serio» problema de celebrar una Navidad sin pasteles en Puerto Rico. La obra está centrada en nuestras tradiciones navideñas, a la vez que resalta el rol de la mujer en la sociedad puertorriqueña. La música es un juego creativo de nuevos temas que utilizan géneros tradicionales de nuestra música autóctona, destacando los distintivos seises entre otros ritmos y temas populares. Es un maridaje perfecto de la musicalidad puertorriqueña y el género de la ópera.

Johanny Navarro es una compositora de talento excepcional que escribe ópera, música coral, sinfónica, obras de cámara y piezas para instrumentistas solistas. Recientemente, Navarro recibió la beca para el Puccini International Opera Composition Course celebrado en Lucca, Italia, y una subvención del prestigioso programa Opera America Grants for Female Composers para el desarrollo propio de esta ópera. Es la primera puertorriqueña en recibir ambos reconocimientos siendo, además, artista residente del prestigioso American Lyric Theater. Ha trabajado comisiones para músicos como Elisa Torres, Luis Miguel Rojas, Andrea González Caballero, y organizaciones como Boston Opera Collaborative y Multicultural Music Group. También ha compuesto para conjuntos como The Catholic University of America Symphony Orchestra, American Harp Society, New World Symphony, America’s Orchestral Academy, Victory Players y Coralia de la Universidad de Puerto Rico. A su vez, la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico ha estrenado varias de sus obras orquestales.

La puesta de ¿Y los pasteles? contará con la participación de un elenco de voces enteramente puertorriqueñas: Natalia Santaliz, Zulimar López Hernández, Jehú Otero Mateo y Martín Alicea en los roles principales; Nasha Padilla Ramírez, José Camuy, el regreso a nuestros escenarios de Anamer Castrello, entre otros jóvenes talentos de la escena lírica local. Una veintena de músicos ejecutará la hermosa partitura bajo la batuta de Yabetza Vivas Irizarry. El diseño de escenografía y luces será obra del Maestro José «Checo» Cuevas, y la dirección escénica estará a cargo del propio Gómez. Es propio resaltar que, históricamente, esta es la primera ópera puertorriqueña compuesta por una mujer, bajo la dirección musical de una mujer, y cuyos roles principales recaen sobre figuras femeninas.

La obra subirá a escena los días 13 y 15 de enero del 2022 a las 8:00 PM, en la Sala de Drama René Marqués del Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré en Santurce. La venta general está disponible en el portal oficial de Ticketera y en la boletería del Centro de Bellas Artes, donde estudiantes y mayores de 65 años obtienen considerables descuentos. Cabe señalar que ambas funciones son estrictamente para personas vacunadas contra el coronavirus. Todos los asistentes deberán mostrar una identificación válida y su tarjeta o comprobante de vacunación; tanto la producción como el teatro se reservarán el derecho de admisión. Para recibir información adicional, comuníquese a través de los correos electrónicos teatro.de.la.opera.pr@gmail.com, proarte@proartemusical.com, o vía Facebook bajo Teatro de la Ópera, Puerto Rico. Así también en todas las redes sociales bajo @proartemusical.

Donostia/SSIFF-3era parte

 

En Rojo

Sabemos que nunca se puede superar la experiencia de ver un filme en una sala de cine, no importa las muchas pulgadas que tenga el televisor en el ambiente casero. Pero como muy bien dijo Joel Coen durante el Festival de cine de New York (https://youtu.be/gNcGggqJhCY), en un conversatorio con el elenco de su más reciente filme, Macbeth, la accesibilidad de las nuevas plataformas y formatos permiten que ese filme pueda ser visto por millones de personas infinitamente. Así se formaron él y su hermano Ethan al poder ver la gran gama de filmes de todas las nacionalidades y estilos que existe a través del tiempo. Pude ver estos filmes presentados en el SSIFF tanto presencial como en Netflix y Amazon Prime.

Distancia de rescate (Claudia Llosa)

Así como el título del filme (en inglés Fever Dream) no ofrece un referente lógico, así mismo se desarrolla la historia que va de una realidad palpable a lugares y tiempos desconocidos. Amanda llega con su hija Nina a un lugar rural de la Argentina a pasar los meses de verano. Ambas quedan a la espera del marido/padre que promete llegar tan pronto ponga en orden sus negocios. Mientras tanto, Amanda parece disfrutar de este espacio tan desolado y hermoso en una casa apartada, pero con todas las comodidades. Su primera visita es de Carola, quien vive algo distante, pero se presenta como alguien dispuesta a ayudarla y aconsejarla en su estadía. Ella parece no tener contacto con su hijo, David, un adolescente que aparece entre el mangle y la selva y observa a los visitantes. Carola parece dispuesta a confesar sus intimidades con esta recién conocida y la historia de David raya en la fantasía y el terror. Entrelazado a este presente se da el pasado confuso de David y un futuro donde se aprecia cada suspiro de supervivencia y el miedo de desaparecer sin explicaciones. Es un filme hermoso con fotografía deslumbrante e historia casi fantasmagórica como nos tiene acostumbrados esta directora peruana (Madeinusa, La teta asustada, Aloft).

 Fire on the Plain (Zhang Ji)

Lo atractivo del filme es que su historia comienza en 1997, termina ocho años después y presenta una sociedad con los mismos problemas de desajuste social que otros lugares “occidentales” que por las políticas económicas neoliberales han sacudido a la fuerza laboral con desempleo, escasez, precariedad y desigualdad. Está el desafío a la autoridad de jóvenes con familias disfuncionales (donde prevalece el patriarcado) y la investigación de una ola de crímenes de taxistas que parece ser el asunto central de un thriller policiaco. Lo problemático del filme es las múltiples tramas que Zhang Ji, cinematógrafo ahora director de su primer largometraje de ficción, intenta tejer sin lograrlo. Ese primer presente (1997) presenta la depresión económica del sector noreste del país y las ambiciones truncadas de los jóvenes que parecen no tener salida y termina en muertes y desapariciones inesperadas. Pero la realidad presentada en el segundo presente (2005) no parece tener vínculos con la anterior y la trama tiene que redefinir a los mismos personajes, aunque no podamos detectar sus cambios en personalidad dentro de sus acciones y diálogos. Es casi como ver un segundo filme sin necesidad de referente. Se que me van a caer encima, pero es exactamente lo que me sucedió con el tan celebrado filme de Kar-Wai Wong, Chungking Express, de 1994 que la gran mayoría de los críticos y cinéfilos consideran “una joya cinematográfica”.

La fortuna (Alejandro Amenábar)

Esta serie de seis capítulos—y que vimos de una sola sentada de 300 minutos—es una superproducción con recreaciones históricas, fotografía marítima de expediciones en busca de barcos hundidos y exploración del fondo de los mares para reclamar tesoros perdidos y visitas y estadías dentro de España, sus alrededores y Estados Unidos. Basado en la novela gráfica/comics “El tesoro del cisne negro”, comienza con lo que pudiera ser una aventura en el mar por un equipo de estadounidenses que con la tecnología más avanzada puede detectar los restos de embarcaciones en el fondo del mar. El líder de la expedición es Frank Wild (Stanley Tucci), alguien que parece verdaderamente entregado a esta búsqueda por el desafío y placer de encontrar un tesoro y por la atención que le dan los medios. Pero así no lo ve la oficina de “Protección del patrimonio del gobierno español”, adscrito al Ministerio de la Cultura. Para ellos, especialmente Alicia (Ana Polvorosa), Wild es un aventurero en busca de aumentar su riqueza saqueando lo que sabe que no es suyo, pero poco le importa. Son precisamente los medios los que obligan a los burócratas del Ministerio a crear una comisión de investigación encabezada por el joven diplomático y acabadito de llegar a su puesto, Alex Ventura (Alvaro Mel). Mientras Alex y Alicia encuentran la evidencia necesaria para reclamar lo encontrado por Wild—viajes a Algeciras, lecciones de cartografía, historias antiguas de hundimientos y rescates—comienza un litigio legal en las cortes de EEUU por Wild y su equipo para probar que España no tiene jurisdicción sobre este asunto. Lxs abogadxs se destacan por ser personajes muy contundentes con sus experiencias de ser afroamericanos: Jonas Pierce (Clarke Peters) por la parte del Ministerio Español y Susan McLean (T’Nia Miller) intentando defender lo indefendible.

The Eyes of Tammy Faye (Michael Showalter)

Personalmente me desagradan las sectas religiosas que consiguen volverse multimillonarias al explotar las necesidades de personas y comunidades que ponen toda su fe en los auto nominados profetas. Aun cuando el filme es una crítica social a esta manipulación—como los clásicos Miss Sadie Thompson de 1953 con José Ferrer y Elmer Gantry de 1960 con Burt Lancaster, el independiente The King de 2005 con William Hurt y, más reciente, The Master de 2012 con Philip Seymour Hoffman—siempre hay un intento de humanizar a estos falsos profetas. En este filme se presenta el fanatismo religioso ligado a la explotación de la figura de Jim Bakker para la acumulación de riqueza personal a través de “los ojos” de su esposa, Tammy Faye, quien se presenta como la verdadera creyente. Pero, la pregunta siempre es—ya sea un mafioso, inversionista explotador o ministro redentor–¿cómo es posible que estas esposas vivieran junto a sus maridos, disfrutaran de la riqueza que crecía, y no saber que estaban mintiendo y robándole a su comunidad religiosa? Jessica Chastain está impresionante como Tammy Faye, quien para los no creyentes era un chiste mediático con sus pestañas de varias pulgadas y su maquillaje y atuendo de “country singer” y dos de los papeles de reparto son excelentes: Cherry Jones como la madre de Tammy y Vincent D’Onofrio (“Law & Order: Criminal Intent” y The Magnificent Seven) como Jerry Falwell (fundador de la ola de “Moral Majority” y que siempre concibió a estas iglesias/templos/casas como lugares para unir la religión y los procesos políticos).

The French Dispatch (Wes Anderson)

Wes Anderson es uno de esos pocos directores (como lo fue Woody Allen por mucho tiempo) que atraen actores protagonistas para desempeñar papeles pequeños en sus filmes. El trabajo de este director se presta para su elenco múltiple porque sus historias se presentan en pequeñas escenas que se mueven vertiginosamente y entran, salen del centro para mantenerse en los bordes del relato que cuentan muchos con una variada de interpretaciones. Este es el caso de los cuatro filmes anteriores que he visto—y disfrutado—de Anderson: The Life Aquatic with Steve Zissou (2004), Moonrise Kingdom (2012), The Grand Budapest Hotel (2014) y Isle of Dogs (2018) que es todo animación mientras los otros pueden tener secciones animadas (diferente al estilo chaplinesco donde las escenas y los personajes parecen también animados), aunque nos parece estar viendo a los actores cuyas voces le dan vida. Esta vez, divide su relato en épocas y lugares donde la revista The French Dispatch cubre cuatro historias en lugares y épocas diferentes pero muy similares, que se entrelazan por su editor, Arthur Howitzer (Bill Murray). Así tiene más espacio para incluir a sus actorxs-amigos: “The Cycling Reporter” con Owen Wilson, Jason Schartzman, Anjelica Huston (narradora); “The Concrete Masterpiece” con Tilda Swinton, Benicio del Toro, Adrien Brody, Léa Seydoux, Bob Balaban; “Revisions to a Manifesto” con Frances McDormand, Timothée Chalamet, Christoph Waltz; “The Private Dining Room of the Police Commisioner” con Mathieu Amalric, Jeffrey Wright, Edward Norton, Willem Dafoe, Saoirse Ronan y muchísimos otros actoxs. Las historias que cada segmento cuenta son tan absurdas, misteriosas e indefinidas como todo lo que Anderson toca. No se lo pierdan.

Fábulas de Conejo y Cazador

 

Ahora la luz dispara.

La luz para ahora ahí, al cabo de la línea por la que ha subido hasta llegar, asestando sus golpes, a los cuerpos quietos.

Y la luz repara, ahora, en ellos.

Cazador se incorpora, codos contra tierra: alza la vista y la pasa por la tela tibia que le rodea, viendo como sólo él ve, viendo del único modo que conoce ver, disolviendo el lienzo del deseo con su pincelada ocular.

Los ojos de Cazador son dos fanales sin par, ocelos de belleza insondable.

Los ojos de Cazador consumen luz y halan presa, mientras le ruegan a Ella, en nombre de su dueño, que lo posea.

Conejo despierta en estertor leve.  Sabe que no está sola: siente al otro del mismo modo que siente los dejos tremulentos del deseo hace poco silenciado, ahora agazapado, en espera de la vuelta.

Ella se mueve.  Ve que algo oscila en la pupila de Cazador, por un instante tan corto que podría parecer espejismo: un salto diminuto como el pálpito de una estrella.

El logra hablar. Tú, suelta en raspe sordo, y el arco de su voz entra en punzada en la carne, y Ella cree perderse.  Se acerca.

Ya saben, cuando Ella por fin se posa y toma su asiento donde debe para montar lo frágil oscuro, lo que sólo es para ellos en luz y telar.

Cazador entumece, agradecido ya.  Asiente y anuncia en su mirada fija.  Ella recuerda que agradecer es también suplicar, es también creer.  Revuelve palabras: danke, denke, gracias, gracia.

Merced.

Agradecer es súplica.

Ahora la luz huye, ahora la manta, a lo hondo.

 

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Hambre.  Un hambre como tromba de viento.

Un hambre que grita en abismo, el hambre que Ella siente ahora, desde que el tener la carne hizo la última estampida sobre su deseo, así, en rasgue de azada.

Ella ya sabe que suele pasar así.  El halar ciego, un caer en picada, la pulpa rota.  Y entonces el pliegue abierto, ahora en retirada, y la piel que duerme dulce, la daga otra vez limpia.  Las formas quietas, la calma que aún derrama ecos cada vez más tenues, que mudan en azul hasta casi desaparecer, hasta declarar que ya, por fin, es saciedad.  Así engañan los cuerpos.

Conejo no entiende esto: cada vez que ocurre lo recibe como algo nuevo en su pelaje sin memoria.  Pero Ella sabe que suele pasar así, y por eso cuando el hambre le arranca el gemido y la hala, como cada vez, hacia la ría que anuncia el fluir, se deja llevar sin cesura.

Se deja llevar, y se acerca a él en ese arribo eterno.

Cazador abre los ojos.  Siente el presente que despierta, el presente que ya no es suyo porque siempre fue de Ella, aun cuando no tenía palabra, aun cuando no había cacería, ni corriente, ni bosque.  Aun antes de sus manos, aun antes de que supiera que darlo era su labor.  El presente despierta, y Cazador ve que Ella lo busca, que repta hasta alcanzarlo, hasta llegar a su justo alimento.

Cerca de la quebrada que avanza, no muy lejos de allí, una rama cierra su folio verde.  Junto a la raíz expuesta de un árbol, lejos de allí, una clepsidra yace rota, seca ya.

Ajena al tiempo, ella lo cubre, hambre y ámbar en un solo halar continuo, repetido, buscando otra vez ese abrir, buscando sacar la ofrenda.

Cazador cierra los ojos.  Y ahí, la primera lágrima.

Laten.

Y entonces, todo a la vez: el golpe, el presente que estalla, la leche que alimenta, la que bebe entera cada vez que el hambre abre.  La caída en pozo hondo, el eco que palpita, la tromba adorada que, por fin, por un instante quieto, se duerme.

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Atrapado en la tela que se ciñe sobre su cuerpo, Cazador cesa todo movimiento.  Está quieto por un instante: consciente de que pronto ya no podrá ver, se apresta a escuchar, atento al moverse de una brizna, al romper de un paso sobre la hierba.  El óleo de la ceguera va creciendo en riegue.  Cazador ha soltado el arco antes de caer, y la flecha yace a su lado en ángulo durmiente.

Sabe que su presa está cerca, pero ya no puede ver.  Un instante antes de que el deseo lo cubriera en su atrape, la tenía en la mira y podía divisar el punto justo de su entrada.  Un instante antes habría podido acercarse al lente, lanzar su flecha precisa, tener la carne.  Pero de nada vale forcejear ahora.  Inmóvil y ciego, Cazador sólo puede ansiar, y escuchar.

Y entonces un susurro trepa por su costado, llega a su oído, se aloja ahí el tiempo necesario para que Cazador entienda que Ella está, que aguarda, que sólo es cuestión de rasgar la tela y extenderse, y arribar.

Cazador rompe su trampa hilada. Sabe lo que debe hacer, como lo ha sabido en cada cacería: su propio hueso y carne se alzan para agarrar el arco.  Su flecha, tensa con la certeza de vibrar, se posa recta.  Cazador la toca, siente su extensión, sonríe.  La suelta.

En un instante, el vuelo, el golpe certero, el romper.  Cazador se acerca a Ella y aprieta la carne caliente, siente el latido del animal cazado; la estrecha contra sí y cree caer.

La sostiene mientras abre.  Hurgando en furia, Cazador pierde la razón.  Muerde, ciego.

Devora.  Un ruego suena.

Y entonces, como debe hacer, se abre.  Gruñe en derrame entero, saciado ya, presto a darse ahora entero. Convencido de que lo que ha devorado ahora lo consume, Cazador se arquea, y su cuello queda al descubierto.  En su error, espera a que Ella trepe lenta y se anide allí, quieta y palpitante.

Pero Cazador se equivoca.  Conejo no está ahí, no lo ha estado en todo este instante largo y macizo. Volcado en sí mismo, su deseo ahora quieto de nuevo, abre los ojos.  Y por fin la divisa, al otro lado del bosque.  Ella lo ha visto todo.

Conejo se acerca entonces.  Pronto, un nuevo arribo.