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Estudiantes de la UPR en Río Piedras ponen fin a la huelga

Foto por: Axel Torres

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Los planetas parecen estar alineándose en el sistema de la Universidad de Puerto Rico (UPR). El estudiantado del primer centro docente, Recinto de Río Piedras, levantó su huelga el miércoles, 24 de noviembre, tras llegar a varios acuerdos con la administración.

A fines del mes de noviembre el estudiantado de los recintos de Mayagüez, Humacao, Cayey y Bayamón aún se mantenían en proceso huelgario.

La presidenta del Consejo General de Estudiantes (CGE) de Río Piedras, Fabiana Marini Martínez, y el representante estudiantil ante la Junta Universitaria del recinto, Delvin Caraballo Rodríguez, dieron a conocer que el estudiantado exigió mayor oferta académica en modalidad presencial, espacios de estudio y bibliotecas con horarios extendidos, transparencia y rendición de cuentas con el estatus de las residencias universitarias, expresiones del rector en contra del cierre de recintos, del plan fiscal y los recortes presupuestarios, así como expresiones a favor de una reforma universitaria. A esto se añadió durante las negociaciones el que los estudiantes puedan comunicarse con el profesorado y solicitarle una extensión de tiempo para entrega de los trabajos que fueron asignados desde el 27 de octubre hasta el día de finalizada la huelga.

Caraballo Rodríguez confirmó a CLARIDAD que desde el lunes, 29 de noviembre, se reanudaron clases y servicios administrativos presenciales. Al momento, solo un 7 % de los cursos se ofrecen de manera presencial. El acuerdo al que se llegó fue que para el próximo semestre se tendrá el 54 % de los cursos presenciales, lo que se traduce en un 73 % de los cursos que fueron diseñados para ofrecerse de manera presencial.

El otro acuerdo fue la creación de un comité para auscultar a largo y corto plazo un remedio para los estudiantes que necesitan vivienda. Recordó que en el 2018, la administración cerró el edificio de Torre Norte y en el 2020 se cerró la residencia dentro del campus. “Este es un reclamo que no podemos dejar sin atender. Si estamos solicitando clases presenciales también tenemos que estar conscientes de que se necesitan viviendas”.

La tarea de identificar viviendas dentro y fuera del recinto se hará junto a la organización CAUCE (Comité de Acción Urbana Comunitario de Río Piedras). En ello participará la arquitecta de la Administración Central, Janet Lugo, debido a que se supone que todos los proyectos que sobrepasan los $600 mil tienen que atenderse por ese organismo. Lugo deberá dar un informe al Senado Académico de lo que requiera cada uno de los edificios y las fechas estimadas para las que pudieran estar rehabilitados. Hasta el momento, el comité está integrado por el doctor José Corrales, ayudante del rector, la directora de CAUCE y la estudiante Mila García, activista de vivienda accesible para personas trans.

Caraballo Rodríguez resaltó que luego de llegados a estos otros acuerdos, lo importante fue que el rector, doctor Luis A. Ferrao Delgado, reconoció públicamente la necesidad de que haya una nueva ley universitaria que responda al estudiantado. “La última ley fue la del 1966. Necesitamos democratizar y quitar, en la medida en que se pueda, la intervención partidista en la UPR y toda su estructura y tener una estructura que dé mayor poder al estudiantado, porque al fin y al cabo la Universidad es por y para los estudiantes. Creo que eso fue de los logros más significativos”.

El representante estudiantil destacó que desde el 2014 el estudiantado ha denunciado que los recortes al presupuesto iban a poner en riesgo a la UPR.

El estudiantado del recinto de Ponce también había levantado su huelga unos días antes que Río Piedras. El 12 de noviembre, la rectora del recinto, doctora Tessie H. Cruz Rivera, reemitió una carta al gobernador, Pedro Pierluisi, en la cual le expresa que la Universidad del Estado es “la base fundamental de lo que somos como país en términos sociológicos, culturales y económicos”. Le plantea que la UPR debe ser considerada, y en efecto lo es, un servicio esencial y prioritario, al mismo nivel que la salud, seguridad pública y la vivienda.

En su declaración, la rectora de Ponce también se expresó de manera categórica en contra de cualquier recorte al presupuesto y abogó por que restituyan los fondos de los recortes ya efectuados, que se revise el Plan de Ajuste de Deuda y se atempere a la realidad de la Universidad; que la UPR se considere por legislación un servicio esencial y que se mantenga íntegra su composición de los 11 recintos.

Por su parte, el rector del recinto de Bayamón, doctor Miguel Vélez Rubio, dio a conocer en comunicado de prensa que le había extendido una invitación a los miembros del Consejo General de Estudiantes para reunirse con su equipo de trabajo el martes, 30 de noviembre de 2021, a las dos de la tarde, en la Sala de Junta y Senado, con el objetivo de dar los pasos pertinentes y afirmativos que les permitan concluir este proceso huelgario. La agenda sugerida para el encuentro es: Acuerdo final dirigido a la apertura del recinto en o antes del 3 de diciembre de 2021 y Celebración de una asamblea estudiantil.

 

 

 

 

 

 

Será Otra Cosa: Jayarse en Perfume de gardenias de Macha Colón

 

Especial para En Rojo

La hilera de techos sucios y planos de la primera escena de Perfume de gardenias (2021), la película de Gisela Rosario Ramos (Macha Colón) nos hace aterrizar en la estética suburbana del país. No sorprende el cemental manchado de humedad e invadido por antenas televisivas que da inicio a la producción. Tampoco el diseño de jaula de las casas en las que habitan los personajes. La reja, el portón, la verja, la valla, el muro, son piezas fundamentales en la arquitectura, no ya de las casas de urbanización que se presentan en el film, sino de la cotidianidad puertorriqueña de los últimos cincuenta años. El enclaustramiento de esa arquitectura al interior sirve de escenario perfecto para el proyecto neoliberal puesto en marcha en el país hace décadas, que cuenta con el estallido en mil cantitos de las verdaderas redes sociales, las del vínculo del cuerpo presente y el oído atento, de la mirada recíproca y la palabra solidaria, las del cómo estás, en qué te ayudo, te traje este caldito que te hice ayer, el del pasa, siéntate, que te preparo un juguito de limón.

A contrapelo del feo paisaje urbano y de la desidia que revela, Perfume de gardenias detiene el lente para enfocar en una red tan imperceptible como los hongos: las cuidadoras. Todo un país se sostiene por el empeño de mujeres invisibles que cuidan afanosas como muestra contundente de su generosidad. Y aunque la trama ocurre adentro –en el balcón cerrado por rejas decorativas, en la marquesina tapeada por un portón eléctrico que se daña con facilidad, en la cocina, en la sala calurosa de techo bajo, en los cuartos donde siempre se cuida a alguien: un esposo, una hija, un nieto o una vecina–, estas mujeres superan la fragmentación de la vida social en su apuesta por el vínculo cotidiano.

Es conmovedora la protagonista, Isabel, interpretada magistralmente por Luz María Rondón; una mujer setentona que acaba de enviudar y se dedica desde entonces a preparar las más variadas e impecables de las ceremonias fúnebres. Doña Isabel no sabe hacer otra cosa que cuidar, pero es una ética del cuidado generosa: solícita a las demandas de quienes ayuda y capaz de superar prejuicios y posturas de vida. La trama de la película nos refiere a otros filmes, por ejemplo, al magnífico Despedidas (2008) del japonés Yohiro Takita, donde un joven desplazado de su trabajo se dedica a embalsamar artísticamente con el mismo esmero de Doña Isabel.

Pero Perfume de gardenias me hizo trampa. Su lograda recreación de la estética y ambiente doméstico clasemediero suburbano de Puerto Rico me jalonó. Mientras veía la película no supe bien cuál era mi lugar en el teatro. Hay que tener un gran ojo para describir los interiores de la casa de la protagonista con la justa profusión de objetos propia del barroco puertorriqueño. No faltó una figurita, un pañito tejido, una lámpara, una cortina, un plástico sobre los muebles, un tiesto, una mata en la casa de Doña Isabel. Es necesario también un gran oído para recrear tan vivamente la expresión de ese espacio doméstico y familiar. Lo que sobra es corazón a esta producción que representa tal universo social con la misma ternura y cuidado con los que su protagonista hace todas sus labores diarias.

Me hallo sentada a oscuras en la tanda de las dos de la tarde, con doble mascarilla y orillada en la sala del cine por miedo al contagio, procurando paliar el cotidiano ninguneo de la clase rectora del país hacia quienes defendemos los espacios públicos y los derechos ciudadanos mínimos: salud, hogar y educación, y tratando de no hacer caso a las imprudentes voces chillonas de dos espectadoras. Ahí me encuentro, intentando permanecer en mi impasible lugar de espectadora que permite la butaca del teatro. No sé qué pasó, si me levanté a pedirles a las mujeres que bajaran la voz o si fue la mezcla de sudor, lágrimas y mocos en las KN95 lo que propició mi caída, pero de pronto, casi sin darme cuenta, me jayé en medio de la pantalla.

Y sé que Macha Colón tiene truco desde que bailé con mis hijas por primera vez su Jayá, ese himno al cuerpo gozoso, a la pulsión vital envuelta en cualquier forma de carnalidad, que la cantante, perfomera y directora interpreta junto a los Okapi. Y pensé, me jayaron, me jayé, me encontré a mí misma en la pantalla. Pero acá, la celebración de la alegría generosa se canta a ritmo de bolero y en susurros. (Jayarse es el verbo preciso para hablar de mi estar frente a la película.) Y en ese estado de jayaera total, ya no sabía si era Doña Isabel o Doña Luz, mi madre, la que se movía sin tregua como una hormiguita tarareando por toda la casa, mapeando, lavando, cocinando, fregando, recogiendo los jengibres rojos o las perfumadas gardenias, cantando gozosamente mientras se esmeraba en hacer con alegría y perfección la más mínima de las labores, preparando el caldito de pollo para la vecina enferma o saliendo a recibir con un jugo de guayaba al adicto de la calle, y entonces es cuando percibo que ella, esa mujer setentona, se dirigía a mí y me hablaba, vestidita de negro, con la ropa perfectamente planchada, con su modesto prendedor en la camisa y sus austeros zapatos negros, pero, nena, siéntate en lo que te hago el café, pero a ustedes ya no se les puede decir nada, ofreciéndome con cara de toda dulzura, además, del coquito que se deja tomar.

 

 

 

 

 

 

 

De la economía pasiva a la economía activa

 

 

Especial para en Rojo

En Puerto Rico se considera que el bienestar viene de afuera y no es mucho lo que tenemos que hacer para conseguirlo. La estrategia de desarrollo económico se basa en atraer industrias mediante leyes de exención contributiva, prestamos (deuda externa) y fondos federales.

Atraer industrias mediante exención contributiva es una estrategia pasiva que espera que las industrias reaccionen al incentivo. La atracción en sí no considera ningún componente de la economía local lo que promueve que se desarrolle un enclave industrial. La deuda externa se utilizó intensiva e irresponsablemente. Los fondos que generaban las emisiones de bonos se obtenían con relativa facilidad porque existía una demanda por bonos triple exentos, los intermediarios obtenían comisiones millonarias y los políticos estiraban los presupuestos casi a su antojo. No se consideraba, sin embargo, que estos fondos conllevaban un pago que suponía un aumento de producción en el futuro. Gran parte de los fondos se utilizaron en gastos corrientes (nómina, contratos, etc.) no en el desarrollo de infraestructura ni en la promoción de la producción. Entre los años 2000 a 2015 la deuda se triplicó sobrepasando el margen prestatario y llevando al país al impago y la quiebra. Los fondos federales se han convertido en el sector “dinámico” de la economía. Desde el punto de vista de la economía de Puerto Rico los fondos federales se pueden considerar ingreso pasivo (ingreso que no conlleva trabajo activo como contraprestación ej. rentas ) porque no conlleva producción. Los fondos de FEMA para el huracán María y los terremotos, los fondos de emergencia para la pandemia y los programas sociales del presidente Biden significan una verdadera avalancha de fondos federales para Puerto Rico.

Hemos pasado del declive en la manufactura, al aumento desmedido en la deuda y ahora a la dependencia de fondos federales. La economía de Puerto Rico es cada vez mas pasiva dependiendo menos de la producción.

Loa fondos, particularmente los federales, se han convertido en el nuevo “modo de producción” y comienzan a surgir instituciones que se adaptan a éste como cazadores de renta, gestores que venden influencias y cabilderos. Esto promueve el clientelismo y la corrupción.

Es necesario convertir los fondos (dinero destinado a un fin) en recursos (medios disponibles para resolver una necesidad). En Puerto Rico, sin embargo, como se considera que el bienestar viene de afuera, no se le da ninguna importancia al desarrollo de nuestros recursos que son los medios necesarios para el desarrollo económico. Gran parte de la deuda se utilizó en gastos corrientes en lugar del desarrollo de la infraestructura, esto es, construcción de carreteras, puertos, embalses, plantas eléctricas, etc. Peor aún, logramos la hazaña de convertir recursos existentes en fondos para repartir. En el caso de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) se infló la nómina con amigos del alma, de hecho, políticos destacados como Jennifer González (PNP) y Willie Miranda Torres (PPD) estaban en la nómina de la AEE. Además se otorgaban contratos leoninos y subsidios. Esto llevó a la AEE a que sus gastos fueran mayores a sus ingresos y a su eventual quiebra. Como los ingresos no cubrían todos los gastos tenían que tomar prestado para financiar la pérdida. Entre los años 2007 y 2013 se acumularon pérdidas por $1769 millones y se emitió deuda a largo plazo por $1970 millones. En lugar de poder utilizar estos fondos para plantas eléctricas modernas se utilizaron para financiar las pérdidas provocadas por el despilfarro. Los recursos acumulados de la AEE languidecieron y hoy solamente el 39% de su capacidad está operacional. La Junta de Supervisión Fiscal tampoco le da importancia al desarrollo de nuestros recursos y le quitó cerca de la mitad de los fondos a la UPR. Los dos recursos más importantes para el desarrollo (conocimiento y energía) están sumamente limitados.

Una economía activa requiere del desarrollo de nuestros recursos. Eso nos daría más control sobre la política económica. La economía del conocimiento y la innovación, de la que tanto se habla, necesitan del desarrollo de nuevos recursos y capacidades. Los nuevos recursos hacen posibles en las empresas acciones que antes no lo eran viabilizando la innovación del producto y del proceso, creando así nuevas oportunidades en el mercado.

En la economía activa la estrategia de desarrollo sería: Primero, darle apoyo a las empresas particularmente las pequeñas y medianas (pymes) para que tengan acceso a los siguientes recursos: conocimiento, por ejemplo, laboratorio de tecnología de alimentos, destrezas mediante adiestramiento, financiero mediante préstamos, organizativo mediante asesoría y físico. Esto le facilitaría a las empresas producir productos con nuevos atributos a menor costo creando así oportunidades para exportar. Segundo, vincular el desarrollo de recursos con la atracción de industrias. Queremos atraer industrias que, por su naturaleza, requieran recursos que concuerden con los que Puerto Rico posee o puede desarrollar. Para los distintos grupos industriales se considerarían sus requerimientos en términos de tecnología/conocimiento, infraestructura, destrezas, insumos y servicios. Se seleccionarían aquellos grupos industriales cuyos requerimientos coincidan con la oferta de recursos de Puerto Rico. Se coordinaría el desarrollo de recursos con los requerimientos de las industrias según estos evolucionen. Estos sectores industriales se promoverían activamente, esto es, saldríamos a buscarlos. Serían los recursos locales el atractivo para las empresas globales. Así no solamente se evita el enclave industrial sino que se promueve la aglomeración.

El camino de la economía activa es mas dificultoso y trabajoso pero es el único capaz: de sacarnos de la bancarrota, de promover un crecimiento autosostenido y de crear oportunidades para una sociedad mas equitativa. El camino de la economía pasiva, conveniente para algunos, es el mas fácil de recorrer pero nos lleva en retroceso económico y social. Por el camino pasivo el negocio de Puerto Rico continuará siendo la pobreza.

Vida y Comida : Río Piedras

 

Especial para En Rojo

Hace meses, estando el país todavía bajo órdenes de cierre, daba vueltas en auto pasando por mi vecindario en Hato Rey, por el viejo San Juan y con más interés por Río Piedras. Esperaba y vi lo que todo hemos visto, calles solitarias, basura, y abandono. Por décadas con tristeza hemos visto el deterioro de la ciudad universitaria como llamamos y conocimos hace ya mucho también esa esquina del mundo. Inevitablemente pensé que después del desalojo de los estudiantes, el cierre de la universidad y del comercio todo, de esa ciudad no quedaría mucho, si algo. No tengo la respuesta, solo sé que eso puede suceder… o no.

La panadería que habían abierto poco antes del comienzo de la pandemia había abierto nuevamente ofreciendo sus dulces y sándwiches. Este es un proyecto joven y su clientela es principalmente joven; como siempre ha sido buena parte de Río Piedras. Algunas librerías permanecieron abiertas para su clientela entregando las órdenes directamente al auto. Río Piedras no es solo un lugar de sobrevivientes y el remanente en ruina nostálgica de su época de gloria. Eso que llamamos casco ha tenido por mucho tiempo una línea que divide lo que va quedando del mundo estudiantil separado para muchas cosas de la comunidad de inmigrantes dominicanos que convive en ese espacio, ignorándose ambas partes.

Durante ese período vi por Facebook unas fotos de un restaurante en Río Piedras que ofrecía comida para recoger o para entregar. KAMAKURA es el nombre del sitio que llamó mi atención, no solo por su nombre poco usual para RP si no por sus ofertas de comida. Vi un menú con platos asiáticos combinados con toques mexicanos como los tacos de pescado de fusión y al mismo tiempo ofrecían un especial de combinaciones criollas. He visto aunque no he comido el arroz con habichuelas, empanadas o chuletas con tostones, papas o amarillos, todos fueron por un tiempo muy exitosos, ya no están incluidos en su menú. Nuevamente llamé a Rafa, mi socio primario cuando de Río Piedras se trata, para preguntarle sobre el sitio. Por supuesto, ya él lo conocía desde antes de la pandemia y le gustaba mucho. Añadió que el local tenía unas mesas al aire libre antes de que esa modalidad se multiplicara en todos los comercios donde cupiera una carpa. No necesité más. Asumiendo mi primer riesgo después de vacunarme y con algo de susto corrí con mi máscara a enfrentar mi primera aventura comiendo fuera de casa desde que la COVID 19 apareció en nuestras vidas.

En esa ocasión bien acompañada me fui a la segura, pedí los dumplings y los tacos. Ambos ofrecen lo sabores necesarios y esperados, no son nada grasosos a pesar de que el pescado es frito, no nada estridente domina sobre las otras cosas, delicados, la mezcla de sabores de los tacos combinando los filetes de pescado, cilantrillo y limón, mejor no podían quedar. Comida sabrosa y al mismo tiempo delicada con ingredientes muy frescos. La segunda vez, la tercera y muchas más he ido probando distintas cosas de las que preparan como el que comí recientemente, Yakisobe que además de los fideos, lleva zanahorias, cebollas, pimiento y repollo salteado con especias japonesas ajo y jengibre, resulta sabroso liviano y fresco; lo pedí con camarones que estaban cocidos justo a su punto, cristalinos, no duros. Puedes añadir pollo, cerdo o camarones sí gustas. Ayer vi el anuncio de un especial de la cocina árabe estilo Kamakura, pollo con especias de la cocina árabe, humus perfecto en sabor y textura y pan pita. Estos platos son, meses después de mi primera visita, como se espera de todo restaurante que vale la pena revisitar, una muestra que Kamakura mantiene una calidad consistente y logra lo más importante para mí, la frescura de los ingredientes, en la confección con todo hecho al momento y en el sabor. Toda la cocina de Kamakura, que va consolidando su carácter asiático casi exclusivamente, ofrece platos que nos parecen familiares con un twist que los hace mejores que muchos otros en el mercado. Hay un corto menú fijo al que periódicamente le añaden alguna cosa nueva. Eso sí, no olvides pedir un pique preparado en la casa que contiene entre otras cosas, aceite de pimienta roja szechuan con clavos de especie dándole un sabor distinto, único. Este pequeño lugar es la aventura de César y Nadja una pareja estudiante graduado de literatura y cocinero chef él, profesor en la UPR y estudiante ella, colaborando mano a mano para hacer lo que disfrutan juntos. Comenzaron mucho antes de la pandemia a cocinar en la casa y entregar comidas, consiguiendo un local en la ciudad con la que se sienten vinculados. César diestro y honesto en el oficio que ama y disfruta y que por eso lo hace. Allí y ocasionalmente junto a su compañera Nadja quien asiste al cliente. En su casa del #14 de la calle Amalia Marín, podrás probar, sentado en sus mesas de exterior en un ambiente sencillo y tranquilo, sin estridencias y rodeado de jóvenes atraídos por la comida japonesa sencilla, saludable y a un precio accesible. Invitados quedan a probar esas cosas que preparan para compartir esas experiencias con nosotros, jóvenes y los que no lo somos de edad pero lo somos de ánimo y de búsqueda, los que seguimos visitando o viviendo en esa parte de San Juan que tanta vida e historia contiene.

Mirando esa actividad comercial, mayormente joven, que va reabriendo o abriendo por primera vez, recuerdo que el cambio es lo más permanente en la vida y en la naturaleza toda. A veces, para no cambiar tanto.

Hace 6 o 7 décadas en el espacio en el que ubica Kamakura un boricua a quien todos conocieron como Don Rafa abrió un pequeño negocio que llamó “Refresquería La Patria”. Aquí vendía refrescos y sándwiches a precio populares aún para esa fecha y para el que no tenía con que pagar, fiaba sin fecha de vencimiento. Por el nombre pueden adivinar que el lugar se convirtió en la casa y lugar de reunión de muchos estudiantes que simpatizaban con las ideas políticas de Don Rafa, mayormente estudiantes que militaban en las organizaciones independentistas de esos años. Don Rafa se convirtió en casi el padre de muchos prepas que venían de lejos, con recursos económicos limitados pero con los ojos y las mentes abiertas al conocimiento y al futuro, a quienes ofrecía hospedaje en dos cuartos de su apartamento que era al lado de la Refresquería y del hoy restaurante.

La historia de Rio Piedras está repleta de esos sueños que todavía llegan a ese lugar, sitio de luchas de vida y de futuro que siguen dándose. Basta con prestar atención y veremos el hilo del pasado y de lo nuevo con el que se va tejiendo el enorme tapete que tuvo y tiene a la Universidad como centro. Universidad que sirvió de mesa en la que lo mejor del país pudo con orgullo sentarse y la casa en la que encontró el apoyo y el abrazo para alcanzar lo que se buscaba, o sorprenderse por lo que no se imaginaba al llegar y que terminó siendo su vida.

Para Don Rafa, un hombre que amó su tierra, su Patria y para sus jóvenes.

 

 

2ndo Festival de Cine y derechos humanos de Vieques

 

En Rojo

¿Cómo definimos derechos humanos para que sea inclusive de toda persona, país, territorio en la tierra? Ante todo, el derecho a la vida lo que implica tener acceso a agua, alimento, trabajo, vivienda, protección, educación primaria y superior, movilidad y su significado: vivir en paz. Todo ser humano tiene el derecho de tomar decisiones sobre su cuerpo, poder expresar sus ideas, establecer colectivos, luchar hacia el bienestar individual y comunitario. Según su comunicado de prensa “en su segunda edición, el Festival de Cine y Derechos Humanos tendrá como enfoque los procesos de recuperación justa, entendida como el derecho que tienen las personas y comunidades a que los planes de recuperación atiendan sus necesidades, deseos, y derechos humanos. El apoyo mutuo, la organización comunitaria, la lucha en contra de la austeridad y todo tipo de violencia, componen las temáticas principales”.

Tuvimos la oportunidad de conversar a través de @mails con la compañera Diana Ramos Gutiérrez, organizadora, productora y programadora de las dos ediciones (2020 y 2021) del Festival de Cine y Derechos Humanos de Vieques que este año se celebra del 1ero al 5 de diciembre en el Fuerte Conde de Mirasol aquí en Vieques, Puerto Rico. Diana, residente de Vieques desde hace largo rato, es periodista, comunicadora social y gestora cultural que se especializa en derechos humanos, colabora con el Archivo Histórico de Vieques y con medios comunitarios e independientes y estuvo a cargo de la propuesta para una nueva programación para Radio Vieques que lamentablemente no se pudo llevar a cabo.

[MC] ¿De dónde y por qué surge la idea de hacer un Festival de Cine y Derechos Humanos en Vieques en diciembre 2020?

[DRG] Hace varios años venía rondando la idea, y entre la gestión cultural y la mentoría llevada adelante de la mano de Robert Rabin (maestro, dirigente comunitario y director del FCdeM desde 1990) en el fortín Conde Mirasol, entendí que Vieques era el lugar idóneo para este evento. No solo por la historia de lucha y defensa de los derechos humanos en Vieques por tantos años, sino también por las deudas respecto a los derechos humanos por parte del Estado para con la isla.

[MC] ¿Quiénes fueron tus auspiciadores/apoyadores esa 1era vez?

[DRG] Radio Vieques, El Archivo Histórico de Vieques, ADOC (Asociación de documentalistas de Puerto Rico), Amnistía Internacional, Comité Noviembre y la Fundación Mochileando. Siguen siendo los mismos, excepto Radio Vieques que ya no se transmite.

[MC] El 1ero fue todo virtual y ahora presencial la mayor parte y una porción virtual ¿a qué se debe el cambio–el lugar seleccionado–y qué esperas lograr con esta aproximación?

[DRG] La idea siempre fue llevar cine a la comunidad. Por motivo de la pandemia y la ausencia de servicios de salud en Vieques, las actividades culturales presenciales sufrieron una larguísima pausa. Queremos retomar los diálogos y esperamos construir intercambios pertinentes con la comunidad a través de esta experiencia presencial. Tendremos igualmente una oferta virtual para que quienes no puedan llegar hasta Vieques puedan ser parte de esta experiencia y participar de alguna manera.

[MC] ¿Cómo moviste la convocatoria para poder atraer una participación internacional?

[DRG] A través de distintos medios latinoamericanos independientes y radios comunitarias con las que ya tenemos contacto. Nuestra primera convocatoria excedió nuestras expectativas. Y es que los derechos humanos están sufriendo una vulneración constante en nuestras sociedades y cada vez hay relatos más profundos y significativos sobre estas experiencias.

[MC] En cuanto a la producción puertorriqueña ¿cómo se circuló la convocatoria y se hizo la selección (# de cortos, medios y largos y temática)?

[DRG] A través de la Asociación de documentalistas de Puerto Rico. También hicimos unas invitaciones particulares a trabajos que entendíamos debían ser parte de la muestra, y con mucha solidaridad aceptaron. Hay más de diez producciones locales en estreno. El apoyo mutuo, la organización comunitaria, la lucha en contra de la austeridad y todo tipo de violencias, componen las temáticas principales de las producciones. Son relatos que dialogan entre sí. Tenemos la gran responsabilidad de amplificar estos trabajos y estos relatos tan valiosos. Por eso sentimos que este espacio es tan pertinente.

[MC] ¿Hay conexión directa entre este Festival y Amnistía Internacional?

[DRG] No como tal, son parte de nuestras alianzas estratégicas como las organizaciones mencionadas arriba. Son el único capítulo de Amnistía en el Caribe. Nosotros somos el primer Festival de cine y derechos humanos en el Caribe. Las alianzas y la educación son aspectos clave para nuestro proyecto.

[MC] ¿Ya tienes un programa de talleres/conversaciones que se darán durante el Festival?

[DRG] 1ero de diciembre a la 1pm presentaremos «Where We Were Safe», un proyecto multimedia sobre los espacios de la salsa en los años 70s. Navegaremos los distintos espacios a través de un documental interactivo con su creador a través de facebook live.

El sábado 4 de diciembre les esperamos en el Fuerte Conde Mirasol para dos talleres, comenzando con Planificación para la recuperación justa, a cargo de Urbana Planifica a las 10am, seguido por un mapeo para la recuperación justa a cargo de Amigxs del Mar. Queremos soñar en comunidad la recuperación que merecemos. El viernes 3 y sábado 4 tendremos la visita de algunxs de lxs directorxs de las producciones.

Pueden acceder a la cartelera en fcdhv.com. Por mi parte, recomiendo con cinco estrellas el documental de Márel Malaret, Todos íbamos a ser reyes sobre las vidas liberadas por el arte de escribir de siete confinados. Además, el sábado 4 a las 7:30 de la noche se presenta en la Plaza Púbica Simulacros de liberación (actualmente exhibiéndose en las salas de cine de Puerto Rico) de Juan C. Dávila Santiago (director de Compañeros de lucha de 2012 y Vieques: una batalla inconclusa de 2015), un recuento de las luchas/protestas/manifestaciones contra la imposición de la Junta de Control Fiscal, los gobernadores de turno, las fuerzas represivas, los destructores del ambiente y el reconocimiento a la constancia y valentía de las familias/ estudiantes/maestrxs/obrerxs/pensionadxs que toman las calles para exigir el cambio.