Inicio Blog Página 1054

Mirada al País:El 9/11 y la geopolítica de los recursos naturales en Afganistán

 

Especial para CLARIDAD

Seguimos inmersos en los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y en los recientes incidentes asociados a la salida de las tropas del ejército norteamericano de Afganistán. Los medios de comunicación de forma concertada rememoran los trágicos eventos del 9/11 y los interrelacionan con la incertidumbre que plantea la recuperación del control político por el Talibán en Afganistán. Esta propaganda incide sobre la comprensión de la cotidianidad de los asuntos que ocupan, entretienen o distraen nuestra atención; en cierta medida oscurecen nuestro pensamiento colectivo sobre otros problemas o preocupaciones. Esa es parte de la agenda mediática que llevan a cabo las instituciones públicas y privadas responsables de construir el llamado imaginario de la “Guerra del Terror”. Los argumentos que se esbozan públicamente para construir y sostener la teoría que explica las causas y motivaciones de los denominados “enemigos” que amenazan la seguridad nacional de los EE.UU., se construyen, en parte, sobre medias verdades, pero fundamentalmente sobre falacias propagandísticas. La propaganda de las agresiones imperialistas generalmente se pretenden fundamentar en hechos que se justifican a base de algunos conflictos vinculados a principios y valores que permiten la convivencia en las sociedades civilizadas. Se habla de principios como preservación de la libertad individual y colectiva, justicia social, derechos humanos, principios relacionados a la organización democrático de los sistemas políticos de las naciones (libertad de expresión, de asociación, de culto, de selección de la dirección política mediante elecciones libres, derecho a la intimidad, etc.), pero pocas veces se reconoce que la causa y motivación de los conflictos bélicos y de las intervenciones extranjeras contra las soberanías nacionales responden a intereses materiales movidos para el acceso y control a bienes y recursos naturales (en especial minerales e hidrocarburos) que se consideran indispensables en los procesos de producción de los sistemas económicos, particularmente los capitalistas. Algunos de estos conflictos también responden a las necesidades geopolíticas de los Estados imperialistas dirigidos al control de rutas terrestres y marítimas para mover o transportar esas materias primas o productos terminados hacia los mercados de consumo. Todos estos elementos están inmersos en la propaganda que, desde hace muchos años, se divulga relacionados a los incidentes en los EE.UU. del 11 de septiembre de 2001 y la agresión a Afganistán a partir del 7 de octubre de ese mismo año.

Desde el mismo momento en que se comenzó a comunicar los incidentes del 11 de septiembre (9/11) he cultivado dudas sobre los fundamentos que explican las causas y efectos de esos desgraciados incidentes. Como muchos otros, todavía cuestiono las explicaciones que el gobierno de los EE.UU. y sus instituciones oficiales han ofrecido para explicar las causas reales del colapso de los tres edificios que se derrumbaron durante ese día y donde resultaron muertos cerca de tres mil personas y muchos otros miles heridos y afectados física y emocionalmente. Las versiones oficiales que se han ofrecido no corresponden del todo con la observación objetiva que se puede hacer en la documentación de estos hechos históricos. Por ejemplo, no se ha podido explicar, razonablemente, cómo unos alegados secuestradores podían pilotar los aviones comerciales que se estrellaron contra la Torres Gemelas (edificaciones de 110 pisos, identificados como WTC 1 y WTC 2) sin haber tenido adiestramiento y experiencia previa en la operación de naves equivalentes a los Boeing 767. Los aviones que impactaron las torres se desplazaban a baja altura, en un espacio urbano con múltiples edificaciones multipisos o rascacielos, a una velocidad estimada en cerca de 550 millas por hora (800 pies por segundo), maniobrando con precisión para impactar las edificaciones en un ángulo e inclinación propicio para estrellarse dentro de la superficie de las paredes exteriores a una altura similar en cada caso. Las imágenes que se proyectaron en televisión me harían pensar en los denominados “kamikazes” japoneses que estrellaban sus aviones de combate contra los barcos de las fuerzas navales norteamericanas en la Segunda Guerra Mundial.

Todavía no acepto la explicación que, por el efecto del impacto de esos aviones sobre esas edificaciones y el incendio que provocaron en los pisos superiores fueran causa suficiente para que en un caso en 90 minutos (WTC 1) y en el otro, una hora y media (WTC 2), los edificios colapsaron. Más sorprendente fue observar los videos de los colapsos estructurales que tomó, alrededor de 10 segundos en desplomarse y pulverizarse de forma dramática. A pesar de lo observado, las entidades oficiales evaluadoras descartan que haya ocurrido una demolición controlada mediante artefactos explosivos colocados con fecha anterior a ese martes fatídico. Quizás más inverosímil resulta la explicación ofrecida por el colapso del edificio WTC 7, el cual se alega se incendió como resultado de escombros calientes que cayeron sobre parte de su estructura provenientes del colapso de las Torres Gemelas. En este edificio de 47 pisos que no fue impactado por algún avión, se produjeron incendios en distintas localizaciones generando fuegos que no fueron controlados y que, después de cerca de ocho horas del comienzo de los incendios, colapsó catastróficamente. Este colapso, al igual que en las Torres Gemelas, ocurrió de forma abrupta y en menos de 10 segundos. Según el informe oficial que explica ese incidente, el colapso del WTC 7 lo convierte en el primer rascacielos del Mundo con armazón estructural de acero que se desploma, primordialmente como resultado de un fuego no controlado. Las autoridades insisten que el colapso no respondió a una demolición controlada mediante el uso de explosivos.

Afortunadamente, no murió ninguna persona en este edificio pues el mismo fue desalojado oportunamente. Convendría señalar que en el WTC 7 el Departamento de Defensa, la Agencia Central de Inteligencia y el Servicio Secreto mantenían oficinas operacionales en esa edificación. También se ha destacado que la Agencia del Manejo de Emergencias de la ciudad de Nueva York había construido su centro de operaciones en el piso 23 de esa edificación, una instalación que, el entonces alcalde Giuliani, se jactaba de que constituía un “bunker” indestructible. Paradójicamente, al inhabilitarse el WTC 7, primero por los incendios y luego por el colapso estructural del edificio, la ciudad se quedó sin capacidad de operación para coordinar se forma efectiva la respuesta a la emergencia producida por el impacto de los aviones y colapso de las Torres Gemelas. Tanto los bomberos de la ciudad, la policía municipal, como los servicios de emergencias médicas, se quedaron sin centro de control y comando.

Además de lo incomprensible que todavía me resulta entender los colapsos de los WTC 1, 2 y 7, me resulta sorprendente la explicación de que el incidente de 9/11 reportado en el edificio del Pentágono haya respondido al impacto del Boeing 757 del vuelo 77 de American Airlines. El incidente reportado indica que ese avión manejado por un piloto aficionado descendió de una altura de dos mil pies, maniobró a cerca de 550 millas por hora, a poca altura sobre las edificaciones de la ciudad y se estrelló a poca elevación del terreno en la pared del edificio sin que en esa trayectoria derrumbara postes de alumbrado, vayas de seguridad y otras estructuras que ubicaban adyacente al edificio. Las fotos que se muestran sobre el área impactada sugieren que el supuesto avión chocó de manera perpendicular al edificio, en un ángulo perfectamente horizontal, y que todo el fuselaje y las alas de la nave penetraron al edificio sin dejar huellas o muestras de impacto a las paredes adyacentes a la pequeña área impactada y perforada por la nave. Conservo fotos oficiales que muestran bomberos y otros funcionarios que respondieron el incidente pero no muestran escombros que típicamente se producen cuando se estrella un avión, que, entre otros, incluye piezas y fragmentos de fuselaje, motores, alas, ruedas, maletas y otros escombros relacionados con la carga que transportan los aviones comerciales. Muchos han especulado que los que realmente impactó el edificio fue un proyectil teledirigido de los que usan las fuerzas armadas para destruir instalaciones subterráneas (p. ej. similar a un Tomahawk). Esos proyectiles pueden maniobrar en la forma que se ha descrito hizo el supuesto avión, penetrar estructuras densas de concreto y provocar daños estructurales compatibles con los observados en el Pentágono.

En resumen, las explicaciones oficiales de los incidentes del 9/11 mantienen múltiples incógnitas sobre la realidad material y física ocurrida en esos incidentes. No obstante, en respuesta a los mismos, movió al presidente Bush y a todo el aparato gubernamental norteamericano a invadir a Afganistán supuestamente con la excusa de capturar y asesinar a Osama Bin Laden que se alegaba fue el autor intelectual y gestor de los alegados ataques a los EE.UU.. Aunque, supuestamente, Bin Laden se encontraba en Pakistán, a partir del 7 de octubre, (26 días después de los incidentes del 9/11) los EE.UU. comenzaron una serie de ataques y en pocos meses, una invasión militar para derrocar el gobierno del Talibán, constituido casi una década antes en Afganistán. Esta intervención que se prolongó por 20 años dio inicio a lo que los norteamericanos han denominado “Guerra Contra el Terror”, guerra que ha provocado múltiples intervenciones en Asia y otras regiones del Mundo con la supuesta justificación de perseguir, capturar, destruir y matar todo grupo o individuo que el gobierno norteamericano identifica y clasifica como “terrorista”. Es decir, todo individuo o entidad que realiza o es capaz de realizar actos “terroristas” contra los intereses de los EE.UU. se considera un enemigo que justifica ‘legítimamente’ la intervención unilateral de uso de la fuerza y agresión en supuesta defensa de la seguridad nacional. Eso es lo que se reclama, pero la realidad objetiva es mucho más compleja de lo que se pretende describir. Veamos qué importancia tiene Afganistán.

Mucho tiempo antes de la invasión y ocupación militar de los EE.UU. en Afganistán ya se tenía conocimiento de los vastos recursos minerales que están presente en ese territorio. Desde el 1977 el Servicio Geológico de ese país había documentado extensos recursos minerales en territorio de Afganistán (Abdullah, Sh., et. al.”Mineral Resources of Afghanistan”; 2ed.,1977). Con la invasión de la antigua Unión Soviética a este país en diciembre de 1979 y su permanencia hasta mayo de 1989, buena parte de la documentación técnica realizada sobre el potencial de estos recursos minerales se mantuvo en posesión y control de geólogos y otras personas, aunque se conoce que los soviéticos realizaron algunos estudios que documentaron dichas riquezas. Con la invasión norteamericana, y a partir de principios del año 2002, se le encomendó al US Geological Survey realizar estudios más detallados de los recursos minerales en Afganistán. El resultado de esos estudios se hicieron públicos en el 2007 con un impactante informe que reseña la presencia de numerosos depósitos previamente no descubiertos de minerales con gran valor económico (“Preliminary Assessment of Non-Fuel Mineral Resources of Afghanistan”, USGS, 2007). Ese informe destaca la abundante presencia de minerales económicos que incluyen grandes depósitos de cobre, barita, azufre, talco, cromo, magnesio, sal, mica, mármol, rubíes, esmeraldas, lápiz lazuli, asbesto, níquel, mercurio, oro, plata, plomo, zinc, fluorita, bauxita, berilio, litio, uranio y “elementos de tierras raras”. El nombre de “tierras raras” se le ha asignado a un grupo de 15 elementos que en la Tabla Periódica se identifican como lantánidos, a los que se le añaden otros dos elementos, el escandio y el itrio que, en su conjunto, son indispensables para la construcción de artefactos e instrumentos electrónicos. Estos minerales son relativamente escasos en la mayor parte del Mundo. El 95 por ciento de estos elementos ubican y se extraen en China por lo que el resto de los países industrializados del Mundo dependen de esa fuente. El control de China de estos elementos químicos se considera un factor crítico entre la guerra comercial entre EE.UU. y Europa con China de manera que la presencia de estos minerales en Afganistán lo convierte en un elemento estratégico crítico desde la visión imperialista-capitalista estadounidense. Dice el informe del USGS que estimaban la presencia en Afganistán de 60 millones de toneladas métricas de cobre, 2,200 millones de toneladas métricas de mineral de hierro y, al menos, un millón de toneladas de elementos de elementos de “tierras raras”. Se ha señalado que el valor monetario del litio y el oro descubiertos en Afganistán excede $1 trillón. La cuantía y valoración del litio, es similar a la que posee Bolivia.

Científicos del USGS entrevistados por la revista Scientific American indican que la documentación sobre la cuantía y diversidad de minerales identificados es probablemente mayor de la informada. Consideran esas cifras conservadoras, pero en el informe recomendaban ampliar las exploraciones a otras áreas que, por las circunstancias de los conflictos bélicos con el Talibán, no pudieron ser áreas examinadas. También es conocido que en la parte norte de Afganistán existen cantidades significativas de petróleo (1.6 billones de barriles) y gas natural (15.7 billones de pie cúbicos).

Aparte de toda la riqueza mineral, Afganistán constituye un espacio estratégico para la ubicación de gasoductos que se han propuesto construir desde Turkmenistán hasta Pakistán e India. Un proyecto clave identificado como TAPI Pipe Line (Turkmenistan-Afganistán-Pakistán-India) se proponía como estrategia para conducir grandes reservas de gas natural en Asia Central hacia India y el Océano Índico. Los norteamericanos estaban proponiendo otro gasoducto que se hubiera conocido como el Afghan Oil Pipeline que hubiera llevado petróleo desde Asia Central hacia el Océano Índico vía Pakistán. Aparte de la importancia económica de los combustibles transportados, el TAPI planteaba un valor estratégico adicional porque se pensaba que limitaba el potencial de que Irán pudiera suplir el gas natural que posee en abundancia a los mismos mercados (India y China). La intención de EE.UU. era limitar la capacidad económica de Irán como parte de sus estrategias de bloqueo económico de ese país como parte de su presión o chantaje para que se desista del programa nuclear en Irán. Visto desde ese contexto general, Afganistán supone una pieza clave en la geopolítica de la región, tanto para la explotación económica de los recursos naturales de Asia Central como de Afganistán, pero además de las consideraciones geopolíticas pará el control de adversarios que la mirada imperialista norteamericana considera “enemigos” y que en algunos casos cataloga bajo el epíteto de “terroristas”.

En ese contexto, el objetivo de la “Guerra del Terror” tiene un significado de mayor importancia económica para las empresas multinacionales capitalistas que, propiamente ideológico en relación la manera que se organizan y se desarrollan los pueblos. La ocupación militar de Afganistán y las intervenciones militares en la región procuran asegurar el control y explotación de la inmensa riqueza de ese Pueblo y sus naciones vecinas y el aspecto ideológico-cultural queda subordinado a este objetivo. En la propaganda contra el Talibán y otros movimientos árabes y musulmanes que se oponen y resisten a estas intervenciones imperialistas se nos presentan como nuestros enemigos cuando en la práctica, independientemente de la valoración de los medios y las formas de resistencia, lo que están ejerciendo es su legítimo derecho de defensa propia, de su defensa nacional.

La narrativa que ya por décadas nos transmiten los medios de comunicación comercial sobre las posturas oficiales del gobierno de los EE.UU. sobre Afganistán, sobre el Talibán, Al Qadea y sobre la resistencia de otras naciones y grupos que luchan para impedir la explotación de sus recursos naturales, en la práctica forman parte de un proceso de propaganda cargada de demagogia y de desinformación. La estrategia de esa propaganda ha viabilizado la adopción y en gran medida la aceptación de leyes que restringen la libertad individual y la organización social para procurar los cambios políticos indispensables para un desarrollo económico y social más justo. Los incidentes del 9/11 se desarrollan en este contexto geopolítico, pero se nos presentan como una agresión inaceptable a los intereses y seguridad del Pueblo de los EE.UU. y por consecuencia de la relación colonial prevalente, al Pueblo de Puerto Rico. Los incidentes del 9/11 se utilizaron para justificar la denominada Patriot Act, mecanismo legal que se ha instituido para la restricción de libertades individuales de derechos a intimidad y privacidad que se supone estaban protegidos por el régimen del marco constitucional estadounidense, y para activar y mantener la militarización indefinida de esa sociedad alegando que vive y está amenazada por enemigos concretos y difusos en distintas regiones del Mundo. El costo material de esa militarización, en términos de pérdidas de vida y de destrucción de espacios construidos y de naciones constituidas, es extraordinariamente alto sin que se pueda cuantificar ni siquiera cualificar un beneficio colectivo a la sociedad norteamericana y a la convivencia internacional. Pienso que las circunstancias del 9/11 y de los conflictos en Afganistán está plagados de incongruencias, de mentiras y de manipulaciones de la realidad que ni siquiera van en beneficio del Pueblo de los EE.UU. sino que más bien responden a la insaciable sed y hambre de riquezas de élites capitalistas que controlan el mundo económico y el mundo civilizado. Ojalá que en un tiempo oportuno se haga disponible la información oculta o controlada por esa élite y por los actores gubernamentales que los auspician y los sostienen. La adecuada comprensión de esta realidad geopolítica es indispensable para poder organizar y actuar en nuestra realidad existencial como personas y como Pueblo en el impostergable proceso de descolonización.

 

 

 

 

Interpelación al secretario de DRNA, Rafael Machargo

 

CLARIDAD

ccotto@clarridadpuertorico.com

Para la senadora por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), la larga interpelación al secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), licenciado Rafael Machargo Maldonado, tuvo validez en demostrar seis puntos en los cuales este mintió o incurrió en incorrecciones. En declaraciones suministradas a la prensa, la senadora María de Lourdes Santiago Negrón desglosó seis aspectos descubiertos en la interpelación, que considera ganancias.

El fondo para disposición de neumáticos

El primer punto tiene que ver con el tema de la emergencia ambiental decretada por el problema de los neumáticos. Se estima que en el país hay dos millones de gomas almacenadas y depositadas de manera irregular, por lo cual el gobernador declaró un estado de emergencia a través de una Orden Ejecutiva (OE) que se emitió en abril. Santiago recordó que le preguntó al secretario, quien tiene por la Ley 41 de atender el asunto de los neumáticos, si a él se le había consultado en referencia a la orden. Este contestó que sí.

Explicó que el gobernador y Machargo pretenden inducir a error ya que en la OE se asegura que a la Isla se están importando neumáticos que han alcanzado su vida útil con el propósito de reventa, sin pagar las tarifas requeridas para su entrada. Como resultado de esto, el fondo no genera los suficientes ingresos que son necesarios para la disposición de neumáticos.

La Senadora aclaró que esos dos elementos son falsos. “Como estipula la ley, todo neumático que entra al país tiene un cargo por importación y ese cargo se está cobrando. También es completamente falso el que no haya ingresos suficientes al fondo para la disposición de neumáticos. Hay un sobrante de $17 millones¨. Lo que no quieren admitir ni Fortaleza ni el DRNA es que ese fondo está siendo controlado por la Junta de Control Fiscal (JCF), agregó.

El secretario tampoco pudo explicar cómo fue que se dio la transacción entre la Guardia Nacional y el DRNA para autorizar el depósito ilegal de las gomas en la comunidad Los Ranchos de Guayama.

“Me parece que Machargo mintió y me parece inverosímil el que en un asunto que tuvo tanto despliegue mediático no se haya hecho la investigación mínima por el DRNA de ver quién fue que cometió la barbaridad de permitir que se depositaran en ese lugar”. De hecho, en la vista pública el secretario se negó a decir quién fue la persona del Departamento que autorizó el depósito.

Rincón y el depósito ilegal de escombros

El segundo punto que resaltó la senadora del PIP fue el tema de Rincón y de los escombros, los cuales constituyen un depósito ilegal en la zona marítimo-terrestre (ZMT). A la declaración de Machargo, en el sentido de que el DRNA no había hecho nada porque nadie había hecho un llamado a su atención, la senadora afirmó que eso también era falso porque hacía apenas unos días, en una vista pública del proyecto de moratoria en la ZMT, y a la cual el secretario asistió, hubo un extenso intercambio sobre el tema de Rincón y de cómo el DRNA se había lavado las manos respecto a la situación.

Necesidad de una nueva ley de costas

El tercer punto que destacó fue que el secretario tuvo que admitir que hace falta una nueva ley de costas para definir lo que es la ZMT. Esa postura es contraria a la que defendió el DRNA en la vista pública del proyecto de moratoria en la ZMT.

Oposición a publicación de informes de interés público

El cuarto tema sobre el cual entiende hubo ganancias es que quedó al descubierto la oposición injustificable del DRNA a que se publiquen en la internet los informes que a su vez tiene que publicar la incineradora AES. El secretario insistía en que las solicitudes se hicieran directo al Departamento. Durante la vista tuvo que aceptar que eso era un proceso obsoleto y dijo estar dispuesto a que se publiquen en internet.

Lo mismo sucede con los informes de solicitudes de deslindes de la ZMT y de cuántos se han aprobado. Esta información el DRNA la tiene aguantada desde el 2019. Según el secretario, eso cuesta mucho dinero y no tiene presupuesto para subir la información a la internet.

Ampliación de exclusiones categóricas

El quinto asunto sobre el cual llamó la atención fue el de las exclusiones categóricas, las cuales se mantenían inalterables desde el año 2000. El 2 de noviembre del 2020, el secretario emitió una orden ampliando la lista de actividades bajo exclusiones categóricas.

Santiago Negrón cuestionó qué llevó a Machargo en un momento en que hay tantos proyectos sensitivos en términos ecológicos y ambientales, a ampliar esas definiciones el día antes de las elecciones, ampliando ese privilegio a actividades que antes no estaban en la lista de exclusiones categóricas.

Puntualizó que el lenguaje de la orden era tan confuso que el 28 de enero tuvo que publicar otra orden administrativa corrigiendo la primera y aun así persiste una interpretación amplia de exclusiones categóricas.

Crédito inmerecido

Por último, Santiago Negrón desmintió las expresiones del secretario de reclamar para sí el mérito de haber suscrito un acuerdo con el Proyecto Vida Marina, del recinto de Aguadilla de la Universidad de Puerto Rico, para la preservación y protección de las dunas en las costas de ese litoral.

La verdad es que el DRNA se estuvo negando por meses a firmar el acuerdo, el cual es indispensable para la obtención de fondos y otros recursos. Santiago Negrón censuró que la preocupación del DRNA es que no se promueva la restauración de dunas que se supone deben ser parte de la ZMT y no quiere que se toquen aquellas dunas que según los deslindes del Departamento están en propiedad privada. De hecho, la negativa del DRNA había sido denunciada días antes en varios medios de prensa.

La senadora reveló, además, que en la playa de Isabela, Recursos Naturales adjudicó un deslinde de una línea completa de dunas como propiedad privada. En ese deslinde tuvo participación la misma persona que hizo el deslinde del edificio Sol y Mar en Rincón.

Para las organizaciones ambientales y los portavoces de agrupaciones de pescadores, la interpelación por el pleno del Senado por casi ocho horas al secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales dejó al descubierto lo que ya era conocido por ellos: que la filosofía de Machargo no es proteger, conservar y administrar los recursos naturales del país, sino dejarlos en manos privadas.

 

 

 

Mirada al País:El 11 de septiembre

 

Especial para CLARIDAD

 “Algún día América tendrá voz de continente, una voz de pueblo unido. Una voz que será respetada y oída; porque será la voz de pueblos dueños de su propio destino”.

Salvador Allende

 

Este pasado 11 de septiembre se cumplieron 20 años del atentado terrorista más mortífero en la historia de los Estados Unidos. El 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones impactaron objetivos en diferentes lugares de los EE. UU., siendo el más letal de ellos el derribo de las Torres Gemelas, que ubicaban en la ciudad de Nueva York y donde fallecieron cerca de 3,000 personas. Dichos atentados fueron ejecutados por 19 personas, la mayoría de los cuales provenían de Arabia Saudita. Los ataques se atribuyeron a la organización terrorista Al Qaeda, entonces dirigida por Osama Bin Laden, hijo de un acaudalado empresario de la construcción de Arabia Saudita. Al Qaeda había protagonizado una serie de atentados terroristas contra los EE. UU., entre los que se destaca el ejecutado por terroristas somalíes en Mogadishu en 1993, donde fallecieron 18 militares estadounidenses y el de la embajada de EE. UU. en Nairobi Kenya, en 1998, donde fallecieron 12 funcionarios estadounidenses. La ofensiva de Al Qaeda contra los EE. UU. convirtió a Osama Bin Laden en el enemigo público número 1 de ese país.

Tras el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York, el entonces presidente de los EE. UU. George W. Bush, ordenó la invasión a Afganistán, con el pretexto de capturar a Bin Laden y desmantelar la red terrorista Al Qaeda. La invasión, que comenzó el 7 de octubre de 2001 procuraba, además, derrocar al gobierno de los talibanes, que, se decía, protegía a ciertos grupos terroristas. Veinte años más tarde, luego de haber librado la guerra más larga en su historia y haber invertido cerca de 2 trillones de dólares, EE. UU. se retiró derrotado de Afganistán, tras la victoria declarada por los talibanes al ocupar Kabul, la capital de Afganistán. La guerra de Afganistán dejó el saldo de cerca de 2,300 soldados estadounidenses y 250,000 afganos muertos. La organización internacional Save The Children calcula que 33,000 niños fueron asesinados o mutilados.

No conforme con la estela de destrucción y muerte que la guerra de Afganistán representó para ese país, George W. Bush junto a sus asesores en seguridad, alentados por espías del gobierno iraquí, fraguaron la invasión a Irak, la cual tuvo lugar en el mes de marzo de 2003. Bush acusó al gobierno de Irak, entonces encabezado por Sadam Hussein, de ocultar en el país armas de destrucción masiva. La guerra de Irak, que duró cerca de 15 años, dejó al país desestabilizado políticamente y destruido. Según varios medios de comunicación independientes, tuvo un saldo de entre 1 y 1.5 millones de civiles iraquíes muertos. Otros medios de comunicación revelaron años más tarde, que los servicios de inteligencia de Estados Unidos, estaban advertidos, antes de comenzar la guerra con Irak, que el régimen de Sadam Hussein no poseía armas de destrucción masiva, las que nunca fueron halladas.

Hoy, a 20 años del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001, EE. UU. recuerda a sus muertos, víctimas inocentes de un acto llevado a cabo por una organización terrorista que le declaró la guerra a una nación en constante conflagración en el mundo y que, a lo largo de su existencia, ha invadido decenas de países dejando muerte, miseria y devastación. Esa nación, que hoy rinde tributo a los fallecidos, ignora aquellos que fueron asesinados como resultado de las guerras contra el comunismo y el terrorismo que lideró y a los que, cínicamente, ha catalogado de daños colaterales. Ni hablar de los heridos, mutilados, huérfanos y desplazados como consecuencia de estos actos de barbarie.

Ante esta realidad avasalladora, los EE. UU. ignoran, deliberadamente, otro 11 de septiembre que llenó de luto al pueblo chileno cuando en 1973, fue derrocado al presidente socialista Salvador Allende y al gobierno de la Unidad Popular, electo democráticamente por su pueblo, a pesar de la campaña alarmista desarrollada por la inteligencia estadounidense “…dirigida principalmente a las mujeres en la cual se les aseguraba que los soviéticos y los cubanos llegarían para arrebatarle a sus hijos si ganaba Allende”. “El derrocamiento de Allende, contado por Washington”, Hernando Calvo Ospina, Cubadebate, 12 de septiembre de 2020. El golpe de estado protagonizado por las fuerzas armadas chilenas apoyadas por la CIA, lideradas por el asesino Augusto Pinochet y apoyado por la CIA, dio paso a una de las dictaduras mas sangrientas de la historia moderna en Latinoamérica, periodo que se ha catalogado como “los años más oscuros de Chile”. “Durante la dictadura quedaron prohibidos los partidos políticos y sindicatos de trabajadores. El Régimen Militar aplicaba la censura sobre los medios de comunicación y se limitaron los derechos y libertades, como la libertad de expresión y de manifestación. Pinochet adoptó un modelo económico neoliberal, similar al sistema de Estados Unidos, que permitió a grandes empresas enriquecerse a costa de privatizar servicios básicos”. La Vanguardia, Junior Report, 12 de noviembre de 2019.

Hoy Chile mira al futuro con esperanza, en el umbral de la confección de una nueva Constitución que sustituya la aprobada durante la dictadura del genocida Pinochet. Luego de la celebración de un referéndum, en el que se derrotó, decididamente, al oficialismo, el pueblo chileno escogió entre sus constituyentes, con paridad entre hombres y mujeres, a candidatos independientes y a un sector significativo del pueblo mapuche, históricamente reprimido y marginado por los gobiernos neoliberales. El proceso estará liderado por Eliza Loncón, mujer mapuche, académica, lingüista y activista por los pueblos indígenas. La nueva Constitución considerará, entre otros, el agua y la vivienda digna como derechos fundamentales del pueblo chileno.

Mientras, Estados Unidos, a pesar de su enorme poderío militar y económico, se observa hoy como un país desprestigiado, en decadencia, con una sociedad abismalmente desigual, plagada de males sociales como la pobreza, el racismo, el consumo desmedido de drogas, el crimen y la corrupción, los que van acrecentándose en perjuicio, principalmente, de las minorías. El “sistema democrático” del que tanto alarde hacen, hoy se ve amenazado por los sectores de ultraderecha que atentan contra derechos adquiridos por el pueblo estadounidense tras años de lucha y sacrificio, entre los cuales están el derecho al voto de las minorías y los derechos reproductivos de la mujer. Para la sociedad estadounidense el futuro luce sombrío y el derecho a la “búsqueda de la felicidad” que contempla la Constitución estadounidense luce cada vez más difícil de alcanzar.

 

 

A 48 años del derrocamiento de Allende

 Mis recuerdos del golpe

Por Víctor Hugo de la Fuente González

¡Levántense muchachos! Los marinos se han tomado Valparaíso. Con esas palabras, como a las cinco de la mañana, nos despertó el padre del “Chico Toro”, en cuya casa del cerro Barón nos alojamos la noche del lunes 10 de septiembre de 1973.

Habíamos viajado a Valparaíso, tres compañeros de Santiago (El “Chico Toro”, el “Flaco Ruiz” y yo), para asistir a una reunión del Comité Regional del Partido Comunista Revolucionario (PCR), llevando también los últimos materiales y el periódico El Pueblo. La reunión se alargó y no alcanzamos a regresar a Santiago, como teníamos previsto, por lo que nos quedamos a dormir en Valparaíso.

Tras el aviso del golpe nos levantamos rápidamente y comenzamos a conversar sobre lo que teníamos que hacer ante una situación doblemente imprevista: un golpe de Estado y además nosotros en Valparaíso, lo que no estaba en absoluto contemplado.

Aunque todo el mundo hablaba de las posibilidades de un golpe de Estado (incluso la portada del periódico El Pueblo que andábamos trayendo alertaba sobre la asonada golpista que se preparaba) evidentemente enfrentar la realidad del golpe no era lo mismo.

Lo primero que hicimos fue “limpiar” los documentos en nuestras ropas y también en el auto, deshaciéndonos de cualquier elemento comprometedor. Llamamos a algunos contactos en Santiago y luego los tres camaradas nos trasladamos a la casa de la hermana del “Chico Toro” en el cerro Polanco. Allí discutimos si poníamos la bandera chilena en el frontis o no, decidimos hacerlo, para evitar problemas y disminuir la posibilidades de ser allanados.

En la casa nos dedicamos a escuchar las noticias en las radios chilenas y luego internacionales. Impresionante fue oír al presidente Salvador Allende señalar que había ordenado al Ejército dirigirse a Valparaíso para sofocar el intento golpista, lo que nos dio alguna esperanza. Más tarde escuchamos que el general Carlos Prats avanzaba con tropas leales desde el sur, pero pronto comprendimos que el golpe se había impuesto y que la resistencia fue menor de la esperada y era aplastada. Los últimos discursos de Allende nos impresionaron y con el tiempo tomaron aún mayor envergadura.

Conversamos intensamente toda la tarde y casi toda la noche ¿Qué sucedió? ¿Qué errores cometimos los sectores revolucionarios y qué errores cometió el gobierno? Pero siempre concluíamos que el golpe no se produjo por los errores sino por la determinación de las clases dominantes de defender sus privilegios a toda costa. El rechazo a las profundas reformas que promovió el gobierno de Salvador Allende hizo que los grandes empresarios y sus partidos políticos, junto a los Estados Unidos, impulsaron y apoyaron una conspiración de las Fuerzas Armadas, como ha quedado finalmente establecido por la historia, incluso reconocido por el Informe Church, del Senado estadounidense, sobre acción encubierta en Chile 1963-1973.

Esa noche del 11 de septiembre dormimos muy poco y el miércoles 12 nos despertamos temprano y seguimos reflexionando y viendo también qué hacer, tanto para conectarnos con los demás camaradas, especial preocupación teníamos por los compañeros campesinos y mapuches del Netuaiñ Mapu que, como confirmamos después, fueron ferozmente reprimidos. También debatimos qué debíamos hacer para enfrentar la nueva situación en que seguramente pasaríamos a la clandestinidad. Yo había terminado la carrera de periodismo en la Universidad de Chile, había hecho la práctica pero me faltaba el examen de grado, pero ya era evidente que no podría retornar a la universidad, pues era conocido como dirigente estudiantil, incluso había sido candidato a presidente de la Fech. Tomamos una serie de medidas entre ellas separarnos para evitar que nos detuvieran a los tres juntos y fijamos puntos para vernos en Santiago en fechas determinadas.

Yo me fui a casa de la “Tía Mimi” en Viña del Mar, en realidad amiga de mis padres, quien me acogió tres noches, y a quien aprovecho nuevamente de agradecer de todo corazón. Solo pasamos un susto el jueves, en que como a las dos de la madrugada me desperté por ruidos en la habitación. Los marinos estaban allanando la casa y alcancé a escuchar que preguntaban por la biblioteca -que mi tía no tenía- finalmente al no encontrar nada sospechoso se retiraron y yo me quedé con el tremendo susto.

Recién el sábado 15 se abrieron la carreteras y pude volver a Santiago en el auto, que fue manejado por un hijo de la “Tía Mimi”, siendo detenidos en tres controles militares, en uno de los cuales retaron a “mi primo” por llevar el pelo largo, pero no pasó más allá.

Al llegar a Santiago ese sábado, como a mediodía, nos separamos y yo me fui directo a la librería Huitrañe, ubicada en San Antonio 434, local 14, donde hoy está la librería de Le Monde Diplomatique y saqué todos los documentos comprometedores.

La historia de ese local merecería un texto aparte, pero solo diré que en tiempos de la UP la librería Huitrañe (que en mapudungún quiere decir álzate) era una librería del PCR y vendíamos los materiales del movimiento ESPARTACO y toda la literatura que enviaban de la República Popular China, incluyendo el famoso libro rojo. Días después del golpe la DINA se apropió del local, que pertenecía a mi padre, poniendo un letrero que decía “Cooperativa Austral”, ocupándolo por alrededor de tres años. Cuando mi hermano Rodrigo tomó una foto del local para agregarla al dossier con el que intentaba recuperarlo, fue detenido y llevado a Villa Grimaldi, posteriormente lo liberaron y unos meses después devolvieron el local.

Luego de “limpiar” la librería, tras asegurarme que no había problemas, fui a mi casa en Los Dominicos y también saqué o eliminé todo lo comprometedor. (En un mes la allanaron tres veces, llevándose mis libros incluyendo los archivos periodísticos, con mueble y todo, inquietando a mi hermana Mónica que allí vivía). Saliendo me fui a una “casa de seguridad” que tenía prevista y luego donde mis abuelos maternos que me acogieron.

Después de varias reuniones con compañeros de la dirección del PCR me señalaron que habían decido que yo y Jorge Palacios nos asiláramos y desde el exterior apoyáramos las actividades en Chile. De la casa de mis abuelos, a fines de septiembre, me fui a la residencia del Embajador de España en el barrio El Golf, ya que me habían informado no tenía protección policial. (Esto también merecería un capítulo completo, ya que estamos hablando del embajador de la España franquista). Después de esperar dos horas en el patio delantero de la residencia, finalmente el mismo embajador, Enrique Pérez Hernández, se acercó a través de la reja de salida de los autos y me preguntó qué quería, le dije que asilarme, que era estudiante, que habían allanado la casa y mis padres se encontraban en esos momentos en España, después de otras preguntas, abrió la reja y me hizo pasar.

Al ingresar a la residencia, toda la tranquilidad y entereza que había tenido desde el golpe en adelante se me vinieron abajo, las piernas y la voz me temblaban. El embajador se dio cuenta y me hizo sentar inmediatamente, me dio agua y me tranquilizó amablemente. Me llevaron a una suite y me dejaron descansar. En la residencia solo había un refugiado, los asilados españoles de los primeros días ya habían partido.

El mes que estuve en la residencia, a la espera del salvoconducto para poder abandonar el país, fue muy tranquilo y leí mucho. La habitación era confortable pero no podía salir de ella. Nos llevaba la comida un mozo, siempre de primera calidad, incluso recuerdo una vez que el mozo me dijo “estas codornices las cazó el señor embajador”.

El único sobresalto fue el 12 de octubre, ese día en la mañana el mozo me dijo, “hoy debe estar tranquilo, ya que vendrán a almorzar los miembros de la Junta militar”. Efectivamente, desde mi ventana observé como llegaba Pinochet y dos de los tres comandantes en jefe. Cerraron la Avenida Apoquindo, llegaron tanquetas y automóviles y vi entrar y -luego de un par de horas- salir al dictador.

Unos días después el embajador me comunicó que las autoridades chilenas me habían otorgado el salvoconducto y que viajaría en un vuelo Iberia hasta Madrid, que todo estaba bien y que me acompañarían al aeropuerto, hasta dejarme arriba del avión. Y así fue, recuerdo el trayecto en el auto de la embajada, escoltado por motos policiales, y haber pasado frente a la Moneda, una imagen que no olvidaré jamás.

El viaje tenía una primera escala en el aeropuerto de Ezeiza. Al descender tuve la inmensa sorpresa y alegría de encontrarme con mis padres, que llevaban días esperándome en el aeropuerto de Buenos Aires. Brotaron las lágrimas de ellos y mías, pero también de las azafatas que habían empatizado con mis padres y también solidarizaban con los chilenos víctimas de la dictadura.

Así comenzó mi vida de exiliado a raíz del golpe. En España me quedé tres semanas (alcancé a adquirir el libro Vía chilena al golpe de Estado de Manuel Vázquez Montalbán, quien después me contó que ese libro sólo había estado un día en las librerías ya que fue requisado a las 24 horas de su publicación) Tras interrogarme en el subterráneo de la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol, el gobierno español no me permitió quedarme, me dieron un “Título de Viaje” válido sólo para un país y me expulsaron.

Con pasaportes falsos recorrí Italia, Albania, China, Argentina y otros países, hasta que en 1975 me instalé en París. Realicé diversos trabajos, estudié comunicaciones, pero fundamentalmente me dediqué a labores de apoyo a la Resistencia, publicando el boletín de la Agencia Chilena Antifascista (ANCHA) y participé en numerosos mítines en decenas de países. En 1982 entré a trabajar a Radio Francia Internacional, fui también corresponsal de Radio Cooperativa en París. A fines de 1987 aparecí en las listas que permitían el regreso, y a comienzos de 1988 volví a Chile, incorporándome a la revista Análisis, cubriendo también el plebiscito del 5 de octubre para Radio Cooperativa. Luego de idas y venidas entre Francia y Chile, en septiembre del 2000 fundé la edición chilena de Le Monde Diplomatique y la editorial Aún Creemos en los Sueños, de ambos sigo siendo director y, como dice Edith Piaf, je ne regrette rien.

El autor es director de la edición chilena de Le Monde Diplomatique. Este texto reproduce -en extenso- la versión del publicado en el libro “Mi 11 de septiembre”. Este libro, publicado en 2017, acaba de tener una tercera edición, que incluye un texto de Fernando Reyes Matta. Allí también dan sus testimonios Verónica Ahumada, Sergio Campos, Leonardo Cáceres, Jorge Andrés Richards, Miguel Ángel San Martín, Enrique Contreras, Angélica Beas, Gladys Díaz, Erasmo López, Antonio Márquez, Enrique Martini, Lidia Baltra, Jorge Piña, Marcel Garcés, Marcelo Castillo, Felipe de la Parra, Federico Gana, Héctor Alarcón Manzano, Joaquín Real, Miguel Davagnino, Cristian Ruiz, Enrique Fernández y Alejandro Arellano.

Fuente: Le Monde Diplomatique

Reproducido de www.rebelion.org

Resistencia rebelde y represión militar del Grito de Lares, 1868

 

Especial para En Rojo

En la noche del 23 de septiembre de 1868 revolucionaros puertorriqueños – hacendados, profesionales, jornaleros, artesanos y esclavos – proclamaron la independencia de Puerto Rico y tomaron por asalto al pueblo de Lares. Desde aquella época se conoce este hecho trascendental de la historia de Puerto Rico como el Grito de Lares. Habían transcurrido tres siglos y dos tercios desde la conquista y colonización española iniciada en 1508. A lo largo de todo ese tiempo, como en toda la América colonial, se engendraron nuevas nacionalidades: como la puertorriqueña. En 1868 la nación en armas procuraba poner fin a la dominación colonial de España y conquistar y afirmar la libertad y soberanía de Puerto Rico.

Durante la madrugada del 24 de septiembre, los comerciantes españoles (clase dominante opresora) y las autoridades leales a la dominación española (incluyendo puertorriqueños) fueron apresados. Los patriotas instalaron un Gobierno Provisional de la República de Puerto Rico, designando presidente a Francisco Ramírez Media. El presidente Ramírez emitió un decreto aboliendo el régimen coercitivo de la Libreta de Jornaleros asalariados. También se otorgó la libertad a los esclavos rebeldes, así como a todos los esclavos ancianos e incapacitados.

Temprano en la mañana del 24 un destacamento rebelde intentó apoderarse del vecino pueblo de San Sebastián del Pepino. Las autoridades locales ya estaban prevenidas y no fue posible tomar ese pueblo. Este fue un duro revés para la revolución, pero esta no fue derrotada completamente hasta que el ejército español logró la captura de centenares de insurrectos y sospechosos durante los siguientes dos meses.

Se ha documentado el evento y discutido las razones de la derrota en varios libros (Lidio Cruz Monclova, Historia de Puerto Rico, Siglo XIX, Tomo I,1979; Olga Jiménez de Wagenheim, El grito de Lares. Sus causas y sus hombres, 1985; F. Moscoso, La Revolución Puertorriqueña de 1868: el Grito de Lares, 2003) y en otros artículos (F. Moscoso, “Acerca de las causas de la derrota del Grito de Lares”, En Rojo, suplemento de Claridad, 25 de septiembre al 1 de octubre de 1992, pp. 22-23). Brevemente: el descubrimiento por las autoridades españolas de la organización secreta Lanzador del Norte, del pueblo de Camuy, donde estaba pautado dar comienzo la revolución el 29 de septiembre; la insuficiencia aun de armas y municiones; la detención del líder político Doctor Ramón Emeterio Betances en la isla danesa de San Tomas y la imposibilidad de efectuar una expedición libertadora y con refuerzos en aquellas circunstancias, entre otros señalamientos.

En Historia de la insurrección de Lares (1872), el periodista y propagandista de los conservadores José Pérez Moris reúne los primeros detalles básicos del Grito de Lares. La obra está digitalizada en el Portal de Archivos Españoles (Archivo Histórico Nacional, Ultramar 5110, Expediente 22; también fue publicada por Editorial Edil, 1975). Aunque el texto está atravesado de sus expresiones despectivas contra el Grito y la lucha por la independencia, él no la subestimó. Hay que leerlo, analizarlo y discutirlo con perspectiva crítica. La importancia del descubrimiento de Lanzador del Norte y del apresamiento de su jefe Manuel María Gonzalez, con documentos comprometedores que cayeron en manos del coronel Manuel de Iturriaga fue subrayado por Pérez Moris: “había conseguido apoderarse de todos los hilos de la trama revolucionaria”.

Por admisión del gobernador, general José Laureano Sanz que asumió el mando a finales de diciembre, España no contaba con fuerzas militares suficientes para enfrentar una revolución armada en diversos puntos del país a la misma vez (Informe 4 julio 1869). Al desarticularse la acción en Camuy, los organizadores patriotas perdieron el factor sorpresa. La decisión táctica de desmembrar el núcleo del ejército rebelde – de entre 1,000 a 1,200 hombres – en pequeños grupos y dispersarse por la zona montañosa del centro y oeste de la isla resultó ser contraproducente. La idea que tenían algunos, de que se producirían levantamientos en otros pueblos, a los que pudieran apoyar, no tenía fundamentos. Hubo otras sociedades secretas, ciertamente, pero no todas estaban en comunicación simultánea y menos en aquellos momentos.

Pesó mucho, demasiado en mi opinión, no haber podido llevar cabo el levantamiento general en sintonía (idea y directriz de Betances). Aquel no era el contexto histórico de los teléfonos celulares, del internet, y de las redes sociales electrónicas, para dar avisos, alertas e instrucciones de qué hacer y con apremio.

El mayor adelanto en comunicaciones entonces, el telégrafo, estaba recientemente inaugurado y las pocas líneas disponibles bajo control del Gobierno: “Sin telégrafos en la isla, por medio de los cuáles y valiéndose de palabras o signos convenidos las sociedades secretas se entendían rápidamente”, anotó Pérez Moris, “éstas no podían comunicarse sino por el medio lento de los mensajeros a caballo”. El capítulo VII de la obra de Pérez Moris está dedicado a las Operaciones Militares. Vamos a resumir y analizar varias acciones basado en ello.

Primeras medidas militares

Las primeras directrices militares fueron ordenadas para neutralizar las acciones desafiantes en el pueblo de Camuy. Con informaciones de que habían “algunos grupos de paisanos” agitando en los barrios y “paralizando las transacciones”, el mismo 23 de septiembre el teniente coronel al mando del 2do Departamento militar formó un destacamento de 50 milicianos de infantería y una docena de caballería (alrededor de 60); este fue reforzado por 25 soldados del batallón de Cádiz bajo el mando del capitán José Pujol. Este contingente fue ordenado a someter a los grupos antigubernamentales que se encontraran.

Con noticias parciales de los acontecimientos, el gobernador Julián Pavía ordenó al teniente coronel Sabino Gamir, del Estado Mayor en San Juan, el 24 de septiembre (autor de un Plan de vigilancia de los pueblos sospechosos del oeste en 1867) a trasladarse a Arecibo, y seguidamente a Camuy. Allí exigió al alcalde Pablo Rivera “todos los antecedentes de lo ocurrido”. Rivera, de quien no sabían de momento que era miembro de Lanzador del Norte, fue sorprendido en la madrugada del 21 de septiembre y obligado a llevar a Iturriaga y una escolta a la casa de González en Camuy. Este, a su vez, fue despertado desprevenido en la madrugada, acto que condujo al descubrimiento de la organización de patriotas. El alcalde Rivera trató de encubrir la trama revolucionaria lo más que pudo; pero el registro de la casa por el propio Iturriaga la destapó. Gamir asumió el mando de las fuerzas militares reunidas en Camuy y fue ordenado a buscar los grupos denunciados y a dispersarlos por la fuerza, de ser necesario. En caso de enfrentar resistencia debía pedir refuerzos a Arecibo.

Cuando Pavía recibió el día 25 más “noticias exactas del alzamiento en Lares” y de la toma del pueblo “al grito de ¡muera España!”, ordenó a los comandantes de Arecibo, Aguadilla y Mayagüez a formar dos columnas de 40 veteranos, 40 milicianos y 10 de caballería, 180 en total. Estas debían situarse en puntos estratégicos de las poblaciones indefensas, y “acometer y perseguir a los insurrectos en cualquier punto en que fuesen habidos”. Ya sabían que no se trataba solo de unos grupos de agitadores en Camuy por razón desconocida, sino que España estaba siendo desafiada por una revolución por la independencia de Puerto Rico. El Gobierno se dispuso de inmediato a tomar la ofensiva contrarrevolucionaria.

“La noticia de la rebelión separatista de Lares”, apuntó Pérez Moris, “cundió con la celeridad del rayo por todos los ámbitos de la Isla, y todos los comandantes militares de los diferentes departamentos se apresuraron a dictar las órdenes y adoptar las disposiciones a fin de evitar que se extendiera el área de la insurrección”. También con rapidez se hubiese difundido la noticia, a caballo o hasta a pie, de una insurrección general de haberse dado, produciendo apoyo más abierto y la solidaridad del pueblo. El plan de los patriotas era apoderarse de los cuarteles de milicias con su armamento en los pueblos según los fueran tomando, y distribuirlo entre los insurrectos. Esto hubiese obligado al Gobierno a tomar medidas defensivas y a su vez dispersas. Con toda probabilidad se hubiesen dado otros capítulos de enfrentamientos armados como sucedió tres semanas después con el Grito de Yara el 10 de octubre en Cuba. Tras los hechos del 23 y 24 de septiembre, en las siguientes dos semanas ciertamente hubo incerteza en cuanto al desenlace.

Desde Mayagüez el Corregidor, coronel Antonio Balboa despachó el 24 de septiembre un batallón al mando del comandante José Arce a perseguir a los rebeldes en el barrio Las Marías; el día 25 con más hombres siguió hasta el Pepino y de ahí hacia Lares a tratar de capturas a los líderes. En los barrios Pezuela, Bartolo y Mirasol hicieron prisionero al mayordomo de la hacienda de Manuel Rojas, jefe militar del Grito, y a “varios jefes y soldados del ejército libertador”.

El día 25 dos compañías del batallón de Cádiz embarcaron de Aguadilla a Arecibo. El día 30 el coronel José Manuel de Ibarreta, comandante general, recibió un oficio del gobernador informando que insurrectos se habían dispersado por las montañas de Adjuntas. Todavía los oficiales no estaban seguros si los insurrectos se habían reconcentrado en algún punto. En la madrugada del 28 el comandante Iglesias al frente de otra columna que había salido de Ponce dio “una batida” por el barrio Guayabo de Adjuntas.

 Bruckman y Baurén

 La columna de 65 hombres del batallón de Madrid, más 57 milicianos y 20 de caballería, al mando del teniente coronel Francisco Martínez salió de Ponce hacia Adjuntas el 27 de septiembre, teniendo noticias de insurrectos que se escondían “en los montes y cerros de Río Prieto”. Luego se movieron hacia el barrio Yagüeca. Por allí apresaron al indocumentado Pantaleón Conti (de Aguadilla), “que resultó ser uno de los dispersos libertadores, que en compañía de otros tres más que aprehendieron aquel mismo día por las patrullas que vigilaban los contornos, se remitieron a Adjuntas”.

En la tarde del 30 se enteraron de que “en el cafetal de don Eduardo Qujiñones” se ocultaban varios de los principales cabecillas”. Pérez Moris señaló un dato importante: “Tenía la finca por mayordomo a uno de esos comisarios de barrios laborantes que tanto abundaban entonces y que probablemente no faltan ahora”, que presentaban “cara española para los leales y una cara insurgente para los traidores”.

El teniente coronel Martínez, a quien Pérez Moris describió como “el jefe militar más odiado de los enemigos de España”, relató lo sucedido en informe al coronel Ibarreta. El comisario del barrio Guayo, José Aparicio, informó que en la Hacienda Asunción, “el encargado de ella, don Bernardo Navarro, abrigaba algunos cabecillas de los dispersos insurrectos”. Resulta que el propio Navarro era comisario y comandante de la patrulla de Urbanos de Río Prieto. Martínez le preguntó a Navarro, “si había alguna novedad en su distrito para inquirir noticias de los dispersos sublevados; me contestó no lo había”. Navarro le aseguró que como “primera autoridad del barrio” él era “celoso de su tranquilidad y enemigo de los rebeldes”. Realmente, Navarro intentó ocultar y salvar a los patriotas. Es uno de los detalles que revela las raíces del apoyo a la revolución en las entrañas de los barrios de Puerto Rico.

Entonces apareció el teniente Isidro Pablo Costa “trayendo atados un dependiente de la finca, un peón y un negro procedente de Mayagüez”. Eran el negro Andrés Rausé y el peón Silvestre Feliciano, atrapados con una escopeta y un revolver cargados, con 70 balas, un frasco de pólvora, un puñal y “una cartera de viaje con papeles”. El esclavo dijo que los pertrechos pertenecían a su amo, y el segundo expresó no saber a quién pertenecían. Según Pérez Moris, los oficiales españoles les creyeron y los soltaron. A mi me parece que este episodio no está bien contado. ¿Qué hacían los susodichos con esas armas?

Al interrogar al comisario Navarro sobre las armas, el oficial Martínez le notó “una extraordinaria turbación”, y sospechó que eran parte de las armas de los insurrectos. Amenazó darle muerte instantánea a Navarro si no decía a cuántos estaba escondiendo, a lo que admitió ser dos. Los condujo al peón Francisco Quiñones “el Viejo”, que habitaba en una casita aledaña, quien también amenazado de muerte señaló “el árbol de follaje a cuyo pie estaban”.

Se trata de Matías Bruckman (también escrito Brugman) y de Baldomero Baurén, el dominicano apodado Guayubín, presidente y secretario de la organización secreta Capá Prieto número 1 del barrio Furnias de la altura de Mayagüez. Al percatarse que la tropa española los había descubierto, Martínez informó, “echaron mano a los rewolvers, que dispararon, y no tacándonos sus tiros, fueron muertos instantáneamente, el uno por una bala de mi rewolver dada en la cabeza y el otro por los acertados disparos de los fusiles del 1er sargento José González Portelli y 2do sargento Antolín de Prado”. Aparte de los revólveres, Bruckman y Baurén tenían “un machete-sable, una navaja de cinco muelles, una navaja de afeitar, un peine, un pañuelo y unas anotaciones de los días de sus fechorías, derrota sufrida en el Pepino, y una especie de testamento dirigida a don Pedro Beauchamp; más cuatro caballos con sus monturas”.

Llevando al comisario Navarro preso, en el informe de Martínez el 1ro de octubre de 1868, relató la resistencia que presentaron Bautista Toledo y Pedro Pablo Quiñones guarecidos en “una casita contigua” y armados solo de machetes. Estos fueron cercados, “disparándoles sus armas, resultando gravemente herido uno y aprisionado el otro, con los demás capturados” fueron remitidos al coronel Ibarreta.

Por otra parte, el 27 de septiembre las columnas del capitán Pujol y del teniente coronel Gamir capturaron a más de 20 insurrectos por el área del barrio Guajataca, en Quebradillas. Estos fueron enviados a la cárcel de Arecibo.

Operaciones militares en octubre

 El 2 de octubre el coronel Ibarreta arrestó a “varios individuos sospechosos” en la hacienda de Bruckman, en Furnias. Ese día la tropa de Martínez apoyada por un pelotón del alférez de milicias Francisco Serrano, capturaron al presidente Francisco Ramírez Medina, Andrés Pol y a José Balbino Ostolaza. Pedro Segundo y Leoncio Rivera también fueron capturados con otros 20.

Luego, el día 5 de octubre fuerzas comandadas por el coronel Martínez, el comandante Iglesias y el capitán Luis Prats se trasladaron al área llamada Silla de Calderón, en las alturas de Adjuntas. Lograron cercar y atrapar a los jefes revolucionarios Manuel Rojas, Manuel Cebollero, Rodulfo Echevarría y Clemente Millán. Un esclavo negro apresado (no dudamos que amenazado de muerte) los guió al lugar. Francisco Santana escapó por un barranco, pero luego fue preso.

Por esos días la columna del teniente coronel Cayetano Iborti, con 3 oficiales, 80 soldados del batallón de milicias y 20 de caballería, salió de Mayagüez a efectuar operaciones en la zona de Indiera y Maricao. Allí hicieron prisioneros a los hermanos Pedro y Pablo Angleró, y a “otros varios individuos complicados en el atentado de Lares”. Cada día se producían más arrestos.

En la madrugada del 10 al 11 de octubre, en el barrio Bucarabones de San Germán “tres insurrectos hicieron fuego sobre la caballería de Gamir, cargándoles ésta inmediatamente, pero sin resultado alguno por haber huido los agresores a favor de la oscuridad de la noche”. ¿Cuántos episodios como este se habrían repetido silenciado por los oficiales españoles y por Pérez Moris?

 Parrilla no se rinde

 Sin embargo, Pérez Moris consideró lo suficientemente importante el enfrentamiento con Joaquín Parrilla, en Yauco, para incluir un informe militar sobre el mismo. El capitán Luis Prats y su tropa realizaron una operación por los montes de Yauco, comenzando a las 6 de la mañana del 18 de octubre. Joaquín Parrilla (1827-1868) se había refugiado en la hacienda del alcalde Manuel Guindulain. Según don Jaime A. Carrero Concepción, Parrilla era oriundo de Añasco, luego fue hacendado y ganadero en Sabana Grande. Hacia 1862 tenia un pequeño comercio en Lares (“José Joaquín Parrilla Dátiz”, Aquiestapr, 19 octubre 2020 en internet, e Historia de Añasco, 2002). Olga Jiménez de Wagenheim, historiadora, lo identifica como “dueño de una pulpería y de unas siete cuerdas de terrenos en Mirasol (Lares). En mayo de 1868, la casa comercial de Francisco Ferret y Hermanos expropió a Parrilla por deudas (El grito de Lares, 1985, pp. 112-113). Parrilla también era integrante del Centro Bravo no. 2, en calidad de hermano instructor.

Al acercarse a la hacienda de Guindulain, Prats apuntó que “salió un hombre de debajo de la manigua como unos treinta pasos delante de la dirección del que suscribe”. Añade el oficial, “se le gritó hiciera alto, y dando por contestación que Joaquín Parrilla no se entregaba, hícele fuego repetido con el rewolver y cayó muerto de dos heridas”. Tenía un puñal apretado en su mano izquierda.

Con la muerte de Parrilla, seguido por el apresamiento el 27 de octubre de Francisco “Paco” Arroyo y de Juan de Mata Terreforte, uno de los generales rebeldes, según Pérez Moris concluyeron las operaciones militares.

Investigaciones por delante

“Detallar las numerosas prisiones que diariamente hacían las diversas columnas a su paso por los infinitos y variados accidentes que presenta el terreno en la feraz y pintoresca Isla de Puerto Rico”, Pérez Moris observó, “sería, sobre prolija, cansada tarea; baste decir que en los veinte y tantos días que operaron las columnas, se hicieron sobre seiscientos prisioneros, que fueron conducidos a las cárceles de Arecibo, Aguadilla y Lares” (Historia de la insurrección de Lares, 1975, p. 195).

En realidad, los arrestos continuaron por varias semanas más y el número de presos continuó aumentando. Luego siguieron los juicios contra los presos hasta enero de 1869. Para entonces habían muerto en las cárceles (por golpizas, maltrato y epidemia) al menos 85 patriotas más. Debido a la presión popular por la excarcelación de los presos políticos, y a la coincidencia de la revolución en España (18 de septiembre de 1868) que derrocó la monarquía y profesó principios liberales, el Gobierno decidió dar una Amnistía General el 25 de enero de 1869. Aunque salieron de las cárceles unos pocos centenares, España mantuvo un régimen de despotismo militar en Puerto Rico; con un breve respiro liberal en 1873.

Precisamente, la infatigable y minuciosa investigación es lo que hay que seguir haciendo para ampliar el conocimiento sobre – y continuar conmemorando – el Grito que se dio en circunstancias tan adversas en Lares para liberar a Puerto Rico.

 

El autor es historiador. Comentarios a: fomoscoso48@gmail.com