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“La Junta no controla la corrupción”

 

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Aunque la Junta de Control Fiscal (JCF) sabe que Puerto Rico no puede pagar su deuda pública, ahora más que nunca, debido a la pandemia del coronavirus, el ente federal se niega a discutir las alternativas que a nivel internacional se consideran para que los países deudores puedan atender sus obligaciones y la pandemia. Así lo denunció en entrevista la economista Martha Quiñones Domínguez, a la luz del Plan Fiscal 20-21 de la JCF certificado en días recientes.

Quiñones Domínguez expuso que a nivel internacional se habla de tres escenarios para los países deudores. Uno, que el Banco Central compre la deuda para bajar los intereses a cero y, así, los pagarés; dos, reducir la deuda en un 75%, lo que equivale a que solo se paga la deuda de obligación general que no esté cuestionada su legalidad, y tres, eliminarla por completo, para concentrar el dinero en reconstrucción y en salud.  Ante esas tres alternativas censuró enfática el que los miembros de la JCF sepan que Estados Unidos no quiere comprar la deuda de Puerto Rico, por lo que  no consideran posible esa alternativa.  La segunda y tercera alternativas de eliminar la deuda no les gusta ni a la Junta ni a sus socios.

“Así que las alternativas internacionales no les gustan. Estados Unidos está bien endeudado y metiendo dinero en la economía. Aunque puede comprar la deuda, la función de la JCF es alejar la responsabilidad de Estados Unidos sobre la misma”.

La economista recalcó que la JCF no menciona esta discusión internacional en Puerto Rico para seguir con sus planes, mientras por otro lado la Junta también se aprovecha de la discusión en el país de “la guerra entre odiosa que no se paga y no se audita y la necesidad de auditoría para bajar esos pagarés”, que es lo que se puede hacer en la colonia, pero no se discute la orientación internacional.

Según su apreciación, en el PF 20-21 la Junta continua con su función de reducir el gasto público por medio de los ajustes, la austeridad y las reformas estructurales, que es lo mismo que privatizar y reducir gobierno. “Así que trabajan en varios frentes. Con la deuda de las corporaciones, que es alta, recomiendan privatizar, aumentar los costos del servicio y reestructurar deuda. Con la deuda del ELA, se detiene, y el dinero y se usa en una pequeña cantidad para el problema de la pandemia”.

Sobre ese aspecto trajo a la atención que en los inicios de la pandemia, por medio de la gobernadora,  la JCF dijo que había dado dinero para enviar $500 por familia. Ese dinero  nunca llegó y lo borraron de la discusión pública. Lo mismo dijo ocurrió con las ayudas que se anunciaron para los pequeños y medianos comerciantes, al DMO de la Compañía de Turismo, a los contratistas independientes, a los trabajadores de la salud. En tanto, a los que sí les ha llegado el dinero es a los policías.

La doctora en Ciencia Económicas y Empresariales expuso que mientras la JCF autoriza a disponer de fondos para atender la emergencia continúa con sus planes de reducir el gobierno, comenzando con recortes en el Departamento de Educación (DE), en la Universidad de Puerto Rico (UPR) y en el Sistema de Retiro. En el caso de la UPR, dijo que ante cuestionamientos de congresistas, la Junta ha tenido cuidado. Mientras, se concentra en Educación, en acciones como declarar maestros excedentes.

A juicio de Quiñones Domínguez, la Junta tiene problemas con sus planes de ajustes, ya que no ajusta en las agencias que sí pudiera hacerlo y, por el contrario, va por la educación y la UPR, que son los aspectos que proporcionan desarrollo económico. La economista acusó que con estas decisiones la Junta muestra su cara de que no viene a fomentar crecimiento y desarrollo, sino a expoliar al pueblo.

La JCF sabe que no controla la corrupción que se cuela por todos lados y que las condiciones sociales y económicas no son las mejores, que sus decisiones son vigiladas, que necesita arreglar el problema de corrupción y que la estructuración de la deuda que había logrado no se puede pagar si no hay movimiento en la economía.

“La Junta sabe que sus expectativas estaban en el dinero de reconstrucción que iba a llegar y no llega; que sus planes se van a juste y que el momento es crítico. Pero saben que es el momento de tomar deuda a bajos intereses con la excusa de reconstruir y que cubrir el problema de la pandemia requiere inyectar dinero en la economía”. Añadió que ahora la Junta tiene el debate de cómo justificar nueva deuda, cuando antes había dicho que no se podía pagar.  También sabe que tomar nueva deuda lleva asociado que se reduzca la deuda o se restructure y que el dinero debe ir a salud, educación y, de forma indirecta, a las industrias.

“Hay que ayudar a los empleados para que tengan dinero, y la forma que ellos entienden es ayudando a las empresas. Saben que el gobierno debe funcionar, pero al bajar los recaudos de impuestos se acaba el dinero. La deuda es la alternativa, deuda para cuadrar déficit; pero eso es contrario a su discurso”.

Según la JCF, en el PF 20-21 no hay reformas estructurales. Esos ajustes los van a dejar para luego y mientras tanto, se van a dedicar a destruir el sistema de educación pública para privatizarla, acusó Quiñones Domínguez.

Un aspecto que trajo a la atención la también presidenta del grupo Mujeres Economistas y vicepresidenta de la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe es que en el Congreso hay voces que piden que sea Estados Unidos quien pague la JCF y sus asesores, argumentando que si Puerto Rico está en quiebra no debemos pagar esos costos. “Eso los pone nerviosos pues tendrían que justificar los contratos que no resuelven asuntos serios. Y nosotros aquí no estamos discutiendo esas contradicciones y los debates serios sobre de si hace falta la JCF y sus asesores; de cómo era que iban a corregir la corrupción, y de por qué pagar una deuda que debe ser eliminada en parte para que podamos tener desarrollo y crecimiento económico, con educación y salud pública y con menos corrupción”, reclamó.

 

El rapto de Briseida

 

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

 

“Nunca habíamos sufrido tanto en cuatro años. Huracanes destructivos, muertos no contabilizados, un gobernante inmaduro y truquero, terremotos múltiples, tres cuarentenas por un virus, una gobernadora sustituta truquera, una legislatura revanchista y una junta de usureros.

Mensaje de en la red Twitter de @Reimillan.

De Briseida Torres, la recién renunciada Secretaria del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH), los puertorriqueños se olvidarán pronto, a pesar de la particularidad de un nombre que nos recuerda la guerra de Troya. Volverá al bufete de Hato Rey de donde la sacaron hace dos años, añadiendo a su resumé que es una “former Secretary of Labor”, para justificar una tarifa por hora más alta.

La pasada semana ese nombre que pronto olvidaremos, se unió al de tantos miembros del actual gobierno que sale del cargo en medio de alguna controversia. Ahora se encuentra en el mismo bote en que naufragaron Rafael Rodríguez Mercado, Julia Keleher, Tania Vázquez, Ricardo Ramos, Héctor Pesquera y tantos más, junto a la caterva de machitos prepotentes que controlaron los hilos desde Fortaleza durante casi tres años. Los controladores se fueron antes, en medio del fuego del verano de 2019, pero dejaron colocados a los que tuvieron que irse después.

Estos nombres, a pesar de que pronto pasarán al olvido, de alguna manera resultan emblemáticos de un cuatrienio que parece que ha durado cien años, y aún no se acaba. Todos aparecieron destacados en los medios de prensa en algún momento durante este cuatrienio porque, en alguna de las emergencias, el país necesitó que asumieran su responsabilidad y acudieran en su ayuda. Todos fallaron.

Los eventos sobrevenidos durante este cuatrienio han demostrado que el gobierno puertorriqueño, aun cuando es una criatura colonial supeditada al poder de Estados Unidos, cumple funciones que pueden ser vitales en determinado momento. En esas ocasiones, se hace evidente la importancia de contar con funcionarios medianamente competentes, que no lleguen tan solo atraídos por el pequeño poder que tendrán y las prebendas asociadas al cargo. El huracán y su larga secuela, los terremotos, la pandemia y, ahora la sequía, son eventos que se encadenaron contra los puertorriqueños, volviéndonos dependientes del accionar gubernamental. Durante estos tres años y medio, desde el más pobre al más rico en determinado momento ha necesitado de algún servicio del Gobierno y, en lugar de recibirlo, ha sufrido las consecuencias de la desidia y la incompetencia por parte de la agencia responsable de darlo. Para colmo, se trata de funcionarios a los que se les ha estado pagando grandes sumas de dinero, muy superiores a las que devengaban sus antecesores. ¿Acaso se ha olvidado que a Julia Keleher le pagamos $250 mil anuales y otros tantos a Héctor Pesquera, para a que dirigieran los departamentos de Educación y Seguridad?

El 2 de enero de 2017 Ricardo Rosselló asumió el mando como gobernador bisoño, sin ningún tipo de experiencia, aupado solamente en el nombre de su padre. La juventud y la falta de experiencia no son, de por sí, garantías de fracaso. Ahora mismo hay en Canadá un gobernante muy joven, hijo también de un exgobernante, que no ha resultado ser peor que los anteriores. El nuestro, sin embargo, sí lo fue. La larga cadena de actos que lo llevó a ser el primer gobernador electo obligado a renunciar, además de inexperiencia y prepotencia, reflejan la más pasmosa incompetencia. Esas mismas limitaciones lo llevaron a rodearse de personas que se le parecen en forma y contenido, incluyendo a quien lo sustituyó.

            Del equipo que armó Ricardo Rosselló prácticamente no queda nadie, salvo la gobernadora Wanda Vázquez, que también fue obra de él. Todos se han visto forzados a abandonar sus cargos en medio de alguna controversia, dejando una estela de daños de los que cuesta recuperarse. Algunos robaron o facilitaron que en su entorno se robara, pero lo que los hace terriblemente similares es la incompetencia y la desidia en el descargo de sus funciones. Como en la anécdota del emperador romano, todos se han pasado tocando el arpa mientras el país es víctima de huracanes, terremotos y pandemia.

La ex Secretaria del DTRH fue cortada con la misma tijera de varios de sus colegas de gabinete. Abogada joven, con algunos años trabajando para patronos desde un bufete corporativo, fue colocada a cargo de una agencia que se supone defienda a los trabajadores. Mientras todo allí fue rutina, atendiendo pequeñas disputas obreras y reclamos de discrimen, nadie se fijó en ella. Pero tan pronto llegó la crisis en el empleo provocada por el parón económico de la pandemia, afloró su nivel de incompetencia.

Desde el primer día era evidente que la licenciada Torres era incapaz de dirigir con eficiencia un departamento que, en medio de los efectos de la pandemia, resultaba crucial. Pero, como ocurrió con el Secretario de Salud, la gobernadora Wanda Vázquez dejó a Briseida Torres en el cargo hasta que la crisis se convirtió en debacle. Cuando vino a actuar, cientos de miles de trabajadores llevaban tres meses sin cobrar un solo centavo y la mayoría sigue en la misma situación porque la precipitada salida de Torres no resolvió el problema. Como regalo de despedida nos enteramos, que muchos de los que tuvieron la suerte de que su solicitud fuera procesada, no recibieron el cheque por desempleo porque la dirección postal decía “La Misma”, frase que habían escrito en la solicitud para decir que era igual a la física. Esa barbaridad provocó muchos chistes, pero los que nunca recibieron el cheque no se rieron.

En la mitología griega Briseida es nombre de víctima. Primero quedó viuda, tras su marido morir peleando por Troya, y luego fue raptada por Aquiles. En Puerto Rico el nombre tiene un contenido distinto porque aquí los raptados fueron otros.

Sobre la pasión como criterio de verdad

Por Rafael Acevedo/En Rojo

0. En muchas ocasiones he leído o escuchado que alguien celebra un asunto de inversión -de capital o intelectual- porque se hace con pasión. Me sonrío. Es pensar que la pasión es una virtud.

No me atrevería a decir algo sin fundamentarlo en autoridades. Entonces: “En fin, se da el nombre de pasión a una grande y terrible desgracia”. (Aristóteles, Metafísica, libro V, 21). ¿Quién soy yo para contradecir al filósofo?

Si alguien me habla con pasión de la superioridad de la raza aria lo interpretaría como la puesta en escena de la ideología de un idiota. Idiota en el sentido etimológico. Y eso no es poca cosa, porque vivir ensimismado en tu propio asunto (negocio) te impide ver las consecuencias de tus acciones y proyectos. Y si las ves, la distorsión de la pasión te impide entender que estás construyendo máquinas de exclusión y asesinato. Es solo un ejemplo.

Si alguien me habla con pasión sobre las bondades de la energía nuclear lo entendería como una exposición honesta de la deshonestidad. Se disfraza de solución a un problema la pasión por el dinero. Por el sueldo bien pagado de la industria de energía nuclear. Por encima de la racionalidad. Tan por encima, que se estructuran discursos en los que se proponen con forma lógica contenidos falsos.

Como dijo el griego, las pasiones pueden ser buenas o malas según la medida en que se sienten, y según a qué se aplican. Por el contrario, la virtud es siempre y exclusivamente buena; y el vicio es siempre y exclusivamente malo.

¿Hay pasiones virtuosas y vicios buenos? A riesgo de contradecirme diría que sí. La pasión amorosa es buena a pesar de que puede dañar porque engendra vida en la vida. Por otro lado, hay vicios placenteros para el que los lleva a cabo. Y son buenos si no dañan a segundos. ¿Pero es la pasión por el dinero puesto al servicio de sí mismo una gran idea virtuosa? ¿Es la construcción de una colosal planta generadora de narrativas de forma lógica y contenido falso -que no resiste prueba empírica ni arbitraje- una virtud? Ni ser apasionado, ni ser creativo, son condiciones que garantizan veracidad y mucho menos virtud. El café, por ejemplo, es un vicio que me agudiza la creatividad. Hacerlo para mi amada al despertar es una idea virtuosa porque le causa placer a alguien fuera de mí. Y así sucesivamente.

1.Los socios de los ecologistas son los grupos de izquierda. Así debería entenderse. Un ecologista de derecha, que asuma el «dejen hacer, dejen pasar» del liberalismo económico es un charlatán con dieta vegetariana. Es como los ateos que adoran la energía nuclear a partir de un razonamiento delirante sobre las capacidades de la Ciencia, en la que parece no haber contaminación ideológica.

Como soy un izquierdista sin partido, carnívoro, a favor de la producción de energía limpia y renovable, creo en la Rosa de Guadalupe, de la misma forma que creo en la resurrección de Alexander Dubček, para que en el 2028 se le nombre Primer Secretario del Partido Comunista de Checoslovaquia (KSČ) y así se cumpla de una vez con el programa de reformas que llevará la Primavera de Praga a todos los confines del mundo, o al menos de Río Piedras. Me emociona lo imaginado. ¿Será verdad?

2. La máquina de viajar al futuro es una cama con sábanas aromadas de aceites esenciales. Usted se duerme y el aroma del sándalo, por dar un ejemplo, es convertido por la amígdala en afecto, o en disgusto. El hipocampo inicia el proceso de memoria.

Un sueño profundo con un aroma profundo graba, reproduce memoria. Sin embargo, al estar relacionado con el sistema límbico, hay que tener cuidado de no despertar al viajero, que puede quedar varado en un estadio atemporal en el que se afecta el área motora, y luego la incapacidad de pensar en el futuro, hacer planes como casarse o ir de compras cuando se te acabe la carne en el refrigerador.

A veces uno se recupera de estas interrupciones escuchando determinada canción, una cierta intensidad del aguacero, la marea de los muertos o el ladrido de un perro a lo lejos.

Yo viajé al 1969 oliendo aceite de pino. El país era dirigido por burócratas afables que organizaban asesinatos de líderes sindicales sin hacer mucho aspaviento. El día que volví allá, la Calle Baleares fue un 18 de diciembre. El árbol ya adornaba la sala. El tronco se refrescaba en un trípode que contenía agua destilada y una aspirina.

Hacía calor en aquella casa de urbanización pública. Eran los tiempos del líder populista. Jugábamos en una palangana donde mi madre lavaba la ropa.

A veces regreso acá y siento nostalgia de mi padre, joven, y mis hermanos mayores que en el tránsito son menores que yo.

3. Recordar, imaginar, ¿son verdades? ¿Qué es, en conclusión, la verdad? Cuando empezó la pandemia y el estado aceitó sus mecanismos de control, me imaginé la muerte cercana, inevitable. La razón era bastante sencilla. Si el estado colonial respondió de manera negligente y criminal al desastre de un huracán, entonces, la pandemia sería una oportunidad adicional para el robo, el fraude y la muerte. En esos días de abril pensé en eso y escribí mi testamento en forma de relato:

4.ELISA 

No puedo decirles que Elisa Blot era hermosa. En realidad, ¿eso qué importa?

Estábamos allí acostados en la arena al atardecer. Mirando las nubes. Sus variaciones.

-Como los virus- dijo ella
-¿Qué quieres decir con eso?
-En una población de un mismo virus ocurren variantes. Por ejemplo mira aquella nube elefante que en realidad son un montón de gotitas de agua. El viento la mueve, esparce y desordena y ahí tienes un camello.

(¿Ya les dije que Elisa trabaja en un laboratorio?)

-No entiendo bien, pero es una hermosa explicación.
(Ella sonríe y toma un sorbo de cerveza. Su pelo largo, azabache, cubre su rostro por un instante. Lo retira con su mano).

-Todas las variantes de un virus existen en la nube. Normalmente, si el ambiente permanece sin cambios, no pasa nada-me explica.
-Pero si cambia el ambiente, si sopla el viento desde abajo o desde arriba, aparece el camello- digo, creyendo entender.
-Algo así. Pero probablemente es una mala metáfora a partir de una buena cerveza.

Cuando ya comenzó a caer la noche y el cielo era una enorme taza de café negro con alguna espuma, Elisa Blot se despidió con un beso en la mejilla. Me retiraron el respirador y, bueno, habíamos quedado en vernos allá en aquella nube.

5. La verdad está ahí, en algún lugar entre los hechos y la imaginación.

Será otra cosa: “La negritud es un archipiélago”

 

Por Beatriz Llenín Figueroa/Especial para En Rojo

*Las citas en este texto son originalmente en inglés y la traducción al español es mía.

Desde el cuerpo otro, negro, indígena, mestizo, la blancura es, en la historia de Occidente, el más pleno antagonismo.

Es el enemigo.

Es saqueo, tortura, esclavitud, violación, ultraje.

Es la muerte más brutal.

No soy, ni lo pretendo, protagonista de historia alguna, aunque reconozco que mi piel, sin remedio, se lee en sociedad como blanca y que, según el alegato, el altar y el archivo que se construye a sí misma a sangre y fuego, la blancura pretende ser la protagonista total de la Historia.

No escribo sobre el presente del movimiento negro porque crea que me corresponde, o que debo, o que hace falta. Todes debemos leer, estudiar, compartir la inabarcable aportación de personas negras escribiendo sobre éste, sobre todos los momentos, de su protagonismo histórico. Más bien, aspiro a ofrecer unas notas tentativas en pos de lo que me parece una necesaria discusión: qué posición crear, asumir, invitar cuando, desde la colonia, se es blancura contra sí misma.

Parto de la premisa que el azar convocó, concatenándose entre sí, mi nacimiento, el aspecto de mi piel y las características de mi cuerpo. Al mismo tiempo, soy consciente que la lectura social que se me hace como blanca me otorga privilegio, y éste, muchas veces, “atenúa” mis deméritos en lo que concierne a otras interpretaciones de la ideología dominante: las de género, las de orientación sexual, las de pensamiento político, las de experiencia espiritual.

Ante los hechos anteriores, intento –todos los días me propongo– justificar que ocupe yo espacio en el planeta, que absorba recursos vitales, que comparta la vida con les demás. No sé cómo hacerlo. Es más, quizá la existencia no tiene justificación posible. Sólo es. Pero ante la obcecada evidencia de que estoy aquí, procuro que valga la pena traicionando la blancura –en su sentido histórico, atroz, asesino, ése al que se refiere en los EEUU la frase “white supremacy”– con que el azar me situó.

Asumir, hondamente, en Puerto Rico, en el Caribe –geografías que amo, por las que lucho, a las que me entrego– que todes somos afrodescendientes sigue siendo hoy, me parece, una agenda política imperiosa y vital. Pero no todo el mundo ha tenido nacimientos negros, ni es leído en sociedad como negro. Aquí es que el panamericanismo de Martí y de Hostos fracasa, lo mismo que la “cultura homogénea” de Albizu Campos y la “armoniosa mezcla de las tres razas” del ICP y los ideólogos partidistas.

Las personas puertorriqueñas, como todas las integrantes de la especie humana, somos, sin duda, muy diversas gracias a los efectos combinados del azar, la historia, la socialización y la decisión propia en nuestros cuerpos, ideas, actitudes, comportamientos. Esa diferencia es, por supuesto, hermosa e imprescindible. Pero la sociedad forjada al calor de una violenta historia y socialización extractivistas de racismo, esclavitud, patriarcado, capital y colonia organiza la hermosa diferencia según feroces jerarquías, a partir de las cualesdistribuye el bien y el mal, la vida y la muerte, el crimen y el castigo, la abundancia y la carencia, la salud y la enfermedad, la alegría y el dolor. De suerte que lo hermoso –nuestra diversidad– se torna, para las abrumadoras mayorías, en la más abyecta miseria.

En general y siempre, en particular y ahora: ¿qué lugar puede forjar una cuerpa blanca por azar, pero antiblanca por convicción? ¿Y cómo se ubica ese lugar en una geografía colonizada?

En estos días en que la rebelión de las vidas negras se expande, crece, se intensifica, he leído mucha gente preguntar a personas que se dedican a enseñar, investigar y escribir que por qué hacerlo. Sé que el peso de la pregunta es monumental, en tanto implica que, tras siglos de ocupar las privilegiadas posiciones que pueden dictar representaciones de lo real por medio de la escritura, es decir, de la voz pública, la gente blanca debe renunciar a ellas. ¿Por qué, entonces, escribo hoy? ¿Quién me creo para hacerlo?

«Trato entonces de recordar/me/nosque escribir es, desde la pequeñez propia del alcance de cualquier cuerpo humano, atestiguar los tiempos, documentarlos, demarcar un espacio en la memoria colectiva para sostenerlos. Creo que escribir es siempre apostar al futuro, asumiendo el riesgo inherente al presente. Intento, como invitaJames Baldwin, “bear witness,” atestiguar, de manera activa, participativa,implicadatanto en la accióncomo en el sueño.Así, me siento implicadaen la milenaria responsabilidad blanca por tanta destrucción, aunque en mi carácter personal no la haya desatado. Es mi obligación ética mirar esa blancura de frente, pues, como también nos recuerda Baldwin en un afamado, con toda razón, pasaje: “No todo lo que se enfrenta puede cambiarse, pero nada puede cambiarse hasta que se enfrenta.”

“La negritud no es un país. La negritud es un océano de pensamiento. La negritud es un banco de peces. La negritud es una galaxia. La negritud es una cosmología. La negritud es un archipiélago. La negritud es la cadena fragmentada del pensamiento insular.” Procuro memorizar esta sucesión de afirmaciones, provenientes de un reciente tweet de la profesora Tao Leigh Goffe. Vista así la negritud, quizá se vuelve posible sentirme parte de ese océano, de ese banco de peces, de esa galaxia, de esa cosmología, de ese archipiélago, de ese pensamiento insular. Haber nacido –otro azar– en este archipiélago nuestro ha supuesto, también, verme/nos dominada por la sangrienta sociedad “americana” que Baldwin, quien en alguna ocasión de la década del sesenta se mudó a Puerto Rico para poder volver a escribir, denunció como muy pocos han sido capaces: “Pregúntale a cualquier mexicano, a cualquier puertorriqueño, a cualquier hombre negro, a cualquier persona pobre –pregúntale a los condenados cómo les va en los pasillos de la justicia y entonces sabrás, no si el país [EEUU] es o no justo, sino si siente al menos algo de amor por la justicia, o si tiene siquiera un concepto de justicia.”

Arrancada incluso del puño de un virus invisible, la calle arde, otra vez, hoy. Como puente incierto y tenaz, como islote de coral, como cordillera volcánica bajo el mar, la lucha negra enlaza cuerpos asediados cuya voluntad, a pesar de todo, de todo, de todo, es seguir en pie, cual archipiélago, pecho abierto, sobre el nivel del mar.

 

 

 

 

El perfume de las Adelfas

Por Francisco (Pancho) Velázquez

Un hombre robusto en guayabera de lino abre la puerta. No me cede el paso. Por lo contrario, me mira fijamente y pregunta.

¿Y usted quién es?

–Tengo un asunto por despachar con el licenciado. Me citó a las nueve.

–Faltan quince minutos.

¿Eso es un reproche o un elogio?

–Siéntese cómodo. El licenciado tiene que despachar conmigo primero.

            Me indica una esquina del sofá.  Se deja caer en la opuesta. Escucho voces provenientes de una dependencia a la que se accede por un portal con medio punto y dos puertas de cantina.

            En un tono mas extendido me pregunta de que trata mi asunto con el licenciado.

–Le entregué un carro hace dos semanas para que lo probara. Vine a recoger las llaves o, en el mejor de los casos, firmar la compraventa.

–No creo que el licenciado este interesado en probar automóviles por buen tiempo. Creo que le espera una barca con remero, si acaso.

¿Lo asesinaron? 

            Me mira atentamente y se endereza en su esquina.

¿Qué le hace pensar semejante barbaridad?

–Usted tiene en la mano un azimuto y una libreta cuadriculada.

¿Fue policía?

–En el Ejército, en Alemania. Sargento primero del CID con la unidad del preboste.

–Y ahora vende automóviles…

–Gano igual que cuatro policías al mes.

Alguien, desde la cocina, dispara una foto con flash.

–Igual puede estar posando para una retrato de familia, añade.

            Me explica en voz baja que el médico de cabecera está allífiniquitando el trámite

Tenía el corazón débil, hidropesía, que es una enfermedad fatal. La mujer no se ve muy atribulada. Dice que el difunto tenía dispepsia y ella tenía por costumbre servirle un vaso de sal de uvas Picot. A la media hora se tomaba una malta danesa Tuborg con un huevo crudo batido y turbinado.

            Recorrí la sala con la vista. Cerca de un barcalounger en una mesita con ruedas vidos botellas de Teacher´s, una sin desensetar y la otra a la mitad. No había surtidor de seltzer por ninguna parte. Parece que al difunto le gustaba beber sin condón, neat como dicen los americanos.

El fiscal ya firmó la orden del levantamiento pero hay algo que no me cuadra. El arma de fuego en la escena que, según la señora, se disparócuando sufrióel infarto, usted sabe en el paroxismo de la muerte. El solía limpiarla, el arma, se entiende, en la mesa de la cocina lo cual es una porquería. Figúrese, donde uno desayuna…

¿pero está descargada?

–Alineó cinco balas en la mesa para calmarla porque siempre que limpiaba el arma se ponía nerviosa.

–Por la pulcritud no será. Aquí hay capas de polvo acumuladas desde el año pasado. Mire esas ventanas y el tope de la radio.

            Hace silencio por un lapso breve. Da un manotazo y se incorpora.

—Venga, voy a hablar con ella a ver si da con las llaves.

Lo sigo,  maletín en mano. Me detengo a la entrada de la cocina, él adelanta y ella le sigue.

–Usted es el del Chevrolet, vino a buscarlo.

–Si señora, si tiene la bondad y me consigue las llaves.

–Vengo ahora, voy a su despacho.

            La mujer da la vuelta y camina corredor abajo. Es una casa larga con una dependencia soleada al fondo por donde entra la brisa hecha ventolera hoy.

¿Satisfecho?

El sargento asiente.

–O no se conocen o ella es mejor actriz que Dolores del Río. Que tiene el chassis para eso, y la carita.

–El baúl también.

–Respete a la viuda.

–No me joda, sargento. Oiga, y el difunto ¿dejó mucho?

–Sospecho que lo dejó todo.

–En la vida todo falta y en la muerte todo sobra…

–Eso es de la Biblia.

–Quevedo. Mejor y más claro.

–Ese fue el de las cuatro blancas nalgas vi

–Ese mismo, contesté.

            Me cayó bien el sargento. Suele pasar entre policías. Brotan unas simpatías no importa de cual latitud procedan los concitados. Un policía es eso, alguien que aclara extremos turbios y busca la verdad, en Japón, Berlín, Moscú y la Habana. Cambia el pito y el idioma y el largo de la macana pero en el fondo son la misma cosa.

            Los foto técnicos se marcharon. El más viejo le dijo al sargento que el difunto, en tren de muerte, hizo el disparo desde el piso. Tenia residuos de pólvora en el batín pero no en la mano. Explicó que ese tipo de revólver sellaba la recámara con el cañón impidiendo la salida de gases y residuos de pólvora hacia el brazo. Ella nunca tocó el arma.

De esta dejo de tomar sal de uvas Picot, dijo Gaetán.

            Llegó a la casa un tal Chago, el chofer de la ambulancia. Se conocían el sargento y él. Venía con un ayudante.

¿Qué tienes Gaetán?

–Un difunto. Ahí está el doctor.

–Pues lo siento, Gaetán pero la ambulancia es para los vivos. No transporto muertos y tú lo sabes.

–Si se me permite terciar, dijo el doctor.

–…sería deseable que este señor saliera de su casa con la dignidad que merece.

–Llamen a la fúnebre. Es violar la ley. La ambulancia no es una carretilla. Vámonos, flaco.

–Quéhombrecito temerario, dijo el médico,

            El fiscal no tercióen la discusión. Se notaba aburrido y fumaba un cigarrillo usando un platillo como cenicero.

            Había yo permanecido a la entrada de la cocina. Vi la escena e imaginé el postrer pataleo del difunto. Estaba tumbado de costado a una pared, la norte, de la casa, culo al fregadero en la pared opuesta. El sargento estaba recostado de una ventana cerca de la nevera. Tomaba apuntes en una libreta. Entonces me fijé hacia el revólver, un Nagant soviético, seguramente un souvenir de la guerra, que descansaba en la mano derecha del muerto, índice sobre gatillo.

            El fiscal se aproximó, se puso en cuclillas y ensayóremoverlo. Miré hacia la mesa y vi las cinco balas. El medico guardaba el estetoscopio en su maletín. La mano del fiscal adelantaba hacia el arma.

            Alcé la voz hacia el sargento que estaba en la línea de fuego.

–Cuidado sargento, está cargado.

El fiscal reparó en mí. Gaetán contestó.

–Ya disparó la sexta bala, no hay que temer, dijo un poco confundido, cambiando el foco de su mirada hacia mi persona.

–Es que ese es un modelo ruso que carga siete balas. Falta una.

El siempre dejaba un hueco vacío, dijo el fiscal en un susurro que se oyó claramente ante el silencio de los presentes por la nueva tensión añadida. Inexplicablemente, haló hacia atrás el percutor para sacar el dedo del difunto de sobre el gatillo.

            Cuando trató de retornar el martillo a su posición el percutor se zafó del agarre del pulgar y cayó sobre la última bala. La detonación retumbo en la cocina.

            Gaetán cayo muerto de un balazo en el ojo derecho.

            Oí pasos ligeros alejándose por el pasillo. Era la señora alejándose de cualquier nuevo peligro.

            El médico sufrió un sobresalto. Dejó caer su maletín y de dos zancadas examinó la herida. Crispó los labios por la cólera. Balazo fatal.

–Usted es un imbécil. Mire lo que ha hecho, gritó fuera de sus casillas.

            Al disparo, el camillero y el flaco regresaron a las prisas. Vieron a Gaetán, yacente.

–Coño, en esta casa se muere la gente seguidito. Fiscal, llame al municipal para que envíen el fúnebre de dos plazas.

––So mequetrefe. No me dé órdenes, le gritó el fiscal.

            Caminó hasta el teléfono arma en mano.  Llamó a homicidios y le comunicaron con el teniente. Regresó a la cocina y el médico pasó a la sala. La señora  regresó a la sala un poco más compuesta, se había lavado la cara. Ninguno de los tres pronunciamos palabra.

            Aguardamos en un estrujante compás de espera.

            El fiscal regresó a la sala desarmado. De pie, se dirigió a nosotros.

Usted no estaba en la cocina cuando esto pasó, se había retirado. Es decir eso o la acuso de matar a su marido por envenenamiento.

–¿Con sal de Uvas Picot?

Algo encontrarán en Forense que no debe estar ahí.

–Whiskey, que parece que le daba duro. Comenté.

–Usted, a ver ¿Qué trae en ese maletín?

–Nada que le importe a usted.

–Puede ser un pago a la señora por matar al licenciado.

¿Pero que pasa aquí? preguntóel médico. Esto que hace es totalmente inaceptable.

–Cállese que tiene dos abortos en las costillas. Se puede abrir una pesquisa. Esto es para orientar la línea de lo que van a decir en los interrogatorios.

–Esto es ilegal y usted no tiene la autoridad para hacerlo, le dije.

–Yo soy el fiscal y eso es lo que hago, interrogar.

–Dejó el cargo cuando mató a Gaetán .

–Fue un accidente y eso todos lo saben. Pero, a ver, abra el maletín.

–El  maletín…necesita una orden del juez para eso. Y probar que es material al caso del difunto licenciado. Me parece que estáusted buscando dinero.

–Tengo un juez en el bolsillo, dijo y mostró una pistola calibre .45.

–No empeore más las cosas. Esperemos al teniente.

            La voz le temblaba. Sabía que había dinero, modo de apropiárselo y chantaje para obligar al silencio. Había premura también, Arreciaba el aguacero aunque era cerca de las once y no se esperaba la tormenta hasta entrada la noche.

            Regresó a la cocina y trajo un frasco de Sal de Uvas. Había perdido la cordura. En la diestra traía la pistola. Los dos que estaban sentados a mis extremos se recogieron hacia la esquina, temiendo que abriera fuego.

            Tan pronto había entrado a la cocina extraje precavidamente mi Colt Bodyguard y lo oculté detrás el maletín en mi falda. El fiscal cometióla torpeza de hacerme señas, de conminarle a que le entregara el maletín con la mano que portaba la pistola.

            Cuando la bajó a un ángulo de  45 grados en la relación con el piso, le metí el balazo entre los ojos. El salteado de sesos cayó sobre el mantelito de battemberg que cubría la radio.

            Atónitos, los presentes me miraron.

–Qué fatalidad, qué lío, balbuceó el médico.

–Esto se jodió, musitóla señora.

            Inmediatamente llego el teniente con los dos agentes y los de fotos y huellas que habían estado anteriormente se desataron poderosas manifestaciones de tribulación y duelo. El teniente ordenó a un agente a tomar fotos y cuadricular la escena. Al segundo lo dejo custodiando al médico y a la señora.

            Tres muertos entre sala y cocina en el lapso de una mañana tormentosa le da jaquecas a cualquiera y más con una tormenta que se avecinaba. Corroborado todo el teniente llamó al otro fiscal de turno. Nadie mencionó al funcionario yacente en el contexto luctuoso. El teniente me interrogó en privado y le conté todo incluyendo el ensayo del fiscal de pretender orientar nuestras respuestas. Aguardé en lo que corroboraba privadamente con los dos restantes.

            Llegó el cargamuertos del municipal y se llevaron a Gaetán y al fiscal. El teniente le dijo a la señora que llamase a una funeraria para que dispusiera de los restos del licenciado. Me pidió que la acompañara de no ser que tuviera algo más importante que hacer.

            Dije que sí, hay caridades a las que uno no puede negarse.

  Francisco Velázquez es nuestro mejor narrador policial. La serie Dolores Cardona así lo demuestra. Tiene además cuentos sueltos y una decena de novelas que lo colocan en el parnaso literario nacional.