Inicio Blog Página 1174

La medalla Blanca Canales es para Hilda Guerrero; militante caribeña

Foto Alina Luciano

 

Es una activista social antimperialista, dominico – boricua, hija de migrantes que llegaron al país, esta siendo niña. Su espíritu rebelde y solidario –expresión de sus raíces étnicas y cimarronaje– la definen y la afirman. Desde muy temprana edad se asumió al lado de los excluidos por razones sociales, políticas, económicas y étnicas. Militante internacionalista en contra de la opresión y la explotación, el colonialismo, el racismo, el patriarcado y la xenofobia, participa en diversos  proyectos de inclusión y solidaridad latinoamericana y caribeña. Son estos: Campaña Continental 500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular; Grito de los Excluidos y Excluidas Continental; Grupo de los Excluidxs Caribe; Asamblea de los Pueblos del Caribe (APC); Jubileo Sur América, Jubileo Sur Caribe; Alianza Internacional de Habitantes (AIH); Asamblea Mundial de Habitantes (AMH); Antena Caribe de la (AIH); Foro Social Mundial; y Alba Movimientos. Estos organismos agrupan colectivos sociales y populares de base, que trabajan unitariamente proyectos encaminados a transformar la realidad inmediata de los pueblos, y en el que las personas afectadas son los verdaderos protagonistas del cambio. En estos proyectos, ha logrado insertar a la agenda latinoamericana y caribeña el caso colonial de   Puerto Rico, su corrupción, la presencia de la Junta de control fiscal, etc., al igual que otras condiciones existentes en pueblos hermanos como Haití y República Dominicana. También a un sector importante de nuestra sociedad: una juventud receptiva al cambio.

Hilda ha encabezado diversas misiones de solidaridad que han dejado su impronta, especialmente en Haití. Fuertes vínculos afectivos y espirituales la unen a ese pueblo invisibilizado ante el mundo. Su voz ha retumbado nacional e internacionalmente, dando a conocer las deprimentes condiciones en las que subsiste su población, particularmente la niñez y las mujeres. Ha sido responsable de iniciativas como el Comité Pro Niñez Dominico Haitiana. Con las mujeres, coordina talleres e intercambios de experiencias que abonan al fortalecimiento del liderato que la sociedad patriarcal les niega. En los momentos más críticos, durante el paso de huracanes, sismos y pandemias, desafiando a las autoridades haitianas y dominicanas, ha puesto en riesgo su propia salud y seguridad para garantizarles apoyo emocional, espiritual y material a los afectados. Ese trabajo se extiende a otros pueblos, como el pueblo cubano, el venezolano, el nicaragüense, entre otros.

En Puerto Rico, es cofundadora de Mujeres que abrazan el mar, Cohitre, Luna Caribe, Comuna Caribe y Acupuntura para el pueblo. Hilda– cuyo nombre significa lucha y combate– se integra a los movimientos estudiantiles y a organismos de lucha política y sindical siendo adolescente. Para los años 70 participó de las campañas de excarcelación de los internacionalistas dominicanos Wellington Peterson, José Confesor Tavares, Villa y Víctor Morales, arrestados en el 1976 en Puerto Rico. Cuando los héroes nacionalistas Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irvin Flores y Oscar Collazo son excarcelados (1979), fue de las primeras personas que brindó acompañamiento y apoyo a Lolita. Su compromiso político, matizado por una actitud discreta, respetuosa y de empatía humana, le garantizaron un espacio en la vida de Lolita y en la de otros héroes nacionalistas como Isabel Rosado, Carmín Pérez, don Pepe Rivera Sotomayor y Blanca Canales.

La conocí para la década del 80, época de asedio represivo contra las luchas progresistas del país. Fui unas de las que vivió la experiencia de encarcelamiento y procesamiento judicial; su solidario apoyo nos hermanó. Trabajó con el Comité Especial de los Prisioneros de Guerra Puertorriqueños de la Liga Socialista Puertorriqueña y con el Comité Contra la Represión y por la Defensa de los Presos Políticos y Prisioneros de Guerra (CUCRE). Desde esa plataforma, participó en luchas confrontativas tales como las de Villa Sin Miedo, las de Vieques, las en contra del asesinato de Adolfina Villanueva, las campañas por el derecho a la fianza y contra la pena de muerte, las a favor de los derechos civiles y humanos de los confinados y las confinadas, las en contra de la presencia del Tribunal Federal en Puerto Rico y el gran jurado, las por una universidad para el pueblo y por la libertad de presos y prisioneros de guerra, por solo mencionar algunas.

Para Hilda, retomar la lucha de nuestros ancestros es determinante en los procesos de transformación de los pueblos, procesos que concibe vinculados a una espiritualidad cuyas raíces emanan de la propia naturaleza, de la madre tierra. Su proyecto de ejercicios acuáticos en el mar y de acupuntura, que comparte con pacientes de sida, deambulantes, migrantes, mujeres y víctimas de experiencias traumáticas o estresantes, está enmarcado en esa corriente espiritual-sanadora. Durante este periodo pandémico ha sido invitada especial para conferencias internacionales en temas como la migración, la salud, afrodescendencia y la mujer, entre otros

El proyecto político de Hilda es muy abarcador. Incluye tanto su familia inmediata como ideológica. Con Violeta y Jorge, comparte amor y complicidades. Con sus amigas y amigos, la incondicional fraternidad que la hace siempre presente cuando más necesitamos de una mano sanadora, llena de futuro y esperanza. El proceso revolucionario del proyecto nacionalista dirigido por don Pedro Albizu Campos dejó un incalculable legado de dignidad y compromiso patrio que las subsiguientes generaciones han sabido honrar. Sus horizontes se han ampliado; la llama redentora sigue viva gracias a tanta gente que, como Hilda han puesto corazón y alma al servicio de la libertad, el amor y la justicia social.

José Milton Soltero: médico, patriota y embajador internacional de la independencia

OBITUARIO

En CLARIDAD, recibimos con pesar la noticia del fallecimiento del médico y patriota puertorriqueño, José Milton Soltero. Por cerca de 30 años, el doctor Soltero fue uno de los puntales del trabajo realizado por el Movimiento Pro Independencia/ Partido Socialista Puertorriqueño (MPI-PSP) para lograr el respaldo de organizaciones, gobiernos y pueblos del hemisferio y del mundo al reclamo de libre determinación e independencia para Puerto Rico.

De izq, a derecha Manuel Maldonado Denis, Juan Mari Brás, Nilita Vientós Gastón, José Milton Soltero y Rubén Berríos.
Foto: Archivo CLARIDAD

Fueron largas y duras las jornadas vividas por él, junto a Juan Mari Brás y demás líderes independentistas puertorriqueños, ante diversos foros internacionales – como la Organización de Naciones Unidas (ONU) y el Movimiento de Países No Alineados, entre otros- y dirigidas a romper el cerco de las mentiras, el silencio y el aislamiento sobre Puerto Rico y alcanzar logros tangibles y duraderos para el reclamo de independencia nacional. Hacia ese objetivo, fue muy importante su disposición incansable de viajar a diferentes foros y países para dar a conocer la realidad colonial de Puerto Rico y recabar apoyo para la lucha independentista.

Conocedor de la historia de los pueblos americanos y estudioso de la geopolítica, el doctor Soltero fue un efectivo embajador de la lucha independentista puertorriqueña dondequiera que se desplazó. Su continuo peregrinar por muchos años le valió la amistad, el reconocimiento y el respeto de importantes figuras en países hermanos como Cuba, Ecuador, México y Chile, entre muchos otros.

Como médico, fue solidario y dispuesto al deber hacia sus pacientes. Muchos fueron los compañeros y compañeras de la lucha independentista que recibieron para ellos- o sus familiares- la atención médica y la solidaridad del doctor Soltero. Fue también un consecuente colaborador al sostenimiento de CLARIDAD, así como un confiable consultor editorial en temas de política internacional.

Desde CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, le reconocemos y agradecemos al doctor José Milton Soltero sus múltiples aportaciones a la lucha por la independencia y a nuestro periódico. A nombre de nuestra Junta Directiva y Colectivo de Trabajo le extendemos a su familia- la de sangre y la extendida- así como a sus personas allegadas, nuestro más sentido pésame.

 

 

 

Con-Textos: Nunca seremos olvido *

rei_perez_ramirez@yahoo.com

… “no le sirvió para nada asomarse a la ventana y mirar a la calle.

Una lona [azul] se mantenía inmóvil encima de un coche aparcado”.

El miedo del portero al penalti

Peter Handke

En un texto próximo a publicarse, sentido desde su ser puertorriqueño, Rafael Torres Velázquez rescata en los tiempos de un país roto la corriente subterránea de una nación que sobrevive y palpita, a pesar de los hechos que preceden su actual predicamento vital. El colorido del contenido de esta memoria, pincelada con figuras camufladas en una narrativa deliberadamente coloquial, esconde la metáfora lúcida de lo que somos como gentes. En un deliberado esfuerzo del autor/sujeto observador del entramado histórico de su [nuestro] país, se pretende hacernos creer que el texto es sólo eso: una memoria. Pero la verdad subyace oculta en el sustrato profundo de una identidad aquí narrada en pedazos de tiempo, con personajes e imágenes. El relato es tan denso como los desplazamientos verticales y horizontales de las placas tectónicas de la Falla de la Montalva, al Sur de la Isla, desde donde  -en el mismo centro telúrico del temblor- comienza a narrarse a sí mismo este texto singular.

El autor nos conduce como una guía -no quiero decir cultural; no quiero decir historiador, mucho menos turístico. No quiero ahora decirles nada más. Sólo diré que todos temblamos al abrazarnos, piel con piel, sin importar las tonalidades de nuestro irrepetible mestizaje. Temblamos cuando nos acucia el sentido de búsqueda al interior del enigma de lo que realmente somos. Aunque nos resistimos a reconocerlo, la empatía de la solidaridad escudriñada desde un prostíbulo legendario, cuyos espacios, tiempo y personajes se rescatan en el texto, semeja la escenografía de la convivencia cotidiana en la colonia amable que nos enmarca. Las viñetas de la música y sus protagonistas, el Radio Bar, la Masacre de Ponce, son temblores que nos conducen al centro en un viaje inconcluso a saber dónde. La historia real de un chico asesinado debido a su camisa negra, torpemente camuflada, nos acerca a lo que somos hoy: un remedo del torpe montaje del coloniaje muñocista, oportuna y lucidamente llamado “farda” en sus orígenes por uno de los originales asociados a Muñoz, hoy reivindicado por los hechos.

Esa verdad no la pueden ocultar los colores grises y sin filtro de una historia triunfalista, superficial, evidentemente fallida, que hoy nos coloca en el umbral de lun futuro incierto. El autor la documenta al contárnosla. Pero como muchas veces ocurre -y como nos demuestra esta aproximación de la memoria desde su recuerdo- la verdadera historia de cualquier pueblo/país permanece agazapada en los intersticios de lo cotidiano. El drama de Puerto Rico apenas comienza.

El colorido y la desfachatez de este texto que con desparpajo nos describe, nos hace más fuertes, nos protege, nos representa como mural en la pared de un expreso vial. Podrá perder la brillantez de sus tonalidades, así como generar porosidad en el acrílico de sus colores, pero nunca será borrado por la lluvia, así como esta patria jamás será borrada, gracias a narrativas tan ricas como ésta.

* Nota del autor: Este Con-Textos reseña el libro próximo a publicarse de Rafael (Rafy) Torres Velázquez, cuyo título es ‘De lo poco que recuerdo’.

 

Mirada al País: Contradicciones

Especial para CLARIDAD

 

¿Cuántas veces se siente, a la misma vez, deseos de irse y quedarse, de hablar y callar, de reír y llorar? Se trata, dicen, de “sentimientos encontrados”. Se vive con profundas contradicciones subjetivas y entre procesos sociales objetivamente conflictivos. Lo peor que se puede hacer es ignorar o negar tales conjuntos de factores opuestos. Es de su comprensión que se gestan vías coherentes de acción. De lo contrario prima, a nivel individual, una disociación esquizofrénica e impera, en la instancia social, la incapacidad para reconocer conflictos de interés y definir políticas orientadas por el bien común.

El reconocimiento de las contradicciones tiene un abultado expediente en la historia del pensamiento económico. Dice Marx refiriéndose a la economía clásica: “Es su último gran representante, Ricardo, quien por fin toma conscientemente como eje de sus investigaciones la contradicción de los intereses de clase, la contradicción entre el salario y la ganancia y entre la ganancia y la renta del suelo…” De igual manera Engels, para demostrar que de envolturas fantásticas pueden nacer ideas geniales, cita al socialista utópico Fourier – “…la pobreza brota de la misma abundancia” – y así le acredita un manejo magistral de la dialéctica. Le corresponderá a ambos, Marx y Engels, dedicar gran parte de su esfuerzo intelectual a desentrañar las contradicciones fundamentales del capitalismo: la coexistencia de la producción social con la apropiación individual capitalista y de la organización dentro de la empresa con la anarquía mercantil fuera de la misma. De éstas nacen los vaivenes económicos, las necesidades insatisfechas, el desempleo, la desigualdad, la pobreza, la inestabilidad de precios…

Muchas contradicciones se expresan en la esfera del consumo. Tal vez, aunque muy escuchadas, no se conozca el origen de expresiones como “consumo conspicuo”, “emulación pecuniaria” y “derroche ostensible”. Las acuñó Thorstein Veblen, economista y crítico social estadounidense, durante el tránsito del siglo 19 al 20. Para Veblen los ricos eran meras criaturas antropológicas cuya conducta exhibía ostentación derrochadora y excesos ridículos de toda índole. Estos patrones de conducta suelen emularse a través de toda la estructura social. Ahora se denomina “consumismo”. Lo peor es que se cultiva la valoración exagerada del producto junto al desprecio al trabajador que lo hace posible.

Las contradicciones se manifiestan en múltiples formas a lo largo del espacio y el tiempo. Estados Unidos, por ejemplo, se destaca por sus altos indicadores de desigualdad en la distribución de riqueza e ingresos, los más elevados de todos los países clasificados como desarrollados. Como muy bien señalara el prestigioso economista Joseph Stiglitz, uno de los rasgos centrales de la economía estadounidense es la “enorme disparidad salarial entre géneros, razas y grupos étnicos”. En pocas sociedades se invoca tanto la igualdad con resultados tan desiguales.

En Puerto Rico siempre ha llamado la atención que con su programa de industrialización por invitación coincidió, en su momento de mayor crecimiento – décadas de 1950 y 1960 –, un enorme flujo emigratorio, corriente que ha continuado en los “años malos” del siglo 21. Operación Manos a la Obra sacó más manos del país de las que puso a trabajar. ¿Contradictorio? Definitivamente. Como ahora también lo es el hecho de que la Junta de Supervisión (Control) Fiscal imponga, con una mano, medidas de austeridad y, con la otra, conceda y autorice contratos leoninos solventados por fondos públicos de un gobierno en “bancarrota”. Mientras se estrangula a la Universidad de Puerto Rico se beneficia a numerosos cazadores de rentas. Cuando, ante la prolongada crisis económica y las extraordinarias dificultades provocadas por huracanes y sismos coronados por la pandemia, más inteligencia se necesita, más se desprecia.

Como tantos otros fenómenos, la pandemia ha acentuado la desigualdad aquí y fuera de aquí. Mientras se han perdido millones de puestos de trabajo las bolsas de valores han estado en continua celebración. El mercado de acciones y valores no es la economía. Su actual pujanza demuestra lo que es: una bestia calculadora cuyas prioridades no están necesariamente en correspondencia con el bien común.

Los beneficiarios del sistema se afanan por ocultar las contradicciones del sistema. Hasta diseñan “ayudas” – crónicamente necesarias ante la persistencia de la pobreza y la desigualdad –, pero no para erradicar los problemas de fondo sino para tornarlos tolerables y así evitar “exigencias peligrosas”… Son predicadores de la armonía social. Algunos creen, con un fervor increíble, en la capacidad del mercado para lograrla de manera automática, sin mayor gestión pública. Pero el camino hacia la justicia no se despeja ocultando o negando conflictos. Se despeja acusándolos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La colonia eterna como fatalidad

 

CLARIDAD

“Puerto Rico no puede tener otro derrotero que el Estado Libre Asociado. Las fuerzas de la economía, de la geografía, de la geopolítica, de la historia y de la demografía, pueden más que las leyes de los hombres.” Antonio Fernós Isern, El Mundo, 29 de junio de 1967.

En un artículo reciente, Eduardo Lalo discute el “canon” dominante en la literatura puertorriqueña de la primera mitad del siglo XX, que se recrea en la visión enfermiza y apocada del puertorriqueño. Lalo menciona como ejemplos la novelística de Zeno Gandía (La Charca) y el Insularismo de Antonio Pedreira, a lo que añado, tal vez como culminación de la tendencia, El puertorriqueño dócil de René Marqués. (Sin dejar de lado que el Insularismo también carga con la fea cara del racismo, tan presente y tan poco comentado, a no ser por aquella pluma vigorosa de Tomás Blanco.)

Lo que Lalo denuncia en la realidad boricua, que se arrastra hasta el siglo XXI, es similar a lo que Albert Memmi y Frantz Fanon expusieron hace muchas décadas en sus estudios sobre el colonizado, utilizando la experiencia africana como fuente. Esa visión enfermiza siempre fue promovida por el colonizador buscando que sus víctimas la internalizaran y la hicieran suya. Así lograron que su sistema colonial les fuera productivo por más de un siglo y que, en muchos casos, siguiera siendo rentable aún después de su conclusión formal.

Pero en todos los lugares donde el colonialismo creció, tanto en la lejana África como en el cercano Caribe, el colonizador siempre contó con una casta de funcionarios, primero traídos de la metrópolis y luego de extracción “criolla”, a cargo de crear y reproducir las condiciones políticas de la explotación. Esos fueron, más que ningún otro grupo, los responsables de hacer valer la “hegemonía” del sistema colonial, para utilizar el concepto que Gramsci creó. Si los funcionarios criollos cumplían bien su función, la mano fuerte del colonizador no se manifestaba.

En Puerto Rico aún no hemos aquilatado con toda la amplitud que merece el papel fundamental que tuvo el liderato criollo en el sostenimiento y mantenimiento del sistema colonial, precisamente cuando empezaba a ser proscrito en el resto del mundo. A mediados del siglo XX el colonialismo se quedó sin defensores en el planeta, aunque desde el final de la última gran guerra parecía tener sus días contados. La independencia de la India en 1946 – impuesta por la lucha no violenta de Gandhi – y la victoria armada de los vietnamitas contra los franceses en 1954, abrieron las compuertas del movimiento reivindicador. Una década después la lista de naciones recién liberadas ya era bien larga. Filipinas, la colonia más grande de Estados Unidos, también en 1946 engrosó en esa importante lista. Ya para finales de la década del ’60, más que las colonias, lo que resaltaban eran las excepciones.

Puerto Rico, la segunda colonia más grande de Estados Unidos, no siguió el ejemplo de Filipinas. En 1940 había surgido una fuerza política, que en muy poco tiempo se tornó mayoritaria, el PPD, cuyo liderato asumía la independencia como norte. Pero todo crecimiento requiere sacrificios y hasta las colonias que lo son de una metrópolis que se llama “democrática” tiene que estar dispuesta a enfrentarlos, como había sido el caso de Filipinas. El liderato de lo que era entonces la principal fuerza política de la colonia puertorriqueña rehusó asumir los retos y optó por la línea de menor esfuerzo.

Todavía vivimos las consecuencias de las acciones de aquella generación de políticos que no sólo rehusó dar las batallas que había que dar, sino que llegó a niveles increíbles de manipulación buscando justificar sus insuficiencias. En el proceso, reforzaron y magnificaron, la visión apocada y enfermiza del puertorriqueño, que describía Lalo en el artículo comentado. Realmente fueron un poco más allá. A la visión apocada del puertorriqueño le añadieron el mito del fatalismo geográfico y económico.

La cita de Fernós Isern que preside este artículo resume muy bien el extremo a que llegó aquel grupo de políticos para tratar de justificar el colonialismo con otro nombre que pretendían defender. Lo que ahí se expone resume muy bien los mitos que se magnificaron y que, en buena medida, todavía defienden. Por mandato geográfico, económico, y hasta por la demografía, debemos conformarnos con las mínimas reformas que pomposamente y, en gestión de encubrimiento, llamaron “ELA”.

La generación de “ela”, que es la mía, creció escuchando hasta la náusea esos mitos. Somos un isla muy pequeña, pobre y sobrepoblada – la geografía, economía y demografía de que habla Fernós – y no tenemos más remedio que ser tutelados a perpetuidad por Estados Unidos. Esas “realidades” condicionaban una fatalidad de la que nunca podíamos liberarnos.

El artículo de Fernós fue parte de la campaña de los “padres del ela” previo a la celebración del primer plebiscito, que el PPD impuso para el 23 de julio de 1967. Allí buscaban un mandato para el “crecimiento” de su fórmula que, más de medio siglo después, siguen buscando.

Refutando ese determinismo fatalista escribió entonces Juan Mari Brás (Claridad, 7 de julio de 1967): “ Según los ideólogos del colonialismo perpetuo llamado Estado Libre Asociado, Puerto Rico no tiene más remedio que vivir para siempre como rabisa de Estados Unidos… La realidad es lo contrario. La libertad consiste precisamente en obtener cabal comprensión de la realidad (geográfica, económica, política, histórica, demográfica, etc.) para transformarla y conformarla a las aspiraciones de progreso del hombre”.