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El otoño del norte y la primavera del sur, en llamas

“Fuego, fuego, el mundo está en llamas”, cantó Roy Brown en aquella memorable canción (Monón) que Puerto Rico comenzó a escuchar en 1970. Ahora, casi cuarenta años después, el verso del cantor boricua describe muy bien lo que pasa en varios continentes. Ya fuere en el otoño del hemisferio norte o en la primavera del sur, pueblos tradicionalmente “tranquilos” se han tirado a la calle en una inmensa ola de indignación contra abusos acumulados durante décadas. Cataluña, Líbano, Hong Kong Haití y Chile protagonizan estallidos similares al que Puerto Rico experimentó en su más reciente verano.

Como siempre pasa, en cada uno de esos países fue un simple botón el que se abrió para que brotara la indignación acumulada durante muchos años. En Chile fue el decreto que aumentaba la tarifa del metro, principal medio de transportación de trabajadores y estudiantes. Aunque se trataba del cuarto aumento en apenas dos años, que mayormente afectaba a los sectores populares más golpeados, el gobierno del derechista Salvador Piñera esperaba que, como ocurrió con los otros incrementos, todo se quedaría en simples expresiones de molestia. Pero no fue así y, en respeto a la tradición, fueron otra vez los jóvenes estudiantes los que lanzaron el primer grito organizando protestas masivas en las estaciones del metro de la capital.

Tras la vanguardia estudiantil se lanzó el pueblo y las calles de Santiago, Valparaíso y otras ciudades se llenaron de gente que voceaban reclamos mucho más allá que por la subida del metro. La denuncia básica es contra un sistema económico que esencialmente es el mismo que modeló la dictadura de Augusto Pinochet a partir de 1973, tras el violento golpe de estado contra el gobierno popular que presidía Salvador Allende. Ese sistema económico, la más viva expresión del capitalismo salvaje, profundiza cada año niveles extremos de desigualdad social, consolidando una sociedad donde el 1 por ciento se apropia de más del 30% del ingreso. El Chile de 2019 todavía tiene el mismo sistema de pensiones creado por la dictadura de Pinochet en 1981 que, en fiel atención al neoliberalismo clásico, es administrado y dirigido por empresas privadas. El resultado de ese esquema son pensiones miserables y ganancias jugosas para las empresas administradoras.

Pero no es sólo en la estructura económica donde está viva, muy viva, la dictadura que se impuso sobre el pueblo chileno hasta los años noventa. También está muy presente en la superestructura legal porque la constitución que rige sobre la vida diaria de los chilenos y condiciona el sistema político electoral es la misma que diseñó el sátrapa. También siguen pululando por todo el país los funcionarios que sirvieron de sostén al antiguo régimen y, peor aún, la misma oligarquía económica que estimuló el golpe de estado, sigue controlando la economía y acumulando ganancias mientras la desigualdad aumenta. No fue casualidad que uno de los lugares convertidos en símbolos de las protestas populares de los últimos días fuera el edificio del diario El Mercurio. Ese medio, propiedad de una de las principales familias de la oligarquía chilena, fue puntal para la organización y ejecución del golpe de estado de 1973 y luego serviría como sostén ideológico de la dictadura. Cuando su edificio se cubrió con las llamas que lanzaron los jóvenes protestantes los aplausos se escucharon por todo Santiago.

La respuesta del derechista Piñera a las protestas populares también recuerda a Pinochet. Sacó el ejército a las calles y estableció un toque de queda por todo el país. Esas medidas represivas, sin embargo, le echaron gasolina al fuego y las protestas se multiplicaron. Finalmente cedió eliminando el aumento tarifario y hasta se propone hacer un cambio de gabinete, pero eso no ha aplacado el furor popular. La gente está en la calle y allí seguirá exigiendo el entierro definitivo de la dictadura y cambios profundos que ataquen la desigualdad social.

En el Líbano el detonante también fue un impuesto, en particular, a las comunicaciones vía la aplicación WhatsApp, pero igual que en Chile, la verdadera razón es la persistente corrupción gubernamental, la gestión económica y los pésimos servicios públicos. En una sociedad tradicionalmente dividida por sentimientos religiosos, la indignación marchó unida en las calles. Allí también el gobernante corrió a eliminar el impuesto que sirvió como detonante, pero ya era tarde. Similar a Chile y también a Hong Kong, donde tras las protestas el gobierno retiró un proyecto de ley que autorizaba la extradición de convictos a China, en el Líbano las marchas no han amainado. En Haiti las protestas masivas comenzaron hace un año pidiendo la renuncia del presidente, Jovenel Moîse, por el encarecimiento de productos básicos, la paralización parcial del transporte el contrabando y las largas horas registradas en las estaciones de servicio todo producto del problema que enfrentan con la mala utilización y el robo de los fondos del programa de Petrocaribe. Allí han tenido una veintena de muertos, entre ellos un periodista.

El caso chileno también tiene parecidos a España donde la represión vestida de acciones judiciales, apoyada después en las macanas de la policía, está siendo utilizada para tratar de ahogar el reclamo de autodeterminación de los catalanes. Entre sentencias condenatorias de algún tribunal y cargas policiales llevan una década y los reclamos de Cataluña, en lugar de amainar, aumentan. Como en Chile, en España hay un sistema legal y una estructura de gobierno fuertemente influenciado por una reciente dictadura, la del “generalísimo” Francisco Franco. Los crímenes que Pinochet cometió contra los chilenos siguen impunes y también los del franquismo. Pero aún más perniciosa que esa impunidad es la continuidad de los mismos patrones ideológicos nacidos de ambas dictaduras. En España recientemente exhumaron el cadáver de Franco del bochornoso mausoleo donde lo tenía un país supuestamente democrático, pero la “indisoluble unidad” que tanto proclamó el franquismo permea tanto el gobierno central como la judicatura y sirve de justificación para no ceder ante el reclamo catalán.

“El mundo está llamas” anunció Roy Brown en 1970 y Chile, Hong Kong, Cataluña y el Líbano lo confirman.

Reclamemos y construyamos nuestro espacio

Por Luis Pedraza Leduc/Especial para CLARIDAD

Los justos reclamos en defensa de las pensiones y otros derechos negociados en los convenios colectivos del sector público han obtenido cierta receptividad en líderes y sectores de los dos partidos que han gobernado y por lo tanto son responsables de las mismas medidas que hoy aparentemente están dispuestos a enmendar. En la Universidad de Puerto Rico, el presidente Jorge Haddock, descubre que los recortes en el presupuesto no son manejables, excepto si se cierran recintos o se toman otras medidas de austeridad.

Los reclamos de las comunidades afectadas por quema de carbón y emisiones de cenizas, así como las exigencias por un servicio de transportación marítima de excelencia para Vieques y Culebra, encuentran ser escuchadas por la Gobernadora, solo eso, escuchadas.

A un año de las próximas elecciones, los aspirantes e incumbentes a cargos públicos simpatizan con las justas causas que ayer le eran indiferentes. Buscan responsabilizar a otros por lo que ellos han hecho por las pasadas décadas que han gobernado. Su apertura a escuchar y hasta actuar, se estrella con el historial (limitado por razones de espacio) de estos a privatizaciones de servicios públicos, despidos de trabajadores, casos de corrupción, legislación para eliminar derechos laborales, impuestos al consumo, cierre de escuelas, desregulación del mercado, el abandono al ambiente, y sobre todo, su alineamiento a la letra de la ley PROMESA, el Congreso y las directrices de los asesores privados que nos imponen pagar.

Ante esta realidad, nadie debe llamarse a engaño. Más allá de los cantos de sirena electorales, la agenda de los sindicalistas comprometidos por una transformación social en favor de la clase trabajadora tiene que asumir la agenda de una constante denuncia de las acciones del capital. Tenemos que luchar de manera abierta en contra de las políticas neoliberales (sociales, económicas, ideológicas y políticas), en contra de los intereses de los emporios financieros y de las estructuras del capitalismo internacional. Poder explicar y describir de manera comprensible porque ocurrió el verano 2019 en nuestro país, qué relación tiene con el paquetazo en Ecuador, la corrupción en el Perú, los procesos electorales en Bolivia, Argentina y Brasil, el bloqueo a Venezuela y Cuba, y sobre todo, porque no reconocemos las luchas en la calle del pueblo haitiano como las sentimos hacia el pueblo chileno. Explicar el qué, cómo y para qué se suceden los eventos se impone.

Las preferencias y objetivos electorales de los sectores más alertas y progresistas no deben confundir a nadie. Tampoco los cantos de sirena de los colonialistas. Todo lo contrario, el momento exige desmontar la realidad, explotación y dominio de los grandes intereses económicos sobre la clase trabajadora y el pueblo. Solo así identificaremos las acciones correctas a seguir.

La educación y formación sindical debe ser prioridad hacia nuestras matrículas. Practicar la Solidaridad debe ser la guía en todas nuestras acciones públicas e internas. Con desprendimientos, no pensando en el logro inmediato a recibir, sino en el logro a mediano y largo plazo a construir.

Específicamente, debemos salir a la calle a exigir la restitución de nuestros derechos sindicales y laborales. Los tribunales no nos darán la razón a menos que la lucha obligue a reconocer lo que por siglos otros lucharon y obtuvieron para nosotros. Hay que revertir las limitaciones impuestas por la ley PROMESA y todas las leyes aprobadas al amparo de esta en el 2017. Exigir el respeto a la negociación colectiva y los convenios negociados se impone. Las acciones dirigidas en este sentido, deben lograr movilizaciones e importantes victorias colectivas, con el esfuerzo de todos, que nos impartan confianza y fe en la lucha sindical y política.

A un lado deben quedar las promesas o acuerdos con políticos o aquellos llamados acuerdos promovidos por la Junta de Control Fiscal. Estos solo serán válidos en la medida que surjan de la lucha, pero si por el contrario, surgen para evitar la lucha o desmovilizar a quienes están en la calle, entonces debemos levantar bandera y revisar cuidadosamente las consecuencias.

No podemos legitimar ni el Plan Fiscal de la JCF, ni los acuerdos para pagar o reestructurar la ilegal deuda, llámese COFINA, Plan de Ajuste de Obligaciones Generales o reestructuración de la deuda de la AEE. Estos acuerdos son la gran estafa a nuestro pueblo.

Estafa que comienza con la creencia de que la deuda es nuestra y debemos pagarla. Luego nos presentan alegados acuerdos que no pagan o saldan deuda alguna. Por el contrario, los llamados acuerdos solo refinancian la ilegal deuda, comprometiendo la vida de las futuras generaciones con un condena de deuda asegurada por más de cuarenta, 40, años.

Y no menos importante, ya que es la esencia del problema para Puerto Rico, no podemos olvidar que todo lo que nos ocurre en nuestro país surge de la naturaleza colonial de un sistema impuesto por la fuerza militar de Estados Unidos y articulado legalmente por el Congreso y el Tribunal Federal.

La abogada que honrosamente defendió la posición de la UTIER sobre la ilegalidad de los nombramientos de los miembros de la JCF en el Tribunal Federal el pasado 16 de octubre hizo énfasis en la urgencia de revisar los Casos Insulares que permiten el colonialismo en Puerto Rico. La respuesta del Tribunal Federal fue elocuente, “no vemos la pertinencia”. Es obvio, que ellos quieren seguir cobrando deuda, ese es el negocio del capital y la colonia sirve para ello.

La abogada Jessica Méndez Colberg, ha hecho su parte dignamente. Nos toca a los dirigentes sindicales comprometidos echar el resto.

¿Cuándo acabarán los abusos contra estudiantes de educación especial?

Por Josefina Pantoja Oquendo/Especial para CLARIDAD

Comencé a trabajar en la defensa de las niñas, niños y jóvenes con diversidad funcional en el 1993. Para entonces ya la Lic. Georgina Candal y el Lic. Heriberto Quiñones, de Servicios Legales de Puerto Rico, habían presentado el caso que se conoce como Rosa Lydia Vélez vs ELA. El ya fallecido y valiente juez de Primera Instancia, posteriormente integrante del Tribunal Supremo de Puerto Rico, Peter Ortiz, certificó la acción legal como una de clase y emitió un Injunction Preliminar para detener los desmanes y violaciones de derecho en los que estaba incurriendo el entonces Departamento de Instrucción Pública, que estaban registrados en el Programa de Educación Especial. Itzamar, la hija de Doña Rosa Lydia Vélez, era una de esas estudiantes. Para entonces ni siquiera había un procedimiento de querellas organizado, los grupos eran separados de la población típica y conseguir servicios educativos, las terapias necesarias y otros apoyos era un calvario. No había consecuencias a tales actos abusivos. Tratándose de un problema generalizado, el Juez Ortiz determinó que de la misma forma había que tratarlo. Tuve la oportunidad de ser abogada del caso hasta el 1996, cuando una reglamentación federal instada por el gobierno republicano Estados Unidos le prohibió a los programas de Servicios Legales representar demandas de clase.

Importantes progresos se han logrado a través del pleito, siempre enfrentando la burocracia gubernamental, la falta de voluntad y transparencia y, en no pocos casos, de sensibilidad, sin importar el color político que prevalezca en la Fortaleza y el Capitolio. En el 2002, la ex jueza Sonia Vélez emitió la sentencia final en el caso por estipulación entre las partes. El Tribunal mantiene una monitoría constante que ha evidenciado el incumplimiento continuo por el Departamento de Educación por lo que ha sido obligado a pagar multas diarias, que al día de hoy son de cinco mil dólares. Parte de ese dinero es devuelto a la clase por medio de servicios que ofrecen entidades no gubernamentales a través de propuestas.

A pesar de todos los tropiezos que el estudiantado con diversidad funcional y sus familias han enfrentado, el activismo de éstas y de las organizaciones que les apoyan ha logrado mantener sus reclamos de equidad en el ojo público. Cuentan además, con la protección constitucional a la educación y con legislación de Puerto Rico y de Estados Unidos que exigen una educación pública e individualizada para atender sus necesidades. La Federal conlleva además, millonarias asignaciones de dinero para que se ofrezcan unas garantías procesales. Ha trascendido que desde hace unos meses el Departamento está en sindicatura con relación a los fondos que provienen de Estados Unidos. La controversia sobre la disponibilidad de dinero para cubrir las necesidades del Programa de Educación Especial ha sido noticia de primera plana, casi a diario. Las informaciones que provienen del secretario de la agencia y de la Junta de Control Fiscal son contradictorias en cuanto a quién es responsable de que el dinero para los servicios esté en riesgo.

Mientras tanto, otro grave peligro amenaza a esta vulnerable población. Se trata de un proyecto de ley iniciativa del representante a la Cámara y también Secretario del Partido Nuevo Progresista (PNP), June Rivera. La legislación tiene el propósito de derogar la Ley 51 de Educación Especial, dirigida a estudiantes con diversidad funcional. Aunque en muchas de sus partes la propuesta constituye una traducción literal de la ley federal (IDEIA, por sus siglas en inglés), lo que es totalmente innecesario, trae consigo disposiciones que perjudicarían a este sector de la sociedad. Para señalar solo algunas: Excluiría de la protección de la ley infantes desde que nacen y hasta que cumplen tres años; aumentaría los términos para las determinaciones de elegibilidad e inicio de servicios en contradicción con lo establecido en la sentencia del pleito de clase; crea un entarimado burocrático en las regiones educativas con una cantidad de puestos sorprendente; incrementaría la ya alta politización partidista en la agencia porque la persona a cargo de la secretaría especial de Educación Especial sería designada por la gobernadora con la confirmación del Senado. Peor aún, las juezas y jueces que adjudican las querellas por violación de derechos y garantías procesales, también serían nombradas por Fortaleza y confirmadas en el Senado, incluyendo uno de los puestos que administraría la Unidad Secretarial de Querellas. Sabemos que, igual que ocurre con los nombramientos a la Rama Judicial, el criterio de selección favorito será el de las palas políticas. La persona que administre tendrá un salario equivalente al de un juez superior. Los demás ganarán lo que un juez municipal. ¿De dónde va a salir la enorme cantidad de dinero que tal esquema conllevaría? ¿Quién se va a beneficiar con todo esto?

El proyecto crea también la figura del “Defensor de Menores con Diversidad Funcional”, al mismo tiempo que se crearía una “Junta Examinadora de Defensores Judiciales” en el Departamento de Estado que les expediría licencias, les cobraría cuotas y podría imponerles multas. Tendrían que tomar cursos con organizaciones no gubernamentales sobre los temas que la Junta establezca. Por supuesto, los nombramientos a la Junta también serían hechos por la Gobernadora. ¿Cuáles son esas organizaciones que ofrecerán cursos, por qué tantos requisitos para personas a las que solo se les requeriría diploma de escuela superior y que sean ciudadanos americanos, como si este último requisito les hiciera más capaces? Haciéndome eco de la sabiduría del refranero popular, “Aquí hay gato encerrado”.

El peligroso proyecto de ley al que estamos haciendo referencia ya fue aprobado el año pasado por ambos cuerpos legislativos, pero la Junta de Control Fiscal advirtió de su improcedencia por los altos costos que conllevaba y el entonces y luego botado gobernador Roselló, lo vetó. Poco después el representante Rivera volvió a presentarlo y ya fue aprobado por la Cámara con el voto en contra de las minorías, del Presidente del Cuerpo y de un representante de la mayoría no vidente. Lo hicieron a la carrera y sin celebrar vistas. Ahora el Proyecto 1945 está en el senado donde se han estado celebrando vistas, en las cuales las organizaciones con un gran historial en defensa de la población de Educación Especial se han opuesto vehementemente al Proyecto. Existe un consenso por parte de las familias y de las organizaciones que trabajan con la población de estudiantes con diversidad funcional de que la legislación propuesta atenta contra su bienestar y que no responde a sus necesidades. Por el contrario, les quita reivindicaciones ya alcanzadas, añadiría partidismo y politización a los muchos problemas que hay para acceder a los servicios, conllevaría un incremento en gastos que no redundarían en su beneficio, sino en mayor burocracia. Parecería tener el propósito de favorecer intereses ajenos a una población cuyos derechos ya han sido violentados en demasía. Como dice otro sabio refrán, “Se juntaron el hambre y la necesidad”: la falta de fondos por el mal manejo administrativo y la aprobación del proyecto de ley proveniente de un representante que por nada se ha destacado en la Legislatura, excepto por ser el Secretario del partido en el poder. Como en el verano de 2019 hay que hacer lo necesario para evitar un abuso más contra la población de Ecuación Especial.

René Marqués: Sociedad y Literatura

 

Por Roberto Echevarría Marín/Especial para En Rojo

Introducción 

René Marqués lega una obra visionaria; desmantela imaginarios sociales dominantes, representa las voces, los gestos y los sentimientos de personajes comunes, problematiza la realidad nacional de su tiempo espacio y muestra compromiso personal, defendiendo posturas políticas progresistas en favor de una nación soberana, de una sociedad de inclusión libre del flagelo del empobrecimiento. 

El escritor arecibeño no solo observa convenciones estéticas; arma una arquitectura narrativa que conlleva un andamiaje ético. El estilo y la sustancia son sus elementos constituyentes. Un examen moral, en su concepción universal más amplia, concreta esa simbiosis creativa. Sus elementos literarios desperezan los sentidos y la conciencia. Deshacen los silencios. Problematizan lo presuntamente normal. Desestabilizan las certezas. 

Desvincular la política de la literatura, implica Raymond Williams en The Long Revolution, concreta una asepsia narrativa que torna invisible, entre otras cosas, los desafueros del poder y las angustias que origina la inequidad socioeconómica. René Marqués, por el contrario, focaliza los efectos de las políticas de estado sobre los individuos, desvencija la abstracción que silencia interpretaciones, experiencias y sentimientos sociales inconvenientes. 

Marco teórico

En su libro Marxism and Literature, Raymond Williams conceptualiza lo que llama “estructuras de sentimiento”, en referencia a las experiencias que se viven en el presente. Comprende el fluir de las relaciones, las instituciones, las formaciones, las posiciones que inciden en lo personal. Valida el aquí y el ahora; destaca lo vivo, lo activo, lo subjetivo. El arte y las estructuras de sentimiento tienen elementos en común: pulsan, comunican, pregonan evolucionan. Su lectura nos confronta con “…complejidades conocidas, tensiones experimentadas, fluctuaciones, incertidumbres…” (129). 

Por otra parte, Karl Marx afirma que las condiciones materiales constituyen el motor de la historia. Marx analiza, como nadie lo ha hecho, los efectos del capitalismo sobre la vida social de los seres humanos. A la luz del materialismo histórico, Marx afirma que la actividad económica colectiva configura las sociedades humanas y sus instituciones culturales. 

Siendo así, recurriré a Raymond Williams y a Marx para intentar dar cuenta sobre cómo se articulan y se explicitan las estructuras de sentimiento; cómo operan esas estructuras de sentimiento contrapuestas a la pretensión del capital de convertir toda experiencia en mercancía; y como se crean y se organizan nuevas estructuras de sentimiento en tres cuentos de René Marqués: “Otro día nuestro”, “Tres hombres junto al rio” y “En la popa hay un cuerpo reclinado”. 

Contexto histórico: En una ciudad llamada San Juan se publica en 1960. La humanidad ha atestiguado el uso inmoral de poder que ha caracterizado a Estados Unidos: bombardeos atómicos sobre poblaciones civiles japonesas, el golpe de estado iraní que llevó al notorio Shah al poder y el golpe de estado a Jacobo Arbenz que sumió a Guatemala en un baño de sangre, entre tantas otras injusticias del poder de triste recordación. Esos eventos pesan en la conciencia de René Marqués y abonan, en alguna medida, a la riqueza extraordinaria de su obra, al despliegue de estructuras de sentimientos desperezadas de un pasado inerme e inerte. 

En su prólogo al cuento “Otro día nuestro”, “[El autor] solo ha querido dramatizar un problema del hombre moral en el hombre histórico: el descubrimiento quizás más espantable que pueda hacer un hombre, el de saber que vive una época que no le corresponde” (19). Aunque el autor dice que el cuento no trata sobre persona real alguna, creo que la voz narrativa y los gestos, las palabras, las acciones y los utensilios del personaje a quien los guardias llaman “maestro” permiten inferir que se trata de don Pedro Albizu Campos. 

El ideario de ese hombre agobiado por cansancio físico y existencial propone estructuras de sentimiento contrapuestas al coloniaje. Percibe que el poder no logrará suprimir el desarrollo histórico de su patria. La califica de “nación en ciernes”, implicando que el fluir del desarrollo histórico rebasa al control de Washington. El hablante traza paralelos entre el maestro ponceño y el maestro judío. Le abruma una sensación de soledad similar a la que padeció el Cristo crucificado. “Maestro”, le han dicho, “tiene usted rostro de Cristo”. De la misma forma en que Roma consideró que el judío desafecto amenazaba el interés imperial, Washington consideraba que este ponceño de piel negra amenazaba los intereses del imperio. 

El protagonista del cuento imagina valores y respuestas para valores y respuestas inexistentes. Intuye que existen mejores estructuras de sentimiento que encausen el bien común. Si se padecen aflicciones del alma es porque la realidad material engendra insatisfacción, es porque los dados de la vida cotidiana están cargados contra la inmensa mayoría que lucha por acceder a una vida decorosa. 

Marqués recurre a la ficción para desplegar una estructura de sentimiento desconocida para muchos: que el lector experimente el drama humano de un alma superior a su tiempo, de un espíritu que acoge como suyos los reclamos de los trabajadores en momentos históricos azarosos en que propuestas de reforma estructural al Capitalismo se descalifican bajo la conveniente etiqueta de “subversivo”. 

El cuento despliega el drama, el conflicto interior que estremece a un alma sensible consciente de que sus partidarios están muriendo, de que luchar por un Puerto Rico soberano conduce a la muerte o a la cárcel. La profundidad material y psicológica conque el escritor delinea este personaje, lo vívido de la narrativa que revela las ambigüedades que conturban el espíritu sensible del hombre es magistral. 

Creo que el protagonista de “Otro día nuestro” lee correctamente su tiempo. Algunos puertorriqueños viven estructuras de experiencia agradables producto de un momento histórico favorable. Comienzan a considerar las bondades de un consumo ilimitado. Se transmite la idea de progreso ininterrumpido validado por casa y auto propios. Su visión, sin embargo, rebasa la de sus conciudadanos. Sabe que esta clase media incipiente disfruta de una bonanza cíclica. Sabe que, por el momento, su propuesta política carece de posibilidades. Es consciente también de que la calidad de vida que experimentan sectores del país en los días de la posguerra ha excluido a muchos conciudadanos; los arrabales y las crecientes comunidades diaspóricas desmienten la versión oficial. El maestro sabe que la solidaridad y el bien común se contraponen al estatus quo. Identifica lo fugaz del brillo dorado, y anticipa los dolores futuros que le seguirán a un avance económico contingente, fortuito ante una Europa y una Unión Soviética destruidos. 

El cuento “Tres hombres junto al rio”, como sabemos, trata sobre tres taínos que deciden ahogar a Diego Salcedo en el río Grande de Añasco para comprobar si los españoles eran dioses. Al menos eso dice la leyenda. El escritor representa esa escena para propósitos narrativos. En este cuento, la búsqueda del saber es una empresa comunitaria; la sobrevivencia está en juego. Los tres hombres se proponen cuestionar su propia premisa con respecto a la inmortalidad de los españoles. Para ello, recurren a la experiencia empírica del experimento. 

Los taínos expresan estructuras de sentimientos que conjugan el temor, la incertidumbre; tratan de defender sus prácticas culturales ante la irrupción violenta de paradigmas culturales desconocidas, que alteran su idea del mundo conocido. Chocan las ideas del momento inacabado con el momento acabado. Para los españoles, la sumisión a los reyes y a la Santa Iglesia Católica constituyen momentos únicos, prácticas sociales y culturales inmutables. Su cuestionamiento se paga con la vida. Se trata de responder de manera unívoca a lo que Michel Foucault llama “monumentos”, esas edificaciones sociales imaginarias que se condensan en un momento detenido en el tiempo. Los taínos, al proponer el ahogamiento de Salcedo, manifiestan una actitud de ruptura. Se aventuran en lo desconocido; emprenden el tanteo sin conocer su desenlace, actitud que presupone valentía y deseo de saber, de vivir y sentir a la luz de nuevas experiencias. 

Deseo cerrar esta reflexión con el cuento “En la popa hay un cuerpo reclinado”. El cuento trata sobre un personaje atormentado por sus circunstancias personales y existenciales. El hombre termina matando a su esposa y cercenándose el pene. Adelanto mi hipótesis: Ese acto violento contra sí mismo simboliza su desvinculación con el patriarcado; concreta el rechazo a las imposiciones inherentes a la masculinidad socialmente construida. Recurre a la violencia para destruir los que, a su juicio, son los dos focos de tensión interna y externa. Este acto de violencia, en respuesta a condiciones materiales, nos lleva al concepto Freudiano de Tanato o pulsión de muerte. 

Nótese que Marqués usa unas líneas del sobrecogedor poema de T.S. Eliot, “The Waste Land” a modo de epígrafe. En este poema extraordinario, Eliot reflexiona sobre lo que le parece ser la cultura degradada y degradante de Occidente. 

A través de su fluir de conciencia, el personaje evoca numerosos momentos desagradables de su vida. Estos incidentes comienzan con su madre. Recuerda, por ejemplo, que quería usar zapatos cómodos pero su madre le obligaba a usar los que le aprietan porque “son los que quedan bonitos”; quiere ser escritor pero su madre dice que eso no es una meta decorosa, que su destino es ser maestro porque viviría una vida libre de privaciones; ama una joven de piel negra, pero su madre decía que tiene que ser blanca y bien nacida; quisiera tener más hijos porque se ha muerto el primogénito, pero su esposa no consiente porque se le deforma el cuerpo. 

A pesar de que pronto perderá su casa por no poder pagarla, su esposa exige vivir como gente decente. Ella recodifica la categoría “decente” para designar a las personas que poseen todos los accesorios domésticos de moda, que visten bien y que intiman con la llamada alta sociedad. Ella creía que la felicidad la engendra “las cosas buenas que se hacen en las fábricas”. La esposa define los deberes que le adjudica el patriarcado al esposo en los siguientes términos: “Un hombre de verdad le da a su mujer lo que ella no tiene” (105). El maestro, por el contrario, solo busca “…vivir tranquilo, buscando un sentido de [la] vida…no logrando encontrarlo jamás” (106). 

La mujer está actuando el libreto que ha suscrito la sociedad burguesa colonial. Según el imaginario patriarcal, la mujer es física, intelectual y emocionalmente débil. Este apéndice social existe para satisfacer las necesidades del hombre y atender el hogar. Al focalizar sus necesidades materiales, ella ilegitima la noción del bien común, y, a tono con la concepción capitalista, antepone su interés personal al de la familia. Después de todo, el capitalismo constituye la apoteosis del egoísmo. Creo que René Marqués intenta representar el impacto material de una política económica deshumanizada y deshumanizante; despliega las consecuencias de un materialismo que corroe las relaciones humanas y fulmina la acción colectiva. 

Marqués nos lleva a considerar como los roles sociales de género hilvanan un performance escrito por el poder; dramatiza la lucha de un ser humano contra la precariedad, asunto que se ha tornado mucho más agudo en nuestros días. Estos personajes actúan conforme a normativas socializantes, practican una repetición ritual, como dice Judith Butler en Gender Trouble, que se instala en el cuerpo y en la mente. Movimiento y pensar discurren al unísono develando el poder de los patrones culturales dominantes. 

Sus respectivas conciencias exponen como se ven a sí mismos y como se perciben en el mundo. Sus estructuras de sentimiento giran en torno a la insatisfacción, porque, según confiesa ella, “…nací para otra vida…porque la vida no tiene sentido sin un televisor” (105). Según confiesa él, Anita, la prostituta, “…no pide absurdos” (101). Esta es la estructura de sentimientos que predomina en el hogar. Si esta estructura es también una hipótesis cultural, como dice Williams, se enfrentan dos paradigmas culturales antagónicos. Se contraponen un sujeto moldeado por la ideología del capital, por la racionalidad del consumismo a un sujeto que aspira a la libertad plena. De manera que la situación económica constituye el origen de los conflictos domésticos y del trágico impulso instintivo de la violencia. 

Por su parte, la voz narrativa asume una postura impersonal; describe lo que percibe desde la distancia. Expresa, por ejemplo, en referencia a un collar de seda que adornaba el cadáver de la mujer, que “Lucía bien el rojo sobre el blanco cremoso de la piel” (94). No registra emoción alguna. Describe las escenas con precisión quirúrgica. La primera estructura de sentimiento negativa surge del hombre: “El bote pesa menos que el sentido de mi vida junto a ti” (96). El bote le parece ingrávido contrastado con el peso existencial de su realidad conyugal y económica, una incidiendo sobre la otra. La pareja trata inútilmente de vivir acorde con la idea tradicional de lo que es ser hombre y mujer. En ese sentido, como diría Butler, la pareja opera como un signo cultural, “…materializándose uno mismo en obediencia a una posibilidad históricamente delimitada…” (522). 

El protagonista percibía la parálisis del tiempo, acuciada por la sensación de inmovilidad existencial, el peso abrumador de una cotidianidad anclada en las obligaciones que impone la construcción social de género, estremecido por estragos inherentes a la sociedad de consumo. Su precariedad económica comulga con una sensación de vacío existencial. Ni el Capitalismo, sistema de organizar la economía; ni la sociedad, operando bajo el colonialismo y la individualidad en menoscabo de la acción colectiva y del bien común, generan experiencias de logro y satisfacción. 

El peso de su situación existencial induce a la reflexión, al cuestionamiento de todas las certezas aprendidas: “Porque hay un absurdo cruel en el sentido equilibrio de ese alguien responsable de todo; que no es equilibrio…que no es igual a…que el mundo gire sobre un eje imaginario, porque estar aquí no lo he pedido yo, del mismo modo que nunca pedí nada. Pero exigen, piden, demandan, de mí, de mí solo” (96). Una cosmogonía absurda refulge en una vida sin sentido y sin propósito. La desesperanza corroe su alma. No hay solución porque lo absurdo rebasa lógica y pensamiento. 

Según Hannah Arrendt, la violencia es el resultado de la sensación de impotencia que lleva a la frustración y desemboca en agresión. Las tensiones internas y externas que agobian al maestro terminan por extinguir la fuerza psíquica del amor; eros no puede contener el poder destructor del tanatos freudiano, alimentado por pulsiones existenciales, por una creciente precariedad económica y múltiples exigencias sociales que desembocaron trágicamente en una ruptura violenta con el patriarcado. Ambos, a fin de cuentas, son víctimas del “progreso que se vive”. 

René Marqués revela sus propias estructuras de sentimiento en su representación de las emociones, los sentimientos y las culturas que enmarcan los actos y las creencias de sus personajes. Al recrear esas estructuras, nos permite acceder y compartir esas experiencias. Las desplaza del desván de un pasado polvoriento para reanimarlas, para mantenerlas vivas en nuestras conciencias. Y mientras estén vivas, discurren en la historia, indetenibles, hasta el momento en que se pose un nuevo sol sobre Boriquén, clareando, latiendo con el corazón de un puertorriqueño que amó a su patria, un hombre, que con sus luces y con sus sombras, prefigura un futuro de libertad, en su expresión más amplia.

Dos mujeres, una ruta: Alicia Alonso y  Nilita Vientós Gastón

 

Por Efraín Barradas/Especial para En Rojo

La foto tiene que ser de 1978, cuando Alicia nos visitaba. Fueron varias sus visitas a Puerto Rico y muy probablemente Nilita y Alicia – perdonen que trate a estas distinguidas personas con la confianza del nombre solo, pero así las conocemos – se tuvieron que haber encontrado en todas esas ocasiones. Nilita estaba o era entonces el centro del mundo intelectual nacional y la visita de una figura tan importante como Alicia no podía pasar desapercibida para ella. De seguro estuvo en el Teatro Tapia cuando esta bailó el segundo acto de “Giselle” en febrero de 1955. 

Pero la foto que contemplo de estas dos mujeres no es de ese momento y aparece reproducida en el libro de Ruth Vassallo, Nilita Vientós Gastón: Una vida en imágenes (1989). Es la imagen de una copia de la foto dedicada por Nilita a Vassallo y está fechada en abril de 1981. Pero tuvo que ser de la visita del 1978 y creo que la sacaron en casa de Nilita. Tuvo que ser durante una de esas tertulias que ella organizaba en su casa y a las que asistían todos los intelectuales que pasaban por la Isla y allí conocían a los del patio, para decirlo con una frase que ya no se usa.

Me atrae la foto; me atrae mucho y quiero explorarla más. Aclaro que no hay que haber leído los magníficos libros de Roland Barthes y Susan Sontag sobre la fotografía para intentar adentrarse en esta que es una mina y un tesoro. Sin erudición, sin citas, sin notas a pie de página, pero con mucho interés, comienzo la tarea que me he asignado: examinar esa foto. 

En ella las dos mujeres se miran y se sonríen. Alicia lleva sus gafas que siempre me hacen pensar en las que llevaba Victoria Ocampo. Pero mientras que las de la argentina eran signo de estatus social y de vanidad, las de Alicia eran necesarias por su terrible condición de los ojos, ya entonces su casi ceguera. Lleva también Alicia el paño que cubría parte de su frente y su cabellera. Las gafas y el paño atado a la frente se convirtieron en atributos que la identifican. Los llamo atributos como los objeto que en un cuadro religioso identifican a los santos: las tenazas a santa Apolonia, la rueda rota a Santa Catalina, la parrilla a san Lorenzo… Así mismo, como atributos de santo, las gafas y el paño que es casi turbante identifican a Alicia. En la foto esta aparece muy modestamente vestida, pero su mano – estilizada, elegante, dramática – le quita la humildad a su vestimenta y le da a toda ella un tono de distinción, un aire de pose escenográfica, un soplo de danza en acción. Alicia no dejaba de bailar aunque no estuviera en escena y tratara de estar quieta. La esencia de Alicia es la danza.

Nilita también sonríe y también mira amistosamente a Alicia. La vestimenta de Nilita es mucho más elaborada. Lleva un vestido de grandes mangas abultadas y de tela estampada. Pero lo que domina en su atuendo es un gran collar de varias vueltas y un prendedor – excesivo: con el collar bastaba – que cierra el cuello del traje. Son esas joyas llamativas pero de fantasía que Nilita, discípula de Coco Chanel, lucía y hasta ostentaba como provocación. Si Alicia lleva su casi turbante, Nilita luce su peluca. Y sus manos, en contraste a la dramática mano de Alicia, se juntan en la rodilla dándole así una expresión de comodidad en una postula casi deportiva, plenamente doméstica. Las dos mujeres posan sin saberlo o sin posar premeditadamente. Pero una lo hace casi como si bailara mientras que la otra refleja la comodidad y la confianza de quien está en su casa, su casa que es biblioteca. La esencia de Nilita es la lectura.

El atuendo y la pose no están ahí en vano ni son expresión de vanidad. Tanto Alicia como Nilita, especialmente Nilita, sabían que una de las herramientas sociales que tiene la mujer es la vestimenta. Las dos usaban los vestidos y las prendas – que no son joyas – para crearse una persona, una personalidad, un personaje. Y a través de ese personaje hablaban y creaban su mundo que se proyectaba mucho más allá de la mera vestimenta. El vestido es un punto de arranque, una señal de partida pero no una meta. Las dos vestían como damas, como señoras burguesas. Pero sus atuendos se convertían en armaduras de guerreras. Vestían para establecer posiciones ideológicas. No nos equivoquemos, pues este detalle es muy importante para entender plenamente a estas dos grandes luchadoras.

Mucho más se puede decir de esta foto que para mí es icónica y sintetiza mundos. Pero por el momento creo haber dicho suficiente o lo suficiente para dar otro paso, para apuntar a la ruta que estas dos antillanas siguieron y abrieron para todos nosotros.

Sus mundos o sus campos de acción fueron muy distinto. Alicia se dedicó a la danza y Nilita, aunque de joven quiso ser cantante de ópera, tuvo como escenario su biblioteca y su revista. Alicia tuvo una proyección internacional mientras que la de Nilita, sin dejar marcar tímidamente rumbos fuera de la Isla, fue más local, más restringida a nuestro ámbito político e intelectual. Pero ambas abrieron puertas y marcaron rutas. Ambas, aunque desde perspectivas siempre antiimperialistas, tuvieron una rica y productiva relación con los Estados Unidos. Alicia se formó como bailarina en Nueva York donde siempre fue admirada, como lo evidencia el obituario que le dedicó The New York Times. Para Nilita no hubo obituario en ese diario neoyorquino, aunque estudió la escuela superior en Long Island y regresó más tarde a los Estados Unidos a estudiar por un verano en Kenyon College. Pero siempre mantuvo sus ojos abiertos a lo que pasaba en la metrópoli y fue gran admiradora de las letras y la cultura estadounidenses. No es casualidad que el primer libro que se publicó en español sobre Henry James fuera obra suya. Las dos, sin abandonar su postura crítica y profundamente política, dejaron de admirar lo bueno de la cultura estadounidense.

Nilita era diecisiete años mayor que Alicia y murió hace treinta. (Para mí no parece cierto porque creo que todavía está viva y que deambula por mi casa llena de libros, casa que intenta imitar a la suya.) Treinta años después que Nilita, hace unos días, murió Alicia. Como no soy creyente, no digo que se juntaron en el cielo. Para mí se juntaron en la foto que es un pequeño cosmos donde ambas disfrutan una de la otra, disfrutan de su compañía y me invitan a compartir con ellas a través de este comentario. 

La muerte de la gran bailarina cubana me llevó a buscar la imagen de estas dos mujeres en esta foto que es el punto de partida de estas breves páginas que son un homenaje a ambas. Por largo rato me he quedado observando y estudiando la foto y pensando en lo mucho que los antillanos les debemos a estas dos mujeres. El impacto de Alicia se sintió directamente en Puerto Rico. La labor de Ana García, Gilda Navarra, Juan Anduze, José Parés y muchos otras figuras de nuestra danza son prueba de ello. Nilita no tuvo un impacto parecido en Cuba, donde pasó su infancia. Pero recuerdo mi sorpresa cuando comencé a estudiar la revista de José Lezama Lima y Pepe Rodríguez Feo y me topé con un anuncio de Asomante en Orígenes. 

Fueron mundos distintos los de Nilita y Alicia. Pero las dos nos abrieron rutas con una única lección fundamental para todos. Rigor absoluto: el rigor es absolutamente necesario para lograr una obra de valor. Para mí esa fue la ruta principal que me abrió Nilita y, creo, que la lección de Alicia para todos es la misma: rigor y dedicación a lo que se hace, sea bailar el rol de Giselle o escribir un libro sobre Henry James. 

Alicia y Nilita son dos mujeres antillanas que nos abrieron una ruta universal.