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Será Otra Cosa: Los días últimos

Errata: La semana pasada la columna  de Será otra cosa, salió en la edición con el nombre de Beatriz Llenín y por unas horas corrió en este medio igual, la columna con el título: La escuela es un corazón es de  Rima Brusi. Pedimos a la compañera mil disculpas por este error.

amf.

Por Sofía Irene Cardona / Especial para En Rojo

Una vez mueres, el cuerpo ya no te pertenece. Si te enfermas, esto sucede un poco antes. Manejan tu cuerpo, lo examinan por dentro y por fuera. Entran al cuarto y salen del, con el mismo gesto de expertos, técnicos, enfermeros, doctoras, a bregar con tu cuerpo. Te pinchan, te tocan, te bañan. Te dicen poco. No entiendes nada. Eres un cuerpo que mueven de un lado a otro, que aprietan, que frotan, que cortan. Sólo yo te acaricio y te arropo, me aseguro de que estés tibio bajo las frisas. Traigo más tereques. Te pongo medias. Te doy un sobo en las pantorrillas. Te afeito, te peino con mi mano. El enfermo de al lado siente envidia. Me dice que su mujer también está enferma y no puede venir, me lo dice como excusándose.

Estar enfermo

La enfermedad te expulsa del mundo, o más bien de la rutina. Los saludables te pueden mirar con pena o con empatía, hasta con indiferencia. Pero los enfermos nos sabemos excluidos de lo que los de afuera llaman la realidad. La sensación continua (yo diría que la certeza), sin embargo, es que lo único real es esto.

El cuerpo está roto, dañado, y como una fruta que se deteriora ante nuestros ojos, podemos sentir que muere. Pienso en esos días últimos. Pensábamos – al menos yo pensaba – que habría un poco más de tiempo, que tendríamos la oportunidad de sentirnos agotados, casi reconciliados con la idea del final, pero todo fue demasiado rápido. Trato de recordar esos días y me asusta encontrar ahora los días confundidos, recuerdos opacos que se funden unos con otros. Tratábamos de amalgamar fuerzas, espantar miedos, ignorar nuestras intuiciones, el olorcillo temible de lo fatal. Pero el cuerpo, como he dicho, ya estaba roto. 

Buscar información

Averiguar sobre las dolencias (propias y ajenas) en la internet es una nueva tentación, y a veces podría ser un gran alivio. Se necesita cierta destreza, en mi caso adquirida en la profesión, y también la cabeza fría, para no derrumbarse ante las malas noticias. Encuentras estadísticas, definiciones que requieren más definiciones, testimonios que te espantan o te alivian, o te despistan.

Los laboratorios tardan y cuando llegan están sellados y en inglés. Vuelves a la computadora y sigues buscando el sentido de las frases misteriosas. Vivimos esos días como en una bruma espesa, los días son largos.

Las salas de espera

La familia de Manatí no tiene auriculares y todos están inclinados sobre sus teléfonos. Creen que me interesa el programa del mediodía y las baladas cristianas. Hay muchos religiosos en las salas de espera, y no sé por qué. Supongo que se vuelven así cuando se enferman, o están muy mal alimentados, o son la mayoría en el país. Ya no sé dónde estoy, no entiendo el mundo, pero me voy acostumbrando a las esperas y a la gente cabizbaja como en oración o muy avergonzada. 

Los hospitales

Lo que no aparece en las películas es este frío constante que nos separa de la vida de los de afuera. Los de adentro estamos a la merced de las rutinas de las enfermeras, equipos de doctores, funcionarios, guardias de seguridad, empleados de la cafetería, encargados de limpieza y gallinas que transitan por los predios del hospital. Todos simulan un control que es imposible; el desastre, la catástrofe es su territorio. Nadie está sano y a veces quienes visitan tienen peor aspecto que el visitado.

Los médicos

Los médicos suelen distinguirse del resto de los seres humanos porque suelen subir la voz cuando entran a un cuarto. Hay excepciones, casi siempre femeninas. A las mujeres no les gusta gritar, se distinguen porque no tienen tiempo que perder y de vez en cuando te echan el brazo. Los doctores que hablan a volumen moderado suelen ser los mejores, ojo. Suelen ser también los que mejor escuchan.

El médico de piso está siempre ocupado y nunca entiendo lo que dice, pero suele estar disponible para escuchar mis dudas. Lo encuentro en el pasillo con frecuencia, frente a una computadora. Una noche tuve que bajar a buscarlo a la sala de emergencias para pedirle que se comunicara con otro doctor para hacer un trámite. Para lograr algún progreso, para conseguir alguna claridad, hay que buscar la manera de comunicarse con los encargados de los enlaces. No se puede llamar directamente al doctor, a pesar de que andan todos con sus celulares. Es difícil la comunicación, aunque sobren buenas intenciones.

A los médicos no les gusta hablar de la muerte. No saben cómo. Vienen de noche en una visita extraordinaria (se han bañado y cenado en su casa, parecen refrescados) y te explican que la intervención tiene sus riesgos, que tú decides el próximo paso. Entonces calla, esperando tu respuesta. Parece fácil, parece que hay opciones, libre albedrío, posibilidad de éxito. Eso parece, pero no. Aunque los escuchamos con claridad no entendemos lo que dicen, o acaso no queremos aceptar lo que entendemos muy bien.

Yo insisto en preguntar y la doctora de turno se pierde en circunloquios sin mirarme a los ojos. Siento que su cabeza da vueltas sobre sus hombros como una muñeca rota. Le cuesta decir esas palabras: no hay nada que hacer. Es evidente que no está hecha para enfrentar ninguno de los horrores que vaticinan sus libros de medicina. Cuando termina de explicar, la veo alejarse por el pasillo perseguida por el aleteo de su bata blanca.

El guardia de seguridad

El guardia de seguridad vela por ti, pero te obliga a hacer la fila y te mortifica. Parece como si en lugar de protegerte, te vigilara para que no quebrantes ninguna de las reglas del hospital, sobre todo lo que concierne a las horas de visita. El guardia no vigila a la señora que me atosiga con las baladas cristianas ni a la familia de Manatí que ve el show del mediodía a todo volumen en su teléfono. El guardia no quiere que haya más de dos personas en el cuarto de mi enfermo. El guardia es un ciudadano respetuoso de la ley y está sano.

Las enfermeras

Las enfermeras tienen distintas maneras de bañar a un paciente. No hay una que lo haga exactamente como la otra. Cada cual tiene sus reglas e ideas de cómo debe organizarse el cuarto. A veces las enfermeras dan consejo espiritual. Esto podría venir bien si no estuviéramos tan asustados. En el momento de la agonía te ofrecen buscar un cura o te aconsejan que le digas las últimas palabras. ¿Cuáles? ¿Cómo te despides para siempre?

Hay un enfermero que se especializa en los cuerpos más pesados. No veo lo que hace, pero escucho al vecino solicitar específicamente a Víctor. Víctor es fuerte y se crió en Buen Consejo. Tiene una bonita voz y, efectivamente, puede bregar con los más pesados con delicadeza. Espero que a Víctor le sucedan muchas cosas buenas.

El muerto

El muerto ya no es él, pero me lo recuerda. Cierro sus ojos, la piel es todavía tibia, pero la boca insiste en quedarse un poco abierta. Pienso que debe tener relajados los músculos de la cara, o que necesita un espacio para ir saliendo de ese cuerpo. Puede que haya sido porque fue una muerte lenta y tranquila, un poquito sedada, para que la respiración no fuera angustiosa. En el transcurso, los ojos se quedaron blancos en algún momento y entendí aquello de “los ojos blancos de los muertos”. En esos días recordé muchas veces palabras leídas, ahora mejor comprendidas. De la muerte se habla mucho, se entiende poco; al parecer, nunca es suficiente.

Al muerto lo desconectan poco a poco. Hay que registrar el deceso según las señales de los electrodos. Nosotros insistíamos en tocarlo, y al parecer seguían detectando señales de vida, falsas señales provocadas por nosotros. Lo dejamos quieto por órdenes de los enfermeros y ahora me pregunto si nuestro muerto nos echó de menos en ese instante. Era un hombre valiente para estas cosas, debió entendernos. Acaso quiso que lo detuviéramos acá un poco más, como una chiringa tensa contra el viento. Soltamos las manos. Lo dejamos quieto. 

Y el hilo desapareció con él en una ráfaga.

La funeral director

En las funerarias hay una persona encargada de recibir los muertos. Más bien recibe a los vivos, los llamados “dolientes” que pagarán el funeral. Te sirven café o te, son muy amables. Nuestra “funeral director” es una muchacha risueña con ojitos redondos, como sacada de un dibujo de manga japonesa. Se ríe cuando se pone nerviosa, que es casi todo el tiempo, pero es eficiente y nos distrae la pena con sus gestos y ocurrencias. Nos cuenta todo. A ella no le gusta ir a los funerales donde la gente se descontrola. Dice que las viudas lloran como un perrito huérfano, y luego se ríe como una nena que descubre que ha dicho algo inapropiado. 

La funeral director también es la encargada de entregarnos las cenizas. Nos hacen firmar varios papeles y nos entregan una caja de cartón dentro de una bolsa de tela reciclable, ecológica y muy discreta. También nos dan un certificado de cremación que parece un diploma de sexto grado, por si acaso hay que viajar con las cenizas.

Bajo en el ascensor con la pesada bolsa en el hombro. Cargo con mi muerto como con la compra del supermercado. Me sonrío recordando a la funeral director y pienso que a mi muerto le hubieran encantado estos detalles de la historia. Agradezco la suerte de estas ironías y pienso esta tarde en lo afortunada que soy de estar tan viva, de saberme complacer con estas cosas, y en homenaje a mi muerto, escribo. 

La última carga de la caballería cosaca

 

Por Juan Forn

Difícil que en el año 1957 llegaran ejemplares de Il Corriere de Trieste al café de cada pueblo perdido en las montañas de la región. Pero cuando Il Corriere anunció el 13 de agosto de 1957 que tres funcionarios alemanes se habían apersonado en el camposanto de Villa Santina, con un permiso para exhumar un cadáver de una tumba sin nombre y trasladarlo a otro cementerio en Garda, donde yacían los soldados y oficiales muertos en Italia peleando por el Reich, los parroquianos de cada café de pueblo de las montañas de Carnia sabían perfectamente de quién se trataba (o, mejor dicho, de quién no se trataba).

No necesitaron leer que el cadáver llevaba doce años enterrado y que entre los restos había, además de huesos, un par de espuelas cosacas, un sable con la hoja rota y un reloj de bolsillo. No necesitaron leer que en la tapa de ese reloj estaba grabado el nombre del general Piotr Krasnov, para saber que ese cadáver no era el del gran atamán de los cosacos del Don que, durante unos pocos meses de 1945, se había establecido con sus hombres en aquella región perdida de la frontera entre Italia, Austria y Eslovenia, para crear allí, con permiso de las SS, un territorio autónomo que llevaría el nombre de Kosakia.

Generación tras generación, los parroquianos de esos inmemoriales cafés de pueblo repiten a los más jóvenes la historia. Cuando los nazis encararon la invasión de Rusia, reclutaron al general Krasnov para que sumara un regimiento de cosacos a las fuerzas del Reich. Krasnov, que había tomado el camino del exilio luego de la derrota del Ejército Blanco contra los bolcheviques y llevaba veinte años de exilio escribiendo con moderado éxito novelitas tártaras de caballería, partió en el acto a convencer a obreros de la Renault en Billancourt, porteros de hotel en Berlín, choferes de Zurich y acróbatas de a caballo de circos transhumantes, de que sólo ellos, los viejos cosacos del Zar, podían derrotar a los ejércitos de Stalin. Llegó a juntar cincuenta mil hombres, que aceptaron a Hitler como comandante supremo de las fuerzas cosacas y partieron al frente oriental a cambio de la promesa del Reich de que se les otorgaría un territorio en Ucrania, para crear allí su patria.

Los cosacos habían defendido históricamente de los tártaros los territorios del Zar, aunque tenían mucho más que ver con los tártaros que con el Zar (de hecho, se jactaban de ser los únicos en Rusia que lo desobedecían cuando querían). Algunos llegaron a pelear junto a Lenin en el ’17, creyendo que sin zares volverían los buenos tiempos de la autonomía anárquica, pero cuando comprendieron que los bolcheviques no los veían como otra cosa que perros de guerra, se pasaron sin prurito al Ejército Blanco, y cuando los blancos fueron derrotados ofrecieron crear un “Estado cosaco-soviético” donde no mandaran los comunistas. Desde entonces vegetaban en el exilio esperando cualquier oportunidad que les permitiera volver a Rusia, volver a guerrear. Recibieron con los brazos abiertos el llamado a filas del atamán Krasnov.

Los regimientos cosacos sufrieron una derrota tras otra junto al ejército nazi. La retirada los fue empujando desde Bielorrusia hasta el noreste de Italia, pero no les importó porque la promesa del Reich se mantenía, sólo que el territorio ofrecido fue cambiando a medida que los nazis perdían dominios. Y, a fines de 1944, lo único que les quedaba para ofrecer a los cosacos eran las montañas de Carnia. Allí convergieron, en la nieve, los regimientos de Krasnov, 17 grupos lingüísticos diferentes, llegados a caballo o en camello o en carromatos indescriptibles, rebasando de mujeres y niños tan salvajes como sus dueños. Había tantos generales como soldados (se decía que en aquella tropa era más fácil ponerse galones que ensillar un caballo robado). Sólo el atamán Krasnov se privaba de su montura, por sufrir de gota; se movía en un pequeño Fiat con chofer, custodiado por una guardia de 24 cosacos armados hasta los dientes.

En ese Fiat emprendió la retirada cuando las fuerzas aliadas y los partisanos de la Brigada Garibaldi ocuparon Trieste. Los cosacos retrocedieron hasta la frontera austríaca con el propósito de hacerse fuertes allí y recuperar su territorio (se decía que habían dejado enterrado un tesoro en las montañas: el fruto de sus saqueos por Europa). Pero al entrar en Austria se toparon con la desbandada nazi y supieron que su aventura había terminado. Krasnov negoció con los ingleses que se rendirían con una sola condición: no ser entregados a los soviéticos. Los ingleses incumplieron su promesa. Tenían a los cosacos en un campo de detención rodeado en tres de sus lados por alambre de púas y en el lado restante por las aguas heladas del río Drau. Una madrugada, cumpliendo los pactos secretos de Yalta entre Churchill y Stalin, los ingleses entraron en el campo con camiones, para cargar a los prisioneros y entregarlos al Ejército Rojo. Los cosacos no lo permitieron. Ataron a sus monturas bolsas llenas de piedras y, con sus mujeres y bebés en brazos, se fueron arrojando en masa a las turbulentas aguas del Drau. Unos pocos hacían frente a los británicos, mientras el resto se inmolaba de esa manera. Los ingleses sólo lograron entregar a los soviéticos una décima parte de aquellos cincuenta mil (que terminaron ejecutados o en Siberia); el resto dejó su vida aquella madrugada en las aguas del Drau.

Ese trágico suicidio colectivo redefinió para siempre lo que pensaban los campesinos de Carnia acerca de los cosacos de Krasnov. Cada noche, cuando hablan de ellos en el café, no rememoran las penurias que pasaron por su culpa ni el pánico que los embargó al enterarse de que los nazis les habían dado derecho a saqueo y que eso venían de hacer por aldeas de media Europa. Sólo recuerdan aquel gigantesco campamento en la nieve donde convivían caballos, camellos y humanos que hablaban diecisiete lenguas diferentes. Y son capaces de describir como si la hubieran visto con sus propios ojos aquella última carga desesperada, suicida, a las aguas negras del Drau.

Claudio Magris recorrió esos pueblos de montaña, pasó largas horas en aquellos cafés escuchando a sus parroquianos y escribió una novela emocionante con esa historia, que tituló Conjeturas sobre un sable. Pero no logró convencer a aquellos parroquianos de que Krasnov no se suicidó junto a sus hombres, sino que fue entregado por los ingleses a Moscú, donde fue juzgado por alta traición y ahorcado en 1947.

Los campesinos de Carnia descreen de todo lo que llega de las grandes ciudades. Eso incluye a Magris, a aquellos alemanes que creían haber hallado la tumba de Krasnov y a los oportunistas que aparecen cada tanto, buscando el tesoro perdido de los cosacos. En Carnia, Krasnov y sus huestes y el tesoro enterrado y nunca hallado pertenecen al mismo orden: así como pasaron por este mundo lo abandonaron después, con el mismo estruendo y furor, dejando detrás lo único que eran capaces de dejar, lo único que supieron tener en vida, lo único en lo que eran capaces de creer, su leyenda, su sorda y ciega y espeluznante leyenda.

Tomado de Página 12 con permiso del autor.

Ricardo Díaz Díaz,  ¡Presente!

 

Por Claudio Cruz Núñez / Especial para En Rojo

Son las diez y media de la mañana y dan la orden de ataque. Un badajo, ajeno a la voluntad de la patria hecha destello, azota la campana de la catedral. El comando de traje y sombrero, avanza por la calle Cristóbal Colón. El calor es denso, pegajoso, expectante, Hipólito Miranda camina, cubierto de combate y osadía. Eran seis y el sol, en el cenit de la transformación gloriosa. El treinta de octubre del 1950 fue un día de ráfaga y conciencia.

Hijo del barrio Santana de Arecibo, Ricardo Díaz Díaz, alias Dico, se labraba en el buril de las necesidades de los menos afortunados. Dignidad y valor regían en aquel hogar. De aquella casa salió el fuego de la luz y el ave del presagio. De allí salieron y crecieron como los montes, eternos y completos.

Cuatrocientos años de cárcel fue tu pena y ahí comenzó la metodología del estudio, la reflexión de lo leído, la búsqueda de los saberes y el destello de la memoria. Ni un minuto de arrepentimiento les diste a los guardianes de la sequía. Cuando saliste, incólume y sereno, yo era un transeúnte de los trajines de la década de los años 70. Te conocí jugando billar y exponiendo, con verbo fluido y contundente, el claroscuro de nuestra realidad colonial. Nada de sermones, ni de odios carceleros. Tú dejabas caer la semilla, con la paciencia de un labriego. Así compartimos mucho, yo indagando, usted alumbrando.

Rompiendo mentiras, combatiendo tempestades. Eran los tiempos de Maravilla y la secuela del plomo y el silencio. Los amores truncos, el poema coloquial y el alma, colgando, como cuelgan los sinsabores de la vida. La vida, Dico, avanzó y así avanzaron los pájaros del desespero, los carros del retroceso, el epicentro de lo que pudimos, de lo que pensamos, de lo que te tocó, Dico, ir de frente, con el pecho y el alma de par en par. Así te hiciste, compañero.

Claudio Raúl Cruz Núñez

12 de agosto de 2019

El pueblo se levanta-2nda parte

 

Por María Cristina / En Rojo

En la 1era parte de este escrito abordé algunos de los documentales que mejor presentaban ese movimiento popular que comienza con pocas personas y poco a poco, o muy de prisa, adquieren la masividad necesaria para que los administradores gubernamentales de turno escuchen sus voces. En esta 2nda parte enfoco, en tan solo una muestra, de cómo el cine narrativo de ficción representa estas historias de pueblo.

Quizá los filmes de este tipo más exitosos han sido sobre la formación de sindicatos y el desarrollo de su militancia en tiempos de crisis. F.I.S.T. de 1978, dirigido por Norman Jewison y protagonizado por Sylvester Stallone ya con su estrellato del 1er Rocky, es la historia de un trabajador que llega a fortalecer el sindicato de transportadores hasta llegar a ser presidente con una matrícula de miles y el poder de detener la economía terrestre de los Estados Unidos con un paro o huelga.  de 1979, dirigido por Martin Ritt (blacklisted en la década de 1950 por sus posturas progresistas) y protagonizado por Sally Field, merecedora del Oscar por Mejor Actora y ganadora en el Festival de Cannes junto a Ritt, también narra el proceso de sindicar, en este caso una mayoría de mujeres trabajadoras de una fábrica, y así poder negociar de frente con administradores y dueños. North Country de 2005, dirigido por Niki Caro y protagonizado por Charlize Theron, dramatiza, desde la perspectiva personal y legal, la problemática de una mujer empleada en un entorno masculino donde enfrenta el acoso y ataques verbales y físicos de sus “compañeros” obreros. 

Eles não usam Black-tie de 1981, del brillante director brasilero Leon Hirszman (ganador de los premios más importantes del Festival de Venecia), plantea los diferentes pensamientos dentro de una familia trabajadora de si apoyar o no una huelga que pudiera durar mucho tiempo y sin asomo de resolverse según exigen los trabajadores. Los lunes al sol de 2002, del español Fernando León de Aranoa y con un elenco de maravilla comenzando con Javier Bardem y Luis Tosar, comienza con pietaje documental de lo que las ciudades puertos habían sido y cómo los astilleros y las fábricas a su alrededor fueron cerrando y dejando miles de obreros sin manera de ganarse la vida. Los seis amigos, y por muchos años compañeros de trabajo, rememoran ese pasado de productividad, militancia y resistencia al cierre eventual de su lugar de trabajo. Sudor amargo de 2003, dirigido por Sonia Valentín con un elenco de las mejoras actoras puertorriqueñas, es un filme hecho para la TV que recoge el diario vivir de mujeres empleadas en una fábrica de atún/atunera de Mayagüez, que a escondidas de las empleadas, los administradores y dueños ya han decidido cerrar. Esta acción en violación de los derechos de las trabajadoras, las obliga a manifestarse en un paro que como consecuencia las hace repensar sus vidas.  

Deux jours, une nuit/Dos días, una noche de 2014, dirigido por los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne y protagonizado por Marion Cotillard (conocida por su interpretación de Edith Piaf que le valió un Oscar), es una lucha interna entre los trabajadores de una fábrica que, para conservar su propio empleo y recibir un bono, han decidido violar las bases sindicales y aceptar que una de sus compañeras de trabajo sea despedida. En guerre/En guerra de 2018, dirigido por el francés Stéphane Brizé y protagonizado por Vincent Lindon como presidente del sindicato automotriz, lidera una negociación para que no cierren su planta que reúne a 1100 empleados. Aunque la empresa es alemana, el gobierno francés tiene que intervenir a favor de los obreros por ser un negocio que tiene que seguir las leyes que defienden a los trabajadores. Se presenta en un estilo que integra el documental—aunque no lo es—la noticia televisiva, las entrevistas y cubierta, cinema verité y lo íntimo dentro de la turbulencia de los tiempos. El paro y la huelga demuestran una y otra vez que la lucha de los obreros por conseguir y conservar sus derechos es una guerra interminable.

En el cine hollywoodense han tratado de recrear los movimientos que surgen en momentos críticos como la guerra de Vietnam, pero al parecer siempre tiene que haber un cuidado de no aliarse con una manera de pensar en particular. Entre los que parece importarles poco esta falsa igualdad está Zabriskie Point de 1970, dirigido por el laureado realizador italiano, Michelangelo Antonioni, que intenta recoger los movimientos populares de la juventud y minorías de los Estados Unidos de la década de 1960. Antonioni incluye actos que ocurrían en ese momento en la Universidad de California en Los Angeles como el movimiento estudiantil con sus líderes del momento y los Black Panthers con sede en Oakland. La ventaja de ser un director extranjero e importarle muy poco extender su estadía en Hollywood, le permite alterar el mal llamado balance en la discusión política.

The Way We Were de 1973, dirigido por Sydney Pollack y con Barbra Streisand y Robert Redford como protagonistas, sitúa su historia a través de épocas de gran cambio en la sociedad estadounidense: década de 1930 con la depresión económica y el surgimiento masivo del Partido Comunista y otros grupos progresistas; seguido por la guerra europea y la intervención de Estados Unidos en el continente y en Japón; la década de 1950 con el viraje de esta sociedad hacia la derecha a raíz de la guerra fría hasta el punto de dejar que un comité legislativo se convirtiera en juez y verdugo de miles de ciudadanos por el mero hecho de apoyar una causa progresista como la prohibición de armas utilizadas contra poblaciones en masa como Hiroshima y Nagasaki precisamente el 6 y 9 de 1945, o asociarse—por amistad o familiaridad—con personas sospechadas de pertenecer al Partido Comunista. 

The Book of Daniel de 1983, basado en la novela de E.L. Doctorow, dirigido por el legendario Sidney Lumet y protagonizado por Timothy Hutton, se atreve a presentar la vida personal y el caso político público de Julius y Ethel Rosenberg, quienes en 1950 fueron arrestados, acusados, convictos y ejecutados en 1953 por el delito grave de traición por ser espías de la Unión Soviética. Utiliza otro apellido, Isaacson, y cambia el género de los dos hijos que quedaron huérfanos a los 10 y 6 años cuando el estado y gobierno electrocutaron a sus padres. Aquí es el hijo mayor, Daniel, el que se interesa buscar la verdad escondida en la historia oficial y no tan oficial y a través de documentos, entrevistas y contactos personales. Así viajamos al pasado y vemos las marchas multitudinarias de los años 30 en las avenidas de la Ciudad de Nueva York lideradas por los movimientos progresistas, especialmente el mejor organizado, el Partido Comunista Norteamericano. En el filme la búsqueda de Daniel termina cuando se suma a una de las miles de marchas en contra de la guerra de Vietnam.

Llueve sobre Santiago/Il pleut sur Santiago de 1975 del director chileno Helvio Soto, quien tiene que exiliarse cuando el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, logra hacer este filme fuera de su país, con recreaciones dramáticas y pietaje rescatado mientras fue parte del grupo de Cine Experimental de la Universidad de Chile y la Televisión Nacional de Chile. Logra reunir un elenco internacional de primera: Jean-Louis Trintignant, Bibi Andersson, John Abbey, Annie Girardot, André Dussollier, Bernard Fresson, y nos presenta los sucesos de este día a través de la visión de gente común sorprendida por el golpe y sus consecuencias inmediatas. En los recuerdos de un pasado bastante inmediato se presenta pietaje de las marchas en apoyo al gobierno de Salvador Allende y en el presente representa dramáticamente, también con pietaje tomado por periodistas extranjeros que asistieron, el entierro de Pablo Neruda el 23 de septiembre en el Cementerio General, bajo la estrecha vigilancia de los soldados. Se oyen las expresiones en voz alta de cientos primero y luego cientos de otros que se fueron uniendo en el corto trecho desde La Chascona, la casa saqueada del poeta, al cementerio. A pesar de la amenaza tangible de los fusiles, las voces se unen clamando: ¡Camarada Pablo Neruda! ¡Presente! Y un grupo de valientes entonan la Internacional que todos cantan con las lágrimas de la despedida y sin saber cuántos de ellos seguirían vivos meses después. (YouTube: Funeral de Pablo Neruda, Premio Nobel de literatura, en Cementerio Nacional de Chile)

¡No! de 2012, dirigido por el chileno Pablo Larraín, basado en la obra de Antonio Skármeta y protagonizado por Gael García Bernal, dramatiza la campaña que los 23 grupos opositores al régimen militar lograron montar para expresar su repudio al dictador en el referéndum del 5 de octubre de 1988. Desde la perspectiva del René Saavedra, joven publicista, exiliado en México, pero ahora integrado a la nueva economía chilena, su gran desafío es convencer y encontrar un enlace común para que todos los grupos estén de acuerdo con el mensaje televisivo que intenta captar la atención, muy especialmente, de una generación que era muy joven para entender lo que significó la represión y matanza de los militares en ese momento y la vigilancia permanente actual a cualquier disidente del régimen. Su desafío es comunicar el peligro de permitir que Pinochet siga como presidente en un estilo y mensaje que no espante a nadie y que todos sigamos cantando y bailando y disfrutando del presente sin la carga del pasado. El filme incluye los anuncios originales e integra las manifestaciones en las calles esperando el resultado del referéndum y luego la celebración del triunfo del “No”.

Minutos de cine: Hobbs & Shaw y Scary Stories To Tell In The Dark

 

Por Marcos I. López Ortiz / Especial para En Rojo

Hobbs & Shaw

Hobbs & Shaw es un filme de acción y es la próxima entrega en la serie de Fast And Furious, dirigido por David Leitch y protagonizada por Dwayne Johnson, Jason Statham e Idris Elva. En este spin-off nos enfocamos en Luke Hobbs y Deckard Shaw quienes se enfrentarán a Brixton Lore, un terrorista con modificaciones mecánicas y con conexiones al pasado de Shaw que busca liberar un virus mortal para “limpiar” al mundo. Hobbs y Shaw deben dejar de lado sus diferencias por algo más grande que cualquiera de sus egos y así salvar el mundo. Esta sería la cuarta vez para Hobbs.

Les hago una pregunta seria ¿Lo que acaban de leer arriba les parece la sinopsis de una película de Fast And Furious? Les pregunto esto por que nunca en mi vida pensé que la serie de películas que se enfocaba en el mundo de las carreras clandestinas terminaría explorando terroristas cyborgs. Cuando anunciaron esta película nadie sabía qué pensar. ¿El universo cinematográfico de Fast And Furious? Fue lo primero que pensé si les soy honesto. Pero luego comencé a ver las posibilidades, en lo divertida que fue la rivalidad de estos en la pasada película y decidí darle una oportunidad. Solo queda contestar ¿Hobbs & Shaw vale la pena?

De entrada les digo que la química entre Johnson y Statham es magnífica. Es sumamente entretenido ver como estos dos titanes pierden tiempo insultándose de las maneras más infantiles en vez de completar su misión. Esto me recordó a dos hermanos pequeños insultándose pero ninguno quiere quedar como el último que fue insultado así que es un ciclo que no tiene fin. Creo que el filme le añade detalles a la historia de estos personajes que los elevan y nos dan un mejor entendimiento detrás de sus motivaciones. Por otro lado, la acción fue muy buena y Dwayne Johnson demuestra por qué antes de ser un actor ya era una súper estrella.

En cuanto a negativos tengo que decirles que en cuanto a historia este filme falla por completo. Esta se siente trillada, clichosa y mientras más lo pienso no puedo ver esta y las anteriores existiendo en el mismo universo. La película toma más un lado de ciencia ficción cuando nos adentramos al villano quien es un Soldado con implantes cibernéticos, lo cual suena cool hasta que te das cuenta que no encaja para nada. Por otro lado, siento que el filme fue innecesariamente largo y en muchas ocasiones pensaba en las cosas que se pudieron cortar para hacer esta película 15 o 20 minutos más corta y que fluyera mejor.

Hobbs & Shaw es una película sumamente entretenida. No es un filme profundo o que explore el significado de la vida y no tiene por qué serlo. Si lo pudiese comparar con algo sería una buena hamburguesa de comida rápida. Te la disfrutarás al máximo y una vez acabes seguirás con tu vida como si nada hubiese pasado. Esta es una película que puedo recomendar para verla en la pantalla grande con un grupo de amistades y disfrutar lo absurdo, pero divertido.

Scary Stories to Tell in the Dark

Scary Stories to Tell In the Dark es un filme de horror basado en un libro del mismo nombre, dirigido por André Øvredal y protagonizado por Zoe Colletti, Michael Garza y Austin Zajur. Narra la historia de un grupo de amigos quienes en Halloween deciden visitar una antigua casa embrujada donde encuentran un misterioso libro. Estos deberán descubrir los secretos siniestros detrás del libro mientras las historias dentro de este comienzan a pasar en el mundo real, haciéndolos protagonistas.

De entrada, les digo que los elementos de horror en este filme son excelentes. La manera en la que cada historia se desarrolla es una tenebrosa y tensa y, cuando ese libro comience a narrar sus historias, te dejarán con la boca abierta. Uno de las historias que más me gustó fue la de Harold el espantapájaros, quien tiene un Aura espeluznante y una estética genial. Por otra parte, me gustó mucho de la manera en la que desarrollaron a los personajes sin que se sintiera forzado. Estos toman decisiones “estúpidas” durante el filme, pero siempre está un personaje llamado Chuck, quien es la voz de la audiencia durante el filme.

En cuanto a negativos les digo que el filme es sumamente lento. Este no se pone interesante hasta que nuestros personajes consiguen el libro y antes de esto estamos frente a un personaje principal que no funcionó para nada. El personaje tiene una contestación para todas las situaciones que se les presentan y esto resulta en verlo como una caricatura dentro de una película que debería ser aterradora. Por otro lado, creo que el final fue poco satisfactorio y anti climático, al punto que en una ocasión dije en voz baja “este no es el final, ¿verdad?” Y efectivamente, cinco segundos después la pantalla se fue a negro dejándome con mil preguntas.

Scary Stories To Tell In The Dark es un filme satisfactorio. No es para todos y pienso que esto hubiese sido mejor desarrollado si hubiese sido una serie a la “Black Mirror”. De no ser un aficionando del género creo que el filme no tiene mucho que ofrecerte. Pero si eres fan del horror y te gustan las cosas un poco mas retorcidas, este es un filme que deb