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Somos todos Amazonia para la vida del planeta

Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

 

En la Iglesia Católica, hasta setiembre, se intensifican preparativos para el Sínodo de los Obispos, que el papa Francisco convoca para octubre. Su tema será La Amazonia, Ecología Integral: misión de Iglesia. Salió el documento de trabajo para el Sínodo. Sus propuestas, venidas de las consultas a las bases, son buenas. Al mismo tiempo, surgen reacciones violentas de algunos cardenales en Roma y amenazas del presidente brasileño contra el Sínodo y sus propuestas.  

Un excelente documento preparado por hermanos/as de la Red Evangélica Panamazónica y de Amerindia afirma: “La Amazonia es un territorio que se extiende a través de nueve países: Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Surinam, Guayana y Guayana Francesa. Tiene casi 8,000,000 km 2 que forman un bioma, eso es, un sistema vivo de interacciones orgánicas, esencial para el equilibrio del planeta. Cada metro cuadrado del bioma de la Amazonia tiene más diversidad que cualquier otro lugar del planeta. En esa región, viven 35 millones de personas, dispersas por la selva, las orillas de los ríos, por los campos y también grandes ciudades. De esa población, casi tres millones pertenecen a pueblos indígenas que intentan mantener sus culturas propias y hablan 340 idiomas diferentes. Ellos se relacionan armoniosamente con la naturaleza, con otros humanos y con Dios. Forman comunidades, agredidas  en su conexión con la Tierra y en sus valores culturales y espirituales. La inmensa diversidad de vida (la biodiversidad) garantiza a todos alimentos, medicinas, aceite y otros regalos que ni siquiera se pueden calcular. El bioma regula la distribución de lluvia en todo territorio brasileño y aún por Uruguay, Argentina y Paraguay. El agua en forma de vapor crea lo que se llama “ríos voladores”, transportados por los vientos hacia el sur. Así, abastecen de lluvia a casi todo Brasil. Basta saber esto para darse cuenta de que la preservación y defensa de la Amazonía es fundamental para el equilibrio del clima del planeta. Actualmente, todo eso sistema natural es amenazado por el agronegocio y por las grandes empresas mineras. Las comunidades amazónicas nos llaman a luchar contra la explotación que destruye la región y somete la humanidad a una desigualdad cada vez mayor”. 

Mahatma Gandhi dijo que la Tierra es suficientemente grande para alimentar a toda la humanidad, pero no para saciar la ambición de la pequeña parte de seres humanos que acumula ganancias y avaricia. Para los cristianos, el Evangelio advierte: “No se puede servir a Dios y al dinero” (Mt 6:24). 

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

En el 130 aniversario de La Edad de Oro, de José Martí: 1889-2019 Desde Meñique hasta el próximo Gobernador de Puerto Rico

Por Silvia María Alberti Cayro/Especial para En Rojo

Para los niños trabajamos 

porque los niños son los que saben querer

 porque los niños son la esperanza del mundo”

José Martí

Ante la lamentable y difícil situación que presenta el gobierno de Puerto Rico, han de buscarse soluciones con un nuevo enfoque. Las ideas de los grandes pensadores pueden estar vigentes y pudieran ser un modelo a seguir para crear naciones donde haya “un pueblo que ría y que cante”.

Meñique es un personaje literario que da título a un cuento publicado por José Martí en la revista redactada íntegramente por él, La Edad de Oro, publicada en New York durante los meses de julio, agosto, septiembre y octubre de en 1889 (Ver Anejo “La Edad de Oro, de José Martí: una obra de amor”, por Ricardo Benítez Fumero), Se trata de un “Cuento de magia, donde se relata la historia del sabichoso Meñique, y se ve que el saber vale más que la fuerza”, según anota el autor de esta adaptación “del francés‚ de Laboulaye”.

 Aparece el cuento en el primer número de la Revista, posible de leer en la Biblioteca Digital del Portal José Martí en www.josemarti.cu Presentamos fragmentos que retratan al personaje y la exposición martiana para los propósitos de estas páginas:

De “Meñique””:

(…) Juancito era lindo como una mujer, y más ligero que un resorte, pero tan chiquitín que se podía esconder en una bota de su padre. Nadie le decía Juan, sino Meñique.

El campesino era tan pobre que había fiesta en la casa cuando traía alguno un centavo. El pan costaba mucho, aunque era pan negro; y no tenían cómo ganarse la vida. En cuanto los tres hijos fueron bastante crecidos, el padre les rogó por su bien que salieran de su choza infeliz, a buscar fortuna por el mundo.

(…)

Los reyes son caprichosos, y este reyecito quería salirse con su gusto. Mandó pregoneros que fueran clavando por todos los pueblos y caminos de su reino el cartel sellado con las armas reales, donde ofrecía casar a su hija con el que cortara el árbol y abriese el pozo, y darle además la mitad de sus tierras. Las tierras eran de lo mejor para sembrar, y la princesa tenía fama de inteligente y hermosa; así es que empezó a venir de todas partes un ejército de hombres forzudos, con el hacha al hombro y el pico al brazo. (…)

(…) Meñique saltando de acá para allá, metiéndose por todas las veredas y escondrijos, viéndolo todo con sus ojos brillantes de ardilla. A cada paso tenía algo nuevo que preguntar a sus hermanos: que por qué las abejas metían la cabecita en las flores, que por qué las golondrinas volaban tan cerca del agua, que por qué no volaban derecho las mariposas. (…)

(…)

Por fin llegaron al palacio del rey. El roble crecía más que nunca, el pozo no lo habían podido abrir, y en la puerta estaba el cartel sellado con las armas reales, donde prometía el rey casar a su hija y dar la mitad de su reino a quienquiera que cortase el roble y abriese el pozo, fuera señor de la corte, o vasallo acomodado, o pobre campesino. Pero el rey, cansado de tanta prueba inútil, había hecho clavar debajo del cartelón otro cartel más pequeño, que decía con letras coloradas:

 “Sepan los hombres por este cartel, que el rey y señor, como buen rey que es, se ha dignado mandar que le corten las orejas debajo del mismo roble al que venga a cortar el árbol o abrir el pozo, y no corte, ni abra; para enseñarle a conocerse a sí mismo y a ser modesto, que es la primera lección de la sabiduría”.

(…)

 —Y ahora—dijo Meñique poniendo en tierra una rodilla—¿cree mi rey que he hecho todo lo que me pedía?

—Sí, marqués Meñique, respondió el rey; y te daré la mitad de mi reino; o mejor te compraré en lo que vale tu mitad, con la contribución que les voy a imponer a mis vasallos, que se alegrarán mucho de pagar porque su rey y señor tenga agua buena; pero con mi hija no te puedo casar, porque esa es cosa en que yo solo no soy dueño.

(…)

El rey no pudo dormir aquella noche. No era el agradecimiento lo que le tenía despierto, sino el disgusto de casar a su hija con aquel picolín que cabía en una bota de su padre. Como buen rey que era, ya no quería cumplir lo que prometió; y le estaban zumbando en los oídos las palabras del marqués Meñique: “Señor rey, tu palabra es sagrada. La palabra de un hombre es ley, rey”.

El rey quería saber “quienes eran los padres de Meñique, y si era Meñique persona de buen carácter y de modales finos, como quieren los suegros que sean sus yernos, porque la vida sin cortesía es más amarga que la cuasia y que la retama”.

(…)

En el casamiento de la princesa con Meñique no hubo mucho de particular, porque de los casamientos no se puede decir al principio, sino luego, cuando empiezan las penas de la vida, y se ve si los casados se ayudan y quieren bien, o si son egoístas y cobardes (…)

Por la noche hubo discursos, y poetas que les dijeron versos de bodas a los novios, y lucecitas de color en el jardín, y fuegos artificiales para los criados del rey, y muchas guirnaldas y ramos de flo es. Todos cantaban y hablaban, comían dulces, bebían refrescos olorosos, bailaban con mucha elegancia y honestidad al compás de una música de violines, con los violinistas vestidos de seda azul, y su ramito de violeta en el ojal de la casaca. (…)

(…)

Meñique era tan chiquitín que los cortesanos no supieron al principio si debían tratarlo con respeto o verlo como cosa de risa; pero con su bondad y cortesía se ganó el cariño de su mujer y de la corte entera, y cuando murió el rey, entró a mandar, y estuvo de rey cincuenta y dos años. Y dicen que mandó tan bien que sus vasallos nunca quisieron más rey que Meñique, que no tenía gusto sino cuando veía a su pueblo contento, y no les quitaba a los pobres el dinero de su trabajo para dárselo, como otros reyes, a sus amigos holgazanes, o a los matachines que lo defienden de los reyes vecinos. Cuentan de veras que no hubo rey tan bueno como Meñique.

Pero no hay que decir que Meñique era bueno. Bueno tenía que ser un hombre de ingenio tan grande; porque el que es estúpido no es bueno, y el que es bueno no es estúpido. Tener talento es tener buen corazón; el que tiene buen corazón, ese es el que tiene talento. Todos los pícaros son tontos. Los buenos son los que ganan a la larga. Y el que saque de este cuento otra lección mejor, vaya a contarlo en Roma.

¿Habrá para Puerto Rico un gobernador como lo fue Meñique?

¿Valdría la pena leer toda la revista La Edad de Oro, de José Martí?

Espere, amigo lector, otrasconsideraciones martianas acerca del gobierno y los gobernantes.

Anejos

“La Edad de Oro, de José Martí: una obra de amor”

Por: Ricardo Benítez Fumero 

“Para eso se publica La Edad de Oro: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy (…) Así queremos que los niños de América sean: hombres que digan lo que piensan, y lo digan bien: hombres elocuentes y sinceros”.

Esta fue la dedicatoria de José Martí para aquella revista mensual de recreo e instrucción publicada en Nueva York, entre julio y octubre de 1889, de la cual solo salieron cuatro números que quedaron para la posteridad.

El Maestro se entregó con amor a la obra que tiene un mensaje universal. En sus cuentos, poemas, versos y artículos inculcó su recio ideario anticolonialista, el amor por la gran patria latinoamericana, la devoción por la justicia, la verdad y la belleza.

En 1905, diez años después de que Martí cayera en Dos Ríos peleando por la libertad de Cuba, Gonzalo de Quesada —alumno suyo— reunió los cuatro números de la revista y con ellos hizo el libro La Edad de Oro, que hoy encontramos en cada escuela, en librerías y bibliotecas, el que busca y añora cada niño cubano, cada pequeña o pequeño que anda por el Sur, desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

La Edad de Oro es, sin duda, un libro que cautiva a cualquier edad. Es así que crecimos con los cuentos de losTres héroes, Meñique, Los dos príncipes, Nené Traviesa, El Camarón encantado, La muñeca negra o Los dos ruiseñores. Y qué decir del poema Los zapaticos de rosa. Son legados que recibimos desde pequeños y que nos sirven para toda la vida.

Al decir de muchos estudiosos,  la perennidad de este libro —que ocupa un lugar prominente en las letras cubanas—, está dada en primer lugar porque “Martí quiso hacer esta obra para el futuro; él pensaba, en su proyecto cultural y revolucionario, que hablar a los niños, convencerles, transmitirles ideas iba a garantizar el porvenir. Pues muchos de los temas que trata poseen una vigencia tremenda”.

Todos los que quieran ser hombres buenos, deben leerlo; y los que tenemos la responsabilidad de educar, el deber de explicarlo, solo así haremos de “La edad de oro” el mejor amigo, y de sus páginas la guía para hacernos hombres y mujeres de bien, porque no solo fue un proyecto para niños, sino para hombres de futuro.

Tomado de: https://www.radiosurco.icrt.cu (Emisora de radio de Ciego de Ávila, Cuba.

Recuperado del Portal José Martí en https://www.josemarti.cu/la-edad-de-oro-de-jose-marti-una-obra-de-amor/ [Noticias].

La autora es investigadora independiente de la vida y obra de José Martí.

De “Meñique” existe una edición con ilustraciones para colorear Interesados, pueden comunicarse a silviamalberti@gmail.com.

Joserramón Melendes: Omenaje a Fernández Retamar

1.@ Roberto Fernández Retamar 

en nuestros 54 años 

[Cf. POM – Teoría de las jenerasiones con 

Cintio Vitier —Cuando yo tenga 58 años..]

Roberto: cumplo la edá qe tú tenías cuando te conosí.

No sé si ésto tendrá cualqier significado. Trato de saberlo.

Por lo pronto: Tenías entonses todo el pelo negro;

A mí me qeda alguna melena blanca.

• Yo estoi más desilusionado qe tú entonses.

Tiene qe ber –no solo– con el ala del abe marina en qe nasimos,

Este petrel, gabiota, alcatrás o abe fragata, las antiyas.

Creo qe la sensiyés la compartimos —recuerdo

Aqel encuentro en el aeropuerto,

• Me a acompañado en los días más solo.

Oi tú entras en esa edá enorme de todo el qe a bibido.

As echo tantas cosas distribuidas en sendas jubentudes, 

qe nesesariamente entrarás en el siglo beintidós con guayabera.

¿Cómo nos a tratado la existensia,

• Esa cosa qe nos ase si la asemos?

Me imajino perfegtamente de tu edá,

Sé qe a la mía tú no podías pensarte así–

No es ninguna bentaja el pesimismo, lo digo de pasada.

¿Qé a echo la istoria con nosotros?

• Aqí debe repetirse el berso 15.

(Te consedo las mayúsculas para empesar.) /tu che

 ii. i RFR (Epitafio)

Tubo un país i una rebolusión

i el resto del planeta de contado,

«i esa luna de la literatura».

No le fue abara tampoco la cansión.

Fue amado i admirado. Sufrir

fue riego qe en su alegría perdura.

66 [Cumpliendo la edá a la qe murió Lezama]

iii. embío

Sabemos qe somos reyes secuestrados,

Roberto,

pajes qisá; de todas maneras: mascotas

aristócratas de la sosiedá. Por lo tanto,

usurpamos nuestra condisión política.

Los poetas, los artistas, los pensadores

qe no se casan con la injeniería:

pertenesemos a un notiempo destemplado

en qe el umano no es nada contraído;

sino esa posibilidá infinita

asta de no ser,

qe ‘contamina’ –disen los neófitos–

nuestro pisar, de buelo. Respiramos

biento para palabras, dirijibles

al sielo, plataforma de lansamiento

para esta estreya garrapata i dramática

qe imita las neuronas despatarradas.

Somos de otra galaxia, qe es la misma:

lo qe sí, imajinada. Por eso

somos conqistadores desterrados:

Prósperos, no su esclabo.

Nasimos para reyes planetarios,

i nos saqearon la jalea real.

Sumbamos como sánganos, abejareina estéril,

pero obreras inútiles para sera,

meliflua melamiélica

la miel de nuestros ganglios

atrofiados para la colegtibidá,

se buelbe empache, guarapo, pegajosa.

Si biniera el Dragón colegtibo del pueblo,

el Simurg compulsado de crusados

de orfandá de la lus, su dulsedumbre

a rescatarnos de esta corte anémica,

adiposa, besánica, aridmética.

Porqe éramos los ánjeles cuajados

para la nueba de nuestra beyesa,

no a alagar a los qe nos secuestraron

de ese destino multitudinario

del plural ensendido constelado

al orden musical de nuestro canto. 

désima de rfr

Tórtola qe ba bolando

rimando con la laguna,

¿ai preocupasión alguna

en tu gorjear murmurando?

Yo, adonde qiera qe ando,

me atribulan las rasones:

atrabesados los sones

por el donde i por el cuando.

Tórtola, ¿te estás qejando o

doblan nuestros corasones?

Minutos de cine: Stuber y The Lion King

Por Marcos I.López/Especial para En Rojo

Stuber

Stuber es un filme de acción/comedia dirigida por Michael Dowse y protagonizada por Kumail Nanjiani, Dave Bautista y Natalie Morales. Seguimos a Stu, un hombre común y corriente, quien trabaja part-time para Uber. Durante lo que parecía ser un día normal, un policía determinado solicita sus servicios como conductor y Stu se verá envuelto en una investigación tan descabellada que no te la querrás perder.

De entrada les digo que la química entre Nanjiani y Bautista es excelente. Estos contrastan perfectamente uno con el otro y sus reacciones a los eventos me tenían a carcajadas. En especial Nanjiani como Stu, quien da una presentación dulce, graciosa e histérica. Es genial ver como este trata de mantener la calma durante situaciones extremadamente tensas y realmente no puedo pensar en algo más satisfactorio aquí que verlo fallar y entrar en pánico. Por otro lado, me gustaría resaltar que los personajes secundarios fueron sumamente entretenidos. Estos aportan momentos geniales en la película y ayudan a mover la historia. Uno de los que más me gustó fue un Stripper que le da consejos de pareja a Stu y ver la interacción de estos fue uno de los highlights del filme.

Cuando hablamos de negativos quiero enfatizar que la historia pasa de ser una sumamente interesante a convertirse en un festival de clichés en los últimos 20 minutos. De la nada, habían revelaciones que se sentían directamente de una película genérica de acción de los 90 y eso me molestó mucho. También creo que en algunas (pocas) ocasiones hacían un chiste y lo seguían usando hasta que no daba risa. Pero honestamente esto afectó muy poco mi experiencia con el filme. 

Stuber es un filme sumamente gracioso. Luego de esto me gustaría ver más a Nanjiani en películas y ver cómo explora otros géneros, pero nunca dejando ir la comedia. Este nos da una actuación genial y el filme se resume en personajes de los cuales te enamorarás entre carcajadas y disparos. Si eres fan de la comedia y la acción esto es un must para ti en la gran pantalla.

The Lion King (2019)

The Lion King es un remake del clásico de Disney del mismo nombre esta vez dirigido por Jon Favreau y con las voces de Donald Glover, Chiwetel Ejiofor y James Earl Jones. Aquí seguimos a Simba, un cachorro que luego de una tragedia es forzado a huir de su hogar. Este se acostumbra a una vida sin preocupaciones, pero tiene un destino del cual no podrá escapar.

Esta película es una muy especial para mí. Recuerdo verla cuando era un niño y pensar en lo genial que eran los personajes, canciones y más. Así que cuando anunciaron una versión live action miles de dudas pasaron por mi mente. Pensé que The Lion King sería otra víctima de la ola de remakes pasables de Disney que nos arropa. Lo que en parte me tranquilizó fue que Jon Favreau fue elegido para dirigir y este hizo un excelente trabajo en el Remake de The Jungle Book. Pero con esto en mente solo queda una cosa por contestar ¿Valió la pena hacer un Remake de The Lion King?

Visualmente es espectacular. Una vez comienzas a ver los animales, sentirás que estás viendo un documental debido a que los efectos son así de foto-realistas. Por otro lado, creo que los personajes que brillan son los secundarios, específicamente Timón y Pumba quienes tienen las líneas más graciosas en la película y por mucho son lo más entretenido que tiene este filme. Lamentablemente esto es lo poco en lo que este remake sobresale y no nos ofrece mucho mas.

En cuanto a negativos, esto es una copia exacta de la versión animada. Esto me incomodó mucho porque llegaron al punto que usaban tiros de cámara sacados directamente de la original, no podía dejar de pensar en esta y no me dejaba conectar con la película que estaba viendo. Esta no trató de diferenciarse para nada de la original y esas son unas huellas enormes que seguir. También creo que el hecho de que los animales fueran foto-realistas (en parte) le quita mucha de la emoción al filme debido a que estos animales no tienen emociones faciales y es muy difícil conectar con algo así. Esto tiene que ver también con el elenco en general. No hicieron un pésimo trabajo con las voces, pero no fueron lo suficientemente creativos y emotivos para cautivarme.

El The Lion King de 2019 es una decepción. Esta no logra capturar la magia de la original y se queda corto por mucho. Me preocupa mucho pensar que vienen otros remakes de Disney y que recibirán un trato similar a esta. Si eres fan de la original les recomiendo que la busquen en algún tipo de stream o los invito a desempolvar su copia y no gasten su dinero en un remake sin ningún tipo de corazón.

Testimonio: La violencia del estado. 22 de julio.

 

Mónica Flores Hernández

Escribir esto ha sido más difícil de lo que pensé. Tal vez porque aún estoy procesando todo lo que viví en los pasados días. Tal vez porque duele enfrentarse al discurso de la lucha “sin violencia” cuando tengo moretones en ambas piernas. Cuando tuve que ser cargada por extraños por no poder respirar. Cuando camine desorientada por un Viejo San Juan en guerra. Y es que recibí cuatro impactos de bala. Cuatro. Todos en la parte trasera de mis piernas. Todos mientras intentaba alejarme, junto a mi hermana, de la nube de gases lacrimógenos que avanzaba hacia nosotras y que nos persiguió por varias cuadras. Estuvimos varios días participando de las manifestaciones en Fortaleza. Todas acababan en gases. Todas.

El lunes 22 de julio no fue la excepción. Allí estábamos mi hermana, varias amistades y yo, consignando, cantando y aplaudiendo al son de la batucada que tocaba justo en la línea policiaca en la Calle Fortaleza. Estuvimos así unos 30 o 40 minutos y, de momento, escuchamos a un oficial de la policía: “tienen 10 minutos para desalojar el área. Esta manifestación se ha convertido en una ilegal”. Qué? Ilegal? Por qué? Esto es un espacio público – grite a viva voz. No era la única. Mi hermana y yo decidimos que no nos iríamos. No íbamos a renunciar a nuestro derecho a protestar. Como generación y como pueblo, ya habíamos perdido demasiado. La batucada seguía tocando. Los 10 minutos se volvieron 5, luego 2, luego 1. Teníamos “goggles” de natación y camisas humedecidas para cubrirnos. Nos las pusimos. Comenzamos a caminar y darle paso a quienes tenían mejor protección. Recuerdo las primeras dos latas de gas lacrimógeno. La primera cayó a mi derecha. La segunda quedó atascada en un balcón, obligando a un camarógrafo a irse. Recuerdo también las palabras de otros recomendando no correr para evitar una estampida. Aceleramos el paso para llegar a la Plaza de Armas, donde nos encontraríamos con las demás. Hacemos un izquierda y “pum”, detonaciones, seguidas de un dolor en ambos muslos. “Me dieron”, le dije a mi hermana. “іAuxilio!” comenzó a gritar ella. El grito más desgarrador que había escuchado y venía de “la chiquita de casa”. Cada vez que pienso en ese momento, se me aprieta el pecho. Es esa escena clásica que explotan para películas y documentales, pero que uno nunca piensa que va a tocar tan cerca. Y ahí estaba ella, pidiendo ayuda a gritos. Miro hacia atrás. Teníamos a la policía encima. “Estoy bien; hay que seguir”- le dije. Llegamos a la plaza y me bajo un poco el pantalón. Pude ver un círculo de sangre en mi muslo derecho. Para eso, ya la formación policiaca estaba en la Calle San José. Los teníamos de frente. Sentí mucha rabia. No podía entender qué exactamente estaban defendiendo, ni a quién, ni porqué. Mucho menos podía entender cómo se justificaban mis heridas. Como yo podría haber representado una amenaza. Lo que sí quedó claro es que, ante sus ojos, ya no éramos personas. Tal vez un manifestante nunca lo es ante el poder del uniforme. La lluvia de gases y las balas comenzaron nuevamente.

Tocó volver a correr, pero las camisas y los “goggles” no daban para mucho. No podíamos ver. Tampoco respirar. Recuerdo chocar con algo y luego ser agarrada por otras personas. Caí al piso sin poder respirar. Alcancé a decir “no puedo”. A lo que alguien me contesta “sí puedes” y me levanta. Mi hermana ya no estaba conmigo. Sin soltarme, me echa dos sustancias distintas en la cara y, finalmente, puedo respirar y ver un poco. Quien me cargaba tenía una capucha azul brillante y siguió conmigo hasta la Calle San Sebastián, done vuelvo a ver a mi hermana siendo ayudada por otro encapuchado. Me despido con un “gracias”. Estoy convencida que nos habían salvado de una suerte peor. La policía seguía detrás y avanzando. La nube de gases lacrimógenos y balas también. Turistas y manifestantes buscaban resguardarse en los negocios que aún estaban abiertos. En uno de esos negocios conocí a Claudia. Tenía triple antibiótico, “tape” y gasas. Allí me atendió rápido y volvimos a la marcha, pues la policía se acercaba. En todo el trayecto no dejaban de escucharse detonaciones, gritos, explosiones, cosas romperse. En todas las calles estaba sucediendo algo. El Viejo San Juan era una zona de guerra. La tregua llegó justo cuando llegamos a la Plaza Colón, donde la gente se aglomeraba a esperar la famosa caravana del Rey Charlie. La caravana llegó. Me monté. Si iba a coger tiros, al menos cogería también una “trillita”.

Tres horas después, estaba siendo cargada entre dos personas hacia la casa. Mis piernas hinchadas ya no daban para más. Dos días después, estaba nuevamente en Fortaleza, recibiendo la renuncia. Esa noche, las piernas dolían un poco menos. Al otro día, pude bailar. Seis días después, se mantienen los moretones. La convicción de que la democracia se ejerce y exige todos los días, también se mantiene.

Mas sobre esto en la edición impresa.