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El peso patrio de un abanderado

Por Zacha I. Acosta González /Especial para CLARIDAD

¿Abanderado? Es una figura importante dentro de un grupo social. Su función es ser el portaestandarte de un país. La elección de él está en sus logros y trayectoria. Es un líder que reúne las características de una nación. 

En el deporte olímpico, el nombramiento de un abanderado se hace para cada evento significativo del movimiento olímpico. Puerto Rico pertenece a tres, de los cuales dos son por región y uno reúne al Mundo. En este ciclo olímpico, que va a mitad del camino, la Asamblea del Comité Olímpico de Puerto Rico ha seleccionado a dos figuras importantes: la nadadora olímpica Vanessa García, para los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Barranquilla 2018, y el luchador olímpico Franklin Gómez, para los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Queda para el 2020 la selección de la figura para los Juegos Olímpicos. 

El tratamiento de ambos deportistas ante la sociedad ha sido diferente. Todo por su nacionalidad. Vanessa es natal de nuestro terruño y Franklin, de la República Dominicana, ha adoptado a Puerto Rico como su nación deportiva. En todo lo demás, ambos han tenido trayectorias maravillosas con resultados deportivos y una aportación de valor incalculable a la sociedad. 

 

Franklin Gómez abanderado para los Juegos Panamericanos 2019

El próximo 26 de julio le toca a nuestro luchador desfilar acompañado de guerreros de delegación, en el Estadio Nacional de Lima. La prevención está presente ante los comentarios racistas, despectivos y xenofóbicos que podrían aflorar de aquellos que se pasan en el espacio cibernético imponiendo las medidas de quién es o no es puertorriqueño o quién es el primero o la primera en ganar por Puerto Rico. Un tema trillado que ya radica en lo ridículo. 

En una plática con el embajador puertorriqueño en Lima, tocamos el tema de los comentarios racistas xenofóbicos a que él puede estar expuesto, como estuvo su amigo fiel Jaime Espinal, cuando ganó la medalla de plata en Londres 2012 y salió electo abanderado en Río de Janeiro 2016. Compartimos algunas de sus expresiones:

“Sí, al final del día yo me siento agradecido de Dominicana, me siento agradecido de Puerto Rico, me siento agradecido de Estados Unidos. Decido (competir) por Puerto Rico, porque mi mamá empezó desde cero, ahí, ganando un sueldo mínimo, y nos echó pa’ lante. Es simplemente un acto de agradecimiento, y por eso lo estoy haciendo. Yo le dije que era un hombre de fe y que Puerto Rico era donde mi mamá echó para adelante. Donde hice mis amistades. Y sí lo voy a hacer, lo voy a hacer orgullosamente. Hay gente que no lo va a aceptar. Me ven de otra forma. Ese no es mi problema. Yo le estoy añadiendo valor a Puerto Rico con lo que hago. Yo pienso que al final no debemos preocuparnos por de dónde uno viene. Todos somos emigrantes. Si buscamos, las pasadas generaciones son emigrantes. Yo no estoy preocupado por redefinir cosas de patriotismo, mi trabajo es simplemente luchar, porque yo me siento agradecido por todo lo que Puerto Rico me ha brindado”. 

Ser agradecido con el prójimo es una gran virtud. Es un modo de vida que se aprende de un camino largo lleno de pruebas superadas y pruebas transformadoras. Ante todo, por lo que hemos vivido en el deporte con quienes han elegido pasar el proceso de nacionalidad deportiva para competir por Puerto Rico o, a la inversa, competir por Estados Unidos. Nos conviene en este momento de la historia trabajar por la erradicación de los prejuicios que más nos destruyen en un espacio donde todos sanamos. El deporte sigue siendo tierra fértil para entablar conversaciones transformadoras de las conductas humanas. 

¡Lima 2019 es un espacio para demostrar nuestro apoyo sin distinción!

La autora es comunicadora deportiva y creadora del blog La Estocada. 

La mafia democrática: El gobierno es cosa nostra*

Por Rafah Acevedo/En Rojo

Los nombres y apellidos de la corrupción 

Se ha repetido en muchas ocasiones. El gobierno de Puerto Rico es corrupto. Desde el siglo XIX podemos leer en artículos de prensa el aserto. Eso no debe extrañar a nadie. Ya éramos colonia. Y la colonia desde mediados del siglo XX se cataloga como un “crimen contra la humanidad”. De modo que todos los días, desde hace tiempo, podemos decir sin lugar a dudas que el gobierno que ejerce su autoridad sobre los ciudadanos puertorriqueños ha sido corrupto.

Esa normalización no tiene que aceptarse de manera peregrina. Uno puede indignarse ante esa realidad porque lo que es injusto lo es por un minuto o por 500 años. Sin embargo, es justo destacar que la discusión sobre “la corrupción” en Puerto Rico se acelera en el año 2000, como si fuera una ucronía, o una profecía del pasado, o un juego de palabras que se hace tendencia de moda cada tres décadas como un guión basado en un cuento de Borges. 

Por aquel año Guillermo Gil Bonar en conferencia de prensa dijo: “La corrupción en Puerto Rico tiene nombre y apellido y se llama Partido Nuevo Progresista”. Recordamos que aquellas investigaciones bajo la incumbencia de Pedro Rosselló fueron celebradas por los independentistas. David Noriega, ese legislador y comentarista que tanta falta nos hace, investigó varios casos que refirió a fiscalía federal. Sin embargo, quienes más celebraron fueron los miembros del PPD quien en aquel río revuelto ganaron como pescadores oportunistas.

El siglo XXI, inició con aquellos barruntos pero Gil Bonar se equivocaba. La corrupción parecía tener más apellidos que un rey español. Rosselló, apellido de alcurnia, se unió a los apellidos Acevedo Vilá (PPD) y bajo la administración García Padilla las investigaciones no fueron pocas. Recordemos los anaudis y perellós de la vida política.

Hoy, cuando la presión sobre Trump se acentúa ante pedidos delirantes del anexionismo, cambian los personajes. Hay otro director del FBI. Nombran a otro fiscal federal cuyo antiguo jefe era Gil Bonar. Y ahí aparecen los títeres propios de la commedia dell’arte. Ahí surgen en los medios estos jóvenes emprendedores que asumen actitudes propias de la cosa nostra con nomencltura del trap a insultarse unos a otros como sicarios de la oligarquía criolla. ¿No parece esto un episodio más de una serie sobre el crimen organizado en un territorio estadounidense en el Caribe? Será que la colonia y el capitalismo son, de suyo, organizaciones mafiosas. Y más apellidos, Maldonado, Sánchez, Rodríguez, Fortuño (como un rayo que no cesa).

El capitalismo y la colonia como crimen organizado

El primer investigador académico que se ocupó del crimen organizado en Estados Unidos, John Landesco, investigó a principios del siglo pasado el crimen organizado en EEUU señaló que los extorsionadores y mafiosos “no siempre imponen por la fuerza su intervención en una industria o en una organización sindical. Frecuentemente, se les invita a ello porque se desea obtener sus servicios” (John Landesco, Organized Crime in Chicago, Chicago, Chicago University Press, 1968) Para Landesco, “los gángsters llevan a cabo por medios ilegítimos lo que es una tendencia normal en los negocios legítimos “. Una de las cosas que se solicita en estas agrupaciones criminales es lealtad absoluta al capo. Cuando en estos días el Secretario de Asuntos Públicos del gobierno de Ricky Rosselló, Anthony Maceira, afirma que “volarán cabezas” de aquellos que no sean leales a Ricky sonó un poco a The Sopranos. Cuando el subsecretario de la gobernación, Erik Rolón, afirmó en la prensa local, en un ejercicio de tortura a la sintaxis que:

“No podemos permitir que haya en el gobierno personas que no sean leales al gobernador o a la administración central. No penalizamos lo que dijo, (el exsecretario de Hacienda) sino la forma y manera en que se realizó esa desinformación. Esto es como una milicia. Aquí hay una cadena de rango y el líder prioritario debe saber información para poder actuar. En la medida que actuó de la forma en que lo hizo, privó al gobierno local de tomar alguna acción que pudimos haberlo hecho a tiempo”

¿No parece Rolón un vocero de las juventudes neonazis? ¿En serio un funcionario gubernamental dijo que el gobierno opera “como una milicia”? ¿Juraron fidelidad a la Constitución o al rango? A mí me suena a mafia. Se defienden los intereses de la empresa (PNP) y los funcionarios que establecen relaciones con contratistas deben defender, aún usando la intimidación, esos clientes protegidos.

Por otro lado, para que esas relaciones mafiosas –acuerdos de colusión– sean efectivas deben mantenerse por un tiempo razonable. Estos acuerdos mafiosos permiten repartirse el mercado y, en casos de crisis, repartirse donaciones o asignaciones de fondos federales. Para estas cosas hay cuotas, y ventas de taquillas, y ofrecimientos de empleo, como cuando algún alcalde es el que decide quién trabaja en el verano. 

¿Pero las relaciones mafiosas duraderas son todas relacionadas a la intimidación? Claro que no. Las organizaciones criminales (PPD, PNP) se reparten clientes y donantes. Esto permite que en los cambios de administración, los leales sigan en la nómina. 

¿Acaso no hay leyes desde hace más de un siglo que tienen visos de mafia? ¿No parece eso la Ley Jones? ¿No permite ese monopolio que se beneficien pocos mientras los consumidores/ciudadanos deben pagar altos precios?

El mafioso democrático

¿La rama judicial o la flamante Secretaria de Justicia investigarán la alegada mafia institucional a la que hace referencia el señor Raúl Maldonado? Seguramente no. Porque es institucional. Sería como si los criminales se investigaran así mismos en busca de actividades criminales. Sería como si el mercado se regulara a sí mismo. Sería como el cabro velando las lechugas. ¿Se investiga la corrupción? Bueno, no es una práctica muy americana. En 1950, la Comisión Kefauver, presidida por el senador por Tennessee, Carey Estes Kefauver, adujo que la prioridad del gobierno debería ser luchar contra las actividades propiamente criminales que contra las actividades de protección, corrupción y colusión. Buenas noticias para los “cabilderos”, ¿no?. 

En un buen artículo, del que saco muchas conclusiones, Luis M. Linde (Mafia como política, política como mafia) explica el concepto de “mafiosidad democrática” de Gambetta, la mafia como industria de la protección. 

La característica crucial de los servicios que vende la mafia es que, a diferencia de lo que hace –o se supone que hace, o intenta hacer– un Estado respetable, en el que impera una ley igual para todos y se protegen por igual todos los derechos legítimos, la protección mafiosa proporciona ámbitos de impunidad, desigualdad y privilegio para los clientes, amigos y cómplices a expensas de los demás.

¿No es esa una característica de nuestra clase política? ¿No son clientesm amigos, cómplices, hijos talentosos, parejas, privilegiados? Hay otras características. Afirma Linde: 

Otra característica es la siguiente: los políticos actúan con autonomía respecto a sus mandatarios, los electores, ignorando o despreciando, siempre que es posible, cualquier limitación relativa a su propia legitimidad o representatividad, así como la legitimidad y representatividad del adversario; es decir, actúan sin respeto hacia las instituciones, ni leal­tad hacia su papel y funciones, tratando de obtener de ellas el máximo beneficio partidista posible.

¿Y los políticos justos, incorruptibles, dónde están? Ocupando sus espacios precarios. La mafiosidad democrática legisla a favor de sus organizaciones. Eso es lo que permite que el PNP gane las elecciones con un 43% de los votos en una elección en la que hubo una abstención de más del 40% y gobierne como si hubiera recibido el 90% de los votos. Con poder sobre las cámaras legislativas y con capacidad de nombrar a todos los funcionarios “de confianza”. Esa mafia de ambos partidos es la que impide que en la isla se establezcan alianzas entre partidos. Pero, a fin de cuentas, ¿en qué queda nuestra apariencia democrática si por 38 años se repite desde la ONU que Puerto Rico tiene derecho a su autodeterminación e independencia sin que eso mueva a EEUU ni a la sociedad civil a transformar el status quo? ¿En qué queda nuestra apariencia democrática cuando Obama seleccionó a unos miembros con graves conflictos de intereses, a “controlar” el ejercicio fiscal en la isla? ¿Cómo es que un tribunal norteamericano concluye que esos nombramientos son ilegales pero no procede a resolver ese acto ilegal? ¿Es democrático que José Carrión III, por quien nadie votó en Puerto Rico, tome decisiones sobre el diario vivir de los ciudadanos? 

Vuelvo a citar a Linde y su modelo de estado de influencia mafiosa:

Lo que hemos llamado “modelo político de influencia mafiosa” puede describir una forma de actuación en sistemas democráticos que respetando, aparentemente, sus restricciones y procedimientos, conspira al límite de la legalidad para ignorarlas y violarlas, tratando, ante todo, de asegurarse el mantenimiento en el poder. El modelo criminal mafioso puede ser una representación del Estado depredador. El modelo político de “influencia mafiosa” puede ser su imagen desvaída, escurridiza, no siempre criminal, pero no menos real, en los sistemas democráticos. Y el “mafioso democrático”, su protagonista.

Los mafiosos democráticos son los miembros, en general, de nuestra clase política. La misma colonia es una actividad criminal diaria. El político que ignora la legalidad, la ética, la dignidad humana, abriendo las puertas al capitalismo depredador en momentos de crisis es un mafioso asesino. Dejar morir a ciudadanos es un crimen. Conspirar para hacer ricos a los amigos/clientes es criminal. Cuando esa práctica se lleva a cabo mientras el país sufre una catástrofe y trata de sobrevivir es un acto genocida. Una vergonzosa política de la muerte. Mafia y necropolítica son hermanas.

No celebro el intecambio de insultos entre Maldonado, hijo; Rosselló hijo; Rivera Schatz; Sobrino; Rolón; etcétera. Las pesquisas federales han logrado que algunos salten del barco. Algún funcionario será mangó bajito y le echarán unos meses por algún fraude, una extorsión, un desvío de fondos. Pero los federicos no vienen a salvarnos de la corrupción. Vienen a agarrar por las pelotas a dos o tres, no para que canten con voz de soprano, sino para que se tranquilicen. Vienen a azuzar los perros contra otros perros. Vienen a cambiar las cosas para dejarlas iguales. Ricky y sus amigos del alma saltan de un avión pero todos tienen paracaídas. Tienen impunidad. Si el norte fuera acabar con la corrupción cerraban el kiosco que se monta precisamente con fraude, extorsión y desvío de fondos. Eso es lo que le da estabilidad al gobierno territorial. A mí estas peleas entre mafiosos no me alegran. Me divierten al principio y después me entristecen. Me entristece que he visto lo mismo desde que tengo conciencia. Y que no veo cambio sino recrudecimiento de ese estilo. El gobierno es farándula. La farándula y los buenos samaritanos son el frente de la mafia institucional mentada. Lo que me sorprende es que no produzcan una serie en Netflix. Estoy seguro que dirían que no nos representan. Ojalá.

 

*Bibliografía disponible. Tomo como referencia básica el artículo Mafia como política, política como mafia de Luis M. Linde, en la Revista de Libros, segunda época, #120, diciembre, 2006.

A 60 años de su publicación Vieques y Usmaíl: Cuando la realidad se funde con la ficción

Por Carmen Cila Rodríguez/Especial para En Rojo

Son dos grandes tesoros que hay que redescubrir.

Usmaíl, la emblemática novela de Pedro Juan Soto, cumple 60 años de haberse publicado. Su autor acertó con su propuesta escenificada en una isla hasta entonces casi olvidada y tan sufrida como Vieques. La novela está cargada de sentimientos y sensibilidad, atributos que la han mantenido por seis décadas en la cima de un ‘sórdido silencio’. 

Y es que durante este periodo de tiempo, el texto ha sido bandera y uno de los mejores portaestandartes para ilustrar lo que padecieron los residentes de la isla municipio de Vieques con el establecimiento de la Marina de Guerra de los Estados Unidos en dos terceras partes de su territorio durante la década de los 40. Quizás por esta misma razón, algunos consideraron que ante los eventos en Vieques había que silenciar a esta novela y olvidarla en la oscuridad literaria, pero eso no ha sido posible.

Cabe reconocer que en una primera lectura Usmaíl guarda la esencia de lo que ocurre hoy en Vieques, según la opinión de muchos: nada. La novela posee escasos diálogos y menos acción. Su trama principal gira en torno al desarrollo de un adolescente marginado, huérfano y pobre llamado Usmaíl. De primera mano, encontré que algunos viequenses no conocen la novela o, si la han leído, la consideran “enzorrosa”.

En resumen, la madre de Usmaíl fue abandonada por su amante americano cuando supo de su embarazo. Esperó cartas del hombre que se fue a la fuga, pero nada ocurrió; por lo que la mujer de raza negra, perdió la razón. La joven madre falleció a pocos minutos del parto no sin antes solicitar que nombraran al recién nacido según su motivo de interés en los últimos meses. Así, como el correo. El padre de la mujer llamado Quico el morrocoyo, desquiciado, al poco tiempo se quitó la vida. Entonces a Usmaíl lo crió una vecina llamada Nana Luisa, quien los quiso como a un hijo.

El inusual nombre provocó burlas de la comunidad ficticia de Vieques, con lo que Usmaíl nunca aprendió a lidiar. Finalmente, el joven acude a San Juan para cambiar su nombre pero encuentra nuevos escollos en su triste vida.

Aun así, como Vieques, Usmaíl tiene mucho que ofrecer. Como estudiante, preparo mi tesis doctoral sobre esta novela de 1959 por lo que decidí ir personalmente al escenario de esta narración. Hacía ya 15 años desde que había ido por primera vez a la isla municipio, como muchos puertorriqueños, a vacacionar y sumergirme en sus cristalinas aguas. Esta ocasión era distinta. Llevaba en mis manos la novela que tanto había leído y una corriente de emociones en mi corazón. 

En la lancha, comencé a calibrar que el viaje tendría buenos frutos. Cerca de mí, se sentó un joven empleado del correo y, afuera, un brillante arcoiris me recibió. Al bajarme de la lancha me emocioné -y mucho- porque la Isla Nena permanece casi intacta a como se describe en la obra de Soto.

Mi primera visita tenía que ser el correo, donde pregunté si por fin habían llegado cartas para Chefa, la madre de Usmaíl. La contestación –en broma y en serio– fue que no. Se me informó, además, que este no era el edificio original sino uno cerca del terminal de lanchas. Allá fui y me senté en sus escaleras para imaginar la fatigosa espera bajo el sol de la negra embarazada. 

Mientras tanto, para mi sorpresa, un hombre negro de edad avanzada, delgado en extremo, con ropa gastada y descalzo se me acercaba lentamente. Nos pidió algo de dinero con una sonrisa envuelta en una abundante barba blanca. Por supuesto que accedí a cambio de una foto con él. Parecía sacado de la novela, como si el mismo Quico el morrocoyo hubiese salido a nuestro encuentro.

Regresé al pueblo para sentarme en la plaza de recreo de Isabel II, tal como hacía el joven Usmaíl en las noches para hablar con sus amigos. Recurrí a los viequenses de mayor de edad para saber si allí cerca existió un cine, a donde el protagonista acudía. Con mucho ánimo y hasta con orgullo, me señalaron el lugar exacto del Teatro Nayda, que ahora está ocupado por un edificio gubernamental, justo frente a la plaza.

El viaje terminó pronto. Decidí regresar a Vieques varios meses más tarde para completar mi estudio. En esta ocasión solicité el servicio de una guagua pública y su amable chofer me dio la suficiente confianza para que lo interrogara.

“¿Usted sabe quién fue Gran Diablo?”, cuestioné sobre el viequense en que parece haberse inspirado Pedro Juan Soto para formar a Quico. “Ea, hacía tiempo que no escuchaba ese nombre, pero sí lo recuerdo”, exclamó de inmediato mientras recorríamos algunos barrios como Destino Adentro y Destino Afuera, donde Usmaíl tuvo una de sus grandes aventuras.

En el trayecto, me fijé que en el Vieques actual hay muchos vehículos todoterreno para alquilar marca Jeep. Esto me hizo recordar que en la novela, los jeeps eran utilizados para vigilar y custodiar los terrenos de la Marina que recién habían expropiado. En un pequeño hostal en La Esperanza, hallé lo que parece una obra artesanal. Es la fracción de una parrilla frontal de un jeep “de los viejos”, decorada con dos pantallas de lámpara en cristal, sustituyendo los focos originales. 

La parrilla, en su nuevo rol artístico, simula un rostro feroz. Se le añadió lo que parece una gran boca con una lengua saliendo de esas fauces. De inmediato tomé fotos, porque en Usmaíl se vincula al jeep vigilante con la fiereza de una bestia.

Otra tarde, sentada en el balcón de un negocio frente al mar, me dispuse a montar conversación con un viequense de 73 años de edad. Luego de las debidas presentaciones me dice: “¿Tú conoces la historia de Vieques?”, me cuestionó sin demora. Quizás esa era su condición para hablar conmigo.

-”Sí”, contesté firme.

Luego de hablar un rato y ganarme su confianza como investigadora sobre Vieques, me dice: “Antes de (David) Sanes, los marinos mataron a muchos viequenses. A un tío mío lo mataron porque fue a mudar las vacas de los terrenos de la Marina. Lo mataron por pasar al terreno que expropiaron. Era joven. Y esa es la amargura mía”, concluyó y aunque tranquilo, se notaba algo de tristeza en su mirada.

En Vieques tomé fotos del mar, del amanecer en Sunbay, de las escuelas a las que posiblemente acudió Usmaíl en la novela, del nunca acabado Fuerte Conde Mirasol, de la calle Carlos Le Brun por donde pasaba Usmaíl, del Faro de Punta Mulas y no podía dejar de visitar a Morropó, barrio donde en alguna de sus casas Cisa cosía la ropa de la gente económicamente acomodada del pueblo. 

Fui al cementerio viejo donde cielo, mar y tierra se funden en un solo espacio para tornarse especialmente atractivo por sus distintos tonos de azul. Caminé por entre las tumbas, algunas identificadas como de soldados de la Guerra de Corea, hecho que Soto recoge en su novela. Pensé que en alguna de las otras tumbas podría estar el cuerpo de Nana Luisa, pero reconocí con algo de nostalgia que la querida Nana solo fue una ficción del autor. Al igual que con Quico, figuré en algunos viequenses a otros personajes, pero reprimí mi deseo de pedirles una fotografía.

Los viequenses son hospitalarios y serviciales, orgullosos de su paraíso. Contestaron todas mis preguntas con honestidad y sabiduría. La Marina y el problema de las lanchas son temas de conversación frecuentes. Se nota que esos asuntos los resienten pero que también los resisten con valor. Un señor, incluso, me aseguró que hacía como cinco años que no iba a la isla grande (Puerto Rico).

Para mí, Vieques y Usmaíl están unidos en realidad y ficción. ¡Hasta me han preguntado a cuál familia viequense pertenece Usmaíl! Han pasado 60 años desde que Soto publicó la novela, pero algunos de sus temas siguen tan vigentes, tan inteligentemente presentados y casi tan intactos en la realidad viequense como el mismo día en que el personaje llamado Usmaíl partió a San Juan en busca de nuevos senderos. 

Pedro Juan Soto Suárez fue un destacado autor puertorriqueño, nacido en Cataño. El próximo 11 de julio cumpliría 91 años de edad. Estuvo casado con la también escritora Carmen Lugo Filippi y era padre de tres hijos, uno de ellos Carlos Soto Arriví. Soto Suárez falleció el 7 de noviembre de 2002 en un hospital de Río Piedras.

La autora es candidata doctoral en literatura puertorriqueña del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

El retrato de la desgracia

Por Juan Forn

Un día de 1907, André Derain se cruza por la calle con su amigo Picasso y lo invita a tomar unas copas en su atelier. Uno lee esto y piensa: el viejo pintor y su amigo más joven. Error: Derain y Picasso eran casi de la misma edad (uno de 1880, el otro de 1881), pero por alguna rara razón no competían entre sí. Al subir al atelier ese día, Picasso se fascinó de tal manera con la colección de objetos primitivos de Derain que éste le dijo que fuese sin falta a la sección africana del Museo del Trocadero. Picasso insólitamente obedeció y el resto es historia conocida: Picasso pinta Las señoritas de Avignon y cambia las coordenadas de la pintura de su tiempo. Derain, entretanto, parte al frente cuando estalla la Primera Guerra y vuelve de las trincheras convencido del viraje que debe dar su pintura. Sigue siendo el mismo grandote bonachón y sensualista, pero siente que debe ir en una dirección diferente a la de todos sus amigos pintores, intentando una síntesis metafísica entre el primer cubismo y la serenidad de los viejos maestros renacentistas. A su regreso del frente, le dice a Picasso que Las señoritas de Avignon le parece una empresa desesperada y que no le extrañaría encontrar algún día a su amigo colgado detrás de semejante tela. Picasso lo tranquiliza en privado, pero le pide que repita en público el comentario, porque no puede imaginar un “elogio” más efectivo. Derain lo hace y, para la sorpresa general, Picasso sigue frecuentándolo. Lo mismo hacen Giacometti, Braque y un jovencito llamado Balthus, que terminará teniendo un rol decisivo en esta historia.

Por esa época (ya estamos en los años ’30) se produce en París una reacción de varios pintores contra los experimentos de vanguardia. La decisión es menos estética que ideológica: soplan vientos nauseabundos en Francia.

La prensa nacionalista da a esos pintores el título de “La Vuelta al Orden”, que es lo mismo que piden políticamente: expulsión de inmigrantes judíos y bolcheviques, retorno “a los valores franceses de siempre”. Pese a los reparos de Derain, que no comparte uno solo de los ideales de esos pintores, la prensa lo pone a la cabeza del movimiento y lo usa como ariete para fustigar a los vanguardistas, casi en los mismos términos en que Hitler habrá de dividir poco después el arte en “degenerado” y “excelso”. Derain se va de París a un pueblito de las afueras llamado Chambourcy, pero de poco le sirve el cambio de aire: los nazis invaden Francia, la Gestapo le hace saber al pintor que ha sido elegido para integrar la comitiva de artistas franceses que el Führer quiere conocer en Berlín.

Derain contesta que ya no pinta, y mucho menos viaja, pero la Gestapo insiste con la delicadeza que la caracteriza. Poco importa a los franceses que en ese viaje Derain se negara a hacerle un retrato a su admirador, el canciller Von Ribbentrop, y que pidiera (en vano) por sus compatriotas deportados. Terminada la guerra, Derain es acusado de colaboracionismo y, si bien será exonerado de los cargos, su nombre quedará manchado hasta su muerte en 1954.

Retrocedamos ahora veinte años, al momento en que Derain es arrastrado por Picasso, siempre atento a los escándalos, a la primera muestra de Balthus. Ante la reacción incendiariamente adversa, Derain decide dar su apoyo al joven pintor comprando uno de sus cuadros (Picasso promete hacer lo mismo, pero después se olvida, o se arrepiente). En agradecimiento, Balthus se ofrece a pintarle un retrato. Derain le da largas al asunto, pero permite al joven pintor que lo contemple trabajar en su atelier. Los expertos dicen que esas jornadas fueron decisivas para Balthus y él mismo aseguró hasta su muerte que la razón por la cual era tan lento y obsesivo para pintar era porque quería dar a sus cuadros el virtuosismo que Derain conseguía darle a los suyos casi sin esfuerzo. Pero en 1936, cuando Derain acepta por fin posar para Balthus, su moral está en baja. El evento de la temporada es un libro llamado Pour et Contre Derain, en el que una veintena de críticos cuestionan el viraje de su pintura y lo declaran acabado. Con ese estado de ánimo concurre diariamente a posar, durante cuatro meses, al atelier de Balthus. El resultado es uno de los mejores retratos del siglo, pero involuntariamente dio el golpe de gracia a la reputación de Derain, cuando Balthus lo incluyó en su primera exhibición en París después de la guerra.

Admirador del famoso retrato que había hecho Picasso de Gertrude Stein, Balthus dio a su Derain la misma imponente altivez. Y, fiel a su inveterada pasión por las nínfulas, incluyó en el fondo del retrato a una modelo y amante ocasional de Derain. A causa de su proverbial lentitud para pintar, Balthus incluyó a la modelo en el cuadro cuando Derain ya había dejado de posar. Se trataba de una jovencita judía llamada Sonia Mossé, deportada por los nazis y gaseada en Auschwitz. Cuando Balthus exhibió el cuadro en 1946, su recuerdo estaba aún fresco en la memoria de los artistas parisinos y la altivez de Derain en el cuadro fue interpretada como desprecio por la suerte que habría de correr su modelo. La terrible ironía del asunto es que Balthus había pintado a la modelo equivocada: la que trabajaba habitualmente para Derain se llamaba Raymonde Klaubniche, pero compartía pensión con la pobre Sonia Mossé y envió a ésta al atelier de Balthus porque tenía otro trabajo mejor pago.

Derain ya no volvió a París, ni volvió a exponer hasta su muerte. Da escalofríos comparar el último de los autorretratos que pintó con el que le hizo Balthus: nada queda de uno en el otro; no sólo no parecen la misma persona; ni siquiera parecen pertenecer a la misma especie. Aunque Balthus no se atrevió nunca a darle el retrato, siguió visitando a Derain en Chambourcy. En la última de esas visitas, en 1953, le llevó de regalo el ejemplar de los Cuentos Orientales de Marguerite Yourcenar que Derain le había hecho leer en 1937. Derain le pidió que leyera en voz alta el cuento que había sido su favorito en aquel entonces, “Cómo se salvó Wang-Fo”, la historia de un viejo pintor chino condenado por el emperador a que le arranquen los ojos y le corten las manos por pintar el mundo demasiado hermoso; es decir, por falsearlo. El viejo pintor no esgrime ninguna defensa. Sólo pide, antes de que se ejecute la condena, terminar su última obra, un paisaje del mar visto desde la orilla, en el que flota una barca solitaria. Cosa que procede a realizar con tal maestría que el mar se hace realidad y las olas se llevan al emperador y a toda su corte, mientras él se sube a la barca solitaria y se pierde en el horizonte. Cuenta Balthus en sus memorias que, cuando llegó al final del relato, por un instante estuvo convencido de que el horizonte se abriría y el viejo Derain haría un triunfal mutis por el foro junto con el sol poniente, pero los minutos fueron pasando, el sol terminó de ocultarse en el horizonte y, cuando ya había caído la oscuridad sobre ellos, el viejo Derain quebró el silencio para murmurar amargamente al vacío: “Yo no tendré esa suerte”.

Tomado de Página 12.

En la feria

Por Zahira Cruz /Especial para En Rojo

Disfruto mucho venir a Madrid durante La Feria del Libro que toma lugar en el Parque del Buen Retiro. Las librerías de la ciudad se vacían y me puedo regodear a gusto y ganas entre sus mesas y estantes atestadas de libros en lugar que de gente. Hay fresco (dentro de las librerías, y para mi sorpresa afuera no está tan caliente como en otras ocasiones) y comodidades para hojear y seleccionar lo que me interese. Si voy, por ejemplo, a La Central de Callao o a Tipos Infames en Malasaña puedo tomarme allí una cerveza y luego un café, o viceversa. El orden en estos asuntos no me importa mucho, solo depende de lo que me apetezca y del estatus de mi bolsillo. Por supuesto, para algunos, estas actividades mías pueden resultarles una comemierdería yo, en cierto sentido, lo considero un lujo. Soy un ser humano y tengo mis debilidades. No me flagelaré por ello —a fin de cuentas no es algo que hago a costas del sufrimiento ni del trabajo ajeno—. Me gusta leer y tomar mis refrigerios. A veces compro libros a veces no. A veces puedo venir a Madrid a veces no. A veces puede ser en tiempo de feria a veces no. A veces contenta a veces no. En esta ocasión he venido a Madrid en época de feria y por un momento pensé en darme el lujo de no poner un pie en el evento, pero al final vine un rato para poder contarles a mis señoras y señoritas amigas y amigos del En Rojo lo que había por aquí. Contarles que en el Parque del Buen Retiro sigue —el todavía joven— poeta con su silla y su mesa escribiendo poesía por un euro frente al estanque. También la cabra con su badajo luciendo su mejor sonrisa —siempre imperceptible— para la foto y la gitana con sus ramas de romero derrochando originalidad en cada maldición que desperdiga ante la tacañería de los turistas; la orquesta de camara sigue allí y los pájaros cagándose en las mesas de los chiringuitos también. Todo en su lugar, supongo. 

Esta edición de la feria (FLM19) ha sido dedicada a la República Dominicana. En su programa de participación enfatizaron nuestros hermanos dominicanos su herencia española y destacaron las figuras de Pedro Henríquez Ureña, Juan Bosch y Marcio Veloz Maggiolo como intelectuales de fuertes vínculos literarios con España. Además, dedicaron un especial reconocimiento al poeta Pedro Mir. Dicho programa transcurrió entre tertulias, conversatorios, presentaciones de libros, música, documentales. Hubo también un ciclo de cine dominicano, danza, teatro, carnaval y un pabellón infantil decorado con la temática del mar cuyo lema fue ‘Embarcados en los libros’. Hubo sesenta narradores, y merengue y bachata en vivo. La presencia del merengue fue justificada bajo el dato de que dicho género musical es patrimonio inmaterial de la UNESCO pero, quisiera comentar, acá entre nosotros, ¿no les parece que la presencia del merengue en este evento cultural no necesita mayor justificación que la de su mera existencia y pegajoso ritmo y sabor? La agrupación musical de merengue Perico Ripiao y Víctor Víctor con su bachata fueron dos de los representantes de la sonoridad dominicana que encendieron la bulla y atajaron la solemnidad típica de estos eventos que en la mayoría de las ocasiones me hacen morir de tedio. La reina Leticia estuvo el primer día acompañada de sus princesas y fue agasajada con el obsequio de varios libros en su mayoría de literatura femenina. Lo cuento porque sé que la realeza española es tema de conversación entretenimiento y cotilleo en ciertos sectores de nuestro país, ávidos lectores también de nuestro suplemento semanal En Rojo, ¿sí o no? 

Para ir culminando con el relato de mi experiencia me confesaré con ustedes: el motivo promordial, o más bien único, que me sacó de las librerías y me llevó a la Feria en el Buen Retiro fue la presencia del admirado escritor catalán Enrique Vila-Matas, quien estaría firmando libros en la caste de la Librería Méndez. Sobre esto no sé si estará demás decir que me limité a ver de lejos cómo el autor le firmaba los libros a personas con mayor capacidad que la mía para lidiar con las hordas de lectores entusiasmados por obtener su autógrafo.