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UPR: Un punto en el tejido de la corrupción

 

CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com 

Los seis arrestados por corrupción y el escandaloso chat han expandido el margen de incertidumbre financiera experimentado por la Universidad de Puerto Rico (UPR) en los últimos años. Situación que se ha agravado progresivamente desde los años 90. 

La irresponsabilidad de esta claque gobernante ha quedado al descubierto, el chat “ha sido la chispa que incendió ese gigantesco malestar acumulado por años y los jóvenes son quienes han levantado al país en contra de la corrupción y la Junta de Control Fiscal (JCF)”, dijo el profesor retirado de la UPR, Félix Córdova. 

Córdova, explicó brevemente una red de corrupción relacionada a los dos asuntos mencionados al principio y que afecta directamente a la UPR. Mientras la administración universitaria ofrece jugosos contratos a compañías recién incorporadas, son los estudiantes, empleados y profesores quienes pagan las consecuencias del saqueo y el mal manejo de fondos públicos. 

“La UPR no está ajena al chat de Telegram, dijo por su parte la presidenta de la Hermandad de Empleados Exentos No- Docentes, Jannelle Santana. La líder sindical expresó que la UPR estaba dentro de la “destrucción” conspirada por Ricardo Rosselló y sus brothers en las conversaciones. “Allí salió a relucir la verdad sobre Hamilton y los insultos hacia los estudiantes, dejando claro que estas personas no tenían ningún interés en salvaguardar la UPR”, añadió. 

Santana, alegó que los responsables principales de los aumentos en la matrícula y los recortes son el presidente de la Junta de Gobierno de la UPR (JG-UPR), Walter Alomar, y la vicepresidenta, Zoraida Buxó. “Los recortes más grande de presupuesto vinieron del ejecutivo, no de la JCF. El ente federal no hace planes fiscales, quien hace el Plan Fiscal es la JG-UPR, que a su vez responden al Ejecutivo”, explicó. 

Buxó, fue nominada por Rosselló a la JG-UPR en 2017. La vicepresidenta contrató a la firma de consultoría y contabilidad BDO para “bregar” con el sistema de retiro de los empleados docentes y no-docentes de dicha institución. 

BDO Puerto Rico es uno de los nexos en la red de corrupción esbozada por Córdova. Fernando Scherrer, presidente de la firma de contabilidad que tenía contratos con varias agencias gubernamentales, fue uno de los 6 arrestados el pasado miércoles 10 de julio. 

Además, destacó la relación de Carlos García, miembro actual de la JCF, y la situación actual “por lo tanto unimos gobierno y Junta. Son dos aparatos corruptos los que están gobernando sobre Puerto Rico” Pero el vínculo no solo se reduce a García, Alberto Velázquez Piñol trabajó bajo la administración de Pedro Rosselló como subdirector ejecutivo de administración y finanzas de la Compañía de Turismo. Corporación que entonces dirigía Fortuño. 

Cuando Fortuño ganó la gobernación en 2009, Velázquez Piñol fue designado como administrador del Departamento de Educación y director de la oficina del Banco Gubernamental de Fomento (BGF), en Nueva York. Quien dirigía el BGF en ese entonces era García. 

Velázquez Piñol, fue uno de los arrestados junto Scherrer, Julia Keleher, Ángela Ávila y las hermanas Mayra Ponce Mendoza y Glenda Ponce Mendoza. BDO mantuvo contratos millonarios principalmente entre el Departamento de Educación, el Departamento de Hacienda y la Administración de Seguros de Salud de Puerto Rico (ASES).

“Tanto Buxó como Walter Alomar (presidente de la Junta de Gobierno de la UPR), son parte de la red de corrupción y tienen que renunciar también”, sentenció el profesor Córdova.

Buxó, es socia de la firma de cabilderos World Professional Group, creada por Carlos López López en 2009. López, es además abogado socio en la firma bipartita Wolf Popper LLP, que aguarda vínculos con educación y de la cual formaba parte Elías Sánchez. 

Por otra parte, el presidente de la JG-UPR ha mantenido contratos dudosos con el gobierno mediante la compañía DBPR Legal LLC. Entre los entes gubernamentales figura la Compañía de Turismo, la Junta de Planificación, la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal de Puerto Rico (Aafaf). Esta última se encarga de hacer los planes fiscales del primer centro docente del país.

“Si estas personas respondían y estaban protegidas por el ejecutivo ¿cuáles son los nexos entre Buxó y Elías, que trabajaban juntos para un mismo bufete?”, cuestionó Santana. Además, mencionó que, por ejemplo “los correos electrónicos trabajan con la plataforma de Gmail y ahora vamos a emigrar a Microsoft”. 

“Hemos sido víctima del saqueo y la mala administración de fondos públicos; contrataciones de compañías que solo llevan incorporadas 8 meses y se están ganando miles de dólares para dar supuestamente adiestramientos en la universidad cuando la administración cuenta con la tala de profesionales para ofrecerlos”, añadió Santana.

Una Policía sin control y sin dirección

 

Especial para CLARIDAD 

El constante exceso de uso de fuerza policíaca contra manifestantes quedó evidenciado una vez más en la jornada de protestas #RickyRenuncia, la cual comenzó el 10 de julio y se extiende hoy día a pesar de que Ricardo Rosselló anunció su renuncia el pasado 25 de este mes. 

Comenta Mari Mari Narváez en su columna Rosselló y su Manada: Reprimir por existir, publicado en CLARIDAD hace dos semanas, que en estos últimos años se han evidenciado niveles de represión inimaginables para ella –y para muchos otros puertorriqueños y puertorriqueñas–.

En Fortaleza los estaban esperando. Foto Ernesto Robles

Además del uso excesivo de la fuerza policíaca, Mari Mari ofrece otros ejemplos de represión: los casos recientes de las últimas celebraciones del 1ro. de mayo, el encarcelamiento de Nina Droz, los cargos contra estudiantes que protestan, los arrestos al estilo secuestro, las intimidaciones y fabricaciones serias a estudiantes huelguistas. 

Durante las manifestaciones de la jornada #RickyRenuncia comenzada el 10 de julio, 43 personas se vieron afectadas por diversos tipos de intervenciones de la Policía de Puerto Rico. Este número no incluye a cientos de personas que, se estima, sufrieron los efectos de los gases lacrimógenos lanzados a lo largo de muchas calles del Viejo San Juan en múltiples ocasiones, así como en una manifestación en Guaynabo. 

El informe de Kilómetro 0

Esta última información se evidencia en un informe preliminar que ha suministrado en estos días y con gran sentido de urgencia el portal electrónico Kilómetro Cero, cuya labor es supervisar y promover la restricción del uso de fuerza del estado contra la ciudadanía. 

«Ahi viene el Mr. con macana». Foto Ernesto Robles

Según este informe, que puede encontrarse en https://www.kilometro0.org/informes, al menos 29 personas de esas 43 se vieron afectadas por alguna técnica de uso de fuerza por parte de la Policía de Puerto Rico. También de esas 43, 16 personas fueron arrestadas y 20 resultaron heridas. Los casos que se documentan en el informe incluyen macanazos, disparos de armas con municiones de goma, gas pimienta, gases lacrimógenos, golpizas, daños a la propiedad y otras agresiones.

También, explica el informe, para el cual han colaborado organizaciones como ACLU Puerto Rico, Amnistía Internacional Puerto Rico, Brigada Legal Solidaria, Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico y el Instituto Caribeño de Derechos Humanos, que los usos de fuerza que se documentan se dan en el contexto del derecho a la protesta que tienen los y las ciudadanas, una actividad protegida por la Constitución de Estados Unidos y de Puerto Rico. 

Informa el documento que durante esta jornada de protesta se han podido constatar: 9 agresiones con balas de gomas o perdigones; 8 agresiones documentadas de personas directamente afectadas por gas lacrimógeno o pimienta; 4 casos de agresiones con múltiples técnicas de uso de fuerza (golpes con macanas, gases, barridas de piso, uso de gas pimienta, etc.); 3 agresiones con macanas o batones extensibles; 1 agresión con taser por parte de agentes federales, del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos. 

Además, 4 casos que constituyen otras agresiones no mencionadas anteriormente. (Una mujer a la que, se alega, la Policía le dislocó un brazo, aunque aún no se tiene información sobre cómo lo hizo; un automóvil quemado por la Policía; un joven al que le cayó un cartucho de gas lacrimógeno en la cabeza provocándole una herida punzante y una agente de la Policía a la que pisaron con un vehículo oficial). 

Foto. Ernesto Robles

Para Kilómetro Cero estos ejercicios de fuerza de parte de la Policía de Puerto Rico fueron injustificados, excesivos, desproporcionados, destemplados e ilegales. El diario estadounidense, The New York Times, analizó decenas de vídeos y fotos de la jornada de protestas y también concluyó que la Policía se excedió en el uso de la fuerza contra personas “que no representaban una amenaza”. 

 

Testimonio de Mónica Flores

Mónica Flores, joven manifestante agredida con balas de goma por la policía el 22 de julio en el Viejo San Juan, jamás pensó que iba a ser objeto de un ataque “excesivo, abusivo e innecesario”, como lo calificó al contar su experiencia, la que se copia adelante. 

Escribir esto ha sido más difícil de lo que pensé. Tal vez porque aún estoy procesando todo lo que viví en los pasados días. Tal vez porque duele enfrentarse al discurso de la lucha “sin violencia” cuando tengo moretones en ambas piernas. Cuando tuve que ser cargada por extraños por no poder respirar. Cuando camine desorientada por un Viejo San Juan en guerra. Y es que recibí cuatro impactos de bala. Cuatro. Todos en la parte trasera de mis piernas. Todos mientras intentaba alejarme, junto a mi hermana, de la nube de gases lacrimógenos que avanzaba hacia nosotras y que nos persiguió por varias cuadras. Estuvimos varios días participando de las manifestaciones en Fortaleza. Todas acababan en gases. Todas. El lunes 22 de julio no fue la excepción.

Allí estábamos mi hermana, varias amistades y yo, consignando, cantando y aplaudiendo al son de la batucada que tocaba justo en la línea policiaca en la Calle Fortaleza. Estuvimos así unos 30 o 40 minutos y, de momento, escuchamos a un oficial de la policía: “tienen 10 minutos para desalojar el área. Esta manifestación se ha convertido en una ilegal”. ¿Qué? ¿Ilegal? ¿Por qué? Esto es un espacio público – grite a viva voz. No era la única. Mi hermana y yo decidimos que no nos iríamos. No íbamos a renunciar a nuestro derecho a protestar. Como generación y como pueblo, ya habíamos perdido demasiado. La batucada seguía tocando. Los 10 minutos se volvieron 5, luego 2, luego 1. Teníamos “goggles” de natación y camisas humedecidas para cubrirnos. Nos las pusimos. Comenzamos a caminar y darle paso a quienes tenían mejor protección. Recuerdo las primeras dos latas de gas lacrimógeno. La primera cayó a mi derecha. La segunda quedó atascada en un balcón, obligando a un camarógrafo a irse. Recuerdo también las palabras de otros recomendando no correr para evitar una estampida. Aceleramos el paso para llegar a la Plaza de Armas, donde nos encontraríamos con las demás. Hacemos una izquierda y “pum”, detonaciones, seguidas de un dolor en ambos muslos. “Me dieron”, le dije a mi hermana. “Auxilio!” comenzó a gritar ella. El grito más desgarrador que había escuchado y venía de “la chiquita de casa”. Cada vez que pienso en ese momento, se me aprieta el pecho. Es esa escena clásica que explotan para películas y documentales, pero que uno nunca piensa que va a tocar tan cerca. Y ahí estaba ella, pidiendo ayuda a gritos. Miro hacia atrás. Teníamos a la policía encima. “Estoy bien; hay que seguir”- le dije. Llegamos a la plaza y me bajo un poco el pantalón. Pude ver un círculo de sangre en mi muslo derecho. Para eso, ya la formación policiaca estaba en la Calle San José. Los teníamos de frente. Sentí mucha rabia. No podía entender qué exactamente estaban defendiendo, ni a quién, ni porqué. Mucho menos podía entender cómo se justificaban mis heridas. Como yo podría haber representado una amenaza. Lo que sí quedó claro es que, ante sus ojos, ya no éramos personas. Tal vez un manifestante nunca lo es ante el poder del uniforme. La lluvia de gases y las balas comenzaron nuevamente.

Tocó volver a correr, pero las camisas y los “goggles” no daban para mucho. No podíamos ver. Tampoco respirar. Recuerdo chocar con algo y luego ser agarrada por otras personas. Caí al piso sin poder respirar. Alcancé a decir “no puedo”. A lo que alguien me contesta “sí puedes” y me levanta. Mi hermana ya no estaba conmigo. Sin soltarme, me echa dos sustancias distintas en la cara y, finalmente, puedo respirar y ver un poco. Quien me cargaba tenía una capucha azul brillante y siguió conmigo hasta la Calle San Sebastián, done vuelvo a ver a mi hermana siendo ayudada por otro encapuchado. Me despido con un “gracias”. Estoy convencida que nos habían salvado de una suerte peor. La policía seguía detrás y avanzando. 

La nube de gases lacrimógenos y balas también. Turistas y manifestantes buscaban resguardarse en los negocios que aún estaban abiertos. En uno de esos negocios conocí a Claudia. Tenía triple antibiótico, “tape” y gasas. Allí me atendió rápido y volvimos a la marcha, pues la policía se acercaba. En todo el trayecto no dejaban de escucharse detonaciones, gritos, explosiones, cosas romperse. En todas las calles estaba sucediendo algo. El Viejo San Juan era una zona de guerra. La tregua llegó justo cuando llegamos a la Plaza Colón, donde la gente se aglomeraba a esperar la famosa caravana del Rey Charlie. La caravana llegó. Me monté. Si iba a coger tiros, al menos cogería también una “trillita”.

Tres horas después, estaba siendo cargada entre dos personas hacia la casa. Mis piernas hinchadas ya no daban para más. Dos días después, estaba nuevamente en Fortaleza, recibiendo la renuncia. Esa noche, las piernas dolían un poco menos. Al otro día, pude bailar. Seis días después, se mantienen los moretones. La convicción de que la democracia se ejerce y exige todos los días, también se mantiene.

 

«El perreo intenso acaba de comenzar»

Por Gabriela Ortiz Diaz/Especial para En Rojo

Los bailes han sido parte de la cultura popular y siempre se han utilizado como herramienta de expresión. Sin música no hay revolución”.

Bárbara Abadía Rexach 

 

 

Ya lo dijo el periodista ancla Jorge Rivera Nieves, así al aire, con su articulación perfecta y su registro grave de voz: “El perreo intenso acaba de comenzar”. Esa oración, expresada con total naturalidad durante la teletransmisión que aguardaba –al igual que todo el país– porque el ahora casi ex gobernador anunciara su renuncia, se volvió viral en las redes sociales. 

Estas palabras que el “ancla del perreo” –como le han denominado por vacilar– dijo la noche del 24 de julio enmarcaron, literalmente, el comienzo de aquella manifestación llamada perreo combativo y también la discusión acalorada y extensa en las redes sobre esa manera de protestar en las escalinatas de la Catedral San Juan Bautista y en la Plaza de Armas de Viejo San Juan, otra de las muchas que el pueblo ha gestado a raíz de la convulsión política y social de estos días. 

Y es que, durante las pasadas tres semanas de rebelión contra la corrupción del gobierno de Ricardo Rosselló, esas mismas redes sociales han servido de espacio para convocar, organizar, denunciar, exigir, reflexionar, informar, debatir. Sobre el asunto, un repertorio grande de fotos, memes, vídeos, remixes musicales, comentarios, estatus quedarán guardados en las memorias de estas comunidades virtuales y saldrán como recordatorio al cabo de un año, por lo menos en Facebook, para revivir este julio de hastío colectivo. 

Si bien es cierto que el reggaetón y el trap, así como varios artistas puertorriqueños de esas escenas musicales desempeñaron un papel protagónico a la hora de motivar al pueblo a manifestarse más en la calle y menos a través de Facebook, también lo es que el monseñor Roberto González Nieves repudió el perreo combativo frente a la catedral por ser una falta de respeto a los valores que representa una catedral y a “nuestros símbolos patrios y religiosos”. 

Esas dos realidades reflejan el alcance multisectorial e intergeneracional de las convocatorias de los últimos días y los choques sociales que ha desatado este encuentro de toda la gente. Los que se han visto protestando a lo largo de estas semanas no solamente son los académicos o sindicatos, gremios y movimientos políticos más progresistas del país, sino que se ha visto a una masa heterogénea compuesta también por los seguidores del Rey Charlie y los de Bad Bunny, los que se pensaría que se mantendrían alejados de las marchas, las consignas y la formulación de posturas políticas. 

 Los comentarios que aquí se recogen fueron publicados en Facebook por diferentes personas y tienen la intención de representar distintas posturas sobre el debate del perreo en la catedral. De los comentarios se extraen opiniones acerca del moralismo ante el exhibicionismo del cuerpo femenino, del rechazo a la censura o invisibilidad de lo que por convención social es “indebido”, de la aceptación o inadmisibilidad de una conducta o expresión social que no “representa” a la mayoría, de la falta de respeto a la iglesia como institución, de la inclusión a la lucha de todos los estratos y sectores sociales, de la tolerancia ante diferentes formatos de protesta. 

¿Celebramos a un país que es otro, pero que sigue igual, aunque masivamente en la calle? ¿El relajo se ha extendido tanto que desvirtúa la protesta? ¿Dónde se traza la línea entre la manifestación y el tono de fiesta? ¿Se tiene que trazar? ¿Se reduce la lucha si se coge a chiste y se advierte, por ejemplo, esto que twitteó el cantautor Tommy Torres: “Que quede escrito en los libros de historia que no hay un tirano que pueda contra un perreo combativo”? Esta también han sido reflexiones. 

He aquí una muestra del debate cibernético: 

“Ya empezaron los viejos, los moralistas, los cristianos, los especialistas, los puritanos a dar instrucciones de cómo protestar…Las revoluciones no son velorios, son fiestas donde aprendemos a compartir el poder con el que nacimos y que nos quitan los gobiernos y los estados. Jóvenes, sigan perreando y jodiendo la pita, que así lo dicta la dialéctica, basta de Jurassic World”. Luis Díaz 

“Lo de que el reguetón sacó a Ricky es un relajo que la gente se está comenzando a tomar demasiado en serio”. Len Santiago 

“El reggaetón no tumbó un carajo. El reggaetón por coincidencia se dio cuando culminaron 15 días de manifestaciones y lucha…No es la primera vez que defienden lo indefendible en nombre de la “inclusión” y el anti clasismo, pero ya se les va la mano aplaudiendo un género que celebra todos los anti valores que precisamente estamos tratando de combatir”. José Jiménez 

“En la lucha hace falta quien tira piedras y quien tuitea, quien ora y quien perrea. Juntos ganan. Divididos pierden”. Zophera Ian

“Ojalá que la expresión creativa sea porque sintieron rabia e indignación. Te aseguro que la mayoría que estaba en el perreo no había aguantado los gases lacrimógenos los días anteriores”. Imgard L. Pinero 

“Lo que unió un Rosselló, ha venido a desunirlo un perreo… ¿Cuál es la lloradera por perrear/profanar un centro de crímenes y pedofilia tan emblemático? Otra vez los millenials y nuevas generaciones sacando la cara por los ignorantes que desean permanecer en el oscurantismo”. Yolanda Arroyo Pizarro 

“Quienes nos robaron eran cristianos ejemplares. Prefiero un perreo combativo que la corrupción gubernamental”.

“Dentro de la Catedral se “perrea” y se van “hasta abajo”. Grey Rivera 

“El reggaetón es excelente para ganarse el voto de “los cafres” en tiempos de campaña, pero cuando ponen en las noticias a la gente perreando en las calles a modo de protesta, como bailas tú en la oscuridad de la discoteca, ahí te avergüenza y te daña la protesta”. Deliluz Roubert 

“Esta revolución es de los que callaron: los gordos, los negros, las putas, los homosexuales, los malhablaos, los reguetoneros y traperos, los del caserío, los que rechazan por completo la moralidad convencional…”. Juan Ramón Recondo 

“Ven el perreo vulgar porque tienen tabúes sobre el sexo”.

“Que pena que las mujeres tengan que degradarse de esa forma”. Zaida Silva Reyes 

“Se seguirá haciendo hasta que los macharranes se enteren de que las tetas son una parte del cuerpo y no son obscenas. Dejen de criminalizar nuestros cuerpos”. Dulce Margarita Hernández 

 “El país callándose en cantos por el desgobierno y la violencia de la corrupción organizada y azulada y la gente preocupándose por un par de tetas”. Iván Díaz Merced

“El cuerpo es de ellas y también es una forma de protesta. Un cuerpo que el patriarcado por medio de la “moralidad” eclesiástica les ha negado…les han gobernado el vientre, las tetas, la libertad de sentir y ser. Mediante su cuerpo nos hablaron combativas. Querían ser vistas y lo lograron”. Don Vittorio Emmanuelle

“Se pasaron la moral por el culo los representantes del gobierno. Ahora, eso de las tetas al aire no importa”. Iván Girona 

“Inmoral es seguir viviendo en un país que permita la corrupción, homofobia, racismo y misoginia que impera en el sector gubernamental”. Yaraní del Valle Pinero 

“Pregunta seria: ¿Sabemos quién convocó el perreo combativo? Porque casi hasta parece un “inside job” para volver a intentar dividir la opinión pública”. Deliluz Roubert 

Mientras, hasta por Wikipedia circula el concepto: “perreo combativo o intenso es el nombre dado al baile público de reggaetón y trap hecho el 24 de julio de en las protestas en Puerto Rico de 2019. Este fue convocado por el pueblo y consistió en utilizar el baile del perreo en las calles de la ciudad de San Juan en forma de “repudio” al entonces gobernador Ricardo Rosselló Nevares.

Ayer florecieron las magnolias amarillas

Por Ana pérez Leroux/Especial para En Rojo

Ayer florecieron las magnolias amarillas.

La rareza del mundo se ha dado cita en Toronto.

Está el decreto del Segundo Impuesto; 

Los testigos de Jehová se congregan frente a la casa de la vecina.

Dijo alguien que ella se quiso salir de la religión,

 y por eso estaban allí.

El perro de la 119 se escapa, y esta vez,

Tal vez nadie lo devuelva.

En las vías del tren, los coyotes juegan con sus niños, 

amorosos y nocturnos.

Un mendigo me pide plata, sin hablar inglés.

Sin hablar.

Y otro loco triste fue de nuevo ejecutado

Por el crimen de apuntarle a un molino con tijeras.

Toronto, Mayo 2019

Una de mis lecturas favoritas son las calcomanías con moraleja, galletas de fortuna para el conductor aburrido. Me gusto mucho una que vi en Pennsylvania una vez, que creo que sale de un ensayo de Bertrand Russell: Moral majority is neither ‘La mayoría moral ni es mayoría ni es moral”. Y otra, antídoto que me ha ayudado a batallar el instinto a procrastinar: Cuidado, que las fechas en el calendario están mas cerca de lo que se ven. Gracias a esta última, voy ganando y llevo 30 años sin perder el empleo. Otra, que vi en un carro en Condor Avenue, no sabía uno sin te daban ganas de sonreír o de llorar: Make Orwell fiction again. Acabé por reírme, cuando me di cuenta que en que las siglas en español te llevan de MAGA a MOFA. Russell habría sentenciado que los que se auto-declaran genios estables, por lógica, no pueden ser ni una cosa, ni la otra.

Oí decir que en Condor Avenue vivió una vez James Earl Ray, el asesino del reverendo King. No estoy muy segura, porque el internet no lo confirma, y porque es difícil reconciliar la precariedad de antes con el barrio alegre de ahora. Se dice que en aquel entonces tenían residencia aquí matones, prostitutas, vendedores de drogas, y profesores de medio sueldo. Ann, la vecina mas vieja del barrio, perdió a su marido en la esquina frente a mi casa. En esos tiempos había allí una tiendita de variedades, y unos rufianes lo apalearon para quitarle los cigarrillos que había comprado. Quedó vivo por años, pero sin habla ni juicio, y Ann lo atendió con amor hasta el fin de su vida. El barrio de hoy no se parece en nada al de esos episodios funestos: en el antiguo colmado ahora vive un joven buenmozo que pasea con frecuencia a su niña, diseña patinetas y casitas de arboles, y mantiene la casa al estilo holandés, con la antigua vitrina de colmado dejando ver la sala. 

Hoy es primavera en el barrio, y la esquina rebosa de flores, pájaros y perros, y niños sueltos. Pero el mundo no respira este mismo aire fragante. Los indicios escatológicos proliferan, mas extraños aún que los del Vaticinio de Nostradamus. En el ártico los glaciares se reducen y los osos polares merodean hambrientos. Europa se muere de calor, y Ottawa y Montreal tienen los sótanos inundados. En Ontario se multiplica una variante botánica oriunda de China, que esta remplazando los arbustos del nativo algodoncillo. Eso no sería grave, excepto que esta variante falsa confunde a las mariposas monarcas; que siembran en ella sus huevos sin saber que las hojas impostoras no van a nutrir las oruguitas. En Puerto Rico los niños pintan letreros que le dicen a Riqui que se vaya. En Santo Domingo, tratan de reescribir la constitución para restaurar la posibilidad de reelección infinita. Diós, del verbo, que tremendo dejà vu. De Inglaterra se va Theresa y viene Boris. ¿Andará Natasha muy lejos? Venezuela sigue al borde del abismo. El mundo parece ir a toda velocidad en vía contraria.

Desde la ventana del gimnasio, se ve un banco en la calle. Pasa un señor gordo, y se sienta. Retoma el aliento, y sigue. La mamá del niño que esta aprendiendo a caminar parquea el cochecito, se sienta, lo espera. Se van. Un africano alto pasa, se sienta. Fuma con calma su cigarrillo, y se echa andar, lentamente. El banco está ahí. Es normal. Mucha gente que no se conoce lo encuentra útil. Alguien lo puso. Otros lo usan. Los ejercicios que hacemos en el gimnasio me devuelven al cuerpo; siento mi peso en los pies; el espacio alrededor mis brazos; el aire que entra y sale a mis pulmones. El banco, y su pausado pulso, me devuelven el tiempo y el espacio. El aquí, el ahora, y el yo que se escurre en el fluir de la ciudad.

Algo con alas

Por Juan Forn

En el año 1930 dos chiquilines judíos se hicieron amigos inseparables en las calles de Budapest. Uno callejeaba para huir del orfanato donde lo habían confinado; el otro porque sus padres trabajaban en la casa y lo mandaban a la calle. El huérfano se llamaba Imre, el otro se llamaba Endre, pero se rebautizaron Cziki y Bandi. En las calles de Budapest se hicieron de izquierda y descubrieron la fotografía. Con plata robada compraron una cámara y escaparon a París, dispuestos a triunfar. Allí se enteraron de la Guerra Civil en España. Decidieron que uno fuera a sacar las fotos y el otro se quedara en París para venderlas. Echaron a suerte y a Bandi le tocó partir y a Cziki quedarse, pero antes de separarse Cziki le dijo a Bandi: “Necesitarás un nombre mejor, para que podamos vender las fotos. Te llamarás Robert Capa”.

En el año 2007, cuando Capa llevaba casi cincuenta años muerto, apareció la famosa valija perdida donde guardaba sus negativos. Apareció en México, de todos los lugares posibles. Un par de semanas antes había muerto Cziki Weisz, rebautizado Chiqui Weisz en su patria de adopción, adonde llegó en 1942 huyendo de los nazis. Tenía 86 años y hacía diez que no podía hablar. Lo cuidaba la madre de sus hijos, que fue quien encontró la valija entre las pertenencias del muerto. Ella también era mexicana por adopción, aunque había nacido inglesa, con el nombre Leonora Carrington. Volvamos al año 2007, pero a un cóctel muy coqueto en una mansión de Lancashire, donde una curadora de arte mexicana se pone a conversar con la anfitriona, dama de la nobleza que ignora alegremente todo lo que pueda saberse de arte y que le dice a su visita: “Yo tenía una prima loca que pintaba y se escapó a México y nunca más supimos de ella. Quizás usted la conozca, su nombre es Leonora Carrington”.

Desde que tuvo uso de razón, Leonora Carrington sintió que había nacido en el lugar equivocado. Pataleó cuando a sus hermanos varones los mandaron a estudiar y a ella a una academia de modales. Prefería casarse con un caballo antes que con un noble. Sólo la calmaba dibujar. En una galería de arte londinense, frente a un cuadro de Turner, oyó una voz a su espalda que le susurraba: “Qué pintor de mierda”. Era Max Ernst que estaba en Londres acompañando la primera exposición surrealista en Inglaterra, en 1937. Ernst tenía 46 años y Leonora 17, pero huyeron juntos a París, donde Ernst abandonó a su esposa para instalarse con Leonora en una casa de piedra abandonada junto a un río, en la misma comarca donde había pintado Van Gogh. Fueron promiscuamente felices (“Hay que ir al campo a visitar a Max: se trajo de Londres a la Alicia de Lewis Carroll”, anunciaba André Breton a sus camaradas surrealistas) hasta que empezó la guerra y los franceses se llevaron detenido a Max a un campo de prisioneros. 

Leonora creyó enloquecer. Una pareja amiga se la llevó a España para protegerla, pero allí la descubrieron emisarios de su padre y la secuestraron e internaron en una clínica psiquiátrica en Santander. Leonora contó la experiencia en un libro estremecedor titulado Memorias de abajo. Le inyectaban cardiazol para inducirle ataques de epilepsia, el miedo que provocaba el tratamiento era tanto que reemplazaba el síntoma original, según aquellos médicos de terror: eso era curarse según ellos. “En esas jornadas de pesadilla decidí que nunca volvería a enloquecer”, escribió Leonora.

El plan de su familia era trasladarla a Portugal y desde ahí fletarla a una clínica de reposo en Sudáfrica, pero en Lisboa Leonora vio por la calle a un amigo de sus tiempos felices en París, el mexicano Renato Leduc, y le pidió ayuda desesperada. Leduc, que era gay y cónsul de México, se la llevó a su embajada, se casó allí con ella y consiguió dos lugares en un barco que iba a Nueva York. Recién desembarcada, Leonora se reencontró con Max Ernst, que se había casado con la mecenas Peggy Guggenheim. Pero Leonora ya no quería ser musa de nadie, así que siguió viaje a México con Leduc. Renato le consiguió casa, cuando se separaron en términos amigables. Renato le presentó a Chiqui Weisz y al resto de la colonia de artistas emigrados que serían los amigos de Leonora a partir de entonces, en particular dos mujeres: la española Remedios Varo y la húngara Kati Horna, sus “gemelas psíquicas”. Juntas criaron hijos e intentaron que el surrealismo superara la adolescencia, y después abandonaron el surrealismo y fueron feministas y ecologistas y chamánicas sin pudor en un mundo que rebalsaba testosterona. Convirtieron las cocinas en el centro de sus casas, a los figurones que pedían ver sus obras les servían un engrudo de sémola teñido con tinta de calamar que hacían pasar por caviar y sólo entonces les mostraban sus cuadros. 

“Estoy embarazada, por primera vez vivo en paz”, le escribió Leonora a su otrora rival Leonor Fini. Y poco después: “Pinto con el bebé alzado y el pincel en la otra mano”. Uno ve sus cuadros enormes, la infinita filigrana que hay en cada rincón de la tela y se pregunta cómo hizo para pintar así (era capaz de dibujar con las dos manos y escribía con toda naturalidad al revés: sus hijos tenían que leer en el espejo los mensajes que les dejaba). En 1968, después de apoyar a los estudiantes en la matanza de Tlatelolco, debió escapar antes de que la metieran presa. Se subió a un avión y de- sembocó en Chicago. Sus hijos ya eran grandes y se arreglaban solos; Chiki también (y además nunca tuvo pasaporte, nunca salió de México hasta su muerte). 

Volvió por el terremoto en México de 1985, para ayudar, pero duró poco: cuando vio que los perros rastreadores fletados por una ONG internacional para ayudar a encontrar supervivientes se vendían como animales de compañía, sintió que no aguantaba más vivir en México. Se instaló otra vez en Chicago, en un departamentito de un ambiente donde vivió anónimamente veinte años, hasta que Chiki ya no pudo valerse por sí solo y la llamó a su lado. En aquel departamento minúsculo de Chicago había tramado las esculturas enormes que hizo después y que para muchos son su obra más valiosa y su reconciliación con México. Imagínenla en esa caja de zapatos concibiendo sus enormes, extraordinarias esculturas. Para tener un poco de espacio en aquellos tiempos de Chicago, iba a un taller comunitario de arte que había en su barrio. Un día, la profesora creyó que podía mejorarle la técnica. “Como toque mi lápiz, le arranco un ojo”, le susurró Leonora.    

“Soy una vieja dama que ha vivido y cambiado mucho. Si mi vida vale algo es el resultado del tiempo”, dijo cuando cumplió noventa años. Con tres suéteres uno abajo del otro y un chal encima, en esa cocina que parecía una tienda de muebles de segunda mano, se sometió con fastidio a las cámaras de televisión. “¿Quién me gustaría haber sido en mi vida pasada? No sé, algo con alas… Un murciélago”, contestó. Una vez le reprocharon a Chavela Vargas que se dijera mexicana cuando había nacido en realidad en Costa Rica, y Chavela contestó: “Es que los mexicanos nacemos donde nos da la rechingada gana”. Imagínense esas palabras dichas con entonación inglesa y tendrán un retrato perfecto de esa mujer que ni Max Ernst ni Robert Capa ni Chiki Weisz ni ningún otro artista salvo su amiga Kati Horna supo retratar por entero.

Tomado de Página12 con permiso del autor.