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Minutos de cine: Stuber y The Lion King

Por Marcos I.López/Especial para En Rojo

Stuber

Stuber es un filme de acción/comedia dirigida por Michael Dowse y protagonizada por Kumail Nanjiani, Dave Bautista y Natalie Morales. Seguimos a Stu, un hombre común y corriente, quien trabaja part-time para Uber. Durante lo que parecía ser un día normal, un policía determinado solicita sus servicios como conductor y Stu se verá envuelto en una investigación tan descabellada que no te la querrás perder.

De entrada les digo que la química entre Nanjiani y Bautista es excelente. Estos contrastan perfectamente uno con el otro y sus reacciones a los eventos me tenían a carcajadas. En especial Nanjiani como Stu, quien da una presentación dulce, graciosa e histérica. Es genial ver como este trata de mantener la calma durante situaciones extremadamente tensas y realmente no puedo pensar en algo más satisfactorio aquí que verlo fallar y entrar en pánico. Por otro lado, me gustaría resaltar que los personajes secundarios fueron sumamente entretenidos. Estos aportan momentos geniales en la película y ayudan a mover la historia. Uno de los que más me gustó fue un Stripper que le da consejos de pareja a Stu y ver la interacción de estos fue uno de los highlights del filme.

Cuando hablamos de negativos quiero enfatizar que la historia pasa de ser una sumamente interesante a convertirse en un festival de clichés en los últimos 20 minutos. De la nada, habían revelaciones que se sentían directamente de una película genérica de acción de los 90 y eso me molestó mucho. También creo que en algunas (pocas) ocasiones hacían un chiste y lo seguían usando hasta que no daba risa. Pero honestamente esto afectó muy poco mi experiencia con el filme. 

Stuber es un filme sumamente gracioso. Luego de esto me gustaría ver más a Nanjiani en películas y ver cómo explora otros géneros, pero nunca dejando ir la comedia. Este nos da una actuación genial y el filme se resume en personajes de los cuales te enamorarás entre carcajadas y disparos. Si eres fan de la comedia y la acción esto es un must para ti en la gran pantalla.

The Lion King (2019)

The Lion King es un remake del clásico de Disney del mismo nombre esta vez dirigido por Jon Favreau y con las voces de Donald Glover, Chiwetel Ejiofor y James Earl Jones. Aquí seguimos a Simba, un cachorro que luego de una tragedia es forzado a huir de su hogar. Este se acostumbra a una vida sin preocupaciones, pero tiene un destino del cual no podrá escapar.

Esta película es una muy especial para mí. Recuerdo verla cuando era un niño y pensar en lo genial que eran los personajes, canciones y más. Así que cuando anunciaron una versión live action miles de dudas pasaron por mi mente. Pensé que The Lion King sería otra víctima de la ola de remakes pasables de Disney que nos arropa. Lo que en parte me tranquilizó fue que Jon Favreau fue elegido para dirigir y este hizo un excelente trabajo en el Remake de The Jungle Book. Pero con esto en mente solo queda una cosa por contestar ¿Valió la pena hacer un Remake de The Lion King?

Visualmente es espectacular. Una vez comienzas a ver los animales, sentirás que estás viendo un documental debido a que los efectos son así de foto-realistas. Por otro lado, creo que los personajes que brillan son los secundarios, específicamente Timón y Pumba quienes tienen las líneas más graciosas en la película y por mucho son lo más entretenido que tiene este filme. Lamentablemente esto es lo poco en lo que este remake sobresale y no nos ofrece mucho mas.

En cuanto a negativos, esto es una copia exacta de la versión animada. Esto me incomodó mucho porque llegaron al punto que usaban tiros de cámara sacados directamente de la original, no podía dejar de pensar en esta y no me dejaba conectar con la película que estaba viendo. Esta no trató de diferenciarse para nada de la original y esas son unas huellas enormes que seguir. También creo que el hecho de que los animales fueran foto-realistas (en parte) le quita mucha de la emoción al filme debido a que estos animales no tienen emociones faciales y es muy difícil conectar con algo así. Esto tiene que ver también con el elenco en general. No hicieron un pésimo trabajo con las voces, pero no fueron lo suficientemente creativos y emotivos para cautivarme.

El The Lion King de 2019 es una decepción. Esta no logra capturar la magia de la original y se queda corto por mucho. Me preocupa mucho pensar que vienen otros remakes de Disney y que recibirán un trato similar a esta. Si eres fan de la original les recomiendo que la busquen en algún tipo de stream o los invito a desempolvar su copia y no gasten su dinero en un remake sin ningún tipo de corazón.

Testimonio: La violencia del estado. 22 de julio.

 

Mónica Flores Hernández

Escribir esto ha sido más difícil de lo que pensé. Tal vez porque aún estoy procesando todo lo que viví en los pasados días. Tal vez porque duele enfrentarse al discurso de la lucha “sin violencia” cuando tengo moretones en ambas piernas. Cuando tuve que ser cargada por extraños por no poder respirar. Cuando camine desorientada por un Viejo San Juan en guerra. Y es que recibí cuatro impactos de bala. Cuatro. Todos en la parte trasera de mis piernas. Todos mientras intentaba alejarme, junto a mi hermana, de la nube de gases lacrimógenos que avanzaba hacia nosotras y que nos persiguió por varias cuadras. Estuvimos varios días participando de las manifestaciones en Fortaleza. Todas acababan en gases. Todas.

El lunes 22 de julio no fue la excepción. Allí estábamos mi hermana, varias amistades y yo, consignando, cantando y aplaudiendo al son de la batucada que tocaba justo en la línea policiaca en la Calle Fortaleza. Estuvimos así unos 30 o 40 minutos y, de momento, escuchamos a un oficial de la policía: “tienen 10 minutos para desalojar el área. Esta manifestación se ha convertido en una ilegal”. Qué? Ilegal? Por qué? Esto es un espacio público – grite a viva voz. No era la única. Mi hermana y yo decidimos que no nos iríamos. No íbamos a renunciar a nuestro derecho a protestar. Como generación y como pueblo, ya habíamos perdido demasiado. La batucada seguía tocando. Los 10 minutos se volvieron 5, luego 2, luego 1. Teníamos “goggles” de natación y camisas humedecidas para cubrirnos. Nos las pusimos. Comenzamos a caminar y darle paso a quienes tenían mejor protección. Recuerdo las primeras dos latas de gas lacrimógeno. La primera cayó a mi derecha. La segunda quedó atascada en un balcón, obligando a un camarógrafo a irse. Recuerdo también las palabras de otros recomendando no correr para evitar una estampida. Aceleramos el paso para llegar a la Plaza de Armas, donde nos encontraríamos con las demás. Hacemos un izquierda y “pum”, detonaciones, seguidas de un dolor en ambos muslos. “Me dieron”, le dije a mi hermana. “іAuxilio!” comenzó a gritar ella. El grito más desgarrador que había escuchado y venía de “la chiquita de casa”. Cada vez que pienso en ese momento, se me aprieta el pecho. Es esa escena clásica que explotan para películas y documentales, pero que uno nunca piensa que va a tocar tan cerca. Y ahí estaba ella, pidiendo ayuda a gritos. Miro hacia atrás. Teníamos a la policía encima. “Estoy bien; hay que seguir”- le dije. Llegamos a la plaza y me bajo un poco el pantalón. Pude ver un círculo de sangre en mi muslo derecho. Para eso, ya la formación policiaca estaba en la Calle San José. Los teníamos de frente. Sentí mucha rabia. No podía entender qué exactamente estaban defendiendo, ni a quién, ni porqué. Mucho menos podía entender cómo se justificaban mis heridas. Como yo podría haber representado una amenaza. Lo que sí quedó claro es que, ante sus ojos, ya no éramos personas. Tal vez un manifestante nunca lo es ante el poder del uniforme. La lluvia de gases y las balas comenzaron nuevamente.

Tocó volver a correr, pero las camisas y los “goggles” no daban para mucho. No podíamos ver. Tampoco respirar. Recuerdo chocar con algo y luego ser agarrada por otras personas. Caí al piso sin poder respirar. Alcancé a decir “no puedo”. A lo que alguien me contesta “sí puedes” y me levanta. Mi hermana ya no estaba conmigo. Sin soltarme, me echa dos sustancias distintas en la cara y, finalmente, puedo respirar y ver un poco. Quien me cargaba tenía una capucha azul brillante y siguió conmigo hasta la Calle San Sebastián, done vuelvo a ver a mi hermana siendo ayudada por otro encapuchado. Me despido con un “gracias”. Estoy convencida que nos habían salvado de una suerte peor. La policía seguía detrás y avanzando. La nube de gases lacrimógenos y balas también. Turistas y manifestantes buscaban resguardarse en los negocios que aún estaban abiertos. En uno de esos negocios conocí a Claudia. Tenía triple antibiótico, “tape” y gasas. Allí me atendió rápido y volvimos a la marcha, pues la policía se acercaba. En todo el trayecto no dejaban de escucharse detonaciones, gritos, explosiones, cosas romperse. En todas las calles estaba sucediendo algo. El Viejo San Juan era una zona de guerra. La tregua llegó justo cuando llegamos a la Plaza Colón, donde la gente se aglomeraba a esperar la famosa caravana del Rey Charlie. La caravana llegó. Me monté. Si iba a coger tiros, al menos cogería también una “trillita”.

Tres horas después, estaba siendo cargada entre dos personas hacia la casa. Mis piernas hinchadas ya no daban para más. Dos días después, estaba nuevamente en Fortaleza, recibiendo la renuncia. Esa noche, las piernas dolían un poco menos. Al otro día, pude bailar. Seis días después, se mantienen los moretones. La convicción de que la democracia se ejerce y exige todos los días, también se mantiene.

Mas sobre esto en la edición impresa.

¿Por qué esta vez el Pueblo triunfó?

Y llegaron los artistas que Puerto Rico le prestó al mundo. Foto: Alina Luciano

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

​Los puertorriqueños recién descubrimos que somos capaces de poner y quitar gobiernos. Con persistencia, determinación y, sobre todo, imaginación es posible alcanzar objetivos importantes.
​Sobre el movimiento popular que en dos semanas logró sacar de su puesto al gobernador Ricardo Rosselló se escribirán ensayos y libros en los próximos meses y años. A modo de agenda para esos trabajos resumo aquí los elementos que definieron este movimiento.
Masividad
El movimiento popular que advino victorioso comenzó como un pequeño grupo de “indignados”. Similar a los jóvenes que recibieron ese calificativo en diversas ciudades europeas hace algunos años, denunciando en sus protestas a los culpables de la crisis financiera que comenzó en 2008, un grupo de jóvenes boricuas comenzó a vocear su indignación frente a la mansión de gobierno una vez Ricardo Rosselló se vio obligado a regresar de un viaje de vacaciones a Europa. Días antes varios integrantes del gabinete gubernamental habían sido imputados de corrupción y se habían dado a conocer algunas páginas del chat vergonzoso. Aquel grupo no era numeroso, pero la indignación que demostraban era compartida por muchos. Eso quedó demostrado muy pronto cuando los indignados crecieron hasta el desborde. Cuando las calles de la capital no fueron suficientes para recoger a los que querían manifestarse, las marchas y protestas aparecieron en prácticamente todos los municipios. No es arriesgado decir que más de un millón de personas – más o menos la mitad de la población adulta de la isla – de alguna manera se unió a los reclamos. Como quedó demostrado, cuando un movimiento alcanza ese nivel de masividad termina imponiendo sus objetivos.

Foto: Vicente Vélez

Espontaneidad nacida de la experiencia.
​Muchos de los análisis que se han hecho destacan la espontaneidad como una característica definitoria del movimiento y, sin duda, hubo mucho de eso. Las actividades se convocaron y se celebraron sin que una organización o persona conocida hiciera el llamado. Tampoco estaba muy definido el contenido de la actividad ni cómo terminaría. Pero junto a esa espontaneidad siempre refrescante, ha estado la experiencia ganada en otras luchas. Entre los convocantes y manifestantes estaban los actuales estudiantes o recién egresados de las universidades que tienen una gran experiencia de lucha acumulada. Estaban los trabajadores y sus sindicatos también curtidos en la calle, que pusieron a disposición del movimiento equipos de sonido y otros recursos muy útiles. Estuvo la capacidad de movilización de los grupos feministas que han estado dando luchas importantes en los últimos años y que, como resultado de esas luchas, figuraron de manera prominente en las conversaciones del chat. Junto a estos grupos también es pertinente destacar a la comunidad LGBTT, con experiencia en estas luchas y también protagonista del chat infame. Y, de manera destacada, hay que mencionar a nuestros artistas, en particular los cantantes, que pusieron sus recursos personales y su capacidad de movilización al servicio del movimiento.
​Esa mezcla de espontaneidad y experiencia se convirtió en la fórmula de la victoria.

Acumulación de agravios.
​Muchos análisis, particularmente los de medios extranjeros, destacan que el chat vergonzoso apareció al final de una larga lista de eventos, como la clásica gota que colma la copa. Antes llegaron los arrestos por corrupción y las mil historias que se divulgaron en la prensa sobre el saqueo de fondos públicos. El gobierno de Roselló II poco a poco fue retratándose como uno en el que no existe frontera alguna entre el saqueo y la gestión pública. El chat confirmó esa percepción. Pero antes de todo eso, estuvo la experiencia del huracán María y la negligencia criminal del gobierno cuando cesaron los vientos. No es casualidad que la cifra de muertos posterior al huracán – los 4,645 – estuvieran en muchos de los letreros que portaban los manifestantes. Esa acumulación de agravios conformó un coctel explosivo que estalló en las calles de nuestro Viejo San Juan.

Las redes sociales.
​Entre los muchos textos y mensajes que se han escrito sobre esta experiencia recuerdo uno que se preguntaba qué distinto le hubiese ido a la generación de mi juventud, la del ’60 – que también se tiró a la calle y protagonizó luchas importantes contra el militarismo, la guerra de Vietnam y muchas otras causas – si en aquellos tiempos hubiésemos tenido a nuestra disposición la maravilla comunicativa del internet y las redes sociales. En estos últimos días vimos cómo éstas jugaron una función fundamental en el diseño de eventos y la movilización. Antes, para comunicar una actividad había que recurrir a la prensa escrita o la radio (casi siempre enemiga) o, como dicen en Cuba, a “radio bemba”, la comunicación personal. Ahora vimos en todo su esplendor la capacidad infinita de comunicación y movilización que proveen las redes sociales porque cualquier actividad se comunica a millones de personas en cuestión de minutos. Tan reciente como hace 20 años, la enorme marcha que hicimos en solidaridad con la lucha de Vieques necesitó meses de organización y comunicación, junto al trabajo de centenares de personas, para que pudiera ser exitosa. En esta ocasión, la actividad del 22 de julio en el expreso de Las Américas se convocó apenas cuatro días antes, sin comité organizador ni presupuesto para la movilización y la propaganda.

El sentimiento patriótico de nuestro pueblo
​Dejo para el final el elemento más importante. El estallido de indignación por los abusos del gobierno no se produjo en una muchedumbre, sino en un pueblo que tiene plena conciencia de lo que es y lo que representa. No somos una masa dispersa, sino una nacionalidad muy definida que se comporta con conciencia colectiva y porta con orgullo los símbolos que le unen. Lo que respondió ante el abuso fue un pueblo organizado. El mar de banderas nacionales que aparecía en cada momento y en cada lugar fue la respuesta espontánea de un pueblo que necesitaba manifestarse para decirle al mundo que estamos muy vivos y que pueden contar con nosotros. En las marchas había estudiantes, mujeres, integrantes de la comunidad LGBTT, viejos, jóvenes, artistas, comerciantes… pero todos estábamos allí porque conformamos un pueblo que tuvo la capacidad de luchar unido. Ahora, luego de esta pequeña victoria, sabemos de lo que somos capaces.

Editorial     Una gesta histórica de nuestro pueblo

 

 

La renuncia del gobernador Ricardo Rosselló, ocurrida bajo la presión insostenible de un pueblo puertorriqueño que no cedió en su indignación ni en su reclamo por dos semanas consecutivas, constituye una gesta histórica de la que todos y todas podemos sentirnos orgullosos. Las diversas formas que asumió la protesta; la energía y constancia que se desplegó; la masividad de la asistencia a las numerosas actividades; el mensaje claro, firme y unánime por la renuncia del mandatario; el deseo genuino de los más amplios sectores del País de aportar al saneamiento del gobierno y de la sociedad a través de un activismo ciudadano multitudinario, creativo y transformador, es una lección invaluable de lo que puede lograrse cuando encontramos un terreno común en medio de nuestras diferencias, además de un ejemplo para el mundo sobre la verdadera esencia de nuestro ser.

La multitudinaria Marcha del Pueblo celebrada el pasado lunes, a la cual acudieron cientos de miles de puertorriqueños y puertorriqueñas orgullosos de su identidad, firmes en su reclamo y en perfecta disciplina, fue el evento cumbre de esta jornada ejemplar que demuestra la madurez y determinación con que el país entero se enfocó en su objetivo de derrocar por la vía pacífica a un gobierno corrupto que traicionó su confianza. La convocatoria amplia y el liderazgo inspirador de decenas de nuestros mejores artistas fueron, sin duda, factores principales en el éxito alcanzado. A Ricardo Rosselló, el impacto de la incontenible insurrección popular le dejó sin argumentos para seguir insistiendo en su permanencia en el cargo y terminó de alejarle los pocos aliados y colaboradores que le quedaban.

Sin duda, la protagonista de este proceso ha sido la juventud. Una juventud inteligente, educada, creativa y combativa, que no solo ha comprendido que es suya la responsabilidad histórica de construir un Puerto Rico nuevo y sano para ellos y las futuras generaciones, sino que tiene claros los pasos a seguir hacia el logro de ese objetivo. En su liderazgo y madurez confiamos para la construcción de la Patria nueva hacia la que nos encaminamos.

Ricardo Rosselló hoy ha dejado su cargo y se ha ido de Puerto Rico en la ignominia. Sienta el precedente de ser el primer gobernador puertorriqueño que tiene que abandonar su cargo antes de cumplir su término. No solo fue forzada su renuncia, sino que antes de irse, el País tuvo la oportunidad de conocer- a través del informe rendido por el comité de juristas consultados por la Cámara de Representantes- que su conducta delictiva era meritoria del juicio político de residenciamiento, que se reserva en el orden constitucional prevaleciente para los gobernantes que traicionan a su pueblo.

La renuncia de Ricardo Rosselló cierra una era de gobierno en Puerto Rico que no debe repetirse jamás. A partir del largo sufrimiento experimentado por décadas de ver gobiernos sucesivos sumergidos en corrupción, ineptitud y falta de integridad; a pesar de la desolación y el abandono sufrido por la población tras el paso del peor huracán en un siglo; a pesar de la crisis de un sistema colonial que anula la iniciativa y estimula la dependencia en un gobierno extranjero, nuestro pueblo ha comprendido que no es posible mejorar el presente y construir un nuevo futuro si no se transforman radicalmente las bases de nuestra sociedad. Después de esta jornada, ha quedado claro Puerto Rico tiene todo el potencial del mundo para convertirse en una tierra de oportunidad para todos sus hijos e hijas, y no solo para los privilegiados que tienen capital o conexiones.

La renuncia forzada de Ricardo Rosselló es la primera gran lección de este proceso. De ahora en adelante, un pueblo fortalecido- que ya comprobó el alcance y la fuerza de su acción- irá dando los pasos necesarios en cada momento hasta alcanzar la máxima aspiración de cualquier pueblo que se respete: ser el dueño único de su propio destino.

¡Celebremos este logro histórico con la alegría y la satisfacción del deber cumplido!