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Mirada al País:Guat? Pregnant pajaritos?

 

Por Alana Álvarez Valle/Especial para CLARIDAD

Recordando a mi abuelita,

Los refranes que ella decía me hacían reír,

Y ahora soy yo quien los digo,

Escucha que tú también los vas a decir…

(“Abuelita” por Colón/LaVoe)

Tuve la dicha de criarme muy de cerca con tres de mis cuatro abuelos, mis dos abuelas y mi abuelo materno. Tres maravillosos seres, llenos de sabiduría tanto académica como popular. 

Me regodeaba en las maravillosas historias de la finca en Caguas y en la plaza del pueblo. Me divertía con los cuentos de los bailes de debutantes en el Casino de Cabo Rojo, al igual que me moría de miedo con los relatos de aparecidos en la Isla de Mona o en el cruce de la Carretera 100. De la misma manera, que me fascinaba conocer cómo Puerto Rico cambió después de las políticas de Franklin Delano Roosevelt (FDR); sobre aquella vez que Pedro Albizu Campos fue a dar un discurso en un barrio, y de cómo fue la difícil emigración a Nueva York durante la II Guerra Mundial. 

Sin embargo, siempre llevo a Abuelita, a Mamita y a Papito conmigo porque repito sus refranes constantemente. Esa educación maravillosa que se transmite de generación en generación y que en la mayoría de las ocasiones explica de manera perfecta lo que una quiere decir. 

Pero, ¿qué pasa cuando tienes que hablar en inglés con gente que tiene sus propios refranes y en el idioma de Shakespeare? Pues los traduzco. 

“It’s not the arrow, it’s the indian” (No es la flecha, es el indio), le dije a un compañero de trabajo que aseguraba que su teléfono inteligente tomaba mejores fotografías que la costosa cámara de su esposa. El gringo se quedó perplejo, en blanco.

El otro día me pasmé cuando dije en la oficina que la gente estaba “running around like headless chickens” (corriendo como gallinas sin cabezas). Solo un compañero afroamericano se rio y me dijo que su mamá decía algo similar. 

Definir qué es un refrán no es fácil, en particular porque mucha gente entiende que proverbio y dicho son sinónimos. La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define un refrán como un “dicho agudo y sentencioso de uso común”.

Es obvio que no mucha gente los entiende, porque al fin y al cabo los refranes están intrínsecamente atados a la cultura de donde provienen. Además, el mismo refrán puede cambiar de un pueblo a otro. En distintos países se dan variaciones del mismo refrán. Su origen en la tradición oral juega, sin duda, un rol fundamental. 

Como me repito a diario, que hablar español es un acto de resistencia, digo mis boricuadas y –honestamente– me importa poco si me entienden o no. Allá los que sólo saben un idioma y conocen una sola cultura. Soy boricua y hablo en rice and beans (arroz con habichuelas) y for a good listener, a few words are enough (a buen entendedor pocas palabras bastan). 

Lo que sí me sorprendió fue que al hablar con mis amistades sobre este asunto, ¡la mayoría hace lo mismo! Frases como “That’s another 20” (Esos son otros 20), “Less dog, less fleas” (Menos perro, menos pulgas), “The monkey knows the tree that climbs” (Mono sabe palo que trepa), “If you have a shop, take care of it, if not sell it” (Quien tiene tienda que la atienda y si no, que la venda) se repiten por Hartford y Manhattan con soltura y fluidez. Cuando salgo con mi Dude y algún amiguito angloparlante y vamos para alguna tienda o lugar donde deben comportarse muy bien, les leo la cartilla como hacía Abuelita con mi hermano y conmigo. Para eso “Look with your hands and touch with your eyes” (Mira con las manos y toca con los ojos), es el refrán perfecto.

Sin duda alguna, la mejor de todas fue la que me dijo una de mis mejores amigas que es maestra de escuela superior: “I have a swollen ovary and the other one in process!” (Tengo un ovario hinchao’ y el otro en proceso). Confieso que me reí a carcajadas. “¿Y qué te contestaron cuando dijiste eso?”, le pregunté. “Pues algunas personas se rieron y los demás no sé, tampoco me importó demasiado. Estaba tan molesta que esa era la única manera de decir con exactitud lo que quería”. 

Ella dio en el clavo: los dichos o refranes son la manera perfecta de explicar un concepto o sentimiento –en muchas ocasiones– con un carácter de profundidad, de modo sencillo, coloquial y hasta jocoso. Porque puedo pensar refranes para una diversidad de situaciones, desde la más simple hasta la más complicada.

El otro día una amiga encontró algo sospechoso en el celular de su novio: “The one that looks, is going to find something” (El que busca encuentra).

Mi vecina me dio las gracias por darle pon: “Today for you, tomorrow for me” (Hoy por ti, mañana por mí). Mi prima tuvo que hablarle en inglés a su hija adolescente y su amiga gringa para que las instrucciones estuvieran perfectamente claras y “when you were going, I was coming” (Cuando tú ibas, yo venía) fue la frase perfecta. También están los más habituales y cotidianos como “I give three fucks” (Me importa tres carajos) o “What an infinite fuck!” (Que joder más infinito). “El de los ovarios y del joder infinito, son usuales entre mis colegas y hasta algunas personas los han adoptado”, declaró mi amiga. 

¿Y por qué no habrían de ser adoptados por personas de otras culturas? Los refranes son geniales. Son para usarlos a diario, para acogerlos, abrazarlos y repetirlos para que jamás sean olvidados, porque nos demuestran de donde venimos y quienes somos. Para mí significan ser la nieta de Víctor, Gullermina y Carlota, hija de Norma, de Manny y de Ariel; boricua orgullosa del Viejo San Juan de Puerto Rico. 

No obstante, hay algunos refranes que no tienen traducción y está bien. Hay que dejarlos tal cual, en su estado natural. Así son los de uno de esos seres imprescindibles, el querido colega periodista Luis Colón Rodríguez (QEPD), quién era un refranero popular andante. Por esa razón, mi “Luisismo” preferido ya se ha convertido en uno de mis lemas en esta vida, a veces tan dura. Lo llevo pegadito al alma y me ayuda cuando todo me abruma. Lo guardo intacto, con su sabor a salitre de Cataño y Puerta de Tierra, para acordarme que todo estará bien… porque “si tu mal no tiene cura, pa’ qué te apuras. Y si tiene cura, pa’ qué te apuras”. 

Mirada al País: El día en que escuchamos  las voces de nuestros muertos

Por Eduardo Lalo/Especial para CLARIDAD

Escribo el sábado 12 de octubre de 2019, fecha fatídica que el mal llamado “Día del descubrimiento de América” ha conmemorado con inconsciencia y hasta ceguera por 526 años. El primer 12 de octubre fue viernes. A pesar de lo que se podría suponer, de ese momento de consecuencias enormes y transformadoras, los testimonios son pocos. El texto primordial que responde a los eventos inmediatos es el Diario del primer viaje del Almirante. Aunque parezca increíble, este escrito de valor histórico mayúsculo, fue “perdido” y “mutilado”. Las comillas indican que son perentorias las explicaciones. El Diario que Colón escribió para los Reyes Católicos, y que le entregara en Barcelona a comienzos de 1493, desapareció de la biblioteca real y lo mismo aconteció con las dos copias que la historia da fe de que se realizaron en la corte inmediatamente después de la llegada de Colón. Una de estas copias estuvo en manos del hijo bibliófilo del Almirante y fue precisamente en la biblioteca de Hernando Colón que Bartolomé de Las Casas la pudo consultar medio siglo después de los hechos que relata.

Las Casas hizo lo que es hábito en cualquier investigador: vacila entre resumir lo que dice la fuente primaria y citar directamente de ella. Así el Diario es una sucesión de glosas del contenido y de lo que se presenta como “palabras formales del Almirante”. Incluso esta “copia” del Diario realizada por Las Casas, desapareció por más de dos siglos y no se conoció hasta finales del siglo XVIII, gracias al historiador Fernández de Navarrete. Su publicación, sin embargo, no se llevaría a cabo hasta 1825. Desde entonces se han sucedido ediciones en los más diversos idiomas, pero prácticamente todas están mutiladas, ya que no incluyen las 188 notas marginales redactadas por el fraile dominico y que son claramente visibles en los folios de su manuscrito.

Estas notas lascasianas le infunden al texto nuevas significaciones. Redactadas alrededor de 50 años después de los hechos, provienen de la pluma de uno de los europeos que más había vivido y mejor conocía el Caribe insular y continental en su época. En los márgenes de los folios, Las Casas cuestiona, niega y precisa las afirmaciones de Colón, produciendo así un texto con dos autores, originado en dos tiempos, que ofrece una complejidad enorme de interpretación. 

Esta columna no puede sino apenas referirse superficialmente a estos asuntos. Baste, por ahora, concentrarnos en lo que aparentemente aconteció hace 526 octubres.

Es probable que el “descubrimiento” no haya sido ese día sino en la noche del anterior. Según Colón, su calabera la Santa María, era el más lenta y por tanto no hacía parte de la vanguardia de la flotilla, constituída por la Pinta y la Niña, que eran capitaneadas por los hermanos Pinzón. Antes de la medianoche, el marinero Rodrigo de Triana, cuyo nombre recordamos de nuestras cuestionables lecciones escolares sobre estos asuntos, vio “lumbre”, lo que era señal indudable de tierra. No obstante Colón, en la atrasada Santa María, alegará haberla avistado antes, aún si ningún miembro de su tripulación pudo confirmar el hecho. El asunto no es menor, porque el contacto europeo con América comienza aparentemente con un fraude. Los Reyes Católicos habían prometido 10,000 maravedís como pensión anual y vitalicia al que viera tierra por primera vez, y Colón ejercería sus influencias para que el premio ingresara a sus arcas. El descubrimiento de América se inicia con un tumbe, con la desposesión de Rodrigo de Triana. Luego los tumbes serían casi infinitos y alcalzarán a nuestros días.

Al día siguiente, el 12 de octubre de 1492, que la tradición hispánica ha sido capaz de denominar “Día de la Raza”, Colón describirá a la humanidad que acaba de contactar de la siguiente manera: “no son ni blancos ni negros sino de la color de los canarios”. No ser ni blanco ni negro equivale a no ser blanco y, los canarios no eran pájaros, sino el pueblo autóctono de las Islas Canarias, que a lo largo del siglo XV estaba siendo conquistado por los españoles. Colón había estado con los portugueses en expediciones de trata negrera y en su Diario hace múltiples referencias a la costa de Guinea. Procederá a comunicarle a los Reyes Católicos que los indígenas serán buenos servidores, lo que en el contexto significa que son esclavizables y, en las últimas líneas del texto dedicado a ese día portentoso, enunciará abiertamente su intención de raptar a siete indígenas.

La esclavitud no será, como frecuentemente se propone, una idea tardía de las intenciones españoles en América, sino que estará presente desde la jornada misma del “descubrimiento”. Colón procederá a llevar la palabra a la acción dos días más tarde, el domingo 14 de octubre, cuando rapta a siete indígenas. Es importante señalar que la rebelión indígena comienza al día siguiente, con el escape de algunos de los capturados.

A pesar de la pérdidad del original y sus copias, de las particularidades del manuscrito elaborado por Las Casas medio siglo después, de la desaparición de este texto durante siglos y de la no inclusión de las notas de su editor hasta el día de hoy, el Diario del primer viaje del almirante es indudablemente un texto histórico. No es un yacimiento arqueológico en que solamente hablan objetos. Aquí tenemos al menos dos voces y llama poderosamente la atención cómo este texto no ha sido leído o, lo ha sido de manera ingenua o parcial.

Leer a Colón‑Las Casas es comprobar hasta qué punto escandaloso la escuela puertorriqueña (y otros muchos sistemas escolares de América y del mundo) nos ha mentido. Nuestro pasado, al convertirse en engaño, ha desaparecido. 

La mera noción adquirida probablemente en la misma escuela donde recibimos estas lecciones, de que la historia trata exclusivamente sobre el pasado, duplica indefinidamente el daño ocasionado. De generación en generación cargamos en nuestras vidas las marcas de los raptados, vejados, esclavizados, mutilados, violados, sacrificados, sin darnos cuenta que al mirarnos en el espejo aparecen en el azogue sus imágenes. Una historia que engaña produce inmunidad y este es su propósito indudable. Una vez comenzada, la Conquista no termina y la historia como engaño es una de las armas más poderosas de su reproducción indefinida.

La Conquista no acaba, pero tampoco el dolor de los muertos. La historia no ilumina a nadie sino toma en cuenta sus gritos y silencios. La impunidad es útil, pero no logra silenciar del todo las voces de los muertos. De este rumor que nadie puede callar, nace la reescritura de la historia. Por ello, sé que ya no hay Día del descubrimiento de América. El 12 de octubre de 1492 se ha convertido en el día que escuchamos las voces de nuestros muertos.

Mirada al País:Erosión bipartidista y crisis del coloniaje

 

Especial para CLARIDAD

Hay muchas razones para pensar que la destitución de un gobernador electo fue la expresión de algo muy profundo. La enorme movilización que provocó la acción histórica nunca antes vista fue indudablemente el resultado de una crisis económica y social que ha desencadenado una multiplicidad de contradicciones. La exacerbación de tales contradicciones no ha cesado. Por consiguiente, la compleja causalidad estructural de la crisis sigue activa. Me interesa en este artículo focalizar en una de ellas: la intensa erosión y debilitamiento de los dos partidos de gobierno. 

Sin esa erosión, no me cabe duda, no se hubiese logrado la destitución de Ricardo Rosselló. Ahora bien, antes de fijarnos en la pérdida de agarre sobre la población que ha sufrido el bipartidismo en Puerto Rico, debemos considerar cuál ha sido el motivo principal de su debilitamiento crónico. Desde hace tres décadas tanto el Partido Popular Democrático como el Partido Nuevo Progresista –(1989-2019)– han adoptado una política neoliberal con un ataque al servicio público amparados en el concepto de gigantismo gubernamental para justificar privatizaciones, reformas laborales y des-reglamentaciones, provocando una polarización de la riqueza. Con esa política neoliberal han empobrecido a las mayorías del país, mientras un grupo selecto de empresarios vinculados a los partidos de gobierno y de políticos vinculados a estos empresarios, se han enriquecido de forma extraordinaria. 

El resultado objetivo ha sido que ni el PNP promueve la estadidad, ni el PPD promueve la autonomía. Los dos partidos con su política neoliberal reproducen y fortalecen la dependencia al mismo tiempo que han llevado la relación colonial a un nivel de crisis nunca visto en nuestra historia. La insensibilidad se ha apoderado de ambos partidos en la medida en que el servicio público ha sido sustituido de forma descarada por el lucro privado. Por eso ha florecido en el paisaje político la figura del cabildero y del contratista, en sustitución del servidor público. En la medida en que el gobierno se ha ido separando dramáticamente de las necesidades de la población, el bipartidismo se ha ido debilitando.

Un aspecto clave, a nivel político, de la consolidación y reproducción de la relación colonial en Puerto Rico ha sido el alto nivel de participación electoral que ha caracterizado el proceso electoral a lo largo de la dominación imperial estadounidense desde principios del siglo XX. Entre los electores inscritos, durante un extenso período histórico de casi un siglo, prevaleció una conducta de participación muy elevada en el proceso electoral. Las elecciones generales tuvieron la capacidad de proyectar con efectividad el espejismo de una participación democrática efectiva. 

No obstante, desde que comenzó a imponerse con agresividad la política neoliberal la elevada participación electoral ha ido en descenso. Entre 1992-2012 el nivel de participación – la totalidad de los que votaron divididos entre el total de electores inscritos – fue descendiendo cada año, aunque lentamente, desde un 85% hasta un 78%. Hubo dos momentos en que el PNP logró sobrepasar el 50% de los votos emitidos y superó en ambos casos el millón de votos: en 1996, Pedro Rosselló obtuvo 51.1%, con 1,006,331 votos y en 2008, Luis Fortuño obtuvo 52.8%, con 1,025,965 votos. Rosselló derrotó a Héctor Luis Acevedo por 130,479 votos, mientras Fortuño derrotó a Aníbal Acevedo Vilá por 215,894 votos. De todas formas, en estas dos cimas electorales la participación descendió. De 85% en 1992 bajó a 83.2% en 1996, para luego descender de 81.70% en 2004 a 79.5% en 2008. Es decir, incluyendo los dos momentos de mayor cantidad de votos en la historia por parte del PNP, se manifestó un descenso en el por ciento de participación electoral.

La situación cambió dramáticamente a partir de las elecciones de 2012. Hay que entender la contundencia de este cambio decisivo. Lo preceden, entre otras cosas, dos leyes que al aprobarse, el movimiento sindical las consideró como si se tratara de un golpe de estado. La primera fue la Ley 7 de marzo de 2009, bajo el gobierno de Luis Fortuño. La otra fue la Ley 66, del verano de 2014, bajo Alejandro García Padilla. Ambas significaron un ataque directo a los convenios colectivos y a conquistas históricas de trabajadoras y trabajadores del sector público. La Ley 7, además, vino aderezada con el despido de más de veinte mil personas. Después de estas dos terribles leyes, acompañadas de gobiernos corruptos e insensibles, el porcentaje de participación electoral sufrió un verdadero colapso. Un colapso, dicho sea de paso, que corre paralelo al colapso económico y fiscal provocado por la política neoliberal de austeridad.

En las elecciones de 2016, la participación electoral descendió a 55.45%. Un descenso de esta naturaleza nunca se había visto en Puerto Rico. Si la participación de 2012 fue de 78%, la reducción alcanzó 22.55 puntos porcentuales. Debe tenerse en cuenta, que si bien la emigración pudo tener efecto en esta caída, nos referimos a un proceso previo al huracán María. Ricardo Rosselló alcanzó 660,510 votos, apenas el 41.8% de los votos emitidos. Nunca antes en la historia de los gobernadores electos, un gobernador había obtenido un por ciento tan bajo. Si comparamos esta cifra con los 884,775 votos de Luis Fortuño en su derrota de 2012, el PNP perdió 224,265 votos, aunque ganó las elecciones. Pero si comparamos las últimas dos victorias electorales del PNP, la erosión es mucho más sorprendente: de 1,025,965 votos en 2008 bajó a 660,510 en 2016. La reducción entonces alcanza una disminución de 365,455 votos. Además, del 52.8% de los votos obtenidos por Fortuño en 2008, al 41.8% de Ricardo Rosselló en 2016, hay un descenso de 11 puntos porcentuales. Algo parecido a la diferencia entre el 47.7% de García Padilla en 2012 y el 38.87 de David Bernier en 2016. 

Esta catástrofe electoral explica por qué el PNP no pudo celebrar masivamente los cien años de ciudadanía estadounidense en 2017, como tampoco pudo celebrar sus cincuenta años de vida de forma visible. Sin mencionar la vergonzosa asistencia de un puñado de personas al cementerio durante el natalicio de José Celso Barbosa o la patética marcha en defensa de estadidad después de las masivas manifestaciones de julio pasado.

Si consideramos los 175,831 votos de Alexandra Lúgaro en noviembre de 2016, y los 90,494 de Manuel Cidre, puede captarse el nivel de erosión del bipartidismo. Difícilmente pueda sostenerse que la participación electoral en las próximas elecciones de 2020 puedan revertir este acelerado descenso. El bipartidismo está desacreditado porque tanto el PNP como el PPD han abrazado la política corrupta neoliberal con su tejido de cabilderos y contratistas privados. Ambos partidos son parte de la terrible crisis que vive el país, han demostrado una total falta de imaginación para elaborar un nuevo proyecto político y ambos son la prolongación de la misma política desvergonzada. Sin contar con la crisis causada por la erosión política señalada, se deja fuera un factor clave para entender el residenciamiento público, en la calle, de Ricardo Rosselló. Un PNP desconectado de la población, débil y corrupto, no pudo salir en defensa del gobernador. Sus dirigentes, avergonzados, no tuvieron otro remedio que replegarse.  

Puerto Rico en imágenes

 

Por Laurie Garriga

En 1937, el New Deal creaba la Farm Security Association (FSA), una división de fotografías e impresiones que buscaba visibilizar y combatir la pobreza durante la Gran Depresión.

Para capturar los rostros de la precariedad e indigencia, fotógrafos como Dorothea Lange y Jack Delano, recorrieron cientos de ciudades y la vasta ruralía de Estados Unidos. Su trabajo debía ser el principio de un gran cambio socioeconómico abarcador que arroparía el país y a sus territorios. 

Con la FSA, Jack Delano viajó a Puerto Rico por primera vez en 1941. Las impresiones de los recorridos quedaron plasmadas en su autobiografía Photographic memories. De aquel primer viaje escribió: “I was fascinated and disturbed but much of what I saw: layers of lush blue-green mountains in the distance, barefoot children running along the roadside, vast sugarcane fields busting with sweat-drenched men swinging machetes, hump-backed zebu oxen hauling cane to sugar mills […] and the horrendous slums festering in the towns and cities”. Y, añade: “I had seen plenty of poverty during my travels in the Deep South, but never anything like this” (72). 

Antes de llegar a la isla su trabajo en la FSA lo había llevado a recorrer gran parte de los Estados Unidos, desde Florida a Maine, Chicago, y ese ‘sur profundo’. En 1946, después de una larga temporada como fotógrafo del ejército –durante la Segunda Guerra Mundial–, se traslada junto a su esposa, Irene, también artista, de manera definitiva a Puerto Rico. 

Delano y sus colegas la división de la FSA compartieron propósitos y preocupaciones que sobrepasaron su labor en la división federal. La periodista Margaret Locke ha argüido que con estilos distintivos cada uno de los fotógrafos plasmó “imágenes de personas y lugares con incomparable elegancia y empatía”. 

Los rostros de la pobreza en los Estados Unidos, y también de Puerto Rico han cambiado. Hay parámetros estatales, municipales y nacionales que vagamente establecen qué es la precariedad. No existe, sin embargo, una imagen que sintetice enteramente qué encumbra la pobreza en su amplitud. Las estadísticas intentan dar respuestas. La Oficina del Censo en los Estados Unidos ha aspirado a trazar la pobreza en triada. El Censo indica que tiene tres rostros: el 24.5% es nativoamericano, el 21% es afroamericano y el 18% es hispano. 

Circulan cifras que afirman que Puerto Rico es dos veces más pobre que cualquier estado de Estados Unidos. Según un estudio de la Universidad de Puerto Rico, publicado en 2019, el 45% de la población de la isla vive bajo el nivel de pobreza. 

Las imágenes de la FSA se reactivan de vez en cuando por las redes sociales o por los medios de comunicación. Un artículo más o menos reciente del New York Times publicaba dos imágenes contiguas de Puerto Rico. Una del 1941, tomada por Delano y otra del 2017, captada por un fotógrafo del periódico. En la primera vemos a dos mujeres cargando pesados candungos de agua por una calle. En la segunda nos encontramos a dos mujeres en un desagüe, llevando y trayendo galones y botellas de agua poco después del huracán María.

A pesar de que la FSA fue desintegrada en 1946 a los pocos años de su fundación, sus catálogos anhelaban ser testimonios del antes y el después de la pobreza. El New York Times anota que las imágenes de aquel Puerto Rico de la década del 40 son más actuales que nunca: “In Decades-Old Photos, Parallels to Puerto Rico’s Rudimentary Reality”, lee el titular. 

Poema que escribió la monja ciega durante los Hand Awards

 

Irizelma Robles

1. Torrefactor

2. Artista

Help me I can see.

Pedro es una puerta giratoria, un Jesús con su María, 

un condenado a morir en las alturas. 

Por ahí  ha pasado Pedro, su mano negra, su negritud, 

su muy noyorriqueñidad, su vitiligo,

¿cómo es la piel de quien ha pasado una larga temporada 

en Vietnam, lejos de la Pagoda, cerca de las balas y el napalm. Pedro-ojo, piedra, gallo, camino, subway, y quizá caña, 

pueblo costero, libertad. 

Pedro=Elizam Pedro=Oscar Pedro=Lolita  

//Help me I can see//

Atravesando esa puerta: Nueva York. 

Cuenta Elizam que Pedro explicaba que él pensaba en español, pero que la maquinilla escribía en inglés. 

Inglés nuyorrican: hablar en puertorriqueño, 

quien no ve está ciego de isla, de continente, 

ciego como Pedreira, ese maldito forjador del cano. 

Help him, he can’t see, no puede ver, no quiere ver. 

Pedro, ya pasó el tiempo y en Puerto Rico 

las promesas ya no son de pan tierra libertad, 

ahora la promesa es de azufre y atravesando esa puerta otra vez Nueva York y también Orlando Miami Texas you name it.

3. Poeta

Pan, tierra, ¿libertad?

Mi abuelo, que se llama Narciso, y que tenía una hermana que se llamaba Tomasa, me contaba que era pobre en Utuado y que sus pantalones eran de cadeneta, que iba descalzo a la escuela y que el pan vejo con mantequilla costaba un chavo.

Pedro, can you see? A pedro, Miguel, Olga o los nombres que mi bisabuela sacaba del Almanaque: Bartolo, Monserrate, Carmen o los nombres que hemos sido o lo que somos o quizás solo un nombre, Pedro, el nombre de mi hija Salomé, Pedro, Salomé que dentro de 30 años no sabemos si tendrá mundo.

Reverendo Pietri, hoy puedo hablar contigo porque soy la monja ciega que te ve en el más allá haciendo el mejor performance de tu vida.

4. Otra poeta

5. Cocinero

6. Maestro

Te digo mas. Aquí las promesas de azufre nos hacen llorar, lloramos en todas partes, pero sobre todo en el aeropuerto oh! Llevamos años llorando en el aeropuerto,

7. Estudiante de séptimo

8. Estudiante de octavo

En el aeropuerto lloramos porque nos fuimos, porque nos tuvimos que ir, porque hoy nos tenemos que ir, porque mañana te vas y me voy y a que por qué nos vamos y si no regresamos nunca y esta isla se deshiela se despedaza se vulcaniza y entonces si que nos llevó quien nos trajo y que entonces si que la piña está agria y entonces y entonces y entonces. 

Decía Tomás Blanco que en Puerto Rico no había racismo 

eso decía Help him he can’t see.

Decía José Luis González que la puertorriqueñidad no estaba donde decía Pedreira.

El gíbaro, La charca, soy, Leandra, no silvina, no. 

Performance efectuado el 9 de octubre en la Casa de los Contrafuertes, en el marco de un homenaje al Centenario de Lolita, concediendo los premios a Elizam Escobar y Oscar López. En la actividad participaron Michelle Rodríguez, Mayra Santos, Nicole Delgado, Urayoán Noel, Joserramón Melendes, Milena Pérez Joglar, entre otros.