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Edgar Martínez: El mejor bateador del Mundo

Nota:

Con motivo de la exaltación del puertorriqueño Edgar Martínez al Salón de la Fama del Béisbol el pasado 22 de enero, reproducimos esta columna de Elliott Castro Tirado que se publicó en octubre del 1995 en estas páginas. Ya en ese entonces Elliott catalogaba a Edgar como “el mejor bateador del mundo”. Hoy, 25 años después, y en su último año elegible para entrar a Cooperstown, lo hizo contando con el 85.4% de los votos, para convertirse en el primer bateador designado en lograrlo, y el quinto puertorriqueño, al unirse a Roberto Clemente, Orlando “Peruchín” Cepeda, Roberto Alomar e Iván Rodríguez.

Elga Castro

Las cámaras de televisión se mantuvieron con Ken Griffey, mientras realizaba un magistral corrido de bases, hasta que se deslizó a salvo en el plato con la carrera que le dio a los Marineros de Seattle el juego, la serie y su primer pase a la final de Liga Americana en sus 19 años de existencia.

La celebración fue tumultuosa, como ameritaba una situación como esa. Los jugadores de los Marineros se dividieron en dos grupos; uno cayó encima de Griffey y el otro corrió en dirección al jugador que había conectado el batazo que empujó las dos carreras, pues antes de Griffey, Joey Cora había anotado la del empate.

Una vez más, las cámaras de TV se quedaron centradas encima de Griffey y el “sándwich” que se formó en el área del plato.

En cuanto la situación se calmó lo suficiente, un emocionado periodista entrevistó primero… a Ken Griffey.

Más tarde y con mucha menos emoción, entrevistó al héroe que conectó el doble de oro, que de paso había sido el héroe la noche anterior con dos dramáticos cuadrangulares, incluyendo el decisivo con tres en bases y que además fue campeón bate de la serie regular.

Aun así, Edgar Martínez lo recibió con toda la humildad y sencillez que siempre le han caracterizado, tanto en el tope de las buenas, como en el fondo de las no tan buenas.

Así ha sido la carrera de Edgar Martínez, llena de éxitos y sin recibir el debido reconocimiento. Aún en Puerto Rico, sus ejecutorias siempre han sido opacadas y relegadas a un segundo plano ante las de sus compañeros Roberto Alomar, “Igor” González, Carlos Baerga y “El Indio” Sierra.

Edgar destrozó a los Yanquis

En los cinco juegos que duró la serie, Edgar se presentó a batear en 26 ocasiones y llegó a base en 17 de ellas, para un fabuloso promedio de .638. O sea, que se embasó más de tres veces por encuentro.

Edgar conectó cinco sencillos, tres dobles y dos cuadrangulares en 21 turnos oficiales, para un robusto promedio de .571. En total, acumuló 19 bases en 21 turnos, para un promedio de “slugging” de .905. Para completar recibió cinco bases por bolas.

Sus batazos sirvieron para empujar diez carreras, incluyendo nueve en los últimos dos juegos. Además anotó seis carreras. En total, empujó o anotó catorce de las carreras de su equipo.

Lo interesante es que su explosión ofensiva no es producto de la casualidad o un aborto de una serie en cinco juegos. Por el contrario, desde que comenzó a jugar béisbol organizado, siempre ha sido un extraordinario bateador.

Edgar nació en Nueva York en 1963, pero se crió en el barrio Maguayo del pueblo de Dorado, donde aprendió a jugar béisbol. Al principio se le conocía como “el primo de Carmelo” (Martínez). Hoy Carmelo es “el primo de Edgar”.

Desde que comenzó a jugar, siempre fue tercera base y siempre fue un gran bateador derecho. Precisamente por eso resulta incomprensible que haya pasado cuatro temporadas completas antes de debutar en las Mayores. Las próximas tres las alternó entre Seattle y el Calgary de la Costa del Pacífico de clasificación Triple A.

Multi campeón de bateo

Por si había dudas de su capacidad para batear, en su segundo año como pelotero profesional (1984) bateó .303 en la Liga del Medio Oeste. en el ’85 comenzó en Doble A y terminó en Triple A, donde prometió .353.

El año que parecía ser el de su consagración fue el ’87. Con el Calgary bateó .329 y en sus primeros 43 turnos en las Mayores, promedió .372.

Sin embargo, en el ’88 regresó al Calgary, donde fue campeón bate con .363. La temporada la volvió a terminar con Seattle.

Una vez más, el ’89 lo comenzó en Triple A, pero cuando estaba destrozando a los lanzadores rivales, fue finalmente reclamado por el Seattle.

En su primer año completo en Grandes Ligas, en el ’90 bateó .302 en 144 juegos. Por aquello de mantener su costumbre de batear sobre .300, en el ’91 subió a .307, preparando el escenario para el ’92, cuando se proclamó campeón bate de la Liga americana con .343.

En Puerto Rico también fue campeón bate, al superar la marca .400.

El cielo parecía ser el límite en ese momento de su carrera. Una publicación especializada que presenta informes de los escuchas (The Scouting Report 1993), lo describía en ese momento, como “una estrella en ascenso”, a la vez que destacaba su inteligencia y su capacidad para ajustar su “swing”, dependiendo de los lanzadores rivales. Además resaltaba su bateo en todas direcciones y su capacidad para maltratar a los zurdos.

Tal vez por haber tenido que esperar hasta los 27 años para recibir la a oportunidad de jugar a diario. Edgar desarrolló gran paciencia al plato, lo que le permite recibir gran cantidad de bases por bolas y poncharse muy poco.

En los últimos días del campamento primaveral para la temporada del ’93 sufrió una lesión en una rodilla, la que se unió a la que tenía en el hombro (tuvo que ser operado), por lo que perdió casi todo el año. Al final de temporada, aunque obviamente no estaba listo, regresó a juego y en 135 turnos, solo bateó para .237.

Un intenso programa de acondicionamiento físico en la Clínica de Medicina Deportiva le devolvió su condición de juego, pero en su primer turno del primer juego de la temporada del ’94 recibió un fuerte pelotazo de parte del nicaragüense Dennis Martínez, que le fracturó una muñeca y lo volvió a sacar de carrera.

En 325 turnos, bateó .285, a pesar de no estar completamente recuperado.

En Puerto Rico bateó sobre .300 en la serie regular, sobre .300 en las finales y sobre .300 en la Serie del Caribe.

Así llegó a la temporada del ’95 con el Seattle, donde fue relegado a actuar como bateador designado, para protegerlo ante las lesiones y como medio para obtener el máximo provecho a su capacidad para batear.

Sin hacer mucho ruido, se proclamó campeón bate con el robusto promedio de .356. También fue co-líder en dobles con 52 y entre los primeros en jits conectados (182), bases por bolas recibidas (118), carreras empujadas (113) y carreras anotadas (121). Además estuvo entre los líderes en total de bases y en promedio de “slugging” (total de bases entre turnos al bate).

A pesar de no ser un jonronero natural, Edgar actuó como cuarto bate y conectó 29 cuadrangulares.

Sin embargo, tal vez lo más importante de su actuación fue que cargó a los Marineros en el largo tiempo en que Ken Griffey estuvo fuera de juego por una lesión

Por esa fabulosa actuación, Edgar tiene que estar entre los más fuertes candidatos al galardón de Jugador Más Valioso, junto a Albert Belle y Mo Vaughn.

Después de su fabulosa actuación frente a los Yanquis ahora, por fin, Edgar comienza a recibir el mérito y el reconocimiento que merece. Reggie Jackson lo llamó “el mejor bateador del béisbol” y Jim Kaat lo describió como “el bateador más difícil para sacar fuera para un lanzador”.

Pocos hombres pueden batear para promedio y con fuerza, ser oportunos, repartir líneas en todas direcciones, tener vista de águila y conectar lo mismo a lanzadores zurdos que a derechos, a bolas rápidas o a curvas y lo que es más importante aún, lo hace todos los días, todos los días, todos los días.

Nosotros, en Puerto Rico, nos debemos ir preparando para darle el recibimiento que se merece quien hoy por hoy es el mejor bateador del Mundo: Edgar Martínez.

De San Mateo a Santurce un paso no es: Sobre un libro de crónicas santurcinas

Soy de la Isla: esta escueta declaración sonará para una persona que no sea de Puerto Rico tautológica, en el mejor de los casos, y en el peor, tonta. Pero para los boricuas sonará sensata, aunque quizás sorpresiva; con ella claramente establezco que no nací en San Juan. Por esa razón tengo que hacer un esfuerzo mental para entender las paradas – la Once, la Diecinueve, la Veintidós – como hitos significativos a lo largo de la Avenida Ponce de León. Por ello mismo tengo que pensar dos veces cuando se menciona el nombre de un barrio: Alto del Cabro, Tras Talleres, Cantera. En fin, que como soy de la Isla y como no he vivido por largos años en la capital, su geografía no se me da con facilidad. Eso sí, tengo bien claro la diferencia entre ser de los Cangrejeros o de los Senadores: eso me lo inculcó desde muy temprano mi padre que era ávido aficionado al beisbol.

Quizás por esa misma razón leí el hermoso libro recopilado por Armindo Núñez Miranda, Santurce y 8 crónicas de viaje (San Juan, Museo de Arte Contemporáneos de Puerto Rico, 2018), con ojos algo diferentes a los que lo hubiese leído alguien que ha vivido desde niño en ese fascinante mundo que estos ocho cronistas y un planificador urbano y arquitecto parcialmente recrean. Aquí el adverbio – parcialmente – es de suma importancia ya que estas, como buenas crónicas, sólo intentan reconstruir aspectos específicos y limitados de esa compleja realidad urbana. Por el contrario, el epílogo del libro – un excelente ensayo de Edwin Quiles Rodríguez, el susodicho planificador y arquitecto – es el texto más abarcador del libro porque su propósito no es crear una crónica a partir una escena específica y particular de la vida en Santurce sino darnos una breve pero precisa historia del proceso urbanístico de la ciudad usando una avenida, la Ponce de León, como metáfora para así hacerlo. Este libro, pues, termina con una visión englobante de Santurce, pero su cuerpo lo componen textos que tienen como propósito enfocarse sólo en rasgos muy específicos de esa realidad urbana.

La introducción de Núñez Miranda es, también y en parte, una crónica ya que nos presenta su recuerdo del Santurce que conoció con su madre en su infancia. Pero su texto es, como debe ser, puerta o preámbulo a todo el libro. Por ello, en esas páginas introductorias este advierte a los lectores que “[l]a crónica como género periodístico es uno ambiguo” (11). Esa breve aclaración nos indica de manera indirecta que los ocho textos que componen el cuerpo del libro no son ni tienen que ser parecidos, pues la ambigüedad es uno de sus rasgos y aquí se es ambiguo de maneras distintas. El lector se dará cuenta de inmediato que los autores de estas crónicas tienen finalidades muy diversas – aunque todos ofrecen retratos parciales de la realidad santurcina – y adoptan, para así hacerlo, estilos muy diferentes. Marcadas son las diferencias, por ejemplo, entre el texto de lenguaje neobarroco de Manuel Clavell Carrasquillo y el de Carla Cavina Meléndez, texto, este segundo, compuesto con breves oraciones de sintaxis escueta y que, por la longitud del texto, llega a cansar, contrario a lo que ocurre, paradójicamente, con el de sintaxis convoluta de Clavell, texto que siempre nos fuerza a mantenernos alertas, dados los cambios lingüísticos y las vueltas y revueltas de su sintaxis juguetona. Apunto aquí a los dos casos extremos de las crónicas recogidas en el libro, pero hay que recalcar, primero, que en general estas crónicas emplean un estilo cuya finalidad es ser comunicativo –en ese sentido el texto de Clavell rompe con la norma– y, segundo, que más que por su estilo es por su contenido que nos importan ahora estos textos.

La mayoría de estos tiene como foco a personajes marginados que habitan barrios pobres de la ciudad. En ese sentido la crónica más característica del libro –y, para mí, la más lograda– es la primera, la de Luis Trelles Hernández. En la misma el narrador/personaje intenta seguir por un día a un adicto a heroína que recoge objetos de metal para venderlos y así ganar dinero para satisfacer su necesidad, para “curarse”. Esta crónica es ejemplar ya que tiene una estructura narrativa que mantiene la atención de los lectores. Como Núñez Miranda establece claramente en su introducción, la crónica es ambigua porque no sólo es un reportaje periodístico, sino porque se vale, en mayor o menor grado, de diversos elementos literarios, particularmente de los narrativos. Por ello la crónica es pariente cercana del cuento. Y Trelles Hernández maneja los elementos narrativos de manera ejemplar, especialmente al darle a su texto un final de sorpresa.

En otras de las crónicas aquí incluidas se produce un texto ejemplar dentro de los parámetros del género sin llegar a tener esta una estructura que se asemeje al cuento, tan obviamente como en el caso ya mencionado. Otras de estas quedan abiertas en un sentido narrativo o se crea una estructura cerrada por medio de una epígrafe que sirve de estribillo, como es el caso de “Monta mi guagua” de Laura Moscoso Candela, quien se vale muy hábilmente de los versos de una plena para crear una muy coherente estructura textual para su crónica. En fin, las ocho crónicas que aquí se incluyen sirven para demostrar una vez más que este es un género ambiguo por la variedad de recursos literarios de los que se vale.

Pero si estas ocho piezas son distintas por su estructura son semejantes y coherentes por su temática: todas ofrecen un pequeño cuadro de Santurce. Estilo y temática se dan aquí la mano, a pesar de las diferencias en los textos porque Santurce tiene un carácter de ambigüedad e hibridez que, paradójicamente sirve en este caso para darle unidad al libro.

La historia misma de este que fue originalmente poblado de negros libertos, San Mateo de Cangrejos, y que se convirtió en una barrio capitalino que lleva por nombre el de un pueblo vecino a la ciudad de Bilbao así lo confirma. La problemática transformación de San Mateo a Santurce se debió a Pablo Ubarri, un emigrante vasco incondicional al gobierno español en la Isla que se hizo rico con la especulación de terrenos y la construcción del tranvía que conectaba a San Juan con Río Piedras. (De ahí las paradas que nunca he llegado a dominar con seguridad.) El rico señor Ubarri compró un título nobiliario y se convirtió en el Marqués de Santurce, porque venía del Santurce vasco, venía de Santurzi. (Me aclara mi mejor y más querido informante bilbaíno que Santurzi es una derivación de san Jorge y que hay otros poblados en España con tan increíble transformación etimológica en su nombre: de Jorge a Turci un paso es, aunque no lo parezca.) El título nobiliario de don Pablo, pues, aunque se refiere al pueblo vizcaíno y no al barrio sanjuanero, es contradictorio pues engarza de manera violenta o contradictoria el título de marqués con una localidad pueblerina o, mejor, popular. Así es porque cuando en nuestra historia hablamos del Marqués de Santurce, obviamente pensamos en nuestro Santurce, no en el vizcaíno. Es que el nuestro, a pesar de tener su parte aristocrática en Miramar, es y ha sido siempre un barrio popular, populachero para algunos, que tiene sus orígenes en habitantes pobres, especialmente en los negros libertos que lo fundaron, y hasta tiene como símbolo un ordinario y hasta vulgar crustáceo, no un heráldico león, como la señorial ciudad de Ponce., ni un amenazante tiburón como mi pueblo.

Por ello mismo, por ser Santurce popular o hasta populachero, las crónicas que componen este libro se enfocan principalmente en seres marginados que van desde el adicto que recogen objetos de metales por las calles hasta los gais que por una noche, la del 31 de octubre, la noche de Halloween, se hacen dueños de diversas calles santurcinas. Estas crónicas por necesidad tienen que ofrecer cuadros muy parciales de esa realidad, aunque alguna, como la de Moscoso Candela, nos brinda uno más amplio valiéndose de un viaje en guagua. Pero por definición, la crónica es parcial; tiene que serlo. Por ello no podemos decir que Santurce y 8 crónicas de viaje nos dé un retrato completo o abarcador de este gran barrio capitalino. Pero no se le pide a un libro de crónicas que lo dé; no tiene que dar tal amplio cuadro.

Pero ese mismo rasgo –la limitada imagen que se ofrece si exceptuamos el ensayo de Quiles– nos deja con las ganas de otras crónicas más que nos ofrezcan distintas imágenes de Santurce. Para mí, el gran hueco del libro es la ausencia de una que retrate Miramar. Se entiende esa gran ausencia si se recuerda que estos cronistas tienen como objetivo o interés principal a los personajes marginados y, por ello, ponen su atención en secciones pobres del barrio. Pero creo que alguna otra cronista, siguiendo, si quiere, el ejemplo de la mexicana Guadalupe Loaeza en Las niñas bien (1988) y Las reinas de Polanco (1986), entre otros textos suyos, podría muy efectivamente darnos una excelente crónica de las doñitas de Miramar, una crónica que puede ser crítica y ambigua aunque trate de personajes de una clase social económicamente privilegiada. Magali García Ramis sería la candidata ideal para escribir esa crónica, como Luis Negrón sería el idóneo para darnos otra de la comunidad dominicana que hoy puebla gran parte de Santurce. (Me imagino cuán deleitoso sería leer una crónica de Negrón sobre “La Grilla”; ya me regusto sin que exista el texto.) Luis Rafael Sánchez, Ana Lydia Vega, Edgardo Rodríguez Juliá y Ana Teresa Toro, entre otros, se podrían añadir a la lista de posibles cronistas para ese otro libro todavía inexistente sobre Santurce. Hay muchas otras posibilidades de ampliar este excelente libro o de producir otro con más crónicas santurcinas.

En el fondo, lo que apunto es que Santurce y 8 crónicas de viaje, esta excelente recopilación de crónicas hecha por Armindo Núñez Miranda, cumple a cabalidad su función. La prueba está en que nos quedamos con ganas de más y más crónicas que sigan componiendo un gran cuadro de Santurce. Este libro nos ofrece un excelente comienzo. Roguémosle al que me imagino tiene que ser el verdadero santo patrón de Santurce – el inexistente san Turce y no el histórico san Mateo, ni el etimológico san Jorge – para que tengamos pronto ese otro libro tan excelente como este, este que me ha dejado con muchas ganas de leer más crónicas santurcinas.

Trump es una fiera herida

La evidente derrota que ha sufrido Donald Trump al verse obligado a concluir el cierre gubernamental federal, sin obtener nada cambio, tendrá consecuencias más allá del tema. El fracaso ha aumentado su marginación política y cuando hay tiburones nadando alrededor de un afectado la debilidad puede resultar fatal. Pero también estamos ante la posible típica reacción de la fiera herida que, al sentirse acorralada, ataca a todo lo que encuentre por delante. Uno de esos dos escenarios estaremos viendo en las próximas semanas.

Movido por su acostumbrada petulancia, Trump pensó que podría imponerse sin mucho problema sobre el liderato demócrata que recién llega al poder en la Cámara de Representantes y que emergería más fuerte de la confrontación. Seguro de esa estrategia no presionó por un acuerdo mientras todavía su Partido Republicano controlaba el Congreso, prefiriendo jugárselas con los Demócratas. Empezando el mes de enero acudió a la táctica acostumbrada de “hombre fuerte”, desafiando al liderato cameral y hasta humillando a la presidenta Nancy Pelosi, a quien literalmente bajó de un avión militar. Su mensaje era que le importaba muy poco que el cierre gubernamental se mantuviera al infinito si los demás no aceptaban sus términos. Después de todo, sus seguidores creen que la estructura gubernamental es de por sí un problema por lo que mantenerla cerrada sería más bien un alivio.

Pero el liderato Demócrata, tradicionalmente algo pusilánime, está ahora impulsado y hasta cierto punto vigilado por el sector más radical del partido, que ganó fuerzas en la última elección. Sabiéndose observado, optó por enfrentar el chantaje presidencial, negándose a ceder en el tema de la muralla en la frontera sur de Estados Unidos. Ese liderato sabe, además, que sus bases jamás le perdonarían el monumental despilfarro de fondos públicos en un tema que fue, precisamente, uno de los que más estimuló las movilizaciones durante la reciente campaña electoral. Si hay un asunto sobre el que no puede haber una negociación fluida entre los Demócratas y Trump, es en cuanto al enorme gasto que representa la caprichosa muralla. Por eso estaban obligados a mantener una oposición firme.

Mientras la confrontación se mantenía los efectos del cierre empezaron a sentirse a lo largo del territorio estadounidense y en sus relaciones con otros países. Ochocientas mil personas dejaron de recibir sus salarios y, al cabo de un mes, el efecto en la calidad de vida y la economía de sus hogares empezó a ser significativo. A los empleados públicos se sumaban las personas que trabajan para contratistas del gobierno que, en su mayoría, también se vieron obligados a detener labores. El efecto en la economía, privada de esos ingresos y torpedeada por la lentitud en la operación de agencias públicas, ya se manifestaba. A esos efectos se añadía la preocupación por la seguridad pública, tema importante para un país que se siente rodeado de enemigos y que ahora mismo conduce guerras en tres distantes lugares del planeta. Al final también se disparó la preocupación por la trasportación aérea, crucial para la economía y la vida social.

Ante ese cuadro el belicoso Trump tuvo que apurar el trago amargo y ceder diciendo que daba un paso atrás de forma temporera nada más y que en tres semanas vuelve a la carga si los Demócratas no lo complacen. Muchos consideran que resulta difícil que ese escenario suceda porque de lo que se habla ahora es de la debilidad presidencial y hasta los tiburones de su propio partido se sienten estimulados a lanzarse al ruedo. Antes del cierre se daba por seguro que Trump no tendría enfrentarse a una desgastadora primaria Republicana antes de las elecciones de 2020, pero ahora ya se mencionan, al menos, dos candidatos importantes dispuestos a enfrentarlo. Entre ellos se señala al gobernador de Maryland, Larry Hogan.

Pero el efecto mayor que este desenlace negativo puede tener para Trump sería con la investigación criminal que viene acechándolo desde que logró la elección como presidente minoritario, gracias al el mecanismo del Colegio Electoral. Antes de las elecciones de medio término, y antes de que comenzara el forzado cierre de las agencias de su gobierno, Trump se sentía tan fuerte que parecía dispuesto a torpedear la investigación que realiza Robert Muller. Entre otras cosas se comentaba que tan pronto el nuevo Secretario de Justicia fuera confirmado por el Senado éste actuaría contra Muller, forzando el fin de la investigación que poco a poco le va tendiendo un cerco al actual habitante de la Casa Blanca.

Ahora, ante el nuevo escenario es muy poco probable que eso ocurra porque a un presidente débil le resulta difícil tomar decisiones tan arriesgadas. Esa carta se la jugó Richard Nixon hace más de 40 años cuando se dispuso a detener a los fiscales independientes que ya le respiraban en la nuca y terminó viéndose obligado a renunciar poco tiempo después. Antes del cierre Trump parecía estar dispuesto a jugarse la misma carta porque se sentía invencible. Ahora mismo el vencido es él y con 34% de respaldo entre la población estadounidense es muy difícil sacar pecho.

Simultáneo con la virazón a la que se vio obligado Trump se anunció el arresto de Roger Stone, un personaje muy parecido al monje Rasputín, que desde hace años opera a media luz en todas las movidas turbias de su amigo y jefe. La investigación de Muller alcanzó a este otro paje de la corte del emperador subiendo un escalón adicional en su marcha hacia el trono. Queda por saber si, ante el nuevo cuadro, Trump se atreve a provocar otra “noche de los cuchillos largos” liquidando a Muller.

El análisis anterior está montado en el supuesto de que a Trump le queda un mínimo de racionalidad y que es capaz de ver la debilidad de su entorno. Sé muy bien que en su caso esa conclusión es arriesgada y que en los próximos meses podríamos ver cómo la institucionalidad de Estados Unidos vuela en pedazos con los últimos desafueros de un presidente herido.

Residencial Puerta de Tierra: Otro chanchullo de Vivienda

Los antiguos residentes del Residencial Puerta de Tierra, se enfrentan al mismo engaño de los vecinos de Las Gladiolas, por parte del Departamento de la Vivienda (DV) de que una vez construido un nuevo complejo regresarían a sus antiguos hogares. “Esperamos que se cumpla con los acuerdos y lo deseamos aun con las reservas y lo que sabemos, pero la realidad es otra”, así lo afirmó el portavoz de la comunidad el joven Jonathan Colón Reyes, a la luz del proceso por la que han pasado ambas comunidades.

El joven nacido y criado en la comunidad del Residencial Puerta de Tierra, narró que al igual que Las Gladiolas, en el 2009 comenzó la inquietud entre los residentes por la noticia del desalojo de la comunidad. Les dijeron que el proyecto había sido sometido por la agencia a un plan de modernización. En la primera fase se desalojó parte del residencial y construyeron los actuales edificios conocidos como Puerta de Tierras II. Aunque a la comunidad se le dijo que se construirían cinco edificios y una égida, se construyeron solo tres edificios. “No se hicieron los otros dos edificios ni la égida no sabemos qué pasó con los fondos. Eso fue para la gobernación de Acevedo Vilá en el 2011”. Al ver que no se construyó el proyecto como se había anunciado la otra parte de la comunidad empezó a averiguar qué era lo que estaba pasando y una vez más fueron sorprendidos con la noticia del desalojo.

Colón Reyes reconoció que la comunidad confiando en que el proceso fuese lo más rápido posible colaboró con el traslado. Aunque reparó que le llamó la atención que el DV les concedió 100 vales de Sección 8, cuando sabía que habían muchas peticiones a este programa. Destacó que igual les tomó por sorpresa que cuando se les presentó la partida que había para el proyecto se les dijo que esta se dividiría entre su comunidad Puerta de Tierra, Las Gladiolas y Gautier Benítez, en Caguas y que la firma para construcción y administración de los tres proyectos sería McCormack Baron & Salazar.

El líder comunitario, quien tiene un bachillerato en Ciencias Sociales, expresó que ha investigado la experiencia de este nuevo modelo de vivienda mixta en Estados Unidos y ha encontrado que en estos se da una dinámica de discriminación y rechazó entre los residentes. Trajo el ejemplo de que una comunidad en Chicago en donde se comenzó un proyecto de este tipo en el 1990 un grupo de la comunidad demandó al estado por discrimen ya que a los residentes bajo el programa de vivienda pública se les prohibía el paso de un lugar a otro y hasta el uso de ciertas áreas comunes. “No es que nosotros no queramos que esa integración de clase se de pero las cosas no se dan obligadas”, expresó.

A partir del 2012 ante las peticiones de información a todas las administraciones del DV sobre los compromisos contraídos con la comunidad, frente a la falta de contestación describió que empezó la travesía de la comunidad. “ En el camino murió gente, las enfermedades se empezaron a gravar, si ha habido gente que ha logrado auto sustentarse, hay otros que me han dicho que están cansados se seguir mudándose”.

Señaló que el desarrollador se reunía por separado con las comunidades de Las Gladiolas y Puerta de Tierra, aun cuando el modelo de los proyectos es el mismo. Por parte de las comunidades dijo estaban trabajando juntas. Fue así que también se enteraron de que en mayo (2018) sería la pre inauguración del proyecto y se comenzaría a citar a los antiguos residentes. Comentó que aun con sus reservas entendían que mientras cumplieran con los requisitos anteriores de vivienda pública como se les había dicho serían admitidos al nuevo proyecto.

Pero los residentes del antiguo residencial de Puerta de Tierra se enfrentan a la misma situación que los de Las Gladiolas, las familias con ingresos bajos no pueden afrontar las mensualidades de las nuevas viviendas. Colón Reyes denunció que los límites de ingresos que solicita el desarrollador no representan la realidad. Una persona con un trabajo de 35 horas semanales a $7.25 la hora no puede pagar una mensualidad de $600 dólares, “no hay un balance entre la realidad de ingresos y el acceso”, reiteró. En cuanto al beneficio de crédito contributivo la persona no puede tener su crédito comprometido. “Estamos en una coyuntura que vivimos al día al día mas de la mitad de los puertorriqueños no les da para ahorrar”.

Colón Reyes, reveló que cuando le han hecho estos planteamientos al secretario del DV, Fernando Gill Enseñat, por medio del Sub secretario, éste ha contestado que como el proyecto es una alianza público privada (APPs) eso le toca al privatizador. “Nos dejan a la deriva cuando se hacen los señalamientos se despachan de esa forma”. Agregó que desde mayo no han vuelto a tener una reunión con el contratista y en septiembre de 2018 le solicitaron una reunión, no fue hasta días recientes que recibieron una cita de reunión para este 1 de febrero. Al igual que lo sucedido con los residentes de Las Gladiolas, denunció que a los de Puerta de Tierra les comenzaron a pedir documentos en mayo una y otra vez “están jugando el juego para ver quien se cansa”.

El líder de la comunidad del residencial de Puerta de Tierra, demandó, “nosotros queremos escuchar la verdad para poder reaccionar a lo que ocurra, no vemos que se esté cumpliendo con el compromiso”, dijo en referencia al compromiso del gobierno de que los residentes desalojados tendrían prioridad para ocupar las nuevas viviendas.

El antiguo complejo residencial Puerta de Tierra consistía de 11 edificios para 484 apartamentos. En la actualidad entre los tres nuevas estructuras ya construidas (Puerta de Tierra II) hay solo 85 unidades de vivienda, estas todas si bajo el modelo de vivienda pública. La nueva construcción se limitara a cerca de 174 unidades de vivienda, lo que es evidente que no podrá albergar a toda la anterior población desalojada.

Mientras este viernes (25 de enero) se colocó la “primera piedra” del nuevo complejo de vivienda de Gautier Benítez, en Caguas, el cual como ya se anunció será construido y administrado por el mismo desarrollador, bajo el mismo concepto de vivienda mixta y cuyos residentes fueron desalojados bajo las mismas promesas que Las Gladiolas y Puerta de Tierra.

Sello de correo postal: En celebración del 40 Aniversario del Centro de Estudios Martianos

Un tema recurrente en la filatelia cubana es la vida y la obra de José Martí, Héroe Nacional. Esta vez se hace honor a la institución que rige los estudios martianos en Cuba y que es de obligada referencia para los investigadores del orbe.

Ofrecemos a los lectores de Claridad/ En Rojo la imagen del sello emitido por Cuba Correos y las características de la emisión, una breve descripción del Centro de Estudios Martianos y datos del quehacer martiano de Cintio Vitier cuya imagen fue reflejada en el sello que se muestra.

Valor facial: $0.65

Impresión: Papel cromo por el sistema Off set

Formato horizontal

Medidas: 48 x 31 mm

Perforación: 12½

Primer Día de Circulación: 18 de julio de 2017

El Centro de Estudios Martianos, que se ubica en Calzada No. 807, esquina a 4, El Vedado, Plaza de la Revolución, La Habana, Cuba, tiene un lugar destacado en la cultura cubana, legítimamente ganado por la continua laboriosidad de su colectivo de trabajo dirigido por la Dra. Ana Sánchez Collazo.

Antiguamente la casa perteneció a don Victoriano Bances y Cuervo Arango y doña María Teresa Fernández Criado, padres de María Teresa Bances y Fernández Criado. Fue construida antes de 1889 y la compran y la legalizan entre 1900-1901. Se levantó sobre cuatro solares ubicados en la manzana 27 del barrio del Carmelo, en El Vedado.

El Centro de Estudios Martianos radica en la edificación desde el 19 de julio de 1982. Tras la muerte de sus padres, María Teresa Bances, como única heredera, adquiere la casa, y tras su matrimonio con José Francisco Martí y Zayas Bazán, en 1916, ambos pasan a ser los dueños del inmueble.

El Centro de Estudios Martianos (CEM), perteneciente al Ministerio de Cultura, de la República de Cuba, fue creado el 19 de julio de 1977, con el objetivo de auspiciar el estudio, investigación y difusión de la vida, el pensamiento y la obra de José Martí, especialmente entre los niños y jóvenes, además de ser depositario de su papelería.
Desde su creación se ha realizado en la institución amplia labor de investigación y docencia de postgrado, además de organizar periódicamente encuentros académicos, conferencias científicas, coloquios y seminarios.

Al origen del Centro de Estudios Martianos se vinculan relevantes figuras de la cultura cubana, entre ellas: Armando Hart, Cintio Vitier, Fina García, Ángel Augier, Juan Marinello, Julio Le Riverand y Roberto Fernández Retamar, quien fue su primer director.

Los especialistas del Centro de Estudios Martianos tienen como objetivo principal investigar en tres áreas de trabajo: historia, literatura y la edición crítica de las Obras Completas, que es el mayor proyecto científico y editorial de la entidad, por lo que tiene un valor estratégico.

En 1978 se inició la publicación del Anuario, muy actualizado acerca del pensamiento y la obra de Martí, que reúne textos con perfiles definidos, sobresalientes por el prestigio de sus autores.

El Portal José Martí, creado en el 2007, muestra textos e imágenes, con el propósito de divulgar y actualizar el acontecer nacional e internacional acerca de la obra del Maestro en www.josemarti.cu. Invitamos a los lectores a hacer una visita virtual al Centro de Estudios Martianos a partir de la existencia de este Portal.

El sello de correo muestra la imagen de Cintio Vitier Bolaños, nacido en Cayo Hueso, Estados Unidos, el 25 de septiembre de 1921y fallecido en La Habana, el 1 de octubre de 2009. Es nuestro interés dar a conocer a los lectores esta figura de la intelectualidad cubana acerca de sus estudios martianos. En la Biblioteca Nacional trabajó como investigador literario, fue director del Anuario Martiano (1968-1972) y de la Sala Martí (1968-1973). Participó en el Coloquio Internacional José Martí, celebrado en la Universidad de Burdeos en 1972. A todo lo largo de su trayectoria intelectual ha colaborado en numerosas publicaciones periódicas cubanas y extranjeras. Publicó José Martí. Antologia di testi e antologia critica a cura e con una introduzione di […] (Roma, Edizioni di Ideologie, 1974, la antología de Jean Lamore, José Martí. La guerre de Cuba et le destin de l’Amérique Latine (París, Aubier Montaigne, 1973). Es autor de diversos ensayos sobre Martí, recogidos en Estudios críticos (La Habana, 1964), donde se incluyen también trabajos de Fina García Marruz y también de estos esposos, Temas martianos (La Habana, 1969). Recibió, en 1996, entre otras muchas distinciones la Orden José Martí, instituida en 1972 y otorgada a ciudadanos cubanos, extranjeros y a jefes de Estado o Gobierno por grandes hazañas en favor de la paz y la humanidad, por valiosos y extraordinarios aportes en la educación, la cultura, las ciencias y el deporte, así como por méritos destacados en el trabajo creador. Durante diez años, desde 1977 hasta su jubilación, dirigió el Proyecto de edición crítica de las Obras Completas de José Martí en el Centro de Estudios Martianos, para el cual realizó, en colaboración con Fina García Marruz y Emilio de Armas, la edición crítica de la Poesía completa de Martí (1985). Escribió Vida y Obra del Apóstol en 2011. Después de su jubilación, formó parte del Consejo asesor del Centro de Estudios Martianos y fungió como Presidente Honorario de la institución.

En un mensaje enviado al CEM, en ocasión del aniversario 25 de su creación, el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, expresó: “Nuestro pueblo agudamente sensible a todo lo que se relacione con sus más preciadas esencias, sabe muy bien que en el Centro de Estudios Martianos cuenta con un poderoso ariete y una formidable trinchera de ideas”.

La autora es miembro de la Sociedad Filatélica de Puerto Rico y estudiosa de la vida y la obra de José Martí. Comentarios a silviamalberti@gmail.com

Bibliografía

Cintio Vitier. EcuRed. Recuperado de https://www.ecured.cu/Cintio_Vitier#Ensayo

Gracias, E. (Libreto). (2018, 9 de diciembre). El mundo de la Filatelia. Programa de Radio Habana Cuba.

¿Quiénes somos? Centro de Estudios Martianos. Recuperado de https://www.josemarti.cu/quienes-somos/

Vitier, Cintio. Diccionario de la Literatura Cubana. Recuperado de https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/diccionario-de-la-literatura-cubana–0/html/254v.htm