Inicio Blog Página 1588

A 60 años de su publicación Vieques y Usmaíl: Cuando la realidad se funde con la ficción

Por Carmen Cila Rodríguez/Especial para En Rojo

Son dos grandes tesoros que hay que redescubrir.

Usmaíl, la emblemática novela de Pedro Juan Soto, cumple 60 años de haberse publicado. Su autor acertó con su propuesta escenificada en una isla hasta entonces casi olvidada y tan sufrida como Vieques. La novela está cargada de sentimientos y sensibilidad, atributos que la han mantenido por seis décadas en la cima de un ‘sórdido silencio’. 

Y es que durante este periodo de tiempo, el texto ha sido bandera y uno de los mejores portaestandartes para ilustrar lo que padecieron los residentes de la isla municipio de Vieques con el establecimiento de la Marina de Guerra de los Estados Unidos en dos terceras partes de su territorio durante la década de los 40. Quizás por esta misma razón, algunos consideraron que ante los eventos en Vieques había que silenciar a esta novela y olvidarla en la oscuridad literaria, pero eso no ha sido posible.

Cabe reconocer que en una primera lectura Usmaíl guarda la esencia de lo que ocurre hoy en Vieques, según la opinión de muchos: nada. La novela posee escasos diálogos y menos acción. Su trama principal gira en torno al desarrollo de un adolescente marginado, huérfano y pobre llamado Usmaíl. De primera mano, encontré que algunos viequenses no conocen la novela o, si la han leído, la consideran “enzorrosa”.

En resumen, la madre de Usmaíl fue abandonada por su amante americano cuando supo de su embarazo. Esperó cartas del hombre que se fue a la fuga, pero nada ocurrió; por lo que la mujer de raza negra, perdió la razón. La joven madre falleció a pocos minutos del parto no sin antes solicitar que nombraran al recién nacido según su motivo de interés en los últimos meses. Así, como el correo. El padre de la mujer llamado Quico el morrocoyo, desquiciado, al poco tiempo se quitó la vida. Entonces a Usmaíl lo crió una vecina llamada Nana Luisa, quien los quiso como a un hijo.

El inusual nombre provocó burlas de la comunidad ficticia de Vieques, con lo que Usmaíl nunca aprendió a lidiar. Finalmente, el joven acude a San Juan para cambiar su nombre pero encuentra nuevos escollos en su triste vida.

Aun así, como Vieques, Usmaíl tiene mucho que ofrecer. Como estudiante, preparo mi tesis doctoral sobre esta novela de 1959 por lo que decidí ir personalmente al escenario de esta narración. Hacía ya 15 años desde que había ido por primera vez a la isla municipio, como muchos puertorriqueños, a vacacionar y sumergirme en sus cristalinas aguas. Esta ocasión era distinta. Llevaba en mis manos la novela que tanto había leído y una corriente de emociones en mi corazón. 

En la lancha, comencé a calibrar que el viaje tendría buenos frutos. Cerca de mí, se sentó un joven empleado del correo y, afuera, un brillante arcoiris me recibió. Al bajarme de la lancha me emocioné -y mucho- porque la Isla Nena permanece casi intacta a como se describe en la obra de Soto.

Mi primera visita tenía que ser el correo, donde pregunté si por fin habían llegado cartas para Chefa, la madre de Usmaíl. La contestación –en broma y en serio– fue que no. Se me informó, además, que este no era el edificio original sino uno cerca del terminal de lanchas. Allá fui y me senté en sus escaleras para imaginar la fatigosa espera bajo el sol de la negra embarazada. 

Mientras tanto, para mi sorpresa, un hombre negro de edad avanzada, delgado en extremo, con ropa gastada y descalzo se me acercaba lentamente. Nos pidió algo de dinero con una sonrisa envuelta en una abundante barba blanca. Por supuesto que accedí a cambio de una foto con él. Parecía sacado de la novela, como si el mismo Quico el morrocoyo hubiese salido a nuestro encuentro.

Regresé al pueblo para sentarme en la plaza de recreo de Isabel II, tal como hacía el joven Usmaíl en las noches para hablar con sus amigos. Recurrí a los viequenses de mayor de edad para saber si allí cerca existió un cine, a donde el protagonista acudía. Con mucho ánimo y hasta con orgullo, me señalaron el lugar exacto del Teatro Nayda, que ahora está ocupado por un edificio gubernamental, justo frente a la plaza.

El viaje terminó pronto. Decidí regresar a Vieques varios meses más tarde para completar mi estudio. En esta ocasión solicité el servicio de una guagua pública y su amable chofer me dio la suficiente confianza para que lo interrogara.

“¿Usted sabe quién fue Gran Diablo?”, cuestioné sobre el viequense en que parece haberse inspirado Pedro Juan Soto para formar a Quico. “Ea, hacía tiempo que no escuchaba ese nombre, pero sí lo recuerdo”, exclamó de inmediato mientras recorríamos algunos barrios como Destino Adentro y Destino Afuera, donde Usmaíl tuvo una de sus grandes aventuras.

En el trayecto, me fijé que en el Vieques actual hay muchos vehículos todoterreno para alquilar marca Jeep. Esto me hizo recordar que en la novela, los jeeps eran utilizados para vigilar y custodiar los terrenos de la Marina que recién habían expropiado. En un pequeño hostal en La Esperanza, hallé lo que parece una obra artesanal. Es la fracción de una parrilla frontal de un jeep “de los viejos”, decorada con dos pantallas de lámpara en cristal, sustituyendo los focos originales. 

La parrilla, en su nuevo rol artístico, simula un rostro feroz. Se le añadió lo que parece una gran boca con una lengua saliendo de esas fauces. De inmediato tomé fotos, porque en Usmaíl se vincula al jeep vigilante con la fiereza de una bestia.

Otra tarde, sentada en el balcón de un negocio frente al mar, me dispuse a montar conversación con un viequense de 73 años de edad. Luego de las debidas presentaciones me dice: “¿Tú conoces la historia de Vieques?”, me cuestionó sin demora. Quizás esa era su condición para hablar conmigo.

-”Sí”, contesté firme.

Luego de hablar un rato y ganarme su confianza como investigadora sobre Vieques, me dice: “Antes de (David) Sanes, los marinos mataron a muchos viequenses. A un tío mío lo mataron porque fue a mudar las vacas de los terrenos de la Marina. Lo mataron por pasar al terreno que expropiaron. Era joven. Y esa es la amargura mía”, concluyó y aunque tranquilo, se notaba algo de tristeza en su mirada.

En Vieques tomé fotos del mar, del amanecer en Sunbay, de las escuelas a las que posiblemente acudió Usmaíl en la novela, del nunca acabado Fuerte Conde Mirasol, de la calle Carlos Le Brun por donde pasaba Usmaíl, del Faro de Punta Mulas y no podía dejar de visitar a Morropó, barrio donde en alguna de sus casas Cisa cosía la ropa de la gente económicamente acomodada del pueblo. 

Fui al cementerio viejo donde cielo, mar y tierra se funden en un solo espacio para tornarse especialmente atractivo por sus distintos tonos de azul. Caminé por entre las tumbas, algunas identificadas como de soldados de la Guerra de Corea, hecho que Soto recoge en su novela. Pensé que en alguna de las otras tumbas podría estar el cuerpo de Nana Luisa, pero reconocí con algo de nostalgia que la querida Nana solo fue una ficción del autor. Al igual que con Quico, figuré en algunos viequenses a otros personajes, pero reprimí mi deseo de pedirles una fotografía.

Los viequenses son hospitalarios y serviciales, orgullosos de su paraíso. Contestaron todas mis preguntas con honestidad y sabiduría. La Marina y el problema de las lanchas son temas de conversación frecuentes. Se nota que esos asuntos los resienten pero que también los resisten con valor. Un señor, incluso, me aseguró que hacía como cinco años que no iba a la isla grande (Puerto Rico).

Para mí, Vieques y Usmaíl están unidos en realidad y ficción. ¡Hasta me han preguntado a cuál familia viequense pertenece Usmaíl! Han pasado 60 años desde que Soto publicó la novela, pero algunos de sus temas siguen tan vigentes, tan inteligentemente presentados y casi tan intactos en la realidad viequense como el mismo día en que el personaje llamado Usmaíl partió a San Juan en busca de nuevos senderos. 

Pedro Juan Soto Suárez fue un destacado autor puertorriqueño, nacido en Cataño. El próximo 11 de julio cumpliría 91 años de edad. Estuvo casado con la también escritora Carmen Lugo Filippi y era padre de tres hijos, uno de ellos Carlos Soto Arriví. Soto Suárez falleció el 7 de noviembre de 2002 en un hospital de Río Piedras.

La autora es candidata doctoral en literatura puertorriqueña del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

El retrato de la desgracia

Por Juan Forn

Un día de 1907, André Derain se cruza por la calle con su amigo Picasso y lo invita a tomar unas copas en su atelier. Uno lee esto y piensa: el viejo pintor y su amigo más joven. Error: Derain y Picasso eran casi de la misma edad (uno de 1880, el otro de 1881), pero por alguna rara razón no competían entre sí. Al subir al atelier ese día, Picasso se fascinó de tal manera con la colección de objetos primitivos de Derain que éste le dijo que fuese sin falta a la sección africana del Museo del Trocadero. Picasso insólitamente obedeció y el resto es historia conocida: Picasso pinta Las señoritas de Avignon y cambia las coordenadas de la pintura de su tiempo. Derain, entretanto, parte al frente cuando estalla la Primera Guerra y vuelve de las trincheras convencido del viraje que debe dar su pintura. Sigue siendo el mismo grandote bonachón y sensualista, pero siente que debe ir en una dirección diferente a la de todos sus amigos pintores, intentando una síntesis metafísica entre el primer cubismo y la serenidad de los viejos maestros renacentistas. A su regreso del frente, le dice a Picasso que Las señoritas de Avignon le parece una empresa desesperada y que no le extrañaría encontrar algún día a su amigo colgado detrás de semejante tela. Picasso lo tranquiliza en privado, pero le pide que repita en público el comentario, porque no puede imaginar un “elogio” más efectivo. Derain lo hace y, para la sorpresa general, Picasso sigue frecuentándolo. Lo mismo hacen Giacometti, Braque y un jovencito llamado Balthus, que terminará teniendo un rol decisivo en esta historia.

Por esa época (ya estamos en los años ’30) se produce en París una reacción de varios pintores contra los experimentos de vanguardia. La decisión es menos estética que ideológica: soplan vientos nauseabundos en Francia.

La prensa nacionalista da a esos pintores el título de “La Vuelta al Orden”, que es lo mismo que piden políticamente: expulsión de inmigrantes judíos y bolcheviques, retorno “a los valores franceses de siempre”. Pese a los reparos de Derain, que no comparte uno solo de los ideales de esos pintores, la prensa lo pone a la cabeza del movimiento y lo usa como ariete para fustigar a los vanguardistas, casi en los mismos términos en que Hitler habrá de dividir poco después el arte en “degenerado” y “excelso”. Derain se va de París a un pueblito de las afueras llamado Chambourcy, pero de poco le sirve el cambio de aire: los nazis invaden Francia, la Gestapo le hace saber al pintor que ha sido elegido para integrar la comitiva de artistas franceses que el Führer quiere conocer en Berlín.

Derain contesta que ya no pinta, y mucho menos viaja, pero la Gestapo insiste con la delicadeza que la caracteriza. Poco importa a los franceses que en ese viaje Derain se negara a hacerle un retrato a su admirador, el canciller Von Ribbentrop, y que pidiera (en vano) por sus compatriotas deportados. Terminada la guerra, Derain es acusado de colaboracionismo y, si bien será exonerado de los cargos, su nombre quedará manchado hasta su muerte en 1954.

Retrocedamos ahora veinte años, al momento en que Derain es arrastrado por Picasso, siempre atento a los escándalos, a la primera muestra de Balthus. Ante la reacción incendiariamente adversa, Derain decide dar su apoyo al joven pintor comprando uno de sus cuadros (Picasso promete hacer lo mismo, pero después se olvida, o se arrepiente). En agradecimiento, Balthus se ofrece a pintarle un retrato. Derain le da largas al asunto, pero permite al joven pintor que lo contemple trabajar en su atelier. Los expertos dicen que esas jornadas fueron decisivas para Balthus y él mismo aseguró hasta su muerte que la razón por la cual era tan lento y obsesivo para pintar era porque quería dar a sus cuadros el virtuosismo que Derain conseguía darle a los suyos casi sin esfuerzo. Pero en 1936, cuando Derain acepta por fin posar para Balthus, su moral está en baja. El evento de la temporada es un libro llamado Pour et Contre Derain, en el que una veintena de críticos cuestionan el viraje de su pintura y lo declaran acabado. Con ese estado de ánimo concurre diariamente a posar, durante cuatro meses, al atelier de Balthus. El resultado es uno de los mejores retratos del siglo, pero involuntariamente dio el golpe de gracia a la reputación de Derain, cuando Balthus lo incluyó en su primera exhibición en París después de la guerra.

Admirador del famoso retrato que había hecho Picasso de Gertrude Stein, Balthus dio a su Derain la misma imponente altivez. Y, fiel a su inveterada pasión por las nínfulas, incluyó en el fondo del retrato a una modelo y amante ocasional de Derain. A causa de su proverbial lentitud para pintar, Balthus incluyó a la modelo en el cuadro cuando Derain ya había dejado de posar. Se trataba de una jovencita judía llamada Sonia Mossé, deportada por los nazis y gaseada en Auschwitz. Cuando Balthus exhibió el cuadro en 1946, su recuerdo estaba aún fresco en la memoria de los artistas parisinos y la altivez de Derain en el cuadro fue interpretada como desprecio por la suerte que habría de correr su modelo. La terrible ironía del asunto es que Balthus había pintado a la modelo equivocada: la que trabajaba habitualmente para Derain se llamaba Raymonde Klaubniche, pero compartía pensión con la pobre Sonia Mossé y envió a ésta al atelier de Balthus porque tenía otro trabajo mejor pago.

Derain ya no volvió a París, ni volvió a exponer hasta su muerte. Da escalofríos comparar el último de los autorretratos que pintó con el que le hizo Balthus: nada queda de uno en el otro; no sólo no parecen la misma persona; ni siquiera parecen pertenecer a la misma especie. Aunque Balthus no se atrevió nunca a darle el retrato, siguió visitando a Derain en Chambourcy. En la última de esas visitas, en 1953, le llevó de regalo el ejemplar de los Cuentos Orientales de Marguerite Yourcenar que Derain le había hecho leer en 1937. Derain le pidió que leyera en voz alta el cuento que había sido su favorito en aquel entonces, “Cómo se salvó Wang-Fo”, la historia de un viejo pintor chino condenado por el emperador a que le arranquen los ojos y le corten las manos por pintar el mundo demasiado hermoso; es decir, por falsearlo. El viejo pintor no esgrime ninguna defensa. Sólo pide, antes de que se ejecute la condena, terminar su última obra, un paisaje del mar visto desde la orilla, en el que flota una barca solitaria. Cosa que procede a realizar con tal maestría que el mar se hace realidad y las olas se llevan al emperador y a toda su corte, mientras él se sube a la barca solitaria y se pierde en el horizonte. Cuenta Balthus en sus memorias que, cuando llegó al final del relato, por un instante estuvo convencido de que el horizonte se abriría y el viejo Derain haría un triunfal mutis por el foro junto con el sol poniente, pero los minutos fueron pasando, el sol terminó de ocultarse en el horizonte y, cuando ya había caído la oscuridad sobre ellos, el viejo Derain quebró el silencio para murmurar amargamente al vacío: “Yo no tendré esa suerte”.

Tomado de Página 12.

En la feria

Por Zahira Cruz /Especial para En Rojo

Disfruto mucho venir a Madrid durante La Feria del Libro que toma lugar en el Parque del Buen Retiro. Las librerías de la ciudad se vacían y me puedo regodear a gusto y ganas entre sus mesas y estantes atestadas de libros en lugar que de gente. Hay fresco (dentro de las librerías, y para mi sorpresa afuera no está tan caliente como en otras ocasiones) y comodidades para hojear y seleccionar lo que me interese. Si voy, por ejemplo, a La Central de Callao o a Tipos Infames en Malasaña puedo tomarme allí una cerveza y luego un café, o viceversa. El orden en estos asuntos no me importa mucho, solo depende de lo que me apetezca y del estatus de mi bolsillo. Por supuesto, para algunos, estas actividades mías pueden resultarles una comemierdería yo, en cierto sentido, lo considero un lujo. Soy un ser humano y tengo mis debilidades. No me flagelaré por ello —a fin de cuentas no es algo que hago a costas del sufrimiento ni del trabajo ajeno—. Me gusta leer y tomar mis refrigerios. A veces compro libros a veces no. A veces puedo venir a Madrid a veces no. A veces puede ser en tiempo de feria a veces no. A veces contenta a veces no. En esta ocasión he venido a Madrid en época de feria y por un momento pensé en darme el lujo de no poner un pie en el evento, pero al final vine un rato para poder contarles a mis señoras y señoritas amigas y amigos del En Rojo lo que había por aquí. Contarles que en el Parque del Buen Retiro sigue —el todavía joven— poeta con su silla y su mesa escribiendo poesía por un euro frente al estanque. También la cabra con su badajo luciendo su mejor sonrisa —siempre imperceptible— para la foto y la gitana con sus ramas de romero derrochando originalidad en cada maldición que desperdiga ante la tacañería de los turistas; la orquesta de camara sigue allí y los pájaros cagándose en las mesas de los chiringuitos también. Todo en su lugar, supongo. 

Esta edición de la feria (FLM19) ha sido dedicada a la República Dominicana. En su programa de participación enfatizaron nuestros hermanos dominicanos su herencia española y destacaron las figuras de Pedro Henríquez Ureña, Juan Bosch y Marcio Veloz Maggiolo como intelectuales de fuertes vínculos literarios con España. Además, dedicaron un especial reconocimiento al poeta Pedro Mir. Dicho programa transcurrió entre tertulias, conversatorios, presentaciones de libros, música, documentales. Hubo también un ciclo de cine dominicano, danza, teatro, carnaval y un pabellón infantil decorado con la temática del mar cuyo lema fue ‘Embarcados en los libros’. Hubo sesenta narradores, y merengue y bachata en vivo. La presencia del merengue fue justificada bajo el dato de que dicho género musical es patrimonio inmaterial de la UNESCO pero, quisiera comentar, acá entre nosotros, ¿no les parece que la presencia del merengue en este evento cultural no necesita mayor justificación que la de su mera existencia y pegajoso ritmo y sabor? La agrupación musical de merengue Perico Ripiao y Víctor Víctor con su bachata fueron dos de los representantes de la sonoridad dominicana que encendieron la bulla y atajaron la solemnidad típica de estos eventos que en la mayoría de las ocasiones me hacen morir de tedio. La reina Leticia estuvo el primer día acompañada de sus princesas y fue agasajada con el obsequio de varios libros en su mayoría de literatura femenina. Lo cuento porque sé que la realeza española es tema de conversación entretenimiento y cotilleo en ciertos sectores de nuestro país, ávidos lectores también de nuestro suplemento semanal En Rojo, ¿sí o no? 

Para ir culminando con el relato de mi experiencia me confesaré con ustedes: el motivo promordial, o más bien único, que me sacó de las librerías y me llevó a la Feria en el Buen Retiro fue la presencia del admirado escritor catalán Enrique Vila-Matas, quien estaría firmando libros en la caste de la Librería Méndez. Sobre esto no sé si estará demás decir que me limité a ver de lejos cómo el autor le firmaba los libros a personas con mayor capacidad que la mía para lidiar con las hordas de lectores entusiasmados por obtener su autógrafo. 

Crucigrama: Ana Otero

Por Vilma Soto Bermúdez/Especial para En Rojo

Horizontales

1. Ana _____ Hernández; pianista, concertista de renombre internacional y educadora puertorriqueña. Fundó en San Juan la prestigiosa Academia de Música Otero.

4. _____ Juan; ciudad donde falleció Otero.

5. 24 de _____ de 1861; nacimiento de Otero.

7. Montañas de _____; macizo en el desierto del Sahara.

9. En Cuba, vara de madera dura, rematada en una punta de hierro, que se emplea para ahoyar en la tierra.

11. Pronombre personal.

13. Interjección usada para detener las caballerías.

15. Farináceo “arracacia xanthorrhiza”, vianda cultivada comercialmente en las montañas de Barranquitas y Orocovis.

17. Miembro de un antiguo pueblo itálico que habitaba en Campania.

19. Cesta grande, regularmente sin asas.

20. Cinco más uno.

21. Combaten en duelo.

24. Del verbo raer.

26. Conservatorio de Música de _____; Otero estudió en esa institución.

30. Ganso.

31. Afirmación.

33. Símbolo del argón.

34. Quiere, adora.

35. Segunda nota musical.

36. Ana Otero _____; entre sus composiciones están: “Un atrevimiento”, “Premiere pensée” y “Vals concierto”. Juan Morel Campos le dedicó la danza “Anita”.

37. Antes de Cristo.

38. Asistiré.

40. Interjección.

41. Persona que sobresale de manera notable en un ejercicio o profesión.

42. Nombre de la letra n.

43. Red.

45. Olfatear.

46. _____; ciudad natal de Otero. 

49. Empresa dedicada a la radiodifusión o televisión.

55. Cauce, canal para tomar el agua y conducirla a donde es aprovechada.

56. Monja.

57. _____; danza de Morel Campos dedicada a Otero.

58. En el centenario de _____ Otero Hernández; ensayo de Antonia Sáez publicado en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

59. 3 de _____ de 1905; fallecimiento de Otero.

Verticales

2. Desgarrase.

3. Escuché.

5. Interjección para indicar la risa.

6. Grasosa, pingüe y pegajosa.

8. Sonreír.

9. _____ Martí; escribió la crónica “Ana Otero” en honor a la concertista puertorriqueña. Fue publicada en el diario “Patria” en Nueva York el 20 de agosto de 1892.

10. _____ atrevimiento; danza compuesta por Otero.

12. Alabar.

13. _____ de Diego; elogió a Otero con el apelativo “Alma de ave”.

14. Virtud teologal.

16. Premiere _____; vals compuesto por Otero.

18. Árbol de la familia de las cupresáceas cuya madera es rojiza y olorosa.

21. La _____; himno de Puerto Rico al que Otero escribió la música.

22. Orilla de la calle por lo general ligeramente elevada.

23. Símbolo del tántalo.

25. _____ Otero Hernández; fue catalogada como “Artista de América” por Rubén Darío. Otero dio conciertos en Puerto Rico, Sur y Norte América y Europa.

27. Dios egipcio.

28. Del verbo imanar.

29. Perteneciente o relativo al sacerdote.

32. Cólera.

33. _____ Suárez Díaz; autora de “El Antillano: Biografía del Dr. Ramón Emeterio Betances (1827-1898)”.

39. Existe.

42. Dios principal de los cananeos.

44. _____ concierto; composición musical de Otero.

46. Vacía.

47. _____ Portuondo; cantante cubana conocida como “La diva del Buena Vista Social Club”.

48. Ahora.

50. Apócope de mamá.

51. Eleva la bandera.

52. Hembra del oso.

53. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

54. Miré.

La sociedad actual y las Iglesias

Por Marcelo Barros/Especial para en Rojo

La sociedad contemporánea está marcada por la diversidad cultural. Por su carácter laico, tiene la tendencia de mantener la religión en la esfera privada de la conciencia de cada uno. Eso se comprende porque antes la religión imponía sus normas morales y ritos a toda sociedad. Eso no tenía sentido y era opresivo. Sin embargo, cuando se privatiza la fe y la espiritualidad es difícil escapar de la ideología individualista del Capitalismo. Ese tomó el puesto de la religión. Religiones originarias de nuestros pueblos, como también el Judaísmo, Cristianismo y Islam son tradiciones comunitarias y solo así pueden colaborar con la humanidad, sin imponer normas y creencias.  Lo importante es que los grupos religiosos se respeten unos a otros y se inserten en la sociedad como colaboradores para construir un mundo justo. Para las Iglesias, la propuesta del evangelio no es en sí religiosa. Jesús propone que sus discípulos/as sean testigos de que Dios tiene para el mundo un proyecto de paz, justicia y comunión con el universo. La gran revolución realizada por Jesús fue revelar el rostro subversivo de Dios, Amor paterno y maternal, que, como cantó María: “derrumba los poderosos de sus truenos y eleva los humildes” (Lc 1, 52). Por eso, los cristianos deben insertarse en la sociedad y participar como ciudadanos, junto a todos los hombres y mujeres de bien, a servicio de la justicia, paz y cuidado con la naturaleza.

En la tradición católica, actualmente tenemos un obispo de Roma, que, a diferencia de los dos papas anteriores, insiste en el diálogo humilde y sin pretensiones con la humanidad. Da prioridad a las personas sin tierra, sin techo y sin trabajo. Propone una Iglesia en salida. Eso significa que obispos, sacerdotes y fieles deben desplazarse de los centros de poder que excluyen de condiciones dignas de vida la mayor parte de la humanidad para las periferias del mundo junto a las víctimas de esa sociedad sin corazón. 

En sintonía con el papa, pastorales sociales católicas y evangélicas cultivan una espiritualidad socio-liberadora. Así, la intimidad con el Espíritu se da en el camino social y político por un nuevo mundo posible. Es en comunión con los empobrecidos de la tierra  que las comunidades eclesiales de base y militantes experimentan la presencia del Amor Divino que conduce y cambia vidas personales a la medida que transforma las estructuras del mundo. Una Iglesia debería ser ensayo de una nueva sociedad alternativa basada en la justicia, la paz y la comunión con la Tierra y con la naturaleza.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.