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Jueza confirma rechazo al acuerdo de la AEE

 

Por Cándida Cotto/CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

El rechazo de la jueza Laura Taylor Swain al acuerdo llegado por la Junta de Control Fiscal (JCF) y el Gobierno de Puerto Rico para la reestructuración de la deuda de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) confirma las denuncias de varios sectores de la sociedad de que dicho acuerdo no es beneficioso para el pueblo de Puerto Rico.

En la audiencia de la semana pasada, la juez sorprendió a la JCF al determinar que el Acuerdo de Apoyo a la Reestructuración (RSA en inglés) con los bonistas de la AEE carecía de suficiente información para ser avalado por el Título II de la Ley Promesa.

“Las conclusiones son bastante parecidas, se negoció en cuartos oscuros, con poca transparencia; no hay ningún análisis económico que justifique el acuerdo”, señaló a CLARIDAD el director de Política Pública del Centro para una Nueva Economía (NE) Sergio Marxuach. Añadió y reiteró que el acuerdo alcanzado por la JCF es demasiado generoso con los bonistas y que el recorte que se le ha hecho a la deuda es muy bajito para que la AEE pueda seguir operando sin tener que volver a renegociar su deuda.

Aunque Marxuach aclaró que la determinación no implica necesariamente que la Junta tendrá que regresar a la mesa de negociación para satisfacer a la jueza, mencionó que esta sí les pidió que le llevaran más evidencia, un análisis macro económico de cómo se afectan los clientes y cómo afecta el futuro de la AEE como entidad. “Yo creo que ellos —se refiere a los representantes de la JCF y el Gobierno— esperaban que esto fuera aprobado bien rápido y se toparon con una juez que les señaló que aquí hay unas preguntas serias que no se han contestado. Por lo menos, ese primer paso lo van a tener que hacer”.

El economista reiteró que el acuerdo de reestructuración hasta va en contra de la política pública de fomentar la energía renovable e ir separándonos de los combustibles fósiles. A juicio de Marxuach, es interesante la determinación de Taylor, porque da a entender que la jueza no es un sello de goma como mucha gente cree. “Me estuvo interesante por lo menos dos de los señalamientos que hicimos: la falta de transparencia y de un análisis económico que sustentara de dónde salen los números y cómo se llega al cálculo de la reducción en la deuda. Creo que ellos esperaban que esto fuera aprobado bien rápido”. 

Sobre la manera en que los expertos y los miembros de la Junta presentaron el acuerdo, considera que esto da una idea de cómo ellos están mirando el proceso. Aparentemente, contaban con que iban a poder controlar el proceso en la corte y tal vez la solicitud de tiempo indica que mucha de la información no la tienen disponible y que, si la tienen, no está de manera presentable. 

En tanto, el licenciado Manuel Rodríguez Banch, portavoz de SOMOS, organización que junto a la UTIER solicitó intervención en el caso para impugnar el acuerdo, expresó: “El hecho de que la juez haya pedido más información y que presenten una propuesta más completa confirma las denuncias de que el acuerdo no es conveniente y que por la poca información que tiene demuestra que beneficia a los acreedores”. Comparó que contrario a los otros acuerdos negociados por la JCF, que no han sido rechazados por la juez Taylor, en este caso sí lo fue por su impacto en todos los clientes, que son en la práctica todos los sectores de la población.

Se supone que antes del 24 de julio la juez tome una determinación de si acepta o no la petición de intervención. De ser en la afirmativa, ese día, el perito de ambas organizaciones, el economista José Alameda presentaría su estudio respecto al acuerdo.

Por su parte, la ingeniera Ingrid M. Vila Biaggi, presidenta de CAMBIO, otra organización que también ha cuestionado el acuerdo declaró: “Las expresiones contundentes de la jueza Laura Taylor Swain sobre la falta de transparencia e información por parte del Gobierno y de la Junta de Supervisión Fiscal en relación al acuerdo con bonistas de la AEE confirman nuestros señalamientos de que no se le ha presentado al país la información que sustente ni la viabilidad y beneficio de este acuerdo, ni otras decisiones críticas sobre la corporación”.

Agregó que la AEE tampoco ha presentado los estudios subyacentes y la información que pruebe que la privatización redundará en un costo menor ni en mejor servicio y que dirigirá la transformación energética a alcanzar, en un futuro cercano, la generación total a base de energía renovable; sino todo lo contrario.

Trajo a la atención además que el viernes 14 de junio se cumplía el plazo establecido en el Tribunal de Primera Instancia para que la AEE le proveyera información sobre la privatización y datos del sistema energético a CAMBIO y recalcó que la determinación de la jueza de frenar la aprobación del acuerdo respalda los análisis y los reclamos que muchos sectores del país han presentado sobre las consecuencias nefastas que tendría dicho acuerdo.

“CLARIDAD”

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amf

 

Cuando era a peseta,

lo comencé a comprar.

Me ayudó a interpretar,

nuestra realidad completa.

A la Patria se respeta.

En la lucha Claridad.

Boricua piensa en verdad,

despierta y toma acción.

Pronta la liberación.

El reto, esta realidad.

Medardo Rosario

Aibonito 2019

EDITORIAL:    Acuerdos que estrangulan nuestro futuro

 

Los acuerdos de reestructuración de deuda son siempre transacciones complicadas, lo mismo si son individuales, corporativos o involucran a cualquier instancia de un gobierno o país. En el caso de Puerto Rico es más complicado aún por nuestra condición de colonia de Estados Unidos, y por la enormidad del monto de la deuda en comparación con el tamaño de nuestra economía y de nuestro mercado. Los grandes conglomerados financieros que respaldaron dichas emisiones de deuda, sabían exactamente lo que hacían al mantener la llave prestataria abierta mucho más de lo que hubiese sido prudente en cualquier escenario de riesgo como el nuestro. Se cebaron de nuestra situación, prestando mucho y caro, y más allá de cualquier límite, porque tenían la certeza de que la deuda se les pagaría a como diera lugar. No se equivocaron. Los recientes acuerdos de reestructuración de deuda para los bonos de COFINA, la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y, más recientemente, para las Obligaciones Generales (OG) del Gobierno de Puerto Rico así lo confirman. Extrema generosidad hacia los bonistas y extrema austeridad hacia los trabajadores, trabajadoras y el pueblo de Puerto Rico. 

No debe extrañarle a nadie que esa sea la ruta escogida. Prestar en grande es un negocio grande. Y sus prácticas están dirigidas a asegurarse un buen retorno del dinero prestado. Por eso, quien presta así casi nunca pierde, y mucho menos si su deuda está vigilada y respaldada por un cuerpo tan poderoso como el Congreso de Estados Unidos. En el caso de Puerto Rico, muchos de los bonistas esgrimieron el argumento de que su acreencia estaba garantizada por la llamada Constitución del Estado Libre Asociado (ELA) de Puerto Rico. Dicha “constitución”, que ya sabemos que es un documento sin valor ni obligatoriedad para el gobierno de Estados Unidos, principalmente tras la aprobación de la Ley PROMESA y la imposición a Puerto Rico de la Junta de Control Fiscal (JCF), ha sido la “excusa perfecta” para asegurarle a los bonistas de COFINA la tajada más jugosa del pastel de Puerto Rico. Un acuerdo leonino y confiscatorio, sobre el cual el destacado investigador y profesor de economía de las universidades de Columbia y Buenos Aires, Martín Guzmán, dijo lo siguiente: “Si este acuerdo es aprobado, el pueblo de Puerto Rico pagará cerca de $33,000 millones a sus acreedores COFINA por un valor principal que antes de la reestructuración era de $17,637 millones.” Claramente, este no es un buen acuerdo para Puerto Rico, ni ahora ni en el futuro.  

El recién negociado acuerdo de la AEE sigue un patrón similar. Después de levantar tantas expectativas, se terminó con un acuerdo peor al que se había negociado bajo el gobierno de Alejandro García Padilla, y que el actual gobierno descartó. Este nuevo acuerdo de reestructuración de deuda recibió una evaluación devastadora por parte de los expertos del Centro para una Nueva Economía (CNE). Esta es la tajante expresión sobre dicho acuerdo del prestigioso economista del CNE, Sergio Marxuach: “El RSA propuesto no es una buena transacción para Puerto Rico. Sus términos y condiciones son demasiado generosos para los acreedores; desalienta la transición a la generación renovable distribuida; no está claro si proporciona el alivio de la deuda necesario para mantener a la AEE como una empresa en marcha, mientras se evita otra reestructuración a corto y mediano plazo, y con toda probabilidad resultará en un aumento significativo de la tarifa para los contribuyentes puertorriqueños en las próximas décadas”. 

La más reciente reestructuración de deuda anunciada es la de las Obligaciones Generales, otro acuerdo de pago que deja más preguntas que las que contesta, sobre todo porque el mismo depende del recorte a las pensiones de los retirados del servicio público.  El contraste no puede ser más demoledor. Lo que perderían los retirados, lo recibirían los bonistas de Obligaciones Generales. 

La pasada edición de CLARIDAD recoge unas expresiones del reconocido economista y profesor universitario José Alameda, sobre el acuerdo de la AEE, que son premonitorias del acuerdo de OG recién anunciado por la JCF. Dichas expresiones se refieren directamente a que la Ley PROMESA mandata que se definan los servicios esenciales, lo que no se ha hecho. “Eso se sabe. Pero en Puerto Rico no se ha hecho, por lo que se están atacando servicios esenciales y entrando en acuerdos muy onerosos, como en este caso, y parece que se va a seguir con esa misma metodología en las obligaciones generales, es decir los llamados GBO”. 

Esta situación ilustra el tajante conflicto de intereses que existe entre nuestro pueblo y la JCF, y toda la estructura de control y hegemonía colonial que se ha impuesto en nuestro país. Esta es la gran  disyuntiva que enfrentamos ante unos acuerdos de pago de deuda que estrangulan nuestro futuro. 

EL problema de la economía es la colonia, dice Antonio Weis

 

Por Manuel de J. González/CLARIDAD

Nos debe alegrar que dos académicos estadounidenses, previamente ligados en calidad de asesores a la administración de Barack Obama, les haya dado con reconocer públicamente lo que es obvio, y ojalá que en esta ocasión, porque lo dicen ellos, el señalamiento tenga efectos sobre el Congreso de Estados Unidos. Lo que los académicos exponen ha estado a plena vista por más de un siglo sin que lo quieran ver.

Lo obvio es el caso colonial de Puerto Rico y los académicos que lo comentan son Antonio Weis y Brad Setser, ex asesores del Departamento del Tesoro, ahora vinculados a la Universidad de Harvard. En un artículo publicado en la revista Foreign Affairs afirman que Puerto Rico “sigue siendo efectivamente una colonia de Estados Unidos” y añaden que sólo terminando con esa condición es posible lograr un verdadero desarrollo económico “sustentable”. 

Antes de escribir el artículo Weis fungió como el autor intelectual de la ley PROMESA que nos impuso la todopoderosa Junta de Control Fiscal. Desde su cargo en el Departamento del Tesoro cabildeó con Demócratas y Republicanos para lograr la aprobación de la ley y algunos afirman que fue quien efectivamente la redactó. En su artículo dice que la pieza legislativa fue “un duro recordatorio” de nuestra condición colonial. El poder crudo del Congreso fue descargado de la misma manera que el Parlamento británico legislaba para sus colonias africanas y asiáticas, añado yo. 

Aquello fue cuando Weis tenía puesto el traje de asesor gubernamental, con poder para influenciar decisiones ejecutivas y legislativas. Ahora, con el sombrero de “fellow” de un instituto de Harvard, igual que los científicos en el laboratorio, el antiguo consejero de Obama describe nuestro colonialismo y propone soluciones, que son las mismas que los anticolonialistas puertorriqueños venimos planteando desde hace más de un siglo. 

Como señalo al principio, está muy bien que Weis y Setser utilicen sus recursos como “fellows” para exponer nuestra condición colonial, pero les faltó un poco de honestidad al no explicar que esa condición colonial ha permanecido inalterada porque así lo ha querido el lado poderoso de la ecuación, que es el colonizador. No hay en el artículo ni siquiera una mención indirecta a las acciones represivas acumuladas a la largo de 120 años para impedir que en Puerto Rico creciera un movimiento libertador. Tampoco hay ni siquiera una mención indirecta a las operaciones desatadas durante ese tiempo por parte del aparato militar estadounidense para mantener la condición colonial que facilitaba el uso bélico. También falta alguna referencia a los beneficios económicos que les deja el colonialismo, desde que nos convirtieron en una gran plantación azucarera hasta el paraíso fiscal para sus grandes millonarios que somos hoy. 

Si esos dos académicos hubiesen indagado un poco más en la razón del inmovilismo, descubrirían que la condición colonial permanece porque esas fuerzas actuaron para su benefcio y, peor aún, porque siguen actuando. En el largo artículo, reproducido y traducido al castellano por El Nuevo Día digital, no hay adjudicación alguna de responsabilidades por el actual estado de cosas, más allá de sugerencias tímidas. 

Claro está, en el lado de acá también hay cómplices importantes. La principal aportación del artículo de Weis y Setser es el reconocimiento de que el desarrollo económico de Puerto Rico está directamente unido a la superación del problema colonial y por casi 80 años, desde 1940 hasta el presente, la tesis más defendida por los gobernantes de turno ha sido exactamente lo contrario: que la “solución de estatus” tenía que esperar por la superación del problema económico.

Luis Muñoz Marín y el Partido Popular llegaron al poder de la colonia, el que mantuvieron a lo largo de décadas y ahora detentan de forma intermitente, con el cuento de que “el estatus no está en issue” y que sí lo estaba la pobreza. Nuestro problema político futuro era presentado como accesorio, desvinculado de la realidad social. Aun cuando ya estamos en pleno siglo XXI y a pesar de toda la evidencia disponible, todavía se repite el planteamiento de que “el estatus” tiene que esperar por la atención a los problemas económicos. Varios de los actuales candidatos del PPD a la gobernación repiten ese argumento como si fuera la ley escrita en las tablas de Moisés. 

Ahora, los asesores del expresidente Obama les recuerdan la realidad. Luego de plantear que, para tender la crisis actual debe procederse de inmediato con la restructuración de la deuda pública, Weis y Setser afirman: “Sin embargo, el camino a seguir sólo será sostenible si se resuelve definitivamente el status político de la isla.” Antes habían reconocido la realidad colonial y ahora afirman que es lo que impide un desarrollo económico “sostenible”. 

Ese planteamiento lo venimos haciendo los independentistas puertorriqueños desde siempre y últimamente lo han señalado muchos economistas serios de aquí y del exterior. Lo que falta es que los que controlan el poder, el mismo poder que durante décadas han utilizado para reforzar el colonialismo y achicar a quienes lo denuncian, lo dirijan a buscarle una salida real al dilema puertorriqueño. 

Ojalá que ahora que lo dicen dos académicos de Harvard por fin nos hagan caso. 

La problemática de los Acuíferos del Sur

 

Por Félix I. Aponte-Ortiz/Especial para CLARIDAD

En semanas recientes se ha estado presentando a través de diferentes medios de comunicación, información torcida sobre la condición de los acuíferos del sur. Una parte de esta información ha trascendido en los medios de comunicación comercial del País en las vistas públicas promovidas por la Comisión de Salud Ambiental y de Recursos Naturales del Senado de Puerto Rico, según ordena la Resolución del Senado 527. La Comisión convocó a vistas públicas el viernes 24 de mayo de 2019 para una llamada “Investigación exhaustiva sobre el Estado de los Niveles de Agua Subterránea y Posibles Contaminantes Presentes en el Acuífero del Sur”. El proceso seguido y los aspectos discutidos en esa vista pública demostró incompetencia legislativa y un desenfoque del entendimiento sobre la realidad circunstancial y las consideraciones científicas y técnicas que describen las características y comportamiento de estos acuíferos. Además, se utilizó la vista como un foro donde varios actores sociales, con intereses particulares diversos, expusieron información incorrecta traída con el ánimo prevenido de desacreditar e inhabilitar a las agencias gubernamentales de cumplir el deber ministerial de proteger esta fuente de agua. Estos actores sociales pretenden que el gobierno deje sin efecto la adopción de una moratoria que está vigente para la construcción de nuevos pozos para el aprovechamiento del agua subterránea en esa región del sur del País y, de forma más puntual, de impedir que la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) establezca un programa de racionamiento de la oferta de agua potable en el municipio de Salinas.

Pongamos la situación en contexto. La situación general de los acuíferos del sur está afectada por dos situaciones concurrentes, una de carácter estructural y otra de carácter coyuntural. La situación estructural tiene que ver con un desequilibrio significativo y creciente entre la cantidad de agua que se extrae de los acuíferos entre los municipios de Ponce y Arroyo, versus la cantidad de agua que recarga o repone el volumen de esa reserva subterránea. Desde hace más de 30 años se ha estado planteando que se está extrayendo más agua de la que el acuífero puede suplir. La situación ha traído como consecuencia la intrusión de agua salada en esta importante fuente natural. El cambio en calidad en el agua amenaza la integridad de esta fuente y a la vez la puede inhabilitar para suplir agua para el consumo humano y para el uso para el riego agrícola. La reglamentación gubernamental prohíbe el que la AAA supla agua con ciertos niveles de sales en solución, y estas sales en exceso en el agua de riego, comprometen la productividad en las cosechas. El problema de salinización del acuífero se irá complicando, además, por el proceso irreversible en el alza en nivel del mar que está ocurriendo por el calentamiento del Planeta y la crisis climática asociada a este problema global.

El problema coyuntural que afecta a los acuíferos del sur se relaciona con la sequía moderada que, desde el pasado año, está afectando la mitad del territorio nacional, pero muy en particular, a la región sur de Puerto Rico. Con menos lluvia, hay menos recarga al acuífero. Si se mantuviera el mismo patrón de extracción para satisfacer a los usuarios del acuífero, se incrementa la concentración de sales en la fuente. Es imprescindible entender que una vez un acuífero se saliniza, regresarlo a su equilibrio químico implica un proceso muy costoso en términos monetarios y oneroso en términos de tiempo pues puede tomar de décadas a siglos reponer el equilibrio natural.

Aparte del desequilibrio entre extracción y recarga en los acuíferos del sur, existe un problema constatado de contaminación con nitratos, provenientes, principalmente, de los fertilizantes químicos que se utilizan en la actividad agrícola. Ya se han medido niveles de nitratos por encima de los valores permitidos por el Departamento de Salud y la Agencia de Protección Ambiental federal. La presencia de nitratos y la detección, en bajas concentraciones, del plaguicida cancerígeno Atrazina en el acuífero en Santa Isabel sugiere que ya existe una migración de contaminantes tóxicos desde la superficie de los terrenos sobre los acuíferos del sur, lo que plantea un serio potencial para un problema mayor de salud pública y de salud ambiental. Conviene recordar que las operaciones que llevan a cabo buena parte de los agricultores en esa reserva agrícola sobre los acuíferos del sur están fundamentadas en el uso intensivo de sustancias químicas (agroquímicos), la mayor parte de éstos son sustancias tóxicas y nocivas a la salud humana en concentraciones relativamente bajas. Entre estas sustancias se incluye el uso masivo de glifosato que mercadea Monsanto por lo que habrá que determinar si el glifosato tiene potencial de también contaminar los acuíferos del sur.

Desde el año 2016, se adoptó por el DRNA una designación de Estado Crítico de los Acuíferos del Sur, apoyado en la Ley de Aguas en Puerto Rico, como medida estratégica cautelar para establecer mecanismos de manejo, de uso y aprovechamiento del recurso agua que aseguren la protección de esta importante fuente. El manejo y protección del acuífero requiere de un manejo científico y mesurado de los suelos agrícolas y de la actividad urbana que allí se lleva a cabo. La crisis fiscal que afecta al gobierno y, en general al País, ha limitado o impedido que el DRNA lleve a cabo e implante todas las medidas y estrategias recomendadas en el 2016 para resolver el problema en los acuíferos del Sur. Estas limitaciones han creado un vacío de gestión en el interés público de la protección del acuífero. De forma oportunista, los actores sociales como las empresas semilleras han estado activos en las últimas semanas, divulgando estudios de dudosa y cuestionable metodología y precisión técnica. Constituye una crasa negligencia la práctica de tergiversación de la realidad en la situación presente y futura de los acuíferos del sur. Ignorar el problema y posponer su solución implica, exponer o seguir exponiendo a más de 130 mil compatriotas que dependen de esta fuente para su abasto de agua a un serio problema de salud pública y de salud ambiental. Urge implantar una estrategia inteligente y sensata para manejar y proteger esta vital fuente de agua.