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Rechazo internacional al bloqueo contra Cuba

Un informe del Secretario General de Naciones Unidas mandatado por la resolución de 2017 de la Asamblea General sobre el bloqueo que Estados Unidos impone a Cuba desde 1962 da conocimiento de la atención de la comunidad internacional al bloqueo más allá de la votación a favor de la resolución, “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba,” adoptada por Naciones Unidas desde 1992 y que en el presente período de sesiones de la Asamblea General se votaría el martes, 31 de octubre.

La respuesta a la solicitud del Secretario General de las Naciones Unidas, actualmente el portugués Antonio Guterres, de que los Estados miembros proporcionaran la información que desearan aportar a la preparación del informe fue de casi la totalidad de los Estados miembros. Al igual, órganos y organismos del sistema de Naciones Unidas ofrecieron información sobre la afectación de su trabajo por el bloqueo.

Algunas de las agencias especializadas y órganos y organismos del Sistema de Naciones Unidas que aportaron al informe son la Comisión Económica para América Latina, la Conferencia de Naciones Unidas de Comercio y Desarrollo, el Fondo de Niños (UNICEF), y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola. Algunos temas tocados fueron el efecto del bloqueo en el derecho a la salud, el comercio internacional, el derecho a la alimentación, a la educación y las transacciones financieras.

Los planteamientos de los países, cuyas aportaciones inician el informe y van desde varias líneas a muchas páginas, mayormente tuvieron el común denominador de su adhesión a los principios y propósitos de la Carta de Naciones Unidas y que no promulgan leyes que conlleven infringir en la libertad de Cuba de comercio y navegación, o que contravengan el contenido de la resolución de Naciones Unidas sobre el bloqueo. Algunos países aluden a sus relaciones comerciales con Cuba y como se afectan por el bloqueo y su extraterritorialidad, mientras otros encomian como Cuba ha superado los obstáculos a sus esfuerzos por proveer a su población, y elaboran sobre la evolución histórica sus relaciones diplomáticas, de cooperación y comercio con Cuba. Otros apoyan la apertura económica de Cuba y sus esfuerzos por mejorar sus procesos de producción.

El proceso de votación de la resolución de Naciones Unidas sobre el bloqueo impuesto a Cuba ha ido de 59 votos a favor con tres votos en contra y 71 abstenciones en 1992, la primera vez que se presentó, a la histórica votación de 2016 de 191 votos a favor, cero en contra y dos abstenciones (Estados Unidos e Israel) donde bajo la presidencia de Barak Obama, Estados Unidos no le votó en contra. La votación del año pasado fue de 191 votos a favor, dos en contra (Estados Unidos, ahora bajo la presidencia de Donald Trump, e Israel) y cero abstenciones.

Además de Naciones Unidas, el rechazo universal actual al bloqueo impuesto a Cuba que consta en la aportación de Cuba al Informe del Secretario General abarca el Consejo de Derechos Humanos, el Grupo de los 77 y China, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el Movimiento de Países No Alineados y la Unión Africana entre otras entidades. Desde Estados Unidos también se escuchan voces de una amplia gama de organizaciones, figuras públicas y oficiales electos.

En su aportación al informe, Cuba hace constar además que “el Gobierno de los Estados Unidos impuso un serio retroceso a las relaciones bilaterales con Cuba a partir de la firma por el presidente Donald Trump del “Memorando presidencial de seguridad nacional sobre el fortalecimiento de la política de los Estados Unidos hacia Cuba”, el 16 de junio de 2017.” Éste estableció entre sus objetivos el endurecimiento del bloqueo. Para asegurar el cumplimiento de esa política en noviembre de ese mismo año, los Departamentos de Comercio, Tesoro y Estado de Estados Unidos emitieron nuevas regulaciones y orientaciones.

Según plantea Cuba, las nuevas medidas restringieron aún más el derecho de los estadounidenses a viajar a Cuba e impusieron trabas adicionales a las limitadas oportunidades del sector empresarial de los Estados Unidos en Cuba. Al respecto, las nuevas medidas establecieron una lista de 179 entidades cubanas con las que las instituciones y personas norteamericanas tienen prohibido realizar transacciones. Además, en los últimos meses, se ha intensificado la persecución constante de las transacciones financieras cubanas y de las operaciones bancarias y crediticias con Cuba a escala global. Esto ha causado graves daños a la economía del país, en particular, a las actividades comerciales de las empresas y de los bancos nacionales en sus vínculos con la banca internacional.

El recrudecimiento del bloqueo a Cuba ha estado acompañado de una retórica agresiva, amenazante, irrespetuosa. En el Septuagésimo tercer período de sesiones el tema bajo el cual se adoptaría la resolución sobre el bloqueo impuesto a Cuba por Estados Unidos es el número 43 del programa provisional de la Asamblea General.

Más allá de Insularismo: Sobre Pedreira ensayista

Antonio S. Pedreira (1898-1939) lo conocemos esencialmente como el autor de Insularismo (1934), libro que marcó nuestra historia cultural, libro que todavía tiene vigencia y libro que fijó nuestra imagen de este escritor. Para nosotros, injustamente, Pedreira es sólo el autor de este importante ensayo; tendemos a ignorar el resto de su amplia producción. No cabe duda de que esta es su obra más importante. Pero Pedreira, quien murió muy joven, a los cuarentaiún años, fue un escritor muy fecundo que hizo aportes importantes a nuestras letras y nuestra historia.

En sus libros, especialmente en Insularismo, Pedreira adopta una voz autorial que nos hace pensar en la de uno de sus principales modelos, el escritor uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917), quien como el puertorriqueño, escribe su obra maestra, Ariel (1900), muy joven. Rodó tenía veintinueve años cuando aparece su influyente libro y Pedreira, treintaidós cuando sale a luz el suyo. Pero ambos, especialmente Rodó, quien adopta la máscara del viejo Próspero para desarrollar el discurso que compone su libro, se proyectan en sus libros con la firmeza y la autoridad que usualmente vienen con la edad. Tendemos a olvidar que ambos autores murieron muy jóvenes y que los dos, a pesar de ello, nos dejaron una abundante producción, especialmente Pedreira, aunque la suya no tuvo el impacto continental de la de Rodó.

Por décadas, después de la publicación de Insularismo, el carácter de clásico tiñó nuestra lectura de ese libro que tuvo tempranas refutaciones, especialmente de Tomás Blanco, con su Prontuario histórico de Puerto Rico, y de Emilio S. Belaval con un ensayo titulado “La barca de los sueños fallidos” (ambos de 1935) y de manera más indirecta, con sus cuentos. También podemos leer Tuntún de pasa y grifería de Palés Matos en parte como una refutación del libro de Pedreira. A pesar de ello su texto marcó y aún marca nuestras interpretaciones del carácter nacional. Pero sólo fue cuando José Luis González propuso su interpretación de la formación de Puerto Rico, interpretación basada en la historia, como la de Blanco, aunque en su caso con señalados matices marxistas, y, sobre todo, cuando Juan Flores publicó su Insularismo e ideología burguesa en Antonio S. Pedreira (1979), libro que le ganó el prestigioso premio de Casa de las Américas, que los cimientos de la interpretación de Pedreira, basada en una versión del viejo determinismo geográfico, comenzó a tambalearse. Hoy, cuando volvemos a Pedreira –a quien siempre hay que volver, a pesar de sus errores, pues, definitiva de él podemos aprender y de él partieron otros– tenemos que tener presente la visión de González y, muy particularmente, la de Flores. Mucho se ha escrito sobre Pedreira, pero esos dos nombres son aún esenciales para leerlo.

La lectura de la reedición de una vieja colección de ensayos de este autor, Aristas: Ensayos (Estudio introductorio de Mercedes López-Baralt, Santo Domingo, Cielonaranja, 2018), nos lleva a pensar en nuestra visión de Pedreira. Apunto dos detalles antes de entrar en materia. Primero, la edición original de Aristas… fue anterior a Insularismo y apareció en Madrid. Segundo, la presente edición aparece en la República Dominicana y es parte del esfuerzo del editor de Cielonaranja, Miguel D. Mena, por crear en su país una colección o biblioteca de textos puertorriqueño. Estos detalles editoriales –Madrid, Santo Domingo; 1930, 2018– son significativos ya que, por un lado, hablan del hispanismo de Pedreira, quien se doctoró en Madrid y tuvo fuertes contactos con el Centro de Investigaciones Históricas, institución que marcó a muchos intelectuales hispanoamericanos –Alfonso Reyes, Fernando Ortiz, Pedro Henríquez Ureña y Tomás Blanco, entre otros y otras– y de un interés antillanista de nuestros días, interés que estaba casi completamente ausente en Pedreira.

Pero la lectura de esta colección de ensayos me hace plantearme otras ideas, una en particular: ¿no estaremos interpretando a Pedreira prejuiciadamente al verlo exclusivamente por el lente de su obra maestra, Insularismo? Sin negar en nada la valiosísima contribución de González y especialmente la de Flores, ¿no será ya tiempo de volver a revisar a Pedreira? ¿No será ya tiempo de ver Insularismo en el contexto de la totalidad de la obra de este clásico de una amplia producción y no como pieza aislada? Esas son algunas de las preguntas que la lectura de Aristas… en esta nueva edición me forzaron a plantearme.

Aristas… es una recopilación muy heterogénea de ensayos. Sus temas y acercamientos críticos son variados. El libro abre con un excelente texto, “¿Generación del 98?” que probablemente sea el más arriesgado de todo el libro ya que, en el mismo y desde la misma España, Pedreira hace un cuestionamiento radical de la existencia de ese grupo tan importante para los puertorriqueño de su propia época y, especialmente, para la historiografía española, tanto la literaria como la histórica. Detrás de los planteamientos de Pedreira en este erudito ensayo, ensayo que demuestra su amplio y detallado conocimiento de la literatura y la cultura de España, subyace la crítica a un método de investigación que Ortega y sus discípulos proponían y que marcó por décadas nuestra historia, cultural y literaria. Desde que Ortega y Julián Marías adoptaron y adaptaron la teoría de las generaciones, España e Hispanoamérica se llenó casi matemáticamente de la generación tal y la más cual. Todas las letras hispanoamericana se leyó desde esa perspectiva, como lo demuestra la vieja historia de Enrique Anderson Imbert. Pedreira mismo quedó encasillado en nuestra llamada Generación del Treinta, junto a Palés, Arce de Vázquez, Belaval, Blanco, Meléndez y muchos otros. La crítica a este método subyace el texto de Pedreira, pero no llega a quedar formulada explícitamente. Pedreira duda de la existencia de una generación española marcada por el desastre de 1898, pero no llega a atacar el método empleado para crear tal denominación. A pesar de ello el ensayo es valiente e innovador.

La temática española abunda en Aristas… donde aparece un ensayo sobre el Quijote, texto que no tiene la agudeza crítica del antes comentado y que está compuesto esencialmente, al menos en su primera parte, por citas y citas de la gran novela. Se incluyen también breves textos sobre el mito de don Juan y sobre un interesantísimo personaje de la novela de Cervantes, Sansón Carrasco. (¿Se usaría con frecuencia en la España del Renacimiento y el Barroco ese nombre, Sansón, nombre bíblico en un contexto de antisemitismo galopante? ¿Habrá otros sansones españoles del momento?) Todos estos ensayos prueban el detallado conocimiento de la cultura española que tenía Pedreira.

Otro de los ensayos destacados de Aristas…versa sobre el color azul en las letras occidentales. Aunque el centro de atención es, obviamente, Rubén Darío y los modernistas hispanoamericanos, el ensayo sirve para destacar uno de los rasgos principales del libro: la amplia erudición del autor y sus más amplios intereses intelectuales. En este ensayo Pedreira rastrea el empleo del azul en las letras occidentales y, al hacerlo, muestra su amplio conocimiento de diversas literaturas europeas, especialmente la francesa. Este ensayo me hizo pensar en los libros de Michel Pastoureau, medievalista francés que ha escrito varios sobre la historia de diversos colores –azul, rojo, negro, verde…– en la cultura occidental. Pastoureau se centra mucho más que Pedreira en las artes visuales y en la historia. Sus libros sobre los colores están llenos de ese conocimiento aparentemente inútil que tanto me apasiona. El ensayo de Pedreira, en cambio, es mucho más limitado que los libros del medievalista francés, pero no deja de asombrar por su conocimiento de las letras europeas e hispanoamericanas. Esa misma erudición se manifiesta en otros textos de Aristas… –uno sobre Ibsen, otro sobre Marcial, otro más sobre el Diablo en las letras europeas– rasgos que habrá que tener en consideración al hacer esa necesaria revisión de Pedreira.

Los temas puertorriqueños aparecen también en esta colección, lo que sorprende algo si se tiene en cuenta que el libro se publicó originalmente en Madrid y que, por ello, tendría como lectores principales a los españoles. Dos ensayos relacionados forman el elemento puertorriqueño del libro y ambos versan sobre nuestro nombre, el de la Isla y el de sus habitantes. Leídos en el contexto de la ideología de Pedreira –su marcada hispanofilia– estos textos adquieren un rasgo que los coloca cómodamente en un libro publicado en España y para lectores españoles ya que en ambos textos Pedreira hace de manera indirecta una defensa de nuestras raíces hispánicas y un ataque a la invasión estadounidense. Otro rasgo que también marca estos textos es su familiaridad con la historia y la historiografía, elemento que también su observará marcadamente en Insularismo.

No me cabe duda de que el lector puertorriqueño de hoy se beneficiaría de la lectura de Aristas…, a pesar de los marcados cambios que hemos experimentado en cuanto a acercamientos críticos y a intereses temáticos. Es que en esta colección de ensayos nos topamos con un joven estudioso que adopta, por medio de su erudición, una actitud de sabio que no va con su edad. ¡Es tan duro pensar que Pedreira murió cuando sólo tenía cuarentaiún años! También podemos ver en estos textos su conocimiento e interés en la cultura española, rasgo que hay que calificar como hispanofilia y que, definitivamente, tiñe su visión de nuestra cultura ya que lo lleva a destacar nuestras raíces hispanas y a poner poco énfasis en nuestro mestizaje cultural, rasgo que Blanco, Belaval y Palés recalcarán.

Aristas… también retrata a un joven de una amplia erudición que se sentía muy cómodo al adoptar una voz autoritaria, rasgo que marca toda su producción. Para mí, la lectura de esta colección de ensayos me hizo pensar en todo lo que Pedreira pudo lograr en tan poco tiempo. Leo Aristas… y no veo a un joven de treintaidós años –edad que tenía cuando apareció el libro– sino a un hombre mayor lleno de erudición y valentía. Erró en muchas cosas, especialmente en su interpretación general de nuestra cultura, como Juan Flores nos ha hecho ver con tanta precisión. Pero no hay que recordar su juventud, sino su premura para darnos textos de importancia para nuestra historia como lo prueban sus libros sobre Hostos, sobre Celso Barbosa, sobre el periodismo en Puerto Rico y sobre el fatídico año de 1887. ¿Qué más nos hubiera dado de no haber muerto a tan temprana edad? Esa es una pregunta que no tiene respuesta y que, en el fondo, no nos debemos hacer; debemos ver lo que tenemos, lo que nos dejó, y no lo que pudo haber sido.

Espero que esta nueva edición de Aristas… lleve a los lectores dominicanos a descubrir a Pedreira –la introducción de Mercedes López-Baralt está dirigida a ese nuevo lector y cumple muy bien ese propósito– y a los puertorriqueños a colocar Insularismo en el contexto mayor de toda la producción de Pedreira para que vista en ese amplio ámbito podamos revisar sus logros y significados. Las acertadísimas críticas de González y, sobre todo, las de Flores todavía están vigentes. Pero se nos hace ya necesario revalorar otra vez más a Pedreira, ahora con una visión que vaya más allá de Insularismo. La reedición de esta colección de ensayos nos ayudará a así hacerlo.

La cazadora y su monstruo Halloween (2018)

El horror es uno de mis géneros favoritos. Me encantan los monstruos, especialmente cuando éstos cuestionan nuestra propia humanidad. No hay nada más poderoso que mirarnos y descubrirnos desde la otredad. Mis monstruos favoritos son aquéllos que desafían las normas impuestas en una sociedad dividida entre los privilegiados y los desposeídos. En una película como Las brujas de Zugarramurdi (dir. Alex de la Iglesia, España/Francia, 2013), dos asaltantes escapan de la policía y se ven obligados a cruzar un pueblo donde habitan brujas poderosas. Durante el atraco, uno se disfrazó de un Cristo color plata y el otro de un soldado de plástico cubierto de verde. En Zugarramurdi, las brujas no atacarán a dos inocentes ladrones, sino a los símbolos de un sistema opresivo masculino representado por la iglesia (el Cristo de plata) y la milicia (el soldado de plástico). La feminidad mítica y oscura hará temblar al patriarcado sin compasión. No me identifico con estas brujas sólo porque son actuadas por dos actrices españolas que me fascinan, Carmen Maura y Terele Pávez, sino porque su repulsión a la norma resuena en mí. Sin embargo, no siento empatía por un monstruo como Michael Myers, el cuco que atormenta a Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) en la serie de Halloween. Este es un depredador obsesionado con una mujer que victimiza y quiere ver morir.

La nueva película de Halloween (dir. David Gordon Greer, EEUU, 2018) no utiliza un número para identificarse en la serie ya que no tiene nada que ver con las seis secuelas de la original (sin contar Halloween III: Season of the Witch [dir. Tommy Lee Wallace, EEUU, 1982], que no continúa la historia de Strode y Myers) ni con los remakes de Rob Zombie. Esta última es una secuela directa de Halloween (dir. John Carpenter, EEUU, 1978). Después de los asesinatos en los suburbios de Haddonfield, Illinois, Michael Myers fue recluido en el hospital mental de donde había escapado en la original. Myers no es inmortal a lo Jason Vorhees de la serie de Friday the 13th. Este se asemeja más a Max Cady (Robert De Niro) en Cape Fear (dir. Martin Scorsese, EEUU, 1991), cuya obsesión por castigar a su abogado defensor (Nick Nolte) lo ha inmunizado al dolor físico y lo ha ayudado a escapar de la muerte. Myers sobrevive los balazos, un gancho en un ojo y una caída de un segundo piso porque Laurie sigue viva. Y él no lo puede permitir.

Cuarenta años después de sobrevivir los horrores de la primera película y de haber perdido amistades a manos de Myers, Laurie es una mujer que sufre de trastorno de estrés postraumático. Esto la ha llevado a preocuparse constantemente por su propia seguridad tanto como la de su hija (Judy Greer) y la de su nieta (Andi Matichak). Laurie ha pasado cuatro décadas preparándose para lo que ella ve como el inevitable encuentro final con Myers. La Laurie de la primera película es una adolescente algo tímida y enfocada en sus estudios que no le interesa la exploración sexual de su amiga. De hecho, los expertos en el subgénero del slasher argumentan que la razón por la que Laurie se salva es porque mantuvo su virginidad. Sin embargo, su inocencia terminó ese 31 de octubre de 1978. La Laurie que vemos el 31 de octubre de 2018 lleva un rifle en mano y tiene una casa preparada para capturar y matar al depredador que la persigue. En su trayectoria, el personaje de Jamie Lee Curtis nos recuerda a Sarah Connor (Linda Hamilton) en Terminator2: Judgment Day (dir. James Cameron, EEUU, 1991). La feliz e ingenua Sarah de Terminator (dir. James Cameron, EEUU 1984), se ha transformado en la secuela en una mujer preparada para sobrevivir un apocalipsis creado por la tecnología que erradicará a la humanidad. Igual que Connor, Laurie se ha endurecido por el trauma sufrido y no descansará hasta que Myers haya muerto.

Halloween (2018) hace constantes referencias a la película original. De hecho, planifico verla de nuevo porque no he visto Halloween (1978) en unos años y quiero estudiar más de cerca el diálogo visual entre ambas. Halloween (2018) ha sido la secuela que siempre había deseado. Sus escritores, Danny McBride, Jeff Fradley y David Gordon Green, han sido conocidos por sus trabajos en la comedia. Su gusto por el trabajo de John Carpenter los llevó a crear una obra que reconoce las maravillas de la original, sin perder la oportunidad de explorar de maneras innovadoras la historia de Laurie. Mi único problema es con algunos momentos de humor. Reconozco y disfruto del humor raro y oscuro del horror (de la Iglesia es un maestro de esto en el cine de horror español). Sin embargo, hay momentos en Halloween (2018) en los cuales el director trata de combinar algo jocoso con un asesinato terrible, minimizando el sufrimiento de la víctima y entorpeciendo su impacto en el espectador. Pero estos momentitos no le restan a lo que considero la secuela perfecta de Halloween (1978).

No puedo terminar sin comentar sobre las maravillosas actuaciones de James Jude Courtney y Nick Castle en el personaje de Myers y de Jamie Lee Curtis. Castle fue el primer actor en hacer de Michael Myers y le da un lenguaje corporal muy particular. Su Myers es una simple pared sin emociones, cuyos movimientos lentos y precisos lo convierten en una maldición ineludible. Por otro lado, mientras la Laurie de la primera película corre despavorida y enfrenta al depredador con la desesperación de una víctima que lucha por sobrevivir un ataque; la Laurie mayor es una cazadora en pleno control de sus emociones y de su cuerpo. Myers no ha cambiado, pero Laurie ya no es víctima. No les estoy dañando la sorpresa cuando les digo que el encuentro final entre Myers y Laurie es la conclusión más apropiada para una saga sobre una mujer que sobrevive lo indecible. Halloween (2018) refleja nuestros tiempos porque aquella víctima de la primera mirará al monstruo a los ojos y éste temblará por el horror que le espera.

Será otra cosa: Estampa en el T

Son las nueve y cuarenta y cinco de la mañana, es martes. Dos señoras suben a la línea C del tren. (Esa palabra le queda grande, es una reliquia, un tranvía venido a menos). No se conocen, pero se miran con curiosidad. Una va sola, la otra, dando unos cuantos bandazos, se acomoda en la parte más ancha del vagón. Empuja un cochecito negro, equipado con toldos y plásticos transparentes para que el bebé, que no se ve desde el ángulo donde me encuentro, no se moje o para que no le moleste el sol, si es que sale. Parece que lleva rato en Boston, debe saber que las tardes son caprichosas, que en octubre no se sabe si salir en chaqueta o en cortos. Ella lleva sombrilla y capas, en ánimos de quitaypon, por si acaso, quién sabe. Va de pie.

No hay mucha gente. Las señoras se miran de nuevo. Se parecen. Calculo que tienen unos cuarenta años. Van vestidas con ropa deportiva y tenis, las dos llevan sus melenas largas amarradas a la altura de la nuca. No se conocen, cierto, pero se estudian. Se observan de nuevo hasta que una, la del cochecito, inicia el intercambio: “usted y yo nos hemos visto antes, ¿no es cierto? ¿En el parque del centro será?” La otra, de sudadera gris, responde animada que no, que probablemente han frecuentado las barbacoas que hace la iglesia de Dorchester los últimos domingos de julio. Tampoco. Así siguen un rato. Las dos saben que van a hablar el resto del viaje y cada una se ajusta para verse y escucharse mejor.

“¿De dónde es?”, pregunta la mujer de la sudadera. “Soy de Perú”, responde la otra. “Yo también. ¿De qué parte?” La señora del cochecito se demora en contestar. Tantea al bebé, que parece descansar tranquilo, no le molestan los chirridos y tambaleos del “T”. Y responde: “Soy de Lima pero mi familia es de Cusco. ¿Y usted?” “Yo nací en Arequipa. Mi familia vive en Lima, en La Magdalena”, dice la señora de sudadera que lleva todo el trayecto sentada. “¡Somos vecinas, pues!” Se observan de nuevo, puede que algún primo, o una vecina sea el eslabón perdido. Siguen indagando procedencias, amigos, linaje, experiencias y hasta edificios limeños. No dan con nada. “Qué raro”.

Las dos intuyen la próxima parada de la conversación. Noto cierta incomodidad y hasta precaución. Quizás quieran sacárselo de encima sin mucha demora. “Como está nuestro país, ¿no?”, le comenta la mujer desde su asiento. “Ni me hable de eso. El problema es que las personas no quieren trabajar”, pontifica con cierto desdén mientras aprieta los mangos del carrito. “Luego se quejan si los extranjeros…” y no termina la frase. La otra señora mira la ventana, se conoce el guión, aun así quiere participar: “La criminalidad”, dice sin muchas ganas. Y añade luego: “La corrupción”. Es el turno de la otra pasajera: “Es terrible. No se puede vivir…Mejor ni hablar”.

Finiquitadas sus reflexiones del estado actual del Perú, las señoras se relajan. Ahora conversan con más arrojo sobre los hijos y la escuela, los hijos y el mundial y los hijos y sus novias. “Que no se casen” aconseja la de la sudadera. “Eso le digo yo” asiente la otra. Los viajeros se acumulan en el vagón y observan callados a las dos mujeres que hablan en español. Pasan una, dos y cinco estaciones.

Las señoras se preparan para el final del trayecto. No se han compartido los números de teléfono, sin embargo, no paran de conversar. “Next stop: Park Street”. La mujer de Lima jamaquea el cochecito y se abre paso, la seguimos y logramos salir del furgón. Sin que se den cuenta, las trato de acompañar, con cierta distancia, a la salida de la estación. Yo no me bajo aquí, me toca hacer el trasbordo a la línea roja. Las sigo unos segundos y lo último que escucho es que retoman el tema de Perú. “Yo voy todos los años a ver a mi madre”, informa la mujer mientras acomoda al bebé. “Yo cada vez que puedo” anuncia la otra con orgullo y se endereza la cartera.

En solidaridad con Venezuela

¡Estamos con Venezuela desde adentro y desde afuera! ¡Se arrastra y no tiene fin… Luis Rivera Marín! ¡Un gobierno irresponsable, de la crisis es culpable!

Con consignas de apoyo al gobierno Bolivariano y soberanía de Venezuela y denuncias contra la administración colonial de Puerto Rico, un nutrido grupo de puertorriqueñas y puertorriqueños se manifestó el pasado sábado frente a la Fortaleza. La actividad fue citada en contra de la posición asumida por el gobernador Ricardo Rosselló Nevares y su secretario de estado, Luis Rivera Marín de apoyar una “intervención humanitaria”, en el citado hermano país.

Bajo un fuerte contingente de Policías la manifestación que fue convocada por la Red de Solidaridad con Venezuela en Puerto Rico, se dio el día antes en que se suponía que el gobernador Rosselló Nevares se reuniera con el opositor venezolano Antonio Ledesma.

La Red de Solidaridad con Venezuela en un comunicado de prensa describió como “patético e indigno el rol de alcahuete imperialista estadounidense que ha asumido la administración colonial de Puerto Rico representado por su gobernador, Ricardo Rosselló y su Secretario de Estado, Luis Rivera Marín. Estos testaferros del imperio estadounidense no representan al pueblo puertorriqueño”.

La Red trajo a la atención el hecho de que Puerto Rico, es una colonia que al presente está bajo el mando dictatorial de una Junta de Control Fiscal (JCF) impuesta por el Congreso de Estados Unidos, por lo que el gobernador “carece de soberanía y moral para realizar acciones injerencistas contra la República Bolivariana de Venezuela. Por tal razón, responsabilizamos al gobierno norteamericano por las consecuencias de sus actos, que exponen al pueblo de Puerto Rico a graves riesgos en caso de un conflicto bélico en la región”.

Durante la manifestación varios de los portavoces de las organizaciones convocantes se dirigieron a los presentes. Entre ellas la co-presidenta del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) licenciada Wilma Reverón Collazo, quien comentó un artículo publicado en un periódico en el que se hablaba de dos Venezuela, “una próspera de las décadas de los 60’ y 70’” denunció que durante esas décadas la oligarquía se robaba la riqueza del pueblo y por el contrario hoy esa riqueza se utiliza para el pueblo, a pesar del acaparamiento por parte de las clases opulentas. Trajo a la atención que contra el gobierno revolucionario Bolivariano se ha tratado de cometer el mismo sabotaje que se hizo contra el gobierno del presidente Salvador Allende, en Chile, pero que a diferencia de Chile donde la oligarquía controlaba la fuerza militar en Venezuela hay una unión cívico militar.

Mientras el portavoz del Comité Pro Derechos Humanos de Puerto Rico (CPDH), licenciado Eduardo Villanueva, llamo a los presentes a felicitar a los que se atrevieron acudir a la manifestación. Además, dio los hechos de que la noche anterior unos supuestos mozalbetes rompieron unas ventanas de cristal de la casa del héroe nacionalista Rafael Cancel Miranda. A juicio del activista hay que tener presente que en décadas pasadas el gobierno -en referencia al gobierno colonial y de EE UU- articulaba un clima de represión bien pensado contra el independentismo cuando se disponía a violar la soberanía de otros pueblos, a la vez que viola nuestra propia soberanía.

Villanueva señaló la contradicción del gobierno de Puerto Rico y en particular se refirió al secretario de estado Rivera Marín, como el secretario de la “nada”. Exhortó a los presentes a buscar información sobre Venezuela pero no mediante los medios comerciales y reiteró al igual que Reverón Collazo que contra Venezuela hay una gran ofensiva de los sectores de derecha.

Por su parte,en un breve mensaje el héroe nacionalista Cancel Miranda, reiteró su histórica postura de no dejarse intimidar y lanzó vivas tanto al pueblo venezolano, al gobierno de Chavés y Maduro, y por supuesto a Albizu Campos. Entre otros ex prisioneros políticos puertorriqueños presentes y que se dirigieron al público estuvieron Norberto González Claudio, del Ejército Popular Boricua Macheteros y Oscar López Rivera.

En una declaración pública la Red comparó el que en América Latina hay países con flagrantes violaciones de derechos humanos y crisis humanitaria verdadera donde se reprimen, desplazan, asesinan y desaparecen a diario líderes de oposición, periodistas, activistas de derechos humanos, líderes indígenas, como lo son México, Colombia, Honduras, Perú, Brasil, Chile y Argentina, sin embargo estos son ¨aliados¨ de EE UU porque permiten el establecimiento de bases militares de EEUU en sus territorios y la privatización de sus recursos naturales para el beneficio de la explotación de compañías de EEUU y sus aliados de la OTAN.

Al cuestionar entonces el por qué se ensañan con Venezuela, la razón atribuyen a que Venezuela defiende su soberanía política y sus recursos naturales son utilizados para beneficio del pueblo venezolano, no para enriquecer multinacionales extranjeras.

“Los(as) puertorriqueños(as) no debemos permitir que una vez más, como fue en los casos de Guatemala (1954), Cuba (1961), República Dominicana (1965), Granada (1983), seamos utilizados de plataforma de lanzamiento y carne de cañón contra hermanos(as) latinoamericanos(as) y caribeños(as). Hacemos un llamado especial a los puertorriqueños(as) que participan de las instituciones militares de EEUU en Puerto Rico a que se nieguen a ser utilizados en una agresión contra el pueblo venezolano. La Revolución Bolivariana y su gobierno fueron democráticamente electos por su pueblo. Le compete al pueblo venezolano escoger su sistema político y sus dirigentes”, manifestó la Red.

Tras la manifestación las reacciones en la redes sociales no se hicieron esperar, el presidente Maduro, en su cuenta de Twitter agradeció a nombre del pueblo y el gobierno venezolano a la Red por la manifestación. P

Por su parte Rosselló en su cuenta de Twitter volvió a calificar al gobierno de Maduro de “dictadura y violador de los derechos humanos”.

La Red está integrada por el CPDH, el Comité de Solidaridad Con Cuba (CSC), Comuna Caribe, organización que agrupa a iniciativas de los países caribeños: el Frente Socialista (FS), la Jornada se Acabaron las Promesas; el Movimiento 26 de abril; el MINH; Movimiento Ñin Negrón. Otras agrupaciones que integran la Red son: el Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores (MST); el Movimiento Unión Soberanista (MUS); el Partido del Pueblo Trabajador (PPT); el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP); el Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador (PN); el Partido Revolucionario de los Trabajadores Puertorriqueños (PRTP); y Poetas en Marcha.