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Notas sobre la situación en Educación Especial octubre 2018

Cerca de 120,000 niños y niñas están registrados en el Programa de Educación Especial en Puerto Rico, lo que significa que más de una tercera parte de la población estudiantil está afectada por una condición que incide sobre su capacidad de aprendizaje. Son 13 los diagnósticos reconocidos por el Individual with Disabilities Education Act (IDEA): autismo, ceguera, sordera, disturbios emocionales, problemas de audición, impedimento intelectual, impedimentos múltiples, impedimentos ortopédico, otros impedimientos de salud, problemas específicos del aprendizaje (PEA), impedimiento de habla o lenguaje, trauma cerebral e impedimentos visuales. Hay casos que son fácilmente clasificables, como Síndrome Down o perlesía cerebral, que pueden cualificar como impedimentos múltiples. Pero la gran mayoría de los casos están identificados como habla-lenguaje o PEA, lo que pudiera apuntar no a una deficiencia del desarrollo, sino a una incapacidad del sistema para atender niños que, aún siendo neurotípicos en términos clínicos, requieren asistencia particular en algunas etapas.

El Estado viene obligado a proveer, según lo mandata IDEA “educación pública gratuita y apropiada” (FAPE por sus siglas en inglés). Los servicios se dividen en dos grandes categorías: ubicación (la escuela y el grupo al que debe pertenecer la niña) y servicios relacionados (terapias, transportación, asistente, equipo asistivo). Además de IDEA, a la población de educación especial le aplica cerca de una docena de estatutos locales y federales, más toda la reglamentación y jurisprudencia que se deriva de esas leyes. Además, en Puerto Rico contamos con la Sentencia por Estipulación del pleito de Rosa Lydia Vélez, emitida el 14 de febrero de 2002, en la que suplen mecanismos como Remedio Provisional y Monitoría. No se trata de un problema legislativo; no hay que escribir ni una letra más. Hay que cumplir con lo que tenemos, que es un cuerpo jurídico tan robusto como ignorado.

El 76% de los estudiantes de educación especial están ubicados en corriente regular, es decir, cursan estudios con sus pares cronológicos en un salón convencional. Los demás están divididos entre los que asisten a salón recurso, que es una forma de intervención académica en un espacio separado en el que los estudiantes pasan algunas horas al día, y salón a tiempo completo, que es la ubicación más restrictiva reservada para casos muy complejos. Cada niño de educación especial debe contar con un Plan Educativo Individualizado (PEI), que debe haber sido aprobado por un COMPU (Comité de Programación y Ubicación). El PEI es el inventario de capacidades y necesidades del estudiante, con acuerdos sobre los servicios que el niño debe recibir: es el contrato del Estado con esa familia. Ahí es que se estipula a qué escuela debe ir, qué terapias y con qué frecuencia debe recibirlas y si necesita, por ejemplo, asistencia tecnológica, como equipos auditivos o computadora. El COMPU debe estar compuesto por los padres, los maestros, los especialistas que dan servicios a la estudiantes y personal del Departamento de Educación con autoridad para tomar decisiones. Deben reunirse al menos una vez al año, y renovar el PEI al menos cinco días antes del fin del año escolar. Todo eso dice ley; poco de eso realmente ocurre. Un COMPU típico es una mamá con una maestra, quizás algún otro funcionario. Es un escenario de gran desiguadad, y no es raro que se engañe a la mamá, que no se le expliquen los derechos de su hija, o que se le amenace con referirla al Departamento de la Familia si no firma la Minuta. El DE insiste en que se use el PEI electrónico, porque tiene campos predeterminados y así limitan las opciones aparentemente disponibles.

Si una madre no está de acuerdo con lo le ofrece el Departamento en el COMPU, o si no le cumplen lo que dice el PEI, puede radicar una querella administrativa. Este es un proceso cuesta arriba, por el costo de los servicios legales. Algunas familias comparecen sin abogada, pero eso es una desventaja brutal, pues hay elementos técnicos que un lego no domina, y los abogados de Educación no dudan en sacar partido de eso. Aún si resultan victoriosos, el otro paso es lograr el cumplimiento de la Resolución, para lo cual a veces hay que acudir al Tribunal con un Mandamus, lo que tiene, de nuevo, un costo alto.

Este es un escenario típico de cualquier escuela pública: Salón de tercer grado. Una maestra de corriente regular, cuya única preparación en educación especial son los tres créditos de “Niño Excepcional” que tomó en bachillerato. Períodos de clase de cincuenta minutos. Treinta niños, entre los cuales hay dos con déficit de atención, uno dentro del espectro del autismo, dos con PEA, y cuatro con problemas de habla-lenguaje. Cada uno, según su PEI, requiere estar en primera fila, explicaciones indivualizadas, que se le anoten tareas e instrucciones en la libreta, tiempo adicional para ejercicios y exámenes. Los que reciban terapia en horario escolar, están excusados de clases y tienen que reponer de alguna forma el material. Las terapias, debido a los recortes presupuestarios, rara vez se ofrecen de forma individual y con los cierres de escuelas, muchas terapistas se han quedado sin espacio para hacer su trabajo. Hay una escuela donde las terapias se dan en el comedor escolar, en competencia con la preparación de comida y el consumo de almuerzo, lo que para niños con desórdenes sensoriales es tortura. Esos niños asistían a una escuela que tenía sala de terapias, pero cerraron su escuela y a nadie en el Departamento le importó lo que implicaba el cambio. Otras terapias se dan en covachas, en pasillos o en esquinas de los salones. Las cosas están tan mal que hasta un vagón es un lujo. Como las terapistas son contratistas y no empleadas, tienen que proveer todos los materiales. Las de ocupacional van cargando las bolas terapéuticas, los mats, las cuicas, los bloques, los paneles con figuritas. Las de habla, con sus cuadernos, láminas, cartulinas. Cobran, con suerte, cada tres meses. No importa su criterio profesional, va a prevalecer lo que disponga el DE. Hoy, hay terapias de habla que deben ser individuales con grupos de nueve estudiantes. Conozco de un caso en el que el DE se negó a pagar terapia sicológica individual a una niñita víctima de incesto. La negativa a dar terapias adecuadas es una de las causas por las cuales no se dan de alta niños del programa. Este es un caso que conozco: Una niña de cinco años, con disfemia (tartamudez). No tiene ningún otro impedimento, pero su problema del habla la hace objeto de burla y comienza a retraerse. Deja de participar en clase. No tiene amigos. No quiere ir a la escuela. La patóloga del habla recomienda terapias individuales tres veces en semana, con la prognosis de que superará su condición al cabo de dos años de tratamiento. El DE dice que no. Una terapia semanal, grupal. Eventualmente la familia prevaleció, porque se trata de gente educada, con acceso a recursos. Ese no es el caso de la mayoría de las familias.

Hay muchos servicios que se sabe que se van a necesitar, como los intérpretes de lenguaje de señas, pero el Departamento se niega a abandonar el cauce megaburocrático. En Orocovis, atendíamos todos los años el caso de una niñita sorda. Pues si era sorda en segundo grado. va a ser sorda en tercero. Llegaba agosto, llegaba septiembre y no nombraban la intérprete. El DE se ahorraba par de miles de dólares mientras una niña de ocho años estaba en su casa, víctima de la estupidez administrativa.

En los casos de salón a tiempo completo (antes se llamaba salón contenido) hay historias para echarse a llorar. Por ejemplo: Una niña de Bayamón cuyo único impedimiento es sordera, es mantenida en esa ubicación por siete años, con niños con impedimento intelectual severo, sin contenido académico. Es víctima de acoso; escriben en las paredes “los sordos son brutos”; maltratan a su perra de servicio (entrenada especialmente para oír por ella) al extremo de que no la puede llevar más a la escuela. La falta de estímulo neurológico le ocasiona rezagos tan severos que tomará años superar. La única forma de lograr cambio de ubicación es a través de un proceso tortuoso de querella del que se hace cargo pro bono un abogado de los pocos que ven este tipo de casos. Otro caso: En Adjuntas vi una joven de 15 años, sin ninguna condición perceptible. Pero como en tercer grado aún no leía, la enviaron a salón contenido. Al cabo de varios años, se hizo cargo del grupo una gran maestra. En sólo tres meses, la niña leía y escribía. Cuando la conocí, estaba incorporada a corriente regular en matemática (!pre álgebra!) e inglés. Pero otros maestros no la querían porque pensaban que sería una carga. Su ilusión era entrar a un programa vocacional de cosmetología en Utuado, pero para la vocacional se necesita promedio y en salón a tiempo completo no hay promoción de grado ni notas. Otro joven de ese grupo era artesano certificado por Fomento; trabajaba metal y vendía sus obras. También quería ir a la vocacional. Tampoco podía. Si ese no es un sistema diseñado para lanzar a pérdida a esos jóvenes, que venga Dios y lo vea.

Cada año es peor. El pleito de clase tiene un sistema de monitoría, que la realidad es que no sirve de mucho. La puntuación es del 1 al 4; 3 es incumplimiento. El año pasado la calificación fue de 2.75, con las peores notas en servicio directo. Pero no pasa nada. A nadie en el poder le importa lo bastante. Entonces, una piensa en los contrastes. Si se va al Tribunal un viernes a la Sala de Familia, ve como se llevan presos a los alimentantes que no cumplen su obligación con sus hijos. Debes mil dólares; vas a la cárcel por desacato. Pero los funcionarios del Departamento de Educación no tienen consecuencia alguna que pagar por la violación sistemática de un derecho fundamental al sector poblacional más vulnerable del país.

Los cierres de escuela han sido la gota que colma la copa. Es común ver que se cerraron escuelas grandes en buenas condiciones (como la Lorencita Ramírez de Arellano en Toa Baja) para enviarlos a escuelas más pequeñasy en peores condiciones (como la Efraín Sánchez Hidalgo). Eso quiere decir hacinamiento en los salones, que es la receta para el fracasod de los niños con diversidad funcional. Con los cierres, se trastocó aún más el tema de los nombramientos. Para fines de septiembre, estas eran algunas situaciones específicas: 4 maestros de salón recurso sin nombrar en la Rubén Rodríguez de Naranjito; un maestro de Educación Especial sin nombrar en la José Robles Otero en Toa Baja; en la escuela receptora San Vicente, de Vega Baja, se eliminó el salón de audio impedidos para acomodar el Kinder porque no cabían en otro sitio, y se expulsó de sus salones a los maestros de salón recurso para asignarlos a una esquinita en los salones regulares; en diciembre van a cerra la escuela de educación especial a tiempo completo Jardines de Caguas, que tiene tres salones de vida independiente, tres de autismo, cancha, huerto escolar, para enviar esos 59 niños con diagnósticos severos a una receptora con 500 estudiantes. Y así por toda la isla.

Las familias de los niños de educación especial llevan, en muchos casos, vidas muy agobiadas. Les falta energía, motivación y recursos para hacerse oír. El Departamento los trata como enemigos, en un pulseo perpetuo para negar servicios. Ni siquiera el cálculo estrictamente frío de cuánto cuesta a la larga no preparar a estos niños para la vida lleva al Estado a repensar su obstinación. Miramos con horror a las sociedades del pasado que abandonaban en el bosque a los niños que no se ajustaban al modelo de perfección física o mental, pero la forma con que se les trata hoy no es otra cosa que la expresión moderna, legalizada, de esa crueldad. Es el mismo odio al que es distinto, al que es más débil. No hay que ser creyente para entender aquella cita evangélica de “lo que hagan a uno de mis pequeños, a mí me lo están haciendo”. Nuestros más pequeños son nuestros niños y niñas de educación especial; lo que le hagamos a ellos lo hacemos a lo que hay de trascendental en nuestra humanidad.

Las Banderas de Elizam Escobar

[-0.Contrabandera]

El 21 de marzo de 1954, en la misma casa de la retrocasería de brujas del macartismo, i afrontando la nube expansiba de la bomba atómica por toda la Indochina: un comando de cuatro puertorriqeños, de ningún otro sitio, Lolita Lebrón en la punta, tirotean el Congreso de eeuu. Se desengabeta el desatendido proyegto de lei de Derechos Civiles –Brown vs. Board of Educ., Topeka-Kansas, mayo17,1954– i se reanima todo el ánimo protestatario–Rosa Parks en Montgomery-Alabama, dic.1,1955–. Asta el Torquemada de Wisconsin, J.R.MacCarthy, se suisida políticamentecon la exposisión telebisiba de su casería extendida al ejérsito usano: es desacreditado ofisiosamente por el Senado en dis1954. —I el mismo 1954, Jasper Johns, de 24 años, retoñará sus (contra)banderas en la arena contracultural pop; donde se intentará aliar ignorantemente la ‘rebeldía’ síqica jeneral, por ejemplo de artistas i jóbenes, con el alsa rebolusionaria mundial antimperialista qe asentúa eseCabayo de Troya–adelante EE–del Ataqe Puertorriqeño frente al dilubio de poder abusibo qe amontona el imperio, aprobechando la debacle de la posgerra jeneral europea (para lo qe entraron tarde en eya.)

Entre los extirpados con el desbarate, Wilhelm Wright morirá el 3 de nobiembre de 1957, en la Penitensiaría de Lewisberg, Pennsylvania, eeuudesde el 19 de marso. Pero su Sexpol atrajo, como no podía un marxismo proletario, los intereses edonistas de las clases improdugtibas. Los bidniks también fueron clonados de siertapoplosophyexistensialera sartreana. —Esta subida paracontestataria de la jenerasión imperialista jerminal, a falta de modelos ‘natibos’ (auto)amputados desde su imbasión, nesesariamente buscará en las banguardias europeas contraescudos–excusas, exculpasiones i aun meaculpas–a la bofetada de consiensia del alsa marjinal de todos los oprimidos qe correrá desde el 54 –no solo inmediatamente en usa:‘independensias’ de Indonesia; de Laos, Cambodia; dibisión de Biednám (11ago); crisis política brasileña yeba al suisidio de Vargas (24ago);rearme de Alemania Capitalista(23ogt); Rebelión Argelina(31ogt);eupagta ayuda(anticomunista) con Taiwan i Korea Sur; Arbénz aplasado en Guatemala; Batista en Cuba/Fidel se repliega; Bolivia nasionalisa minería, despliega reforma agraria; Hungría engruesa la onu; India pagta no-agresión con China; inisian Golpes en Colombia; Irán se impone en fronteras i petróleo; Mao Presidente de China; Nasser en Ejibto (18abr); Panamá renegosia(2miyones anuales) alqiler del Canal; Pérez Jiménez en Venezuela; Peronismo argentino; poStalinismo Sobiético; Siria se muebe a autodeterminasión–, durante las décadas francamente protagonisadas por los pobres africanos, asiáticos i americanos —incluyendo briyantemente los indios qe los rasistas usanos, i coreando todo su mercado cliente, cantaban ‘suprimidos’ i ‘reserbados’ en el propio territorio ejemónico imperial. Pero qe los ‘jipis’ todabía se apropiarán como folklore.

El jesto de introdusir el símbolo de la bandera imperial en la iconografía mundial atrabés del arte profesional como un icono «neutro», es un intento desaforado de unibersalisasión; ebidentemente. Se trata del supremasismo de ‘la bandera antonomásica’, la yanki imbasora aun de su propio sur demográfico, puesta por Bandera Arqetipo en la arena del mundo –ni más ni menos qe anclarla en la Luna.

Pero ai una serie de marcas sintomáticas qe chotean el terror detrás de la agresión.Ningún kukluxclán contiene la comesón qe amenasa en la consiensia de sus bígtimas. Como taxa Unamuno: «el camaleón asusta con su miedo»:

La encáustica de sera, recluta un abolengo clásico i una autoridá davinciana; lo qe ya declara una búsqeda de pasaporte. Pero se trata de un material precario, algo derretido qe se sostiene solo con la temperatura de un jábitad también protejido. El colách i el montaje, son junturas probisionales, qe, denuebo, solisitan mantenimiento; aunqe se los inqe glorificados sobre el prestijio del(frájil)lienso.

Se abla de ‘ibnosis’ i préstamos al arte óbtico, en las banderas de JJ. También se le emparenta con el minimalismo; de donde subiríamos asta el zen. I más coerentemente le ajotan el Dadá, o masbién el objeto encontrado más la intensionalidá Duchampianas. Todas estas «marcas de prestijio»(suntuarisasión) conqe la acupuntura glorificada de la crítica comersial a lebantado ‘la obra’ de JJ durante las décadas críticas de la destruxión de los balores simbólicos culturolójicos, sustituyéndolos por la produxión industrial, en lo qe Walter Benjamin denunsiaba ‘el arte en la época de la reproduxión mecánica’ –no disimulan el contrabando de icono inofensibo (obtar por el imperio como otraidentidá, indistinta) apabuyando cualqier otro icono eqibalente por el control absoluto del sircuito comersial (del ‘arte’).

(No puede descartarse la ironía suprema, explísita u oculta, de un joben protorebelde en 1954 modelar la bandera de un imperio en su máxima obsenidá, en el mismo material qe los mostros i cadáberes de los Museos de Sera. Pudo ser el motibo prinsipal de Edgar Degas para escojer la sera como material para su aberranteBallerina de Catorse Añosentre la Decadensia Parisina de 1881.)

[?.Las Banderas Excarseladas]

Cuando Elizam Escobar entre el 1997 i 1998, pensando en el Sentenario de la imbasión de Puerto Rico por eui toda la catástrofe asosiada a España, Cuba, Guam, Filipinas, qe cambió el balanse del juego de poderes unibersal; otrabés como alrededor de 1990 pensó los Sentenarios conflagrantes de Albizu i la imbasión española de todo nuestro (nuebo-)mundo —encontró un tema fijo.

Elizam no abía serbido unos meses en gerras abusadoras, como el otro–JJ–: cumplía una bida encarselado por luchar presisamente contra ese abusador. EE no compartía la tradisión de una enseña de imbasión i jenosidio: alcontrario atesoraba la entrañable umildá de un qe no a concluído, en qe podía partisipar.

Lacontrabanderajasperiana sirbió de ‘blanco’, lienso, basío donde moldear la materia amorosa de una simbolojía organisándose: asiéndose orgánica. La posibilidá abiertade un emblema jenuino, áurico, tomaba posesión del sistema nerbioso i la jestualidá entrenada del artista nasional indíjena ‘suprimido’, en la cársel como otra ‘reserbasión’.

Disípulo diregto de aqel poeta-militar qe tanto pensó los símbolos, Juan Antonio Corretjer,ijo como el qe más de Albizu Campos–¿algien más birtualisador, birtuoso de las birtualidades?–: Elizam Escobar entró fijo al tino madurado de la produxión ‘ideal’, de lo sublime.

La bandera i la tarja de tiro qe EE ‘reprodusirá’ con el mismo anamorfismo semántico, como en la permutasión significatiba de la poesía concreta, cada bes eclosiona como una produxión. El sueño de WB, qe Warhol intentó en el error infinitesimal del rejistro de imprenta, i Lorenzo Homar yebó al arte definitibo en sus serigrafías sobreimprimiendo trasparensias –«fíjate en los bordes sobreimpuestos de las masas: asen arena, como en nuestras islas», señalaba bajo una lupa–: —en la Sinfonía de Bariasiones, en dos tiempos–enseña i tarja–, los gametos se sumasionarán como las cadenas proteínicas del adn–cf. Esteban Valdés: Elegía monumental por el dolor de dos seres distintos, en qe las palabras ‘dolor’/‘pain’ se trensan en una doble élise, lebantando un obelisco.

El tema fijo, como blanco de tiro, de la bandera nasional se desarroya en un proseso pasional, como el de las metamorfosis albisuístas. De echo la primera, Bandera/Blanco-4V97, tiene al lado una flor, nasida de una espiga –qe en Albizu con espigapuede interpretarse como una senestesia –«la gitarra está sorda»–de la bértebra del dolor del Maestro enterrada al paisaje. El sur puertorriqeño es seco, i a sido consentradamente militarisado e industrialisado. Qe una flor–parese una amapola– cresca de la seqía del paisaje compartido por Albizu i Elizam –ambos ponceños–, al marjen del Bull’s-eye imperialisado de la patria; puede ser una constestasión elegante de nuestra sangre floresida.

LaSplendid War-25IV97 es explisitísima; i puede ser una temprana bariasión qe más remede a JJ i todo el pop-art qe pone en ebidensia. La istoria del poder se escribe sobre la identidá alcansada de los otros. Aí está empapelada con ‘autorisado’ método de composisión banguardista–el colách–i moderna pintura ‘libre’, la enseña qe costó la existensia laborante de tanto patriota: Betances pegado en la estreya, como antonomasia.—Recuérdese qe , es sacrilejio: Este prosesamiento elizamiano de nuestro propio símbolo nasional, deberá entonses tener un fuerte componente crítico. Qe no se qedará, típicamente a su preocupasión estésica, en el cuestionamiento de los ‘contenidos’ o tesis, políticas o las qe fueran, sino también en las poéticasi en las ideolojías. El bensedor escribe–de echo: raya–su istoria sobre la del bensido, sí; pero también nos impone su manera de expresión, nos obliga a ablar sus lenguajes: a protestar en su idioma.

LosCaballos de Troyaqe aparesen trotando i fijándose en distintas interpretasiones del ‘emblema nasional’–esta bes estadounidense–, con toda claridá aluden al episodio Omérico de la antigua épica. Puertorrico, país, poblasión, estado51 –como aparese rotulado abeses el cabayo–, es un nasido en el cuerpo del imperio: «inasimilable», desían Albizu i Corretjer. Recluta esta sita el uso más moderno qe biene asiéndose de cabayo de troyapara birus sibernético. —Elizam aprobecha las franjas múltiples aora como módulos para comentar complejas asosiasiones, como escribiendo en una libreta. EnBandera/Caballo de Troya#1-29IV/14VI97 las franjas blancas se desarroyan como larbas, como túneles de muerte o amenasa; en un plano truculentamente supeditado –ipóbole–, qe al contrario se impone por su intensidá. Si el iconograma plástico qe nos presenta en la obra sí es el protagónico Robot-Cabayo, el juego con las estreyas del recuadro no es menos intensional ni crítico; pero podría desirse qe ‘la pinturasión’ propiamente, la mano del artista, corre por esas franjas.

Todas las bariasiones de los colores i todas las bariasiones de las estreyas-máscaras acumulan bolúmenes de comentarios políticos, antropolójicos, sicolójicos i estéticos. Ai qe aser un buseo en la simbolojía idiolégtica del pintor, desarroyada durante medio siglo –como Picasso, Rauschenberg, Diego Rivera o Guayasamín–, para intentar yenar los blancos de lo qe caya, en lo qe dise. —Por ejemplo, el papiermaché. Elizam a utilisado este material de maniqíes, antifases i arqitegtura teatral, para asercarse a sus íntimos Vejigantes. Se trata entonses de una marca de cultura popular clandestina, lebantada al teatro fastuoso. Las máscaras de cartón-piedra puestas por la estreya de la bandera, u ocupando el campo franjado del Cabayo intruso, desbordan la sita édnica: africanisan la puertorriqeñidá, como puertorriqeñisan la africanía. I en su maelstrom de mestisaje, potensian la simbolisasión artística asta la terricolisasión. Lo mismo qe con sus tainisasiones. I no menos con sus francas banguarderías en cartón desnudo o modelasión industrial.

Dos presiosidades nos qedan por asistir. La Casa de la Esquizofrenia-invierno97, la frájil pajarera–¿qe imbita a una paloma?–complota los tres símbolos: A un lado, la bandera puertorriqeña–inscrita en sus dos franjas blancas: Puerto Rico Es Una Nación–; al otro lado, la bandera usana–inscrita en su estreyado la calabera fantásmica del estado51–; i en su extremo posterior estrecho, la tarja de blanco pintado con los rojo, asul i blanco eráldicos compartidos de ambas banderas, la imbasora i la imbadida, a sus pies el Cordero Pasífico adobtado por el ‘commonwealth’ de la consesión española a nuestra “lealtá” –olbidándose el elade qe después la reina nos mandara a borrar ofisialmente del mapa, por rebeldes.

—La otra joya–si la casa triple, ésta doble–la Isla Cautiva-4VII97i el Blanco/Mapa-13VII97. En el mapa(blanco) se distribuyen los números 100del sentenario de la imbasión yanqi de Borinqen en el sentro; 98, de la fecha de la imbasión 1898, alrededor; i en un terser sírculo conséntrico, 51, el número fatídico del ‘estado’ de Puerto Rico asimilado. La imajen de la isla semeja un ‘open-pipe’, qe sujiere los planes de explotasión jenosida del sentro minero natibo en los 90s –qe detubimos con una masiba militansia. La frajilidá de la isla de cartón sobre un mar de cobalto enternesedor, recuerdan aqeya espigadel primer Blanco (Bandera/Blanco-4V97), acarisiadoramente biolentos. Isla Cautivaes una figurasión tan iconisada de dura, paradojal parodia en su imajinería de cuero sadomasoqista–el material modelado en figura, es un calsonsiyo–, qe no puede ser menos qe un fetiche o un brujo. Su conjuro puede yebarnos asta El Monje, ipóstasis elizamiana de la umildá todopoderosa del sacrifisio iluminado: el amordasamiento a formado un escudo de sólido rechaso.

Las banderas de EE se excarselan no solo del imperio i de la imposisión del idioma, las ‘poéticas’ i las ideolojías imperiales: Se excarselan también de la obsoleta solemnidá qe ‘ennoblese’ lo nuestro a imitasión contraidentificadora con los amos. Ya no será nesesario a los pobres de la tierra, cuando compartan un uniberso ecolojisado, serenado en su eqibalensia, glorificar como más ni mejor lo propio, frente ni contra los demás. El reino comunal establesido por la solidaridá de todas las bocasiones bienbenidas, selebrará todos los símbolos dignos de su identidá, e identatarios de sus dignidades, con el mismo respeto, trato i amor; sin supremasías ni coloniajes. Cuando un jesto cualqiera yeno de bibrasiones serenísimas, será unTropo qe Alumbrea todo el mundo.

Cierto defensivo distanciamiento: Luis Palés Matos

Entre las pocas fotos de Luis Palés Matos que se conservan, hay dos que llaman la atención por su carácter algo arcaico. La más conocida encaraba la hoja de portada de la excelente selección de sus poemas, hecha por Federico de Onís y el propio Palés en 1957. El poeta aparece sentado, algo inclinado sobre la libreta en la que apenas ha comenzado a escribir. El peso de su cuerpo parece alcanzar un punto de equilibrio en el codo de su brazo izquierdo, flexionado, apoyado en la mesa en la que escribe. Un sencillo reloj en la muñeca izquierda marca, junto al fluir de la escritura que promete la imagen, la dimensión temporal. Con los dedos de la mano izquierda sostiene, por sus márgenes, la libreta en la que escribe con la mano derecha. La tensión de la escena encuentra su punto de fuga en el roce de la punta finísima del lápiz de carbón sobre la página vacía que la blancura defiende. La fotografía, tomada en 1954, reproduce una imagen arcaica en la que la escritura parece depender de un compromiso total de los sentidos y de una absoluta concentración. Al mirarla, asistimos a la aparición de una práctica que parece definirse en la intimidad. La mano, productora de sentido en la escritura, responde a una orquestación minuciosa del cuerpo, de sus sentidos. La foto encarna toda una filosofía de la composición.

Algo similar sucede con otra foto, de fecha desconocida pero evidentemente anterior, en la que Palés recita sus versos a un grupo de personas que lo rodean. El poeta aparece rigurosamente vestido de blanco, con corbata oscura, y el cuerpo muy erguido. Levanta su mano derecha, con los dedos índice y pulgar muy rectos, el de en medio o cordial doblado a medias, señalando hacia arriba, en diagonal. Su otra mano, flexionada sobre el lateral izquierdo del estómago y con todos los dedos abiertos pero tensamente arqueados, parece marcar alguna inflexión poderosa de la voz. El poeta está de frente, con mirada extraviada, como si sus ojos buscaran hacia adentro de sí mismo. La tensión de la escena desemboca en sus labios, agudamente arqueados, como los dedos de la mano izquierda. Esos labios parecen dejar escapar justo el aire necesario para producir una o, como en el verso que habla de un “compacto hipopótamo”, o una u, como en “la ú profunda del diptongo fiero”. Los rostros de quienes lo rodean parecen igualmente ensimismados, con ligera sonrisa o serios, mirando al poeta o hacia abajo, tal vez sumidos en la temporalidad que va imponiendo el verso. Es el momento en el que se produce una forma artesanal de comunicación. El ritmo de la voz –de la experiencia que ella busca comunicar– va forjándose en los talleres de la escritura y la recitación. En esos dos lugares de la producción del sentido la voz intenta vincularse con el otro que figura su enunciación.

Las fotos descritas, siendo ellas mismas lugares de producción de sentido para quien las mira, graban la imagen del poeta en diversos momentos de la producción del sentido: Palés escribe y recita. Interrogar esas imágenes en el contexto de su obra comporta un retorno de lo reprimido, una representación del cuerpo ausente. La imagen del cuerpo de Palés en la escena de la escritura aporta la evidencia de un pasado irrecuperable a nivel empírico, pero que se reinscribe en tanto efecto sobre el cuerpo que mira, lee e interpreta. Pero hay en esas fotos de Palés algo ominoso: ambas representan escenas de la escritura y del habla al mismo tiempo que hurtan los contenidos de esas producciones figuradas en la escena. En las fotos, Palés escribe y recita, pero no sabemos qué. El centro que organiza esas escenas es un secreto.

Algo similar sucede en muchos de los poemas de Palés. Los actos del habla y la escritura llegan a convertirse en lugares predilectos de su literatura. El predominio de la primera persona discursiva y de las alusiones a la voz en su obra es significativo. Gran número de sus poemas se organiza alrededor de una escena dentro de la escena, de un acto del habla que figura el evento de un hablar y un escuchar. “Las voces secretas”, “Dijo la voz”, “Voces del mar”, “Voz de lo sedentario y lo monótono”, “La voz” y “Puerta al tiempo en tres voces” son sólo algunos de los títulos cuya sola enumeración es elocuente. “Las palabras voz, voces, –ha dicho Arcadio Díaz Quiñones– aparecen en cada punto del universo poético de Palés, acentuando la entonación, el ritmo, las cualidades acústicas.”

Menos asidua pero no por ello menos importante resultan las minuciosas figuraciones palesianas de la escena de la escritura, en la que se constata la distancia a un tiempo fatal e imprescindible que media entre la intimidad del escritor y el mundo. Desde ese espacio íntimo y su radical soledad, la escritura se dirige a un perpetuo afuera que intenta atraer. En la poesía de Palés, el sujeto poético jamás renuncia a invocar ese afuera. El verso que dice “Yo estoy en mi escritorio / con el lápiz en ristre” comienza a fijar ese momento emblemático en el poema “Soledad”, de 1916. El poeta citaba el viejo topos de la escena especular en la que la escritura devela la imagen del sujeto en el momento en el que escribe. Sin embargo, no se trata solamente de un lugar común de la literatura, de un modelo del uso meta-poético hallado en el acervo impersonal de la tradición. Con ese “estoy en mi escritorio / con el lápiz en ristre” se inscribe la demanda de una voz que al citar incita, implícita y explícitamente, al reconocimiento de una práctica. Como señalara Ernst Robert Curtius, esa escena emblemática recorre casi todas las tradiciones literarias occidentales.

Luis Palés Matos también recreó ese momento especular de la escritura. Al dirigir la mirada sobre la intimidad de su práctica –el “estoy en mi escritorio / con el lápiz en ristre”– el escritor pone en evidencia la atracción y repulsión simultáneas entre el lugar íntimo de la escritura y la exterioridad del mundo a la que ésta alude ineludiblemente. Parecería que la identidad del escritor moderno, ese gesto específico que en la intimidad logra forjar un gesto propio, sólo puede constituirse en la constatación real y metafórica de la separación entre las palabras y las cosas, el lenguaje y lo real. Sin embargo, autores Palés acentúan la construcción simbólica de ese espacio en el que se verifica el distanciamiento como una forma, no de claudicación, sino de aproximación no ingenua a lo real. Sus visiones parecen marcadas por la insoportable lucidez del exilio, de la separación, del distanciamiento.

En 1950, el poeta colombiano Jorge Artel visitó la isla de Puerto Rico. A raíz de su visita, Palés publicó un artículo en la revista Alma Latina, de San Juan, que parece haber sido escrito para leerse en la presentación. Para muchos intelectuales, eran años de incómoda desazón –tiempos de oscuridad los llamaba Hannah Arendt, citando a Bertolt Brecht–, inmediato legado de la catástrofe moral y material de la Segunda Guerra Mundial. En Puerto Rico, sin embargo, la utopía del progreso tecnológico y socioeconómico se imponía, con un consenso casi absoluto y a un costo humano elevadísimo, con los proyectos de modernización industrial impulsados por Luis Muñoz Marín, entonces gobernador de Puerto Rico y amigo de toda la vida de Palés. Para muchos en Puerto Rico, eran tiempos de optimismo; para el poeta Palés, de silenciosa labor y distanciamiento. Al escribir en 1950 el artículo a raíz de la visita de Artel a Puerto Rico, Palés aprovechó la ocasión para hacer “una aclaración, muy discutible por cierto, que es casi una profesión de fe poética.” Decía entonces Palés: “Personalmente, cada día me reconcilio más con la vieja tesis del arte por el arte, es decir, la primacía del asunto estético por sobre toda otra consideración de índole ajena a la expresión esencial de la belleza. Esto no excluye, naturalmente, en la obra creada, el contacto del artista con los problemas y los conflictos de su época; pero no como un propósito deliberado de tratamiento que convertiría el arte en mero vehículo, relegándolo a término secundario, sino como un fluir espontáneo y casi inconsciente provocado en la intimidad del poeta por tales conflictos.” De ese modo, Palés redefinía el lugar del arte en la cultura ideológica de la posguerra. Al deslindar la labor poética de toda noción instrumental, declaraba la extrañeza radical del principio de utilidad a la labor artística. En sus palabras hay ecos de la crítica de Poe a lo que éste llamaba “la herejía del didactismo”, esto es, la creencia de que el objeto último de la poesía es la inculcación de una verdad moral. Frente a eso, Palés postulaba una moral poética: la de resistirse a convertir la poesía en una forma de certeza, de convicción ideológica o de buena conciencia. Si en esos años se propagaba el mayor proceso de racionalización de medios para la producción industrial que hubiera visto la isla de Puerto Rico, la poética de Palés nadaba en contra de la corriente, se regía por un principio de gasto improductivo. Su poesía parecía querer salvar todo aquello que venía a resultar superfluo a los procesos mentales y materiales que iban asentándose con la modernización tecnológica.

Resulta muy significativo el hecho de que en 1953, al presentar a la poeta puertorriqueña Nimia Vicéns en el Ateneo Puertorriqueño, Palés repita las mismas palabras que había pronunciado en 1950 a raíz de la visita de Artel, como si su “profesión de fe poética” requiriera el énfasis de un meditado gesto de guerra. Esa guerra de poéticas era también, en efecto, una guerra política. Decía entonces Palés: “No conozco un solo poema contemporáneo de los llamados proletarios o sociales que valga la pena. Poeta que se abstrae de su legítimo elemento, acercándose demasiado a la vorágine de los conflictos humanos -sistemas políticos, luchas religiosas, desigualdad de clases, etc.-, queda ineluctablemente inmerso en dicha vorágine y se convierte en furioso propagandista. En la obra de creación e interpretación serena y permanente, parécele necesario al artista cierto defensivo distanciamiento, para que pueda abarcar, en amplia perspectiva, la verdadera dimensión y profundidad de los conflictos. Este es un escollo que no han logrado sortear espíritus muy egregios cuyo claro numen se ha enronquecido, perdiendo calidad, en el sonoro parche de la propaganda sectarista.”

La postura de Palés tiene como trasfondo el momento inicial de la Guerra Fría. El desastre moral y material que produjo la Segunda Guerra Mundial reactivaba los debates en torno al estatuto del arte en los nuevos marcos sociales. Con su cita de la vieja tesis del “arte por el arte”, Palés enfatizaba su “defensivo distanciamiento” tanto del furor institucional por el progreso en Puerto Rico, como del didactismo moralista de izquierda o de derecha. En el momento en el que los recursos materiales e intelectuales de la isla parecían dirigirse a una acelerada racionalización desaforada del aparato de producción industrial, la labor poética de Palés preconizaba la escritura como un pausado, meticuloso y amoroso quehacer por medio de la pérdida.

Será otra cosa: Cabezas rapadas

«Me siento mejor de lo que me veo”, le respondo bajo mi mascarilla a un amigo que pregunta por mi salud. Alentada todavía por la buena prognosis, casi con entusiasmo, he atravesado el primer ciclo de la quimio –la temida colorada– con pie firme y mejor estómago. Lo que no he podido evitar es quedarme calva. Desde hace unas semanas salgo con turbante, gafas y mascarilla a las pocas actividades que asisto, y parezco una persona enferma, o al menos una persona distinta: una asaltadora de bancos, una adivina posmoderna, una señora extravagante. Asumo el disfraz y procuro no mirarme demasiado en los espejos, porque confío en que todo es por mi bien, que es una condición pasajera. No puedo evitar, sin embargo, que amigos y vecinos sientan lástima al verme así, tan rarita.

Ataviada de esta forma he ido a una cita médica, y en la sala de espera del hospital se me acerca una de las voluntarias del Centro. Me ofrece gorritos, sombreros y pelucas gratis para sustituir mi turbante casero. Le respondo que “me siento mejor de lo que me veo”, que muchas gracias, que he optado por emborujarme la cabeza con trapitos de colores porque los gorritos y las pelucas dan mucho calor. Me dice que está de acuerdo conmigo y añade, por lo bajito, que conoce muy bien lo que se siente, pues ha pasado “por esto” hace unos años. Después de un silencio incómodo, se atreve a hacerme una confidencia: extraña la agradable sensación de la ducha fresca sobre el cráneo. Le regalo una sonrisa cómplice y agradecida.

De hecho, me ha sorprendido enterarme de que una de las razones más comunes entre las mujeres para rechazar el tratamiento de quimioterapia sea, según se rumora en la internet, el temor de perder el pelo. Se me hace difícil aceptar que sea la vanidad lo que haga titubear a alguien ante el remedio para una enfermedad, pero luego descubro que hay más que eso. No se trata tanto de perder un elemento de nuestra identidad o de verse menos atractiva sino de descubrir en una misma el aspecto frágil y vulnerable que nos deja la cabeza pelada.

No ayuda la asociación de la imagen con la humillación y el castigo. Los aficionados a las series televisivas, recordarán la imagen de la pobre Cersei Lannister (Lenna Headey), pelona y desnuda en uno de los episodios de Game of Thrones de George R. R. Martin. La otrora villana es en este episodio persona digna de lástima y nos conmueve verla, rapada y vulnerable, recorrer las calles de la capital en su paseo de penitencia hasta la Fortaleza Roja. Para la mirada contemporánea, el paseo de la incestuosa, maquinadora y también cruel reina caída en desgracia, es eco ficcional de las imágenes históricas de las francesas represaliadas por confraternizar con el enemigo, miles de mujeres avergonzadas en público, después de la caída del régimen nazi en Europa. Años antes, con menos fanfarria pero parecida misoginia, se usaba este método para vengarse de las mujeres republicanas en los primeros meses del levantamiento militar en España, en 1936. Así lo atestiguan las pocas fotos conservadas en archivo y publicadas por primera vez hace poco más de treinta años.

Entre estas fotos, destaca la imagen del coro de Montilla, ciudad mayoritariamente republicana hasta el 18 de julio de 1936, cuando cae fatalmente en manos de los fascistas. A las jóvenes y al director del coro, que solían ensayar en la Casa del Pueblo, se les rapó la cabeza y, después de forzarlos a tomar aceite de ricino para que “arrojaran el comunismo del cuerpo”, se les hizo marchar por las calles cantando el himno fascista. Un detalle añade aún más al gesto perturbador: a las chicas les dejaron un mechoncito de pelo en la coronilla para adornarlo con los colores de la bandera monárquica. La foto, originalmente de la Biblioteca Manuel Ruiz Luque, aparece publicada por primera vez en el libro La guerra civil en Córdoba (1936–1939) de Francisco Moreno Gómez (1985) y en la portada del libro de Arcángel Bedmar, Los puños y las pistolas. La represión en Montilla (1936–1944) publicado en el 2001.

El blog de Arcángel Bedmar (https://arcangelbedmar.com/2017/02/13/la–fotografia–de–las–mujeres–peladas–en–montilla–durante–la–guerra–civil/) muestra en su encabezado la perturbadora fotografía de las niñas haciendo el saludo fascista. La de la izquierda hace un gesto como para alcanzar algo. La del frente parece cansada de esperar por el fotógrafo. La del medio, adornada con unas pantallitas colgantes, está acostumbrada a sonreír para la cámara. Sólo tres de ellas parecen sonreír y jamás sabremos qué está pasando dentro de esas cabecitas lastimosamente rapadas.

En enero pasado, una exposición en España, Memoria de las rapadas, curada por las hermanas Mónica y Gema del Rey Jorda, recupera la memoria de las mujeres rapadas en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM). Las hermanas se animaron a hacer un performance antes de la exhibición, en el que se raparon una a la otra y se exhibieron como mujeres escarmentadas en una camioneta, tal como sucedió en ese pueblo ochenta años antes.

Valga apuntar que durante la oleada de conflictos obreros del tardofranquismo, en los cuales las mujeres tuvieron una participación importante, se volvió a la práctica del rapado, ahora como parte de la tortura. La cabeza rapada se asocia a la desfeminización, una agresión a la identidad. El franquismo percibe acertadamente el peligro de la disidencia femenina, tan poderosa, y se encarga de “poner en su lugar” a las mujeres republicanas y, con ellas, la revolución social y las nuevas propuestas de la modernidad.

Resulta irónico que tiempo después, ese mismo elemento – la asociación de cabello y feminidad – sea utilizado por las propias mujeres como recurso de rebeldía: cantantes, actrices, activistas, heroínas aparecen desafiantes y absolutamente calvas ante la opinión pública o ante rabiosas multitudes y archi–enemigos representantes del patriarcado. De todas, mi favorita es la joven Emma González, cuya iracunda arenga anti–armas atrajo el odio estúpido de la derecha gringa más retrógrada y cruel. En mi imaginación la coloco al amparo de las también pelonas siluetas de Furiosa de “Mad Max” y Oyoke de “Black Panther” (¡cómo olvidar la peluca voladora!) en una especie de trío vengador. La imagen protectora compensa por mucho, toda la ira ciega contra las mujeres valientes de la historia.

Esto me devuelve la paz frente al espejo. Pienso en las cabezas pelonas de la historia y la ficción, en el largo camino que les espera a las iracundas mujeres por recorrer, en lo mucho que ya han recorrido y resistido, en las muchas personas que sufren los efectos de duros remedios para duras enfermedades, en lo bueno que es sentir el agua fresca sobre la cabeza pelada… en el frío que se siente siempre en los hospitales. Entonces escojo otro pañuelo colorido, me emborujo la cabeza, y salgo a la calle.

Crucigrama: Edgardo Rodríguez Juliá

Horizontales

2. _____ Rodríguez Juliá; escritor y educador puertorriqueño. Fue catedrático en la Universidad de Puerto Rico. Autor de La renuncia del héroe Baltasar, La noche oscura del niño Avilés, El espíritu de la luz, Elogio de la fonda, Cartagena, Breve historia de mi tiempo urbano, y Caribeños.

9. Benny _____; cantante y compositor cubano.

10. Átomo con carga eléctrica.

12. _____ entierro de Cortijo (1983); libro de Rodríguez Juliá traducido al inglés y al francés.

13. Interjección usada para responder al teléfono.

15. Lengua provenzal.

17. Símbolo químico del protactinio.

18. Una noche con _____ Chacón (1986); libro de Rodríguez Juliá.

19. Afán, anhelo, deseo.

20. _____ desfigurado de la literatura antillana (2012); libro de Rodríguez Juliá.

21. Ante Meridiano.

22. Negación.

24. Grito de _____; grito de Independencia en Cuba el 11 de octubre de 1868.

25. Antes de Cristo.

26. Símbolo del erbio.

27. Apócope de mama.

28. _____ piscina (2012); novela de Rodríguez Juliá.

30. Carta de la baraja.

32. _____ de medianoche (1995); novela de Rodríguez Juliá ganadora del Concurso Internacional de Novela Francisco Herrera Luque en 1995 y del Premio Bolívar Pagán del Instituto de Literatura de Puerto Rico en 2001.

33. Aquí.

34. _____ Juan: Ciudad soñada (2005); libro de Rodríguez Juliá.

40. En Venezuela, bola pequeña de masa de yuca, que se prepara con huevo y queso y se endulza con miel.

44. Terminación verbal.

45. Preposición.

46. Puertorriqueños. Álbum de la _____ familia puertorriqueña a partir de 1898 (1988); libro de Rodríguez Juliá.

47. _____ de la fonda (2001); libro de Rodríguez Juliá.

48. La noche _____ del niño Avilés (1984); novela de Rodríguez Juliá, traducida al francés.

Verticales

1. Edgardo _____ Juliá; autor de Mujer con sombrero panamá, Musarañas de domingo, La nave del olvido, El espíritu de la luz, La piscina, Mapa desfigurado de la literatura antillana, Campeche o los diablejos de la melancolía, y Las brujas: cuento infantil y juvenil.

2. Dios del viento.

3. Doctor, abrev.

4. Gran diosa de los antiguos griegos que representaba a la Tierra.

5. _____ Piedras; allí nació Rodríguez Juliá.

6. Nota musical.

7. Ondulación.

8. _____ (1997); novela de Rodríguez Juliá.

9. Dativo de pronombre.

11. _____ nave del olvido (2009); antología personal de crónicas de Rodríguez Juliá.

14. _____ brujas: cuento infantil y juvenil (2013); libro de Rodríguez Juliá.

16. _____ secreta (1994); libro de Rodríguez Juliá.

17. Mujer con sombrero _____ (2004); novela de Rodríguez Juliá premiada por el Instituto de Literatura Puertorriqueña como la mejor obra de ese año.

21. Torno grande para limpiar el trigo en la era.

23. Gansos.

29. 9 de _____ de 1946; nacimiento de Rodríguez Juliá.

31. _____ renuncia del héroe Baltasar (1974); primera novela de Rodríguez Juliá.

35. _____ historia de mi tiempo urbano (2015); libro de Rodríguez Juliá.

36. Perteneciente o relativo a los abasíes o a su dinastía.

37. Las tribulaciones de _____ (1981); libro de Rodríguez Juliá.

38. Edgardo Rodríguez _____; miembro de número de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española. Dirigió la colección Antología Personal en la Editorial de la Universidad de Puerto Rico, y la revista La Torre de la UPR.

39. El espíritu _____ la luz (2010); novela de Rodríguez Juliá.

41. Carbonato de sosa cristalizado que suele hallarse en las orillas de los lagos y grandes ríos.

42. Alegre, contento, plácido.

43. Campeche o los diablejos de _____ melancolía (1986); libro de Rodríguez Juliá.