Inicio Blog Página 1618

Sobre escribir en la frontera

Podríamos ver el ensayo Escribiendo en la frontera (1), de Carmen Dolores Hernández como una invitación a derrumbar las barreras que separan la literatura puertorriqueña escrita en español, de la literatura puertorriqueña escrita en inglés (salvando las diferencias que existen entre ambas, por supuesto). Pero, además, es un recordatorio de lo complejo que puede llegar a ser escribir, crear en un escenario fronterizo, sentirse entre dos aguas al experimentar una existencia binaria en términos territoriales, culturales, nacionales y lingüísticos. Pues, si bien ha sido difícil para los que escriben en español desde la isla construir un corpus literario nacional, como el que consolidó la Generación del 30 si consideramos nuestra situación política colonial, debemos imaginar lo conflictivo de escribir la particular experiencia puertorriqueña en Estados Unidos y en inglés. Según Hernández, este escenario sitúa a los escritores puertorriqueños de la diáspora en medio de un doble rechazo: el que experimentan acá en Puerto Rico por los puertorriqueños, y el que experimentan allá en Estados Unidos por los norteamericanos, donde en lugar de haber logrado del todo un sentido de pertenencia, han llegado a sentirse más bien como “intrusos indeseados” (112).

Reconoce Hernández que si bien es cierto que existen varios escritores puertorriqueños que escriben en español en Estados Unidos —entre ellos Giannina Braschi, Jorge Marzán, Pedro López Adorno—, muchos otros han escrito su obra en inglés, como por ejemplo Tato Laviera, Piri Thomas, Martín Espada, Willie Perdomo, entre unos tantos. Estos escritores que se sienten puertorriqueños, segundas y terceras generaciones de emigrantes en Estados Unidos, han enfrentado el rechazo por parte de aquellos que cuestionan su identidad nacional y su producción literaria por razones de idioma, convirtiéndolos así en un otro. Entonces, de acuerdo a Hernández “el gran problema reside, desde luego, precisamente en la lengua”(209), puesto que, el español de Puerto Rico es una de las características fundamentales de nuestra identidad colectiva. Con ello reconoce que nuestra lengua ha sido un fuerte mecanismo de resistencia frente a las amenazas de asimilación cultural con Estados Unidos, ya que con ella hemos reafirmado nuestra identidad puertorriqueña frente a la norteamericana. Ha sido nuestra herramienta más valiosa, con la que no solo hemos construido un discurso nacional cuajado en un canon literario, sino que además, con éste se construyó una estrategia política (3), como muy claramente nos recuerda Carolina Sancholuz en su ensayo Literatura e identidad nacional en Puerto Rico (1930-1960) (1997), citando a Pedreira. Ha sido la estrategia que con la producción literaria de la Generación del 30 y sus ensayos de interpretación histórica, compensó la pérdida de la hegemonía de los hacendados del siglo XIX y la inexistencia de un Estado nacional independiente. “Es la base de nuestra creación literaria: la lengua en que aparecieron los primeros ‘vagidos’ de nuestras letras” (210), dice Hernández. Entonces, esta identidad forjada por una producción literaria sustentada en una lengua homogénea y fija, surge de la necesidad de hacerle frente a la amenaza política y cultural que significó la invasión norteamericana. Pero sucede que, a pesar de ello, es este mismo canon literario, que surgió de esa necesidad de afirmación, el que se resiste a reconocer otra variante de la literatura puertorriqueña (la escrita en inglés), que surge también de una necesidad de afirmación ante el vacío de una “vivencia patria de la que solo tuvieron una experiencia mediatizada por lo que les contaban sus mayores…” (Hernández, 211). Esto no es de sorprender, pues ya nos ha dicho Juan Gelpí en su libro Literatura y paternalismo en Puerto Rico (1993), que nuestro canon literario es patriarcal, autoritario y excluyente, por ello relega a segunda categoría obras y géneros que “puedan lindar con lo fragmentario y lo efusivo”(21). De esta manera la literatura puertorriqueña escrita en inglés es un claro desafío al purismo lingüístico del canon, a su retórica homogeneizante y a sus límites territoriales. Resulta interesante, quizás por irónico, que un corpus literario nacional, que tal vez entendemos como ente aglutinador, rechace estas y otras tantas manifestaciones literarias, y que en su intento de unir, termine por levantar fronteras, ofreciendo entonces un corpus en cierto sentido incompleto y parcializado. Según lo expuesto por Hernández, queda claro que la expresión literaria en inglés de estos autores, surge como forma de afirmar su existencia. Escribieron para sobrevivir. No solo literalmente como en el caso que destaca Hernández de Piri Thomas, autor de Down these mean streets, quien encontró su vocación en la cárcel, sino además como comunidad puertorriqueña en Estados Unidos. Son ellos quienes documentan la vida, la experiencia particular de los puertorriqueños en Nueva York por ejemplo, como bien reclama el autor Fernando Vega, citado por Hernández. En un principio lo hicieron mediante el relato oral, pero una vez adquirieron las herramientas, lo hicieron mediante la palabra escrita. Procuraron visibilizarse, afirmar su particular existencia: Pedro Pietri, Piri Thomas, Miguel Algarín entre otros, cuando tuvieron acceso a la educación, a la biblioteca y descubrieron la lectura. Ellos, al igual que los autores puertorriqueños en la isla, tuvieron la literatura como herramienta de resistencia y con ella han construido y afianzado su identidad puertorriqueña, afirmándola aún cuando parecía que se les escapaba. De acuerdo a Hernández, y como también hemos podido ver en clase, estas manifestaciones artísticas y literarias que propone reclamemos como nuestras, aunque no se hayan expresado en español, tienen como un modelo precedente en España la manifestación literaria en árabe clásico o hebreo llamada moaxajas: poemas cortos escritos en árabe clásico o en hebreo que “pasaron al acervo de las letras hispánicas, a pesar de no estar escritas en lengua romance sino en mozárabe, que es el dialecto utilizado por los cristianos en tierra árabe.

Concluimos coincidiendo con Hernández sobre la importancia de reconocer y reclamar como nuestras, las manifestaciones artísticas de autores y artistas puertorriqueños en Estados Unidos, como un ejemplo de supervivencia de nuestra cultura, pero además como un reclamo de justicia para aquellos sin los que la historia de nuestra literatura y experiencia en el exilio no estaría completa.

(1) Literatura puertorriqueña del siglo XX: antología. Mercedes López-Baralt

Topografía: La “gracia” de la persecución

El “arte” de la persecución tiene su gracia y su ironía. Para poder encarcelar, entre otros, a Pedro Albizu Campos, el Gobierno de Puerto Rico creó en 1948 la Ley 53, mejor conocida como la Ley de la Mordaza. Según esta era delito grave: “fomentar, abogar, aconsejar y predicar la necesidad, deseabilidad y conveniencia de derrocar, paralizar y destruir el Gobierno Insular de Puerto Rico . . . por medio de la fuerza y de la violencia”

Para aplicar la ley, la policía prestó los servicios de varios detectives taquígrafos que copiaron los discursos pronunciados entre el 1948 y 1950 por el líder nacionalista. Estos signos taquigráficos fueron transcritos y presentados en corte como los doce cargos de los que fue acusado Albizu y por los que fue condenado a cárcel.

Los discursos vinieron a constituir en 1993 el libro La palabra como delito: los discursos por los que condenaron a Pedro Albizu Campos 1948–1950, con prólogo y ensayo introductorio de la historiadora Ivonne Acosta Lespier.

Se me ocurre que estamos ante el viejo tema del traidor y del héroe. Desde la óptica nacionalista, el perseguido, Albizu, es el héroe, mientras que su perseguidor (el detective taquígrafo y el poder gubernamental que representa) son los traidores a la nación que debieron haber defendido frente al poder imperial. Sin embargo, ambos están “hermanados” en el texto.

Los detectives pudieron haber alterado y, por ende, “traicionado” algunas de las palabras de Albizu, pero también tuvieron que haber sido “fieles” a otras. Irónicamente, si los policías no hubieran escrito algo, no habría quedado nada. Raro vínculo. El policía “hace su trabajo” y las palabras del dirigente atraviesan la taquigrafía de la persecución hasta llegar a hoy. ¿Quién se sirvió de quién? ¿Quién ha hecho la gracia mayor?

Veamos los signos “exactos”. Al final de cada discurso aparece un párrafo en el que cada detective certifica que “la precedente es una transcripción fiel y exacta de los signos taquigráficos tomados por mí del discurso pronunciado por [. . .]”. Es decir, lo que lee el lector es una tercera versión (“la transcripción”) de una versión anterior (“los signos taquigráficos”) de las palabras originales (“discurso pronunciado”).

Es un instrumento común en los estudios de literatura los conceptos de discurso directo e indirecto. Si el narrador de un texto le da la palabra a un personaje, como es el caso de una cita, he ahí discurso directo; pero si el narrador parafrasea lo dicho por el personaje ya tenemos discurso indirecto.

Si bien en un sentido estricto las palabras de Albizu equivaldrían a un discurso directo –pues al leer se crea la ilusión de que el líder nacionalista enuncia las palabras– sabemos que, en realidad, no hay correspondencia inequívoca entre la enunciación oral original y el texto escrito. Por eso, el pretendido discurso directo es sospechoso de estar intervenido por la “voz” de los perseguidores.

De ahí la importancia de los paréntesis en que intervienen los detectives ya que constituyen la marca del “verdadero” narrador y de su movimiento entre el pretendido discurso directo (atribuido a Albizu), el verdadero discurso directo (el del mismo detective) y ciertos momentos de discurso indirecto (paráfrasis) de lo dicho por el líder. Estos últimos son valiosas miniaturas que revelan el artificio lingüístico y, a la vez, la realidad de la cual han surgido.

Cuando el lector tropieza con los paréntesis que contienen el discurso directo del detective recuerda que se trata de un texto cuyo origen se le atribuye a una persona distinta (Albizu) de la que en realidad lo transcribe y lo presenta (el detective). Las transcripciones, pues, desde el punto de vista de la creación textual son una construcción artificial, producto del arte del taquígrafo y de quién sabe cuántos más.

Examinemos ahora una muestra de las intervenciones de los detectives taquígrafos.

En el discurso del 25 de julio de 1949, en Guánica, se interrumpe la lectura de las palabras del orador y leemos: “(Habló de los diferentes gobiernos políticos de Puerto Rico diciendo: ‘son los mismos muñecos’)”. Es curioso que el taquígrafo no haya podido captar lo que Albizu dijo exactamente de los gobiernos y sí pudiera transcribir “fielmente” la frase “son los mismos muñecos”.

Más adelante, en el mismo discurso , el detective vuelve a intervenir directamente: “(Habló de Muñoz Marín y de sus auxiliares en Fortaleza llamándolos: ‘esa cuadrilla de degenerados cobardes’)”. Nuevamente, el taquígrafo combina el olvido vertido en la paráfrasis del discurso indirecto, (“Habló de Muñoz . . .”), con el recuerdo “exacto” marcado por las comillas propias de una cita de discurso directo en la que el otro tiene la palabra y en donde se dice “fielmente” qué fue lo que se dijo de Muñoz Marín y sus ayudantes (“esa cuadrilla de . . .”). Pero ¿qué más se dijo de Muñoz y sus auxiliares? ¿Solo esa frase? Entre el olvido de una cosa y la memoria “exacta” de otra, ¿qué hay? Entre otras posibilidades hay una ley que busca culpables casi creándolos y un detective asalariado dispuesto a hacer “bien” su trabajo.

En el discurso pronunciado en Utuado, el 23 de febrero de 1950, se lee de repente en la transcripción: “(aquí hubo una interrupción en los altoparlantes y no se escuchó el resto del párrafo)”. ¿Cómo supo el taquígrafo que a Albizu le quedaba por decir un párrafo? ¿Es que acaso el taquígrafo vela también por la correcta división en unidades de sentido en la oratoria del líder nacionalista?

En el discurso del 18 de diciembre de 1949, en Arecibo, cuando –según la transcripción– Albizu habla del Embajador de EE UU en las Naciones Unidas, anota el taquígrafo que: “(no se entiende el nombre)”. Y podemos conjeturar burlonamente una explicación: ¿acaso por una combinación de la particular pronunciación del inglés por parte del líder y de tal vez cierto grado de desconocimiento de ese idioma por parte del detective? Tal combinación revelaría un rasgo de lo “puertorriqueño” (al menos de esa época) que hermanaría al perseguido y al perseguidor, a saber, la relación peculiar, a veces problemática, en distintos niveles, con la lengua del poder imperial.

Hasta aquí esta breve “persecución” de las transcripciones de los perseguidores. Me parece claro que el “héroe” y el “traidor” están lingüísticamente unidos en el mismo texto que marca respectivamente sus afanes y sus culpas precisamente porque lo presentado como las palabras de Albizu (el “héroe”) nunca fue escrito por él, sino por un grupo de detectives (los “traidores”). Aún así, “gracias”, en gran medida, a ellos, podemos re–crear hoy, a través de esos signos intervenidos por la policía, la figura de Albizu, articulado y desarticulado entre las palabras de sus perseguidores, pero siempre con la posibilidad de ser re-inventado por nuevas lecturas. También el arte de leer –como la persecución– tiene su gracia y su ironía.

(Publicado en Diálogo, mayo de 1995; versión editada.)

De una estrella a la luna: A Star Is Born y First Man

Soy un hombre blanco, cisgénero y heterosexual. Esto conlleva un nivel de privilegio heredado de una larga historia de desigualdad. Mis identidades representan una agresión de la cual no soy directamente responsable, pero que están ahí aunque no me agrade. Así como las mujeres tienen que diariamente soportar agresiones (micro y de otras índoles más nefastas) por su género, yo represento la identidad del agresor aunque nunca haya sido responsable de violencia física. Pero estemos claros, la agresión física no es la única y el hecho de haber crecido en una sociedad que normaliza agresiones de género me hace ser partícipe de ellas. Una de mis secuencias favoritas del cine es cuando en Vertigo (dir. Alfred Hitchcock, EEUU, 1958) el personaje de Scottie (James Stewart) transforma a Judy en Madeleine (Kim Novak actúa ambos papeles), la amada que él vio morir. Scottie hace que Judy se vista y se arregle el cabello como Madeleine a manera de experimento. En ese momento, el cuarto se inunda de una luz verde de ensueño que se cuela por la ventana. Mientras arrecia la música seductora de Bernard Herrmann, Scottie abre los ojos maravillado por su creación. Algo borrosa, vemos a Judy convertida en Madeleine acercarse hacia nosotros ya que Hitchcock nos obliga por la cámara a mirar a través de los ojos de Scottie. El hombre creó la mujer que deseaba y ella se entrega a él con un beso. Es un momento bellísimo del cine, pero con dimensiones sumamente misóginas. Hitchcock nos seduce a participar en la supresión de la identidad de una mujer y nos hace ver el acto como uno de amor. Esta transformación es la que nos trata de vender el más reciente “remake” de A Star Is Born (dir. Bradley Cooper, EEUU, 2018).

En A Star Is Born, Jackson Maine (Bradley Cooper) es un cantante famoso sumido en alcoholismo. Después de un concierto y en búsqueda de un trago, Maine entra a una barra gay donde ve por primera vez a Ally (Lady Gaga). Ella interpreta magistralmente “La vie en rose.” Mientras todos los presentes están sumergidos en una luz roja, Ally transita por el escenario iluminada con la luz verde que nos recuerda a la escena de Vertigo. Con este detalle, Cooper revela que la película se enfocará en la transformación de Ally a la estrella que Maine reconoce en ella. A través de la película, Ally comienza una relación con Maine y mientras ella asciende a la fama por su talento, él desciende por su adicción. No obstante, es él el que le limpia el maquillaje de la cara a Ally, con la excusa de que esconde su belleza natural, y la obliga a enfrentar un público para el cual ella no se siente preparada. Es inevitable ver a Maine como una especie de Profesor Higgins (Rex Harrison) que perfecciona a Ally como si ella fuera Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) en My Fair Lady (dir. George Cukor, EEUU, 1964). Como director, Cooper ahoga a Ally en un mundo de hombres rodeada por su papá (Andrew Dice Clay), que comparte constantemente con sus simpáticos amigos; Noodles (Dave Chappelle), el mejor amigo de Jackson; y Bobby (Sam Elliott), el sensible hermano del cantante. Inclusive, el mejor amigo de Ally, Ramón (Anthony Ramos), es un hombre gay que vemos de vez en cuando celebrando las glorias de su amiga, pero Cooper nunca explora esta relación. A Star Is Born es técnicamente sólida con buenas actuaciones, canciones e interpretaciones sorprendentes (aunque el número final de Lady Gaga carece de la fuerza emocional de “With One More Look at You,” que Barbra Streisand interpreta al final de la versión del 1976 [dir. Frank Pierson]) y la cinematografía de Matthew Libatique, que le da una personalidad única a la película. Pero esta primera película de Cooper como director no añade nada nuevo a una historia donde un hombre crea a una estrella, independientemente de los deseos de Ally.

Por otro lado, First Man (dir. Damien Chazelle, EEUU, 2018) explora la manera en que Neil Armstrong (Ryan Gosling) se prepara para su viaje a la luna, sin silenciar a Janet (Claire Foy), su esposa. Ella es una presencia constante y vigorosa a través de la película. Es irónico que una obra cuyo título enfatiza el género de su personaje principal y que se lleva a cabo en un hogar de clase media en los Estados Unidos durante los 1960, tenga un personaje femenino tan fuerte. La película abre con Armstrong pilotando una nave experimental a la cual le fallan los controles en medio del vuelo. Después de esta explosión de acción, adentramos en la tragedia personal, la muerte de la hija menor de Neil y Janet. Chazelle nos demuestra un Armstrong muy poco emotivo que sólo se derrumba escondido. El director utiliza mucho el “close-up” para que el espectador estudie detenidamente la sutileza en la actuación de Gosling al igual que de los otros personajes. Los close-ups de Janet revelan su fuerza, sus ojos al borde de las lágrimas y su preocupación por los riesgos que toma Armstrong a través de su carrera. Chazelle no retrata la historia de unos héroes, de un país o de un periodo que concluye en el 1969 con el aterrizaje en la luna. Su película nos acerca a los momentos pequeños en los cuales una mirada o una expresión refleja los sacrificios que conllevó viajar a la luna. En la escena en la que Armstrong camina por la luna, a Chazelle no le interesa enseñarnos al astronauta plantando la bandera estadounidense. El filme omite un mensaje nacionalista que haría de Armstrong un héroe, para resaltar el triunfo del amor entre Janet y Neil que sus miradas develan al final.

A pesar de que Janet es un ama de casa dedicada a sus hijos y a su esposo, Chazelle no la silencia. La combinación entre la cinematografía de Linus Sandgren y la actuación de Claire Foy elevan a Janet al nivel de Neil Armstrong. Ambos son héroes en la película. Mientras en A Star Is Born, Ally es el producto de un hombre que la impulsa al estrellato; en First Man, Janet es el centro emocional de la historia y una de las responsables de que Neil llegara a la luna. La agencia y la voluntad de Janet nunca se sienten coartadas por su esposo. Ese primer paso a lo desconocido fue tanto de ella como de él.

Quince años de aprendizaje, crecimiento y agradecimiento

Nota: Javier Guaní esta de aniversario en el periódico, agradecemos que en momentos difíciles como la partida de nuestro columnista Elliott Castro, él ha estado dándonos la mano para mantener viva esta sección. Gracias Javier y que sean muchos más. –amf

Esta semana se cumplen 15 años desde que escribí mi primer artículo de deportes en este periódico. Confieso que no pensé que lo haría por tanto tiempo. Incluso, ni siquiera pensaba que ese primer artículo saldría publicado. De ese, sólo recuerdo que era de tenis pero no mucho más. Jamás me imaginé que el mismo cambiaría mi vida, pues el compañero Elliott Castro vio algo en mí que le llamó la atención. Se comunicó a mi celular y me preguntó si me interesaba continuar escribiendo sobre deportes. Ahí empezó esta gran aventura que me ha permitido cubrir cerca de mil eventos deportivos desde béisbol, baloncesto superior, FIBA, la clasificación olímpica del equipo femenino de volibol y sobre todo, boxeo.

He tenido la fortuna de cubrir sobre 300 carteleras de boxeo tanto en Puerto Rico como en los Estados Unidos y hacer artículos de peleas de figuras como Miguel Cotto, Juanma López e Iván Calderón, por mencionar algunos.

Aprendí la profesión en la marcha, admito que al principio quería volar sin saber gatear ni caminar. El pasar del tiempo me hizo entender lo duro que había sido para CLARIDAD solidificarse, pues todavía en algunas partes trataban de ignorar al periódico, sin reconocer las grandes aportaciones que ha hecho a la cobertura deportiva del país y sin darle el puesto que se ha ganado por derecho propio.

Solo por mencionar dos de las hazañas logradas por este periódico, destaco que CLARIDAD fue el primer medio en llamar a nuestro equipo de baloncesto como el equipo nacional, sin miedo a las repercusiones que ese cambio trajera en la época. El periódico, además, fue pionero en la defensa del deporte femenino en un momento donde el deporte femenino era grandemente discriminado y a todas luces no era simpático hablar del tema. Aprendí a admirar a todos los que colaboraron con este medio antes que yo, y su sacrificio, pues algunos de ellos se vieron obligados a usar seudónimos en sus escritos para evitar persecución política. Todos ellos de alguna manera pavimentaron el camino para que yo pudiera tener la oportunidad de escribir en el periódico y tener mi propia voz mediante mis artículos.

Hay muchas personas a las que tengo que agradecer la confianza brindada y la mano amiga para mi desarrollo profesional. No los mencionaré a todos pues sería injusto de mi parte si omito algún nombre.

No obstante, hay dos en particular a las que le dedicaré estas palabras, y aunque uno de ellos ya no está con nosotros físicamente, sé que esté donde esté leerá esto. Elliott Castro, contigo siempre tendré una deuda de gratitud. Sin ti nada de esto sería posible. Gracias por haber sido mi mentor (y un segundo padre). Jamás podré agradecerte lo que me enseñaste en el deporte, en el periodismo y en la vida.

Te extraño todos los días, pero en tu infinita sabiduría me dejaste a Elga, a quien considero como una hermana y con quien hoy comparto esta tarea de seguir tu legado en las páginas deportivas de CLARIDAD. Y a Alina Luciano, que desde ese primer momento me ha protegido y ha cuidado como una madre cuida a sus cachorros. Nunca ha permitido que se me suban los humos a la cabeza. Siempre esta aconsejándome, pero sin interferir en mi trabajo, permitiéndome la libertad necesaria para que yo pudiera seguir creciendo y de la mano de sus brillantes fotos, hagamos un gran equipo. No sé cuánto tiempo más escriba en estas páginas, pero sí sé que siempre tendré una deuda con este periódico que me ha permitido vivir mi sueño de convertirme en periodista deportivo.

En el limbo la acreditación de la Universidad

La acreditación de la UPR corre peligro. La Middle State le está cuestionando al recinto de Río Piedras de la UPR su capacidad de recaudar fondos recurrentes, si puede sostener sus programas académicos y el resto de los servicios a estudiantes. Existe un problema aún mayor: la lentitud para entregar estados financieros auditados.

La universidad tenía hasta el 30 de septiembre para entregar los estados financieros auditados del 2016-17. En los últimos días de la presidencia interina de Darrell Hillman la Universidad le notificó al gobierno federal que no se iba a poder cumplir con la entrega de esos documentos para la fecha pautada. Por esa razón se pedía un extensión para el 30 de diciembre a lo que el gobierno federal respondió de manera positiva.

Ahora la fecha límite para que la Universidad de Puerto Rico (UPR) entregue los estados financieros 2017-18 es el 30 de marzo de 2019. Si la Universidad no lograra cumplir en esa fecha podría perder la acreditación. Esto es así porque la probatoria a la que fue sometida la UPR se cumple en 2019.

¿Qué problemas enfrentaría la UPR de perder la acreditación y cómo esto afectaría la accesibilidad y los fondos federales?

“Sabemos ya que con la duplicación del costo de la matricula y la reducción de exenciones hay una menor capacidad por parte de las clases menos privilegiadas de nuestro país para obtener una educación superior de calidad”, dijo el presidente del consejo de estudiantes, Gabriel Negrón.

Con la pérdida de la acreditación de la Middle States –explicó el estudiante de economía– la situación de acceso, que ya es difícil para muchos estudiantes, se agudizaría porque sin acreditación la UPR no cualificaría para recibir fondos FAFSA.

El estudiante que apenas lograba estudiar –con el costo de matrícula duplicado, la reducción de exenciones y la pérdida de acreditación– se encontraría menos capaz y quizás no podría estudiar de no tener los medios para pagar la educación ya que no tendría acceso a ayudas federales.

Habrá quienes puedan argumentar “bueno no hay beca pero el estudiante puede solicitar préstamos estudiantiles”

Pero los préstamos estudiantiles también son fondos federales a los cuales, de la universidad perder la acreditación, los estudiantes tampoco tendrían acceso y se verían obligados a costear la educación de su bolsillo.

“Eso sin mencionar que un bachillerato sin acreditación pierde valor dentro del mercado laboral y a la hora de solicitar escuelas graduadas”, añadió el joven estudiante.

En este aspecto, la pérdida de acreditación afectaría tanto a estudiantes que no se han graduado como a aquellos que ya se graduaron, pues en los primeros, el bachillerato no tendría valor para efectos de solicitar empleos o escuelas graduadas que consideran la acreditación como algo fundamental en el reclutamiento.

“En el caso de un estudiante que se haya graduado antes de la pérdida de la acreditación se supone que ese bachillerato tenga valor pero la realidad del asunto es que en la práctica ¿qué puede pensar un reclutador de un candidato que viene de una universidad que recientemente fue desacreditada?”, cuestionó Negrón.

Por otra parte el presidente de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU), en Río Piedras, Jimmy Seale, describió el asunto de la acreditación como una cosa “bien, bien, bien politizada”

“Son señalamientos viejísimos, cada vez que viene la Middle State y preguntan a la comunidad universitaria, se señala la politización y el asunto de la gobernanza va por ahí”, dijo Seale.

“Si miramos los estándares, lo que es la gobernanza y las finanzas estamos jodidos. Hay amplias bases para decir que esta universidad ni se gobierna, ni se sostiene. Si nos aplican eso como es, nos quitan la acreditación fácil”, añadió.

Mientras, la Junta que desmantela la UPR “pretende abrogarse su dirección y control mediante la apertura de una oficina que le costará $20 millones a la propia universidad”, dijo el presidente de la APPU, Javier Córdova, en la edición del 11 al 17 octubre de 2018, Claridad.

Servicios básicos a la comunidad como la vivienda también se verían afectados. A pesar de que Torre Norte está cerrada, el programa de vivienda de la UPR podría recibir fondos federales que, de perderse la acreditación, dejarían de recibirse.

Por otro lado, las investigaciones no podrían costearse porque las entidades que las subvencionan no reparten fondos a instituciones no acreditadas. Los profesores y estudiantes investigadores sufrirían las consecuencias.

Ciencias Médicas, Mayagüez y Aguadilla

En la práctica, la crítica de la Middle State sobre la capacidad de la UPR de recaudar fondos recurrentes es general. Mayagüez y Ciencias Medicas y Río Piedras son recintos que históricamente han tenido problemas y atrasos en entregas.

Sin embargo, Ciencias Médicas, Mayagüez y Aguadilla no están en probatoria. Según explicó Negrón, estos recintos reciben una mayor cantidad de fondos federales dado a su enfoque a ciertos programas.

Por ejemplo, Mayagüez tiene programas enfocados en ciencias, matemáticas e ingeniería, que poseen mayores calificaciones para recibir fondos federales y obtener financiamiento de otras organizaciones. A la hora de evaluar a los recintos individualmente, la Middle State puede concluir que estos recintos pueden justificar el mantenimiento de sus programas académicos, investigaciones, servicios estudiantiles, porque no dependen del fondo que se recauda por concepto de la fórmula del gobierno.

Por otra parte, Seale, señaló que la Junta de Control Fiscal esta totalmente comprometida con los preceptos neoliberales. Para el neoliberalismo –dijo– una universidad pública con matrícula baja es un anatema, eso no puede existir porque ellos creen que la educación es una cosa privada porque es un grado que tú vas a conseguir y tú lo debes pagar.

“Olvídate de que la universidad por el país… en el neoliberalismo no existen países. Que Puerto Rico necesite una universidad nacional para el desarrollo… ¡trroop! (hace una trompetilla) no les importa”.