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Vicios y virtudes de las listas de libros. Segunda parte.

II. Entonces, me tomo una pausa, quiero decir, un café negro. Inhalo. Exhalo. Déjenme mencionarles algunos otros libros que me parecen de calidad.

Pero, ¿qué es eso de calidad literaria? Es una actitud perniciosa a la salud de la literatura el pensar que todo lector se halla en una situación de lectura idéntica. Jacques Leenhardt nos comentaba esto afirmando que para ello habría que creer en un universalismo de la razón y un universalismo de la calidad literaria que trasciende el paso del tiempo y las coordenadas geográficas, cosas que habría que demostrar de manera empírica.

Dónde y cuándo se lee podrían considerarse objetos de estudio. Es decir, a veces, el contexto del acto de leer sería una lectura aún más rica y compleja que la lectura del texto. Entonces pienso, quizás demasiado, en las epopeyas griegas, en las novelas ejemplares, en Tapia, Hostos, Zeno Gandía. Pienso en los libros de literatura actual en Puerto Rico. ¿Cómo leerlos?

Cuando era muy joven mis maestros de literatura insistían en que leyera del modo en el que no quería. Luego, al final de la adolescencia, supe por Wimsatt y Beardsley que no debe confundirse un texto con la psicología del autor, su intención, su ideología, o su capacidad de “reflejar” la realidad.

Entonces comencé a leer crítica literaria marxista.

A fin de cuentas, me parece que, en general, lo que domina en la lectura es una tendencia a suponer el universalismo de la razón y el universalismo de la calidad literaria. Y con la erosión causada por la industria intelectual capitalista en las playas de la complejidad y la diversidad, habría que ser realmente un suicida del pensamiento si no te parece una buena lectura la del texto X, ganador del premio Y en Z.

¿Podemos hablar de “calidad literaria”? ¿Podemos leer un texto separándonos de su ideología, de su intención? Por mi parte, me conformo con aceptar que lo que me parece “calidad literaria” es “eso” que hay en un texto que, mientras lo leo, se despoja de intención ideológica y así, desnudo, ni siquiera se voltea a mirarse en el espejo de la realidad. Entonces lo muestra todo, en un conmovedor abrazo. Y añado estos otros:

Con llanto de cocodrilo. Melanie Pérez Ortiz. Elefanta. México. Pérez ha publicado teoría y crítica de literatura contemporánea. También poesía. La he visto haciendo performance en La Casa de los Contrafuertes. Esta es su primera novela. La leí un año ante de que se publicara. Una mujer que conoce hasta las pestañas de los cocodrilos es contratada por el gobierno de Puerto Rico para tratar de resolver un problema: una plaga de cocodrilos que ya se había cobrado la muerte de un niño, suceso viralizado en Youtube. Es una narración ágil, divertida, inteligente, porque podemos leerla en clave de alegoría sobre la migración caribeña. De las ciénagas en la Isla de la Juventud o en Matanzas, a la laguna de Tortuguero o el lago Enriquillo.  Además, la leo como se escucha una canción sobre el llanto y sus cualidades. Un llanto incomprensible, un llanto de risa o de tristeza que todo lo permea. Y es inevitable escuchar a la orquesta de Ray Barretto en aquel álbum del 1973 y la voz Adalberto.

Los nidos. Xavier Valcárcel.  Riel. San Juan. Una bella narración en un libro hermosamente diseñado. La base de esta novela es el rigor de la investigación histórica del principio del siglo XX en la isla. Sobre eso se desarrolla en capítulos cortos, el periplo de tres jóvenes artistas que llegan de México a un Puerto Rico que se convierte en marco de observación de la naturaleza, del deseo, la amistad y la libertad con el lenguaje poético -sin excesos- de uno de mis poetas favoritos del mundo.

Manuel Rojas Luzardo de hacendado a revolucionario. Su vida en la Revolución de Lares. Raquel Rosario Rivera. Edición de autora. San Juan. Excelente investigación sobre la figura cimera de la gesta de Lares. Desde sus orígenes en Venezuela hasta el regreso a su natal Boconó. Lo leí como una saga familiar que se entreteje con una narración histórica en detalle. Incluye un álbum fotográfico familiar como parte de los apéndices documentales.

Atardeser. Domingo Dávila. Amorivivir. San Juan

Domingo Dávila está hermanado a los libros desde hace más de medio siglo. Distribuyó los libros de la editorial Qease, era combatiente urbano en Nueva York, estudió con Yurkievich en París, y es un lector voraz. Su primer poemario es una especie de bildungsroman en verso. Una bitácora de viaje en la que asistimos a la historia de nuestro país, desde el servicio militar obligatorio, la lucha estudiantil, la diáspora, la familia, el amor, y un juego intertextual delicioso en el que la voz poética se apropia de la poesía nacional y la del mundo

Mano negra. Francisco Félix Canales. Riel. San Juan.

La editorial Riel es una apuesta segura si quieres buscar buena poesía. Me gusta el poemario de Francisco Félix porque continúa una trayectoria consistente de expresión poética que emerge de experiencias y situaciones diarias. Un discurso lírico que se caracteriza por su conexión con el lector. Leo y me parece estar con esa voz poética tomándome un café, viendo como hay belleza en todo. Incluyendo el aroma del café y el dolor humano.

El libro de las apariencias. Juan Carlos Quiñones. ICP. San Juan.  Una colección de cuentos donde, como nos acostumbra el escritor, la belleza, el caos y la lucidez se pasean por el espacio urbano, y bueno, quizás debemos añadir el espacio onírico, lo que eso quiera decir.  Si bien este libro tiene diálogos con la tradición literaria puertorriqueña, siempre me gusta pensar que a Felisberto Hernández y a Borges les hubiera gustado leerlo.

Por otro lado, Quiñones publicó, como (Bruno) Soreno La isla de las salamandras junto a Dafne Elvira. El libro es un relato que nos hace ver Elvira con imágenes marítimas, viscerales, sublimes. Una experiencia visual y literaria de la que hablaremos en otro espacio menos atropellado que este.

Pulsión de las moradas. Marta Jazmín García. Riel. San Juan.Poesía íntima, de piel y sueño, que parece escrita para las acuarelas. Insisto en estas escritoras que de manera rigurosa y consistente van construyendo una obra significativa. Es la misma editorial que publica Remolino de Ashley Pérez, libro en el que la voz poética se vuelca sobre el mismo verso -poéticas- mientras se relaciona con la ciudad y el imaginario nuestro.

El sueño de la muerte. Roberto Cofresí. Gnomo Literario. Conozco a este narrador con nombre de pirata desde hace al menos una década. A través de su blog disfruté muchísimo sus crónicas y sus Cuentos de Machuchal y las andanzas por la Calle Loíza. Ahora se publica este libro que disfruté como una docena de cuentos entrelazados y que luego pensé como novella que reúne personajes desde el 1937 al 2066, luego del fin del imperio norteamericano. Narrativa ágil, inteligente, divertida.

Perdí la cuenta. Quizás dije quince y menciono dieciséis. ¿Dónde están los clásicos que releo? ¿Y los del 2024 que leí en 2025, como Rosa Ácida, Irizarry Natal, Dorso de Jesué Oliveras o Caja de Poemas de Nora Dávila? ¿El homenaje de Aurea María Sotomayor y una treintena de escritores a Marta Aponte? ¿Las antologías chispeantes que publica Gnomo Literario? Es que hay mucha buena literatura en el país. Prometo reseñarlos en 2026.

 Solo espero que esto sirva como una mirada particular a la publicación de libros en Puerto Rico y evidencia de la fuerza de la escritura nacional. La literatura puertorriqueña resurge cada vez que se publica un libro con atención al detalle, con rigor investigativo, con poesía y en búsqueda de la belleza. Algunos de los libros que mencioné han ganado premios y sus autores han sido becados. Ninguna de esas cuestiones inciden en mi valoración. Trump ha recibido medallas de la FIFA y María Corina Machado recibió el Nobel de Paz pidiendo una invasión a su país. Borges nunca recibió el de literatura y Pizarnik nunca fue nominada. Eso de los premios es otro asunto. Hasta a mí me han premiado en certámenes porque seguramente se traspapelaron los laudos. Lo dije el año pasado. Lo repito siempre. El mejor libro es el que te guste.

Luis Sebastián Santana: boricua que abre caminos en EEUU

 

En Rojo

En Rojo conversó con uno de los colaboradores del proyecto

 

Mike Nieves, director de la Red Hispana de Información y Telecomunicaciones (HITN, en inglés) se acercó al productor Luis Sebastián Santana con una idea clara: resaltar figuras históricas puertorriqueñas que, tal vez, habían pasado desapercibidas. Santana, quien llevaba trabajando años en el Museo Nacional de Artes y Cultura Puertorriqueña, no se resistió a la idea.

De ahí, Nieves le encomendó al artista la creación de documentales en los que algún “embajador”– usualmente una figura estadounidense– destacaba los méritos y logros de la figura en cuestión. Hace un año, como parte de esos esfuerzos, Santana preparó un breve documental sobre la vida y la trayectoria política del excongresista Luis Gutiérrez. En octubre de este año, la producción recibió un Emmy.

“Esta persona, que no es puertorriqueña, forma parte de la entrevista. En la entrevista de Luis Gutiérrez, es el senador (Dick) Durbin de Chicago, que conoce a Luis Gutiérrez desde el principio de su carrera. La idea es que este embajador nos hable de cómo este puertorriqueño ha hecho cosas para la comunidad puertorriqueña en los Estados Unidos (EE. UU.), en Puerto Rico y más allá. Gente que ha hecho un aporte importante a la población general”, resumió Santana en entrevista con En Rojo.

Para el también actor, la intención estriba en que las futuras generaciones conozcan estas figuras y que no permanezcan olvidadas. La pieza de Gutiérrez es la segunda en ser premiada, siguiendo el trabajo que se hizo sobre Ramón Figueroa Sorrentini e Irmgard Iglesias, organizadores del Festival de los Reyes Magos, en Vieques.

“Nosotros escogemos a cinco personas cada año; cuatro que están vivos y uno que está del otro lado… Y buscando a esa figura, recordamos que Luis Gutiérrez fue el primer latino de “Middle America” que fue electo al Congreso. Tiene una historia impresionante desde el Congreso. Le dicen el Gallito, porque tiene espuelas para luchar”, describió.

Luis Sebastián Santana

Por esos logros, el equipo de HITN eligió a Gutiérrez. Cuando Santana lo conoció, se topó con un hombre locuaz, chistoso y “muy abierto para conversar”. Habiendo estudiado al personaje del proyecto, Santana entrevistó al exfuncionario desde la sede del Museo Nacional de Artes y Cultura Puertorriqueña.

“Yo me leí hasta el libro de él. Gutiérrez nació en Chicago y, cuando va a Puerto Rico, es como si descubriera que es puertorriqueño. Él se sentía medio rechazado en Estados Unidos y, en Puerto Rico, también se sentía “bullied”. Así que fue doblemente discriminado, pero nos contó que en Puerto Rico encontró esa puertorriqueñidad que lo impulsa a la política. La entrevista, que solo salían cinco minutos en el ‘clip’, duró una hora”, reveló Santana.

En ese sentido, el artista reconoció que la edición es la parte más tediosa de su trabajo, cuando debe recoger las partes “esenciales” de las figuras entrevistadas. Más allá de contar la historia, Santana aspira a que estas producciones conmuevan a quienes las vean, particularmente a la juventud.

Entrega de los Emmy este año. Luis Sebastian rodeado de directivos del HITN.
Luis Alejandro Molina y Luis Sebastián Santana. Fotos suministradas.

“Como soy músico, esa es mi carta escondida. Cuando edito, siempre lo veo como el montaje de una ecuación matemática. El resultado tiene que ser emotivo al final, que la gente reaccione. Es una sinfonía, con movimientos arriba y abajo, con pausas, aceleraciones y seguir un ritmo bien escogido. La idea es que le pueda “entrar” a la gente”, abundó.

Con una larga carrera como teatrero, cantautor, escritor y productor, Santana siente que todas sus influencias confluyen en producciones como la excongresista, dotando las piezas con la precisión de un guionista con ojo escritural. Al final, contó, la meta es que estos vídeos sirvan como herramientas pedagógicas.

“HITN tiene una alianza con Hunter College, con CUNY y el Centro de Estudios Puertorriqueños. Esto se convierte en un documento audiovisual para las personas. Eso es lo que quería Mike Nieves y todo el equipo de HITN. Lo estamos logrando, y aunque ganar premios está bueno, lo importante es que se reconozca que se está haciendo y que dé ganas de verlo”, añadió Santana.

A juicio del artista, esta y otras iniciativas refuerzan la identidad puertorriqueña en tiempos en que el racismo y la división forman parte del discurso oficialista. “Lo que está haciendo HITN es rescatar estas figuras”

TenderPR

 

 

Especial para En Rojo

 

En aquel país, un día decidieron que el Estado ya no podía cargarse más cosas.

—Carreteras sí —dijo el Secretario de la Gobernación, ignorando la ironía—. Cariño, no.

Y aprobaron la ley.

La ternura se convirtió en servicio, la app TenderPR fue creada por la empresa en la que trabajaba el Secretario, de la que es accionista la hermana y donde irá a parar cuando salga del gobierno… claro está.

Había planes, tarifas, promociones.

Plan Básico: una llamada al mes de alguien que pregunta cómo estás sin colgar de inmediato.

Plan Plus: abrazo en fechas señaladas.

Plan Premium: alguien que escucha tu llanto hasta que te quedes dormido, con factura detallada.

Plan de Platino: el Plan Premium mas bots que te comentan en tus redes lo brutal que eres.

La app lo hacía todo más moderno.

Aceptaba tarjeta, ATH, bitcoin y cualquier moneda inventada por algún iluminado del norte.

“Invierte en amor”, decía un podcast de moda, entre anuncios de suplementos y criptocursos.

En los reels salían parejas perfectas, abuelas perfectas, familias perfectas, todas con el celular en la mano:

“Usa mi código y recibe un abrazo extra este mes.”

En las conferencias de prensa mostraban gráficas:

subía el índice de “contactos afectivos licenciados”,

bajaba el tiempo perdido en “dramas personales sin monetizar”.

En los barrios, mientras tanto, el amor se declaró ilegal sin que nadie lo anunciara.

Una tarde, Don Ismael —rodilla vieja, pensión mínima, corazón tercamente vivo— vio el anuncio en la tele:

“Regule su afecto. No se deje tocar por cualquiera. Descargue la app.”

Apagó el televisor.

Su celular ni siquiera tenía espacio para más milagros.

Salió a la acera con su sillita plegable.

Se sentó.

Primero llegó un chamaco con ojos rojos.

Después una viuda que no se acostumbra a la cama amplia.

Luego un guardia de turno partido que ya no sabe si le teme más a los asaltos o al silencio de la casa.

No había logo, ni app, ni recibo.

No aceptaba bitcoin.

Aceptaba tristeza, nada más.

Había café tibio, malas palabras suaves, silencios largos.

—¿Y usted qué negocio tiene aquí? —le preguntó un día un funcionario, con carpeta en mano.

Don Ismael se encogió de hombros:

—Ninguno.

Nomás me siento, por si a alguien le hace falta un oído.

El funcionario apuntó algo, molesto.

No supo cómo escribir eso en el formulario. Si no sale en el formulario, no encuentra función el funcionario que no funciona.

En el informe oficial quedó registrado:

“Foco de afecto no regulado”.

En el barrio, en cambio, lo llamaban de otra forma:

“Esquina”.

“Oído”.

“Consuelo”.

Y así, mientras el país tercerizaba la ternura

y la app sacaba nuevos paquetes con % de cashback emocional,
la ternura, testaruda, seguía colándose por donde siempre:
por la gente que, sin contrato ni código de descuento,
se sigue quedando al lado.

 

 

 

Los divertidos misterios de Knives Out, Glass Onion y Wake Up Dead Man

 

 

Especial para En Rojo

 

Entre los primeros libros que leí y que realmente disfruté estaban los comics de Astérix y Obélix y las novelas de Agatha Christie, que habían llegado a la biblioteca de mi casa de manera inexplicable. En casa, nadie leía a Christie. Escondidas entre las novelas latinoamericanas de mi mamá, recuerdo haber encontrado y leído de Christie And Then There Were None, donde diez personas son invitadas a una isla y cada uno va muriendo por accidentes muy sospechosos, y Murder on the Orient Express traducida al español. Por esta última, cuando tenía 10 años, siempre me imaginé como el detective belga, Hercule Poirot, resolviendo algún asesinato misterioso en un tren que recorría un mundo de fantasías. De chiquito me crié con la fascinación orientalista (y bastante problemática) de Agatha Christie y del Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. De hecho, esas fantasías tomaron dimensiones visuales cuando di con Death on the Nile (dir. John Guillermin, Reino Unido, 1978) e Evil under the Sun (dir. Guy Hamilton, Reino Unido y EE.UU., 1982), donde Poirot asumió unas cualidades algo cómicas muy diferentes a la seriedad del personaje. Las afectaciones del personaje de Poirot, actuado por Peter Ustinov, lo hacían ver como un tipo de payaso exquisito. Esta personificación es muy diferente a la seriedad del Poirot de Albert Finney, que luego en mi adultez pasaría a ser parte de mi adaptación favorita de una novela de Agatha Christie, Murder on the Orient Express (dir. Sidney Lumet, Reino Unido, 1974). No soy fanático de las adaptaciones de Kenneth Branagh porque encuentro su Murder on the Orient Express (EE.UU., Reino Unido y Malta, 2017) y Death on the Nile (EE.UU., 2022) algo vacías e innecesarias ante las sólidas adaptaciones previas de la obra de Christie. La oscuridad de A Haunting in Venice (dir. Kenneth Branagh; Reino Unido, Italia y EE.UU., 2023) es algo más interesante, pero nada como los misterios escritos y dirigidos por Rian Johnson, Knives Out (EE.UU., 2019), Glass Onion (EE.UU., 2022), y su más reciente Wake Up Dead Man (EE.UU., 2025), que es mi favorita de las tres. Estos tres misterios, que comparten al excéntrico detective Benoit Blanc (Daniel Craig), cuestionan los mundos privilegiados de Agatha Christie y no fallan en recalcar lo divertido de un misterio bien construido.

En su trilogía de Benoit Blanc, Rian Johnson demuestra sus claras influencias dentro del género del misterio. En una de mis películas favoritas de Robert Altman, Gosford Park (Reino Unido, Italia y EE.UU.; 2002), el director usa el ambiente aristocrático que tradicionalmente asociamos con la literatura de Agatha Christie. Sus personajes transitan burbujas de privilegio donde “los de abajo” son tan solo sombras que pululan mientras les sirven a sus amos. He aquí la razón por la que el asesinato de Sir William McCordle (Michael Gambon) en su propiedad de Gosford Park, acto que transgrede las divisiones sociales, confunde a Thompson (Stephen Fry), el torpe detective a cargo del caso y que no puede ver más allá del sistema de clases británico. Cada una de las películas de Johnson cuestiona las estructuras de privilegio en los Estados Unidos. En Knives Out, Marta Cabrera (Ana de Armas) es la sirvienta privada del escritor millonario, Harlan Thrombey (Christopher Plummer). Ella es la sospechosa principal del asesinato del escritor. Marta es inmigrante y su madre es indocumentada, detalles que la familia Thrombey utiliza para recuperar la fortuna que el fenecido escritor le dejó a su sirvienta. La historia gira en torno al asesinato de Thrombey, que Blanc (Daniel Craig) y el detective de la policía (Lakeith Stanfield) luchan por esclarecer. Pero esta también revela la hipocresía de una familia que, aunque alardea de su liberalismo, está dispuesta a aplastar al marginado cuando su fortuna se ve amenazada.

Por otro lado, Johnson no pierde de vista lo divertido que puede ser una película de misterio. La primera secuela de Knives Out, Glass Onion, tiene ecos del clásico de misterio, The Last of Sheila (dir. Herbert Ross, EE.UU., 1973). En esta joya detectivesca setentosa, un grupo de artistas de cine se juntan en un yate para participar de un juego que Clinton (James Coburn) ha creado. Siguiendo la estructura de un juego de mesa parecido a Clue, Clinton asigna una identidad criminal a cada uno de sus invitados, entre los que está Alice (Raquel Welch), una estrella de cine; Philip (James Mason), un director reducido a dirigir comerciales de televisión; y Tom (Richard Benjamin), un libretista en busca de un nuevo proyecto, entre otros. En el yate está el asesino de su compañera, Sheila, una chismóloga que sabía demasiado y que fue atropellada una noche de fiesta. Clinton juega morbosamente con cada uno de sus invitados y el humor, que cuenta con destellos queer muy bien logrados, no pierde el ritmo y refleja el toque de Stephen Sondheim, que fue uno de los libretistas. En Glass Onion, Johnson critica la idealización de “genios” a lo Elon Musk con el personaje de Miles Bron (Edward Norton), el manipulador carismático que se apropia de las invenciones de los demás. Jonson pone en evidencia el ambiente idóneo creado por personajes como Birdie Jay (Kate Hudson), la influencer tontita cegada por la fama, y Lionel Toussaint (Leslie Odom Jr.), un brillante científico fiel a Bron, para que depredadores como Musk y Mark Zuckerberg ejerzan su poder sobre el mundo. Bron usa un juego de mesa que él ha concebido para controlar a sus invitados, dándole un toque divertido a la trama. Sin embargo, al final, el juego tan aparentemente complicado se viene abajo demostrando el intelecto vacuo de su inventor. Tanto como The Last of Sheila, que se burla del privilegio de la industria del cine sin perder de vista lo divertido del juego, Glass Onion demuestra lo irracional del juego en el que seguimos participando sin afectar lo entretenido del misterio.

La más reciente película de Johnson, Wake Up Dead Man, se enfoca en la manipulación de la iglesia y de las políticas reaccionarias conservadoras que llevaron al triunfo de la derecha en los Estados Unidos. En la historia, Jud (Josh O’Connor en una excelente actuación) es un joven cura cuya volatilidad en contra de la injusticia lo mete en problemas. Por esto, es asignado a una pequeña parroquia dirigida por el terrible monseñor Jefferson Wicks (Josh Brolin). Wicks manipula a los pocos feligreses con los que cuenta su iglesia con promesas vacías de milagros que nunca ocurren y con sermones fogosos que condenan todo aquel que es diferente. Jud no solo enfrenta el puño bajo el que mantiene Wicks a sus seguidores, sino que también es acusado de un asesinato que nadie más pudo haber cometido. Siguiendo un tropo del género detectivesco, Wicks fue apuñalado en un cuarto pequeño entre paredes de piedra al cual Jud tuvo primer acceso. He aquí el desafío de la investigación para Benoit Blanc, que por fortuna se interesa en el caso y sabe que Jud es inocente. Blanc está seguro que el asesino se esconde en la iglesia, entre los que cuentan Martha (Glenn Close, tan fabulosa como tiene que ser), la devota secretaria de la iglesia; Lee (Andrew Scott), el escritor venido a menos que está trabajando un libro sobre las ideas reaccionarias de Wick; y Samson (Thomas Haden Church), el encargado de mantenimiento de la iglesia. Como misterio, la película sigue un ritmo excelente con cada nuevo giro en la investigación y con las complicaciones que surgen a través del camino. Johnson también dirige una crítica pertinente a la derecha cristiana que justifica los horrores del gobierno y la manera en la que el poder define un sistema opresivo del cual nadie tiene escapatoria. Dentro de este ambiente, Jud lucha como buen boxeador por curar a la humanidad. Su prueba de fe, tan fundamental para la historia como la del padre Karras (Jason Miller) en The Exorcist (dir. William Friedkin, EE.UU., 1973), es la acusación de asesinato que lleva sobre sus hombros. Pero a través de la experiencia más terrible o “de su camino a Damasco,” Jud siente una profunda misericordia por sus enemigos y su afirmación de servir a todos los que lo necesitan. Como ateo, quisiera conocer un Jud, con la sensibilidad hermosa que le da Josh O’Connor.

No dejen de ver estas tres maravillas de Rian Johnson. Les aseguro que se las disfrutaran de principio a fin, especialmente Wake Up Dead Man, que pueden encontrar en Netflix.

Huracán Melissa dejó en Cuba devastación pero también profundas muestras de solidaridad

 

 

 

Corresponsal de CLARIDAD

La Habana, Cuba-A dos meses del paso del Huracán Melissa, Cuba aún se recupera de los desastres causados por el fenómeno en la zona oriental del país, donde tuvo un impacto directo en cinco provincias.

Melissa, que tocó tierra como huracán categoría 3, dejó más de 116 mil viviendas destruidas, según cifras oficiales, y todavía hoy cerca de 3,000 damnificados reciben asistencia de las autoridades.

En la provincia de Santiago de Cuba, la más afectada de todas –las otras provincias afectadas fueron Holguín, Guantánamo, Las Tunas y Camagüey–, quienes vivieron de cerca el paso de la tormenta afirman fue una experiencia que nunca olvidarán.

“No pensé que esto iba a estar así porque el ciclón Sandy [que impactó la zona oriental de Cuba en 2012] había pasado por aquí, bastante cerca, y no me había devastado como en este momento. Ahora es una pérdida grande y sentimentalmente me siento afligido. Me siento muy mal”, expresó a CLARIDAD Raúl Duverjel, vecino de la localidad de Guamá en Santiago de Cuba, donde tocó tierra Melissa en octubre pasado, y con quien conversamos apenas un día después del paso del ciclón.

Igual sentimiento manifestó a este rotativo Nuvia Rivera, también vecina de Guamá y decidió pasar la tormenta en su hogar, a escasos metros de la costa, junto a otros integrantes de su familia. Una experiencia que pudo haberle costado la vida.

“Fue algo terrible. Fue realmente fuerte. El mar entró por todas partes. Si te digo la verdad, en un momento pensamos que no lo íbamos a lograr”, sostuvo Rivera.

Pero además de grandes afectaciones, el Huracán Melissa dejó tras de sí profundas muestras de unidad y solidaridad en la población cubana.

Desde La Habana y otras provincias, a menudo de forma espontánea, las personas se han organizado para enviar a sus vecinos y parientes afectados donaciones y ayuda humanitaria, con la que paliar, al menos de forma temporal, las grandes pérdidas.

Para Amado Riol, activista cubano y líder de la organización A Cuba hay que quererla, si algo destaparon los vientos de Melissa fue el carácter profundamente humanitario y empático del pueblo cubano.

“Yo creo que hay una expresión de solidaridad enorme que se ha desbordado y sigue creciendo en estos momentos. Y en relación al proyecto, yo veo que la gente se sigue sumando. Es hermoso. Yo nunca pensé que el proyecto iba a tener estas dimensiones”, dijo a este medio.

Riol ha recibido toneladas de ayuda humanitaria, incluyendo donaciones de alimentos, medicamentos y ropa, que luego, junto a su equipo, se ha encargado de llevar y entregar a los damnificados en las provincias orientales.

En la capital cubana, uno de los puntos de encuentro y acopio para quienes desean ayudar a sus compatriotas es una escuela primaria. Allí, maestros y estudiantes recolectan tanto artículos de primera necesidad como juguetes para los más pequeños en el otro extremo de la isla.

“Pusimos a los niños en la piel de esos que lo habían perdido todo. Si a ustedes les hubiera pasado, ¿qué hubieran querido? Los niños se sensibilizaron muy pronto y las familias también. Si las familias no lo hubieran hecho, no hubieran llegado a nosotros tantas cosas hermosas”, sostuvo Vilma Cartaya, directora de la escuela elemental, para quien promover actos como este entre sus estudiantes se vuelve hoy más importante que nunca, debido a la compleja situación económica que atraviesa Cuba.

Pero estas acciones del pueblo cubano o este ejemplo de enseñanza de solidaridad entre niños no son un hecho aislado. En Cuba, la empatía y la solidaridad, los más grandes valores de la Revolución, se aprenden desde pequeño.

Asegura Cartaya que la idea es enseñar a sus estudiantes que “hay que tener empatía y lo más importante es pensar justamente, si a mí me pasa, como yo lo sufriría, qué yo quisiera, cómo yo hubiera querido que me ayudaran”.

Cuba enfrenta hoy un enrevesado panorama económico que entorpece los esfuerzos de las autoridades en la recuperación tras el paso del Huracán Melissa. Un férreo bloqueo económico y una política sumamente hostil por parte de Estados Unidos, se unen a intrincados errores en la política económica interna que dificultan las condiciones de vida en la isla.

Pero en medio de este escenario, los cubanos y cubanas insisten en sus muestras de solidaridad como el mecanismo justo y necesario para apoyarse los unos a los otros.

“Imagínate, qué podemos hacer los cubanos, dentro de todas las medidas del bloqueo, que [no sea] poder ayudarnos unos a los otros”, aseveró Carlos Valdés, uno de los miembros del proyecto que dirige Riol.

Reconoce Valdés que, “independientemente del bloqueo, tenemos que resolver los problemas internos que tenemos”, como única alternativa para sacar el país adelante.

Por su parte, Nuria Rivera, hace varias semanas atrás vaticinaba: “los cubanos estamos acostumbrados a recuperarnos de todo. Porque así es el cubano. El cubano es fuerte, muy fuerte y resiste bastante.