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Le tocó el turno al ambiente

En el año y medio que lleva Ricardo Rosselló en el gobierno hay un área de gestión administrativa que acumulaba pocos titulares negativos: el ambiente y los recursos naturales. No es que recibiera aplausos, porque su atención al problema de las cenizas tóxicas en el municipio de Peñuelas destaca como un ejemplo de manipulación y mal manejo, sino que el tema no aparecía maltratando sus días como sucede con la educación, la salud, las finanzas públicas y la permanente crisis con la electricidad.

Tal parece que Rosselló estaba esperando a cumplir año y medio en la Fortaleza para soltar los caballos contra el ambiente. La pasada semana, en dos acciones casi simultáneas, se abrieron las compuertas para facilitar el aterrizaje de los buitres que estaban planeando sobre reservas naturales y terrenos costeros.

El primer gran zarpazo fue la anulación de siete reservas naturales por parte de la Junta de Planificación. En total, todas estas áreas cubren más de 12 mil cuerdas de terreno costero, seco o sumergido. Tras la fulminante acción de la JP, cualquier buscón de esos que, con un funcionario público al lado, proclaman diariamente su deseo de “ayudar a la recuperación del país”, puede proponer un proyecto que impacte alguna de estas áreas costeras. La Mar Chiquita de Manatí, el área del Río Camuy y Punta Guilarte en Arroyo, son algunas de las áreas de crucial valor ecológico que quedan ahora “open for business”.

Como recordarán, esa “apertura a los negocios” había sido anunciada por el secretario de Desarrollo Económico, Manuel Laboy, hace algunos meses cuando divulgó un catálogo elaborado por su oficina con una lista de inmuebles disponibles para venta o alquiler. Entre los terrenos ofertados estaba la isla Icacos, que es parte del Corredor Ecológico del Noreste. Tras la indignación pública que provocó el anuncio, la isla se retiró del catálogo y el asunto quedó como un “error” o “malentendido”. Ahora, con siete antiguas reservas “abiertas a negocios”, vemos como el malentendido de Laboy no fue tal.

Como ya es costumbre en este gobierno, se recurrió a una mentira casi infantil para encubrir el verdadero propósito tras la anulación. Según la oficial del JP que hizo el anuncio, la acción anuladora era necesaria porque en la designación inicial se había incumplido con los reglamentos de la propia Junta. La alegada reglamentación incumplida fue, ¡vaya usted a ver!, la que promueve la participación ciudadana. El gobierno de Rosselló quiere hacernos creer que debido a su supuesta preocupación por las opiniones de la ciudadanía se procede a eliminar de golpe y porrazo la protección de siete reservas naturales que la propia gente siempre ha querido proteger. ¡El cinismo que brota de esa alegada excusa rebasa los límites!

Mientras todavía se saboreaba la anulación de las reservas ecológicas, Rosselló procedió a convertir en ley una medida de la Legislatura que elimina una sentencia judicial y entrega un pedazo de playa a una empresa privada bloqueando, de paso, un reclamo ciudadano de 22 años. Se trata de cinco cuerdas aledañas al balneario de Isla Verde que, desde 1996, una empresa que ahora se hace llamar CH Properties, operadora del aledaño Hotel Marriot, quiere dedicar a otro desarrollo turístico privado. Posterior a aquel primer intento que levantó la protesta de la ciudadanía, el Municipio de Carolina adquirió los terrenos deteniendo el desarrollo. La acción del Municipio se sostuvo en los tribunales. Ahora, por vía de un mandato de la Legislatura, se quiere obligar al ente municipal a permitir el desarrollo o, en su defecto, entregarle los terrenos al gobierno para que lo viabilice.

La acción de la Legislatura tiene pocos precedentes, pues se trata de legislación dirigida a proteger de manera específica y abierta a una sola empresa, la que se identifica con su nombre. Detrás de la acción legislativa está un senador por Carolina cuyas menciones públicas no arrastran mucho lustre. Su nombre es Eric Correa, hermano de crianza de aquel notorio narcotraficante apodado Coquito, que lleva décadas en la Legislatura sin acciones que justifiquen su abultado salario.

A pesar de sus conflictos recientes con la Legislatura, en particular con el Senado, Ricardo Rosselló se apresuró a convertir en ley el proyecto promovido por Correa. Rencillas aparte, cuando se trata de proteger a empresarios amigos, la hermandad brota. Las dos personas detrás de CH Properties son Pedro Rosario Urdaz, quien trabajó en fortaleza en los tiempos de Pedro Rosselló, y Eduardo Ferrer Ramírez de Arellano, ex jefe de finanzas de Pedro Pierluisi.

Estos dos buitres beneficiados por las acciones de la Legislatura y el Ejecutivo, deben estar muy contentos. También lo están los que ya están planeando sobre las reservas naturales abandonadas. Como quiere la Junta de Control Fiscal, Puerto Rico está “open for business”. Hace algunos meses la JCF promovió, y en gran medida consiguió, otro objetivo que también resumían con una frase en inglés: “employment at will”. Para hacer cumplir ese objetivo impulsaron la eliminación de casi todas las protecciones legales que tenían los trabajadores puertorriqueños, permitiéndole a los patronos contratar y despedir empleados a bajo costo y como les plazca. Con la excepción de la Ley 80, que garantiza una pequeña mesada en caso de despido injustificado, efectivamente la Junta logró su objetivo de “el empleo a voluntad”. Alcanzada esa meta, le tocó el turno a las reservas naturales que ahora están “open for business”.

César Andreu Iglesias, el periodismo como vocación transformadora

Especial para CLARIDAD

Este 31 de julio de 2018 en que conmemoramos el Día Nacional del Periodista, han transcurrido 103 años del nacimiento en Ponce de César Andreu Iglesias, el 31 de julio de 1915, y 42 de su muerte en San Juan, a causa de un infarto cardiaco, el 17 de abril de 1976.

Entre una fecha y otra el periodismo puertorriqueño ha sufrido un vuelco, como en la generalidad de los países del mundo, marcado por los avances tecnológicos y por ese fenómeno de este temprano siglo XXI denominado redes sociales, en las que hay mucho de redes y poco de sociabilidad, ya que su propósito originario —si fuera ese— ha derivado en un narcisismo colectivo, donde lo importante no es lo que haga o diga el otro, sino lo que nosotros mismos hacemos o decimos para nuestra complacencia.

Parecería entonces que en estos tiempos el periodismo ha perdido mucha de su esencia si partiéramos de la simplicidad de las cosas y que el camino recorrido por César Andreu Iglesias desde sus comienzos en las lides periodísticas en 1936 en el periódico Lucha Obrera, órgano del Partido Comunista Puertorriqueño (PCP), al que había ingresado, ha perdido su sentido.
Pero no es así. Hoy, más que nunca, el periodismo de Andreu Iglesias alcanza un ribete imperecedero, no solo porque marca una histórica ruta de esta nación, sino porque hilvana el verdadero tejido social del ser puertorriqueño.

He ahí la diferencia entre el auténtico periodismo que aspiramos a mantener en el más elevado sitial y la banalidad que se construye en un mundo de permanente escapismo que se nos ofrece a través de algunas de esas plataformas propagadoras de trivialidades en las que gastamos las horas como agua entre los dedos.

Que no se me entienda mal. No es un llamado a renegar de la modernidad que tantas posibilidades nos brinda. Es un llamado a valorar la esencia del periodismo real que galvanizó César Andreu Iglesias en un Puerto Rico —en la práctica no muy lejano del actual— sometido a un constante proceso de desnaturalización que atenta contra su propia existencia.

El periodismo de Andreu Iglesias siempre estuvo marcado por su afán de construir una sociedad en la cual imperara la justicia y se alcanzara el equilibrio social. Como sindicalista y dirigente revolucionario, este insigne periodista se mantuvo permanentemente conectado a la realidad socio-política de Puerto Rico y fue capaz de hacer su radiografía en sus artículos y ensayos periodísticos, al igual que en sus novelas.

Quizás porque mucha gente —entre las que se cuentan periodistas— están divorciadas del entorno socio-económico que les rodea, enajenados de la realidad cotidiana se sorprendieron, después del azote el 20 de septiembre de 2017 del huracán María, que el país que siempre creyeron no existía, pues detrás de la fachada —nunca mejor dicho— había oculta una realidad enraizada en la pobreza muy distinta a la que habitaban. Y que a pesar de los programas sociales que frenan unas mayores aspiraciones colectivas, hombres y mujeres de escasos recursos pasaban hambre y carecían de medicamentos, entre otros problemas capitales.

La carencia de contacto de muchos periodistas con esa realidad —porque jamás han esperado horas en una parada de autobús o tomado el Tren Urbano— los ha llevado a una prédica enajenada que, gracias a la tragedia, se diluye en los momentos actuales, sin que se borren las profundas cicatrices en el alma.

No es esto culpa únicamente de los periodistas, que nuestra cuota de responsabilidad tenemos, sino que es parte de una realidad que por décadas —con algunos oasis en el tiempo— han fomentado los medios de comunicación y el marketing para ofrecer un mundo idílico del que solo disfrutan unos pocos. Esto se palpa en la cotidianidad de un gobierno en bancarrota que por años jugó al casino con los fondos de pensiones de los más sacrificados, a los que ahora pretender dejar hundidos en una subsistencia precaria, a la vez que repartía y reparte beneficios a unos pocos, que aportan un falso sacrificio al país.

Consciente de esta verdad todavía irresoluta, César Andreu Iglesias se preocupó, en la mejor tradición de un periodista revolucionario, de la necesidad de contar con medios periodísticos que cumplieran con la función educativa y organizadora de los trabajadores y los sectores más marginados de la sociedad.

Y es que el periodismo de esto ahora, con sus redes sociales y su precaria inmediatez que adjetiva de histórico cualquier acontecimiento fugaz, no puede ser la aspiración única de los periodistas. Sabemos que no es fácil exponer ciertos acontecimientos, no por falta de legitimidad, sino por el choque de intereses entre su sentido de la verdad y el de los medios de comunicación. Mas eso no debe detenernos.

Tal vez es tiempo de que no veamos el periodismo como un simple trabajo que nos puede traer reconocimiento y, en algunos casos, dinero, sino como vocación de servicio, con los sacrificios ineludibles, para que el pueblo alcance mayores transformaciones políticas y sociales, como lo anheló César Andreu Iglesias, a quien honramos en esta hora.

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El autor, es Secretario General de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap) y presidió durante tres años la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (Asppro). Este mensaje fue leído ante la tumba de César Andreu Iglesias con motivo de la Semana de la Prensa.

TOPOGRAFÍA: Al llegar a Fortaleza

(A continuación, un fragmento de la entrevista que le hiciera Miñi Seijo Bruno a Gregorio Hernández Rivera (Goyito), el único sobreviviente del ataque a Fortaleza el 30 de octubre de 1950. Los otros participantes fueron Raimundo Díaz Pacheco, Manuel Torres Medina, Roberto Acevedo y Domingo Hiraldo Resto. Tomado del libro La Insurrección nacionalista en Puerto Rico 1950, págs.163-165.)

¿Los estaban siguiendo?

“Nos venían siguiendo desde Río Piedras, pero sin tratar de detenernos, pero eso no nos importaba porque estábamos dispuestos a batirnos en cualquier punto que fuera necesario pero que, por tácticas militares de ellos, la imaginación mía me hizo pensar nos estaban dejando entrar a un fuego concentrado. Cuando llegamos a la Marina, ya estaba parapetándose la policía.”

Después de hablar con los nacionalistas que estaban esperando a Raimundo en San Juan, Raimundo se subió al carro e hizo unos comentarios que Gregorio Hernández no nos autoriza a publicar. Luego prosigue:

“Cuando llegamos a San Juan, ya estaban vendiendo un Extra de El Imparcial que decía que Jayuya había entrado en acción. Uno de los muchachos dijo: ‘Vamos a comprar el periódico’, y Raimundo contestó: ‘¿Para qué? ¡Si nosotros somos protagonistas de la acción!’ También dijo: ‘Yo no esperaba que Jayuya se adelantara en esto, no hay remedio’.”

Perdone que lo interrumpa, pero quiero tener esto bien claro. Usted dice que, al llegar a San Juan, ya el periódico El Imparcial había sacado un extra sobre lo de Jayuya específicamente. ¿No sería de Peñuelas o Arecibo? ¿Qué hora era?

“Era Jayuya y serían las doce menos diez o menos cinco. Al llegar a Fortaleza entramos, no había portón al frente. Allí estaba la Guardia Nacional y habían (sic) policías. Los primeros disparos rompieron contra el chofer, contra Hiraldo. Cuando entramos al mismo patio de Fortaleza, porque el tiroteo fue en el patio, la puerta de entrada estaba así, de frente. El carro estaba detenido como a veinticinco o treinta pasos de la puerta. Yo pude imaginarme los pasos que había del automóvil a la puerta porque ahí fue que yo tuve que combatir bastante, tiro a tiro con la policía.

A Hiraldo lo cogieron en la sien. Ese fue un tiro mortal. Cayó en la puerta izquierda con la cabeza casi debajo del automóvil, sangrando . . . Yo iba atrás, en el centro de los de atrás. Eramos tres atrás y dos alante. Al frente iban Hiraldo guiando y Raimundo con la ametralladora.

Cuando suena el primer disparo, se detiene el carro y Raimundo da la orden de replegarnos, de repartirnos y colocarnos en distintos sitios donde poder estar más accesibles para la acción. Entonces él corre hacia la derecha haciendo fuego con la ametralladora.

A mi lado derecho estaba Roberto Acevedo, que era alto, grueso. Entonces sale del automóvil haciendo disparos y, unos doce o quince pasos más adelante, tirando hacia la derecha, cayó tendido boca abajo.

El próximo en salir, por la parte izquierda, fue Manuel Torres Medina. Da la vuelta por detrás del carro y hace disparos, en el lado derecho del carro, hacia la puerta de La Fortaleza, marchando hacia la entrada. Entonces, uno de los disparos lo paralizó a él de un tiro y quedó muerto en el acto. Al caer tropezó conmigo . . . Cayó tendido.

Entonces, desde el mismo automóvil yo hago unos disparos a un agente que cayó un poco más alante, el tiro le dio en la nuca por el lado izquierdo del oído. Entonces yo marcho hacia el frente del automóvil en la misma dirección para meterme dentro de la Fortaleza, y la policía me hace frente de disparos cuando voy a entrar, casi a la misma puerta.

Traté de entrar a La Fortaleza, de frente, tiro a tiro con la policía, entonces, uno de los balazos, el primero, me dio aquí en el brazo, el segundo en la rodilla. Ese me hizo retroceder hasta el automóvil. Traté de levantar el baúl, porque allí teníamos rifles. Nosotros lo que pensábamos era combatir con armas cortas de acuerdo al sitio. ¿Ves? Entonces, cuando traté de levantar con la mano izquierda el baúl, un tableteo de ametralladoras me cogió el rostro y una bala me dio en el abdomen. Entonces me metí por detrás del carro.

Había una bandera de las Naciones Unidas que se veía en una ventana en un segundo piso, entonces cruzó un señor, blanco él, grueso, y le hice un disparo, pero que le dio a la bandera y eso lo presentaron como prueba que habían ultrajado la famosa bandera de las Naciones Unidas. Eso fue lo que ellos alegaron.

Les mantuve el tiroteo debajo del carro en distintas posiciones, pero sangrando grandemente. Yo estaba boca abajo y cambiando de posiciones, de lado, bien sea de perfil y volvía otra vez de frente. La lluvia de balas era demasiado fuerte y apenas podía levantar la cabeza. Yo buscaba siempre que las balas me pasaran por encima y no fueran a darme en el cráneo, porque esa es la parte que hay que cuidar; cuando le dan ahí uno pierde el conocimiento.

Entonces un policía se me acostó frente a la puerta de La Fortaleza con una carabina, y se me había descargado la pistola. Yo llevaba unos cuantos peines y ya le había metido algunos, cuando fui a meter otro peine, se trancó y halé para abajo y entonces vino una bala y me arrancó el dedo.

Pero volví otra vez y le meto el peine, cuando veo que el tipo que está acostado frente a la puerta me encañona para darme en la frente. Ya yo estaba perdiendo mucha visión, pero pude ver que me estaba apuntando. Sujeté la pistola apoyándome en la otra mano, y apreté el gatillo. El alega que una bala le rompió la pierna. Está en Jayuya el policía ese. Lo retiraron de la policía y le dieron una parcela por allá.

Yo creo que no transcurrieron muchos segundos cuando vino una bala y me dio al lado izquierdo del corazón. Cuando me dio, yo sentí que la maquinita me hizo: BUM, BUM, BUM,” dice Gregorio riéndose. “Y me dije: ‘¡Vaya, aquí se dañó la cosa!’ Pero que se normalizaron los movimientos y entonces vino otra bala y me cortó aquí el esófago. ¿Ve? Entonces perdí el conocimiento.

¿Ya usted sabía que los otros habían muerto?

Sí. Ya no se sentía acción de nadie. Solamente el tiroteo debajo del carro. Ellos tiraron algo, no sé si granada o qué, y alguien dijo: ‘¡No tiren granadas, porque ahí hay explosivos y pueden volar La Fortaleza!”

Y, de haber logrado entrar a Fortaleza, ¿qué hubieran hecho allí?

“El propósito era tomar acción directamente con el jefe supremo de Fortaleza, no matarlo; hacerle ver que la lucha por la independencia era una lucha de representación de nuestra Patria y que, aguantando al líder del gobierno de los Estados Unidos en Puerto Rico, que era Luis Muñoz Marín para ese tiempo, se hacía ver en Naciones Unidas y demás países intervenidos por Estados Unidos que nosotros los nacionalistas luchábamos por una causa justa y noble.”

Y, viéndose perdido, ¿por qué no se hizo el muerto?

Gregorio contesta rápidamente:

“Porque la misión nuestra no era esa.”

Luego, bajando la voz, dice muy quedo:

“La misión de un nacionalista no es rendirse. Se llama hombre suicida . . .”

¿Sueñan?

Duermen afuera, lejos de la humanidad que brinda un techo. Desprovistos(as) de las necesidades más básicas, de los servicios más esenciales y hasta del respeto del prójimo, deambulan decenas de personas por el casco urbano de Río Piedras o entre la 65 de Infantería y el cruce del expreso hacia Trujillo Alto, como exhiben estas fotos tomadas por José Rafael “Pucho” Charrón. Estas imágenes ejemplifican la pobreza más extrema del país, sin embargo, muchos y muchas puertorriqueñas padecen otros grados de escasez. Dos meses después del paso del huracán María, el nivel de pobreza en la isla aumentó de un 44 a un 52 por ciento, según un informe revelado por el Centro de Información Censal de la UPR en Cayey a finales de noviembre 2017.

Abandonadas por sus familiares, desatendidas por el gobierno e ignoradas por el resto de la población, estas personas se ubican al margen de la sociedad. El piso sucio les sirve de cama, una sombrilla o caseta de acampar – basura para muchos y muchas – de techo, un sofá convertido en escombro de refugio. ¿Qué realidad escribirá ella en su libreta? ¿Qué soñarán ellos pegados del suelo, de la inmundicia más absoluta? ¿Sueñan?

ESTACIÓN A LA DERIVA (IX)

QUIERO CONSTRUIR UN BARCO que me lleve a todas partes, y habitar uno a uno cada mar, cada tierra. Quiero construir un barco que me lleve y me devuelva a cada puerto. Deseo inconteniblemente estar en todas partes, y si me escapo, escaparme para arribar muy pronto a otros destinos, y si me huyo, huirme sin pena, buscando otros recodos de agua y no perdiéndolos, acumulando espacios y tiempos, no gastándolos. Quiero un barco, grande o pequeño, en el que cabrán las risas de los niños igual que las canciones melancólicas, y habrá vino y convites de todas clases, y aunque vaya solo, me acompañarán montones de gente sin necesidad de que nadie salte y se estrelle en el rostro de las aguas. La travesía será una fiesta interminable, sin necesidad de razones que la justifiquen, y en lo oscuro del mar, en las duras tempestades, habremos de llenar cada vacío con brazos y piernas, con hombros firmes, con labios y ojos, con los dedos sutiles y las fuerzas del alma, que está hecha para navegar, para surcar promontorios de sal. Quiero construir un barco para hacerme a las rutas del mundo, a las demarcadas y a las desconocidas, y acariciar cada sendero de agua, y sentirme siempre como en casa.

*

NO TENGO GANAS DE ESCRIBIR. Las palabras no me bastan. He perdido las claves, los secretos arcanos y los nombres, el pavor de combinarlos. No escribir, sencillamente no dejar un paso claro, distinguible, porque nada he sabido, porque todo lo ignoro, y no sabré jamás lo que haya sido. Ocultarlo todo. Deshacer cada seña en la memoria. Borrar trazo a trazo las miradas, los gestos, las canciones. Olvidar esta lengua con la que amo, con la que escupo, con la que palpo la carne. Olvidar esta marcha de signos, este largo carnaval de otredades, y olvidarme sobre todo de mí mismo, tan falso como ellas. No saber decir. No saber siquiera hacer una señal, y estar perdido al fondo del abismo. Estar ahí, como en cualquier parte, tan perdido como siempre.

*

¿POR QUÉ NO LEVANTAR UN MONUMENTO DE NADA? ¿Por qué no construir una gigantesca estatua de aire? ¿Por qué no juntar ceniza y arena y con ellas levantar castillos para que el viento los tumbe? ¿Por qué no asesinar la espera o la tardanza con un silbo de niebla que difumine el orbe? ¿Por qué no trazar líneas en lo oscuro para que nadie las vea ni nadie las reconozca? ¿Por qué no lanzar flores al mar? ¿Por qué no sentarse en una plaza y simular que alguien viene a buscarnos, y entonces sentir que nunca estamos solos, que alguien sin saberlo nos acecha? ¿Por qué no reír de tristeza, y pensar que todo es exactamente lo contrario, o lo otro, lo indefinido? ¿Por qué no fumar hasta morirnos y beber algunas botellas, pensando en las islas que quedaron atrás? ¿por qué no hacer una larga lista de “por qué no”, y entonces pensar que todo está previsto, y que nada de lo que podamos hacer sea una sorpresa? ¿Por qué no estar tan cómodos como en casa? ¿Por qué no sentirnos tan miserablemente bien que nada nos falte, para que todo esto sea absurdo y jamás tenga que volver a preguntarme por qué no? ¿Por qué no?

*

SALIMOS DE COPENHAGUE A ÁMSTERDAM a las diez de la noche y nos esperan doce horas de trayecto. Por suerte pudimos reservar a tiempo una cabina con cama, lo que nos permitirá dormir algo. Esta será una buena noche para escribir calmadamente, para ir redondeando, para arreglar cuentas con este diario polimorfo, que se resiste a ser él mismo. Yo me empeño en darle forma, en ir delimitando sus contornos, pero él se me escapa, se derrama, se resiste a ser reconocido, y se vuelve violento, rechazándolo todo, construyendo en cada página una ausencia.

*

CORRER Y CORRER A CUALQUIER LADO, ¿pero adónde? ¿Qué nos hacemos cuando regresamos sin quererlo y al mismo tiempo deseándolo con unas ganas tremendas? ¿Qué podríamos hacer si sentimos que el mar nos va llenando y en cada gota de agua cambia nuestro rostro? ¿Cómo poder vencer este miedo que nos rompe las manos? ¿De qué manera abolir este cansancio y esta soledad que nos golpea en la cara, en los ojos? Escapar, huir, ¿pero cómo dejar de sentir esta tristeza? ¿Cómo expulsarla? ¿Cómo ponerla de patitas en la calle? ¿Cómo colocarla en los rieles del tren que me transporta? Si nos dejamos llevar y nos dejamos caer, ¿cómo precisar este momento? ¿Cómo decirme a mí mismo que estoy aquí y ahora como en ningún lado?

*

ESTA NOCHE, MIENTRAS EL TREN AVANZA, quisiera escribir hasta morirme. ¿Cómo hacerlo en esta pequeña cabina de tren donde tres extraños me miran con ojos curiosos, como si escribir fuera cosa de locos? Uno de ellos acaba de preguntar: ¿llevas un diario? No, no llevo un diario: me desangro gota a gota entre sus páginas, y existo en la medida en que lo escribo. Pero lo escribo para no ser, para dejar de ser, para olvidarme. Las letras me viven, o yo me desvivo en ellas, y esta noche quisiera escribir hasta morirme, hasta quedar tendido, sin fuerzas, hasta no sentir mis manos, hasta no palpar la tinta regándose en las páginas, hasta no ver esta delgada mancha que a veces es negra o roja o azul. Qusiera caer rendido en la blancura del papel, o si no, quisiera devorar el papel lentamente, trazo a trazo, no dejar un solo palmo intacto. Que la tinta corra y las horas corran. Quisiera escribir hasta que las palabras fueran sólo un remolino, un difuso círculo de viento devorándose a sí mismo. Quisiera dejar marcas por todos lados, y que esta cabina limpia de este limpio tren que atraviesa Europa recibiera esas marcas en cada pared, en cada una de sus rústicas literas, en la alfombra del suelo, en el manchado cristal de su ventanilla. Lo haré hasta caer, hasta sentir que mi cuerpo se esfuma, hasta desvanecerme en esta noche fría. Voy sintiendo las manos prestas al desastre. Voy sintiendo cómo los dedos buscan la pluma, el lápiz, lo que encuentren. El cuerpo se va preparando y tensa músculos y tendones. Cada nervio lo quiere. Cada centímetro de la piel lo augura y lo desea. Uñas y pies y manos precisan la corteza de cada espacio plano o curvo. Y los ojos temen y la boca ríe. En lo oscuro se prepara el carnaval y la guerra, y millones de microbios tiemblan, y hasta los árboles que dieron la madera de esta pequeña cabina se estremece en el recuerdo. Voy a mancharlo todo. Voy a escribirlo todo. Nada olvidará mi lengua. Nada se le escapará a estos dedos sedientos.

*

POR DÓNDE COMENZAR SINO ES POR TI, que persistes en la fuga. Cómo no arrancar de ti, si en todos lados te figuro y entonces me marcho para volver a figurarte. No saber dónde estoy es ya tenerte. No saber dónde estoy ni por dónde anda el mundo, las multitudes de semen que forjan lo real. No saber dónde estoy. Para mí es un misterio, el mayor de los arcanos, cómo llegué aquí, a cualquier parte, y cómo pude dejarte en todas partes. Pero para sentirte, para llevarte por un momento tenue, tengo que escribirte y contarte desde los inicios, desde el magma inquieto del origen. Cómo no empezar por ti, si en tu lejanía te pierdo y te recobro y te vuelvo palabra. Qué decir, qué no decir, cómo decirlo y cómo no decirlo. Trazo una línea cualquiera. Trazo una delgada línea de norte a sur y de este a oeste. En la sobriedad de esa línea te vas apareciendo, como lo hacías en cada esquina de París, con flores y vino. En la aparente frialdad de la línea aparece tu sonrisa y tus labios van poblando cada plano que veo y que he perdido. En el centro del plano ese punto estalla y a lo largo y ancho del papel apareces, en la multiplicación de los puntos, en la profusa aceleración de las líneas que van forjando tu epidermis. Cada punto se funde con otro y te vuelves palpable, y en la sobria sencillez de la línea eres un trazo barroco, un bello enredo de detalles y formas. Así te desbordas: desde el súbito encuentro de las curvas. Cada parte de ese trazo es un convite, una cornucopia donde se sacian los ojos. Tu cuerpo nace como nace la voz, y de cada parte tuya manan los niños del deseo, esos duendes indomables que van de aquí para allá buscándote, oliéndote, rozándote la carne; esos seres diminutos que te recorren como hormigas, produciéndote cosquillas. Sus pequeñas patitas te recorren, y hacerlo te hacen sonreír, te vuelven un oscuro derroche de sonrisas en las que casi casi te deshaces. Pero no, no te dejas andar para romperte, sino que naces, vuelves a nacer y ya eres otra, tan barroca y hermosa como antes, pero distinta. Cómo no comenzar por ti si eres el mismísimo comienzo. No puedo evadirte. Cuando tomo la pluma y la apoyo en el papel, fijas el primer punto, y de ahí te desplazas y lo vas colmando todo.

*

LAS DOCE HORAS EN TREN DESDE ESTOCOLMO no estuvieron tan mal: escribí delirantemente, dormí algunas horas y llegamos a Ámsterdam a las 10:30 am. Nos instalamos en un hotelucho con vista a uno de los canales, frente a la Estación Central. El panorama es hermoso: gente caminando a todas partes, música, hermosas mujeres, putas, drogadictos, trenes, autobuses, bicicletas. En la tarde fuimos al Museo Van Gogh, pero el cansancio no me dejó disfrutarlo como se debe.