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El gesto de dignidad de Correa y Beltrán

En la cabeza y en el pecho de miles de puertorriqueños todavía se cobija la indignación que provocó la visita del presidente estadounidense Donald Trump algunas semanas después de que nos azotara el huracán María. Las humillaciones a que sometió a representantes del Gobierno, y al púbico que movilizaron para hacerle coro al visitante, se percibieron como ofensas dirigidas a todo el pueblo. De los políticos se burló en público y a la población le lanzó rollos de papel como quien tira piltrafa en el zoológico.

Pero lo que más indignó a los puertorriqueños fue la reacción supina del liderato colonial boricua. Ninguno fue capaz de presentar un asomo de decencia indignada frente a las humillaciones de que era objeto. La comisionada residente Jennifer González apenas sonrió cuando el energúmeno le dijo con voz socarrona que le repitiera ante el público las alabanzas que le profirió en el avión cuando venían hacia acá. El caso del gobernador Ricardo Rosselló fue un poco más indignante porque, además de aguantar las humillaciones, existe para la historia una foto sacándose un “selfie” con quien lo humillaba.

De aquella experiencia sólo ha trascurrido medio año y cada una de las escenas que se sucedieron en el área metropolitana de San Juan están grabadas en el sentimiento de los puertorriqueños donde permanecerán para siempre. Allí también se guardan las expresiones ofensivas que desde distintos lugares de Estados Unidos ha lanzado contra nosotros el mismo Trump. Nada se olvida.

A diferencia de sus gobernantes, los hijos humildes del pueblo puertorriqueño irán poco a poco contestando la desvergüenza. La pasada semana vimos dos ejemplos que nos reconfortan cuando dos peloteros boricuas echaron por delante sus principios frente a las humillaciones de Trump. Son dos jóvenes que han brillado tanto por su talento deportivo como por la humanidad que proyectan, que crecieron aquí y llevan muy adentro la valentía que les falta a los políticos.

Según una tradición muy establecida en Estados Unidos, los campeones de alguna disciplina deportiva importante son agasajados por el presidente de turno quien los invita a una ceremonia en la Casa Blanca. La ocasión se considera importante y año tras año los equipos campeones posan en los jardines de la mansión ejecutiva con el morador de ocasión. La foto de los atletas sonrientes al lado del Presidente se reproduce en los principales diarios de ese país.

Hace unos días le tocó el turno al equipo de los Astros de Houston, campeón del béisbol estadounidense en 2017. En la ruta que llevó a esa novena hasta el campeonato se destacaron dos puertorriqueños, Carlos Beltrán y Carlos Correa. Uno, Beltrán, está ya al final de su brillante carrera y, para los que se jubilan, de ordinario este tipo de ceremonia en la Casa Blanca sirve como fiesta de despedida. El otro, Correa, es una estrella en ascenso y, con los éxitos ya cosechados, también se beneficiaría con la proyección mediática del agasajo presidencial.

Ambos optaron por no aceptar la invitación de Trump rechazando retratarse a su lado. En el caso de Beltrán, un hijo del municipio de Manatí que siempre ha echado por delante el orgullo que siente por su puertorriqueñidad, había dejado muy claro desde mucho antes que no acudiría a saludar a Trump. La razón para esa negativa también estuvo siempre muy clara: el rechazo a la forma en que Puerto Rico ha sido tratado por el gobierno estadounidense luego del huracán María.

Correa, natural de Santa Isabel, no había hecho expresiones públicas y se esperaba que el muchacho de 23 años viajara hasta a Washington en la comitiva preparada por el equipo de Houston, pero tampoco fue. La oficina de relaciones públicas, desde Texas, se apresuró a anunciar que la ausencia se debía a un “compromiso familiar”, pero luego el mismo Correa se encargó de dejar muy clara la razón cuando afirmó que, en lugar de viajar desde Florida (donde entrena para la venidera temporada) hasta Washington prefería dedicar el día a ayudar a su país. El mensaje entre lo que él hace y lo que no hizo Trump quedó muy claro.

Ambos peloteros pusieron sus principios por delante. Ninguno es ducho en la política y tan sólo se concentran en ser buenos atletas y buenas personas, pero sienten con intensidad su identidad nacional y no pierden ocasión para expresar el respeto por su gente. Por eso actuaron como ningún funcionario público puertorriqueño se atrevió a actuar y expresaron de forma patente el rechazo a Trump dejándolo plantado en la Casa Blanca. Nada había que agradecerle al energúmeno y aunque se trataba de una simple reconocimiento tras un evento deportivo, aprovecharon la ocasión para expresar sus sentimientos.

Protesta en la Sinfónica

Previo al concierto del sábado 17 de marzo, que cerraba la última edición del Festival Casals, los integrantes de nuestra Orquesta Sinfónica hicieron expresiones públicas denunciando su situación laboral. Salarios estancados, difíciles condiciones de trabajo, junto a la indiferencia por parte de los directivos de la entidad gubernamental donde se ubica la orquesta, fueron algunos de los problemas denunciados. Ante esta situación habían considerado efectuar un paro en la última noche del Festival, pero por respeto al público optaron por participar.

No obstante, antes de comenzar el concierto todos los integrantes de la orquesta efectuaron una protesta que, aunque simbólica, fue muy llamativa. En lugar de ir acomodándose poco a poco en sus asientos como es la costumbre, entraron todos de una vez luciendo un llamativo lazo amarillo y se pararon en fila en un gesto silencioso de protesta. El público presente se sorprendió con la entrada, pero muy pronto comprendió lo que sucedía y respondió con un cerrado aplauso.

Cuesta trabajo saber que un país que desperdicia sumas millonarias pagándole salarios astronómicos a funcionarios incompetentes – Natalie Jaresko, Julia Keleher y Carlos Pesquera, para mencionar sólo tres – no compense de forma adecuada a quienes de verdad trabajan para hacer avanzar nuestra cultura. Eso fue lo que sintió el público presente en la sala de festivales del Centro de Bellas Artes cuando respondió a la silenciosa protesta con un sonoro aplauso.

Luego disfrutamos del concierto y de la maravilla de contar con una orquesta como la Sinfónica, que nos llena de orgullo.

La Alianza Cooperativa Internacional

Con casi 1.2 billones de personas, lo que es uno de cada seis habitantes del planeta, para el presidente de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), el doctor Ariel Guarco, refleja que el movimiento cooperativo “estamos mucho mejor de lo que la sociedad en general cree”. A eso se suma el cálculo de que el capital de las 300 empresas cooperativas más grandes del mundo suma $2,2 trillones de dólares, lo que equivale a la sexta economía del mundo.

“Lo que quiere decir que estamos en condiciones de dar esa batalla de imponer un modelo no desde la fuerza sino del conocimiento de un modelo que es diferente, un modelo que es eficiente y es un modelo que piensa en la gente y en su desarrollo”, reclamó el Presidente de la ACI, a pregunta de CLARIDAD.

LA ACI es una organización no gubernamental integrada por unas 303 organismos cooperativos de 105 países lo que representa a 1.2 billones de personas. En Puerto Rico están afiliadas a la ACI, la Liga de Cooperativas, las cooperativas Coopaca, Manuel Zeno Gandía, VegaCoop, Bancoop y grupo Cooperativo de Seguros Múltiples. De visita en Puerto Rico, Guarco, quien fue elegido de manera unánime a la presidencia de la ACI reconoció que los retos que está enfrentando el organismo son los mismos que está enfrentando el mundo, “un mundo cada vez más convulsionado, un mundo que cada vez cambia más rápidamente y un mundo que se enfrenta a los efectos colaterales de modelos económicos altamente concentradores de la riqueza que deja a la mayoría de la población fuera de las posibilidades de tomar posiciones de vida libre y democráticamente”.

El cooperativista, quien preside en su país la Federación de Cooperativas de Electricidad y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires (FEDECOBA), narró sobre su experiencia de conversaciones con el economista Josef Stigliz, sus visitas a centros de refugiados en Europa, conversaciones con líderes de la reconstrucción en Colombia y en otras diversas instituciones, dijo que en todas se percibe lo mismo, “una falta de equidad, una falta de poner en prioridad al ser humano en el centro de todas las preocupaciones y es la inequidad lo que hace que el mundo no pueda ser pacifico”.

A preguntas de CLARIDAD sobre la relación del movimiento cooperativo con el actual gobierno de derecha, en su país expresó que al menos podían decir que es un gobierno que seguramente en su filosofía doctrinaria no tiene al cooperativismo como la solución a los problemas “pero al menos no nos está haciendo la vida difícil”. El doctor Guarco comentó la necesidad de tratar de poner la atención y ver cómo el cooperativismo puede de manera estratégica trabajar con el estado por lo que es una obligación permanente de parte del cooperativismo “ no importa cuántas veces tengamos que explicar qué somos y cuáles son nuestros desafíos, tenemos que lograr que el estado finalmente nos entienda y nos acompañe”.

El desarrollo del modelo cooperativo en Argentina está ligado a la experiencia de la deuda y los niveles de pobreza. Narró que con la deuda el país se devastó y la mitad de la población se encontró en la línea de la pobreza. El cooperativismo entonces se hizo cargo de las empresas que fueron abandonadas por sus dueños. El doctor Guarco afirmó que hoy el modelo de esas empresas recuperadas está siendo copiado por muchísimos otras cooperativas en otros lados del mundo, el modelo dio solución a casi 500 mil personas que se encontraron sin trabajo, además en la actualidad muchas de esas cooperativas se dedican a abastecer a empresas privadas.

Más adelante comentó sobre la presencia del cooperativismo en casi todas la actividad económica en Argentina que en un principio se sentían orgullosos de ello, pero rápido se dieron cuenta de que lo que tenían eran “necesidades en todas las áreas de nuestro país con sus recurrentes crisis ha dejado a la población a la merced de darse soluciones a sus propios problemas en forma auto gestionaria”.

El Presidente de ACI describió sobre el desarrollo del cooperativismo en otros lugares el que éste depende de cuánta desigualdad e inequidad exista. A más inequidad y desigualdad mayor la dificultad, pese a más necesidad, en aquellos países donde se utiliza al cooperativismo como una especie de ambulancia que va recogiendo lo heridos que dejan otros modelos económicos, allí la cosa está mas difícil para el cooperativismo.

Mientras el foco de discusión parece centrarse en las posibilidades y la presencia del modelo cooperativo en la generación de energía, el doctor Guarco a preguntas de CLARIDAD dijo que la producción de agua potable es tanto o más importante que la misma energía.

“Representa quizás un problema mayor porque el agua sí que va a ser un problema en el futuro”. Guarco, cuya federación de cooperativas también sirve agua dijo que el asunto del agua va a ser un tema muy difícil de darle solución sobre todo por el lobby que hacen las empresas embotelladoras. Como proveedores de agua de red -la federación que p[reside- denunció que están enfrentando campañas en contra acerca de la calidad del agua que entregan “porque pareciera que la calidad hoy va asociada a un envase, a una marca y no a la reales necesidades de una población que necesita agua de buena calidad y cantidad suficiente”. Reiteró que tanto la producción de energía y agua por su necesidad inevitable serán centro de debate en la agenda de la CIA.

Aun frente a estos retos el presidente del cooperativismo a nivel internacional expresó que en la carrera entre el neoliberalismo y el cooperativismo, “el cooperativismo no va perdiendo el mundo inevitablemente si quiere seguir existiendo va a tener que comprender que hay una forma más humana de construir economía, que esa economía tiene que tener raíces en el territorio, tiene que tener especial cuidado por la gente, por el contexto en que esa persona se desarrolla, porque sino el mundo será uno sin salida, tenemos una gran oportunidad con un modelo como éste y otros similares que entiende que la cosa va por otro lado”.

Mas información en la página 30.

“Sacrificios extremos” en Comerío a medio año de María

Através de la larga carretera que conduce al centro del pueblo de Comerío compite el ruido de las plantas eléctricas que, para la gran mayoría de los(as) comerieños(as) y alcanzados los seis meses del paso del huracán María por la Isla, continúan siendo los generadores diarios de ese servicio esencial.

Y es que al día de hoy, sólo están parcialmente energizados Piñas, Vega Redonda y Doña Elena, tres barrios de los nueve que componen ese municipio montañoso. Conmueve a quien visita el municipio una carta escrita sobre una cartulina y pegada en la pared de una de las casas que da la bienvenida a la comunidad Vuelta del dos, a la entrada del casco del pueblo. “A Energía Eléctrica: Por favor, ayúdennos con esta falta. Vuelta del dos adentro y Palomas abajo no tienen luz hace seis meses. Tenemos personas encamadas y persona impedidas. Por favor, no más martirio”, reza la carta.

El problema se acrecienta porque la mayoría de esos sectores sin energizar tampoco cuentan con el servicio continuo de agua potable porque las bombas que impulsan el líquido hasta las casas dependen de la energía eléctrica, además de que han carecido de mantenimiento y están sobrecargadas, como también ocurre en otros municipios de este país, que más que con una política de prevención funciona con una remediadora.

CLARIDAD llegó hasta Comerío para conversar con tres líderes comunitarios de ese pueblo –Ada y Elba Alicea Ortiz, y Antonio Fernández López– además con padre Pedro Ortiz y padre David Díaz, ambos de la Parroquia Santo Cristo de la Salud. Hablaríamos sobre la situación en este municipio, que se perfila entre los cinco pueblos más pobres de la isla y con mayor tasa de desempleo desde antes del paso del huracán.

“Aquí, los barrios son periferia, pero además tienen sus propios bolsillos de pobreza que no poseen transporte público y mucha de la gente no tiene transporte privado. Con las visitas que hemos estado haciendo, nos damos cuenta de que las personas tienen que caminar a la avenida principal para esperar el pon de alguien e ir a comprar hielo”, comentó padre Pedro antes de describir el día a día de los comerieños tras María como uno de “sacrificios extremos”.

La situación particular de pobreza que vive Comerío se debe en parte a que los terrenos son muy accidentados, por lo que casi se imposibilitan los accesos al municipio –ya sea por Bayamón, Cidra, Aguas Buenas o Barranquitas– y la movilidad del casco del pueblo a los nueve barrios: Piñas, Río Hondo 1, La Juncia, Sabana, Vega Redonda, El Naranjo, Doña Elena, Cedrito y Palomas.

A pesar de esa limitación, según padre Pedro, lo valioso es que cada institución ha asumido la parte que le corresponde. “El municipio ha asumido su tarea con honradez, mucha verticalidad y seriedad independientemente de la cuestión político partidista. La Iglesia Católica ha hecho lo propio dando apoyo a la gente desde el primer día y organizando un trabajo interinstitucional, al cual iglesias de varias denominaciones y distintas organizaciones de la sociedad civil se han sumado”.

Sin embargo, para la líder Elba Alicea, la iglesia está haciendo más trabajo que el Municipio, que sigue dándole suministros a los mismos sectores y no se mueve directamente a las casas de las personas más necesitadas. Padre Pedro, no obstante, dirigió su crítica a la gobernanza estatal. “No pedimos que nos haga el trabajo, pero sí que se nos apoye económicamente y con materiales para que podamos adelantar”, dijo.

“El Gobierno, desde el primer momento, ha estado desfasado de las comunidades. Cuando ocurrió el temporal, éste comenzó a funcionar desde un palacio a todo lujo en el Centro de Convenciones y eran los alcaldes quienes tenían que llegar hasta allá”, continuó el sacerdote.

Para él, ese abismo entre el sistema de servicios del Gobierno y las comunidades ha “atropellado y arrinconado cada vez más a los empobrecidos”, fatal situación para el crecimiento y la sobrevivencia de Puerto Rico. “El gobierno central tiene una responsabilidad social comunitaria que no está poniendo en función; tiene suficientes recursos materiales, y si no los tiene, que los compre con el dinero que se están robando muchos políticos”, denunció quien ha dedicado décadas al servicio comunitario y religioso.

La líder comunitaria y maestra retirada del Departamento de Educación, Ada Alicea Ortiz, comentó que “cuando se privaticen los servicios, será peor porque qué agencia privada va ir a resolver a los lugares más alejados del país. Con la privatización la gente se va a empobrecer más”.

Acto seguido Alicea Ortiz indicó que la gestión de ir educando y concientizando al pueblo de Comerío a través de foros y conversatorios auspiciados por el junte interinstitucional que comentó padre Pedro irá erradicando lo que ha notado en el transporte colectivo: que las personas abogan a favor de la privatización porque “ese chorro de vagos no hace nada”, refiriéndose a los empleados públicos.

El aspecto positivo de que al día de hoy el Gobierno no haya llegado a los lugares más recónditos de este país es que las comunidades “han asumido aspectos de solidaridad con lo poco que tienen”, expresaron.

“Esta situación alarmante de pobreza lo que ha generado es una solidaridad maravillosa que emana de la misma gente. La solidaridad no viene del Gobierno porque ésa está comprada con dinero. Si el Gobierno quiere solidarizarse dando valores en Puerto Rico, pues le paga a una agencia para que le enseñen honradez a los puertorriqueños. Sin embargo, la solidaridad que está resurgiendo en nuestro pueblo es gratuita, es una donación de vida…Nuestros barrios subsisten, aun en los peores casos de empobrecimiento, gracias a que los pobres comparten lo poco que tienen”, finalizó padre Pedro.

Todos los entrevistados coincidieron en que esa solidaridad, que vale más porque es puro sacrificio, responde a un valor que es inherente a los puertorriqueños y puertorriqueñas, pero es más evidente en los pueblos de la montaña, como lo es Comerío.

Sobreviviendo a los Weinsteins

Soy fanática del cine, de ese mundo increíble del que se aprende, se sufre y se goza. Y me viene en la sangre; por mis abuelitos, mi madre y mis tías, quienes también son cinéfilas.

No obstante, todo ha cambiado desde que el pasado octubre comenzó el feroz destape de productores, directores, actores y demás hombres de la industria involucrados en escándalos de abusos sexuales. Sabemos que los abusos sexuales, violaciones, comportamientos inapropiados y hostigamiento es cosa de todos los días y en todas las profesiones. Sin embargo, no es lo mismo saber que hay sexismo que escuchar los detallados testimonios de las mujeres (y algunos varones) que han sido vejadas y maltratadas por hombres poderosos.

Cuando en la década de los 90 se dio a conocer que el famoso director Woody Allen se divorciaría de su musa, la actriz Mia Farrow, porque clamaba estar enamorado de su hijastra Soon-Yi, le pregunté a mi mamá cómo y por qué había tanta gente que seguía apoyando a este señor que, a mis ojos, era obviamente un pederasta. Conversamos largo y tendido sobre la situación. En ese momento no conocía la maestría y las grandes obras de Allen y aunque luego vi algunas, nunca me ha caído bien. De hecho, no sé si es casualidad pero las películas que me gustan de este señor son protagonizadas por otras personas y no por él, como es su costumbre. Tal vez desarrollé una aversión a su rostro o a que interprete al tonto cómico que enamora a la hermosa protagonista con sus ocurrencias.

Pero el caso de Allen es diferente a lo de ahora. Sí, el tipo es un misógino, prepotente y arrogante, pero la realidad es que lleva más de 20 años casado con Sun Yi, y hasta el momento no se ha divulgado ninguna alegación de conducta inapropiada o de abusos de su parte hacia sus colegas.

No es lo mismo escuchar a queridas y excelentes actrices como Salma Hayek, Ashley Judd, Mira Sorvino, Uma Thurman, Lupita Nyong’o, Rose McGowan, entre muchas otras, relatar sus experiencias de horror, de violaciones, masajes inapropiados, amenazas, y mucho más, con el renombrado productor Harvey Weinstein.

Desde ese momento, impulsado por un movimiento de mujeres organizado, activo y combativo, nos hemos ido enterando de más abusadores, tanto en Hollywood como en otras industrias. La lista de todos estos ídolos y estrellas que han caído de su pedestal crece casi a diario y la prensa ya cuenta a más de 100 hombres –casi todos blancos– que desde posiciones de poder han realizado algún tipo de conducta sexual inapropiada. Desde Kevin Spacey (actor), James Franco (actor), Paul Haggis (director), Louis C.K. (comediante), Jeffrey Tambor (actor), Casey Affleck (actor), hasta Matt Lauer (periodista), Charlie Rose (periodista), Mario Batali (chef), Mario Testino (fotógrafo), y sin olvidarnos jamás de Bill Cosby (comediante), para mencionar algunos.

Después de la acusación, apoyamos a las sobrevivientes del abuso, denunciamos el sexismo rampante, conversamos en el hogar y en el trabajo sobre el consentimiento, y seguimos en alerta.

Además, indiscutiblemente retiramos el apoyo a los abusadores. Pero ¿cómo hacemos esto? Lo más obvio es dejar de consumir sus productos. Entonces, ¿lo hacemos eternamente o por un tiempo indefinido? Y de ser la segunda, ¿cuánto tiempo es suficiente?

Cuando en 1996 vi con mi familia Surviving Picasso, una película que pinta a un Pablo Picasso bastante sexista y maltratante hubo una discusión familiar sobre si se puede separar al genio del ser humano, si se puede apreciar lo asombroso de la obra de este artista a sabiendas de que no necesariamente fue una buena persona. ¿Cómo leer a Pablo Neruda después de conocer de su propia pluma, en Confieso que he vivido, que fue un infiel empedernido, que hizo sufrir a todas sus parejas?

¿Cómo ver a mi director favorito Quentin Tarantino después de que admitió que sabía que Weinstein era un abusador y aun así no lo denunció y permitió que financiara y produjera todas sus extraordinarias películas? ¿Tendré que quitar mi póster de ‘Vincent’ y ‘Jules’ (Pulp Fiction, 1994) para siempre?

Cuando leí Cien Años de Soledad por primera vez me pareció tan y tan machista. Se lo comenté a mi madre y me dijo que la había leído tres veces; que la primera vez fue maravillosa, que la segunda le pareció horriblemente sexista y que la tercera pudo congraciarse con “Gabo” y apreciar su genialidad. A mí se me hizo difícil. Cuando la leí ya tenía mi consciencia feminista muy definida.

Y podemos comprender que algunos de estos hombres son producto de su época, de un machismo y paternalismo internalizado socialmente en el cual era normal y casi esperado ser sexista, echar piropos aunque no fueran bien recibidos, hacer chistes ‘coloraos’ y de mal gusto y agarrar nalgas a lo loco, para mencionar algunos comportamientos. Igual que cuando se discute si se deben eliminar todas las estatuas de los considerados ‘héroes de la patria’ porque eran dueños de esclavos, como era la usanza de la época, ahora estamos ante la disyuntiva de qué hacer con las obras de estos seres.

Parafraseando al mismo Gabriel García Márquez “cuando era feliz e indocumentada” una podía ver estas películas o fotografías o leer estas novelas y disfrutarlas desde la ignorancia. ¿Y ahora se puede hacer esto? ¿Cómo ver Manchester by the Sea y apreciar la actuación de Casey Affleck, por la cual ganó un premio Oscar, de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas? O, ¿cómo olvidar la emoción sentida cuando conocí a Kevin Spacey en aquel conversatorio cuando era estudiante universitaria?

No tengo las respuestas en estos momentos, ni siquiera pretendo tenerlas a largo plazo. Es algo que tenemos que decidir sobre la marcha, ¿condenarlo o salvar su obra?

Por ahora, dejaré a Vincent y a Jules tranquilos y no veré ‘The Cosby Show’ nunca más.

El zarpazo más reciente del neoliberalismo

No es raro oír en la calle comentarios sobre la incompetencia o incapacidad del gobierno de Ricardo Rosselló. Los dos huracanes, Irma y María, al principio ayudaron a disfrazar un poco lo que muchos han considerado la inexperiencia del joven gobernador. Al fin y al cabo, dicen, es su primer trabajo. Basta recordar que lo mismo se decía del gobierno de Alejandro García Padilla. La realidad es otra: llevamos treinta años de política neoliberal, expresión de un fundamentalismo de mercado más o menos agresivo. El gobierno actual, como todos los anteriores, desde 1989, actúa con una estrategia muy clara y eficaz. El objetivo de dicha estrategia es enriquecer a una claque pequeña de empresarios estrechamente vinculados con la política, mientras grandes sectores del pueblo se empobrecen.

Dicho de otra forma, el ascenso económico de una minoría va acompañado del descenso de la mayoría. La política neoliberal ha utilizado armas muy concretas para avanzar: diferentes formas de privatización, la eliminación o el cambio de las leyes que salvaguardan conquistas históricas de los trabajadores y la desreglamentación o eliminación de medidas que limitan las transacciones mercantiles. El resultado más dramático de esta política estratégicamente elaborada ha sido una polarización de la riqueza. Cada vez en menos bolsillos se concentra más riqueza social y más bolsillos quedan vacíos o en estado de acentuada precariedad. La economía política que responde a esta estrategia ha sido muy bien pensada y articulada. Lleva tres décadas de funcionamiento, con evidentes contradicciones internas, por vía de dos partidos que cada día se asemejan más.

¿Por qué, entonces, los dos partidos parecen cada día más incompetentes? La razón principal podría resumirse así: porque con esta estrategia política al servicio de una ínfima minoría, el gobierno inevitablemente agrede y se separa de la mayoría de la población. Peor aún, actúa sin sensibilidad alguna ante el dolor del pueblo. Cualquiera, con un poco de razonabilidad, puede argumentar que después de treinta años con esta política neoliberal, nuestra sociedad camina por una crisis que se acentúa con los años. ¿Por qué insistir en una política fracasada? Porque el fracaso es colectivo, mientras el éxito es individual, como atributo de una minoría. En la época de oro del Estado Libre Asociado, Luis Muñoz Marín decía que la economía tenía la función de crear empleos para la población trabajadora. Esta forma de reducir la complejidad de lo económico tenía la virtud de vincular el proceso de creación de la riqueza con los asalariados. Dicha concepción, limitada como era, desapareció al cobrar forma la estrategia económica neoliberal. Una vez se puso en marcha la ideología sobre el gigantismo gubernamental, la forma del enriquecimiento fácil por medio de privatizaciones y de contratos, consistió en eliminar puestos de trabajo, sacar el dinero de los bolsillos de trabajadoras y trabajadores y desplazarlos a los bolsillos empresariales.

La estrategia neoliberal, por consiguiente, ha creado un vínculo perverso entre unos empresario rapaces y el Estado. Han surgido así agentes económico-políticos cada día mejor delineados: el empresario-político y el político empresario. No se trata de un personaje con dos caras, sino de dos personajes cada día más descarados y semejantes, el empresario y el político, en novedoso maridaje. Incluso la tragedia, como el reciente huracán que destrozó una sociedad ya precarizada, se convirtió en un escenario de inversión. Impulsado por los fondos federales y del gobierno local, produjo el espejismo de la industrialización de la miseria. No es exagerado definir esta política como un asalto permanente a los fondos públicos, un asedio implacable a todas las agencias y corporaciones que componen la riqueza pública. Los capítulos se repiten: la Telefónica, las autopistas, los hospitales, el Aeropuerto Luis Muñoz Marín, etc. Son las grandes piezas de la política de entrega. Pero el festival continúa y en la actualidad el objetivo tiene tres nuevas víctimas: la escuela pública, la universidad pública, y la energía eléctrica.

Desmembrar el sistema público de educación con la llamada reforma y la modalidad de la escuela charter, no va a crear un mejor sistema educativo al alcance de toda la población. La polarización de la riqueza que ya hemos señalado, como resultado de la acción del mercado, se manifestará con igual fuerza en la educación. Lo mismo sucederá con la privatización de la producción de energía eléctrica. Se pretende lanzar a la determinación del mercado dos servicios imprescindibles para la vida social: luz y educación. Si la burocracia bipartidista y la corrupción descontrolada que existe en Puerto Rico han desvirtuado estos dos servicios, al privatizarlos se pierde la oportunidad de transformarlos y proveerles un contenido democrático efectivo. Lejos de resolver los problemas, se empeoran, desde el punto de vista de los intereses de la población.

Con respecto a la Universidad de Puerto Rico, el problema adquiere otras vertientes. El gobierno, así como la Junta de Control Fiscal (JCF), tienen un interés especial en domesticar la institución. Sobre todo la fuerza que ha sacudido con mayor vigor la política neoliberal desde 2010: los estudiantes. La universidad pública ha adquirido una dimensión nacional muy poderosa a través de su historia y el partido retóricamente anexionista que ocupa el gobierno se ha propuesto reducirla. El objetivo es liquidar el más complejo espacio de pensamiento crítico en nuestra sociedad. José Martí decía que la sociedad debe ejercer la crítica continuamente porque con la crítica se fortalece y se enriquece. Pues el gobierno actual pretende acallar la crítica, debilitar el tejido de lo social, porque entorpece la estrategia política en función del enriquecimiento rápido de una minoría carente de un amplio proyecto social para el país.

En resumidas cuentas, la batalla unitaria que exige la defensa de la educación pública, en todos sus niveles, y la defensa por mantener la producción de energía eléctrica en su forma de corporación pública, sujeta a la mejoras que necesita, será la manifestación más viva de nuestra agonizante democracia. Sin democracia, sin la articulación efectiva del debate público y la participación de la población en sus diferentes lugares de vida y trabajo, nuestra vida social se seguirá empobreciendo.

La JCF no necesita la democracia. Su misma función es antidemocrática, dictatorial y una fea manifestación colonial. El gobierno tampoco necesita la democracia. Habla todo el tiempo de ser transparente porque sabe que no lo es: su vida interna se organiza a través de la trampa y la corrupción. Sin embargo, la democracia es, hoy más que nunca, una necesidad para todos los sectores asalariados, para la pequeña producción y los pequeños comerciantes, para amplios sectores profesionales y para las comunidades. Cuando hoy una maestra lucha, encarna todo un pueblo, cuando un estudiante se moviliza, en el respira la democracia, cuando una profesora defiende la universidad, fortalece el derecho a disentir, y cuando un celador sube a un poste en la montaña, sabe que la luz que llegó a todos los rincones del país, lo hizo motivado por el servicio y no por la ganancia. Fortalecer una lucha de amplia convergencia es mantener vivo un sentido colectivo de pueblo. Además, se ve claro que el gobierno no representa al pueblo y el pueblo puede y tiene que derrotarlo.