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Festival de Cine Europeo: Un éxito a pesar de los apagones

El éxito de este 9no Festival, organizado por la Alianza Francesa y que cuenta con una amplia selección de los mejores filmes producidos o co-producidos por países europeos en 2017, se mide por la diversidad y calidad de sus filmes. Pero además, como en años anteriores, su atención a las producciones fílmicas puertorriqueñas, lo convierten en una oportunidad única para el desarrollo de nuestro cine. Esta vez la competencia de cortometrajes se enfocó en documentales con tres finalistas: Oswaldo Colón, Llaima Sanfiorenzo y Gisela Rosario. El Festival además auspició la premiere en Puerto Rico del primer largometraje de Alvaro Aponte Centeno, El silencio del viento, con una función el sábado 14 en dos salas repletas seguidas por un intercambio con el director, productora, protagonista (Israel Lugo) y otros actores. En el mes de mayo comenzará su exhibición en las salas de cine de Puerto Rico y comentaré este logro del director del también premiado cortometraje, “Mi santa mirada”.

Este año el Festival le rinde homenaje a Jeanne Moreau, protagonista de Jules et Jim (1962) y de tantos otros filmes de François Truffaut, figura clave del movimiento Nouvelle Vague. Jules et Jim fue presentado en su versión restaurada y lo que sorprende es su tono experimental al dejar a un lado la narrativa y fotografía tradicional para contar una historia de un menage-a-trois de dos hombres y una mujer que buscan la felicidad con otros y con ellos mismos. Moreau muere en julio 2017 después de una extensa vida en el cine. Anteriormente el Festival había presentado Une Estonienne à Paris de 2012 con una hermosa Moreau a los 84 años. Sus dos parejas en Jules et Jim lo fueron el austriaco Oskar Werner destacado en la década de 1960 en Ship of Fools y Fahrenheit 451 y quien muere en 1984 y Henri Serre, muy destacado en cine y series para la TV francesa.

Destaco los filmes que pude ver porque todos sirvieron como ventanas a mundos poco conocidos o extraños por la distancia y el poco contacto que tenemos con sus culturas.

The Other Side of Hope del veterano director y escritor finlandés, Aki Kaurismäki (The Match Factory Girl 1990, The Man Without a Past 2002, Le Havre 2011) presenta el gran problema europeo (no de Estados Unidos porque sencillamente le cierra su entrada y punto): la movilización de miles de hombres, mujeres y niños de países en guerra que buscan asilo humanitario. Dentro de la aparente frialdad (no de clima naturalmente) de las culturas nórdicas se dan enlaces y relaciones casi por accidente. En este caso, un joven sirio pide asilo legalmente, es denegado y entonces se convierte en alguien sin nombre ni vivienda huyendo de los representantes de la legalidad. Pero cada persona tiene un lado benévolo aunque todavía no lo haya descubierto y por eso surgen nuevas oportunidades. La poesía visual de Kaurismäki es excepcional.

El cortometraje de ficción Les Misèrables de Ladj Ly desarrolla su historia al estilo de Training Day (Antoine Fuqua 2001): un día de patrullaje policíaco en Seine-Saint-Denis donde la gran mayoría de sus habitantes provienen de países de Africa y Medio Oriente. Lo que atestiguamos es cómo estos jóvenes policías intimidan a los que se supone que están protegiendo y creen que esa es la forma de conseguir que los adolescentes y niños los respeten. Crean sus propias leyes en la calle y luego pretenden representar la ley y el orden.

En el mismo programa se presentó Speak Up/A voix haute: La force de la parole de Stephane de Freitas y co-dirigido por Ladj Ly. La localización en este caso del documental es la misma pero esta vez los jóvenes logran apartarse de la cultura de la violencia y encaminarse hacia una carrera universitaria. 93 estudiantes, en su gran mayoría ellos y sus padres provenientes de Africa y Medio Oriente deciden participar del concurso de Eloquentia de L’Université de Saint-Denis. Allí pasarán por un entrenamiento muy riguroso para apoderarse de la palabra como un instrumento de comunicación directa, de explicación de ideas y de la elocuencia de su manejo. Serán apadrinados (sin paños tibios) por Bertrand Perier, abogado y el increíble poeta Loubaki Loussalat,. Al final quedarán cuatro finalistas: Eddy, Souleila, Leila, Elhadj a quien tendremos el placer de escuchar y ver para convencer al jurado de su “elocuencia”.

Razzia (redada/ataque en árabe), co-producción de Marruecos, Francia y Bélgica, dirigida por Nabil Ayouch, comienza en 1982 en las montañas para trasladarse 33 años después a la ciudad de Casablanca. Son cinco historias que apenas se tocan pero que se enlazan en las aspiraciones de cada uno de no conformarse con la vida que la sociedad y religión pretenden imponer. Su rebelión los hará marginados aunque parezca que siguen las normas pero poco a poco encontrarán la manera de reconocerse y ser ellxs: Yto expresará su amor por el maestro rural e irá en su búsqueda no importa el tiempo que le tome encontrarlo; Salima más y más dejará atrás el papel de mujer complaciente dentro de la no-religiosidad de la clase privilegiada y urbana; Josef debatirá sus emociones entre lo tradicional y sus deseos de liberarse de esas ataduras; Ines querrá crecer apresuradamente para encontrar su propio espacio; Hakim expresará su rebelión a través de la música occidental que escoge imitar y la búsqueda de su sexualidad.

Men Don’t Cry de Alen Drijevic revive las guerras yugoslavas entre serbios, croatas y bosnios de 1991 a 2001. Como un estudio psicológico con el propósito de sanar heridas, Ivan convoca y persuade  (compensación monetaria) a varios ex combatientes de estas guerras a pasar unos días hablando y compartiendo en un hotel vacío en las montañas. De inmediato crean un ambiente hostil hacia cada uno de ellos aunque sean de la misma religión. Además, despliegan toda su violencia verbal y depreciación hacia la mujer, ya que parece ser que la guerra no ha terminado y siguen en el campo de batalla y en los pueblos y ciudades saqueadas asesinando y violando a “las enemigas”. Poco a poco enfocarán en un solo incidente para recordar los detalles y, como les dice Iván, admitir que todos cometieron barbaridades.

Los apagones del jueves 12 y el miércoles 18 de abril sirvieron de marco del Festival de Cine Europeo y lograron seguir su programación transfiriendo las películas al Fine Arts de Hato Rey que gracias a su mega planta se convierte en un oásis cuando todas las luces se apagan.

Crucigrama: Sotero Figueroa Hernández

Horizontales

1. Farola.

3. Primera mujer.

6. _____; ciudad natal de Sotero Figueroa. Algunas fuentes opinan que nació en San Juan.

8. _____ María de Hostos; ensayo de Figueroa.

9. Reza.

11. Antes de Cristo.

13. Decimoséptima letra del alfabeto griego.

14. _____ literarios; colección de cartas sobre literatura de Hispanoamérica de Figueroa.

15. Composición en verso, del género lírico.

19. En Chile, persona de talento, instruida, diestra.

22. Respuesta que una deidad daba a una consulta, a través de un intermediario y en un lugar sagrado.

24. Don _____; zarzuela de Figueroa con música de Morel Campos. Esta obra fue una sátira mordaz de aquellos que traicionan sus ideales a causa del oportunismo político.

25. Apócope de mamá.

26. 22 de _____ de 1851; nacimiento de Figueroa.

27. Sexta nota musical.

28. Partido Revolucionario _____; en Nueva York, Figueroa fue secretario de la Junta Ejecutiva del partido fundado por Martí.

29. _____ Figueroa Hernández; periodista, dramaturgo, orador y autor de ensayos biográficos. También fue impresor de libros y periódicos. En su imprenta se editaba todo tipo de publicación de contenido patriótico.

31. Tercer hijo de Adán y Eva.

33. De esta manera.

34. Sotero Figueroa _____; en Nueva York, su espíritu de solidaridad y devoción a la unidad del separatismo antillano le ganó el respeto y admiración de sus correligionarios cubanos y puertorriqueños.

37. Onomatopeya de la risa.

39. Lengua provenzal.

40. Señor, abrev.

41. Conozco.

42. Escuché.

43. Pájaros.

44. Símbolo del oxígeno.

45. Habitación principal de la casa.

Verticales

1. Sotero _____ Hernández; publicó en periódico Patria donde publicó su ensayo “La verdad de la historia”, donde resume las luchas y aspiraciones emancipadoras del pueblo puertorriqueño bajo el régimen colonial español. Autor de “Don Mamerto”, “Estudios biográficos” y “Reparos literarios”, entre otros escritos.

2. Recoger, arrancar y suspender el ancla que está fondeada.

3. Exceso de autoestima.

4. La _____ de la historia; ensayo de Figueroa.

5. _____ Belén Montes; puertorriqueña prisionera política.

6. Escasos.

7. _____ biográficos; colección de ensayos de Figueroa que fueron premiados en Ponce.

10. Negación.

12. Sri Lanka.

13. Húrtalo.

16. Asistir.

17. Especie de elefante que vivió en las regiones de clima frío.

18. Rey de Israel esposo de Jezabel.

19. Del verbo celar.

20. Labrará.

21. Símbolo del platino.

23. Jobo, en Ecuador.

24. Adjetivo posesivo plural.

28. Nombre de la letra c.

30. Forma de pronombre.

32. Periódico _____; órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano. Figueroa estuvo a cargo del trabajo editorial de ese periódico.

34. Conjunto de partículas o rayos luminosos de un mismo origen, pl.

35. Emperadores.

36. _____; país caribeño donde Figueroa murió y está sepultado.

37. _____ Martí; Figueroa y él entablaron una estrecha amistad.

38. Infusión.

40. Preposición.

Nuevo Cuento de María

El apartamento era una habitación sencilla con balcón y baño, que mi padre había adquirido para pasar los fines de semana en el pueblo de Isabela, donde vivía la mayoría de mis parientes. Nada me llamaba la atención del apartamento, excepto el hecho de que había que llenar una piscina poco profunda de agua dulce si no queríamos ir a la playa y que apenas había otros habitantes en el complejo, que no fueran la esposa de un ingeniero al que le gustaba bucear, con sus hijos. Por lo demás no había casi más nadie en todo aquel lugar. Sin embargo, no muy lejos de allí, había una especie de hotel constituído por una serie de cabañas de madera, muy bien hechas y con tratamiento contra la polilla, construídas por un alemán que vivía en el pueblo y que era famoso por tocar el violín. Durante un año nos quedamos en el apartamento recien comprado y caminamos hasta el hotel, donde se quedaban las muchachas. Cierta muchacha me dirigió la palabra y decidí visitarla en su casa. Me decía que vivía con un hermano que criaba palomas, pero cuando la fui a ver a una fiesta a la que el hermano me había invitado, no la encontré. Tener un apartamento en la playa no dio resultados, pues resulté ser más impopular de lo que se esperaba, y como mi padre en realidad estaba haciendo el esfuerzo de adquirir la propiedad, para hacerme conocer, decidió venderlo enseguida y prefirió comprar una finca de plátanos en la que se quedaba solo.

Obviamente, su deseo era darme a conocer. Lo logró en cierta medida, ya que en el próximo año, cuando mi padre alquiló una de las cabañas como lo hacía el resto de los muchachos, trajeron a una muchacha que me llamó la atención también. Ya la primera muchacha, la hermana del joven que criaba palomas, me había dicho que no, pero de cualquier modo seguimos yendo a Isabela. El único detalle era que María se quedaba en el hotel con una familia que no era la suya, como una invitada de mayor edad, y que yo estaba con mis padres, muy protegido. Ello me restó atractivo, como es natural, y el próximo año mi padre incluso dejó de alquilar una de las cabañas. Ya no fuimos más al pueblo de Isabela para darnos a conocer socialmente. Hablé con mi padre sobre María.

–María era una muchacha buena– le dije. –Aunque era algo mayor que yo, me dijeron que estaba en noveno grado. Pero se notaba que era más vieja.

–Eso con el agravante de que es tu pariente– me dijo mi padre. –Conoces el caso de tu abuela, que está mal vista porque sirvió de jurado en el Tribunal que apresó a su marido. Si puedes no casarte con una de tus parientes, no serías tan impopular.

–¿Cómo saberlo?– le pregunté. –A veces no usan sus nombres de pila. Se nos presentan con otros apellidos como si no tuvieran nada que ver con nosotros. Y cuando vienes a ver estás casado con una prima.

–Yo no voy a alquilar otra cabaña– dijo mi padre. –Te advierto que si te casas con ella, está la mala fama que tienen los parientes que apresaron a mi padre.

–Pero, ¿por qué lo apresaron?– le pregunté. –¿Cómo es que murió tan joven?

–Creo que no se casó con mi mamá– me dijo. –En realidad no tengo ni la menor idea de lo que sucedió antes de que yo naciera.

María, como es natural, era persona de cuidado, aunque se notaba que era buena. Algo ya era raro, y es el hecho de que me dijera que estaba en noveno grado cuando en realidad era mucho mayor que yo. Aunque no volvimos al complejo hotelero, me quise despedir de ella y el próximo año acampé con mi primo en una caseta, muy cerca de ella en el complejo hotelero. Cuando me vio de nuevo, se puso nerviosa y me presentó a una amiga más joven. Era cierto que no era menor, sino mayor que yo. Y que se puso tan preocupada cuando me vio de nuevo, que definitivamente comprendí que no estaba en noveno grado, como me decían. Cierto que por delicadeza, no se lo hice saber cuando encendió la fogata que siempre se hacía por las noches, cuando estábamos todos reunidos. María era morena y su amiga era rubia, como mi madre. Digo que me la presentó, pero en realidad no dijo nada. La rubia habló.

–Ven a verme a mi casa– me dijo.

Desmonté la caseta y no me quedé allí ni una noche más. Con cierto dejo de tristeza me alejé de la viejita María, que me pareció decididamente nebulosa, aunque por cumplir salí con la rubia. Claro, la llevé al cine con su hermano menor. Lo hice por amabilidad. No íbamos a vernos de nuevo, pero pasamos juntos una tarde en Ocean Park. Estaba claro que María, mi pariente, fue la que en realidad me interesó.

Varios años después, cuando ya era estudiante universitario, volví a ver a la rubia. No estaba ya en la Facultad de Ciencias porque tenía planificado mudarme a los Estados Unidos, buscar otra vida lejos del caso de mi abuelo, y dejar esos pueblos en donde nunca nos quisieron. Cuando la rubia se me acercó en la librería, seguí de largo sin hacerle mucho caso. Eso, aparentemente, tampoco estaba bien. Entonces se me acercó una mujer desconocida con el nombre de pila de mi pariente. Le dije a mi madre que la desconocida usaba el nombre de mi pariente.

–Yo diría que esa desconocida va a ser tu novia– me dijo.

No convenía estar de malas con nadie. Así que me mudé rápidamente con la desconocida. Compartimos la beca Pell, hicimos nuestras compras en Domingo Domínguez, estudiamos juntos todas las materias. Me llevaba bien con ella, aunque me celaba mucho porque no estaba usando su nombre verdadero, sino el de mi pariente. Me pidió que me casara con ella con el nombre de mi pariente y llegó a insinurme que estaba embarazada.

–No pienso procrear al bebé– me dijo. –Lo voy a dejar en el dispensario, que tu prima se las arregle como pueda.

–Eso no lo vamos a hacer– le dije. –Mi pariente es inocente. No quiero ser motivo de infelicidad para ella.

Nos casamos como ella me pidió, pero no hubo nada de hijos. Todo fue una borrasca.

II

La Historia muchas veces cuenta que mis parientes fueron personajes importantes alguna vez. Cuando era estudiante, quise leer algunos recortes de periódico para enterarme de los hechos que hicieron desaparecer a mi abuelo tan joven. La verdad es que nunca supe gran cosa. Mi alegría principal era saber que no había sido motivo de pena para María, mi pariente, pues terminé mi relación con aquella desconocida que aparentemente la quería condenar. Sin embargo, muchos años más tarde, alguien llamó a mi casa con la intención de visitarme.

–Soy tu amiga Nayda. Quiero verte en cuanto sea posible. Voy a tu casa esta tarde.

No sabía quién pudiera ser la famosa Nayda. Recordaba vagamente haber visto a una estudiante con ese nombre cuando pasaban la lista de asistencia en la Facultad de Ciencias, pero no era ni lejanamente la persona con la que me había casado en el Tribunal de Hato Rey. Le pregunté a mi padre si sabía quién era. No me supo decir tampoco y la que llegó en un pequeño compacto japonés fue María, mi pariente. La viejita me porfió mil veces que su nombre era Nayda, que María no era su nombre en realidad, aunque efectivamente estaba emparentada conmigo.

–Es mejor que te mudes conmigo– me dijo. –Recoje todos tus libros y tus discos y vente a Trujillo Alto, ya que allí si te puedo cuidar en lo que pasa el problema. Ignoro quién pueda ser la mujer que se casó contigo en la Universidad.

Me mudé con mi pariente en lo que se arreglaba el asunto. No podía graduarme de bachillerato, ni seguir estudios superiores debido a la irregularidad con la que había estudiado en la ciudad. No podía convalidarme nada y al parecer, los créditos buenos que tenía en la Facultad de Ciencias también iban a caducar. Iba a tener que empezar a estudiar de nuevo. Aunque mi padre me decía que no sería bueno casarme con mi pariente, no me quedó otra alternativa y allí mismo en el apartamento la reverenda del pueblo de mi abuela ofició la ceremonia.

–Nunca me has dicho quién era Nayda. Recuerdo haber visto a una estudiante con ese nombre, pero cuando se me apareció la muchacha que usaba tu apellido no la volví a ver. Sé que te quería inculpar por el pasado. Condenarte históricamente a tí y a los tuyos. Ya en realidad yo no sé quiénes son mis parientes. Mi papá decía que tú eras mi pariente, que no sería bueno casarme contigo. Pero, ¿quién era la muchacha que estudió conmigo en la Universidad? Lo hice todo con ella, las compras en el Cash and Carry, el matrimonio en la corte, la vida en común. Todo.

Mi esposa sonrió.

–Ni idea. No sé quién es.

Será otra cosa: En un techo, un cuerpo baila.

1

Un joven negro, alto, delgado, fibroso danza en el techo de un residencial de San Juan. Cae la tarde y su cuerpo se mueve difuminando el espacio. La precariedad del paisaje de techos, rectángulos de cemento sucios que se repiten casi hasta el infinito, contrasta con la alegría acompasada de ese cuerpo joven, que baila solitario algunos pasos de ballet. Como si en ese instante el cuerpo superara la pesada existencia de la desigualdad social, y prometiera nunca rendirse a la violencia cotidiana del crecer en el lugar equivocado. Los espectadores, nos regocijamos con la promesa de posibilidad, con la ganancia que insistimos deben tener las pérdidas.

Es mi escena favorita del último documental de Karen Rossi, Ser grande (2017).

En él, la documentalista presenta la vida de tres jóvenes del Residencial Lloréns Torres, Juan Miranda Pietri, Ivianyd del Valle Andrades y Rushian Feliciano durante 2014 al 2016. Son los años duros de la adolescencia. El tiempo en que un sujeto debe definir su futuro. Como si el reto de crecer no fuera inmenso, estos jóvenes lo hacen a contrapelo de un país que les niega espacio, oportunidad, futuro.

El documental es la suma de escenas que corroboran la estructura de desigualdad en que se ha construido nuestro país. Traba sobre traba, los protagonistas intentan superar su suerte. Antes de la escena final, se presenta cuando a Juan, el joven bailarín, le deniegan su solicitud a la Escuela Especializada de Ballet Julián Blanco de San Juan. El muchacho había apostado a que lo aceptarían; era su puerta al porvenir. Ante la pena de Juan, la madre lo consuela, como le corresponde: vendrán más oportunidades, ya verás. No sé si la madre lo diría convencida, no lo creo. Ella sabrá mejor que él lo que es vivir en un espacio negado. Pero su apuesta conmueve, casi tanto como la de los jóvenes, sus maestros, sus consejeros y la documentalista.

¿Por qué no existen más escuelas de baile? Es una pregunta retórica que no debemos dejarnos de hacer. Ante la inminente destrucción de la educación pública del país, que evidencia el cierre de las 283 escuelas y su venta o alquiler a instituciones “educativas” privadas, y el draconiano plan fiscal que provocará la aniquilación de la Universidad de Puerto Rico, el cerco se sigue cerrando.

¿Para quiénes se administra este país? La pregunta es retórica también.

2

La semana pasada se aprobó el proyecto 39 del Senado que amplía la definición de morada del proyecto “Legítima Defensa”. La ley faculta, en palabras del presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, a “la familia puertorriqueña, la gente honrada y decente en Puerto Rico” a defenderse, incluso letalmente, contra cualquier persona que invada su propiedad. La definición de propiedad se ha extendido con el nuevo proyecto, y se determina como morada “cualquier espacio íntimo donde se desarrolla la unidad familiar y permite el descanso, relajación y disfrute de vulnerabilidad inherentes a la dignidad humana”. Dicha ampliación del concepto morada implica, según la expresión del Senador en Facebook, el “área de trabajo y los vehículos”, así “la gente honrada y decente del país… tendrá una protección adicional”. La nueva ley se uniforma a las leyes vigentes en Estados Unidos con respecto al espacio donde es legal defenderse, que ya no se limita a la morada, sino que se amplía al lugar de trabajo, al vehículo y cualquier otro espacio público donde un individuo tenga derecho a estar.

La Doctrina del Castillo, como se le quiere llamar al proyecto 39 del Senado, corresponde a un imaginario de lo público como espacio privado: pensar la calle, la acera, el callejón, la plaza, el balneario, la autopista, los puentes, la escuela como parte del Castillo de un señor feudal destruye implacablemente el deteriorado espacio público de Puerto Rico. La medida se cuece en la estructura de desigualdad social del país.

¿Quiénes serán los “sospechosos” que “amenazarán” a la “gente decente del país”? ¿Quiénes son esa “gente decente”? ¿Acaso son los caballeros, casi feudales, que celebran torneos para vender el país y legislan para defenderse del pueblo desde sus torres? ¿Qué color, apariencia, preferencia sexual, género, acento, procedencia y nivel económico tendrán esos sospechosos?

Pienso en Juan bailando en el techo del Residencial Lloréns Torres, pienso en su cuerpo vivo.

Eli, te escribo.

Vanessa y yo siempre nos mofamos levemente de ese ejercicio de duelo tan bizarro que es hablarle directamente al difunto. En las esquelas lo hacen todo el tiempo. Antes las comentábamos bastante. Ahora, con el Feisbúk y todo eso, la gente constantemente resuelve su misterio de la vida, el amor y la muerte deseándole al falleciente “que vuele alto” y revelándole todo tipo de sentimientos e información que, por diversas circunstancias, nunca pudo decirle en vida.

Pues te informo que a ti te voy a escribir así, Elizardo. Lo siento si tú también eras de este corillito de los que pensábamos que era una modalidad extraña y hasta borderline ridícula o sinsentido. Te voy a hablar directamente. Porque no pude despedirme de ti. Me quedan entonces cosas, muchas, que decirte aunque no me quepan todas aquí.

Sí llegué a decirte lo bello y romanticón que se sentía llevarle un manuscrito al editor a su casa. Andar las calles del Viejo San Juan con el libro en mano, llamarlo por las rejas antiguas: “Eeeeeli, Maaari”. Previo a aquel día, no sé si te acordarías pero te envié un imeil. No era sobre mi libro. Quería saber si te interesaba evaluar el libro de Arturo, mi compañero, unas memorias sobre cómo se ganó la lucha contra el gasoducto. Te decía lo que pensaba del libro y por qué debías considerarlo, a lo que me contestaste: “Si a ti te gustó, perfecto. Con muchísimo gusto. Tráemelo”. Ese día, llegando a tu casa, te dije que por fin sabía lo que se sentía llevarle el manuscrito en papel, en persona, a un gran editor, en su casa, al atardecer, frente al mar, un lugar hermoso, único, estupendo. “Esto sí es ser escritora”, vacilé contigo. En el fondo, Eli, era cierto que tú eras un gran editor. Ese importante punto estaba cubierto en la especie de broma que era todo lo demás. Pero sí quise decirte que ser tu amiga y que comentaras con exceso de generosidad mis columnas y ahora también el libro de Arturo, me honraba.

Vanessa, Sofía y yo publicamos nuestros dos libros de Fuera del quicio con otras editoriales. Cuando te envié la invitación de la última presentación, me contestaste: “No voy. Me caen mal. Aunque sea literatura erótica”. Qué mucho nos reímos. Te acusé de estar mordío con la competencia, de no habernos rogado para publicarnos el libro. Y te conté de un libro erótico del siglo XVII que estaba escribiendo y que ése sí lo publicaría con Callejón, que sería escandaloso, pornográfico y raro, aseguraba en mi fantasía grandiosa. Obvio que sí te apareciste por la presentación de nuestro libro (Del desorden habitual de las cosas). Siempre ibas. No faltabas nunca a estas cosas, Eli, ni a las de tanta gente a la que siempre nos levantabas, nos exaltabas con comentarios tremendos, exageradamente generosos. Yo juraba que pertenecía a un selectísimo grupo de columnistas que leías con gozo y devoción pero ya veo que no. A todos nos tratabas así. Somos un ejército de escritores –tanto finos escritores como escritoras de oficio como yo– al que te desvivías por mantener en alto, animado, en condiciones emocionales productivas, contra todo el pronóstico que nos pudiera deparar la realidad del trabajo cultural en el País. Sé que ya lo ha dicho el mundo entero, Eli, pero eras un hombre bueno y amoroso, un tipo divertido y buen conversador, siempre siempre cariñoso y reconciliador ante todo. Es realmente raro que alguien tan culto como tú sea así. Por eso con Maritza hacías una pareja tan sensacional, porque en eso son iguales, dos gotas de agua que refrescan los efectos y malestares del País adoquín por adoquín.

Eli, ahora vas a ser como el Gabo, que cuando murió, todo el mundo tenía un cuento con él (Sofía escribió esa columna). Hubiese querido despedirme de ti. Hubiese querido decirte que te quería inmensamente, que te extrañaría, que nos dejarías un vacío muy profundo en el País pero que todo estaría bien. La muerte es lo más triste, es temible su estricta soledad pero es también muy bella cuando se vive como tú lo hiciste. Ese momento en que se va consumiendo el último ápice de energía de un cuerpo siempre me parece que es como un parto pero al revés. Bueno, tú sabes, Eli. Como en los cuentos más tremendos, como en una novela de Hemingway.