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Pérdidas en la agricultura con cifras inimaginables

ccotto@claridadpuertorico.com

El secretario de agricultura, agrónomo Carlos Flores Ortega, dijo a pregunta de CLARIDAD que todavía no se había podido cuantificar en su totalidad las perdidas en la agricultura porque  todavía hay áreas afectadas a las cuales no se ha podido acceder a ellas. Todavía hay algunos directores regionales que no han completado el  informe que se hace posterior a cualquier daño de la emergencia (Sistema de Emergencia de Producción Agrícola II), para informar los daños esto debido a que aun hay lugares  que están intransitables y hay empleados del Departamento que también tuvieron pérdidas incluso una directora que perdió el techo de su casa.

Aunque no pudo dar una cifra de estimación de pérdidas Flores Ortega dijo que ya se tenía el 75% de lo estimado y que al final las perdidas superarían por mucho lo que se había dicho antes, “va a ser bastante alto, vamos a escuchar una cifra que no habíamos escuchado nunca en Puerto Rico de las perdidas y los danos”.

Aunque el Secretario del DA no dio cifras –para que el lector pueda tener una idea de lo que podrían sumar las perdidas- según cifras del mismo departamento del 2016, el sector de farináceos, plátanos representaba una inversión de $72.4 millones; el café $15 millones y la ganadería $216 millones.

El Secretario atribuyó la demora del estimado de las pérdidas a que no solamente hay que estimar la pérdida de las cosechas, sino al estimado de la perdida en infraestructura ya que toda la infraestructura de la agricultura, es decir los ranchos de pollo, los edificios de plantas ornamentales, las salas de ordeño, los beneficiados de café, los almacenes a donde los agricultores llevan sus productos para clasificarlos, toda esta fue seriamente afectada. El agrónomo afirmo que todavía hay una de las empresas agropecuarias  se mantiene en operación  tiene suficiente alimento para distribución. En términos de abono están fluyendo y no se han afectado. Igual dijo que hay abastos de café en los inventarios del DA para suplir la demanda de los tostadores.

El Secretario de Agricultura reconoció que ahora cambia la balanza de lo que era la producción local y cambia a mayor cantidad las importaciones en lo que se puede  volver a restablecer nuestra siembra, que es lo que realmente genera economía y desarrollo en Puerto Rico. En esa dirección indicó que los sectores que más, tardaran en recuperar serán los frutales, el café que son  cultivo anual, igual la piña, estos pueden tardar entre dos a tres anos en recuperarse. Los que se pueden recuperar de manera mas rápida son los farináceos, guineos, hortalizas, todo lo que es legumbres, granos, todos estos en menos de un año se supone se puedan tener de nuevo en producción. En el caso del café –describió- se estaba en medio de la cosecha, en el sector de la montaña el mucho viento afecto los arboles de café y aunque los árboles se vean en pie muchos van a morir ya debido a que fueron afectados en la parte del tronco en  sus raíces, eso significa que se van a tener que rehabilitar muchas plantaciones, más de  60 a 50 mil cuerdas que se van a tener que resembrar “esto  va hacer un trabajo que va a tomar varios años, esto no se arregla en un año, aun plantaciones que hayan aguantado los embates del viento van a requerir poda de renovación y en una poda de renovación no vas a tener floración hasta al menos dos años, así que ahí vamos a tener mucho trabajo”.

En el área de pollos parrilleros, producción de huevos, dijo que habrá mucho trabajo. Comentó que con esta experiencia aprendió que este sector tenía muchas estructuras viejas que tenían doble piso, estas se cayeron, mientras las mas nuevas de un solo piso no se fueron. En el caso de la industria lechera aun cuando hubo perdida de ganado, Flores Ortega, dijo que ya esta volvió a su producción y  que se esta desviando la leche a la planta Indulac para procesar leche HUT que es la que mas se esta consumiendo por la falta de electricidad. “No todo es mal, no hemos perdido los tomates porque se siembran para invierno”, expreso en tono optimista. En el caso de la industria lechera apunto que más de 50 mil cuerdas de la Autoridad de Tierras, que se encuentran en las riberas de ríos, se inundaron y aunque  los ganaderos movieron a sus animales, en algunos casos no fue suficiente.

A pregunta de CLARIDAD el Secretario de Agricultura indicó que la mayor preocupación de los agricultores es que tan pronto van a recibir las ayudas y aprovecho para indicar que en esta ocasión se iba a estar recibiendo asistencia de los 10 programas de ayuda que tiene el Departamento de Agricultura de EEUU para casos de emergencia etc. Según el Secretario, aun cuando dijo no saber  porqué antes solo se participaba de tres programas. Exhortó además a los agricultores asegurados a hacer su reclamación a la Corporación de Crédito Agrícola, y aclaro que los agricultores que hicieron alguna reclamación por el huracán Irma pueden también reclamar en esta ocasión si las daños fueron mayores, lo que dijo que era obvio que las pérdidas por María son mayores. Las reclamaciones deben hacerse en las regiones agrícolas del DA y aclaró que se iba a ser flexible con  el tiempo de 48 horas de reclamación.

Algunas lecciones del huracán

(Normalmente mis escrito, sobre todo ante situaciones nuevas, son resultado de discusiones con otros compañeros y compañeras. Pero estos días estamos casi incomunicados. Por tanto, aún más que en otros casos, este escrito es de mi entera responsabilidad. De igual forma, escribo con información incompleta, resultado de la misma incomunicación, por tanto, todo lo que escribo está, más que de costumbre, sujeto a corrección futura.)

Las crisis plantean problemas agudos que ponen al descubierto y acentúan los aspectos tanto admirables como negativos de las sociedades que impactan. También plantean nuevas tareas y nuevas perspectivas ante agendas que ya estaban planteadas. El caso de Puerto Rico y el efecto y respuesta al paso del huracán María no es excepción.

Empecemos por lo admirable: la reserva de solidaridad, de comunidad, de generosidad que subsiste en el país a pesar de tres décadas de prédica y práctica neoliberales que fomentan lo privado sobre lo público, la competencia sobre la colaboración, el egoísmo sobre la comunidad, la immediatez sobre la previsión, la fragmentación sobre la integración democrática. Podría dar decenas de ejemplos: el pon que me han dado cuando voy caminando a hacer alguna gestión (por falta de gasolina), la comida que me han fiado (porque no tenía cash), el café ofrecido por mis vecinos, el uso de una hornilla prestada para calentarle algo de comer a mi bebé, los médicos y personal de salud laborando en un hospital que se había quedado sin electricidad (cuando tuvimos que ir a sala de emergencia el día después del huracán). No hay duda que nuestro pueblo entiende y siente, a pesar de todo, que las relaciones humanas, incluso entre desconocidos, son más y deben ser más que el frío vinculo del efectivo.

Pero hay problemas y retos sobre los que hay que reflexionar: no podemos dejar a un lado las tareas más urgentes, pero tampoco podemos dejar de analizar la situación, sobre todo si queremos desde el principio reconstruir un Puerto Rico distinto y mejor. Esa reconstrucción empezó ya y no podemos dejar esa reflexión para más tarde. En ese caso, otros tomarán las decisiones que nos afectarán. Tampoco podemos ser injustos con los que en este momento están inmersos en tareas de rescate, apoyo y reconstrucción: hay que reconocer esa inmensa y difícil labor, incluyendo a funcionarios de gobierno cuyas ideas no comparto pero cuya labor reconozco.

Para empezar por lo más inmediato. No hay duda de que la respuesta prevista al desastre fue inadecuada. No podemos pedir milagros. Pero sin duda, era necesario un plan o planes para mantener el suplido de agua, alimento y servicios de salud y la provisión de combustible necesario para todo esto, suponiendo un colapso predecible y anticipado del sistema eléctrico. ¿Era posible tal plan y previsión? Sin duda, al menos en grado mayor de lo que hemos podido observar. La realidad es que ya se tenía la experiencia de los huracanaes Andrew y Katrina, que no se aprovecharon adecuadamente (volveremos sobre las raíces de esta falta de previsón). Pero es cierto que los planes, por buenos que fueran, no podían solucionarlo todo. Hay otros problemas, que también pueden atenderse ciertamente, pero no con planes de emergencia. Para dar dos ejemplos: la gasolina y la salud.

La carrera desesperada en busca de gasolina, con el caos y la incertidumbre que hemos vivido, es el resultado, en último análisis, de la dependencia casi absoluta en el automóvil privado como medio de transporte, que tantas veces se ha denunciado por razones urbanísticas y ecológicas. Sin automóvil el país no funciona para las cosas más cotidianas y sin gasolina los automóviles no funcionan. Piense el lector o lectora lo distino que sería la situación si contaramos con una eficiente y tupida red de transporte colectivo: levantar esa red colectiva sería una tarea difícil, sin duda, pero permitiría restablecer y garantizar el acceso y el movimiento de personas mucho más rápidamente que tratar de proveer gasolina a millones (sí, millones) de automóviles. Es decir, el paso del huracán acentúa una necesidad que ya estaba planteada antes del huracán. No olvidemos esto a la hora de la reconstrucción. (Irónicamente, una de las razones por las que se planteaba y plantea el transporte colectivo es la necesidad de reducir la quema de gasolina para atender la amenaza del cambio climático, una de cuyos impactos es precisamente aumentar la frecuencia de eventos extremos, como huracanes categoría 5…) Con tres huracanes de ese tipo en una sola temporada quizás empecemos a tomarnos en serio esta amenaza (aunque Trump siga negando su existencia).

Otro ejemplo de lo dicho es nuestro sistema de salud. No debo decir sistema: sistema tuvimos hasta la década de 1990. Era un sistema diseñado lógicamente, con centros de diagnóstico y tratamiento e instalaciones de cuido primario, secundario y terciario, en una especie de pirámide. Tenía sus carencias, debía mejorarse, pero era un sistema mínimamente coherente. En una crisis como esta pudo prepararse, y puede levantarse y coordinarse, de nuevo, con un mínimo de coherencia y eficiencia, alrededor del país. Pero ese sistema ya no existe: lo que existe es el resultado fragmentado, caótico y desarticulado generado por la privatización. La terea de prepararse y responder a la crisis es, por tanto, mucho más difícil. (Una de mis más lamentables experiencias ha sido una farmacia que se negó a despacharme un medicamento para mi bebé que tenía en existencia porque no tenía «sistema» y por tanto no podía procesar ni cotejar la cobertura de mi plan de salud).

La falta de previsión y la insuficiencia de la respuesta inicial toca también a FEMA. Desde Katrina la insufuciencia de esta agencia quedó demostrada: es un aparato que funciona, si no con la lógica del bussiness as usual, si con la del disaster as usual. ¿Acaso no era previsible que con el colapso previsible del sistema eléctrico y de comunicación serían necesarias decenas de grandes plantas generadoras para hospitales y otros puntos clave, por ejemplo, así como medios para restablecer comunicaciones? Ni el gobierno de Puerto Rico, ni FEMA tomaron en cuenta lo que la realidad nos ha recordado duramente: Puerto Rico es una isla, a diferencia de Lousiana, Texas o Florida y necesita planes especiales ante una situación como esta, no el modelo de siempre y otros lugares.

La insuficiencia de la respuesta inicial se detectó inmediatamente para los que estamos en la isla, pero la gran mayoría no teníamos, y aun no tenemos, muchos medios para protestar. Aquí la diáspora, ese Puerto Rico fuera de Puerto Rico, ha tenido un rol central en dununciar la situación y exigir que Puerto Rico no sea abandonado a su suerte y que reciba el apoyo que todo pueblo en estas circunstancias merece. Gracias a esto, al escándalo más allá de Puerto Rico que se ha logrado generar, la respuesta ha ido mejorando. No soy de su partido y no voté por ella, pero de igual modo tengo que aplaudir las protestas y denuncias de la alcaldesa de San Juan. La respuesta de Trump, necia e insolente a la vez, era de esperarse. Antes de esa polémica ya había demostrado total indiferencia a la situación de Puerto Rico. En uno de sus primeros tweets tuvo la indecencia de mencionar el pago de la deuda y ahora la ha emprendido contra los trabajadores puertorriqueños que según él son unos vagos (algo que algunos repiten en Puerto Rico y que encontrarse al lado de Trump quizás los llame a reflexionar). Pero ¿que se puede esperar de este señor? Trump representa la oposición y negación de todo lo que hay de bueno, decente y generoso en la humanidad incluyendo la parte de la humanidad que habita en Estados Unidos. Su aunciada visita, como me dijo alguien en una fila, es un estorbo: cualquier recurso que se desvie para atenderla es un recurso menos para la recuperación. Ni para entender la situación, ni para coordinar la reconstrucción es necearia su visita. Viene a tomarse la foto. Hay que declarar a este racista persona non grata en Puerto Rico. Ya pasó la época en que el respeto a las necesidades y derechos humanos por los gobernantes depende de su favor y gracia, ganado con el buen comportamiento de los súbditos.

Ahora, gracias a las denuncia dentro y fuera de Puerto Rico empiezan a llegar más recursos para la reconstrucción. La mayor parte de ese apoyo, o una parte considerable, está llegando por vía militar. Ya tenemos la foto de generales dirigiendo la reconstrucción. Por un lado, tenemos que acoger cualquier ayuda y apoyo que podamos en este momento de necesidad extrema. Pero esto también debe ser motivo de reflexión. Hay tres que quisera señalar. Lo primero es que resulta lamentable que el presupuesto y los recursos para atender estas situaciones (no solo en Puerto Rico) estén en manos de los militares y no de agencias civiles. Pero esto no es extraño: es típico de las prioridades de la mayoría de los gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos, en este mundo en que vivimos. Se gasta mucho más, muchísimo más, en el aparato militar que en educación y bienestar social. Se puede mantener un arsenal gigantesco, pero no proveer un seguro de salud universal. Este aparato militar no es el salvador de pueblos afectados por desastres: es un aparato que normalmente acapara una gigantesca cantidad de recursos que debieran estar dedicados a otros fines. Esta realidad hace que el apoyo nos llegue por vía militar, pero no tenemos que dejar de ver el lado amargo y oscuro de esa realidad. No lo olvidemos ni por un segundo. Redoblemos la lucha por otras prioridades en Puerto Rico, Estados Unidos y el mundo.

En segundo lugar, no deja de ser interesante como luego del paso del huracán (y de las denuncias y exigencias indicadas) aparecen recursos millonarios para atender la reconstrucción de Puerto Rico. Pero, ¿por qué ahora y no antes? Desde hace tiempo hemos planteado la necesidad de una sustancial aportación federal para la reconstrucción de Puerto Rico (en general y, entre otras cosas, para transformar su sistema de energía). ¿Por qué hay que esperar a un desastre natural-social para dar paso medidas de este tipo? Lo mismo hay que decir sobre las leyes de cabotaje: ¿cuántas veces no se ha planteado la necesidad de eliminarlas para contrubuir a la recuperación económica? ¿Si eliminarlas ayuda ahora a la recupeación, por que mantenerlas más adelante? Irónicamente, el huracán ha obligado a que se hagan cosas (algún apoyo federal para reconstrucción, suspensión de leyes de cabotaje) que desde hace tiempo muchos hemos planteado que eran necesarias (aunque no necesariamente en la forma que ahora toman). La tercera reflexión sobre el aspecto militar la dejo para más adelante.

Ya que el mismo Trump planteó el tema de la deuda en uno de sus tweets y que el presidente de la Junta de Control ha planteado que ahora hay que repensar muchas cosas digamos algo sobre esto. En pocas palabras: quien pretenda cobrar la deuda en estas circusntancias comete un acto de lesa humanidad. El huracán María además de viviendas, talleres, negocios e infraestructura destruyó la deuda. Ya no solo hay que revocar  PROMESA, hay que anular la deuda. La doctrina legal para esto es clarísima: la fuerza mayor (force majeure), cambio fundamental en circuntancias y el estado de neceidad, que no tengo carga suficiente en la computadorea para explicar aquí pero que aplican perfectamente al caso de Puerto Rico luego de María (ver Eric Toussaint, Damien Millet, Debt, the IMF and the World Bank, New York: Monthly Review, 2010, pgs. 246-47). ¿Cómo puede pensarse en cobrar esta deuda que ya era impagable e insostenible, cuando las necesidades apremiantes del país acaban de multiplicarse? Debemos lanzar un llamado internacional para la anulación esa deuda.

Nada de lo indicado será posible sin la denuncia aquí y en la diáspora y de nuestros aliados fuera de Puerto Rico: todos los movimientos por la justicia social en Estados Unidos y el mundo. Aquí, como dije, el paso del huracán nos ha hecho hacer lo que es necesario de ahora en adelante: movilización y denuncia aquí y afuera para exigir las medidas de reconstrucción económica, sobre la deuda y aportación federal a la que tenemos derecho y que el Congreso nos debe (entre otras cosas, como corresponsable de la situación en el territorio sobre el cual mantiene su control colonial.)

La privatización desastrosa de nuestro sistema de salud, la incapacidad de emprender en serio un desarrollo económico planificado, acorde con las necesidades del país, es la otra cara del culto neoliberal del mercado y la competencia como resuélvelotodo. Y eso esta detrás de la cultura de imprevisión cuyas consecuencias estamos viviendo. Si la mano invisible del mercado y la competencia lo arreglan todo eficientemente ¿para que planificar, para que preveer? Esa gestión privada y, por tanto, fragmentada de un aparato productivo, de una infraestructura que es desde hace tiempo y es cada vez más social e interdependiente, genera, en condiciones normales, desigualdad, despilfarro y destrucción ambiental (en el caso de Puerto Rico también genera una economía unilateral, incapaz de proveer empleo, etc.). Esos resultados normales en crisis como la presente, se convierte en muchos casos en caos. No deja de ser llamativo la declaración de un ejecutivo de una empresa de telefonía: no es momento de competir. Solo actuando como una red colaborativa podemos avanzar. Efectivamente: necesitamos respuestas sociales, colaborativas a nuestros problemas, ahora, y también en el Puerto Rico que debemos reconstruir.

Y aquí regreso al tercer punto que quería formular sobre el tema de la aportación militar a la reconstrucción: la otra ventaja que tiene este aparato, que tiene no pocos admiradores y adoradores, es que es un sistema integrado, planificado, coordinado, en que las partes actúan (o se suponen que actuén, no voy a idealizar) no en competencia sino en colaboración unas con otras. El problema, por supuesto, es que se trata de una centralización autoritaria, de un aparato cuyos fines esenciales son destructivos (no me refiero a las intenciones de muchos soldados de base, que ingresan a la fuerzaz armadas por diversas razones, sino al aparato). Pero la admiración por la eficiencia del ejército es una forma deformada de admiración por esa funciomiento que no obedece a las sacrosantas reglas del mercado y la competancia. Tomemos de eso lo bueno: la planficación, la coordinación integrada de recursos y mezclémosla en en futuro con una gestión, no militar y autoritaira, sino civil y democrática.

No tengo duda que las mismas voces que antes de María insistían que Puerto Rico no podía resolver sus problemas, que tenemos que ponernos en manos de la Junta de Control que nos impondrá el castigo merecido, no dudo, repito, que esas voces, ahora remacharán que debemos ponernos en manos de otras agencias federales, incluso el ejército, para que hagan lo que no podemos hacer nosotros, ineptos que somos. No hay que dedicar mucho tiempo a debatir con ellas: son incorregibles. Lo que tenemos que hacer es sacar de todo, lo bueno y lo malo, las lecciones para la reconstrucción que queremos y necesitamos.

Ahora que añoramos, el que escribe incluido, un regreso mínimo a la normalidad, no permitamos que ese sentimiento se manipule más adelante para que cuando llegue la electricidad pensemos que todo sigue y seguirá como antes. Escucho con preocupación los anuncios en la prensa de que llegan expertos a aportar a partir de la experiencia de Katrina en Nueva Orléans. Claro que debemos aprender lo que podamos, pero hay que recordar que la recuperación de Katrina se usó para privatizar escuelas, eliminar derechos laborales, desplazar comunidades y gentrificar (aburgesar creo que es el término en español) vecindarios. Usar estos desastres para impulsar estas agendas es típico de la doctrina del shock, como ha señalado Naomi Klein en su famoso libro.

En cierta medida, las propuestas anteriores a María siguen vigentes, pues María en buena medida agudizó al extremos problemas que ya existían: la necesidad de un plan de reconstrucción económica, la necesidad de renegociar la deuda, la necesidad de aportación federal para reconstrucción, la necesidad de una reorganización democrática del gobierno y los servicios públicos, la necesidad de transporte y salud públicas y de energía renovable, la necesidad de revocar PROMESA, la necesidad de la movilización en Puerto Rico y fuera de Puerto Rico para lograr todo eso.

No he mencionado, pero no quiero dejar en el tintero o el teclado el efecto desigual del desastre: los que peor están son los que menos tenían antes de María. La reconstrucción debe ser una reconstrucción hacia mayor igualdad.

Cabe decir que la necesidad de una reconstrucción económica será más aguda.  Una interrogante en el futuro cercano será la reacción de las grandes empresas que generan grandes ganancias en Puerto Rico (y tributan muy poco) al paso del huracán. ¿Seguirán operando aquí? Sospecho que al menos algunas quizás decidan irse. En una economía privada, como sabemos, estas decisiones que afectan a toda una comunidad o un país se toman sin tomar en cuanta otra cosa que las ganancias de las empresas involucradas. De nuevo: si Puerto Rico ya necesitaba una nueva economía, el paso del huracán tan solo acentúa esa situación.

La situación de Puerto Rico recuerda la de principios de la década de 1930: golpeado por dos terribles huracanes (San Felipe y San Ciprián) y sumido en la depresión económica. De esa crisis se salió gracias a grandes movimientos de justicia social que plantearon ambiciosos programas de reforma agraria, creación de servicios públicos, derechos laborales, reconstrucción económica y autodeterminación nacional, que además buscaron aliados fuera de Puerto Rico. El liderato del más grande de esos movimientos, el PPD, luego abandonó todo lo que había defendido. Construyamos los equivalentes en el presente de aquellos movimientos y aquellas alianzas. Tengamos la constancia que no tuvieron otros de mantenernos fieles al programa que el país necesita. Esa constancia tan solo puede surgir del pueblo trabajador organizado para la defensa de sus intereses. Esa organización está hoy debilitada, fragmentada y maltrecha: reconstruirla es tarea fundamental para lograr la reconstrucción que necesitamos. Esperemos que el huracán también se haya llevado las rémoras de la división, el sectarismo y los personalismos que nos atan. Mis mejores deseos de seguridad, salud y recuperación a todos y todas a lo largo y ancho de Puerto Rico.

El autor es Portavoz Partido del Pueblo Trabajador

Macana contra votos en Cataluña

El martes 3 de octubre, dos días después del referéndum de independencia, Cataluña celebró, más que una huelga general, un “paro de país” convocado por múltiples entidades cívicas y sindicales. En todo el territorio catalán la actividad se detuvo para mostrar la indignación del pueblo por la brutalidad desplegada por las fuerzas policiales españolas para tratar de impedir por la fuerza que la población votara en la consulta. Millones de personas cesaron sus funciones por un día, abarrotando plazas, calles y avenidas en señal de protesta. Los hoteles donde se alojaban muchos de los guardias de asalto venidos desde Madrid, fueron literalmente rodeados por multitudes reclamando su retirada.

Los incidentes del domingo 1ro de octubre, catalogados por la prensa internacional, incluyendo un editorial del New York Times, como pura “brutalidad policiaca”, no lograron el objetivo perseguido por el gobierno central de Madrid, que era impedir que la gente votara. Miles efectivamente no pudieron hacerlo, ya que cientos de centros de votación fueron clausurados a fuerza de macanazos y disparos y las urnas quedaron secuestradas por la policía, pero, a pesar de ese despliegue de violencia oficial, 2.3 millones de personas lograron depositar su voto en alguna urna. Alrededor del 90 por ciento de los que pudieron votar optaron por el sí a la independencia.

Tras ese resultado, y afirmando que por primera vez cuentan con un mandato formal del pueblo para comenzar el proceso de separación del reino de España, el gobierno catalán ha pedido la intervención de representantes de la comunidad internacional como mediadores. En espera de esa posible mediación, por ahora se han abstenido de hacer una declaración unilateral de independencia, aun cuando la ley habilitadora del referéndum así lo autoriza. Por ahora se limitan a solicitar que se inicie un proceso formal de negociación con España y, dada la beligerancia de las autoridades de Madrid, solicitan la intervención de representantes de entidades europeas o de Naciones Unidas.

Sobre el despliegue de brutalidad policial para tratar de impedir que la gente ejerciera el más elemental de los derechos democráticos, el voto, no existe duda alguna. Todas las cargas de la Guardia Civil y la Policía Nacional de España, que produjeron más de 800 heridos, quedaron retratadas o filmadas y millones de personas en el resto del mundo las presenciaron. Las fotos de personas sangrando, muchos de .ellos de mayor edad, aparecieron en los principales diarios europeos o americanos. A pesar de esa evidencia, el liderato de la Unión Europea se limitó a expresar una tímida condena de la violencia. Desde la ONU fueron un poco más enérgicos exigiendo una investigación formal que asigne responsabilidades.

Pero, ¿quién va a investigar?  A pesar de las escenas de brutalidad, las autoridades españolas, por voz de la vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz en primer lugar, y luego por el mismo presidente, Mariano Rajoy, aplaudieron las actuaciones policiales. Por su parte, la Fiscalía general de España, entidad que podría ser responsable de la investigación, se apresuró a declarar que las actuaciones de la guardia Civil y la Policía “no afectó en absoluto la normal convivencia ciudadana “, procediendo a culpar al gobierno catalán por los incidentes. Por tanto, ya el resultado de una posible investigación por parte de España está debidamente escrito y el mismo exonera y aplaude la brutalidad evidente.

Quien único pudiera hacer una investigación verdadera es la Unión Europea, pero hasta ahora nada indica que actuarán. Tal vez la condena general de la prensa en portadas y editoriales, y las declaraciones de muchas figuras públicas, obliguen finalmente a que alguna entidad con sede en Bruselas inicie una investigación.

En esa condena general de la prensa es necesario excluir a la que se publica desde Madrid que, de forma bochornosa, no se ha unido a la condena de la violencia.  Hasta el supuestamente liberal diario El País, sigue destacando en sus informaciones la supuesta ilegalidad del referéndum, dejando en un segundo plano la violencia o, peor aún, señalando que los catalanes han asumido una actitud “victimista”. En cuanto a la presa oficial, más que bochornosa, el comportamiento fue cómplice, como es el caso de Televisión Española, donde los periodistas se reunieron para protestar por la cobertura deformadora y parcializada de la televisora de estado.

Si algo ha quedado claro después de la jornada del 1ro de octubre, es que la represión desplegada, lejos de aminorar el proceso independentista catalán lo ha fortalecido. Voces que antes estaban ambivalentes, ahora se han unido a los reclamos de la Generalitat. La masividad de las demostraciones del 3 de octubre, y el éxito del “paro de país” convocado para ese día, demuestran que no están intimidados y que, en cambio, el apoyo a la independencia es ahora más fuerte.

Contrario a España, otros estados multinacionales, optaron por facilitar consultas formales ante reclamos como el que ahora hace Cataluña. El Reino Unido y Canadá, en lugar de mandar militares y policías a reprimir, permitieron referéndums de independencia en Escocia y Quebec. En ambos lugares las votaciones fueron cerradas, pero no prevaleció la separación dando paso a periodos de relativa tranquilidad. España, en lugar de permitir votar, ha optado por la macana olvidando que en estos tiempos los porraz

Topografía Cuatro derivas y una coda sobre Roberto Alberty

Por Fernando Cros

«Nota: Hasta donde sabemos, en octubre de este año se celebrará el Baquinoquio, dedicado a Fernando Cros. Reproducimos una versión editada, sin la “cuarta deriva”, de su escrito para la Retrospectiva de Boquio (1993), de la que fue curador».

Primera deriva; Roberto Alberty, persona:

Muchos de los que lo trataron y algunos de los que sólo han oído hablar de Alberty, deben haberse preguntado más de una vez, qué era lo que llevaba a los amigos y aún a los conocidos, a gravitar alrededor de este personaje, ahora legendario y mítico.

¿Qué los inducía a comentar sus aventuras, admirar la pertinencia de muchos de sus juicios, respetar la simplicidad de su modo o modos de vida, honrar sus ideas sobre la vocación artística y las obligaciones que debía asumir como artista frente a sus amigos más próximos y ante esta socidad que le dio origen?

Roberto Alberty es y seguirá siendo un enigma, pero esa dificultad de acceso y comprensión de su verdadera realidad vital, no se da por una falta de materiales documentales y artísticos, o por la ausencia de un anecdotario, sino por la gran variedad de imágenes testimoniales que existen de Alberty y de su legado artístico.

En su caso no tenemos el problema de una falta absoluta de referencias biográficas que nos impida establecer un perfil más o menos estable, más o menos constante, que responda de una manera “ordenada” a una variedad de interrogantes; al contrario, su dificultad interpretativa no radica ni en la falta ni tampoco en el exceso, sino en la diversidad. Una diversidad o plasticidad psicológica que Alberty utiliza, como más adelante se verá para defender su interioridad a través de la máscara y el disfraz.

Porque en él –paradójicamente- siempre hubo algo de lo que nosotros somos –en un doble sentido: individual y social- y algo que nunca hemos sido ni hubiéramos podido ser. Por esa “afinidad diferenciada” se le entendía y se le admiraba; pero también, debido a que se podía percibir fácilmente esa otra zona opaca y privada, donde acostumbraba a replegarse para rumiar su presente, reflexionar sobre su pasado y adivinar su porvenir, todo el que lo trataba era capaz de identificarlo como algo diferente, como una entidad dialógica con una visión privilegiada de la realidad, una realidad llena de futuro que era necesario proteger.

Segunda deriva; la máscara y el disfraz:

Todos acostumbramos a proyectar una imagen de nosotros mismos que tiene propósitos y efectos contradictorios: por un lado, la imagen propone una visión incompleta y recortada de nuestro modo de ser y por otro, debido a esa inexactitud implícita en el perfil que ofrecemos, nos oculta y nos protege, defendiendo con esa reducción, nuestras formas de ser más débiles y vulnerables.

Esta variabilidad psicológica, en el caso de Alberty, era alimentada por su gran creatividad, que siempre fue capaz de proyectar algo de lo que él auténticamente era, sin que por eso reflejara todo lo que podía ser y hacer. Era una especie de Alberty o “el Boquio” “a la carta”, dependiendo del amigo o conocido con quien tratara.

Su capacidad para la táctica divergente parece que estaba en manos del “Boquio” –un “alter ego” que le acompaña – que sepamos nosotros – a partir de la guerra de Corea, donde fue enfermero de campaña en el Regimiento 65 de Infantería.

Aunque de acuerdo a su abultado anecdotario, hay amigos que aseguran nunca haber tratado con “el Boquio”; sólo con Alberty, que recuerdan como un hombre inteligente y sensible; para otros, sin embargo, “el Boquio” era una presencia cotidiana y tutelar.

Sea con uno o con el otro, todos veían en él valores que ya la década de los ’60 se encontraban en crisis. El Boquio y/o Alberty respetaban y representaban la amistad, la sensibilidad y la autenticidad, actitudes morales que el cambio social acelerado habían empobrecido y opacado.

Tercera deriva; su tiempo:

Roberto Alberty nace en 1930 y muere en 1985. Su vida se inicia nueve años antes de que el país fuera sometido a una severa transformación política y económica que tenía como objetivo la modernización, y termina en un período donde se sufren los efectos negativos de ese cambio precipitado. Su experiencia vital cubre las propias de un país agrícola y tradicional, y se extienden a las de un supuesto y deseado país industrializado y moderno, pasando por las fuertes realidades de la guerra y por lo que significa para todo puertorriqueño, la vida en Nueva York.

En sus primeros nueve años y posiblemente hasta su adolescencia Alberty tuvo ocasión de formarse dentro del marco de relaciones de un Puerto Rico tradicional, porque por más aceleradas que este tipo de transformaciones puedan llegar a ser, el “tiempo social” siempre choca con zonas de resistencia que aminoran su ritmo y permiten incluso la existencia de bolsillos donde la interacción y el estilo de vida se mantiene sin ninguna o con pocas modificaciones, durante un período más o menos prolongado.

Por lo que podemos suponer, Alberty pudo crecer “a contra corriente” de una forma contraria a la que posteriormente se iba a tratar de imponer como el modo de vida propio de la modernidad.

En una de sus últimas entrevistas nos dice: “Luego, [después de la muerte de su madre] fui a vivir a una casa preciosa, tipo colonial español parecida a las de San Juan, con vigas y paredes de ancho espesor, con un jardín extenso, con bancos y redondeles de ladrillos y paseos, además de un aljibe y detrás, un patio con árboles frutales. Vivía muy solo, mi amigo era ese jardín con los sapos y las flores”. (Manuela García, Roberto Alberty: buscando nuevas rutas en la creación artística; El mundo, 1 de julio de 1984.)

Probablemente fue en esa tranquila calma que producen los jardines desiertos, donde aprendió a ver como pintor; allí comenzó a comprender el mundo de la naturaleza en sus expresiones mínimas y perfectas, como pueden ser la hoja de un árbol, la hormiga, un sapo o una flor.

Coda

Hay un último aspecto que es necesario abordar en la compleja y creativa vida de Roberto Alberty, su dimensión humana. Esta es tan importante como la significación artística y literaria que su obra posee.

Alberty o el “Boquio” fue para muchos un ejemplo y una guía; incluso para gente que no comprendía su obra, pero era capaz de entender y admirar su manera de ser. Alberty y/o “Boquio” fueron ejemplo de valentía y solidaridad, en esas dos figuras muchos encontraron valores éticos que suponían perdidos.

Por eso convengo con el profesor Héctor Estades y con otros que piensan como él, cuando afirmamos que Alberty no ha muerto realmente, que la vida (la verdadera vida) o la muerte (la muerte definitiva) de Roberto Alberty van de mano con el país que lo vio nacer y hacerse hombre (artista). Si el país se salva, se salva Alberty. Si por el contrario el país se pierde, la vida de Alberty junto a la de todos nosotros también se perderá torpemente arrinconada y malgastada en esta lejana y absurda isla del Caribe.

En el camino del Che

En el contexto social y político que actualmente vivimos en toda América Latina y Caribe, es importante recordar que en ese 7 de octubre se cumplieron 50 años del martirio del comandante Ernesto Che Guevara. Vale la pena reflexionar qué importancia tiene esa memoria para nosotros y para la lucha por un mundo de más justicia ecosocial. Aún hay cristianos que condenan a Guevara como alguien que optó por la violencia.  En 1967, mismo año en que el Che Guevara era asesinado, el papa Pablo VI, escribió que la insurrección violenta no debe ser el camino de los cristianos, pero puso una excepción a esa regla. Escribió: «a no ser en caso de dictadura evidente y prolongada»  (Encíclica El desarrollo de los pueblos, n. 31). Es precisamente ese el caso de nuestros países, en los cuales se prolongaron indefinidamente varias crueles cruel dictaduras económicas y sociales, ejercidas por las élites que desde el tiempo de la colonia tomaron para sí la tierra y los bienes que, en la misma carta, el Papa declara ser bienes comunes, derecho de todas las personas (PP 30).

En la segunda mitad de los años 60, Bolivia vivía una dictadura militar cruel y sanguinaria, como tantas otras patrocinadas por el imperio norteamericano. Hasta hoy, Vallegrande es una ciudad perdida en el valle de los Andes que le da el nombre. La Higuera, poblado de cien habitantes, 60 km adelante y en una montaña más alta, fue el lugar del martirio del Che. La población de la región, de rasgos indígenas, trae en la memoria los tiempos en los que militares torturaban a los campesinos para que revelaran dónde estaban los subversivos. Para no arriesgar la vida de ese pueblo simple, el Che evitó contactos, a no ser cuando era llamado como médico para cuidar de los enfermos.

Sólo una fe inmensa en la dignidad humana puede explicar su fe en la victoria de una campaña como aquella, con tan poca gente y tan pocos recursos. Él creía que la causa de la justicia jamás sería borrada y acabaría venciendo. El y sus pocos compañeros fueron traicionados y entregados a los militares bolivianos. Esos, comandados por norteamericanos, mataron a todos, algunos en combate y otros, como el Che, en un asesinato frío. Al declararse no creyente, el Che se reveló más espiritual que si hubiera sido adepto de alguna religión. Una poesía suya dice: Cristo, te amo. No porque has bajado de una estrella y si porque revelas que el ser humano tiene lágrimas y angustias, llaves para abrir las cerradas puertas de la luz. Si, enseñaste que el ser humano es un Dios, un Dios pobre y crucificado como tú. Hasta aquel que está a tu izquierda en la cruz también es un dios. Cristo, te amo». (Che Guevara, Nandahuazu, Bolivia, octubre, 1967).