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Introducción a Nilita Vientós Gastón, de Efraín Barradas

 

 

 

Miguel Ángel Náter

Especial para En Rojo

Acabado de recibir, este hermoso libro de Efraín Barradas, Introducción a Nilita Vientós Gastón (San Juan, Ediciones Callejón, 2024), tiene el sabor de la vivencia, de la experiencia inolvidable que merece el nombre romántico de «remembranza». Alguna vez escuché a Luis Rafael Sánchez referirse a Petronila, con el amor entrañable del discípulo; nombre transformado, por piedad, en Nila y, luego, por cariño, en Nilita. Es nombre que se aunó a la intelectualidad de Puerto Rico y traspasó sus playas; luchadora siempre, buscadora de talentos y madrina de los mejores. Al rememorar la vida de la poeta española Aurora de Albornoz, y en el fondo de aquella vida el patriotismo que llevó a Albornoz a seleccionar San Juan como última morada, Ricardo Gullón describía a Nilita con justa imagen al tratarse de la lucha por la independencia para la Isla: «sólo Nilita Vientós, ya le digo, podía, no ya igualarla, sino llegar más lejos, subiéndose por las paredes cuando se hablaba de la independencia de Puerto Rico» («Aurora con Puerto Rico al fondo», en Aurora de Albornoz, Hacia la realidad creada, Barcelona, Ediciones Península, 1979, 10). Desde la secretaría de la Asociación de Mujeres Graduadas de Puerto Rico y su revista, que en su momento dirigió otra mujer de calibre (Margot Arce de Vázquez), luego de que aquella publicación asumiera ─por consejos del poeta español Pedro Salinas─ el título Asomante, pasando por las luchas intestinas con aquella misma asociación hasta desembocar en el surgimiento súbito y espontáneo del título singular para su revista ─Sin Nombre─, Nilita gestó espacios donde la intelectualidad del mundo pudo exponer sus opiniones, pero, también, donde acogía a los escritores jóvenes del País, como es el caso de René Marqués y su obra dramática La Carreta, por ofrecer un ejemplo cimero. Así comienza Barradas la justa apreciación de su «mentora», como la considera. El título de su libro es, evidentemente, eco del que Nilita dedicó al escritor estadounidense Henry James (1843-1916), Introducción a Henry James, que publicó Ediciones La Torre de la Universidad de Puerto Rico en 1956. Fue parte de sus intereses en la literatura extranjera y gesto que le valió el apelativo de «snob». Quizás se afiliaba a la vertiente opuesta a la búsqueda de las raíces que impulsó la ya trillada generación del treinta, la cual consideraba «desarraigado» todo aquello que no tratara sobre Puerto Rico. Ahí está la crítica de Rubén del Rosario, Enrique A. Laguerre y Angelina Morfi, por tomar algunos ejemplos. Sin embargo, Nilita como «lectora» ─característica que la define y da unidad a su obra, según Barradas─ como todo intelectual que se precie de serlo ─Antonio S. Pedreira, Josefina Lube, Monelisa Pérez Marchán, Esteban Tollinchi, Mercedes López-Baralt─, tenía interés por lo puertorriqueño y por los más altos valores de la cultura universal. Mujer librepensadora: «Nilita se define a sí misma como una lectora que escribe sobre lo que lee y lo que le interesa» (Barradas 13).

En el primer capítulo del libro de Barradas, Nilita se nos aparece como la esencia de sus revistas, Asomante y Sin Nombre, a las cuales se podría unir Índice cultural, su famosa columna periodística. Nilita se inserta con renombre en la tradición de revistas en Puerto Rico, desde La Guirnalda Puertorriqueña ─Ignacio Guasp─, La Azucena ─Alejandro Tapia y Rivera─, Revista Puertorriqueña ─Manuel Fernández Juncos─, La Revista Blanca ─José González Quiara─, El Carnaval ─Joaquín Barreiro─, Cervantes ─Pedro de Angelis─, Puerto Rico Ilustrado ─Romualdo Real─, Revista de las Antillas y Juan Bobo─Luis Lloréns Torres─, Revista de Estudios Hispánicos ─Federico de Onís─, Índice ─Antonio S. Pedreira─, Gráfico de Puerto Rico ─José Pérez Losada─, Alma Latina ─Graciani Miranda Archilla─, etc., hasta La Torre ─Francisco Ayala y Jaime Benítez─, Artes y Letras ─Bolívar Pagán─ y Zona de Carga y Descarga ─Rosario Ferré─, entre otras. Cada revista, cada nombre que la impulsa con su personalidad y su proyecto. Nilita ─la «inmoderada moderadora»─ se proyectaba, además, a través de la televisión, medio por el cual comenzó a captar la mirada y el oído del joven llamado Efraín Barradas, quien fue dejando atrás su «provincianismo insularista» en el contacto con aquello extranjero que la «snob» de Nilita le transmitía, desde Ionesco a René Marqués, José Luis González y Pedro Juan Soto. El crítico ya experimentado afirma: «ella, maestra intelectual arquetípica, sabía que ni la novela inglesa, ni el teatro francés ni la crítica norteamericana ─como nada humano─ está en oposición a la cultura puertorriqueña» (20). Con la remembranza de sus años universitarios, Barradas no sólo expone lo que fue Nilita, sino lo que fue la Universidad de Puerto Rico y dentro de ella la Facultad de Humanidades ─que tanto ha sido atacada recientemente por la presidencia─ y dentro de ella el famoso pasillo frente al Seminario Federico de Onís del Departamento de Estudios Hispánicos, donde militaba el estudiantado guerrillero de aquellos años. ¿Investigación? ¿Crónica? ¿Biografía? Barradas goza su recuerdo y roza la novela: «Se mezclan los recuerdos y me parece llegar a un mundo de ficción» (24). El mundo intelectual real en el mundo ficticio, aquel que se nutría de luchas políticas que transformaron la revista Asomante en la revista Sin Nombre. Cuando los enemigos lograron quitarle el título, ella hizo de ese gesto su mayor logro: un título más emblemático. Otros personajes se unen a la historia narrada: Ana Lydia Vega, Wenceslao Serra Deliz ─acerca de quien Barradas escribe su primera reseña─, el caricaturista Carmelo Filardi como posible gestor de las letras de Asomante, Lorenzo Homar y Susan Homar ─su crítica más severa y quien lo impulsa a llevar su reseña a Nilita─. La crítica soberbia de Nilita sobre la reseña, el «menospreciado género» que exalta Barradas, sería el gesto que sustentaría la cúspide de uno de los críticos literarios más importantes de Puerto Rico: «Nilita ni sospechaba que, para bien o para mal, su generosa aceptación de mi primer texto crítico determinaría mi vocación» (25). Vocación de reseñista cruel ─como Pedreira en sus «Aclaraciones y crítica»─, Barradas afirma que se hizo de muchos enemigos y de una imagen negativa: es lo que le espera al crítico severo. Aboga por la reseña, tildada como género menor o como producto de quienes no son capaces de escribir algo más extenso y profundo. La reseña, como el soneto y como el cuento, tiene sus secretos y sus mañas. Afirma Barradas: «creo en las reseñas como género hermoso, útil y necesario» (27). Nilita, entre otros, fue su maestra en ese difícil género de la reseña y en la conjunción de lo patrio y lo universal.

La tristeza no se hace esperar en la biografía de Nilita. En el segundo capítulo, Barradas da cuenta del estado en que se encuentra actualmente su casa y herencia material e intelectual: «desgraciadamente […] su hermosa casa, su magnífica biblioteca y sus ricos archivos casi han desaparecido» […] Hoy la hermosa casa de la calle Cordero, la inmensa biblioteca y los muy valiosos archivos están en ruinas» (30). En esto se asemeja a la casa y herencia de Concha Meléndez, donada al Instituto de Cultura Puertorriqueña y abandonada, como pocos saben. En el capítulo tercero, Barradas se encarga de leer los signos del atuendo de Nilita, siguiendo el ya famoso ensayo de Josefina Ludmer, «Las tretas del débil» (Puerto Rico, 1984). La vestimenta puede ser arma contra las injusticias del sistema opresor. Nilita lo sabía y esgrimía bien esas armas. Barradas recurre, sobre todo, al texto de Nilita, titulado El mundo de la infancia (1984), para exponer el sentido de la moda y llega a figurársela como un Brummel femenino: «El dandi y el dandismo son conceptos problemáticos pero útiles para entender a Nilita y su relación con la moda» (39).

En el capítulo tercero, Barradas expone el significado de la foto en la aportación de Ruth Vasallo a través de Nilita Vientós Gastón: una vida en imágenes (1989), donde se ofrecen pistas para acercarnos a un retrato de esa extraña vida. De las fotos se desprende, a su vez, el vínculo de Nilita con la extraordinaria bailarina cubana Alicia Alonso, en el capítulo cuarto. En el capítulo quinto, la semblanza de Nilita sobre la argentina Victoria Ocampo, cuando esta muere, podría servir como autorretrato de la puertorriqueña. Tal como Ocampo fue una de las mujeres más importantes de la intelectualidad hispanoamericana a través de su revista Sur, Nilita lo sería a través de las suyas. De hecho, había un vínculo estrecho entre ambas mujeres: «Para comprobarlo sólo hay que sustituir Asomante / Sin Nombre por Sur e Índice cultural por Testimonios y se verá a la argentina convertida en la puertorriqueña» (63-64).

Como buen investigador, Barradas sustenta sus lecturas solventemente con la ayuda de Luis Nieves Falcón ─Los pasos de Nilita (2000)─, Luis de Arrigoitia, Marithelma Costa, Arcadio Díaz Quiñones, Alicia Finchietti, Juan Martínez Capó y María Solá, entre otros. En el capítulo séptimo ─posiblemente el trabajo más profundo del libro─ dedicado al análisis del libro titulado Introducción a Henry James, ensayo que se había publicado en la Revista de Estudios Hispánicos en 2022, puede evidenciarse la aportación de la crítica local e internacional acerca de aquel libro y la valoración sobre la valoración de uno de los novelistas más importantes de la lengua inglesa, visto por primera vez desde Puerto Rico y en español. La trayectoria vital del desarrollo familiar de Nilita la lleva por La Habana (Cuba), New Jersey; luego en estudios viaja a Ohio (Kenyon College), y en 1978 a Barcelona para participar en el congreso internacional del PEN Club. Antes había viajado a Nueva York, pero el viaje supremo de su aprendizaje fue en 1955 con un grupo estudiantil de la UPR: Francia, España e Italia: «De ese viaje de seis semanas a Europa surgió un pequeño libro, Impresiones de un viaje (1957)» (80). Había sido publicado en nueve columnas de «Índice cultural» en el periódico El Mundo. Según Barradas, es libro imprescindible para conocer la trayectoria vital de Nilita: «En estas páginas hallaremos claves para […] apreciar mejor sus ideas sobre el estado de la cultura puertorriqueña» (80).

Junto con el libro sobre Henry James, la aportación más significativa de Nilita fue su labor como reseñista, principalmente expuesta en la columna «Índice cultural», que la Universidad de Puerto Rico recogió en seis tomos (1962-2003) y que, según Barradas, debería unirse al volumen de reseñas sobre teatro que publicó en 1989 el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Se refiere al volumen titulado Apuntes sobre teatro (1955-1961), que consta de veintiocho artículos publicados en el periódico El Mundo, tal como lo explicó esa otra mujer valiosa, Victoria Espinoza, en las páginas preliminares.

De especial interés para Barradas es la lectura que Nilita realiza del político Pedro Albizu Campos, en el penúltimo de los textos que componen su libro. Con esas reseñas que aparecieron en diversos periódicos y revistas de Puerto Rico e Hispanoamérica, Barradas señala que Nilita se convirtió en «una de las cultivadoras más importantes del ensayo en Puerto Rico» (114). Es posible que aquellos Comentarios a un ensayo sobre Puerto Rico ─«Puerto Rico, 1964. Un pueblo en la encrucijada», de Roberto F. Rexach Benítez y Celeste Benítez, publicado en El Mundo en 1964─ que salieron bajo Ediciones Ateneo Puertorriqueño en 1964 tuvieran importancia para resumir las ideas políticas de Nilita. Se habían publicado, también, en «Índice cultural», en el mismo periódico. Fueron nueve columnas divulgadas entre el 11 de julio y el 5 de septiembre de 1964, en las cuales llegaba a una nefasta situación que parecería ser profecía de nuestro presente:

No puede ser más aterradora la imagen de la sociedad ideal puertorriqueña que favorece el trabajo. Una sociedad formada por hombres desarraigados de lo propio e imposibilitados, por lo tanto, para comprender lo propio y lo ajeno y laborar por los dos; que sólo aspira al goce de los bienes materiales, que mira como sospechosos a los inconformes y los disidentes y tiene temor al cambio. En otras palabras: una sociedad que sería no sólo la negación de lo puertorriqueño ─que es un modo de ser particular dentro de la cultura occidental─ sino también la negación de una verdadera sociedad con sentido de lo universal, de un organismo vivo en continuo proceso de formación. (Comentarios a un ensayo sobre Puerto Rico, Ediciones Ateneo Puertorriqueño, San Juan, 1964; p. 45)

El texto que cierra el volumen Introducción a Nilita Vientós Gastón había sido solicitado por la revista En Rojo del semanario Claridad, cuando la muerte de Nilita. Clausura con lo que nos hace falta: la esperanza en la remembranza y en el reconocimiento de esta Dama de la Cultura puertorriqueña. Esperanza que se extiende a la Facultad de Humanidades, hoy amenazada por la administración universitaria, como extensión de la amenaza que confronta la Universidad de Puerto Rico frente al gobierno y la Junta de Control Fiscal. Agradezco a Efraín Barradas este valioso y hermoso libro que nos entrega su Nilita Vientós Gastón y su necesaria remembranza.

El autor es Director del Seminario Federico de Onís

 

Cuando aprendí a limpiarme el culo civilizadamente, regresé al salvaje Oeste

 

 

Especial para En Rojo

 

Me despedí del chorrito de agua para sanitizar el ano en el Aeropuerto de Estambul. Elegí descargarme en cuclillas en la incómoda taza turca horizontal, pero dotada de la manguerita-bidé, y desdeñé los inodoros occidentales con papeles raspadores-recolectores.

Estaba deseando llegar a Boston para abrazar a mis hijos y contarles estas cosas. Que en el Medio Oriente son más civilizados que en el Oeste, entre otras cosas, como en el comer saludable, en la higiene personal. Quería compartir con mis hijos la apasionante historia de la región y las cientos de fotos que tomé tratando de capturar una arquitectura y una humanidad inabarcables.

Quería contarles que por encima de la ignominia de las guerras impulsadas por el veneno de las élites de todas las religiones, de los sátrapas de todas las etnias, y los tiranos de todas las procedencias, siempre acaban venciendo la vida y la bonhomía de la gente humilde de todas partes y todas las creencias.

A mí me costó varias semanas acostumbrarme a no pensar que la manguerita la acaba de tocar alguien, mucha gente antes que yo, para limpiarse el trasero. Tocar la manguerita me parecía una guarrada mientras que pensaba que el papel higiénico era ideal a pesar de las asperezas de algunas marcas.

Cuando me acostumbré a ver las mangueritas junto al inodoro cogí confianza y empecé a intentarlo, pero acababa empapándome y salpicando todo el cuarto de baño.

Pregunté a varios colegas españoles si usaban la manguerita. El unánime y orgulloso “claro, ¿tú no?, ¿todavía?”, me hacían sentir un poco idiota y muy intruso, como los periodistas que han trabajado décadas en la región y no saben más palabras en árabe que “salam aleikum” (el civilizado saludo árabe que significa “la paz sea contigo”) y “shukram” (gracias).

Pero yo no aprendí a usar el chorrito hasta que le pregunté al corresponsal de La Voz de Galicia, Pablo Medina, cómo se hacía. Me contestó con un serio y rotundo “apunta”.

De primeras, a mí no me pareció un consejo tan obvio como pudiera parecer. “¿Qué quieres, que apunte con el ojo del culo al ojo del culo?”.

Pero una vez aprendes a limpiarte con el chorrito, que acaba dándote gustirrinín y te hace sentir limpio y fresco como en el anuncio de televisión de un spa, el papel higiénico te parece una herramienta medieval.

A esta aparente tontería dedicaba mis neuronas cuando aterricé en el aeropuerto Logan de Boston. Como sabía que me iban a pasar a interrogatorio tan pronto vieran los sellos en mi pasaporte de Líbano y Siria, fantaseaba con decirle al agente de la Seguridad Nacional: esa gente está alante, señor, se limpian el culo con un chorrito, como los japoneses. Se alimentan con la mejor cocina mediterránea. Son una gente acogedora que ahora tiene alguna esperanza de prosperar, en Líbano con un nuevo presidente, y en Siria con un gobierno de transición que hasta ahora se está portando bien tras una dictadura familiar de medio siglo y 14 años de guerra civil. No como aquí, ignorantes, que habéis elegido a un troglodita como presidente.

Claro que no iba a contar nada de eso, pero siempre me ha gustado soñar despierto.

En agosto del año pasado, cuando llegué desde Beirut tras pasar dos semanas reportando sobre el sur de Líbano, Biblos y la capital, vino a recogerme al control de pasaportes un agente de paisano, que sabía español y árabe, pero que se comunicó conmigo en inglés. Era un experto en el Medio Oriente que me dijo con cordialidad buscando complicidad: “perdone que lo molestemos un momento después de un largo viaje, pero la Intel que puedas compartir con nosotros nos puede ser de ayuda valiosa, ustedes los periodistas pueden llegar a sitios donde nosotros no”.

En aquella ocasión, no me sentí intimidado porque yo no tenía nada que ocultar y hablando con él no iba a traicionar a nadie ni a mí mismo. Todo lo que había hecho, los sitios donde había estado y las personas con quienes había hablado lo había escrito y publicado en mis redes o en CLARIDAD. Así que no estaba ni siquiera un poco intranquilo. De hecho, me hicieron sentir importante.

La experiencia esta vez, cuando regresé pocos días después de la toma de posesión del presidente Donald Trump, fue totalmente diferente.

La joven agente del control de pasaportes que me tocó no tenía idea de dónde estaban Líbano o Siria ni lo que estaba pasando por allí. Pero en mi pasaporte se mostraban entradas y salidas de Líbano que no tenían sellos de Siria. Le mostré el papelajo en el que estaba el sello de entrada a Siria. Por alguna razón, los sirios no estaban estampando su sello de entrada en los pasaportes, si no en un salvoconducto aparte. La agente escribió una “P” en una cartulina naranja que introdujo en mi libro de visados y me hizo esperar a su lado.

Una señora muy desagradable en uniforme de Seguridad Nacional me recogió y me guió con gestos, no recuerdo palabras, a la sala de espera común para casos sospechosos. Me ofendí como rockero al que no reconocen por la calle. Me habían desprendido de todo mi glamour de reportero internacional de conflictos.

Cuatro jóvenes agentes uniformados e inexpresivos revisaban documentos en un salón impersonal.

Una señora dominicana lloraba.

Un agente uniformado con más experiencia que el resto salió de una oficina a exigirle a la señora que le recordara qué medicinas tomaba. “Para la presión alta de la sangre”, tradujo un agente latino que hablaba un lamentable y robótico español pero al que se le veía orgulloso de sus pistolas y el innecesario chaleco antibalas de nivel 4. “¿Y cuándo se la tiene que tomar?”.

En un primer momento pensé que qué bien que se preocuparan por la salud de la señora, pero pronto me quedó claro que a los agentes les preocupaba poco la mujer, que mientras lloraba murmuraba algo inteligible. Los agentes lo que no querían es que a la señora le diera un yuyu y lo acusaran a ellos por negligencia.

Una agente veinteañera con facciones del extremo Oriente revisaba mi pasaporte, mis permisos locales, mis credenciales como periodista y las cartas de Claridad.

La señora no dejaba de llorar y cada vez iba diciendo a un volumen más fuerte y articulado lo que había empezado a barruntar: yo me quiero morir, yo me quiero morir, mi madre allí, mi hija aquí fuera, me quiero morir, me quiero morir.

Quería preguntarle por qué estaba allí, por qué la habían retenido, si había viajado sin documentos, si su madre estaba en República Dominicana, si su hija era menor y estaba sola en Boston. Quería escribir su historia. Quería ayudarla como pudiera. Quería avisar a un ejército de abogados amigos.

Me quiero morir, me quiero morir, me quiero morir…

Y yo solo había alcanzado a decirle “no diga eso, señora, no diga eso, por favor”, cuando me puse en pie con la intención de sentarme a su lado y consolarla de algún modo.

Pero entonces escuché “¿sisar?”, que es como pronuncian mi nombre formal, César. Agarré mi mochila y me dirigí al mostrador acristalado de la oficial del Homeland Segurity.

La joven de ascendencia china o coreana me hizo las preguntas más extrañas.

¿Qué es CLARIDAD?

Un periódico de Puerto Rico.

¿Usted vive en Puerto Rico?

No, vivo aquí, en Cambridge.

¿Pero cómo es eso? ¿Vive aquí pero trabaja para un periódico en Puerto Rico?

Ajá (me ahorré explicaciones que la habrían hecho sentir estúpida).

¿Cuánto tiempo ha trabajado para CLARIDAD?

Yo no trabajo como empleado a tiempo completo para CLARIDAD, pero he colaborado con CLARIDAD por casi 25 años. Soy su principal colaborador internacional en zonas de conflicto, presumí.

Ah, exclamó como si entendiera algo de la vida.

La amable joven, oriental de ascendencia, me extendió mis documentos con humildad étnica, casi abochornada por estar haciendo un trabajo para el que no ha sido preparada, y me dijo que podía irme mientras bajaba los ojos.

Por la costumbre reciente, le dije “shukram”, palabra árabe que no entendió y que por ello no activó ninguna luz roja en su sistema de seguridad.

“Thank you”, le dije, ahora en inglés, mientras salía de aquel espantoso lugar en el que una mujer dominicana lloraba y decía que se quería morir

 

Rechazo firme al cierre de 64 programas en la UPR

Foto reproducida de almaplus

 

Desde profesores hasta legisladores, múltiples sectores del país repudiaron la propuesta reciente

CLARIDAD

A solo 11 días de haber emitido una medida que detendría el ingreso de estudiantes para 64 programas académicos de la Universidad de Puerto Rico (UPR), el presidente de la institución, Luis A. Ferrao Delgado, revirtió su decisión tras días de reuniones y protestas en todo el sistema universitario. Con la excepción del Recinto de Ciencias Médicas (RCM), todos los recintos habrían sufrido bajas en su oferta.

“En vista de las tendencias observadas en los intereses que solicitan admisión al sistema de la Universidad de Puerto Rico, las cuales han resultado en una disminución constante en el número de solicitantes a ciertos programas académicos durante los últimos siete años… se establece(n)… detener la aceptación de estudiantes para el año académico 2025-2026”, reza el comunicado del presidente.

A diez días del comunicado, publicado el 23 de enero, el estudiantado del recinto de Río Piedras organizó un pleno en el discutió la inviabilidad que, a largo plazo, representaría el cierre de estos cursos. En el caso particular de la Iupi, esta moratoria habría impactado 15 programas, entre los que se destacan: Literatura Comparada, Filosofía, Historia, Arte, Estudios Hispánicos, Educación Especial y otros más.

“Están diciendo que la gente no quiere estudiar Historia, que no quiere estudiar Inglés, Estudios Hispánicos, Educación Especial, nada de Ciencias Agrícolas. Básicamente no quieren el desarrollo verdadero de un país… la educación es algo fundamental para el bienestar de un pueblo y para la toma de decisiones del futuro”, acotó la representante estudiantil Cali Torres Pérez.

Para Raquel Martínez, presidenta del Consejo de Humanidades (CE) de la Iupi, el jefe del sistema universitario “dijo muchos disparates a la prensa” luego del diálogo con los consejos que se dio en la Administración Central. De hecho, la estudiante recordó que, durante la reunión, los líderes concejales exigieron que Ferrao “redactara esa carta mejor”.

“Primero, presenta varios errores de computación. Una de las estrategias que, por lo menos desde Historia hemos exhortado a otros colegas a emprender, es la medición de estudiantes totales en los programas. El programa de Historia, en el seriado, figura con ocho estudiantes que ha recibido, y atiende a 70 estudiantes a nivel subgraduado, más cerca de otros 70 estudiantes a nivel graduado”, expresó, por su parte, el profesor de Historia Marcelo Luzzi.

Asimismo, el docente aprovechó su turno durante el pleno para resaltar que, si esa matrícula se suma a la cifra total que estudia en la facultad, “se multiplica enormemente”. De acuerdo con el Dashboard de matrícula total y a tiempo completo, la Facultad de Humanidades contaba, en agosto del 2024, con 129 estudiantes en sus programas de Historia. Es decir, la cifra aún no ha considerado los traslados internos ni los cambios de este segundo semestre

“Tenemos que dar una discusión que exceda los números, (pero) también hay que hablar desde los números porque parece que es lo único que (Ferrao) entiende. Es importante  revertir el discurso sobre los números que se están dando. Estamos atendiendo a muchos más estudiantes… y podríamos comprobar que todos los programas de la Facultad de Humanidades son autosustentables”, aseguró Luzzi.

“¿En qué sentido?”, agregó, “en el sentido de que lo que ustedes (el estudiantado) pagan por matrícula, que un curso vale $465 ahora mismo, multiplicado por el número de estudiantes por clase, da el salario de un profesor a tiempo completo”, informó el profesor en un breve ejercicio matemático. Además, expuso que la cantidad promedio de esa suma- $12,000- “excede con creces” los $2,000 que ingresa un docente a tiempo parcial.

Luzzi concluyó su turno argumentando que una universidad pública, que se entienda como pública, “no puede permitirse” la eliminación de programas de Historia o Filosofía por la responsabilidad que tiene la institución con el país.

Una movida que puede costarle la renuncia a Ferrao

Aparte del rechazo a la propuesta, que habría tomado efecto a partir del 31 de enero de este año, múltiples sectores de la comunidad universitaria condenaron el estilo de gobernanza de Ferrao Delgado que, desde el 2022, ha amenazado la calidad educativa de la UPR, según varias fuentes. El esfuerzo multisectorial sostuvo una conferencia en el Recinto Universitario de Mayagüez (RUM) para manifestar su rechazo.

De acuerdo con María del Mar Rosa Rodríguez, presidenta de la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU), la administración universitaria ha fallado en hacer propuestas concretas para garantizar que la Junta de Control Fiscal (JCF) conceda los fondos recurrentes que necesita la institución.

“La Junta de Control Fiscal dice que la administración universitaria no le ha demostrado que necesita los fondos. Yo creo que ellos están un poquito ciegos porque, con ver los edificios de todo el sistema de la UPR, se sabe que necesitamos los fondos, pero ellos (la administración) tampoco hacen la gestión. Así que nuestra invitación es que queremos ver esas propuestas que hace la administración de la UPR a la Junta de Control Fiscal, y que le diga no a la Junta de Control Fiscal”, postuló Rosa Rodríguez.

Con esos pasos, añadió la presidenta, la comunidad universitaria y la administración podrían hacerle un frente común a las imposiciones del ente fiscal. De hecho, el panel denunció la falta de fiscalización por parte de la presidencia de la UPR y que, a pesar de esa falta de datos, decide precarizar la condición del primer centro docente del país.

“Nuestros trabajadores, que somos el apoyo a la docencia, el apoyo al mantenimiento de nuestros recintos, estamos todavía cobrando por debajo del (salario mínimo) $10.50, tenemos nuestro convenio colectivo detenido, y todo lo que puede provocar el cierre de estos programas pone el riesgo a los trabajadores”, planteó Carlos de León, presidente de la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND). También, advirtió que esta determinación podría dar paso al cierre de recintos, como el de Utuado.

Sobre este último punto, De León coincidió con el representante estudiantil de la unidad utuadeña Sebastián Segarra. En entrevista telefónica con CLARIDAD, el estudiante de Agricultura Sustentable, uno de los programas que se habría eliminado, opinó que Ferrao Delgado se encontraba “en un mal momento” en el que “actuó con mala fe” respecto al futuro institucional.

“Cuando se trata de cierre de estos programas, estamos hablando de cinco en UPR Utuado: Agricultura Sustentable, el grado asociado en Procesos de Alimentos, el grado asociado en Horticultura, el grado asociado en Producción Agrícola y el grado asociado en Humanidades. De esas cinco, cuatro son del Departamento de Tecnología Agrícola. En ese departamento reside el 50% de nuestros matriculados”, reveló Segarra, quien también presidió el consejo estudiantil del recinto.

Por igual, el estudiante de la unidad utuadeña enfatizó en que Ferrao Delgado, al emitir esta orden, no consultó a la Junta de Gobierno (JG) de la institución ni a la Junta Universitaria (JU). Incluso, otros representantes del sector estudiantil aducen que el comunicado del presidente fue filtrado, no remitido para enterar a la comunidad universitaria.

“Ha sido nada más y nada menos que un abuso flagrante de la confianza de la UPR”, concluyó Segarra.

El resultado del cierre: una colonia más dependiente

En un país invadido y ocupado hace más de 100 años, donde se importa  el 85% de los alimentos, esta medida propuesta por Ferrao Delgado habría socavado la poca soberanía alimentaria que se trabaja en Puerto Rico, de acuerdo con el estudiante de Horticultura Eliudes Camps Marcano.

“El horticultor se enfoca en varias cosas, como la creación de semillas de nuevas plantas para que se puedan producir esos alimentos en el país. Eliminar un bachillerato como este sería, básicamente, poner en riesgo la soberanía alimentaria del país. Así de sencillo, porque son los que ayudan a producir la comida”, alertó Camps Marcano.

Del mismo modo, el estudiante-horticultor subrayó que el recinto mayagüezano es la única universidad Land Grant en Puerto Rico. Este tipo de institución, que existe en otros lugares de Estados Unidos (EE UU), incluye: una facultad, una extensión y estaciones experimentales agrícolas. Esa estructura, según Camps, también se vería en jaque por la consolidación que, a partir de la orden, se ha rumoreado en el RUM.

“Unir esos programas no es ideal, porque cada uno tiene un propósito diferente… si los mezclas todos, tienes la mitad de uno y la mitad de otro, pero no estás creando profesionales en esas áreas particulares. Es como reducir los empleados de una compañía de 10 a cinco y después pones esos cinco a hacer el trabajo de los 10”, esbozó el estudiante.

Camps Marcano ingresó al RUM por ingeniería, pero con el tiempo se trasladó a Horticultura porque le interesó más. El cierre propuesto- y retirado- por Ferrao Delgado no contempló este tipo de matrícula.

 

Reuniones y manifestaciones

Diversos representantes del país han expresado su rechazo a la medida revertida de Ferrao Delgado, como la Juventud (J) del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), la delegación del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en la legislatura, el Sindicato de Trabajadores de la UPR (STUPR), todos los consejos de la UPR y más de 15 organizaciones suscritas al frente común.

“ Exigimos que se admitan a todos los estudiantes de nuevo ingreso en estos 64 programas. Docentes, estudiantes y trabajadores cerraremos fila y demostraremos nuestra oposición a esta directriz con el inicio de una Jornada en defensa de la UPR, llamada “Sin U no hay PR, Sin universidad no hay Puerto Rico”, expresó la presidenta del consejo estudiantil del RUM, Marlon Villamil, en un comunicado oficial del 24 de enero.

La jornada incluirá: una manifestación el miércoles, 29 de enero, frente a los portones de la Iupi a las 10 a.m.; asambleas multisectoriales con los 11 recintos el próximo 30 de enero; y un evento cultural que se anunciará más adelante. Mientras tanto, varias fuentes anónimas y cercanas al consejo de Río Piedras piensan que, en la reunión del miércoles, los cuerpos regentes de la UPR exigirán la renuncia de Ferrao Delgado.

 

 

 

Editorial- La mano del sátrapa llegó a Barrio Obrero

 

Donald Trump construyó su riqueza personal con tácticas típicas del bajo mundo corporativo. Algunas de estas fueron recurrir a manipulaciones y falsedades para lograr financiamiento bancario, la intimidación en la negociación y el abuso de las peticiones de quiebra, todo muy parecido al modus operandi de las familias de la mafia. Hace algunos años, una rigurosa investigación de la fiscalía de la ciudad de Nueva York puso sobre el tapete ese comportamiento mafioso, produciendo imputaciones criminales contra algunas de sus empresas y testaferros.

A pesar de ese oscuro historial, que incluye, además, haber sido declarado convicto de varios delitos, una porción significativa del electorado estadounidense votó por Trump el pasado noviembre y desde el 20 de enero de 2025 está otra vez al mando de Estados Unidos que, a pesar de su evidente declive, sigue siendo una potencia económica y militar de primer orden. Igual como ocurrió durante su primer mandato entre 2017 y 2020, tan pronto asumió el mando se dispuso a emplear las mismas tácticas que antes refinó en el mundo empresarial. En esta ocasión su práctica será más intensa y desbocada porque en los cuatro años que pasaron entre uno y otro mandato acumuló muchos deseos de venganza. También es más peligrosa porque a diferencia del primer término, en esta ocasión tiene pleno control del Congreso y más presencia en el sistema judicial, particularmente en el Tribunal Supremo.

En las primeras semanas de su segundo término ya hemos visto un despliegue de todas las prácticas típicas del millonario mafioso que siempre ha sido. De inmediato indultó a todos sus soldados de la lucha callejera imputados de delito, muchos de ellos convictos por el ataque al Capitolio el 6 de enero de 2021, al estilo de lo que hizo el Duce italiano con sus camisas negras y Hitler con las pardas cuando ambos llegaron al poder. Otros actos fueron pequeñas muestras de venganza, como las órdenes para retirar protección policial a exoficiales de su primer mandato que considera traidores a la causa.

Pero hacia donde más dirigió su furia temprana fue contra quienes convirtió en el centro de su demagogia durante la campaña electoral: los inmigrantes. Tal como el Duce puso a los comunistas en el centro de su ataque, y el nazismo convirtió a comunistas y judíos en los “culpables” de los males de Alemania, el trumpismo ganó sus votos fomentando el odio de los torpes hacia los inmigrantes. Allí está, según ellos, una de las principales causas por la cual su “América” ya no es “grande”, por lo que sólo pisoteándolos puede recobrarse su “grandeza”. Uno de sus primeros actos fue intentar cambiar la forma de adquirir ciudadanía que, afortunadamente, ya un juez puso en pausa.

Aquí se impone una aclaración importante. El combate a la inmigración no es solo un tema que impulsa la ultraderecha estadounidense, igual que el odio a los judíos no fue exclusivo del nazismo. Durante las dos administraciones del liberal Barak Obama, sin hacer mucho ruido, se impuso un récord de deportaciones de inmigrantes y durante los últimos seis meses del mandato de Joe Biden se realizaron 680 vuelos con deportados a países latinoamericanos incluyendo, por cierto, hacia México y Colombia.  La diferencia con Trump es el odio, tal vez la intensidad de las operaciones y el escarceo mediático.

Buscando provocar un efecto intimidatorio y con el propósito deliberado de causar pánico, los diversos cuerpos de policía del gobierno federal ya comenzaron a realizar redadas en las comunidades donde se agrupan los inmigrantes. El efecto real a mediano plazo de esas batidas estará por verse y puede que su impacto en cuanto al número de detenidos sea poco significativo, pero sin duda causan pánico y logran efecto mediático, que son realmente los objetivos. Por todo Estados Unidos (y sus colonias) las tropas del ICE ya están en la calle y el desasosiego se apodera de millones de personas, mayormente latinoamericanos, que llegan a ofrecer servicios que la economía estadounidense efectivamente necesita.

En Puerto Rico la comunidad dominicana es y será la más afectada porque aquí son la mayoría y, además, por ser eminentemente trabajadores desprovistos de la protección política que tienen otros grupos. El domingo 26 de enero, a seis días de la inauguración de Trump, se produjo la primera redada en el Barrio Obrero de Santurce causando, precisamente, el efecto intimidatorio que buscaban. Frente a ese azote los hermanos dominicanos sólo podrán apoyarse en la solidaridad boricua porque del gobierno de turno, en manos de una aliada del trumpismo, sólo recibirán palabras huecas.

Respecto a los golpes de efecto que este imitador del fascismo intente dar a nivel internacional -por sí mismo o por medio de testaferros como Elon Musk- esperamos que países y dirigentes sean conscientes de las terribles consecuencias que tuvo el “appeasement” empleado contra los fascistas originales. La historia demuestra que la única manera de “apaciguar” a estos provocadores es enfrentándolos porque si se demuestra debilidad se envalentonan y entonces será peor. La década del ´30 del siglo XX dejó muchas lecciones y esa fue la más importante.

 

Repudio a detenciones de inmigrantes

Ilustración Kike Estrada. Planeta Kike

 

La delegación del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) en la Legislatura Municipal de San Juan propuso a dicha legislatura a que  adopte una ordenanza para delimitar la cooperación de las autoridades municipales con cualquier entidad, estatal o federal, que trate de deportar a personas con estatus migratorios no normalizados y que deje sin efecto cualquier memorando entre el Municipio que contravenga las disposiciones de la referida ordenanza.

Este pasado domingo  26 de enero, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE-HSI, siglas en ingles), llevaron a cabo un operativo en Barrio Obrero y otras zonas de San Juan, en donde predomina la comunidad dominicana, tal como dispone  la política migratoria adoptada por el presidente Donald Trump.

Según se informó en comunicado de prensa,  el esfuerzo legislativo a nivel municipal fue desarrollado por la delegación de la Alianza en la Legislatura Municipal de San Juan, que incluye a las legisladoras Norma  Devarie y Daisy Sánchez, a Jean René Santiago, Marielle de León, Jean Carlos Curbelo y Eileen Domenech. Estos últimos estarán ejerciendo formalmente los cargos durante periodos aproximados de dos (2) años. El colectivo es complementado por Ricardo L. Ramos, quien sirve de legislador suplente.

“Repudio que bajo alegadas violaciones a ley se detengan personas que no han normalizado su estatus migratorio. Le pedimos a la Administración Municipal que use todas las agencias necesarias con que cuente el Municipio para asistir a estas personas durante este proceso tan penoso”, puntualizó Devarie,  actual portavoz de la Alianza en la Legislatura Municipal.

En tanto, el licenciado Jean René Santiago,  quien asumirá la portavocía de la delegación en la Legislatura Municipal en los próximos meses, también se expresó sobre el Proyecto de Ordenanza presentado por el MVC. “Con este proyecto de ordenanza, garantizamos que nuestro municipio sea un lugar seguro para hacer vida, ante los intentos deshumanizantes de criminalizar personas que vinieron a San Juan buscando una mejor vida para ellos y para los suyos.

Por su parte, en comunicado de prensa, el secretario general y excandidato del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y la Alianza de País, Juan Dalmau Ramírez,  emplazó  a la gobernadora, Jenniffer González, a  no continuar con su “actitud de apoyo incondicional” al presidente Trump y emitir unas declaraciones contundentes en repudio a la ola de arrestos de inmigrantes.

“Hace dos días arrestaron a un veterano puertorriqueño en Nueva Jersey. Hoy, domingo, la emprenden contra la comunidad dominicana en la isla, a solo días de que la propia Jenniffer González dijera que eso no ocurriría en Puerto Rico”, denunció Dalmau Ramírez.

El excandidato a la gobernación por la Alianza,  llamó la atención  a que de  hecho, la  Gobernadora participó de un foro de Heritage Foundation, una de las entidades que apoya este tipo de política,  por lo cual él  advirtió, junto a líderes de la comunidad dominicana, del peligro que significaba para los migrantes residentes en Puerto Rico.

“Hoy, desgraciadamente, lo que anticipamos, se está cumpliendo. La gobernadora no puede decir que no estaba advertida. Por tanto, emplazo a la gobernadora a que deje claro de qué lado están sus lealtades: si con Trump y su grupito de ricos racistas o con la defensa de los puertorriqueños y hermanos dominicanos en la isla”, reclamó Dalmau.

También la portavoz del PIP en la Legislatura, senadora María de Lourdes Santiago, se expresó en contra de las detenciones y de la política migratoria.

“Como pueblo caribeño y latinoamericano, nuestra experiencia con las comunidades migrantes ha sido de integración, convivencia y hermandad. La amenaza de deportaciones masivas, la autorización para redadas en iglesias y escuelas y el uso de fuerzas armadas para poner en marcha las iniciativas trumpistas de racismo y xenofobia, además de abusos de poder, son medidas contrarias a nuestra idiosincrasia y a nuestro sentir colectivo. Nuestro pueblo también conoce el dolor de la emigración y el sufrimiento del discrimen. Solidaridad con las comunidades de emigrantes, que hoy son las primeras víctimas de un régimen de odios y exclusión”.

El exsenador por el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), Rafael Bernabe, fue otra de las voces que repudió las detenciones de personas inmigrantes en la isla.

“Condenamos la persecución contra nuestros hermanos y hermanas dominicanas, haitianas y de otras nacionalidades. El problema de Puerto Rico no son los inmigrantes, son las estructuras y políticas que fomentan la injusticia social y económica”.

El exsenador urgió a que todos y todas  se solidaricen contra la persecución de la comunidad inmigrante en Puerto Rico.  “Tenemos que repudiar esas redadas. Nadie debe colaborar con esa persecución de nuestros vecinos por las autoridades de inmigración. La policía estatal y municipal no debe colaborar ni apoyar esta política inhumana. El gobierno de Jennifer González y de Miguel Romero debe exigir el fin de estas redadas en Puerto Rico. Si no lo hacen, se demuestra que son cómplices de la xenofobia de Trump y su administración. Es urgente organizar actividades en defensa de la comunidad inmigrante. Sin esto no podemos lograr el Puerto Rico democrático y solidario que necesitamos”.