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Los límites superiores de lo insoportable

En tiempos recientes se ha repetido una y otra vez. Por más de 20 años los gobiernos tomaron préstamos de cantidades astronómicas cuyas cuotas de pago eran imposibles de pagar. De cuatrienio en cuatrienio, la tendencia fue acrecentándose. Los altos funcionarios ignoraron las voces de alerta y estuvieron dispuestos a endeudar aún más al país.

Sin embargo, no se sabe adónde fue a parar esa ingente cantidad de millones de dólares. Mientras eran depositados en las arcas del gobierno, en al menos los últimos 15 años, la gente se empobrecía, la infraestructura se deterioraba, la fisonomía de pueblos y ciudades se oxidaba, agrietaba y abandonaba hasta adquirir el rostro de las ruinas.

Cualquier ciudadano de alguna edad recorre el país y hurga en su memoria. Vuelve a ver en su mente el mundo anterior a la catástrofe. Lo que son hoy centros comerciales sin tiendas, grandes estructuras dejadas a la intemperie, que hasta sólo unos años ocuparon cadenas de ferreterías, mueblerías, tiendas de materiales de oficina, ropa o electrodomésticos, subsisten en los recuerdos como fotos de la infancia que van empalideciendo sus colores.

En cualquier urbanización hay casas arropadas por la maleza. En muchos años, nadie ha entrado a ellas o se ha ocupado de su mantenimiento. Ya ni siquiera alguien sueña con venderlas. Pertenecen a dueños que partieron y las olvidaron como un juego de cuarto intransportable o son de un banco que las relega a una lista demasiado larga de propiedades reposeídas. Aun en zonas prósperas, como la avenida Ramírez de Arellano de Guaynabo, conté recientemente 32 estructuras abandonadas o en venta. Es imposible saber, más allá de los controles de acceso, cuántas hay en este barrio en similar situación. Si la avenida sirve de muestra para una estadística, se podría calcular que entre el 10 y el 15 por ciento de las residencias albergan fantasmas.

Este panorama conduce a una pregunta: ¿qué se hizo con el dinero? La respuesta resulta evidente, pero es parte de una especulación, porque el asunto no se ha vinculado con una investigación que merezca ese nombre: las decenas de miles de millones de dólares se robaron o mal invirtieron; los recursos se utilizaron para apuntalar un precario estado colonial constreñido por una camisa de once varas en un mundo de transacciones globalizadas.

No se ha indagado suficientemente en esta debacle que ha traído al país hasta la imposición por Washington de la Junta de Control Fiscal. El cabro sigue cuidando de las lechugas y ha gozado y lo continúa haciendo de una impunidad negociada por políticos, empresarios, desarrollistas y profesionales. En el proceso se puede aludir a un logro o, acaso a una victoria, pero estos son historias personales: individuos o grupos que se habrán enriquecido a costa del endeudamiento del Estado.

La deuda que nos irá empobreciendo sin tregua puede convertirse también en un espejismo. Se puede llegar a pensar, que antes de ella, las cosas marchaban bien o, al menos, sustancialmente mejor. Pero si la edad del ciudadano se lo permite, puede recurrir a su memoria y percatarse que en los presuntos tiempos de vacas gordas, el país no disfrutó de sólidos proyectos de desarrollo económico, educativo y de salud. En esos tiempos, si bien mejor que ahora, tampoco se vivía holgadamente. Algo ocurría también entonces que no permitía a esta sociedad salir de sus estrechos límites.

Los que tenían el poder para hacerlo, diseñaron un país no para que fuera eficiente o próspero, no para que se destacara y mucho menos para que fuera sobresaliente. El poder de Washington y el más restricto de la colonia, diseñaron una sociedad para que sus ciudadanos, consumidores y electores no cambiaran de estación ni de partido. Los hacedores de esta sociedad no pretendieron el desarrollo ni el bienestar sustentables y duraderos. Les bastó la creación de una sociedad que habitara el límite superior de lo insoportable. Un país en que era más importante la construcción de una imagen plácida y autocomplaciente, que la realidad de una situación personal y colectiva perennemente colindando con lo intolerable.

En la historia de Puerto Rico no hay arcadias. Sólo periodos en los que se figuró estar del otro lado de la guardarraya de lo insufrible. Puerto Rico ha estado, bajo España y Estados Unidos, en las garras del denominador común más bajo. Se ha gobernado suponiendo que sólo era necesario asegurar los mínimos: mínima educación posible, mínima salud, mínima cultura, mínimo bienestar. Lo que baste, como dijera antes, para que no se cambie de estación o de partido.

Esta estrategia ha resultado insuficiente para afrontar los tiempos de la deuda. Cada año decenas de miles de puertorriqueños no solamente cambian de estación, sino que abandonan el país. Miles de ciudadanos dejan de votar o lo hacen buscando alternativas. El actual partido de gobierno obtuvo su triunfo electoral con sólo 42% en una elección lastrada por una abstención sin precedentes. Hace unos días, un plebiscito en el que probablemente hubo irregularidades en el conteo de votos, logró una participación que apenas pudo rebasar el 20%.

La población ya no habita el límite superior de lo insoportable sino que ve cómo las ruinas la cercan y la invaden. En pocas semanas decenas de miles de trabajadores verán sus sueldos reducirse en 20%, miles de hipotecas caerán en el impago, miles de ciudadanos perderán la tarjeta de salud, miles de empleados en edad productiva serán puestos contra la pared al aceptar una jubilación obligatoria.

La deuda puertorriqueña no es simplemente el resultado de la irresponsabilidad de los gobiernos y de las insuficiencias de la colonia. Este periodo ruin se forjó por el diseño que nos ha determinado a lo largo de nuestra historia. Probablemente constituirá un hecho inevitable debido a la edificación de una sociedad cuyo tope, cuyo cielo, era el límite superior de lo insoportable. En este tipo de sociedad no hay destinos colectivos, sino divisiones nítidas. Un grupo de pocos se siente desconectado de los muchos. Dos países conviven en un solo territorio. Existen dos nosotros y dos ellos. Las muchas docenas de miles de millones que debemos se dedicaron al país de los pocos y permitieron por un periodo que ahora sabemos restricto, el límite superior de lo insoportable para los muchos. Hoy los vicios de construcción nos atrapan, pero los desarrollistas y constructores de la estructura han muerto o se fueron a la quiebra. Los inquilinos no tienen a quién recurrir sino a ellos mismos.

Las ruinas tienen únicamente dos posibilidades: su abandono o reconstrucción, la renuncia a ellas o su rediseño. En esta coyuntura, la pregunta clave es quién se ocupará de decidir, qué porción del país determinará lo que serán los nuevos límites de lo insoportable.

El momento en que vivimos: Hipótesis y retos

Pasado ya el evento plebiscitario que ocupó la atención en días recientes, quiero compartir unas observaciones que entiendo deben tomarse en consideración para trazar una hoja de ruta hacia la verdadera descolonización.

Les planteo las siguientes hipótesis en torno al momento político en que vivimos. No entro en lo económico porque esa reflexión merece una consideración de muchos detalles en un escrito dedicado a ello:

1. El apoyo a la estadidad está en una fase decreciente;

2. En Estados Unidos (EE UU) no hay ánimo político de alentar, y mucho menos, conceder, la estadidad;

3. La movida del Secretario de Justicia de EEUU al:
• desmentir a Rosselló en cuanto a la ciudadanía de EEUU como únicamente accesible bajo la estadidad;
• favorecer la inclusión del estatus territorial actual;
• pedir la posposición del plebiscito; son todas señales de que EEUU no quiere atender una petición de estadidad y quiere mantener la colonia por consentimiento que es el ELA

4. EEUU reaccionó a la conformación de una alianza soberanista incluyendo al ELA para detener y dividir el movimiento que se estaba formando.

5. Los puertorriqueños en su gran mayoría han perdido la confianza en la forma de organización política tradicional.

6. Hay un sector, mayormente sexagenario y subiendo, que clama con nostalgia porque surja “un líder” (nunca lo ponen en femenino) que los inspire, y por lo tanto una organización vertical centralizada en una persona con poder.

7. A la misma vez, las generaciones jóvenes entre 20 y 40 años no aceptan ese mismo tipo de “verticalismo político” y exigen organizaciones flexibles, horizontales y ampliamente democráticas

8. En la calle hay un gran sector desesperanzado, decepcionado e indiferente a todo lo que tenga que ver con el estatus y la política en general, de difícil movilización

9. En la calle también se palpa un crecimiento en el interés de otros sectores de conocer y educarse sobre las alternativas soberanistas. Esto se ha demostrado en las actividades patrocinadas por el Junte Soberanista y sus organizaciones.

10. La Libre Asociación es la opción de estatus con más crecimiento en el pueblo.

11. La opción de independencia, aunque estancada en las últimas décadas está demostrando crecimiento en los sectores jóvenes de estudiantes, en los pequeños empresarios, artesanos, agricultores, pero no así en el sector de clase trabajadora asalariada. (Los jóvenes me pueden corregir si mi percepción es errónea)

12. El Junte Soberanista ha demostrado que existe hambre y necesidad de formar un movimiento amplio de pueblo que favorece la soberanía, aunque pueda haber diferencias marcadas en la visión de un Puerto Rico soberano que va desde un proyecto independentista socialista radical hasta una libre asociación neoliberal.

Ante el complejo panorama político que he tratado de resumir, y pueden añadir otros elementos que no haya tocado, ante el clamor de amplios sectores de que se forme una gran alianza de pueblo capaz de llevarnos a obtener la soberanía para Puerto Rico, necesitamos que todos y todas quitemos el foco de las diferencias, enfoquemos en lo que nos une, que no es poco, como enumero a continuación, sin pretender que sea una lista exhaustiva:

• La soberanía

• La lucha contra la Junta de Control Fiscal

• Los derechos humanos en su dimensión más amplia (individuales, colectivos, sociales, sindicales, religiosos, económicos, de género, de orientación sexual, culturales, salud, educación)

• Un proyecto de desarrollo económico sostenible que incluya: protección del comercio y empresarismo local frente a las multinacionales; derogación de las leyes de cabotaje; atención a la seguridad alimentaria a través del impulso de los desarrollos agrícolas; desarrollo del turismo; desarrollo de la industria de pesca, desarrollo de industrias innovadoras como son la robótica, las fuentes alternas de energía, las comunicaciones virtuales y de redes.

• La protección del medio ambiente incluyendo, bosques, ríos, mares, costas

Estoy segura que cada lector puede seguir añadiendo puntos sobre los cuales existe un gran consenso nacional.

¿Qué procede entonces? Sentarnos a dialogar sobre la convocatoria de una asamblea soberanista o anticolonialista para:

• Identificar la forma en que nos organizamos;

• desarrollar una agresiva campaña de educación sobre lo que significaría para Puerto Rico ser soberano y por qué es la única y verdadera opción para impulsar un desarrollo económico sostenible y salir de la crisis económica en que nos encontramos;

• identificar un proceso hacia la descolonización como lo sería una Asamblea Constitucional de Estatus depositaria de nuestra soberanía.

Podemos lograr esa gran hazaña de organizarnos como pueblo y conquistar nuestra soberanía si partimos de una agenda amplia e incluyente donde prevalezca en el trato la confianza de unos a otros, la generosidad y el amor patrio.

CRUCIGRAMA: Juan Bosch

Horizontales

1. Juan _____ Bosch Gaviño; cuentista, ensayista, novelista, narrador, historiador, educador y político dominicano.

7. _____ el sembrador (1939); ensayo de Bosch sobre el prócer puertorriqueño.

13. 30 de _____ de 1909; nacimiento de Bosch. Hijo de José Bosch, catalán y Ángela Gaviño, puertorriqueña.

14. El _____ y la paz; novela de Bosch.

16. Severa en el semblante, en el modo de mirar o hablar.

17. Dirá necedades.

20. Símbolo del cobalto.

21. Apócope de mamá.

23. _____ Emilio Bosch; fue electo presidente de la República Dominicana en 1962; fue derrocado el 25 de septiembre de 1963 en un golpe de Estado. Líder de la oposición dominicana en el exilio contra el régimen de Rafael Leónidas Trujillo.

25. El _____ Manuel Sicuri; cuento de Bosch.

26. Orden de _____ Martí; otorgada a Bosch en 1988 por el presidente Fidel Castro.

28. La Revolución de _____; libro de Bosch.

30. Sal de boro, cristal blanco y suave que se disuelve fácilmente en agua.

31. Dios egipcio.

32. Mamífero rumiante africano de la familia de los antílopes.

33. Forma de pronombre.

34. Afirmación.

35. _____ pesos de agua; cuento de Bosch.

36. Ente.

38. Campo, tierra de labranza, pl.

40. Cavidad.

42. De Cristóbal Colón a _____ Castro; libro de Bosch.

45. Consuelo _____ Tapia; educadora y escritora puertorriqueña.

46. Época.

48. Puerto _____; Bosch vivió exiliado en este país.

49. _____ Domingo; ciudad donde Bosch falleció.

50. _____ Pie; cuento de Bosch.

51. Primero de _____ de 2001; defunción de Bosch. Sus restos están sepultados en el Cementerio Ornamental de La Vega, su ciudad natal.

Verticales

1. Barra, varilla o pieza similar que atraviesa un cuerpo giratorio.

2. Mugido.

3. Comenzar algo, llevar a cabo los primeros trámites de un proceso.

4. Símbolo del litio.

5. Átomo con carga eléctrica.

6. Producid algo de la nada.

8. Hembra del oso.

9. Conozco.

10. Escalofrío.

11. Escuché.

12. Colegio _____ Sebastián de La Vega; Bosch estudió allí.

14. Lengua provenzal.

15. Juego infantil hondureño.

18. Prefijo usado en palabras científicas con el significado de sobre.

19. El _____ y su enemigo; cuento de Bosch.

20. País caribeño donde Bosch vivió exiliado y dirigió la edición de las obras completas de Eugenio María de Hostos para la conmemoración de su Centenario.

22. Soasas.

23. Diversión bulliciosa y alborotada.

24. Un _____; cuento de Bosch.

26. Premio _____ Martí a la Excelencia del Periodismo Dominicano, en su mención Escritor Destacado del Siglo; otorgado a Bosch por la Asociación de Periodistas Profesionales de la República Dominicana.

27. Cuentos escritos en el _____; libro de Bosch.

29. Portugueses.

30. Juan Emilio _____ Gaviño; sus cuentos tienen un hondo contenido social, por ejemplo: “Luis Pie”, “Los maestros” y “El indio Manuel Sicuri”, “Un niño”, El río y su enemigo, descritos por la crítica como obras maestras del género.

35. Entregar.

37. Sonríe.

39. Juan Bosch _____; se desarrolló como un agudo analista político e internacional y formó parte en las luchas liberadoras de nuestros países.

41. El _____: frontera imperial; libro de Bosch.

42. Virtud teologal, pl.

43. _____ Alighieri; poeta italiano.

44. Paso la vista por lo escrito.

45. Alaben.

47. Sábila.

Gracias UPR Recuerdos de un viaje a Ghana

Visitar cualquier país del continente africano pudiera no ser tan atractivo para muchas personas. Menos cuando la imagen de África que ha imperado a nivel mundial es que es toda selva y animales salvajes, toda barbarie y enfermedad. ¡Qué carga histórica sostiene este continente, asociado con pobreza, falta de civilización, tinieblas, rayos y centellas!

“Si ves un león en el camino, me llamas en video call”, recuerdo que me dijo un familiar muy querido el día antes de que partiera hacia Accra, Ghana con un grupo de estudiantes graduados(as) y profesores del recinto riopedrense de la Universidad de Puerto Rico. Aunque me resultó gracioso el comentario, evidenció el sinnúmero de estereotipos que damos por ciertos sin más.

Hace tres años exactamente –6 al 25 de junio de 2014– viví junto a ese grupo una de las experiencias más provechosas que puede tener cualquier estudiante universitaria: viajar a otro país para intercambiar conocimientos en un encuentro académico y, de paso, agregarle instancias al bagaje que la va formando como individuo.

Fernando, Lara, Jonatan, Alexandre, Jessica, Steven, Isabel, Xavier, Javier, Lucas, mi tocaya Gabriela y yo partimos llenos y llenas de entusiasmo, pues participaríamos del Seminar Series on the Languages, Literatures, and Cultures of Africa and the Diaspora en la Universidad de Ghana en Legón. Nos acompañaron los profesores César Solá, Nicholas Faraclas, Dannabang kuwabong (nacido en Ghana) y la profesora Rosa Guzzardo, todos activos en diferentes departamentos de la Facultad de Humanidades de la IUPI.

Este viaje estudiantil –coordinado por Faraclas y Kuwabong– se realiza cada dos años, forma parte de un curso graduado del Departamento de Inglés de Humanidades y permite que estudiantes de diferentes disciplinas exploren (para luego presentar allá) temas concernientes a la relación innegable que existe entre África y Puerto Rico: religión, música, fenómenos lingüísticos, esclavitud, entre otros.

A tres años del viaje, ¿qué es lo que más recuerdo de esos días? De inicio, me impresionaron los colores y patrones de las telas con que los ghaneses confeccionan camisas, trajes, pantalones, turbantes, saquitos para cargar bebés. También, me impresionaron los cuerpos negros que portaban las telas. En la mayoría de los casos, eran cuerpos ejercitados, de hombres y mujeres que necesitan mantenerse activos para ganarse la vida. En ese sentido, fue la norma durante la estadía toparme con mujeres que cargaban en la cabeza canastas con agua o frutas a la vez que llevaban un bebé amarrado a la espalda y un(a) niño(a) de la mano, que bien podía estar cargando más paquetes.

Recuerdo el aire denso, la falta de alcantarillados y desagües en las carreteras sin pavimentar, la niña que me pidió que le regalara un bolígrafo, la cerveza Star, lo bien que los africanos bailaban salsa, lo picante del arroz jollof (popular en todo el oeste de África), el Kelewele o plátanos maduros fritos, el fufu y la manera de comerlo, las pocas raciones de pollo que servían, las muchas de pescado o camarones, la vacuna contra la fiebre amarilla que tuvimos que ponernos previo al viaje, las veces que aclaramos que no éramos de Costa Rica, sino de Puerto Rico…

También, la excursión de horas en transporte público junto a los africanos hacia Kumasi, Tamale y Wa, tres ciudades cada una más al norte de Accra, la capital de Ghana, primera nación del África subsahariana en conseguir su independencia. Fue muy interesante visitar la represa hidroeléctrica de Akosombo, cuya producción permite satisfacer la demanda energética local, además de exportar electricidad a los países contiguos, Togo y Benín.

Por otro lado, me estremeció sobremanera la visita al Elmina Castle, ubicado en la comunidad pesquera de Cape Cost. Este castillo data del siglo XV y fue utilizado por los colonos europeos para encerrar y torturar a más de 30 mil esclavos africanos por año, esos que serían enviados al “Nuevo Mundo”.

Y de la Universidad de Ghana, ¿qué guardo en mis memorias? Ante todo, la grandeza del campus. Es una universidad tan grande que dentro de su perímetro hay una estación de bomberos, otra de policías, un correo, varios edificios altos que sirven de residencias para estudiantes, colmados y mercados, iglesias católicas y protestantes –existe el sincretismo religioso– museos, restaurantes. No exagero cuando cuento que vimos taxis transitando el campus de lado a lado.

Recuerdo con una sonrisa en los labios el día en que caminando por el recinto con dos de los compañeros, al escucharnos hablar español, un estudiante africano del Departamento de Lenguas de la Universidad se acercó para preguntarnos de dónde éramos. Al identificarnos como puertorriqueños, se alegró, pues había aprendido español en un intercambio estudiantil que hizo a Cuba. Demás está escribir que nos llevó al Departamento y nos presentó a algunos de los estudiantes que habían aprendido español en la isla vecina para sumarlo al inglés y a las lenguas africanas que conocen.

Precisamente, por oportunidades y experiencias de vida como esta que tuvimos –y que han tenido los y las que han representado la UPR en el extranjero– es que nuestra universidad debe continuar siendo accesible y pública. De este viaje, conservo fotos, que siempre son como el rostro de las memorias. Además, varias pulseras con cuentas pintadas a mano. Hace tres años, me pongo a diario aunque sea una de ellas. Son mi conexión con esa inolvidable vivencia.

NICOLÁS GUILLÉN Y SU CANCIÓN PUERTORRIQUEÑA

Visité a Nicolás Guillén en su oficina de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba un día de julio de 1972. Me acompañaba Flavia Rivera, jefa de la Misión de Puerto Rico en Cuba, y los tres nos sacamos una foto que ya perdí. El poeta estaba en medio de la foto, con sus brazos sobre nuestros hombros, exhibiendo una sonrisa que parecía genuina. Recuerdo que no podía esconder la alegría de estar junto a alguien que tanto había admirado desde que, a mis 19 años, descubrí su Sóngoro Consongo y, más tarde, su Paloma del vuelo popular. La foto la perdí, pero todavía guardo la edición del El diario que a diario (que me dedicó) “con simpatía cubana por su lucha puertorriqueña”.

Antes de la visita no le había dicho a Flavia que pensaba hablarle al anfitrión de su poesía advirtiéndole de algunas injusticias. Porque Guillén – el cubano, el bueno – se volvió famoso, no por ser parte de la Cuba revolucionaria, sino por el ritmo de su poesía y por hacer literatura sobre el negro antillano popularizando sus cantos. Era en ese momento y todavía es el más conocido, pero no fue el primero de quienes trabajaron esa particular expresión literaria. Antes que él hubo otro poeta que también fue grande, bien grande y, sobre todo, un gran exponente de lo que Mercedes López Baralt llama el “negrismo” antillano. Ese otro grande fue Luis Palés Matos, quien escribió sus versos entre Guayama y San Juan en las primeras décadas del siglo XX, cuando Puerto Rico estaba más aislado de lo que está ahora, que es mucho. Mientras Guillén viajaba por España en plena guerra civil, junto a grandes creadores literarios del mundo y frente a buena parte de la prensa mundial, Palés gastaba sus horas en la fría y atrofiante modorra del domingo, en aquel pequeño pueblo que se moría de nada. Voy a dejar que sea Mercedes López Baralt quien lo diga obviamente mejor que yo: “La soledad del vate guayamés, en parte fruto de la precariedad económica y cultural de su entorno, está irremisiblemente ligada al carácter pionero de sus aportes negristas… Esa precariedad cultural del entorno puertorriqueño – producto del colonialismo y el atraso económico – “insularizó” la gran poesía de Palés escondiéndola del mundo. Por eso Guillén, que era bueno por sí solo, reinó en solitario como el gran poeta antillano de la negritud.

De eso pensaba hablarle a Guillén cuando lo visité en La Habana, pero no me atreví y el encuentro se quedó en puro turismo. Con foto y todo. Tampoco abordé un segundo tema que llevaba en el bolsillo que pudo haber creado un ambiente todavía más incómodo: el de su Canción puertorriqueña. Creo que fue a mis 20 años que descubrí el poemario La paloma del vuelo popular, que contiene este poema, que me aprendí de memoria de tanto leerlo.

Para alguien que a sus veinte años estaba inmerso en la lucha por la independencia y el rechazo al colonialismo que había sido disfrazado de “Estado Libre Asociado”, leer aquellos versos resultó cautivante: ¿Cómo estás Puerto Rico, / tú de socio asociado en sociedad? ¿En qué lengua me entiendes/ en qué lengua por fin te podré hablar, / si en yes,/ si en sí. / si en bien /, si en well,/ si en mal, /, si en bad, si en very bad? Pero más adelante encontramos un verso que nos echa un poco de agua fría. Refiriéndose a nuestra lengua Guillén dice: masticas una jerigonza / medio española, medio slang….

La visión que se refleja en esos versos de Guillén – que los puertorriqueños habían sido asimilados y que su lengua española quedó desnaturalizada, convertida en un dialecto callejero – estaba bastante generalizada a mitad del siglo XX y lo estaría aún más en los años siguientes. (Guillén escribió el poema durante su exilio en Brasil en 1953 y lo publicó por vez primera en Guatemala al año siguiente. Más tarde lo incluyó en su libro La Paloma del vuelo popular, publicado en 1958.) El Nobel chileno Pablo Neruda también creía que a los puertorriqueños se les había despojado de su idioma.

En su Canto General, publicado en 1950, Neruda escribió:

“Truman a nuestras aguas llega

a lavarse las manos rojas

de la sangre lejana. Mientras,

decreta, predica y sonríe

en la Universidad, en su idioma,

cierra la boca castellana,

cubre la luz de las palabras

que allí circularon como un

río de estirpe cristalina

y estatuye: “Muerte a tu lengua,

Puerto Rico”.

Es cierto que el “decreto” que menciona Neruda fue emitido, no en la presidencia de Harry Truman sino mucho antes, cuando tras la invasión de 1898 se quiso matar la lengua castellana de los puertorriqueños imponiendo el inglés como idioma vehicular de enseñanza y de la administración pública. Pero cuando ambos poemas se escribieron los puertorriqueños no hablaban la jerigonza que nos endilga Guillén, ni la han llegado a hablar nunca. Cuando Truman nos visitó en 1948 nuestra lengua, en lugar de muerta, estaba muy viva.

La imposición del inglés fue parte de un deliberado proceso de “americanización” que comenzó con la invasión de 1898. A los doce días de haberse izado la bandera estadounidense en La Fortaleza, sede del Gobierno, se aprobó una resolución estableciendo que “la educación universal debe ser implantada basándose en los mejores sistemas de Estados Unidos.” En 1905 se aprobó la “Política Lingüística de Falkner” (por Ronald Falkner, comisionado de Educación enviado por el presidente Theodore Roosevelt) que oficializó lo que ya era la norma, que el inglés sería el vehículo de enseñanza en las escuelas. Esta política técnicamente estuvo en vigor hasta 1949 cuando mediante una orden circular el Comisionado de Educación Mariano Villaronga dispuso que el español sería el vehículo de enseñanza. En 1990 la orden circular de Villaronga finalmente se incorporó a la Ley Orgánica del Departamento de Educación, aprobada por la Asamblea Legislativa de Puerto Rico. Allí se establece con claridad que el castellano es la lengua vehicular de la enseñanza pública.

La orden circular de 1949 del comisionado Villaronga no hizo otra cosa que reconocer lo que era una realidad: que aun cuando la política oficial establecía el inglés como lengua vehicular, tal cosa nunca ocurrió en la práctica. Por mil vías distintas los puertorriqueños se rebelaron contra la pretensión oficial de despojarlos de su vernáculo. La última ola de protestas de estudiantes y maestros se produjo en la década del ’30 del siglo XX, pero antes de esas protestas públicas, múltiples acciones pequeñas en las escuelas y en la calle sentenciaron la ineficacia del plan imperial.

Más de un siglo después de que se intentara convertir a los puertorriqueños en angloparlantes, el propio US Bureau of the Census reconocía en 2010 que menos de una cuarta parte de la población residente en la Isla puede efectivamente sostener una conversación en inglés. Tres cuartas partes ni siquiera pueden hablar ese mínimo.

Hay una cita del escritor español Pedro Salinas, pronunciada en la Universidad de Puerto durante los ejercicios de graduación de 1949, que nos da una idea bastante clara del estado de la lengua de los puertorriqueños en ese momento. Salinas recién había llegado a Puerto Rico procedente de Estados Unidos y dice:

“Cuando se siente uno rodeado de su mismo aire lingüístico, de nuestra misma manera de hablar, ocurre en nuestro ánimo un cambio análogo al de la respiración pulmonar, tomamos de la atmósfera algo, impalpable, invisible, que adentramos en nuestro ser, que se nos entra en nuestra persona y cumple en ella una función vivificadora, que nos ayuda a seguir viviendo. Sí, he vuelto a respirar español, en las calles de San Juan, en los pueblos de la isla. Y he sentido una gratitud, no sé a quién, al pasado, al presente, a todos y a ninguno en particular, gratitud a quienes me dieron mi idioma y al nacer yo, a los que siguen hablándolo a mi lado. “

Como vemos, alguien de la profundidad cultural de Salinas, tan conocedor del idioma castellano, tan pronto llegó a San Juan en 1949 procedente de Estados Unidos, volvió “a respirar español”. Obviamente, lo que escuchó hablar a su lado en las calles no fue un “slang”, sino que se sintió “rodeado de su mismo aire lingüístico”.

De modo que cuando a principios de la década del ‘50 Guillén denunció desde Brasil que la maldad gringa redujo la lengua de los boricuas a un mero “slang”, en realidad los puertorriqueños hablaban un castellano tan bueno como el de los españoles, según apreció un perito como Salinas.

Cuando visité a Guillén en La Habana pensaba hablar de todo eso. Quería decirle al poeta que se había equivocado, añadiendo que para los puertorriqueños el bizcocho es bizcocho y no “cake”, como dicen en Cuba. Pero no me atreví hablarle de esa forma al poeta y, como ya dije, me limité a sacarme la foto y a recibir el librito autografiado. Después de todo, hablarle de esa manera hubiese sido una falta de consideración, para decir lo menos, y un acto de poco agradecimiento para quien entendía que nos defendía cuando, en medio de su exilio, escribió su Canción puertorriqueña.