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En Reserva-El país que quiero empieza en un salón

 

 

Especial para En Rojo

Algunas decisiones se toman con la cabeza; otras, con el corazón

… y otras, las más importantes, con los dos.

Sonó el despertador otra vez. Un nuevo semestre de clases comenzaba. Esta vez, mi hija no iría al pequeño y cálido colegio al que estaba acostumbrada, ese rodeado de amigos y maestros conocidos. Esta vez, como padres, tuvimos que tomar una decisión académica importante. La escuela elemental había llegado a su fin, y el colegio considerado y querido no contaba con una escuela intermedia donde ella pudiera seguir sus próximos años.

Por meses, antes de terminar el sexto grado, evaluamos colegios, visitamos escuelas y solicitamos algunas referencias de personas a las que respetamos en el campo educativo. Un día nos llegó la invitación de una institución que habíamos evaluado muy de cerca y que contaba con una especialidad en arte.

El lugar se ha distinguido por ser cuna de grandes artistas y comunicadores como Antonio Martorell, Jacobo Morales y el periodista Jorge Rivera Nieves, entre muchos otros. El centenario lugar, aunque con algunos problemas estructurales que se están atendiendo, se sentía cálido y agradable. El edificio es una imponente estructura al estilo del resurgimiento español, construido a principios del siglo XX, con ventanales de madera, techos altos y hermosas exhibiciones artísticas en sus pasillos.

El día de su casa abierta, los maestros nos guiaron en un recorrido por los salones y algunos estudiantes nos contaron de su experiencia en la institución. Los alumnos nos mostraron obras impresionantes creadas por ellos: retratos de miradas intensas, miradas pensativas, a veces soñadoras o desafiantes, cuadros llenos de color o dramatismo, que parecían pintados por verdaderos expertos.

Entramos a espacios de arquitectura, de escultura, de diseño… Cada área con trabajos escolares era aún más deslumbrante. Me pregunté cómo era posible que supiésemos tan poco de los logros que se obtienen en las escuelas del país. Pensé que era un verdadero orgullo que existieran instituciones así.

Luego de mucho investigar, estaba ya convencida de que ninguna escuela o colegio al que habíamos asistido antes o asistiríamos luego, durante la selección de escuelas, se le podría igualar a esta. La decisión parecía fácil; claro, si así lo permitía la institución. Un plantel como ese tiene sus exigencias para entrar. Someteríamos la documentación, mi hija prepararía el portafolio de obras, tomaría el examen y completaría la entrevista requerida. Luego de algunas semanas, la carta de aceptación nos anunció la buena noticia.

Ingenuos nosotros, pensábamos que estos procesos condicionados de matrícula serían la parte más difícil de esta decisión, pero no fue así. Casi de inmediato, recibimos el primer rechazo, pero no de parte de la escuela, sino de un conocido: “¿De verdad que vas a ponerla en una escuela pública?”.  “Pero ¿no la quieres matricular mejor en x o y colegio?”.

Comentarios como esos resonaron una y otra vez, siempre acompañados de una mezcla de sorpresa y duda. Otros, debo admitir también, llegaron con mucha alegría sincera de parte de aquel que conoce bien la escuela y sabe de su buen resumé: “Ni lo pienses: ahí es”. “No encontrarás escuela mejor”.

Claro que entiendo al primer grupo: el sistema público carga consigo una enorme y pesada mochila de críticas, muchas veces justificadas, pero otras lamentablemente llenas de prejuicios. Tomar la decisión de enviar a mi hija a una escuela pública especializada fue sencillo para mi cabeza y corazón, pero admito que estuvo acompañado también de un leve y persistente miedo e inseguridad.

“¿Habré hecho bien?” o “Debí pensármelo mejor”. La duda no nacía en mí, sino en el imaginario colectivo que repite tantas veces que “lo público no sirve” y ¿por qué no decirlo? de mi propia experiencia como estudiante durante mis años en el sistema. Estudié toda mi vida en escuelas públicas, desde el nivel elemental hasta la universidad. La experiencia que viví en el sistema fue dura en ocasiones, especialmente en el nivel intermedio, en que la burbuja se rompe y conocemos más de cerca los males de la sociedad, pero también fue muy gratificante y de calidad. Tuve los mejores maestros y amigos que pude conocer y me siento muy orgullosa de la educación que recibí.

Los tiempos han cambiado y los prejuicios de las personas han ido en aumento. El gobierno y la prensa contribuyen a diario para esta percepción. En nuestro caso, la razón para escoger esta escuela frente a otra fue clara: identificamos en nuestra hija un talento especial, y entendimos que era precisamente en ese espacio —una escuela especializada— donde podría florecer y desarrollar sus habilidades con más posibilidades.

Por ahora, y sé que es poco tiempo, puedo decir que lo que he visto aquí nos mantiene muy tranquilos estos primeros días: un director comprometido y cercano; maestros atentos, dedicados y con experiencia; así como un personal imprescindible para atender una población tan amplia y con distintas necesidades. La escuela cuenta con enfermera, consejera escolar y trabajador social, entre otro personal, cada uno con vocación de servicio. He conocido a un equipo administrativo que ha respondido a nuestras necesidades de inmediato, con procesos que nos están funcionado, al menos para nuestras necesidades, así como disponibilidad inmediata para atender emergencias.

Al ser una escuela especializada con ciertos requisitos de entrada, su población reúne características parecidas. Por tal razón, sé que lo que veo aquí no es la norma en todos los planteles del país, pero debería ser a lo que aspiremos.

En estos primeros días, en el salón de mi hija, no ha faltado ni un solo estudiante y he visto padres, madres y abuelos presentes que se unen como aliados verdaderos. Esta cara del sistema público no suele salir en titulares, pero existe. Y debemos contarla más.

Sé y repito que esta no es la realidad en todos los planteles, pero también reconozco que no podemos mirar el sistema sin analizar sus desigualdades: cerca del 58 % de los estudiantes de Puerto Rico viven bajo el umbral de pobreza y en algunas escuelas esa tasa supera el 80 %. Esto, por supuesto, desencadena en otros problemas que llegan a afectar la salud emocional del alumno e impactan directamente los resultados académicos. Las escuelas especializadas brindan entusiasmo en un estudiante que puede dedicarle parte de su día a desarrollar lo que más le gusta hacer: el arte, en este caso; el teatro, en otro; las ciencias o las matemáticas, en otros más.

Existen muchas vertientes sociales dentro de las opiniones pocos profundas y vacías de algunas personalidades mediáticas que se dedican a la crítica continua. Hablan, por ejemplo, de la necesidad de cambios en el currículo sin tener ni idea que el currículo escolar se revisa y ajusta mucho más a menudo de lo que piensan. Muchas veces se quiere pasar por alto que es en los recursos que se le ofrecen directamente al estudiante y al maestro donde podemos hacer diferencias sustanciales.

Sé que no podemos negar los problemas que vemos a diario en muchas de las escuelas: infraestructura deteriorada, falta de materiales, cierres de planteles y retos burocráticos. Sin embargo, solucionar estos problemas es lo más fácil de toda esta compleja ecuación, especialmente en un departamento que recibe la más alta inversión del gobierno. No obstante, criticar la educación pública sin conocer sus verdaderos retos es demasiado sencillo para tantos; buscar soluciones profundas a otros retos y comprometernos todos para mejorar la totalidad del sistema no lo es. Requiere reestructuraciones holísticas de todos los sectores de la sociedad. También requiere que todos lo veamos viable, sin prejuicios y alejando a metros luz a los grandes intereses.

En Puerto Rico, el sistema público administra unas 858 escuelas públicas y cuenta con cerca de 25 000 a 30 000 maestros, una estructura vital que sostiene la educación del país pese a los retos y la crítica recurrente. De esta cifra, casi todas las escuelas especializadas obtienen excelentes resultados en sus pruebas estandarizadas y obtienen un porcentaje alto de estudiantes que ingresan a la universidad. Por supuesto, tal vez no sean siempre la norma, pero hay mucho que se puede aprender de su manejo y ofrecimiento.

Decidir enviar a mi hija al sistema público no fue conformarnos con una escuela más, sino una apuesta con el corazón y con la cabeza. Fue un acto de fe: en el país (porque creo en él), en la gente (porque sé que de qué somos capaces), en la idea de que lo nuestro puede ser digno, organizado y esperanzador. A pesar de todo lo que hemos escuchado del sistema público, decidimos apostar por él. Si me equivoco, siempre habrá oportunidad de reenfocar. Por ahora, asumo mi responsabilidad como madre y me comprometo a hacer mi parte. Estaremos presente en cada necesidad o petición escolar. Asistiremos a toda reunión que se nos convoque y cumpliremos con las normas que se establezcan. Hoy, como toda decisión importante, elijo con la cabeza y también con el corazón.

 

Una reve(o)la(u)ción llamada Bad Bunny: la reinvención de nuestro «folk(c)lor» musical como acto de resistencia.

 

Eduardo Alicea Pérez 

 

Desde sus inicios en la década del 901 la música «reggaetón» (reguetón) ha generado intensos debates en la opinión pública. Algunos lo excluyen de toda definición tradicional sobre arte musical,2 mientras que otros le asignan estereotipos por su forma de representar un lebenswelt (mundo de vida).3 Recuerdo una ocasión, durante mis años como estudiante de bachillerato en el Conservatorio de Música de Puerto Rico (1994–1999), en la que conversaba con un compañero acerca de este género. Nuestro dialogo lo describo como un intercambio de juicios estéticos encapsulados en los valores eurocentristas adquiridos (por no decir evangelizados) en la institución. De pronto se nos acerca un profesor que, al oír sobre el tema, nos preguntó muy espontáneamente: “Oye, ven acá, ¿qué es eso del reguetón del que to’ el mundo está hablando? Chacho, los otros días vi un video y fue mejor que ver una película porno.” Vemos aquí como un experimentado académico, entrenado para usar su audición en forma analítica, queda estupefacto con las imágenes eróticas observadas en un video.4 Este no ha sido el único caso pues, en una reciente conversación, un querido amigo maestro de música, me narró que, en la puerta de entrada a su salón, colocó un cartel con la expresión «Zona Libre de Reguetón». ¿Qué les parece?

Las posibilidades de este relato para nuestra reflexión son inmensurables. Considero que el estudio de la música, como hecho social y cultural merece un análisis de los procesos sinérgicos que la desarrollan. Esta no puede abordarse a partir de una visión de claustro que delimite la observación de sus elementos, mucho menos en prejuicio de sus contextos.

Historias como estas nos brindan una idea de cómo algunos sectores en nuestra sociedad han reaccionado (o sobre reaccionado), ante una nueva cultura musical, que representa de forma transparente y sin filtros, los códigos de vida practicados por otros sectores en nuestro archipiélago. Aunque en la historiografía de las músicas puertorriqueñas abundan ejemplos de artistas o géneros que han recurrido a elementos líricos o visuales de carácter vulgar u obsceno,5 no hay duda de que el reguetón se ha destacado por auto representarse desde una semiótica porno 6 como elemento integral de su expresión visual.7 En consecuencia, los reguetoneros enfrentaron la censura mediática y la persecución gubernamental8 sin que se tomara en consideración el hecho de que su música actuaba como vocero de comunidades marginadas y estigmatizadas por el propio Estado.9

No obstante, el reguetón continuó su marcha y con el tiempo sus productores fueron introduciendo cambios cualitativos en las formas de reproducirlo y replicarlo, facilitando su exposición y su mercadeo. De este proceso de fertilización y gestación, surge uno de los protagonistas de mayor relevancia en el género; hablamos de Benito Martínez, nuestro «Bad Bunny».

Benito ha sido objeto de múltiples controversias. Desde quienes cuestionan su legitimidad como cantante10 hasta quienes consideran un «oximorón» la conducta de sus seguidores.11 Su presencia ha impulsado la constitución de foros y simposios en los cuales se discute el impacto de su música en la cultura. Artistas como Lucecita Benítez, José Feliciano y más reciente Rene Pérez (Residente-Calle 13)12 han fomentado similares discusiones, pero ninguno ha tenido el alcance que ha tenido Benito, de quien incluso se ha redactado tesis y artículos académicos que investigan por qué Bad Bunny es Bad Bunny. Un ejemplo lo encontramos en una reciente publicación titulada The Bad Bunny Enigma: Culture, Resistance, and Uncertainty.13

Comenzaré por jalarle la cabuya14 al uso del término «enigma» y a continuación, haré como el trovador jíbaro; tomaré prestado el término para usarlo como pie forzado15 para el debate que presentaré a continuación. Según el Diccionario de la Lengua Española (RAE), un enigma es… «cosa que no se alcanza a comprender o que no se sabe interpretar». Esto me recuerda una popular revista puertorriqueña de los años 80, dedicada a presentar historias sobre fenómenos extraños e inexplicables (e.g. ovnis, fantasmas, chupacabras, otros.)16 A partir de esta referencia pregunto: ¿Y por qué nuestro Benito es un enigma? ¿Por qué lo vemos como «algo que no se alcanza a comprender o que no se sabe interpretar»? Para responder esta pregunta, partiré de la hipótesis de que los adjetivos destinados al fenómeno Bad Bunny surgen del conflicto cognitivo que grupos tradicionalistas o académicos conservadores (como el profesor de mi relato) experimentan al escuchar reguetón, un género musical desarrollado en Puerto Rico, por puertorriqueños, pero que no se considera música puertorriqueña. He sido testigo presencial de la reacción histérica que muchos demuestran cuando sugieres que este género sea considerado vernáculo a pesar de que se perfila ante el mundo como una de las marcas de nuestra identidad.17 Soy consciente de lo apretao18 que puede ser este tema, en especial cuando partimos de definiciones que se desarrollan a partir de nuestra condición colonial no resuelta. La misma que nos mantiene en una incertidumbre identitaria mientras «negociamos con nuevas formas de representar la puertorriqueñidad»19. En la actualidad, géneros como la plena, la bomba, la música jíbara y la danza, son consideradas nuestras músicas folk(c)lóricas.20 Sin embargo, debo preguntar, aunque se perciba desafiante: ¿quién prescribe lo que debe o no debe considerase puertorriqueño? La problematización de este tema cuenta con precedentes jurídicos en la Ley Num. 223 del año 2004 conocida como Ley de Nuestra Música Puertorriqueña (P. de la C. 3316), la cual otorgó al Instituto de Cultura Puertorriqueña la facultad de definir y delimitar cuales serían esas músicas.21 El debate queda implícito debido a que la noción de «lo nuestro», a menudo delimita los espacios y los sujetos de producción, ignorando, prejuiciando o excluyendo otras músicas igual de vernáculas, pero marcadas por la adopción, la hibridez o lo diaspórico.22 Es así como Bad Bunny queda encapsulado como algo inexplicable, en particular cuando vemos a un cantante de reguetón vistiendo y cantando al estilo jíbaro en su exitosa producción musical «DeBÍ TiRAR MáS FOToS» (DTmF ).

En la ciencia existe una máxima heurística que se refiere a la idea de que, ante múltiples explicaciones posibles para un fenómeno, la más sencilla suele ser la más adecuada. A mi juicio, el reguetón se examina a partir de una prescripción de folk(c)loridad que no contempla cómo las «presiones evolutivas»23 reconfiguran y resignifican nuestra praxis cultural y con ello, nuestros haceres musicales. La realidad es que esas músicas que reconocemos folk(c)lóricas (plena, bomba, et.al...) también son producto de un mestizaje enmarcado en nuestra poligénesis social y cultural.24 Lo relevante de DTmF no solo recae en cómo ha visibilizado las dificultades enfrentadas en tiempo reciente como la alta corrupción, la ocupación ilegal de nuestros espacios naturales, y la gentrificación que amenaza la integridad de nuestras comunidades, sino en cómo le ha colocado al reguetón el sello indiscutible de música folk(c)lórica puertorriqueña. Así es, tal como usted acaba de leer; el reguetón es la nueva música folk(c)lórica de Puerto Rico. “Coja un breikesito25 y respire si lo necesita…”

No tengo la más mínima duda de que mi declaración, constituye un imperdonable acto de sedición hacia los postulados de aquellos que defienden a «esgrima y dragona» la definición de puertorriqueñidad y su folk(c)lor. No queda otra salida que tirarse al medio y exponer desde la observación que realizo como docente-músico y académico, mi propio debate ante lo que arguyo es «una reve(o)la(u)ción llamada Bad Bunny». Presumiblemente se preguntará: ¿pero y qué rayos es eso? La misma es la conjugación de dos adjetivos que subscribo como elementos intangibles en DTmF: “revelación /revolución”. Explicaré en detalle el primero: Bad Bunny: la revelación del momento. Nuestro Benito es rostro de la llamada «generación de la crisis»,26 esa que nace al final los 90 y que se desarrolla en medio de austeridades económicas y privación de oportunidades. Esta generación ha demostrado no responder a códigos de conducta basados en lo formal o lo conservador. A pesar de los discursos que censuran a Benito (válidos o inmerecidos) estos reconocen en su imagen y en su música un reflejo de honestidad y transparencia; dos cualidades que parecen ausentes en la conducta de muchos líderes de cuatrienio (los autores de la crisis). Vemos como su capacidad de convocatoria en causas sociales (e.g. Good Bunny Foundation), y políticas (e.g. Campaña Electoral 2024), revela su posicionamiento indiscutible como líder de esta generación. Ahora, explicaré el segundo: Bad Bunny: símbolo de una revolución cultural.

Benito es la voz cantante de muchos Boricuas (nativos y de la diáspora) que buscan en la música reguetón una conexión con «sus raíces». En medio de la euforia nacional que ha causado la noticia de la serie de conciertos en residencia No Me Quiero Ir De Aquí, no se ha destacado lo incisivo de que una multitud de jóvenes cantara a to’ jender 27 la fusión de ritmos de plena y aguinaldo de la producción DTmF, durante una breve presentación que Benito realizara en un concurrido local de Rio Piedras. Estoy hablando de una juventud reguetonera que se ha identificado con los sonidos que fueron los favoritos de nuestros abuelos y ancestros Jíbaros. En palabras de Krishnamurti: «O bien el pasado es un medio de huir del presente, que puede ser desagradable, o el futuro es una esperanza alejada del presente».28 La música en DtmF es en ese sentido, la reinvención de nuestro folk(c)lor musical como acto de resistencia al «abandono colonial y la austeridad neoliberal» que impacta a nuestro pueblo.29 Es irrefutable el valor intangible de Bad Bunny como embajador de la actual cultura puertorriqueña. ¿La justificación de este argumento? un cantante de música reguetón que produce un álbum discográfico que contiene una mezcla de ritmos folk(c)lóricos pegajosos como el tirijala.30 Y que en dicho álbum se presentan imágenes y literatura que exaltan entre otras cosas, la figura del sapo concho, el cuatro puertorriqueño, los panderos de plena, la pava jíbara y nuestro pitorro de coco,31 considerados símbolos identitarios. DTmf no solo ha tenido un éxito comercial de alcance mundial sin precedentes en nuestra historia local, sino que, además, ha despertado en muchos la urgencia de replantearnos quienes somos como puertorriqueños. Como bien expresa Allende: «las músicas que se vuelven marca de identidad, (en este caso, el reguetón), son aquellas que sincronizamos con nuestro momento de ser, no importa su procedencia».

Nuestra música es producto de nuestra cultura y esa cultura representa nuestras identidades individuales o colectivas. Sin embargo, no nacemos con una identidad cultural, esta es formada y adquirida por interacción con un entorno que se mantiene, al igual que nuestras músicas, en continuo proceso de transformación.32 Al igual que hizo Don Rafael Cepeda con la Bomba o Jesús “Ramito” Ramos con la música Jíbara, Benito Martínez ha consolidado el reguetón como la nueva música folk(c)lórica de nuestra identidad «post-puertorriqueña».33 Su música y su imagen galopan imparables entre las filas de críticos, muy a pesar de los intentos de reprimir el reguetón mediante prácticas que evocan la nefasta «Ley de Mordaza».34 Sintamos orgullo de nuestra nueva música folk(c)lórica. Lo que nuestro Benito ha logrado es un «Grito de Reve(o)la(u)ción».

Notas al calce:

1 Omar Ruiz Vega, De Puerto Rico pal Mundo: A Brief History of Puerto Rico’s Reggaeton Music Scene (Made in Puerto Rico Studies in Popular Music) (Londres: Routledge, 2025), 133-145.
2 Junior Report, “El reggaetón no es música,” Junior Report, noviembre 2, 2020, https://junior-report.media/el- reggaeton-no-es-musica/.
3 Lebenswelt es un concepto central en la fenomenología de Edmund Husserl (1859–1938) que se refiere al «mundo de la vida» en el que vivimos de manera inmediata y práctica. Escuche: Ivy Queen y Alex Fumero, LOUD: The History of Reggaeton, episodio 1, “Reggaeton Is Culture,” narrado por Ivy Queen, producido por Spotify Studios y Futuro Studios, publicado el 4 de agosto de 2021, pódcast, https://podcasts.apple.com/bo/podcast/the-history-of- reggaeton/id79681317?i=1000531468120.
4 Noraliz Ruiz, (comunicación personal, julio, 16 de 2025), «En aquellos días en los que no había redes sociales, los videos de la temprana industria del reggaetón mantenían un standard estético (basado en lo erótico) como medio de mercadeo».
5 Noel Allende Goitía, “The Profane, the Lewd, and the Misogynistic in Puerto Rican Singing: A Historical and Interpretative Primer to Bad Bunny’s Song Lyrics (1900–2022),” en Made in Puerto Rico, ed. Sheilla R. Madera, Nelson Varas-Díaz y Daniel Nevárez Araújo (Lanham, MD: Lexington Books, 2024), 27–44.
6 Abreviatura de pornografía que significa «presentación cruda del sexo que busca producir excitación».
7 Omar Ruiz Vega, “Representando al caserío: Narcocultura y el diario vivir en los videos musicales de reggaetón,” Latin American Music Review 39, no. 2 (2018): 229–65, https://doi.org/10.7560/LAMR39204.
8 Thais Rivero Pérez, Filosofía y reggaetón: una perspectiva interseccional (tesis de maestría, Universidad de La Laguna, 2020), https://riull.ull.es/xmlui/handle/915/20985.
9 Julio E. Vega Cedeño, Seeking Social Justice: A Critical Understanding of Reggaeton Narratives (tesis de maestría, University of Puerto Rico, 2015), disponible en el repositorio académico de la UPR, https://hdl.handle.net/20.500.11801/208.
10 Jhostin Bescanza, “Bad Bunny canta sin autotune y recibe duras críticas: ‘Su voz es un desastre y no tiene talento,’” Music Mundial, 3 de septiembre de 2022, https://www.musicmundial.com/2022/09/03/bad-bunny-canta-sin- autotune-y-recibe-duras-criticas-su-voz-es-un-desastre-y-no-tiene-talento/.
11 Roberto Ramos-Perea, “Sobre Bad Bunny y la monarquía de la ignorancia,” Instituto Alejandro Tapia y Rivera, 8 de enero de 2025, https://www.institutoalejandrotapia.org/post/sobre-bad-bunny-y-la-monarquía-de-la-ignorancia.
12 Rebecca Imboden, “Calle 13 y la subversión del sistema a través de la palabra,” 80grados, 25 de noviembre de 2011, https://www.80grados.net/calle-13-y-la-subversion-del-sistema-a-traves-de-la-palabra/.
13 El trabajo de investigación publicado por los autores: Sheilla R. Madera, Nelson Varas-Díaz, y Daniel Nevárez Araújo, eds., bajo el título The Bad Bunny Enigma: Culture, Resistance, and Uncertainty (Lanham, MD: Lexington Books, 2024), merece su propio espacio de lectura y análisis, de forma que pueda ser reseñado a profundidad; en especial por la pluralidad de autores que, en él, analizan a Bad Bunny desde diferentes áreas de estudio.
14 Término coloquial usado en Puerto Rico para identificar el cordón que amarra las “chiringas”
15 Técnica de improvisación poética donde el cantante de música Jibara (trovador) recibe un verso (el pie forzado) que debe obligatoriamente incluir en su poesía cantada (décima).
16 Ramón A. González Arango López (entrevistador), “129 OVNIS, Revistas ¡Enigma! y Enigmas del Nuevo Milenio, con Jorge Martín Miranda,” Archipiélago Histórico (podcast), 13 de marzo de 2025, entrevista publicada en archipielagohistorico.com, https://archipielagohistorico.com/2025/03/13/129-ovnis-revistas-enigma-y-enigmas-del- nuevo-milenio-con-jorge-martin-miranda/
17 Julio E. Vega Cedeño, Exploring Puerto Rican Cultural Nationalisms: How Bad Bunny & Residente Portray the Archipelago’s Culture (Ph.D. diss., University of Minnesota, September 2024), University Digital Conservancy, accessed July 24, 2025, https://conservancy.umn.edu/handle/xxxxxx.
18 Término coloquial usado en Puerto Rico que significa «difícil» o «complicado».
19 Jorell Meléndez-Badillo, Puerto Rico: Historia de una nación (Ciudad de México: Planeta, 2 de abril de 2024), 247.
20 El término folklore, del alemán folk (pueblo) y lore (sabiduría), fue acuñado en 1846 por el escritor inglés William J. Thoms, para referirse a lo que se llamaba «antigüedades populares». El término ha generado debates por su carga colonial, eurocéntrica y clasificatoria. La “c” intercalada entre paréntesis es usada en este escrito a manera de crítica.
21 Mareira Quintero-Rivera, “Identity Debates and Symbolic Capital: Cultural Policies around Traditional Puerto Rican Music,” en Made in Puerto Rico (Londres: Routledge, 2025), 17–27.
22 Noel Allende-Goitia, Las músicas otras: Puerto Rico, el Atlántico afrodiaspórico y otros ensayos de estudios culturales de la música (San Juan, PR: Ediciones Clara Luz, 2014).
23 El término «presión evolutiva» se define como «el conjunto de causalidades que se generan a partir de nuestro actuar (existir) cotidiano y que hacen posibles unos cambios cualitativos en la praxis social, que resultan, a su vez en praxis culturales observables». Léase Noel Allende-Goitia, La reproducción humana y social de las músicas: Un prontuario de su historia en el archipiélago puertorriqueño (San Juan: Ediciones Clara Luz, 2022), 84.
24 Noel Allende-Goitia, Las músicas de los Puerto Ricos (San Juan, PR: Ediciones Clara Luz, 2018), 5.
25 Del término break (voz ingl.) que significa «oportunidad».
26 Mayra Vélez Serrano, “La generación de la crisis,” Diálogo UPR, 26 de enero de 2016, https://dialogo.upr.edu/la- generacion-de-la-crisis/.
27 Término coloquial usado en Puerto Rico que significa «en alto volumen».
28 J. Krishnamurti, La libertad primera y última, PDF, Revolución Cantonal, 2019, https://revolucioncantonaldotnet.wordpress.com/wp-content/uploads/2019/01/190_krishnamurti-la-libertad-primera- y-ultima.pdf.
29 Meléndez Badillo, Puerto Rico, 17.
30 Nombre de un dulce típico puertorriqueño, elástico viscoso, fabricado con azúcar, vainilla y canela.
31 Nombre de un licor artesanal puertorriqueño, al que se le añade crema de coco.
32 John Blacking, How Musical Is Man? (Seattle: University of Washington Press, 1973).
33 Noel Allende, “Las músicas de las identidades post-puertorriqueñas,” 80grados, 7 de marzo de 2022, https://www.80grados.net/las-musicas-de-las-identidades-post-puertorriquenas/.
34 Ley Núm. 53 de 1948, conocida como la Ley de la Mordaza busco la represión político-ideológica contra el independentismo en Puerto Rico. Esta prohibía la expresión pública de ideas independentistas y la exhibición de símbolos patrios puertorriqueños, con sentencias penales severas. Para mayor referencia léase: Jorell Meléndez-Badillo, Puerto Rico: Historia de una nación (Ciudad de México: Planeta, 2 de abril de 2024), 140.
https://archipielagohistorico.com/2025/03/13/129-ovnis-revistas-enigma-y-enigmas-del- nuevo-milenio-con-jorge-martin-miranda/

Referencias:

 Allende, Noel. La reproducción humana y social de las músicas: Un prontuario de su historia en el archipiélago puertorriqueño. San Juan: Ediciones Clara Luz, 2022.
Allende, Noel. “Las músicas de las identidades post-puertorriqueñas.” 80grados, 2022. https://www.80grados.net/las-musicas-de-las-identidades-post-puertorriquenas/.
Allende-Goitía, Noel. Las músicas de los Puerto Ricos. San Juan, PR: Ediciones Clara Luz, 2018.
Allende Goitía, Noel. Las músicas otras: Puerto Rico, el Atlántico afrodiaspórico y otros ensayos de estudios culturales de la música. San Juan, Puerto Rico: Ediciones Clara Luz, 2014.
Allende Goitía, Noel. “The Profane, the Lewd, and the Misogynistic in Puerto Rican Singing: A Historical and Interpretative Primer to Bad Bunny’s Song Lyrics (1900–2022).” En Made in Puerto Rico, editado por Sheilla R. Madera, Nelson Varas-Díaz y Daniel Nevárez Araújo, 27–44 Lanham, MD: Lexington Books, 2024.
Bescanza, Jhostin. “Bad Bunny canta sin autotune y recibe duras críticas; ‘Su voz es un desastre y no tiene talento.’” Music Mundial, 3 de septiembre de 2022. https://www.musicmundial.com/2022/09/03/bad-bunny-canta-sin-autotune-y-recibe- duras-criticas-su-voz-es-un-desastre-y-no-tiene-talento/.
Blacking, John. How Musical Is Man? Seattle: University of Washington Press, 1973.
González Arango López, Ramón A. (entrevistador). “129 OVNIS, Revistas ¡Enigma! y Enigmas del Nuevo Milenio, con Jorge Martín Miranda.” Archipiélago Histórico (podcast), 13 de marzo de 2025. Entrevista publicada en archipielagohistorico.com.
Imboden, Rebecca. “Calle 13 y la subversión del sistema a través de la palabra.” 80grados. Publicado el 25 de noviembre de 2011. https://www.80grados.net/calle-13-y-la-subversion-del- sistema-a-traves-de-la-palabra/.
Junior Report. “El reggaetón no es música.” Junior Report. Noviembre 2, 2020. https://junior- report.media/el-reggaeton-no-es-musica/.
Krishnamurti, J. La libertad primera y última. PDF. Revolución Cantonal, 2019. https://revolucioncantonaldotnet.wordpress.com/wp- content/uploads/2019/01/190_krishnamurti-la-libertad-primera-y-ultima.pdf.
Madera, Sheilla R., Nelson Varas-Díaz, y Daniel Nevárez Araújo, eds. The Bad Bunny Enigma: Culture, Resistance, and Uncertainty. Lanham, MD: Lexington Books, 2024.
Meléndez Badillo, Jorell. Puerto Rico: Historia de una nación. Ciudad de México: Planeta, 2 de abril de 2024.
Quintero-Rivera, Mareira. “Identity Debates and Symbolic Capital: Cultural Policies around Traditional Puerto Rican Music.” En Made in Puerto Rico, 17–27. Londres: Routledge, 2025. (Routledge Global Popular Music Series).
Ramos-Perea, Roberto. “Sobre Bad Bunny y la monarquía de la ignorancia.” Instituto Alejandro Tapia y Rivera, 8 de enero de 2025. https://www.institutoalejandrotapia.org/post/sobre-bad- bunny-y-la-monarqu%C3%ADa-de-la-ignorancia.
Rivero Pérez, Thais. Filosofía y reggaetón: una perspectiva interseccional. Tesis de maestría, Universidad de La Laguna, 2020. https://riull.ull.es/xmlui/handle/915/20985.
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Ruiz Vega, Omar. “Representando al caserío: Narcocultura y el diario vivir en los videos musicales de reggaetón.” Latin American Music Review 39, no. 2 (2018): 229–65. https://doi.org/10.7560/LAMR39204.
Vega Cedeño, Julio E. Exploring Puerto Rican Cultural Nationalisms: How Bad Bunny & Residente Portray the Archipelago’s Culture. Ph.D. diss., University of Minnesota, septiembre de 2024. University Digital Conservancy. https://conservancy.umn.edu/items/35013b3a-d3ed-4410-ac64- e88e2810eed8.
Vega Cedeño, Julio E. Seeking Social Justice: A Critical Understanding of Reggaeton Narratives. Tesis de maestría, University of Puerto Rico, 2015. Disponible en el repositorio de la UPR: https://hdl.handle.net/20.500.11801/208
Vélez Serrano, Mayra. “La generación de la crisis.” Diálogo UPR, 26 de enero de 2016. https://dialogo.upr.edu/la-generacion-de-la-crisis/.

El autor es maestro de música del Departamento de Educación de Puerto Rico. Profesor adjunto en la Universidad Interamericana Recinto Metro.

 

Rosicler

 

 

  1. Lo vi. Pasó por mi lado esta mañana en Hato Rey, luego de dejar a Eduardo en la escuela. El pelo plateado, perfectamente acomodado. Imaginé el olor de la loción después de afeitar, el perfume. El sonido estereofónico, de lujo, en una SUV de lujo.
  2. Lo vi, y recordé los días de La Tertulia, en aquella huelga de 2010. En aquel entonces, el capital era el enemigo. Toda disensión te colocaba, by default, de parte del capital. De parte del enemigo. Lo vi. Para aquellos días andaba por Río Piedras con paso de causa justa, con cierta petulancia insolente émula de la famosa foto del Ché tomada por Korda, y que, sin exagerar, rivaliza con la Biblia en términos de reproducción y venta. El dedo acusador como acento tónico al regaño de turno. La indignación, el requiebro de la voz cada vez que iniciaba la fallida refutación en el debate con el condescendiente «compañero». Luego se acomoda en el gobierno, como parte de la abogacía que vive del concordato con el partido popular. Dice el refrán, que tu diestra no sepa lo que hace la siniestra. Callo lo que muchos saben. Pero, en ocasiones, una mano encubre la otra.
  3. Nunca me comí el cuento. A su mirada pequeño-burguesa, la mía de Monacillos. Creo que eso era lo que más le fastidiaba, saber que nací y me crié en el barrio que no pocas veces soñó y al que siempre emuló, pero al que no pudo llegar. Todos ellos lo intentaron. En mí, la ilusión de vivir sobrevive de derrota en derrota. Ahora trabajo en un almacén cargando cristales. Cincuenta, sesenta, setenta libras al cuerpo desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde. Ellos, todos terminaron vencidos por la verborrea que se han tenido que tragar. Close but no cigar. No dice, babe. Ustedes y yo jamás seremos los mismos. Ustedes huelen a perfume, y a cómodo fin de semana. Huelo a ropa abombada de sudor, a horario rotativo, a sueldo de $1.50 arriba del mínimo, domingo libre, y un día a la semana al azar, pero que nunca será sábado. Definitivo, el mundo se ve más justo desde una SUV, my guess.
  4. Lo vi. Iba en sentido contrario al mío. Imaginé cómo serían sus viernes por la noche. Música andina, Pablo Milanés, Silvio. Licor fino, la compañía del combo que no se deja, una o dos cajas de Medalla por eso de recordar viejos tiempos. Con el alcohol, regresa la nostalgia. Verde luz, Antonia, Monón, Residente, la mano izquierda erguida en un puño bajo los acordes de Despierta Borinqueño, que han dado la señal. El Napoleón insular de esta finca cuenta al corrilo en la finca la misma historia: la noche antes tuvo un sueño, y una revelación. La Revolución, finiquita, ocurrirá cuando «la masa» despierte. El alcohol vuelve radical al más rancio populista. Resurge el líder, su pelo plateado perfectamente acomodado, perlan las gotas de sudor en su frente. El cerdo sonríe. Las ovejas asienten.
  5. Lo vi, desde mi auto, y desde aquel lugar detrás de la caja registradora en aquellos días de la librería, desde mis viernes que llego molido del trabajo, pongo a hacer en la estufa una pequeña cena, y me tomo una ducha fría. Miro mis manos, que tras mi larga experiencia de trabajo, y a mi edad, sólo sirven para hacer estas labores. Lo confirma una entrevista de trabajo tras otra. Me voy a la cama temprano. El sábado es otro día de empujar la roca hasta el tope de la montaña. Cada vez es menos el propósito, y más la sobrevivencia. En octubre estaré un año más cerca de mis sesenta.
  6. Afuera, el rosicler anuncia la pronta mañana.

Hato Rey, 12 de agosto de 2025

 

En Ruinas, basura y menudo de René Duchesne Sotomayor

 

 

Especial para En Rojo

 

La literatura y la arquitectura, el verbo y la imagen, se dan cita en esta “red de narraciones que bien puede leerse como” una novela corta en diez episodios. Los diseños de la “Residencia Gausa, E-15 Calle 11 Meadow Lane y Avenida Ramírez de Arrellano” (10-11) en Guaynabo, Puerto Rico (dirección ficticia) acompañan e informan la prosa precisa del joven escritor René Duchesne Sotomayor. Es autor de las colecciones de cuentos Diagrama de circulación (2011) y La última testigo (2019). Ha publicado dibujos, poemas y cuentos en la revista cultural puertorriqueña Hotel Abismo. Y también en la sección En Rojo del periódico CLARIDAD, en la revista chilena Letras.s5 y en el suplemento cultural del periódico virtual peruano Consulta Previa. Como reza en el comentario de contraportada del libro que aquí nos ocupa: “Su formación como arquitecto y explorador de diversas artes, tales como la metalurgia, el dibujo y la pintura forman parte de su imaginación virtual y narrativa, la cual deriva, en gran medida, de la memoria, el horror y la ciencia ficción”.

Ruinas, basura y menudo es un texto multimedia donde la narración se sostiene en las ilustraciones que dan pie para la imaginación tanto del autor como de los lectores. Una residencia abandonada en una urbanización de la zona metropolitana de San Juan es tal vez la mayor protagonista de este devenir narrativo. La casa es motivo de reflexión de las políticas de vivienda fallidas de la isla. Y, de ahí, parte todo el entramado de la historia donde los personajes giran alrededor de los avatares de la Residencia Gausa como mudo testigo de lo que le ha acontecido tanto a la familia que habitaba ese espacio como al contexto en el que se desarrolla. Es decir, las diferentes visitas a la casa van hilando otra historia del inmueble que se corresponde con los títulos de los capítulos o episodios, a saber: 1-Planta de piso, 2- Elevaciones interiores, 3- Perspectivas exteriores, 4- Sección de pared, 5- Croquis I, 6- Existente para permanecer, 7- Planta de demolición, 8- Croquis II, 9- Comienzo de obras y 10- Conforme a obra. Todos estos planos tanto visuales como narrativos van contando la anécdota hasta construir y deconstruir el entramado narrativo. Luis Gausa es el antiguo habitante de la casa y desde el principio, al leer “el permiso de construcción grapado a los tablones de contrachapado que cercaban su antigua casa, su mente desdibujaba la huella de espacios que sirvieron de molde a su niñez” (13), vamos percibiendo cómo la Residencia Gausa es también el entorno de la nostalgia del personaje que ha perdido ese “rastro” que es parte de quién es él como persona. Más adelante, Paco, el “ocupa”, o aquel que invade, también va a desarrollar sentimientos por ese refugio que le permite tener protección en medio de la orfandad de su indigencia. Otros personajes irán desfilando a lo largo de la diégesis para resignificar los espacios y desvelar lo secretos de la desposesión.

Uno de ellos es Alfonso Bisset, quien “pensó que tras haber sido inspeccionada en tres ocasiones distintas por la unidad canina, la casona de la avenida Ramírez de Arellano  no le causaría problemas” (33) y sería perfecta para sus planes. Cuando Luis Gausa vuelve a la casa y se topa con Paco, el “ocupa” o “deambulante” (56), asistimos a un duelo tácito de sensibilidades donde uno se siente sorprendido y el otro quiere marcar su territorio porque esa casa fue suya. El “obsequio del misterio” (63), ese paquete o “regalo perverso” que se encuentra al final revela el misterio de cómo se ha utilizado la casa abandonada como una especie de hospitalillo para el narco y la corrupción policial. Luis, Paco y Alfonso representan “tres vidas memoriosas, tres masculinidades quebradas” como dice el comentario de contraportada del libro.

Ruinas, basura y menudo de René Duchesne Sotomayor es una novela corta que constituye una auténtica filigrana neobarroca en la nueva narrativa puertorriqueña porque a través de la arquitectura y su reflexión sobre los espacios, los croquis, los diseños y los planos va contando la historia en una elegante edición de bolsillo en la serie Edades de Siddharta de la ya emblemática Editora Educación Emergente (#LiberaTuLectura), que cumple ya su décimo quinto aniversario,  donde los colores, los trazos e ilustraciones del libro se hacen parte de la literatura. Este joven sabe escribir y contar la historia con la elegancia de los grandes maestros de la literatura universal. En esas ruinas, la basura y la polivalencia de la palabra “menudo” en el título del libro (se refiere a monedas pequeñas o fraccionarias, de pequeño tamaño, despreciable o sin ninguna importancia entre otras acepciones) se va urdiendo la trama de la decadencia no sólo de la Residencia Gausa sino también de la isla de Puerto Rico en sus diversas instancias históricas y políticas donde la crisis de vivienda siempre ha sido una constante colonial. Ante la infrahistoria o historia menor de una familia en ruinas surge la reflexión mayor de la Historia nacional y sus avatares: “Son pocos los que, en la ruina, continúan la caída hacia las profundidades de la tierra, tras romper la bóveda de alguna gruta que sostuvo la tierra bajo sus pies” (58).

El autor es un distinguido escritor puertorriqueño, catedrático retirado de Ohio University.

 

El encanto maligno de la bruja en Weapons

 

 

Especial para En Rojo

 

“Ahora serás como un pájaro, Martita. Aprenderás a volar. Tus brazos se extenderán como alas. Y volarás muy lejos… muy lejos hasta lo profundo de la noche.”

La bruja invita a la niña a brincar al abismo en La tía Alejandra

 Cuando mi hijo tenía alrededor de 8 o 9 años, le fascinaban los monstruos. Los buscaba en todo lo que veía o leía. Un día lo llevé a ver Macbeth (dir. Orson Welles, EE.UU., 1949) al Film Forum de Nueva York. Tenía curiosidad de saber qué le parecería lo que considero una joya del cine. Welles abre su versión de la obra con las tres Weird Sisters y su inolvidable “double, double toil and trouble.” El blanco y negro de la película retrata un mundo de colinas raras y árboles muertos entre tinieblas. La poca iluminación y los vapores que emanan de la tierra tornan a las hermanas en sombras. El director de fotografía, John L. Russell, volvió a demostrar años después con su cinematografía en Psycho (dir. Alfred Hitchcock, EE.UU., 1960) que el público no tiene que ver claramente al monstruo. Lo que acecha al otro lado de la cortina de la ducha es peor cuando lo imaginamos. Los sonidistas, Garry Harris y John Stransky Jr., tan solo nos permiten oír las brujas en murmullos resaltando el horror en los versos de Shakespeare. En un inmenso caldero burbujea un viscoso mejunje al ritmo del hechizo. Las manos de las brujas sacan una bola de fango del caldero a la que le dan la forma de un hombre y juntas lo nombran Macbeth, dando punto final a la delirante introducción. Los ojos de mi hijo expresaban la desesperación en la mirada de Thomas cuando el conde Orlok irrumpe en su cuarto en Nosferatu (dir. F. W. Murnau, Alemania, 1922). Pero mi hijo no pudo taparse los ojos demostrando el encanto maligno de las brujas.

Las brujas corrompen la idea tradicional de la maternidad. Su peligro siempre ronda los niños, como la Grand High Witch (actuada por la diabólicamente fabulosa Anjelica Huston) de The Witches (dir. Nicolas Roeg, Reino Unido y EE.UU., 1990). Esta planifica librar al mundo de la amenaza infantil tornando a todos los niños en ratones. En Rosemary’s Baby (dir. Roman Polanski, EE.UU., 1968), Minnie Castevet (en mi actuación favorita de Ruth Gordon) le niega la posibilidad de una maternidad tradicional a Rosemary (Mia Farrow) al robarle el útero para traer al mundo al hijo de Satanás. La bruja malvada entra en el espacio familiar como un parásito y gradualmente esclaviza a cada uno de sus miembros, como les hace la sensual Elaine Parks (Samantha Robinson) a los hombres en The Love Witch (dir. Anna Biller, EE.UU., 2017). La amenaza real de la bruja es su afirmación de poder y su rechazo a un sistema que insiste en controlar a la mujer. Por eso, a pesar de nuestro pánico ante el monstruo, entendemos a Maritxu (actuada por la poderosa Terele Pávez) en Las brujas de Zugarramurdi (dir. Álex de la Iglesia, España y Francia, 2013) cuando declara: “A mí las brujas no me dan miedo. A mí los que me dan miedo son los hijos de puta.”

En Weapons (dir. Zach Cregger, EE.UU., 2025), en un pueblito de Pennsylvania, un grupo de diecisiete niños desaparece. Cada uno, en su respectiva casa, se levantó exactamente a las 2:17 de la mañana y salió corriendo hacia la oscuridad. Todos estudiaban en el mismo salón del tercer grado. La histeria cae sobre el pueblo y algunos padres, que incluyen al desesperado Archer (Josh Brolin), sospechan de Justine (Julia Garner), su maestra. Como consecuencia, la vida de Justine se deshace ante la confusión de lo que les puede haber ocurrido a sus estudiantes y ante el miedo del acoso por las acusaciones de bruja. Weapons es una alegoría efectiva sobre la constante amenaza que sienten las familias conservadoras con la educación pública. En nuestra realidad, mientras los padres acusan al maestro de corromper las mentes de sus hijos por la falta de educación religiosa y por enseñar un supuesto solo lado de la historia, el parásito real se sonríe impune mientras manipula la situación para adquirir más poder.

¿Y quién es ese parásito? Aunque en Weapons ese descubrimiento es espeluznante, su construcción tiene un lado cómico que no puedo describir para no dañarles la sorpresa. Zach Cregger, el director, encuentra elementos de humor algo astracán que son sumamente efectivos y que no entorpecen la alta tensión que domina la historia. Inclusive, en su película anterior, Barbarian (Bulgaria y EE.UU., 2022), hay puntos en que el miedo deviene en risa al revelarse lo absurdo de la situación sin restarle fuerza al horror. Weapons utiliza tropos del género de las brujas que se manifiestan de maneras similares en La tía Alejandra (dir. Arturo Ripstein, México, 1980). En esta, la tía Alejandra (representada por la poderosa Isabela Corona) llega al hogar de su sobrino porque, en su edad avanzada, vendió la casa que compartía con su hermana que acaba de morir. Sin embargo, Alejandra no es una anciana inofensiva, sino una bruja satánica que poco a poco se adueña de la familia hasta doblegarla. La historia sigue el género de brujas al enfocarse en la corrupción que trae la tía, una mujer que no ha sido madre y que se percibe como una atenta contra el patriarcado. Su único obstáculo para lograr su dominio del espacio familiar es la voluntad férrea de la abnegada madre (Diana Bracho), con la que se enfrentará en la batalla final. Weapons y La tía Alejandra reflejan el terror hacia mujeres independientes que se remonta a las cazas de brujas iniciadas en Europa en el siglo XV. Historias sobre la persecución del patriarcado y la venganza de las brujas nunca cesarán en la pantalla grande. Desgraciadamente, la realidad es una mala copia del cine.

Weapons está en salas de cine comercial en la isla. Pueden encontrar La tía Alejandra, otra chulería del cine de horror mexicano, en YouTube.