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Contra Esencia, arquitectura y estética sin ética

Parte de los terrenos. Foto cortesía Guarionex Padilla

La arquitectura al servicio del poder colonial no es meramente una herramienta de violencia, sino su disfraz más persuasivo. En Puerto Rico, esta violencia ha tomado la forma de Esencia: un propuesto búnker de lujo distópico para ricos, valorado en 2.000 millones de dólares.

Entre las empresas extranjeras detrás del megaproyecto Esencia se encuentran Reuben Brothers, Three Rules Capital, Rosewood Hotel Group, Mandarin Oriental y Aman Group. Estos desarrolladores ya han dejado “un rastro global de daño” en las zonas ecológicamente sensibles donde han construido, según el periodista Luis Joel Méndez González. El plan maestro de Esencia fue diseñado por el estudio de arquitectura local Álvarez Díaz & Villalón en colaboración con EDSA, y el componente del Hotel Mandarin fue diseñado por el estudio con sede en São Paulo Studio MK27.

Apoyadas por el gobierno, estas empresas pretenden ocupar más de 2.000 acres de tierra, incluyendo tres millas de costa en Punta Melones, para construir un enclave privatizado de villas de lujo, campos de golf y amenidades. Esencia afirma que está creando una “comunidad costera de lujo para turistas y residentes, que proporcionará acceso público a la playa para los residentes de Cabo Rojo y los visitantes”. La escala del proyecto presenta una seria amenaza de despojo territorial y agresión ecológica, continuando así el legado colonial de las plantaciones en el Caribe que hoy sirven como parte de una red de turismo de lujo.

Este desarrollo continúa una larga historia de intentos de desalojo forzoso, incluido el nefasto “Plan Drácula”, el nombre popular dado al “Proyecto V-C”, un plan de limpieza étnica del Departamento de Defensa para eliminar a los residentes de los municipios-isla de Vieques y Culebra incluyendo la reubicación de sus cementerios. Si bien analizamos el colonialismo como una práctica planetaria, se hacen evidentes las similitudes entre estos proyectos arquitectónicos y las imágenes obscenas de un futuro imaginado para la Franja de Gaza.

En este sentido, Esencia es también un proyecto de representación colonial ya que no existiría sin los dibujos e imágenes de los arquitectos. Los desarrolladores han entendido el rol que los diseñadores juegan en la producción de imágenes para venderle al público la destrucción de ecosistemas y yacimientos arqueológicos.

Representación, Abstracción y Violencia
En el Caribe, la representación arquitectónica ha servido históricamente como arma colonial. El colonialismo opera en los mapas que borran los territorios originarios, en los planos que parcelan las tierras comunales y en las postales pintorescas de playas y bosques bucólicos que reducen los paisajes a mercancías para el turismo. El legado visual de las representaciones coloniales de los trópicos es explicado por Krista A. Thompson en su libro An Eye for the Tropics: Tourism, Photography, and Framing the Caribbean Picturesque.

Las primeras pinturas coloniales y la fotografía que le sigue desde el siglo XX construyeron imágenes de las playas caribeñas como paraísos desprovistos de personas. Este truco de representación es lo que también hacen las imágenes arquitectónicas de Esencia cuando presentan un universo estético sanitizado y autónomo sin rastro de la maquinaria colonial-capitalista que lo financia, las exenciones fiscales de la Ley 60 que lo subsidian, o las medidas de austeridad impuestas que los puertorriqueños sufren para hacerlo posible.

En la propaganda arquitectónica de Esencia los suelos rústicos ecológicos especialmente protegidos, el hábitat del amenazado turpial amarillo y el guabairo puertorriqueño, las aguas donde nadan los manatíes antillanos, los nidos del carey son todos aplanados en una pantalla estéril para proyectar una fantasía colonial. Además, esencia afirma “participación comunitaria” mientras excluye al público de los procesos de permisos y continua el violento desplazamiento del pueblo local.

El Turismo de Lujo No Es Protección Ambiental

Esencia afirma que “el turismo de lujo es una forma de desarrollar, minimizando la huella ambiental” y declara que “3/4 de la tierra [se destinan] a recreación activa y pasiva, conservación y uso público”. Este argumento sigue una lógica similar a los hoteles de San Juan e Isla Verde, con una primera ola construida durante las décadas de 1950 y 1960 siguiendo a la Operación Manos a la Obra, o más recientemente con los desarrollos de lujo que han convertido a Dorado en un “paraíso de inequidades y emergencia climática”con sus playas y hábitats costeros destruidos mientras se continua desangrado el archipiélago borincano para el desarrollo capitalista.

Como explica el Centro de Periodismo Investigativo, Esencia se envuelve en el lenguaje de la conservación mientras infringe protecciones ambientales, demostrando que detrás de cada paraíso exclusivo, un continuum colonial expropia, segrega, desplaza y destruye.

El despliegue de imágenes seductoras sirve para fabricar legitimidad mientras los desarrolladores carecen de estudios de impacto ambiental rigurosos. En esta estratagema colonial, las herramientas de representación arquitectónica suplantan los datos ecológicos, reemplazando así la ética por la estética.

Los Diseñadores Son Cómplices, No Proveedores Neutrales de Servicios
Esencia amenaza con su implementación mientras los puertorriqueños enfrentan medidas de austeridad impuestas por la Junta de Control Fiscal y crisis de electricidad y agua, y el castigo acumulado de más de 500 años de ocupación colonial. En Puerto Rico, así como en otros lugares, los diseñadores que prestan sus habilidades, nombres y reputaciones a proyectos de lujo segregado, se convierten en accesorios de la colonización, instrumentos de destrucción de la naturaleza y participantes activos en la normalización del despojo y el desplazamiento del pueblo. Los diseñadores pueden acelerar nuestra propia perdición, o resistir y construir un futuro mejor que sea ecológica y socialmente justo.

En este contexto de crisis climática, otras formas de representación arquitectónica no son solo posibles, sino urgentes y necesarias. Los tiempos requieren formas de representación que no abstraigan la vida, decoren la destrucción, ni legitimen la colonización. Se requiere un tipo de representación arquitectónica que sirva como herramienta de educación pública sobre el medio ambiente poniendo su poder al servicio de la emancipación colectiva

Las carreras de diseño requieren de educación, prácticas y profesionales éticos que reconozcan que la tierra, el agua, el aire, la historia y los ecosistemas son para que todos los cuidemos colectivamente. Un futuro sostenible necesita de arquitectos, urbanistas, planificadores y paisajistas capaces de resistir ser parte de la maquinaria de destrucción ecológica y al deterioro social.  Ante la ausencia de denuncias por parte de las instituciones profesionales y académicas de arquitectura y diseño en Puerto Rico llamamos a rechazar la instrumentalización de la arquitectura para proyectos coloniales y, en el caso de Esencia, el uso de la representación arquitectónica como herramienta para la destrucción ecológica y la degradación social.

Dibujar otros futuros es nuestra responsabilidad colectiva.

El Chapulín Enamorado

Arte por Daniel López

 

En Rojo

 

—¡Su escudo es un corazón!

 

Lo vi tan pronto entré. Vestía un pantalón corto de tonos claros, unos tenis del mismo color de suela gruesa, calcetines largos y andaba descamisado. Tabla cobriza de admirable tersura. Yo, en cambio, llevaba puesta una camisa polo verde monte, unos mahones-cortos y unos tenis negros. 

Sorbía un trago de vodka con agua de coco desde la barra de afuera. La acera colindaba con el parapeto, de modo que podía ver a los peatones, saludarlos, aspirar la peste a mar que se paseaba por las pencas, los almendros y los uveros. Los hoteles ofrecían, a la vista, decenas de turistas recostados de los balcones. Los veía desde la entrada, y la pista de adentro— al otro lado— estaba abarrotada con hombres turistas. Ebrios descamisados, lúbricos de todo perfil. Me asomé brevemente antes de recibir una andanada de miradas que me dirigió, por no saber qué hacer, a las mesas de afuera.

De pronto, como a quien le cae un balde de hielo en la nuca, se me acercó. Ya me había resignado a que un nene así, rodeado con gente así, no estaba para hablarme una noche como aquella. Pero apareció allí, frente a mí, con ese peinado de champiñón que le sentaba tan bien a esas cejas, a esos ojos de luna escondida, a esas bembas que juraba nacionales, a ese bigote de cantinflas.

—Hola. ¿Estás solo? ¿Cómo te llamas?—- me preguntó mientras daba pasitos de discotequero.

—Hola. Sí. Adrián. ¿Y tú?—

—- Ay, yo me llamo Damián. Adrián, Damián. ¿Viste? Un placer— y se echaba a reír por los acentos agudos que le daban, en cadena, cierta cadencia a nuestros nombres. Sonreí al verle un diente trizado debajo de los labios carnosos. 

—Encantado, Damián—

— Adrián, ¿por qué estás solo? ¿Por qué no viniste con tus amigos?—

— No sé. Digamos que no son muy de estos ambientes—

— Ah, pues no importa. Yo soy tu amigo esta noche. Ven conmigo—

Me llevó, para mi sorpresa, hasta su corillo. Otro puñado de hombres descamisados que se hacían compañía entre cizañas y miradas torvas. Saludé a algunos, y varios nos hicimos los locos como buenos pendejos. Los había visto, mas en mi oro de recuerdos, recuerdo que los olvidé. Le pedí un momento a Damián para pedir otro trago.

—… Tito’s con agua de coco… Mmm… Yo estoy bebiendo Tito’s con agua de soda—, dijo con su vaso crepitando con hielo sin licor.

Entonces, impelido, regresé con otro suyo y otro mío. Algo como un brillo se le salió de los ojos. Y en los abrojos de la jarana, me volvió a regalar, con la fugacidad de una estrella, su mirada de ángel bribón. Ya no sabía qué decir, así que le pregunté por el baño.

Él entró primero puesto que también le hacía falta un momento. En la pared contigua, durante la espera, un espejo reflejaba los celajes pululantes de decenas de hombres. Sombras mudas al acecho. Más de uno me importunó con preguntas insulsas, y no fue hasta que Damián salió de miar— así le dijo—que recordé qué, en el más santo de los carajos, hacía yo metido en aquel antro solo. Una cosa era el trago al margen…

— ¿De dónde eres? Hablas muy lindo para ser de aquí— pregunté por su acento torpe pero intrépido.

— ¡Soy mexicano!— gritó con orgullo. Y todo encajaba. Solamente la tierra de Chespirito, de Derbez, de los elotes y los birrias y las enchiladas y las tortas me podía engatusar así. Solamente el Chapulín, el Chavo, la Chilindrina, el chipote chillón y las micheladas podían engendrar semejante lindura. 

Nos quedamos un rato en la pista oscura antes de salir de nuevo. Él me preguntó si sabía bailar. Contesté que no puesto que me pareció inadecuado— en aquella disco— decirle que solo me sabía los básicos de la salsa. Así que comenzó a mover la tabla cobriza de admirable tersura, y yo tuve que inventarme un chachachá medio trinco. Él parecía no fijarse. Se fijó en que llevaba rato mirándole los labios, cerca suyo, rozando con la mano su cintura, perdido entre los ojos y los labios.

— ¿Qué pasa?— dijo risueño. No contesté. Lanzó una carcajada arriba, bajó la mirada, tentamos varios besos y nos picoteamos con uno. Fui feliz. Noche lograda. Noche de campeón, de bichote, de mascaracachimba que le caen las bendiciones. Carajo. Sé que es ante de mi muerte, ¡pero es que tanta suerte va a matar!

Como no llegó conmigo, se despidió al cabo de unos minutos y partió con sus amigos. No sin antes dejarme, cual Cenicienta con corona de setas, el rastro necesario para emprender la temeridad de buscarlo.

Dos semanas después, muertas las ascuas de la primera ilusión, le respondí a algunos de sus estados. Yo bebía cervezas mientras veía episodios viejos del héroe más ágil que una tortuga, más fuerte que ratón, más noble que una lechuga; y Damián me hería el corazón. Yo, pobre flechado, tirando maíz a un gallo de pelea. Él, condenado por la costumbre a recibir halagos, contestó más simpático de lo esperado. Los mensajes se demoraron por dos o tres días, de modo que todo encajó, el viernes, cuando resolvimos salir a una barra en Santurce. Yo, que había resuelto ser feliz, que bien pude quedarme con mis noches de bohío y aquella apacible calma, caí en las trampas de verle los ojos.

Salí enchancletado y sin verdadero norte. Damián habría llegado con su mejor amigo, de manera que no tenía idea de cómo sería la dinámica. Sopa de ansiedades bien cocida entre las tripas. Me estacioné, para rematar, lejos del local. Caminé calle abajo hasta dar con la entrada. Y apareció de nuevo, así, zas, como las mariposas que aletean entre las margaritas, o como las margaritas que tientan a las mariposas. Algo así. Llevaba una camisa de mangas que le escondía la tabla cobriza de admirable tersura, aunque restaban las dos macanas café de sus brazos. El suéter era naranja, con una Corvette tatuada en su diseño. Unos mahones y los mismos tenis de la otra vez remataban su atavío.

Me presentó a un personaje que no había conocido: Estrada. Rumba contenida de sonrisas y chistes, de valentía contagiosa y aires de alma emancipada. Para desdicha de la memoria, no recuerdo su vestido entero. 

Entramos a otro antro— más limpio que el primero— mucho más frecuentado por señores mayores. Cuarentones y sesentones que le barbotaban lisonjas fáciles a cualquiera. Formaban un camino angosto al averno de las mesas. Yacían, en el fondo del salón, bajo dos pizarras llenas de nombres.

—¿Estabas viendo el Chapulín Colorado?— me preguntó Damián.

—Sí, ¿cómo sabes?—

—Lo vi en tu story. Y las cervezas—

—Lo sospeché desde un principio—

— ¿Sabes jugar pool, Adrián?— y mi nombre, en su boca, se me hacía como los ríos surcando los guijarros, o como el timbre meloso de un violín. 

—Sí. Me defiendo—

—Pues, anótate—

—Bien—

Me sonreía desde el otro lado. Apunté mi nombre, comenté zanganerías al muchacho más próximo y regresé adonde Damián. Sentía, en mi desnudez de chanclas, salpicaduras de licor rozar mis dedos. Hablamos un rato. Estrada conoció mi lado periodístico y hubo cierta conmoción. Fraternidad de riopedrenses encontrados por el mundo. 

Estrada ofreció, en cierto momento, chicles para todo el mundo. Como los chicles no rindieron para tanta esplendidez, me quedé sin mascar goma. Pero Damián, viéndome desamparado por la menta que ahora poblaba el aliento de todos, sacó el suyo de la boca y lo metió en la mía. Oleaje incontenible del deseo, marejada feliz, reverenda y soberana estratagema, esta que me hacen. Quedé lobo domesticado. 

Se fueron al rato. Estrada debía partir a Bayamón, y Damián no iba a desampararle al filo de la medionoche. Salieron juntos y quedé importunado por un muchacho regordete y de verbo barato. Me olvidé del turno y seguí hasta la guagua. 

Me emborraché algo despechado, y aquel despecho embriagado me empujó a escribirle el comentario más tonto y desesperado imaginable.

—Me encantas, Damián. Eres lindo y simpático. Me dices cuando podamos vernos again—

—Tuve un buen tiempo. Eres tan bello. Nos vemos pronto—, respondió para la dicha de mi quimera.

Como me quedé dormido, no pude responder hasta la mañana siguiente. De modo que respondí «tututú» a su halago; una hora después me preguntó qué haría ese día.

—No plans for now. You?—

—Just asking. I’d love to go play pool with you—

—Let’s play pool. ¿Tienes algún sitio en mente?—

—Eso lo podemos decidir luego—

Pasaron las horas y no hubo confirmación. Pregunté al rato y, a los quince minutos, ya se estaba vistiendo. A diferencia del viernes, quería que yo lo recogiera en mi carro. ¡Acángana! Pidió que llevara unos tragos a su casa, en Río Piedras. Cuando llegué, nunca más nos escribimos. 

Damián estaba en mi carro, con los ojos de luna robada, con otra camisa de Corvette pero azul oscura. Mahones parecidos y los tenis blanquitos que le hacían parecer más alto de lo que era. Eran sus antipastillas de chiquitolina. Me trajo un arroz con salsa soya que cocinó antes de yo llegar. Resolvimos luego ir a la misma barra de la noche anterior. Despliegue de Tito’s con coco y Tito’s con agua de soda. Orgía de sonrisas disimuladas. 

Volví a apuntarme y no duramos mucho en la espera. Pude, empero, bromear entre todos que los mexicanos no sabían jugar al billar porque se comen los tacos. Cayó bien. Damián rio. La espera nos inquietó y comenzamos a hablar con un exdecano de la Facultad de Educación de la Iupi, un tal tío de Damián. Que no era sino el tío de su expareja.

La tertulia desembocó en asuntos de la universidad pública, el periodismo, la educación y la palpable desidia que arropa al país. El señor, objetivamente, quedó encantado. Me propinó elogios en demasía, se desternillaba al menor comentario y casi infartó cuando recité, de memoria, que yo salí de Collores en una jaca baya, por un sendero de mayas arropás de cundiamores. Supuso, por falta de contexto, que Damián y yo éramos novios. Veía a Damián reír, mas sentí la imperiosa necesidad de aclarar el asunto. Entonces fuimos a otra barra.

—¿Llevas a mi tío con nosotros? Así podemos llevarlo a su casa más tarde—. Accedí porque la noche era virgen y la verdad, después de estar con Damián, poco importaba el lugar o la hora o l.

—Este muchacho es tremendo, Damián. Claridad no es cualquier cosa. He queda’o bobo con este nene—, decía con la ligadura que los borrachos le dan a sus peroratas. 

—Ay, sí. Es talentoso y detallista y humilde—, respondía mientras, muy cabrón, me mordía el hombro disimuladamente.

En la barra, el llamado tío quedó casi dormido, de modo que Damián me pidió que lo llevara a su apartamento. Allí le esperaba al exdecano un matrimonio mustio de antipatías repetidas, de rencores reciclados. De camino, solos, el señor no pudo sino pedirme que nunca me permitiera caer en semejante monotonía. Lo decía, algo soberbio, mientras desatinaba la orina encima de sus zapatos. Zapatos que pisarían la alfombra de mi carro. Pero poco importaba la hora, el lugar o las pestes de miao después de estar con Damián. Él, centella de plata, me esperaba en la barra en lo que volvía.

Cuando volví, bebimos pocos tragos y salimos para llevarlo a Río Piedras. En la acera opuesta al local, al salir, intenté tomarle la mano. Me la rechazó y me reprochó porque tú eres peligroso, porque tú eres peligroso y te odio y aléjate y no quiero que me toques o me mires. Y un porqué mío después, nos besamos antes de llegar al carro.

Frente al apartamento, sugirió que me estacionara. Cuando apagué la guagua, supe que el asunto acabaría como acabó: riéndonos a la suerte de tanta alegría repartida en afectos difusos. Al filo del conticinio, me preguntó:

—¿Esperabas estar aquí conmigo así?—

—No— jadeé —No me lo esperaba—

—¿Viste? Todos mis movimientos están fríamente calculados—

Mutismo involuntario, exceso de alegría, pérdida del sosiego; breve convalescencia. Recontrachanfle. No pude sino abrazarlo hasta la mañana. 

Se llama Damián porque quiso, porque una noche emprendió la retirada final y renació en Borinquen. La vida le había fijado la suerte de nacer Demian, como la novela alemana de Herman Hesse. Como el chico taciturno que nada tenía que ver con el mariachi prohijado que suponía Damián en la vida antillana. 

No sé si me lo dijo en el césped de la orilla, mientras mirábamos una nube lejana que parecía un surfer. Sé que su madre leyó la novela y le gustó. Sé que yo la leí en dos días, cuando cumplí 23 años, sentado en la orilla de Isla Verde. Nos picaban, al hablar, las hormigas en aquel pastizal, y mi hombro izquierdo aún guarda las cicatrices de las picaduras. 

En la noche, jugando al billar, me rasqué el hombro varias veces. Para desdicha de una camisa mona que compré, con Damián, en una tienda de ropa. Que compré mientras le veía olisquear las velas para enseñármelas después, mientras me mostraba los cojines que mejor combinarían con su sala, mientras se medía aquel arete esmeralda en el espejo. 

Me elogió la camisa, y más le valía porque la había escogido. Me miraba desde el otro lado de la mesa, midiendo las menores que me faltaban por anotar. Había una menor— la única opción factible— con dos posibles anotaciones exitosas. Ambas condicionadas por el más probable de los fracasos. 

—Sé que no la vas a meter—

—Yo sé que tú sabes—

—Bueno, si la metes, te regalo algo—

—Ah, pues bien—

Y las nalgas se me trincaron. Entendí, como nunca antes, que el billar era asunto de postura, de acomodar la cintura hasta que los brazos se tornasen en mirillas. Había que ser San Miguel Arcángel con la lanza. Yo, a diferencia de la gracia conque Damián movía el taco sobre el pulgar, sujetaba el mío como un cigarrillo. Así nada se me escapa, así retengo el control del taco y dispongo de él según mis antojos. Entonces, decidido, anoté la menor como un francotirador obsedido por matar un tirano. Boquiabierto, anonadado, ni yo mismo contaba con mi astucia. 

Se acomodó en la silla contigua a la mesa. Se paró en el travesaño de modo que lucía mucho más alto que yo. Me acerqué porque el agua de coco ya había cedido ante el Tito’s, y el desenfado me ubicó justo debajo de la mirada de Damián: justo debajo del edredón de su mirada. Nos besamos. Ni la Fania conoció tanto éxito. Ay, la gloria es sueño vano; y el placer, oler su aliento; y la riqueza, tormento; y el poder, ¡qué bellas sus manos! Si estuviera en mis manos borrar mis amores… No lo haría. 

—Me tienes enchula’o, papi—

Imposible, amor. Porque si has de tratarme así, de esa manera, no hay como pueda. Cortos circuitos y babeos son mi respuesta. 

 

El tilcayo y la importancia etnolingüística del nombrar

 

Carlos E. Silva Velázquez

Para decir la palabra alma dicen ‘palabra’ o también ‘voz’

– Ernesto Cardenal

Creo que ya todos hemos visto a Tigrino, el gatito que conquistó el internet el pasado jueves, 17 de septiembre. Es la primera especie de félido identificada y descrita en sobre cien años, denominada Leopardus tilcayo. Ya que vamos a hablar de lenguaje y el acto de nombrar, es importante aclarar y recalcar eso: no es que el tilcayo surgió por generación espontánea, que evolucionó el mes pasado o que es la primera vez que el ser humano ve uno. De hecho, el estudio revela que divergió de su pariente más cercano hace más de 1.4 millones de años. Lo que pasó fue que ahora fue que se determinó que este animal es una especie totalmente distinta a todos los primos que tiene en el área, miembros del género Leopardus que hemos conocido por mucho tiempo y que, claro, han convivido con los pueblos de América por miles de años. Todos estos gatitos, como el ocelote, el margay y los gatos tigre son sumamente parecidos entre sí. El ocelote es mucho más grande, por lo tanto más fácil de diferenciar; el margay, sin embargo, puede causar mucha confusión en informes de avistamiento e investigaciones de campo (Lescroart et al, 2026). Si es difícil diferenciar a simple vista a las especies de gatos tigre del margay, imaginen entonces diferenciarlos entre ellos.

Nos enfrentamos al primer dato importante en relación al nombre: ‘tilcayo’ es como se llama en regiones de Bolivia a diferentes gatos tigre (especialmente al tigrillo, Leopardus tigrinus), así como los nombres paloma o ballena se usan comúnmente para englobar varias especies. Es posible, entonces, que esta designación general haya afectado la capacidad de identificar al tilcayo antes. Pero, ¿de verdad nadie lo había diferenciado? Hay que preguntarnos si las comunidades locales ya habían identificado diferencias entre el tilcayo y sus parientes. ¿De dónde sale el nombre? ¿Tendrían más nombres para los otros gatos? El colonialismo, la globalización, la industrialización y la explotación del medioambiente a menudo borran la historia de los pueblos, sus lenguas y todo lo que cargan. Nos toca recuperarla y protegerla.

Al momento, lamentablemente, no encuentro datos sobre el origen o la composición de la palabra tilcayo —más difícil todavía ahora que la palabra se fue viral—, ni cómo se utiliza en la región del Yungas, donde se encontró a Tigrino. Lo único que tengo, por ahora, es que en aimara (una de las lenguas originarias de la región) la palabra titisignifica ‘gato salvaje’, que t’ili significa ‘lo más pequeño’ y cayu significa ‘pie’. Suena a que… quizás. Pero aunque podría pasar horas teorizando, ahora mismo no puedo confirmar que haya una conexión etimológica. En la Guía de identificación de partes de félidos (2020) de Bolivia, donde por lo menos consta el uso del nombre tilcayo, solo se menciona al tigrillo (Leopardus tigrinus) y no se mencionan a los otros gatos tigre. En el resto de las publicaciones que encuentro, se recurre al común tigrillo, confirmando la invisibilización de nombres originarios.

 En el estudio genético y taxonómico que se hace del tilcayo no hay información sobre la relación entre la comunidad local y las especies estudiadas. Solo se menciona que es un félido «ampliamente conocido en la zona del Yungas» y que proponen el nombre común tilcayo en inglés para preservar «la designación tradicional local en reconocimiento de su relevancia cultural y regional». Esto puede presentar otro problema, ya que, como mencioné, los locales nombran tilcayo a varias especies y parecería que se ignora esta relación. Y con toda la atención mediática, el gatito emblemático quedó bautizado. Esperemos que este mismo descubrimiento impulse a estudiar más a fondo la relevancia cultural que mencionan, y que continuemos reconociendo las aportaciones imprescindibles de las comunidades locales en el camino de seguir entendiendo el planeta y los ecosistemas que lo componen. No todo son pruebas de ADN.

Los pueblos tienen diferentes formas de categorizar la fauna y la flora. Los pueblos akan de Ghana, por ejemplo, usan características como patrones de vuelo y hábitat para categorizar y nombrar aves (Deikumah et al, 2015); en el náhuatl, el valor espiritual de las especies juega un rol importante en sus sistemas de nomenclatura (Blancas-Calva et al, 2023). Esto es lo que se conoce como clasificación etnobiológica. La etnobiología, según la define Brent Berlin (1992), es «el estudio de la compleja serie de relaciones entre plantas y animales y las sociedades humanas presentes y pasadas». La importancia de este campo no se limita a la curiosidad antropológica de entender a otras culturas, sino que reconoce y documenta el conocimiento ecológico de quienes habitan los ecosistemas y llevan relacionándose con ellos por siglos. El lenguaje es un archivo histórico de este conocimiento que, aunque a menudo coincide con el conocimiento científico de las instituciones occidentales, también va más allá de lo que nuestros sistemas perciben o consideran relevante. Recordemos que las comunidades locales tienen siglos de ventaja. En el Congo, por ejemplo, se comprobó que el conocimiento local del bonobo era indispensable al entendimiento de la especie y, por tanto, indispensable para los esfuerzos de su conservación (Omasombo et al., 2022). Énfasis en mi uso de la palabra «indispensable»; o sea, que si se descartara dejaría un gran vacío.

Los procesos de categorización e identificación de una comunidad lingüística no son meras casualidades que convergen en un nombre «porque sí» como algunos comentarios sugieren sobre el tilcayo, sino que son estrategias de nominación que surgen del contacto y las relaciones entre los seres humanos y su entorno (Peña & Silva, 2022).

¿Cuál es la importancia de reconocer estos fenómenos, de tomar en cuentas estas estrategias de nominación?

 Primero, nos dan una ventana a la relación de los hablantes con el medioambiente y especies particulares. Pensemos en un ejemplo sencillo y cercano. En algunos contextos de Puerto Rico, se le llama matapollos al guaraguao. Aparte de sonar gracioso, este nombre carga, evidentemente, información de una conducta del guaraguao y de su relación con quienes crían gallinas. El conocimiento ecológico también se transmite mediante la oralidad, y así se sostiene a través de generaciones como una pequeña librería que se hereda.

Segundo, las estrategias de nominación nos ayudan a entender cómo una comunidad lingüística percibe y categoriza especies, revelando qué características son más prominentes y qué prioridades tienen los hablantes al identificarlas. Una pregunta importante que nos hacemos es, ¿cuán importante es un nombre para que un hablante perciba y diferencie especies? Podemos pensar, quizás, en el caso de las abejas. Mucho se habla de que las abejas están en peligro y hay que protegerlas, pero por lo general la palabra abeja nos lleva a un prototipo específico: la abeja europea (Apis mellifera), una abeja que poliniza ciertas plantas específicas y que no está tan amenazada como las abejas nativas en sus respectivos ecosistemas. El desconocimiento de abejas nativas es un problema al que se enfrentan los conservacionistas en muchas partes de América y el mundo, Puerto Rico incluido.

            Un caso más conocido, sin embargo, es el de nuestra boa endémica (Epicrates inornatus). Con la proliferación masiva de serpientes invasivas, la boa puertorriqueña ha vuelto a enfrentarse al machete de los humanos. La presencia de la boa constrictora (Boa constrictor) y la pitón reticulada (Malayopython reticulatus) no es la única causa, claro, pero sí ha aumentado la confusión y, por tanto, el ocasional asesinato de las inocentes boricuas. Como con muchas otras especies, el desconocimiento produce miedo, y el miedo a menudo termina en un chancletazo. Pregúntenle a las arañas.

Por supuesto, está el hecho de que las serpientes grandes se parecen entre sí para quien no tenga experiencia con ellas. Pero hay que preguntarnos si el nombre que comparten ha ido empañando nuestra capacidad de diferenciarlas. Incluso he escuchado y leído a gente llamarle boa a la culebra corredora, que es mucho más pequeña y tiene muchísimas otras diferencias tanto morfo-anatómicas como conductuales. Que nuestra mayor serpiente nativa comparta nombre con sus primas exóticas presenta el riesgo de asociarla más a la idea de invasión que a la de pertenencia. Cabe destacar que boa viene del latín, y con él se nombra a muchísimas serpientes del mundo; no es un nombre criollo. Consideremos, una vez más, al guaraguao, cuyo nombre es de origen taíno. La confusión de si el guaraguao es o no de aquí es mucho menor, casi inexistente, incluso con su simbología de opresor en el famoso refrán. He visto llamar al guaraguao cosas como águila boricua; o sea, al guaraguao se le añade puertorriqueñidad, proximidad, pertenencia, mientras que el nombre boa, indirectamente, invisibiliza y pone en peligro a varias especies. Si le llamáramos culebrón, otro de sus nombres, más criollo, ¿nos identificaríamos más con ella? Quienes todavía le llaman culebrón, ¿la reconocen más fácilmente, la sienten más puertorriqueña? Si le tuviéramos un nombre nativo, como al coquí, ¿cómo definiríamos esa relación? Como puertorriqueños, debemos preguntarnos cuántas especies reconoceríamos y defenderíamos si pudiéramos nombrarlas, si hubiéramos mantenido sus nombres originarios o si educáramos usando los nombres criollos que les dan quienes más interactúan con ellas. En un momento en que nuestra tierra está en constante amenaza y nuestras especies son ignoradas, fortalecer esas relaciones ecológicas es base para luchar por un mejor país y un mejor mundo.

 Es cierto que el nombre no crea la relación, sino que, como ya dije, surge de la relación entre el humano y su entorno; no obstante, como también dije, un nombre carga información, el lenguaje es educación viva que mantiene esas relaciones. Y como hemos sido testigos de primera fila en Puerto Rico, el lenguaje es vulnerable a las influencias de los sistemas, a sus intenciones y prioridades. Al igual que cambia y evoluciona orgánicamente mediante el contacto, puede sufrir mediante su manipulación, y alterar cómo vemos y habitamos el mundo. ¿Cómo saber si las comunidades nativas de Bolivia conocían las diferencias entre el tilcayo y los otros miembros del género Leopardus si dejamos que esa información lingüística se pierda? Nombrar no es poca cosa, y nos toca, en todos los rincones, abrir los oídos con humildad y escuchar a quienes cargan en su voz la historia del planeta.

Referencias:
  • Berlin, B. (1992). Ethnobiological Classification: Principles of Categorization of Plants and Animals in Traditional Societies. Princeton University Press.
  • Blancas-Calva et al. (2021). Una aproximación a la nomenclatura tradicional de las aves comunes de Xalitla, Guerrero, México, Revista Etnobiológica, 21(1).
  • Deikumah, J. P., Agyeman, V. K., & Oduro, W. (2015). Bird naming by Akan people in
  • Ethnobiology Letters, 6, 60–66.
  • Lescroart et al., Phylogenomics and museomics reveal five distinct species of tiger cats in South America, CurrentBiology (2026)
  • Omasombo et al. (2022). Local Ecological Knowledge: A Tool for the Conservation of an Endangered Species? The Example of the Bonobo (Pan paniscus). African Primates, 16.
  • Peña Torrejón, J. & Silva Villegas, G. (2022). Estrategias de nominación en la nomenclatura etnozoológica urarina (aislada, Perú). Lexis, 46(1), 163–197.
  • Retana-Guiascón et al. (2023). Conocimiento morfo-anatómico de las aves por mayas yucatecos: ornitología maya. Huitzil, Revista Mexicana de Ornitología, 24(1).
  • Rumiz et al. (2020). Guía de identificación de partes de félidos, Bolivia. Panthera.

La deshonestidad de Standard & Poor’s y Moody’s durante la Gran Recesión del 2007: Una evaluación kantiana

A Félix Córdova Iturregui

 

Introducción:

Immanuel Kant privilegia al Otro, una visión relacional anclada sobre el respeto y el amor que debemos al prójimo. En su Crítica del juicio (1790), Kant le adjudica a nuestra conciencia el punto de partida de nuestra ley moral autoimpuesta. En otras palabras, la conciencia revela la autonomía que devela la libertad de todos los seres humanos.  En ese sentido, nadie tiene derecho a incidir sobre la libertad del Otro. Como veremos, actores financieros de la Gran Recesión de 2007 actuaron de forma irracional y egoísta en menoscabo del bienestar de las demás. A raíz de esa debacle financiera, nueve millones de familias estadounidenses perdieron sus hogares, casi ocho millones de personas quedaron sin empleo, y grandes compañías consideradas “too big to fail” colapsaron, entre otros resultados devastadores.

Un informe del Congreso estadounidense (2011) identificó la deshonestidad de las agencias de calificación de riesgo crediticio como causa medular de la crisis económica. Estas compañías traficaron con su credibilidad institucional vendiendo al mejor postor clasificaciones AAA adjudicadas a productos financieros de alto riesgo.

La ética kantiana

 Kant cree que todo ser humano está dotado del poder natural de la razón. De la razón pura, desvinculada de lo material, surge la ley moral a priori que viabiliza hacer el bien. Se hace lo correcto porque es lo correcto; no requiere motivo ulterior alguno. Como observa Kant en Crítica del juicio, «el poder de juicio proporciona el elemento mediador entre los conceptos de naturaleza y el concepto de libertad, lo que hace posible la transición de lo puramente teórico a lo puramente práctico» (p. xxii). En su prefacio a la Crítica del juicio, Mary McGregor concluye que «los agentes morales pueden, sin embargo, sentirse en casa con la naturaleza» (p. xxii). La razón es el puente habilitador que une los conceptos de naturaleza y los conceptos de libertad.

Por esta razón, Kant exalta a los individuos como seres morales. La moralidad inherente a nuestra humanidad constituye una hoja de ruta para la convivencia pacífica y el progreso de la sociedad. Ese es el desafío diario al que nos enfrentamos. Según el filósofo alemán, la moralidad revela nuestro propósito existencial superior, actuar a tono con «el bien supremo». Este esfuerzo colectivo redunda en seres humanos felices, un estado natural propio de una verdadera civilización.

Kant: El agente moral

 Un agente moral kantiano resiste los requiebros de la tentación material. Ignorar impulsos externos refleja la preeminencia de la libertad. Nuestro potencial destructivo, problematizado por Freud, se desactiva a través de nuestro albedrío, una voluntad neutralizadora de inclinaciones egoístas y destructivas.

En su Doctrina del Derecho (1797), Kant, un ávido estudioso de la historia, subraya la proclividad humana de privar a las personas de su derecho a una vida feliz y fructífera, influjo nocivo de pulsiones materiales que neutralizan la ley moral intrínseca que inclina al bien, que redundan en conductas irracionales. Esa expresión antisocial confirma nuestra falibilidad por cuanto «Libertad de elección es esta independencia de ser Determinado por impulsos sensibles» (Metafísica de la moral, 1785, p. 42). Impulsados por deseos sensoriales, renunciamos a nuestra libertad al permitir ser determinados por objetos o deseos externos.

Kant propone una actitud moral congruente con la libertad, a la búsqueda irrestricta de la felicidad y el progreso en su Metafísica de la Moral: «Así, la ley universal del Derecho, de modo que el libre uso de tu elección puede coexistir con la libertad de todos de acuerdo con una ley universal, es en efecto una ley…» (p. 56). Siendo así, Kant enmarca la libertad de la siguiente manera: «La libertad (independencia de estar limitada por la elección ajena) en la medida en que puede coexistir con la libertad de todos los demás de acuerdo con una ley universal, es el único derecho original que pertenece a todo hombre en virtud de su humanidad». (p. 63). Así, una voluntad unilateral es inmoral porque lesiona a otra persona; es una imposición (Metafísica, p. 77). Excluye «la comunidad de seres libres» (Metafísica, p. 95).

Nuestra voluntad inmuniza contra urgencias materiales que dañan o privan al Otro de libertad y felicidad. Así, Kant sostiene que «la base de los grandes crímenes es simplemente la fuerza de inclinaciones que debilitan la razón» (Metafísica, p. 189). Kant define el egoísmo: «Alguien que es indiferente a cómo van las cosas para los demás si solo les va bien a sí mismo es egoísta» (Metafísica, p. 245). Así, el egoísmo se opone a la «benevolencia práctica (beneficencia) haciendo del bienestar y la felicidad de los demás mi fin… Actuar bien, es decir, promover según los propios medios la felicidad de personas necesitadas, sin esperar algo a cambio, es deber de todo hombre» (Metafísica, p. 246).

Kant reitera el alcance social de la moralidad: «Toda acción que por sí sola o por su axioma permite la libertad de cada individuo para coexistir con la libertad de todos los demás conforme a una ley universal es correcta» (Political Writings, p. 23). En ese sentido, Marey (2017) sostiene que «la tesis política central de Kant, [es,] a saber: que solo la voluntad unida del pueblo puede ser una autoridad legítima» (p. 168). Si un pensador independiente ha alcanzado la madurez, ya no está sujeto a la tutoría de fuerzas externas; entonces, como concluye Marey (2017), «la ilustración es un concepto político, diseñado para desempeñar un papel indispensable como condición de posibilidad para el gobierno de la voluntad unida» (p. 170).

Según Gallino, «Una empresa se define como irresponsable si, aparte de obligaciones legales elementales, asume que no tiene que responder ante ninguna autoridad o privada ni ante la opinión pública respecto a las consecuencias económicas, sociales y medioambientales de sus actividades» (Vignini & Rusconi, 2023, p. 30). Como observan Vignini & Rusconi, «La exigencia kantiana de una moralidad intrínseca y desinteresada puede constituir un baluarte contra diversas formas de degeneración inmoral» (pp. 32-33). El mundo está plagado de tentaciones, «expuesto a toda clase de corrupción» (Kant, Groundwork, p. 57). La búsqueda de la felicidad ha sido delineada por el instinto, un motor falible de las acciones humanas. Tales impulsos permiten «interferir incompetentemente en los propósitos de la naturaleza» (Groundwork, p. 63). Además, estas mentes débiles «descubren que en realidad solo han traído más problemas sobre sus vidas de los que han ganado en el camino hacia la felicidad» (p. 63). La razón podría haber frustrado tales inclinaciones peligrosas, pues «nos ha sido impartida como un poder práctico», una «influencia sobre la voluntad» (p. 64). En otras palabras, la buena voluntad desarma nuestras peores inclinaciones. Kant reitera su preocupación por el Otro, al afirmar que «Ayudar a otros donde uno puede es un deber» (p. 66). También subraya la importancia de respetar la humanidad del Otro, pues no tenemos derecho a dañar a una persona, privando al individuo de disfrutar de la libertad y de la paz inherente a una vida fructífera.

En una persona moral, la voluntad y la libertad se fusionan; el individuo está «sujeto solo a leyes que él mismo elabora y que, sin embargo, son universales» (Groundwork, p. 100). El filósofo presenta una interesante dualidad. Todo lo que tiene costo puede ser sustituido. Pero «si es exaltado por encima de todo precio y, por tanto, no admite equivalente, entonces tiene dignidad» (Groundwork, p. 102). Kant matiza su idea: «Lo que es relativo a las inclinaciones y necesidades humanas universales tiene un precio de mercado” (Groundwork, p. 102). Kant es tajante respecto a la destructividad que generan deseos materiales: «Principios empíricos no siempre operan como base para las leyes morales» (Groundwork, p. 109). La búsqueda de la felicidad personal desplaza la virtud como condición suprema de la persona que acata la ley moral racionalmente autoimpuesta A priori. Mina la bondad porque «basa la moralidad en motivos sensoriales que en cierto modo la socavan y la destruyen totalmente…en la medida en que los motivos de la virtud se sitúan en la misma categoría que los del vicio y solo se nos instruye a mejorar en el cálculo, la diferencia específica entre virtud y vicio se oblitera» (Groundwork, p.110).

Kant advierte sobre la endeblez de la naturaleza humana. Sostiene que los deseos materiales impulsan conductas egoístas, producto de pensamientos irracionales ajenos al bien común. Los individuos egoístas no son libres; sus acciones utilitarias muestran el control de los deseos sobre una voluntad atada a objetos empíricos, una puerta de entrada a la irracionalidad que precede a acciones contingentes y precarias. La buena voluntad, en cambio, es incondicionalmente buena; desarma nuestros peores instintos. Como argumenta en su texto Groundwork of the Metaphysics of Morals, Kant argumenta que el privilegio económico y social puede impulsar la irreflexión, un sentido ilusorio de libertad sin restricciones, una perspectiva existencial egocéntrica. Esa sensación seductora de éxito ilimitado presagia problemas complejos. Resalta una razón nublada por ofuscaciones materiales. Sin embargo, los humanos pueden frenar sus impulsos antisociales viviendo bajo los estándares de una ley moral auto legislada, un deber de hacer el bien porque es lo correcto independientemente de los motivos o sus consecuencias. La moralidad kantiana se basa en acciones de índole universal. Kant sostiene que los humanos gobernados por los sentidos contravienen la razón. Dada esa posibilidad, el Estado debe usar sus poderes políticos y legales para desactivar el daño potencial que podrían causar estos actores irracionales (Church, 2013: 65). Lo que nos lleva al desastre financiero del 2007.

La Gran Recesión del 2007

 Agentes financieros y bancarios indujeron personas a suscribir hipotecas impagables, ocultaron información crítica a los inversores, vendieron calificaciones inexactas al mejor postor y sobrevaloraron los valores subprime (de alto riesgo), entre otras conductas deshonestas (Schoen, 2017; Ellsworth & Porapaiboon, 2009; Larreina, 2018; Bernt et al., 2004). Como resultado de la implosión subprime, millones de personas resultaron perjudicadas. Actuar cónsono con la ética kantiana habría evitado esta catástrofe económica. Según Larreina, «Dado su papel fundamental en la asignación de recursos en nuestra sociedad, las finanzas deben estar al servicio del pueblo, teniendo también en cuenta el interés de la vida misma y el de las generaciones futuras» (2018: 442).

Desde un punto de vista kantiano, las normas éticas propician la conducta racional, fomenta el bien común. No se necesitan leyes externas cuando codificamos estándares de conducta que resultan en equidad y justicia social. Como señala Nielsen, la Gran Recesión de 2007 «… no trató de crear riqueza ni de mejorar a nosotros mismos y al mundo, sino que, en cambio, favoreció la destrucción masiva de la riqueza y permitió que algunos ganaran mucho dinero a costa de otros» (2010: 300).

Admitamos que la deuda corporativa (leverage) puede tener consecuencias positivas. Personas pueden comprar sus viviendas, surgen nuevas empresas y crece la economía. Sin embargo, esta crisis permitió que actores financieros infligieron sufrimiento a una escala sin precedente, dado que, por ejemplo, los bancos pasaron de un proceso de «originar y mantener» hipotecas, en el que un banco retenía un préstamo hasta la fecha de vencimiento, al modelo de «originar para distribuir», en el que los préstamos se empaquetan y reempaquetan en segmentos y se «aseguran», otro eufemismo, para fusionar activos generadores de ingresos de contenido y valor dudosos en un producto financiero rentable (Gilreath, 2018). Para 2007, los servicios financieros representaban el 41% del total de beneficios corporativos en Estados Unidos (Nielson, 2010: 310).

La ética kantiana destaca el poder innato de los humanos para actuar de forma práctica en el mundo a partir de una elección moral razonada derivada de una ley moral autoimpuesta a priori, o lo que Kant denomina el Imperativo Categórico. Es el núcleo del pensamiento racional universal. En este sentido, el razonamiento no es un privilegio de clase socioeconómica; es una facultad natural inherente a todo ser humano, sin excepciones. Kant, por tanto, enfatiza lo que la humanidad tiene en común, lo que une a las personas a pesar de las diferencias. La idea kantiana de dignidad acentúa la igualdad. Respetar la dignidad significa que ninguna institución tiene derecho a utilizar a un ser humano como objeto; no tiene derecho a provocar sufrimiento a otras personas.

En este sentido, Kant rechaza el privilegio social y económico; la dignidad no es una construcción social sino una cuestión de derechos humanos (Bayefsky, 2013, p. 811). Esas premisas éticas constituyen la prueba de fuego del edificio moral de Kant. Las consideraciones materiales permiten conductas poco éticas, forman codicia y egoísmo. Todos podemos, sin embargo, vivir acorde con una ley moral puesto que «La autonomía moral es una forma de objetividad que también descarta el interés propio, el egoísmo, las convenciones o normas sociales, la codicia y otros medios de introducir sesgos en un análisis» (Bowen, & Li, 2018, p. 238). Después de todo, los individuos están «influidos… por tantas inclinaciones» (Kant, Groundwork). El sentido a priori del deber desarticula esos impulsos tendenciosos. Actuar así subyace a la premisa kantiana de no causar daño. Dañar a individuos o a la sociedad constituye una grave infracción ética; muestra la irracionalidad como motor de acciones interesadas.

La buena voluntad implica hacer el bien a los demás, secuela de un sentido del deber ajeno a interés personal alguno. La voluntad constituye el único límite de tales acciones en beneficio del Otro. Todo proviene del deber, reitera Kant, guiado por la ley moral autoimpuesta como único referente. Un optimista Kant insiste en que la buena voluntad puede contravenir la propensión humana de usar a otras personas para beneficio personal. Ninguna acción supera una voluntad razonada, ámbito de la expresión más excelsa del bien.

La humanidad es su punto de partida. Desviarse de la ley produce conducta social disruptiva. La reverencia por la ley moral a priori desarticula el influjo pernicioso que suscitan lo material y lo sensorial, como evidenció la Gran Recesión. Años de especulación financiera irresponsable, objetivos financieros fantasiosos y la desregulación, entre otros factores, provocaron esa debacle histórica. La Comisión de Investigación sobre la Crisis Financiera del Congreso concluyó que la crisis era evitable. Señala como causas significativas, entre otras, actividades financieras no supervisadas o desreguladas, compra y venta masiva de productos financieros derivados exóticos de alto riesgo, nivel de deuda e inversión irracional, un gobierno indiferente, y la irresponsabilidad y codicia de Moody’s y Standard & Poor’s. En realidad, estas compañías magnificaron la crisis al legitimar complejos productos financieros de valor y riesgo imprecisos.

Como consecuencia de sus acciones temerarias, el 90% de los valores respaldados por hipotecas residenciales (Residential Mortgage-Backed Security) calificados AAA entre 2006 y 2007 terminaron degradados a nivel de chatarra. La investigación del Senado identifica la calificación artificial de productos financieros de alto riesgo como una causa clave de este desastre financiero (2011: 6). La investigación descubrió que las agencias calificadoras pudieron haber anticipado la crisis porque fueron alertadas sobre la especulación con las viviendas, el elevado riesgo de los préstamos que se concedían y el fraude hipotecario desenfrenado» (2011,1.7).

Adherirse a la advertencia kantiana de hacer el bien porque es lo correcto habría evitado esa crisis económica global. Kant aboga por conductas éticas y racionales en aras del respeto a la dignidad y al valor humano de cada individuo. Nadie tiene derecho a usar al prójimo como medio para fines egoístas. Como argumenta Kant, «… no hace falta ciencia ni filosofía para saber lo que el hombre debe hacer para ser honesto y bueno…para ser sabio y virtuoso».  (Groundwork, p. 72). De esta forma, convivir en el planeta, la casa de todas y todos, mueve a proteger la dignidad, el derecho a la vida plena de cada ser humano, el epítome de la ética kantiana.

Nota del autor: Esta es un versión resumida y traducida del inglés de una ponencia que presentara el autor el 14 de octubre en la conferencia internacional de la Association for Business Communication en Baltimore.

Crucigrama-Víctor Jara

        

Especial para En Rojo

                       

Horizontales

 

  1. Víctor Jara: _____ canción comprometida: biografía en formato de novela gráfica escrita por Carlos Reyes González y Rodrigo Elgueta Urrutia.
  2. _____ puedes volver atrás: canción de Jara de su primer álbum (1966) como solista.
  3. Onomatopeya de la risa.
  4. Todavía.
  5. _____ Lidio Jara Martínez: músico, cantautor, profesor, escritor y director de teatro. Referente internacional de la canción de protesta.
  6. Te recuerdo _____: composición de Jara de 1969.
  7. Segunda nota musical.
  8. Dios egipcio del sol.
  9. _____ por travesura (1973): último disco que Víctor Jara alcanzó a editar y grabar por completo antes de su asesinato.
  10. El _____: canción de Jara de su primer álbum de estudio.
  11. Del verbo osar.
  12. Plegaria a _____ labrador: con esta composición, Jara ganó el primer premio en el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena en julio de 1969.
  13. Salvador _____: presidente chileno que nombró a Jara embajador cultural del gobierno.
  14. La edad _____ la mujer: canción de Jara de su álbum «»Canto por travesura».
  15. Aféresis de papá.
  16. Víctor _____ Jara Martínez: escribió su último poema «Somos cinco mil», en el estadio donde fue torturado y asesinado por los golpistas. El poema fue sacado de forma clandestina.
  17. Autómata.
  18. Prefijo latino que indica dirección, tendencia.
  19. Perteneciente o relativo a Julio César.
  20. El número dos en romanos.
  21. _____ en tus manos abiertas… (1969): disco de Jara.
  22. Santiago de _____: ciudad donde fue asesinado Víctor Jara.
  23. Natural de Sarmacia, región de la Europa antigua.
  24. Embarcación.
  25. Canto _____: disco de Jara de 1970.
  26. El _____ Dumas: novela de Arturo Pérez-Reverte.
  27. Cólera.
  28. Tablar de huerta.
  29. Serpiente americana.
  30. El _____ de vivir en paz: disco de Jara de 1971.
  31. La _____ es eterna: Biografía de Víctor Jara: libro escrito por Mario Amorós.
  32. Víctor _____, su vida y el teatro: libro de Gabriel Sepúlveda Corradini

Verticales 

  1. Fruto de la vid.
  2. Ni chicha _____ limoná: uno de los temas satíricos más populares de Jara, lanzado en el disco «El derecho de vivir en paz» (1971).
  3. _____ tupamaras: una experiencia de guerrilla urbana: libro de testimonios y documentos escrito por los propios integrantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) de Uruguay.
  4. Marca el rumbo guiándose por el norte.
  5. Aire que da suavemente en algo.
  6. Víctor _____: durante el gobierno de la Unidad Popular, asumió una posición militante y de compromiso con el socialismo a la chilena.
  7. Atadura.
  8. Electrodo positivo.
  9. Usted, abrev.
  10. Nave.
  11. _____: Jara fue director artístico de este conjunto musical; colaboró con Inti Illimani y con la Peña de los Parra, entre otros.
  12. Onda.
  13. 28 de _____ de 1932: nacimiento de Jara.
  14. _____ Lydia Vega: escritora puertorriqueña.
  15. 16 de _____ de 1973: asesinato de Jara por los militares del golpe de Estado contra Allende y el pueblo chileno.
  16. Percibí.
  17. _____ único que tengo: composición de Jara en su álbum «La población» (1972).
  18. Distraído.
  19. Qué encanto tienen tus _____: canción de origen tradicional grabada por Jara cuando dirigió el Conjunto Cuncumén.
  20. Piedra.
  21. Móvil _____ Special: canción de Jara en su disco «Pongo en tus manos abiertas» (1969). Fue grabada con el conjunto Quilapayún.
  22. Símbolo del aluminio.
  23. Sonriera.
  24. Lienzo labrado en Arouca, villa de Portugal.
  25. Nombre de la letra «t».
  26. Tienda de piel de forma cónica utilizada como vivienda por los indígenas de América del Norte.
  27. Terminación verbal.
  28. Símbolo del cobalto.
  29. Clara _____: escritora puertorriqueña.
  30. _____ Suárez Díaz: historiadora puertorriqueña.
  31. Arbusto de la familia de las buxáceas.