La representación del estudiantado anunció acuerdos alcanzados con la administración
CLARIDAD
El Movimiento Estudiantil del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR) concertó, el 17 de mayo, nueve acuerdos con la rectoría de la unidad que responden a reclamos relacionados con posturas oficiales, represalias en cursos, sostenibilidad alimentaria y otras problemáticas.
La negociación supone el fin de la huelga iniciada el 27 de abril. Suscritos el 13 de mayo con la rectoría interina del recinto, los diálogos tomaron varias semanas en que la administración intentó aceptar, sin confirmación escrita, los puntos de la comunidad estudiantil que integran problemas de vivienda, salud y derechos para grupos minoritarios.
“Sería deshonesto con el pueblo de Puerto Rico pretender que nueve acuerdos de recinto agotan la lucha. No la agotan. Quedan reclamos sistémicos sin atender: la restitución plena de la fórmula presupuestaria del 9.6% la reversión escalonada de los aumentos de matrícula hasta los niveles previos del Plan Fiscal del año 2017, la descongelación masiva de plazas docentes, la rehabilitación de Residencia Estudiantil…”, expresó el Movimiento por escrito.
Entre otros reclamos, los estudiantes anunciaron:
“Ningún estudiante será objeto de sanciones disciplinarias por participar pacíficamente en la paralización, y que el personal docente no podrá penalizar académicamente a quienes no pudieron asistir a clases durante la huelga.
“Compromete a la rectoría a emitir expresiones públicas favoreciendo la aprobación del Proyecto de la Cámara 1201, que restituiría escalonadamente la fórmula presupuestaria del 9.6% del Fondo General que nos fue arrebatada hace más de una década.
“Crea un Plan de Sostenibilidad Alimentaria estudiantil dirigido por un Comité con representación del CGE, que incluye medidas inmediatas para fortalecer el Comedor Universitario Mesa Abierta y, a largo plazo, destina hasta un 3% de los ingresos de concesionarios a un fondo exclusivo de apoyo alimentario para el estudiantado.
“Eleva ante la Administración Central una solicitud de análisis comparativo entre los planes médicos del personal docente, no docente y estudiantil, con protocolos de revisión periódica y ferias de orientación con ASES.
“Compromete a la rectoría a establecer, antes del 30 junio de 2026, una política institucional con protocolo de intervención ante la presencia de autoridades federales de inmigración en el recinto, con un grupo de apoyo con representación estudiantil.
“Ordena una auditoría interna sobre la implementación de la Política de Nombre Escogido, con circulares institucionales, adiestramientos al personal docente y actualización de plataformas electrónicas.
“Instruir de forma inmediata a la Oficina de Servicios a Estudiantes con Impedimentos a establecer vigencia anual en las solicitudes de acomodo razonable.
“Posiciona formalmente a la rectoría a favor de mantener la administración de Resicampus bajo la gestión del Recinto Río Piedras.
“Reconoce la necesidad urgente de aumentar los fondos para el programa de Ayudantías del estudiantado de posgrado y compromete gestiones concretas ante la Administración Central”.
Fotos por Christian Medina Rosado
A partir de ahora, la comunidad estudiantil de la UPRRP canalizará el resto de sus reclamos ante la Administración Central, la Junta de Gobierno, la Junta de Control Fiscal, la Asamblea Legislativa y la gobernadora Jenniffer González Colón. En la asamblea celebrada el 18 de mayo, los estudiantes acordaron dar por terminada la huelga a la luz de estos acuerdos.
“Exijamos que nuestros legisladores aprueben el P.C. 1201 y el P.C. 880. Exijamos que la Junta de Control Fiscal deje de tratar a la UPR como una línea de ajuste presupuestario y la reconozca como la infraestructura estratégica de desarrollo económico y de movilidad social que es. Exijamos que la Junta de Gobierno trabaje por los intereses de la comunidad universitaria y no por intereses político-partidistas”, concluyeron por escrito.
Diversos grupos del área oeste manifestaron su pesar ante la partida de dos titanes de la lucha social, ambiental y patriótica mayaguezana refiriéndose a los dirigentes Luis Silva González y a José Seda Almodóvar, quienes fallecieron el sábado 16 , y miércoles 13 de mayo, respectivamente. A la par, hicieron una exhortación a acompañar a sus familiares en sus exequias fúnebres expresando el respeto y admiración que ambos patriotas merecen.
Luis Silva González se distinguió como un sindicalista ejemplar por sus aportaciones al movimiento obrero, a la unidad sindical y al fortalecimiento de la Unión Independiente de la Cervecería India UITICI. Junto con el presidente de la UITCI, Nelson Borrero, en la década de de los ‘80, expresaron su solidaridad con el pueblo cubano, realizando una campaña de medicamentos durante años para el pueblo cubano, como denuncia al bloqueo. Entre las labores sobresalientes de Silva destaca sus aportaciones a la formación obrera de los trabajadores a través del Instituto Laboral de Educación Sindical (ILES), al cual siempre mantuvo vivo durante décadas como un espacio de solidaridad y unidad regional. Silva también realizó una destacada labor en la lucha ambiental regional como parte de la organización de Mayagüezanos por la Salud y el Ambiente, y a la par, fue un militante vanguardia de la lucha por independencia y por el socialismo. donde figuró por décadas como afiliado del Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y del Movimiento Nacional Hostosiano (MINH). Se le reconoce además su militancia y solidaridad junto a la región mayagüezana con el pueblo de Vieques para sacar a la Marina de su territorio.
David Rivera López, portavoz del MINH destacó la labor patriótica de José Seda Almodovar, natural del Barrio Balboa de Mayagüez en las luchas ambientales y comunitarias regionales que impidieron el establecimiento de la planta de carbón y en la denuncia de los bombardeos de la Marina en Vieques. Seda Almodovar, quien era amante y coleccionista de la música, trabajó y luchó en Estados Unidos. Y desde su regreso a Puerto Rico se integró intensamente en las luchas locales, con el MINH, con el MUS y con Mayagüezanos por la Salud y el Ambienté en defensa de la reserva del Cano la Boquilla.
El cuerpo de Silva será expuesto en la Funeraria Mayagüez Memorial, el sábado 23 de mayo de 2-7 de la noche, según dio a conocer el portavoz del MINH, quedando en espera de la información sobre las exequias del compañero Seda.
Una voz experta analizó el trasfondo del estado actual del sistema
CLARIDAD
La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) atraviesa, desde hace más de un año, averías en los servicios que ofrece en partes de la región metropolitana. El Estado y el director de la agencia, Luis González Delgado, han emprendido, desde entonces, diversos proyectos y nombramientos para paliar la situación, como el nombramiento de un “Zar” del agua y la reciente colaboración con el Municipio de San Juan para abastecer el recurso.
En varias ocasiones, la agencia ha reiterado mejorar algunas plantas de filtración– como la Sergio Cuevas, en Trujillo Alto– o drenar embalses como soluciones a la situación. Y aunque el asunto es tan complejo, explicó el veterano planificador Félix Aponte Ortiz, a veces se puede describir de forma más sencilla.
“Lo que tenemos hoy como infraestructura de servicio de agua potable, que incluye lo sanitario, es el producto de un desfase de modelo de más de 50 años. Un modelo que no es apropiado para la actividad urbana”, aseguró el experto en el manejo del agua como recurso.
Para Aponte Ortiz, la planificación dispersa del terreno en Puerto Rico comprometió, a lo largo del desarrollo urbano, la capacidad de la AAA, la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) y el manejo de carreteras. La infraestructura construida, contó, operó sin considerar las normas de planificación prescritas desde la creación de la Junta de Planificación, en 1942. Desde aquella época, la entidad ratificó dos reglamentos para la urbanización en Puerto Rico: el Reglamento #3 de Lotificación y Urbanización y el Reglamento #4, que regulaba la zonificación.
“Se supone que la Ley de Planificación, inclusive la reforma que se hizo en 1975 con la nueva ley de planificación, la que ahora rige después de 50 años, estuviera montada sobre esas mismas conceptualizaciones de cómo se organiza el espacio en ciudades, cómo se organiza el proceso de urbanización para hacer viable una ciudad”, elaboró.
Estas conceptualizaciones, reparó Aponte Ortiz, siempre han estado condicionadas a la disponibilidad de asentar una infraestructura eléctrica y de acueductos. Sin un plan vial que considere estos elementos, no puede haber un plan de uso de terrenos completo puesto que, en estas servidumbres viarias, descansan las cablerías y tuberías de ambos servicios. A partir de la década de 1980, estas consideraciones perdieron vigencia.
“De momento, se empiezan a autorizar proyectos para urbanizar las planicies de inundación. Desmontamos las tierras agrícolas con caña de azúcar, y donde había caña de azúcar, se sembraron casas. Los proyectos se aprobaban sin la viabilidad real de un sistema de acueductos correcto. Acueductos venía corriendo detrás de esa vorágine impulsada por el sector financiero de la construcción”, agregó Aponte Ortiz.
En ese proceso, Acueductos expandió su sistema de distribución de agua potable “con un enfoque distorsionado” y considerando grandes represas de agua cruda que transmiten agua cruda a grandes distancias. Para el profesor, el Superacueductos de la Costa Norte representa el caso ejemplar. Se trae agua desde el lago Caonillas, en Jayuya, a través de más de 60 millas hasta dar con las plumas de casas en Juncos, Loíza y múltiples municipios más.
“Esa infraestructura tiene una vida útil por diseño, y cuando esa vida útil se compromete hay que reemplazarla… Los sistemas de acueductos (también) se supone que incluyeran tanques de reserva. Ordinariamente, no se construía un sistema de acueductos si no se tenía un tanque de reserva. Ese tanque de reserva tiene dos funciones primarias”, aseveró.
La primera función, dijo, agrega cloro al agua potabilizada en reserva para prevenir el desarrollo de microorganismos que pueden causar enfermedades. Esa desinfección requiere una cantidad de cloro residual para que, en la trayectoria de la fuente al punto de consumo, no se desarrollen bacterias. Incorporar un tanque al sistema de distribución, puntualizó Aponte Ortiz, permite el tiempo de contacto necesario entre patógenos potenciales y el cloro.
“(La otra función consiste en que) el tanque puede suplir y satisfacer las demandas mínimas durante la noche, cuando hay menos consumo de agua que durante el día. Pero más importante es que el tanque permite que el mantenimiento necesario, recurrente al sistema transmisión y distribución del agua se pueda hacer sin que la gente se quede sin servicio. Un tanque debe proveer de tres a cinco días de reserva”, compartió Aponte Ortiz con CLARIDAD.
No obstante, el ex vice presidente de la Junta de Planificación recordó que, en 1981, la AAA evaluó todos los tanques disponibles para la agencia. La evaluación reveló que una parte sustancial de los tanques estaba vacía. Gigantes de plomo erigidos en Puerto Nuevo, Caguas y Sagrado Corazón con millones de galones disponibles– y sin uso– para almacenar agua. Aponte Ortiz enfatizó que la zona metropolitana no tiene muchos tanques públicos.
“¿Qué ocurre? Cuando Acueductos tiene que darle mantenimiento a un tubo o se rompe un tubo, tiene que cerrar válvulas y el sistema se queda sin agua. Cuando el sistema regresa, regresa con turbidez en el agua, con sedimento suspendido, posiblemente es agua que necesita desinfectarse de forma agresiva”, comentó con relación a la correlación entre las averías y los trabajos.
Aponte Ortiz profundizó en cómo esta situación ha provocado que cientos de miles de ciudadanos adquieran su propio tanque de agua y lo coloquen en el techo de sus casas, sus patios o como parte de la oferta de sus condominios. En algunos casos, incluso, el planificador destaca urbanizaciones desarrolladas con cisternas como parte de las amenidades. De acuerdo con el experto, estas cisternas podrían afectar la salud de los consumidores.
“Todos tuvieron que adquirir un tanque de reserva, que es costoso. Los de plástico costarán entre $2-$3 el galón de almacenaje, así que almacenar 250 galones debe considerar un presupuesto de $500 a $600… Ese tanque de plástico también tiene una vida útil limitada porque el plástico, expuesto a los rayos ultravioletas de la luz solar, se deteriora rápidamente. Yo añado que tampoco es saludable porque esos tanques están construidos con tántalo. Eso es un cancerígeno”, advirtió Aponte Ortiz.
Gerencia alejada de soluciones nuevas
El ex vice presidente de la Junta de Planificación catalogó a la gerencia de la AAA de “ineficiente, incompetente”, que no conoce el sistema a cabalidad, invierte mínimamente en la restauración de la infraestructura y reproduce el modelo de desfase de hace medio siglo. Para Aponte Ortiz, hace falta un “modelo diferenciado” que renueve sus métodos de distribución, como valiéndose de acuíferos o pozos cerca del punto de consumo.
“En vez de usar el tanque en metal, en una colina o elevado en columnas de hormigón, usamos la reserva natural que está debajo de la tierra. Que algunos tienen volúmenes y capacidad de oferta mayor que los lagos que tenemos sobre la superficie… Si una gente muestra ser incapaz de manejar lo que tenemos, hablarles de un modelo diferenciado, de un futuro distinto, se le tilda de utópico. No pueden concebir una manera diferente, yo diría correcta, de organizar la infraestructura de agua potable”, añadió.
Por otro lado, Aponte Ortiz no descarta que la factura del agua aumente dada la guerra que los Estados Unidos (EE. UU.) actualmente libra contra Irán. Reparando en la dependencia al combustible y en el 30% del presupuesto dedicado a la nómina, Aponte Ortiz entiende que el agua será más cara y su transmisión por igual.
El periodista y comunicador británico Steve Howell, sabía que lo que su padre, Brandon Howell (1918-1987), había vivido en su juventud en Puerto Rico lo marcó políticamente. De eso no se hablaba mucho en la casa de sus padres en el norte de Londres por razones personales, explica, pero cada vez que se hablaba de política, su papá recurría a su experiencia en Puerto Rico como ejemplo, porque fue allí que él se desarrolló políticamente.
Steve Howell’
Brandon Howell, arquitecto egresado de la Universidad de California (Berkeley), es la figura central y el hilo conductor de Cold War Puerto Rico: Anti-Communism in Washington’s Caribbean Colony (Guerra Fría en Puerto Rico, anticomunismo en la colonia caribeña de Washington) que entrelaza su vida en Puerto Rico, desde la investigación que hizo recientemente su hijo, con la historia política de la época en plena Guerra Fría.
Su padre vivió en Puerto Rico de 1941 a 1948 junto a su primera esposa, Beatrice (Bee) Howell, en un tiempo convulso marcado por la persecución política. Brandon Howell fue uno de los profesionales estadounidenses con perfil progresista que el gobierno de Rexford G. Tugwell (último gobernador de Puerto Rico nombrado por Estados Unidos 1941-1946) trajo a Puerto Rico como parte del Nuevo Trato, y siendo arquitecto trabajó en la Junta de Planificación de Puerto Rico.
El hijo, quien ha dedicado su vida profesional al periodismo, en medios como BBC Wales (Gales), señala que su papá, estadounidense, llegó a Puerto Rico listo para sumergirse en la lucha política que se estaba desarrollando. “Había mucha actividad política y él se volcó en ella. Era un momento importante en Puerto Rico, donde hubo un auge en el apoyo a la independencia,” destaca su hijo, de 75 años.
Brandon Howell entró en contacto con César Andreu Iglesias, líder socialista e independentista, presidente del Partido Comunista de Puerto Rico y co-fundador del semanario Claridad, y a su entonces esposa Jane Speed, también activista, y se insertó en círculos de izquierda y comunistas en Puerto Rico.
Durante su tiempo en la Isla, el también ávido caricaturista, hizo y publicó caricaturas políticas bajo el seudónimo “Pepe” y ‘Diego Muñoz” para varias publicaciones comunistas y de trabajadores, incluyendo Brazos. Además, diseñó la portada del primer libro de cuentos del escritor José Luis González, de quien Brandon Howell se hizo muy amigo.
Para Steve Howell, el l impulso de investigar la vida de su padre en Puerto Rico comenzó como “algo personal”, pero en el proceso “se ha convertido en algo político”, afirma el investigador, en la medida en que fue atando cabos sobre este periodo en la década de los años 40 en la vida de su padre y la de sus amigos y familias, y cómo estos fueron afectados por la persecución instaurada por el Gobierno de Estados Unidos, especialmente mediante la Ley Smith y el Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC). Brandon Howell no solo fue perseguido en Puerto Rico, sino también en Gran Bretaña, en donde se auto-exilió en 1949 de la persecución política en territorio estadounidense y donde también fue espiado y vigilado por la inteligencia británica, la Rama Especial o MI5, agencias aliadas al FBI, por sus “actividades políticas” en Puerto Rico.
El autor de Cold War Puerto Rico comenzó a investigar seriamente sobre el tema en el 2012, pero no fue hasta 2023 que aceleró el proceso de su investigación, con entrevistas y visitas a archivos en UC Berkeley, Columbia University, el Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College en Nueva York, New York Public Library, London School of Economics, University of Liverpool, Centro de Investigaciones Históricas de la Universidad de Puerto Rico y la Fundación Luis Muñoz Marín, entre otros. Además, visitó las facilidades de CLARIDAD para conocer de primera mano el trabajo del periódico independentista que había ayudado a fundar el amigo de su padre.
Imagenes suministradas por la autora
Cuando Steve Howell comenzó su investigación no estaba claro que la historia de este libro se centraría en Puerto Rico, pero en la medida que investigó sobre la época todo lo acercaba a Puerto Rico. “Con el paso del tiempo y luego de hablar con Leila (Andreu Cuevas) (periodista e hija de César Andreu Iglesias) empecé a darme cuenta de que la historia más importante era la de Puerto Rico,” revela el investigador, quien descubrió que la extensión de la Ley Smith a los luchadores y activistas políticos y sociales en Puerto Rico era un aspecto desconocido para el mundo.
El investigador considera que, aunque se ha escrito mucho sobre la Ley de la Mordaza, apenas se mencionan en la historia de Puerto Rico los juicios bajo la Ley Smith y las audiencias del Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC), que fue el comité del Congreso de EE. UU. que lideró la persecución anticomunista, principalmente entre 1938 y 1975.
“En Puerto Rico hubo procesamientos bajo la Ley Smith a una escala tan amplia como en California y Nueva York, y esto se desconoce por completo. Ahí me di cuenta que había una historia que no se había contado adecuadamente,” sostiene el investigador, quien en 2017 también fungió como subdirector de estrategia y comunicaciones del Partido Laborista y asesor de Jeremy Corbyn, líder de la oposición y líder del Partido Laborista de Gran Bretaña de 2015 a 2020. Además, su libro sobre las elecciones generales de Gran Bretaña en 2017, Game Changer: Eight Weeks That Transformed British Politics, fue reconocido por el periódico The Guardian como uno de los mejores libros políticos de 2018.
La Ley Smith es una ley federal estadounidense aprobada en 1940 que tipificó como delito penal abogar por el derrocamiento violento del gobierno, organizar o ser miembro de cualquier grupo o sociedad dedicada a esto.
Steve Howell señala que, durante la investigación, lo más difícil, además de limitaciones lingüísticas que junto con la tecnología y sus colaboradores cercanos logró sobrepasar, fue lidiar durante cuatro años con las autoridades federales de Estados Unidos para obtener los archivos con los datos recopilados de su padre. Al final, solo logró obtener 8 archivos largos y las autoridades le admitieron que algunos de los archivos de su papá habían sido destruidos a mediados de la década de 1970.
Para Howell hijo, la lucha política en Puerto Rico es un asunto que no necesariamente es comprendido del todo fuera de la Isla y de la diáspora puertorriqueña. Incluso confiesa que le ha costado un poco lograr que algunos de sus amigos británicos de izquierda se interesen por este tema.
Como británico, ve paralelismos en la función de Puerto Rico para Estados Unidos, y la de Irlanda y Gibraltar para Gran Bretaña desde el punto de vista imperial. “Puerto Rico es como Gibraltar en términos geopolíticos, y como Irlanda en su superposición con la política interna británica porque Irlanda fue utilizada como fuente de mano de obra barata por Gran Bretaña, por lo que existe una gran diáspora irlandesa en Gran Bretaña”, abunda el investigador.
También ve paralelismos en la izquierda británica y estadounidense en su dificultad para abordar la cuestión irlandesa o puertorriqueña, respectivamente. “La izquierda británica fue débil en este tema, de la misma manera que la izquierda en Estados Unidos también lo ha sido en la cuestión de Puerto Rico”, puntualiza el periodista.
Con este libro, el autor espera contribuir a la documentación e investigaciones sobre la historia de esos años convulsos de la Guerra Fría y el McCartismo en Puerto Rico, además de seguir añadiendo piezas al rompecabezas de la historia colonial y de represión política.
“Mi padre hizo una contribución política significativa a la lucha en Puerto Rico en aquel entonces, y fue apreciada y valorada por el pueblo puertorriqueño y sus compañeros, y me complace haber podido conocer y comprender su impacto e importancia”, concluye el autor.
Entre los colaboradores de Cold War Puerto Rico: Anti-Communism in Washington’s Caribbean Colony se encuentran los intelectuales y profesores puertorriqueños Rafael Bernabe y Arcadio Díaz Quiñones quienes leyeron el manuscrito en su etapa final y aportaron comentarios, además del editor de The Nation, Don Guttenplan, el autor Seth Rosenfeld, el periodista del periódico laborista de Gran Bretaña The Morning Star, Andrew Murray, entre otros historiadores y expertos en investigación sobre asuntos políticos.
Carlos Rivera Lugo, Rolando Emanuelli y Martha Quiñones
Los elementos tácticos menores nunca deben nublar lo estratégico. La independencia, ya sea porque la metrópolis cumpla con el Derecho Internacional o porque la arranquemos con lucha se acepta y ya.
Edwin Hernández Feijoó
Especial para Claridad
Hace poco más de un año se dio a conocer la propuesta descolonizadora de Plan B Independencia, un grupo inicialmente integrado por doce juristas, economistas y profesores. “Una guerrilla de nerds” nos llamó la periodista Wilda Rodríguez. La propuesta fue divulgada inicialmente desde Londres el 7 de marzo de 2025 por el Daily Mail, cuyo corresponsal en Washington DC reportó que estaba moviéndose por los círculos de poder allí un borrador de Orden Ejecutiva (OE) para la firma del presidente Donald Trump dirigido a darle la independencia a Puerto Rico.
El fantasma de la independencia recorría la capital federal, opacando incluso la celebración de una llamada Cumbre por la Estadidad que se efectuaba allí en ese momento, organizada por el gobernante Partido Nuevo Progresista (PNP). Cundió enseguida el temor entre colonialistas y colonizados de que Trump pudiese emitir otra Orden Ejecutiva de las tantas firmadas por él en esos días, esta vez para traer la independencia a Puerto Rico, ya no por la cocina sino que por la puerta de enfrente. Concebida como una movida “outside the box” por los redactores y promotores del borrador, a modo de una ruptura paradigmática con el marco acostumbrado del debate político en Puerto Rico, tomó al país por sorpresa y revolcó el tablero político. La independencia aparecía tomarse la iniciativa estratégica.
En el borrador de Orden Ejecutiva para la firma del Presidente de Estados Unidos, se conminaba a éste a disponer de inmediato del territorio colonial de Puerto Rico para iniciar un proceso de transición hacia su soberanía e independencia, en cumplimiento de sus obligaciones bajo el derecho internacional. Rolando Emmanuelli, Edil Sepúlveda y yo, en representación del Plan B Independencia, nos reunimos para hablar de nuestra propuesta con representantes de las oficinas congresionales de los influyentes senadores John Thune, líder de la mayoría Republicana, y Mike Lee, líder Republicano en el Comité de Energía y Recursos Naturales, el cual está a cargo de los asuntos insulares, incluyendo Puerto Rico. En ambos casos reconocieron que era la primera vez que se les planteaba la independencia como una opción alternativa a la estadidad para poner fin a nuestra condición colonial.
Algo parecido protagonizó Eugenio María de Hostos en 1899, al frente de una Comisión Puertorriqueña, con su propuesta para que se reconociese nuestra soberanía para decidir libremente sobre nuestro futuro, la cual fue sometida al entonces mandatario de Estados Unidos, William McKinley. Ambas propuestas son tan democráticas como lo fue también la abolición de la esclavitud en su tiempo, para lo que no hizo falta hacer consultas previas. A nadie se le ocurriría exigir el consentimiento de los esclavos para validarla. El colonialismo es una condición que ha sido igualmente proscrita bajo el derecho internacional, como también lo ha sido el genocidio y la tortura. Alegar que se requiere el consentimiento del colonizado para ponerle fin es absurdo.
Un nuevo despertar del movimiento independentista
La iniciativa del Plan B Independencia, hoy organizado como centro de pensamiento para la acción, formó parte de lo que sería un nuevo despertar del movimiento independentista y una potenciación de lo que a todas luces es un crecimiento del apoyo a la independencia en nuestro país. Ello quedó claramente evidenciado, por ejemplo, en el marco de las elecciones generales de noviembre de 2024. En éstas, un candidato independentista a la gobernación, Juan Dalmau, obtuvo un 31 por ciento del voto, quedando en segundo lugar. Por otro lado, en la consulta plebiscitaria efectuada conjuntamente con las elecciones generales, el resultado obtenido por la independencia fue un 30 por ciento y un 12 por ciento para la libre asociación. No soy de los que me creo el cuento ese de que las maquinas electorales en lo único que se equivocaron fue con el resultado del apoyo por la independencia. Las opciones por la soberanía, junto a los votos en blanco sometidos en protesta, alcanzó un 43 por ciento, mientras que el voto por la anexión fue de un 48 por ciento, un claro descenso en relación a lo obtenido en consultas más recientes.
El pasado 11 de enero tuve el honor de ser invitado por la Comisión Nacional Hostos 180 para ser el orador principal en los actos conmemorativos del natalicio del insigne patriota puertorriqueño celebrados en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. En mi mensaje comparé las propuestas de soberanía articuladas por Hostos entre 1898 y 1900, y la de Plan B Independencia, del cual soy uno de los portavoces. Ambas se dan en contextos similares caracterizados por guerras del imperialismo yanqui empuñando un alegado destino manifiesto para dominar sobre las Américas, tanto el norte como el sur, incluyendo las Antillas. Sin embargo, existe una gran diferencia entre ambas coyunturas históricas: la guerra hispano-cubana-estadounidense de 1898 se produce en un momento de ascenso del imperialismo estadounidense, mientras que la guerra mundial que ha desatado en la actualidad se da en un momento de franco declive de éste en un mundo caracterizado por su creciente multipolaridad.
Sin embargo, el declive estratégico de Estados Unidos se manifiesta asimismo al interior de ese país donde se están dando crecientemente las condiciones para que se desate una guerra civil ante la gobernanza autocrática o, si se prefiere, fascista impuesta bajo la presidencia de Trump. También, en Puerto Rico se vive el colapso del régimen colonial que, al igual que en Estados Unidos, se torna cada vez más dictatorial y corrupto, incapaz de atender las necesidades más apremiantes del pueblo. Así como ocurre con el régimen trumpista, en Puerto Rico el gobierno colonial se afana asimismo por tomar control del proceso electoral para asegurar, a la trágala, su continuidad. He allí el Plan A, el del régimen colonial, el cual incluye seguir promoviendo de boca la anexión a pesar de su rechazo en Washington DC, además de su sumisión a las nuevas políticas discriminatorias y antidemocráticas promovidas por el gobierno de Trump. Incluso, más recientemente, se han ido denunciando vínculos del partido anexionista gobernante con el narcotráfico, lo que ha llevado a que se empiece a describir a Puerto Rico como una narcocolonia.
Ante ello, tanto aquí como allá, se va devaluando el llamado Estado de derecho democrático, si acaso en la colonia se puede hablar de democracia. En el fondo, el estado de derecho colonial se ha quitado la mascara y han muerto sus ficciones seudodemocráticas detrás de las cuales se ocultan las relaciones sociales y de poder en que se basa realmente el régimen colonial-capitalista apuntalado aquí por Washington. De consentimiento, nada; más bien alegría de caballo capao’, sería como lo describiría crudamente un viejo compañero. Al desnudo queda el orden de batalla entre las fuerzas políticas y las clases sociales en que se divide nuestro pueblo y el imperio que nos sojuzga. Y al igual que en los tiempos de Hostos, así como de Albizu, nos enfrentamos a la suprema definición: yanquis o puertorriqueños. Y es hora de que se entienda de que sólo existe aquel derecho que en los hechos se logre imponer mediante nuestra lucha.
Negociar de tú a tú con Washington
Hostos insistía en la ilegitimidad del Tratado de París de 1898, ya que fue negociado a espaldas nuestras e impuesto sin nuestro consentimiento. De ahí que no tiene porque obligarnos jurídicamente. Ante ello, Hostos entiende que lo que correspondería es la revolución contra el orden de sujección colonial, aunque se ve forzado a admitir que no existen las condiciones para una independencia inmediata, dado que tiende a prevalecer entre las elites políticas de entonces un ilusionismo anexionista. De ahí que ante la inexistencia de una protesta revolucionaria y armada contra nuestra invasión y ocupación en 1898, y con la posterior consolidación del régimen colonial bajo la Ley Foraker de 1900, sólo quedaba la posibilidad de una protesta jurídico-política.
Es importante entender que para Hostos cualquier negociación con el imperio debía ser de tú a tú, entre dos pueblos soberanos. Sólo así, es decir, pensando, hablando y actuando como un pueblo soberano y demostrando la capacidad para autogobernarnos y hacernos cargo de nuestro propio desarrollo, es que se podría lograr el reconocimiento de nuestros derechos nacionales. Si nos pensamos y actuamos como meros subordinados coloniales, incapaces de ser protagonistas de nuestro propio futuro, no se adelantaría nada. De ahí que su propuesta era esencialmente a favor de la terminación del régimen de ocupación colonial y su sustitución por un gobierno civil basado en la soberanía del pueblo puertorriqueño. Éste tendría a su cargo el desarrollo soberano de las instituciones políticas, económicas y sociales, incluyendo las educativas, que permitiese a Puerto Rico decidir su destino final como pueblo en un plebiscito al cabo de un periodo de transición de 25 años. Hostos favorecía la independencia y reclamaba que ese sería un derecho inalienable aún de ganar la anexión en la consulta.
Por su parte, la propuesta hecha por Plan B Independencia opta por una ruta diferente a la del plebiscito planteada por Hostos, ya que se entendió que la experiencia concreta habida con este mecanismo en Puerto Rico lo ha reducido a un concurso de simpatías en torno a opciones abstractas que no cuentan con compromiso concreto alguno de parte del gobierno estadounidense. Aparte está la cuestión de hasta dónde puede existir realmente una libre determinación en medio de la dependencia estructural existente, la cual es constitutiva asimismo de una subjetividad colonial.
En adición a lo anterior, el mecanismo del plebiscito ha sido el instrumento del que ha dependido el Congreso de Estados Unidos, en el ejercicio de sus poderes plenarios bajo la Cláusula Territorial de la Constitución federal, para alegadamente auscultar las preferencias políticas de nuestro pueblo. Se basa en una premisa engañosa: que el pueblo puertorriqueño decida. Sin embargo, en realidad la decisión final la tiene el Congreso y éste hasta ahora se ha negado a validar resultados favorables al mayor desarrollo autonómico del llamado estado libre asociado o a la anexión de Puerto Rico a Estados Unidos. Si algo ha quedado claro es que ninguna de esas opciones cuentan con una mayoría congresional y, más recientemente, ni de la presidencia en el caso de la anexión por entender que sería altamente destructiva para el balance de poder entre Republicanos y Demócratas. En todo caso, la anexión cuenta en la actualidad con mayor apoyo en el Partido Demócrata, aunque por razones de oportunismo político. Finalmente, está la dificultad demostrada para poner de acuerdo a 535 congresistas en torno a una cuestión tan altamente controvertible como la disposición del territorio colonial de Puerto Rico.
La política como la guerra por otro medio
Al igual que Hostos en su tiempo, entendemos que tampoco hoy están dadas las condiciones ni existen las fuerzas propias, incluyendo las armadas, que serían necesarias para proclamar unilteralmente nuestra soberanía e independencia. Ante ello, sólo nos queda negociar políticamente. La política es la guerra por otro medio, sentenció Clausewitz. No se trata de pedir permiso sino que de organizar y afirmar, eso sí, por medio de hechos concretos y no meros deseos, nuestra voluntad soberana para forzar una salida inmediata de nuestra condición colonial hacia la independencia. Hay que convertir a Puerto Rico en un problema que Washington no pueda seguir ignorando.
Dicho lo anterior, al igual que Hostos, Plan B Independencia se ha propuesto avanzar un proceso de descolonización hacia la soberanía de Puerto Rico por medio de la Rama Ejecutiva y no el Congreso. Una Orden Ejecutiva permitiría tomar el toro por los cuernos con una propuesta definitiva e inmediata de descolonización hacia la soberanía e independencia, lo que dificilmente facilitaría un proceso de legislación congresional. Descartamos las pildoras venenosas de la llamada estadidad o el desarrollo autonómico del ‘ela’ como opciones, por no contar éstas con el apoyo congresional o presidencial necesario. Tampoco se favorece la libre asociación como opción, por entender que ésta solo serviría para insertarnos en una relación neocolonial como las que existen entre Estados Unidos y el Estado Federado de las Micronesias, la República de las Islas Marshall y la República de Palau. El independentismo se tiene que concentrar en el objetivo de constituirse en una fuerza propia, con una agenda propia y dejar de verse como mero facilitador de proyectos históricos que no son el suyo y que no constituyen una solución definitiva a nuestro problema colonial.
Así las cosas, la Orden Ejecutiva propuesta lee inicialmente como sigue:
“De conformidad con la expansión constitucional de la autoridad presidencial que se ha experimentado en los últimos tiempos en Estados Unidos, encaminándose éste recientemente hacia un sistema presidencialista y, más específicamente, su autoridad para decidir y representar la política exterior, se decide la disposición del territorio y el fin de su status territorial como botín de guerra y mera posesión colonial, según legalizado por el Tratado de Paris de 1898 y la Cláusula Territorial de la Constitución de Estados Unidos.”
“Se dispone el traspaso de todos los poderes soberanos al pueblo de Puerto Rico en un periodo de dos años conforme al poder de política exterior del Presidente, acompañado del poder del Congreso para ratificar cualquier tratado que se suscriba o de aprobar cualquier legislación habilitadora en apoyo a la transición.”
Bajo la OE se establece una Comisión para la Transición, el cual operará a modo gobierno provisional que tendría a su cargo todo lo relativo a la transición. La vida de la Comisión no se extenderá por más de dos años, al cabo de los cuales deben haberse dado el traspaso completo de poderes soberanos y funciones gubernamentales. Estará a cargo de administrar los fondos federales asignados para garantizar una transición ordenada. Se provee para que el gobierno colonial (territorial) siga a cargo de proveer los servicios públicos esenciales a la población, hasta el momento de que Puerto Rico acceda a la soberanía. En ese momento se disuelve el gobierno llamado territorial.
Por una Asamblea Constituyente y no meramente de Status
Asimismo, se provee paralelamente para la organización y operación de una Asamblea Constituyente para la revisión de la Constitución actual o la redacción de una nueva. Ésta debe ser aprobada por el pueblo en referéndum al cabo del primer año del periodo de transición. Una vez aprobada se pasará a realizar el proceso para elegir las nuevas autoridades del Gobierno soberano e independiente de Puerto Rico. También tendrá a su cargo disponer de una reestructuración de carácter constitucional de los procesos de consulta electoral o referendos.
Se trata de una Asamblea Constituyente que se diferencia de la Asamblea Constitucional de Status que promueven algunos sectores del independentismo, la cual se realizaría dentro del marco colonial, y bajo la cual se incluye, por ejemplo, la anexión como opción. En ese sentido, la propuesta de Plan B Independencia trata de una Asamblea soberana, es decir, con poderes constituyentes de la nueva República, tal y como impulsada por Pedro Albizu Campos y Filiberto Ojeda Ríos. Así también fue definida bajo la Resolución radicada por el congresista social demócrata Ronald Dellums en 1982, con el asesoramiento de Juan Mari Brás y el constitucionalista estadounidense Arthur Kinoy.
Se provee para un proceso de transición ordenada que posibilite romper con la dependencia colonial en fondos federales y encamine a Puerto Rico hacia el desarrollo de una economía social productiva, autosustentable y solidaria, de conformidad con una planificación estratégica que provea para el bienestar y el progreso general. Ello incluye la condonación de la deuda pública para facilitar la transición económica ordenada, pasándole al Departamento del Tesoro federal la responsabilidad para hacerse cargo de cualquier obligación existente o futura en relación a ésta. Se entiende que la deuda es odiosa y no nos corresponde asumir la responsabilidad de su pago. Además, el Plan B Independencia desarrolló y presentó públicamente un Plan Económico Nacional más concreto y elaborado para los primeros 20 años de independencia. En ese sentido, nuestra propuesta es también un mapa de ruta hacia nuestra prosperidad común como pueblo.
En cuanto al tema de la ciudadanía, se provee para una ciudadanía puertorriqueña, así como para la ciudadanía dual para los que les interese seguir contando con la ciudadanía estadounidense. Se garantiza la ciudadanía estadounidense para los nacidos en Puerto Rico antes de la independencia. Se dispone para el libre tránsito de ciudadanos entre ambos países. Lo anterior resulta de fundamental importancia dado el hecho de que aproximadamente el 60 por ciento de nuestro pueblo reside actualmente en Estados Unidos.
Sobre política exterior y defensa, se afirma nuestro derecho soberano para decidir libremente al respecto, para integrarnos a aquellas organizaciones internacionales que estimemos como, por ejemplo, la ONU, y suscribir aquellos acuerdos internacionales que entendamos estén conformes a nuestros intereses como nación indepediente. Puerto Rico deberá organizar sus propias fuerzas militares y policiales para la defensa de su soberanía e independencia.
A menudo se nos pregunta si tenemos constancia de que el borrador de OE haya llegado a Trump. Y si bien no dudamos que nuestra propuesta llegó a circular también en Casa Blanca y en oficinas del Ejecutivo, si llegó o no a manos de Trump no tenemos cómo saberlo ni es lo más importante. El objetivo nuestro en última instancia era colocar nuevamente la necesidad y viabilidad de la independencia de forma destacada sobre el tablero político, tanto en Washington DC como en Puerto Rico, lo que claramente se logró. Aún así, pronto pudimos confirmar que muy poco se puede mover el asunto más allá que no sea con la mediación de cabilderos, lo que tiene un costo. A ese propósito se ha creado e incorporado en Estados Unidos una organización sin fines de lucro 501(c)(3), conocido como The Republic Project (El Proyecto de la República), la cual estará dedicada a promover políticamente la independencia de Puerto Rico, incluyendo la recolección de fondos para educar y cabildear hacia ese fin.
Seguir sumando y avanzando hacia la independencia
Más recientemente, Plan B Independencia ha estado participando, con la organización de la diáspora Puertorriqueños Unidos en Acción (PUA), de unos esfuerzos a favor de la iniciativa legislativa anunciada por el congresista republicano por California, Tom McClintock, a favor de la descolonización de Puerto Rico hacia su independencia nacional. A esos propósitos compartimos con su oficina congresional copia de un borrador de un proyecto legislativo, redactado por nosotros, que parte del traspaso previo de la soberanía al pueblo de Puerto Rico para que se pueda negociar con Estados Unidos los términos de una descolonización hacia la independencia. Copia del proyecto fue compartido también con la congresista Nydia Velázquez.
Ahora bien, más recientemente McClintock ha anunciado que estará solicitando previamente un estudio sobre la independencia, aunque también ha dicho que contempla ahora que cualquier consulta plebiscitaria que se disponga en su proyecto debe incluir también las opciones de la anexión y el actual territorio no-incorporado, es decir, la colonia. De prevalecer finalmente esta reorientación, me temo que estamos ante más de lo mismo. Habrá que ver si se puede lograr que el proyecto vuelva a su propósito inicial.
Por otro lado, no hay duda de que la deriva autoritaria y guerrerista de Estados Unidos, incluyendo la remilitarización de nuestro país en función de su renovada agenda intervencionista en Latinoamerica y el Caribe, tiende a complicar sobremanera las circunstancias. Al igual que le ocurrió a Hostos con McKinley, Trump ha tendido a optar en lo inmediato por el reapuntalamiento de nuestra condición de subordinación colonial en función de su agenda geoestratégica de dominación, tanto fuera como dentro de Estados Unidos.
A pesar de ello, no damos por pérdida la apuesta jurídico-política hecha por Plan B Independencia. Sigue siendo válido nuestro argumento de que la independencia es la opción que permite una redefinición mutuamente beneficiosa de las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos. Además, dado el rechazo reiterado de Trump a la anexión, sobre todo por entender que alteraría la relación de fuerzas en el Congreso federal en contra del gobernante Partido Republicano, no entiendo como éste y sus allegados más cercanos no logran tomar consciencia del hecho de que la manera más efectiva de cerrarle la puerta, de manera definitiva, a esa amenaza, lanzada reiterada y oportunistamente hace poco por algunos líderes del Partido Demócrata, es mediante la independencia de Puerto Rico. En ese sentido, los Demócratas se erigen igualmente en una amenaza autoritaria e colonialista al contemplar imponer la anexión de Puerto Rico en función de su propia agenda político-partidista.
En fin, el Plan B Independencia sigue vivo y luchando. Desde nuestros comienzos hemos también estado dedicado a promover la concertación necesaria de la pluralidad de fuerzas independentistas que organizaron la pasada Marcha por la Independencia de agosto de 2025, efectuada en San Juan, e incluyendo esta vez al Partido Independentista Puertorriqueño, este próximo 18 de julio se vuelve a marchar a favor de nuestra liberación.
Nos reafirmamos en la creencia de que la coyuntura actual es para seguir sumando y avanzando en torno a la independencia. Aún una agenda de cambio centrado en el ofrecimiento de un buen gobierno, se quedaría corta sin el poder soberano para decidir y construir el nuevo Puerto Rico que se necesita, de conformidad con nuestra propia realidad y nuestros propios intereses nacionales.