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Crucigrama: Eric Tabales Vega

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Especial para CLARIDAD

Horizontales

  1. In _____: pintura abstracta creada por Tabales en 2006.
  2. Dios egipcio del sol.
  3. Río de Galicia.
  4. Símbolo del aluminio.
  5. Allá.
  6. Adagio del Concierto en Re menor para _____ y Orquesta: pintura de género abstracto de Tabales.
  7. Percibe, mira.
  8. Eric _____ Vega: pintor, artista gráfico, escultor, escenógrafo y profesor puertorriqueño.
  9. Carta de la baraja.
  10. Sol naciente _____: (1999) pieza monumental de Tabales, compuesta por 68 paneles de cristal templado. Se exhibe en el Museo de Arte de Puerto Rico.
  11. Rezaba.
  12. Reúne.
  13. _____: pintura abstracta de Tabales de 2005 inspirada en el misticismo.
  14. _____ sagrada: título de exposición paisajística de Tabales de 2026.
  15. Maestría en _____ Visuales, Pintura: grado obtenido por Tabales de la Academia de San Carlos, Escuela Nacional de Artes Plásticas, UNAM.
  16. _____ Juan: ciudad donde nació Tabales en 1962.
  17. Fanal, faro.
  18. Escuchad.
  19. _____ Andreu Iglesias: ensayista, dramaturgo y periodista puertorriqueño.
  20. _____ nicomáquea: libro de Aristóteles.
  21. Reverberación.
  22. Volví a caer.
  23. Día que precede inmediatamente al de hoy.
  24. Capilla _____ Meditación Juan Acha: obra de Tabales construida en los predios de la UNAM en México, tras el puertorriqueño ganar un concurso de diseño arquitectónico.
  25. El _____: escultura monumental de Tabales de 1994. Forma parte de la Colección Compañía de Turismo de Puerto Rico.
  26. La solemnidad de los _____: pintura de Tabales de 2005 de género abstracto.

Verticales

  1. El Otello de _____: monumental obra pictórica de Tabales de 2011 que inmortaliza al legendario tenor puertorriqueño.
  2. La _____ comedia: poema narrativo de Dante Alighieri.
  3. El _____ del teatro: obra de arte de Tabales de 2001 que fuera ubicada en el Teatro Braulio Castillo, de Bayamón.
  4. Eric Tabales _____: se le conoce como el «artífice de los cristales oxidados», por su patente de 1996, que consiste, en la fusión y aplicación de ácidos sobre metales combinados con cristal.
  5. Moneda de plata.
  6. _____ inocentes: pintura de Tabales de 2005 de género abstracto e inspirada en el tema sacro.
  7. Cincuenta y cinco en números romanos.
  8. Pandilla callejera.
  9. Dios cananeo y fenicio de la fertilidad y las tormentas.
  10. Hermana de uno de los padres de una persona.
  11. Antonio _____: pintor, periodista, profesor, escritor y poeta puertorriqueño.
  12. Personaje bíblico cuya esposa se convirtió en sal.
  13. _____ Tabales Vega: algunas de sus obras son: de «El Otello de Paoli», «Sol naciente taíno», «Luz sagrada», «In paradisum», «El vidrio», «El mundo del teatro» y «La solemnidad de los santos».
  14. _____ Sebastián: obra de Tabales de 2004 en tela oxidada.
  15. Claro de _____: pintura abstracta de 2006 de Tabales presentada en tela oxidada.
  16. Vals del Danubio _____: pintura de Tabales de 2006 de género abstracto.
  17. Del verbo ser.
  18. Destinar algo a un fin determinado.
  19. Trabajan.
  20. Corroer.
  21. Catalino «_____» Curet Alonso: compositor puertorriqueño. Autor de «Anacaona» y «Las caras lindas».
  22. Conozco.
  23. Símbolo del sodio.
  24. Capilla al Cristo _____: obra artística y arquitectónica sacra diseñada por Tabales en 2003. Ubica en la Universidad Central de Bayamón.
  25. Edwin _____ Berríos: poeta, columnista y uno de los fundadores de «En Rojo» del periódico «Claridad».
  26. Símbolo del calcio.
  27. Nombre de la letra «c».
  28. Prefijo que indica dirección, tendencia, proximidad.

Podrían desalojar la cooperativa en la Iupi por falta de pago

 

 

La asociación, que opera como una cafetería, no ha ofrecido servicios este semestre

 

CLARIDAD

La Universidad de Puerto Rico (UPR) exigió el pago de una deuda de $120,000 acumulada por la cooperativa mixta Iupicoop Café, ubicada en el recinto de Río Piedras, y podría resultar en el desalojo oficial del concesionario más frecuentado, desde 2015, en el Centro de Estudiantes de la institución.

De acuerdo con Sebastián Segarra Maldonado, integrante de Mesa Abierta y senador académico del Consejo General de Estudiantes (CGE), Iupicoop Café no paga renta porque acordó, cuando se fundó en 2015, una exención para el arrendamiento. No obstante, la organización debía sufragar el costo de energía eléctrica, agua y una aportación tanto al CGE como al recinto.

“La universidad no le cobra el arrendamiento, pero sí cobra algo adicional por encima del agua y la luz. Como parte del contrato, se estipula que ellos tienen que contribuir una porción de sus ingresos hacia el Fondo de Becas Especiales del Consejo General de Estudiantes. Eso no está sucediendo. Lo que está sucediendo es que ellos (Iupicoop) están reportando que no tienen ingresos, y que han estado en rojo desde hace mucho tiempo atrás”, expresó Segarra Maldonado a CLARIDAD.

Asimismo, el representante estudiantil agregó que la cooperativa justifica estos impagos por estar comprometida con gastos operacionales, reservas que debe mantener por ley y otros ahorros que menciona pero por los que «no han rendido cuentas». Para Segarra Maldonado y el CGE, las finanzas de Iupicoop están en verde, de modo que los impagos corresponden a una estrategia para salir de sus obligaciones con el recinto.

“Eso (la contribución al Fondo de Becas) está desde que firmaron contrato porque eso es parte del acuerdo para que estén allí. De ahí (ese fondo) se nutren otras iniciativas como Mesa Abierta, porque la parte que se contribuye a la universidad se utiliza para asuntos de seguridad alimentaria. Esos fondos son los que permiten que Mesa Abierta opere, compre suministros, productos de limpieza y lo esencial para funcionar”, concluyó Segarra Maldonado.

Ideada como una cooperativa mixta para ofrecer empleo y comida asequible a estudiantes de la UPR, Iupicoop surgió como parte de una clase del Instituto Cooperativista de la UPR, formándose oficialmente en 2014.  Reuniendo a un grupo de personas para el capital y el desarrollo de un reglamento, la organización quedó inscrita en el Departamento de Estado y la Comisión de Desarrollo de Cooperativas de Puerto Rico (CDCOOP) para 2015.

Desde entonces, el concesionario ha sido una estampa de los almuerzos y las meriendas de estudiantes de todo perfil. Ubicado en el segundo piso del Centro de Estudiantes, opera como una cafetería y atrae a muchos estudiantes por sus amplios ventanales, mesas altas, sillones, por contar con aire acondicionado y numerosos receptáculos para recargar dispositivos.

Iupicoop responde

 Convocando a todos los socios de la cooperativa para el pasado jueves, 8 de octubre, Iupicoop denunció que las exigencias en los pagos amenazan la continuidad del café-merendero, y que actualmente no están operando por mandato de la propia universidad. El contrato en cuestión, arguyeron, está vencido desde 2019. Intentaron, sin éxito, reunirse para renovarlo en 2018, 2021, 2022, 2023 y 2025.

“En dos ocasiones, se entregan todos los documentos requeridos sin recibir respuesta. En noviembre de 2025 se reinicia el proceso y un borrador de contrato es recibido en mayo de 2026. Para nuestra sorpresa, y tras reuniones con la administración, se presentan unos términos y condiciones marcadamente distintos al contrato anterior”, expresó la Junta Directiva de la asociación por escrito.

Iupicoop señaló, entre otras condiciones, que la UPR exigió el pago de una deuda de $120,000 que «desconocen», que no incluye acuerdos de mensualidad, partidas para servicios o suministros que no formaban parte del contrato original y hasta «cantidades de consumo» que la propia universidad calculó mediante un «promedio establecido». Dos meses después de que el recinto reclamara el dinero, venció el contrato del principal ejecutivo de Iupicoop.

“Tras conseguir una candidata para asumir el puesto de principal ejecutiva, entregamos al Decanato de Administración nuestra contrapropuesta con 16 enmiendas, dentro de la fecha límite que estipularon”, continuó Iupicoop.

Más de cinco semanas después, el 29 de septiembre, la universidad respondió, rechazando las propuestas de la cooperativa. Tres días después de contestar, la UPR fijó hasta el 2 de octubre como fecha límite para que Iupicoop firmara los nuevos acuerdos y acate el pago de las deudas.

“Nuestra cooperativa está en riesgo. Hoy no estamos operando y la Administración nos exige firmar un contrato con condiciones muy distintas a las anteriores”, expresó la directiva a través de sus redes sociales.

Por otro lado, la cooperativa argumentó que sus finanzas se han visto afectadas por el paso del huracán María, en 2017, que supuso más de $19,000 en pérdidas para Iupicoop; la pandemia, en 2020, que limitó sus operaciones entre agosto de 2021 y febrero de 2022; un aparente «desfalco» de $18,000 auditado por la Corporación Pública para la Supervisión y Seguro de Cooperativas (COSSEC); la baja en matrícula; la inestabilidad en la infraestructura; y los cambios constantes el calendario académico.

“A través de los años, luego del paso del huracán María, la participación y aportación de lxs socixs ha sido mínima, aspecto que ha impactado la visión y razón de ser de la cooperativa, y que ha llevado al incremento en trabajo y esfuerzo de los integrantes de la Junta, además del de los principales ejecutivos

A modo de equiparar los pagos de la deuda y la operación de Iupicoop, la Junta Directiva contrapropuso: mensualidades atemperadas al flujo de estudiantes y al calendario académico; eliminar el cargo fijo de $250 al CGE puesto que Iupicoop ya contribuye el 10% de sus ganancias netas; un contrato que dure más de un año; flexibilidad en la fijación de precios, horarios de operación y acceso al local; y más espacio para ampliar productos y otras ofertas.

“El 2 de octubre enviamos una carta solicitando apoyo a la Liga de Cooperativas de Puerto Rico, dirigida a Heriberto Martínez, director ejecutivo. Actualmente no contamos con representación legal. Destacamos que la Ley 239 fomenta el apoyo de los organismos y las agencias gubernamentales al movimiento cooperativo”, concluyeron los socios de la cooperativa.

Segarra Maldonado aclaró que los $250 de mensualidad denunciados corresponden a una forma concreta en que el CGE pueda recibir las aportaciones de la cooperativa, puesto que Iupicoop no rendía el 10% requerido para el fondo de becas. Es decir, el pago era un modo de forzar la asociación a cumplir con esta estipulación.

La organización no ha emitido expresiones tras la reunión del 8 de octubre. Desde que comenzó este semestre, Iupicoop no ha ofrecido sus servicios como acostumbra.

 

 

 

 

 

Otro escándalo que quedará impune

CLARIDAD

No hay nada nuevo en la sucesión de escándalos de corrupción gubernamental que han copado los noticieros puertorriqueños durante los últimos dos meses. “Lloviendo sobre mojado”, diría el amigo Bernardo López Acevedo, porque es una repetición ad nausean de lo que ha vivido Puerto Rico durante los últimos 33 años, desde que el primer Rosselló asumió la gobernación el 2 de enero de 1993. Y no es que antes no existiera corrupción gubernamental, sino que era más esporádica o menos atendida por la prensa. Ahora, como en la era de las taifas peninsulares, a la conquista de la plaza le sigue el saqueo para compensar a los colaboradores.

Son varios los eventos apestosos, pero en este artículo me limitaré al de Power Expectations. Como es frecuente en este País donde la corrupción no se investiga, este mega tumbe no llegó a consumarse gracias a una oportuna noticia de la periodista Bárbara Figueroa, pero pudo haber sido de $5,887 millones. ¿Qué sabemos? Que Power Expectations -una empresa poco conocida organizada en Florida, que sólo existe de nombre- creó un consorcio falso, al que añadió a una entidad de Texas llamada Enchanted Rock (que de verdad existe) fue favorecida con un contrato por esa enorme suma de dinero para proveernos la tan necesitada generación eléctrica adicional. La entidad tejana advirtió repetidamente a lo largo de meses, enviando continuos correos electrónicos, que no era parte del consorcio, pero los oficiales del gobierno -el pomposo “zar” de energía Josué Colón y el “privado” Osvaldo Carlo- procedieron a toda prisa con la firma del contrato, a sabiendas de que contrataban con un fantasma. El tumbe se evitó cuando el reportaje periodístico expuso públicamente por primera vez la advertencia de Enchanted y, tras corroborarla, la Junta de Control Fiscal retiró su aval al contrato. También sabemos que la firma en el contrato del supuesto “representante” de la empresa tejana es de alguien desconocido por ellos. El individuo en cuestión tiene un largo historial de convicciones por fraude y está vinculado a otros “empresarios” recientemente perdonados por Donald Trump tras el pago de unos cuantos millones de dólares. Pura mafia MAGA.

¿Qué no sabemos? No sabemos aún los nombres de todos los buscones que se esconden tras el velo corporativo de Power Expectations, ni el historial de los individuos. Se ha identificado a un tal Eddie Echevarría, un “empresario” de poca monta en Florida, pero detrás de él tiene haber otra gente, tal vez vinculados al nebuloso mundo MAGA de Estados Unidos.

Tampoco sabemos si existió algún vínculo conspirativo de Josué Colón con los “empresarios” o si sólo estamos ante otro retrato de incompetencia profesional adornada con prepotencia, a las que el pomposo zar nos tiene acostumbrados desde que dirigió la AEE. Las mismas interrogantes existen sobre Osvaldo Carlo, quien a pesar de su experiencia como fiscal e investigador criminal, dejó pasar por su lado tantas señales de fraude.

¿Cuánto nos cuesta el escándalo? Dado que el contrato tuvo que ser cancelado tras conocerse la trama el mega tumbe de casi $6 mil millones no se dio, por lo que la malversación de fondos públicos se limita a los cientos de miles gastados en el proceso ya que el exfiscal, los funcionarios y los muchos abogados estuvieron en todo momento muy bien pagados. Hay, sin embargo, un enorme costo no contabilizado. Lo que Colón y Carlo debieron gestionar era un proveedor de energía que redujera la enorme deficiencia que arrastra el sistema de generación de Puerto Rico, particularmente durante el ardiente verano. Su negligencia (al menos) y la del gobierno que los ampara aumentó nuestra exposición a la otra incompetencia: la de las privatizadoras Luma y Genera.

¿Alguien investigará? Gran parte de lo que aún se desconoce podría aclararse si una entidad con autoridad para citar testigos y obtener pruebas decidiera investigar la posible trama criminal. Sin embargo, es muy poco probable que eso ocurra. Nadie puede esperar que el Departamento de Justicia, dirigido por la muy leal Lourdes Gómez, vaya a efectuar una investigación seria. Además, habiendo autores en distintos lugares de Estados Unidos, no es mucho lo que el DJ pueda hacer. Quien sí tendría muchas herramientas de investigación es el FBI, pero en estos tiempos esa entidad federal se dedica a investigar a quienes Trump considera enemigos y a narcotraficantes de poca monta.  Como muchos otros, el escándalo de Power Expectations quedará en nada y nos acordaremos de él cuando llegue el próximo mega apagón.

 

Aún hay tiempo para recapacitar

Especial para CLARIDAD

La defensa del Parque del Tercer Milenio es, en esencia, la defensa de un principio democrático que suele olvidarse cuando el poder se ejerce sin frenos: los espacios públicos no son activos transables ni terrenos disponibles para negociaciones privadas. Son patrimonio colectivo, y su administración exige transparencia, evidencia y respeto por la historia que los define. La controversia que hoy ocupa a la ciudadanía y a la Legislatura Municipal de San Juan no surgió de un capricho ni de una disputa menor. Es el resultado de años de vigilancia comunitaria, de un compromiso sostenido con la ciudad y de la convicción de que el litoral sanjuanero merece algo más que improvisación y cemento.

El Parque del Tercer Milenio nació de una visión urbanística clara. El arquitecto Thomas Frost concibió el espacio como un corredor ecológico y recreativo que integrara la costa, la vegetación nativa y el acceso ciudadano sin barreras. Su diseño respondía a una filosofía de ciudad abierta: un parque lineal que permitiera caminar, correr, observar el mar, practicar deportes y convivir sin la presión del tráfico ni la contaminación. Era, y sigue siendo, un proyecto que apostaba por la salud pública, la recreación y la protección ambiental. En ningún documento de su diseño original aparece la idea de un estacionamiento de varios niveles incrustado en el corazón del parque. Esa propuesta es una alteración sustantiva del concepto original y una ruptura con la intención fundacional del proyecto.

La lucha por proteger el parque incrementó cuando el Municipio de San Juan impulsó la construcción de un estacionamiento sin estudios, sin diseño, sin análisis de movilidad y sin un solo documento que justificara su necesidad. Antes, la organización Escambrón Unido daba la Batalla por proteger el litoral. La propuesta del alcalde Miguel Romero Lugo para la construcción de un estacionamiento multipisos llegó a la Legislatura Municipal como un borrador incompleto, carente de información técnica y sin evidencia que demostrara que el área —ya saturada de estacionamientos públicos y privados— requería otra estructura de aparcamiento.

A pesar de ello, la mayoría legislativa aprobó una enmienda que abría la puerta a la privatización del espacio. Lo hizo sin tener frente a sí un solo documento que sustentara la medida, sin estudios ambientales, sin proyecciones de demanda y sin análisis de impacto sobre la comunidad. La aprobación de la enmienda, en esas condiciones, no fue un acto de gobernanza responsable, fue una renuncia a la obligación de evaluar, cuestionar y exigir evidencia.

La insistencia del Ejecutivo Municipal en adelantar este proyecto, aun frente a la ausencia total de información, levantó dudas legítimas sobre sus motivaciones. No es un secreto que los empresarios vinculados al proyecto y beneficiarios directos de la concesión propuesta han mantenido relaciones cercanas con administraciones del PNP y con figuras políticas que hoy ocupan posiciones de poder y de los cuales han sido donantes generosos. La pregunta que surge, inevitable y necesaria, es por qué un alcalde insiste en construir lo que no ha podido justificar. ¿A quién sirve realmente esta obra? ¿Qué interés público se adelanta con la privatización de un parque costero? ¿Por qué se pretende alterar un espacio diseñado para la recreación y la salud comunitaria sin evidencia de necesidad?

La lucha ciudadana, acompañada por la minoría legislativa, culminó en una demanda contra el alcalde. No fue un acto de confrontación gratuita ni un gesto político vacío. Fue la consecuencia lógica de un proceso marcado por la opacidad, la falta de documentos y la negativa del Ejecutivo a someter el proyecto al escrutinio público. Cuando un gobierno se niega a proveer información, la ciudadanía tiene el deber —y el derecho— de exigirla por las vías que la ley dispone. La demanda es, en ese sentido, un mecanismo de defensa democrática: una herramienta para obligar al gobierno a rendir cuentas y a justificar sus decisiones.

Conviene recordar, en este contexto, cuál es el deber de un alcalde con su gente. No es proteger intereses privados, ni adelantar proyectos sin fundamento, ni convertir el patrimonio público en moneda de intercambio político. Su deber es gobernar con transparencia, escuchar a la comunidad, proteger los recursos naturales y garantizar que cada decisión responda al bienestar colectivo. La administración pública no es un ejercicio de terquedad, sino de responsabilidad. Un alcalde no está llamado a imponer, sino a justificar; no a ocultar, sino a explicar; no a persistir en el error, sino a corregirlo cuando la evidencia lo exige.

Por eso es importante afirmar que todavía está a tiempo para retroceder. La historia política está llena de momentos en los que líderes corrigieron el rumbo y fortalecieron su legitimidad al hacerlo. Cambiar de opinión no es un signo de debilidad, sino de madurez. Como escribió Séneca, “errar es humano; perseverar en el error es diabólico”. Y Marco Aurelio, en sus Meditaciones, recordaba que “si alguien me muestra que estoy equivocado, cambiaré; busco la verdad, y la verdad nunca ha dañado a nadie”. Rectificar no disminuye a un gobernante: lo engrandece.

San Juan no necesita otro estacionamiento en el Parque del Tercer Milenio. Lo que necesita es un alcalde dispuesto a escuchar, a rectificar y a reconocer que la ciudad se construye con la gente, no contra ella. La lucha continúa, y la puerta para corregir sigue abierta. Recapacitar, en este caso, sería un acto de valentía y un gesto de respeto hacia la ciudadanía que ha defendido este parque durante décadas.

 

Inteligencia Artificial, fuerzas productivas y relaciones de producción

 

Especial para CLARIDAD

La Inteligencia Artificial (IA) y las tecnologías relacionadas no deben analizarse como una amenaza abstracta, espiritual o existencial por sí mismas, sino como parte del desarrollo de las fuerzas productivas dentro del modo de producción capitalista. El modo de producción capitalista es un sistema socioeconómico basado en la propiedad privada de los medios de producción y en el uso del trabajo asalariado. El desarrollo de las fuerzas productivas es el proceso continuo mediante el cual la sociedad incrementa y mejora su capacidad para producir bienes materiales a través de la evolución de la tecnología, la ciencia, los medios de trabajo y la experiencia de los trabajadores.

La amenaza para la humanidad no radica en la tecnología en sí, sino en las relaciones de producción —la propiedad privada y la búsqueda de ganancias— bajo las cuales esta se desarrolla. La búsqueda de ganancias puede colocar la rentabilidad por encima de las necesidades humanas y deshumanizar la producción, reduciendo a las personas a simples números, piezas de una máquina o recursos intercambiables en favor de la eficiencia y el lucro. Estas tecnologías no son herramientas neutrales, sino productos de las relaciones sociales de producción del capitalismo contemporáneo.

El desarrollo de las fuerzas productivas —la tecnología, la ciencia y el trabajo— está condicionado por las relaciones de producción —la propiedad privada y la búsqueda de ganancias—. En el capitalismo actual, la IA funciona como una mercancía y como un mecanismo de extracción y procesamiento de datos. Su desarrollo está orientado, en gran medida, a maximizar la valorización del capital, reducir los costos de producción y reproducir determinadas normas e intereses ideológicos del sistema dominante.

La Inteligencia Artificial y las tecnologías relacionadas poseen el potencial material de reducir drásticamente el tiempo de trabajo necesario, liberar a la humanidad del trabajo precario y alienante y orientar la producción hacia la satisfacción de las necesidades sociales. Sin embargo, el capitalismo genera una contradicción en sí mismo, en lugar de eliminar el trabajo precario, la tecnología puede utilizarse para ejercer un control cada vez más estricto sobre los procesos laborales y precarizar el empleo, subordinándolo a la lógica de la ganancia y la obsolescencia. La opresión se agudiza cuando la IA se convierte en una herramienta de supervisión panóptica en los centros de trabajo, mediante algoritmos que pueden medir la productividad casi al segundo, intensificando así el control y la explotación laboral.

Para el capitalismo, la Inteligencia Artificial y las tecnologías relacionadas representan una forma de automatización extrema. Los capitalistas introducen maquinaria con el objetivo de reducir el costo del trabajo vivo, incluidos los salarios de los trabajadores. En esta nueva etapa, se busca automatizar no solo el trabajo físico, sino también determinadas tareas cognitivas. Esto plantea un nuevo problema, la posibilidad de que se prioricen la velocidad, la productividad y el rendimiento económico por encima del bienestar físico y emocional de los trabajadores. El esfuerzo humano puede llegar a ser tratado como una extensión mecánica de los sistemas tecnológicos, fomentando la autoexplotación y una concepción en la que el valor de una persona se mide únicamente por lo que produce. Al mismo tiempo, el conocimiento acumulado y la innovación que transforman la eficiencia de los procesos pueden ser apropiados de manera privada. El conocimiento colectivo de la humanidad —el código, el arte, la literatura, los datos médicos y otras formas de producción intelectual— es utilizado por las corporaciones tecnológicas para entrenar sistemas de IA.

En el capitalismo, el trabajador ya se encuentra alienado de su trabajo y del producto de su esfuerzo, y ahora esa alienación puede acelerarse. El trabajo muerto —la IA acumulada como capital constante— se vuelve contra el trabajo vivo, es decir, contra el trabajador y creador humano. El trabajador puede terminar siendo dominado por un algoritmo que, de manera colectiva, ayudó a construir y que posteriormente puede utilizarse para sustituirlo. Los sistemas de IA absorben datos, experiencias y patrones producidos por millones de seres humanos para aprender de ellos. De esta manera, el conocimiento y el saber hacer de los trabajadores pueden ser apropiados, transformados en capital y posteriormente utilizados para reorganizar o incluso sustituir determinadas formas de trabajo.

La contradicción de las fuerzas productivas —representadas en este caso por la IA y las tecnologías relacionadas— surge cuando estas chocan con las relaciones de producción existentes, particularmente con la propiedad privada de los medios de producción. Solo el trabajo humano genera nuevo valor y plusvalor, del cual se apropia el capitalista. Las máquinas, por avanzadas que sean, transfieren al producto el valor que ya contienen, pero no crean nuevo valor por sí mismas. Si se reemplaza masivamente el trabajo humano mediante la IA y las tecnologías relacionadas, la composición orgánica del capital puede modificarse, aumentando la proporción de capital constante respecto del capital variable. Desde esta perspectiva teórica, este proceso profundiza la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y puede contribuir a crisis económicas, una mayor concentración del capital, el fortalecimiento de monopolios y niveles crecientes de desigualdad.

A esto se suma el problema del consumo. Si la IA desplaza a millones de trabajadores y estos pierden capacidad de compra, surge una contradicción, ¿quién consumirá las mercancías producidas por sistemas cada vez más automatizados? Frente a esta situación, se plantea una disyuntiva entre una mayor concentración de la riqueza en manos de los propietarios de las plataformas y tecnologías, o una democratización del acceso y control sobre dichas tecnologías.

La democratización de la Inteligencia Artificiales posible, pero hay que lucharla. Reorientar la IA y las tecnologías relacionadas hacia el bienestar social exige, desde esta perspectiva, una transformación de la base económica y de la propiedad de los medios de producción, pasando del control privado hacia formas de control democrático y colectivo.

La democratización de la IA puede impulsarse mediante el desarrollo de tecnologías de código abierto (Open Source), la formación de capacidades y la construcción de soberanía digital. La formación de capacidades consiste en enseñar, entrenar y proporcionar herramientas a las personas y comunidades para que puedan realizar mejor su trabajo, resolver problemas de manera autónoma y alcanzar sus objetivos. La soberanía digital es la capacidad de un estado, organización o persona para controlar de forma independiente su propia infraestructura digital, programas, redes y datos para reducir la dependencia de grandes empresas extranjeras de tecnología.

Esto permitiría utilizar la tecnología en función del bienestar humano. La automatización de tareas cognitivas y físicas podría reducir drásticamente la jornada laboral y liberar al ser humano del trabajo tedioso y repetitivo, permitiendo dedicar más tiempo al desarrollo humano, el arte, la ciencia y el ocio creativo, en dirección hacia la emancipación del trabajo. A su vez, una producción automatizada orientada a satisfacer las necesidades humanas, y no exclusivamente a generar ganancias, permitiría aprovechar el potencial de estas tecnologías evitando su utilización exclusiva para la guerra o la destrucción humana. La IA puede entenderse como una herramienta para mejorar la productividad, impulsar la innovación y elevar la calidad de vida, siempre que su desarrollo y utilización estén orientados por criterios sociales, éticos y pacíficos.

La verdadera amenaza para la humanidad no radica en la tecnología en sí, sino en las relaciones de producción —la propiedad privada y la búsqueda de ganancias— bajo las cuales esta se desarrolla. Quién controla la tecnología y cómo la define.

Desde esta perspectiva, las distopías que presentan escenarios en los que un enjambre de bots o robots podría actuar como una supercomputadora capaz de tomar el control de Internet se alejan del problema social fundamental. El objetivo debería ser impulsar esta tecnología de manera que beneficie a los seres humanos y contribuya a protegerlos frente a sus riesgos. La IA puede considerarse el equivalente contemporáneo de algunas de las grandes transformaciones tecnológicas de la Revolución Industrial, como lo fueron las máquinas de vapor en su momento. La humanidad posee hoy una capacidad técnica sin precedentes para incrementar la productividad y reducir determinadas formas de escasez. Sin embargo, para que ese potencial tenga un impacto social positivo, resulta indispensable transformar las relaciones de propiedad y las formas de control sobre los medios de producción.

La disputa geopolítica por la Inteligencia Artificial

Por último, en la lucha geopolítica por alcanzar la hegemonía tecnológica, la Inteligencia Artificial se ha convertido en un elemento estratégico. Donald Trump ha planteado la competencia por la IA como una disputa geopolítica, al afirmar que quien gane en IA “gana en todo”, destacando así la importancia estratégica de esta tecnología. Mientras tanto, los países del bloque BRICS han planteado la necesidad de una gobernanza global de la Inteligencia Artificial basada en la inclusión, el consenso y la cooperación internacional, con un papel central de las Naciones Unidas. Dentro de estas propuestas se encuentran el uso ético y sostenible de la IA, la cooperación tecnológica y el impulso de modelos de desarrollo que contemplen el acceso y la participación de distintos países en las nuevas tecnologías.