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Vivo en un pueblo de cuento: El barbero(5)

Un barbero a la antigua que trabaja con energía eterna

A sus 79 años, Wilfredo Pérez González viste con una elegancia caribeña que desafía el paso del tiempo y la prisa moderna: sombrero bien calado, un bigote impecablemente recortado y la soltura de quien ha hecho de la conversación un arte paralelo al uso de las tijeras. Aunque nació en Utuado, lleva más de medio siglo en Adjuntas atendiendo en su barbería de siete de la mañana a cinco de la tarde, recibiendo diariamente a entre 20 y 30 personas. Heredó la vocación de su padre en una época en la que el recorte costaba apenas «medio peso» ($0.50), y con los años vio cómo sus hermanos y sus propios cuatro hijos también abrazaron el oficio. Hoy, tras haber vivido la evolución de las modas y los cortes modernos, don Pérez, como se le conoce a Wilfredo, defiende la esencia tradicional con orgullo y cierta nostalgia: reprocha abiertamente que muchos barberos de ahora ni siquiera sepan recortar a tijera, recordando la maestría de su infancia: «Mi papá recortaba precioso. Entonces yo me pegaba a él y lo miraba ver recortar tan lindo».

Sus primeros pasos en la profesión no estuvieron exentos de tropezones y anécdotas de aprendizaje. Su padre le puso su primera barbería, pero don Pérez decidió cerrarla porque la familia y los vecinos le llevaban a los niños para que los recortara de gratis, lo que le hacía perder dinero. Para poder cobrar por su trabajo, se fue a la barbería de su hermano mayor, lejos del barrio. Allí vivió uno de sus bautismos de fuego cuando intentó recortar a uno de dos gemelos. Eran iguales y la madre los diferenciaba porque a uno le dejaba las patillas y al otro se las pelaba. El joven Wilfredo se equivocó: «le metí el acero y lo pelé».

Fotos suministradas por el autor

La madre del muchacho despatillado «me quería dar de verdad. Me tuvo corriendo alrededor del sillón. Me riñó hasta el marido». Su hermano tuvo que terminar el recorte, y aunque Wilfredo recogió sus herramientas con la intención de abandonar la profesión para siempre, su hermano lo convenció de quedarse recordándole que «como se aprende a recortar es recortando».

Antes de asentarse definitivamente en Adjuntas, la vida de don Pérez estuvo marcada por mudanzas y sacrificios. En Utuado vivía en casa de su suegra, cerca del cementerio, lo que le obligaba a caminar una hora de ida para llegar a la barbería, otra para ir a almorzar, una tercera para regresar a trabajar por la tarde y la última para regresar a cenar, «y nadie me daba pon». Tras una visita a Adjuntas, decidió mudarse allí. Tiempo después emigró a Ohio, donde trabajó tres años, pero regresó a Puerto Rico a raíz del suicidio de su suegro, ocurrido apenas dos días después de que la esposa de don Pérez diera a luz. De vuelta en Adjuntas, comenzó a trabajar en el local de un barbero agricultor que necesitaba tiempo para atender su finca de café y le cedió el sillón temporalmente. Poco después, con un préstamo de $500, logró abrir su propio negocio, trabajando en aquella etapa inicial hasta las once de la noche.

Atender a una clientela diversa durante más de cinco décadas convirtió su barbería en un escenario de historias insólitas. Una vez, un cliente se sentó en el sillón, sacó un revólver del bolsillo y le pidió a don Pérez que se lo guardara. Asustado, el barbero le pidió que se lo volviera a poner donde lo traía; lo recortó en silencio y el hombre nunca regresó. En otra ocasión, un muchacho con camiseta roja entró a toda prisa pidiendo que lo pelaran al cero. Mientras el hijo de Wilfredo lo atendía, un policía exhausto se asomó a la puerta preguntando por el joven de rojo. Fue entonces cuando don Pérez notó que el cliente llevaba un revólver oculto en la cintura, a la espalda. Los barberos temieron que se produjera un tiroteo dentro del local, pero antes de que sonaran las pistolas, el joven saltó del sillón y huyó a la carrera, dejando atrás la camiseta roja para cambiarse sobre la marcha. El agente, sin aliento para perseguirlo, les explicó que el sujeto acababa de asaltar el banco de la plaza, mientras decenas de policías corrían frente al negocio tras el atracador en fuga.

Más allá de los sobresaltos, el pilar de su vida ha sido la ética de servicio que le transmitió su padre: que un barbero debe ser, ante todo, una buena persona y portarse bien con la gente, «porque uno vive de los clientes. Los clientes no viven de nosotros». Su padre también le enseñó que «cuando se enferma un cliente hay que ir a su casa a recortarlo sin cobrar. Mi papá era así». Fiel a esa enseñanza, don Pérez cobra el recorte a $12 o a lo que la persona pueda pagar si atraviesa por una necesidad; a los niños siempre les devuelve un peso y a muchos nunca les ha cobrado. En varias ocasiones durante la entrevista se le nublan los ojos, como cuando recuerda a un niño al que no solo recortaba de gratis, sino a quien le daba un par de dólares sabiendo la extrema pobreza de sus padres. Hace unos seis meses, aquel niño —convertido ya en un adulto, padre de familia— regresó de Estados Unidos a la barbería. Don Pérez no lo reconoció a la primera: «El muchacho me dio un beso y le dijo a sus hijos y a su esposa que hicieran lo mismo, presentándome como abuelo, que yo soy su abuelo».

Esa vocación de ayuda mutua también se refleja en la solidaridad de sus vecinos y clientes habituales, que incluyen desde personas de la zona, Ponce y San Juan, hasta figuras como el cantante Tony Croato (1940-2005) o el cofundador de Casa Pueblo, Alexis Massol. «A mí si no pueden pagarme no me pagan, pero mira, me traen mamey, malanga, aguacate y hasta pollo para que yo haga caldo», comenta agradecido.

Ese intercambio comunitario se entrelaza con el apoyo que ha recibido del proyecto autogestionado del pueblo. Casa Pueblo es una organización de base comunitaria fundada en Adjuntas en 1980 que promueve la protección del medioambiente, la cultura y la autosuficiencia energética en la Cordillera Central. Tras el paso del huracán María en 2017, la entidad impulsó un modelo de transición solar para energizar comercios y hogares esenciales del municipio, reduciendo la dependencia de la red eléctrica estatal.

Don Pérez está profundamente agradecido con Casa Pueblo por la ayuda brindada a él y a muchos otros vecinos. Recuerda que al día siguiente de la devastación del huracán María él ya estaba recortando en su negocio sin luz propia, alimentando sus máquinas gracias a una larga extensión eléctrica que le tendió una vecina desde la esquina. «Entonces apareció don Alexis y me pidió mi factura de la luz, la miró y me preguntó si se la podía llevar. Se la llevó y luego regresó y me dijo que me iban a poner las placas solares. Pasé de pagar $80 o $90 al mes a no pagar nada. El otro día tuve un problema con las placas y me llegó una factura de ciento y pico. Pero la semana pasada me pusieron placas nuevas que ya están funcionando».

La vida también le ha asestado golpes profundos. Don Pérez ha sufrido la pérdida de dos de sus hijos, ambos barberos también; uno de ellos, que trabajaba mano a mano con él en el negocio, falleció recientemente en un accidente automovilístico. Sus otros dos hijos viven en Estados Unidos, donde se desempeñan con éxito en el mismo oficio. Don Pérez se siente orgulloso de haberlos criado, educado en las barberías, enseñado a conducir y comprado sus primeros vehículos. Hoy, viviendo solo y a sus 79 años, la barbería sigue siendo su espacio vital y su punto de encuentro con la comunidad.

Retirarse no está entre sus planes porque el local es el lugar donde mantiene vivos los afectos y la memoria de su familia: «¿Qué voy a hacer en mi casa si vivo solo? Aquí me entretengo y estoy con la gente». Mientras las tijeras sigan sonando en esa calle principal de Adjuntas, don Pérez continuará abriendo la puerta cada mañana, sosteniendo un oficio que para él nunca ha sido un simple trabajo, sino una forma de estar en el mundo. ie

José Félix (Jofe) Gómez en De tal palo… y ¿Quién eres tu?

De tal palo… (director y autor Iván Dariel Ortiz; cinematógrafo Jaime Costas; elenco José Félix Gómez, Milena Elisa Soltero, Denise Quiñones, Dolores Pedro, Millie Ruperto, Idenisse Salamán)

Después de estar en cartelera varias semanas, pude ver el hermoso e impactante filme de Iván Dariel Ortiz, De tal palo… que me estremeció por su capacidad de decir tanto con un diálogo muy parco y una historia que depende casi únicamente de lo sugerido y presentado en escenas casi como fotografías encontradas en una caja llena de recuerdos. Manuel es un hombre que a su edad ha sabido enfrentarse a pérdidas, situaciones imposibles de cambiar y a vivir solo con sus recuerdos que lo llenan de felicidad porque el tiempo no los borra. Tiene su rutina, vecinos que están pendientes de que coma bien y no se sienta tan solo. Pero, Manuel también es muy defensivo de su privacidad y confía en su capacidad de resolver sus problemas sin depender de otros. Todo esto cambia cuando su hija Emma—esa que tanto ama pero que vive alejada de él—es llevada de emergencia al hospital y tiene que hacerse cargo de su nieta Irene, a quien apenas conoce. Le guste o no, Manuel ahora tiene que asumir responsabilidades que le impone el estado y estará supervisado por agencias que le exigen responsabilidades para las que no está impuesto. Ahora sus decisiones afectan a otrxs y su metódica vida cambia de velocidad y de responsabilidades.

¿Cómo puede Manuel ganar la confianza de una extraña, no importa si es su nieta? ¿Cómo no pasar juicio ante la violencia desplegada en privado y ocuparse ante todo por la persona afectada? ¿Cómo cambiar su propia normalidad que le da balance y armonía? ¿Cuándo aceptar que ya no tiene control sobre su propio cuerpo y mente? Este es el cuadro humano que logran presentar el director y autor Iván Dariel Ortiz, el cinematógrafo Jaime Costas y de manera sobresaliente el destacado actor teatral y de cine, José Félix Gómez. Nada de esto debe sorprendernos ya que Dariel Ortiz es el director de Héroes de otra patria (1996) y El cimarrón (2006) y Jofe protagonizó el filme de Ari Maniel Cruz ¿Quién eres tú? (2018). Este destacado actor teatral le tocó volverse Baby, Mandrake y Papa Morrison ante la pérdida de Francisco Prado en la obra de Luis Rafael Sánchez, “Quíntuples”. Desde entonces, junto a Idalia Pérez Garay, cada puesta en escena ha sido una obra de arte. Hace poco, ambos actores pasaron la batuta a una nueva pareja escénica.

De tal palo… es otra muestra de un cine puertorriqueño que se mira en su propio espejo para presentar historias que marcan nuestra humanidad en estilos particulares a nuestra idiosincrasia con el profesionalismo que exige el cine que queremos llevar a las salas de cine y exportar a la audiencia y espectadorxs del mundo. Así se ha hecho con las excelentes comedias que el grupo actoral Teatro Breve nos ha presentado recientemente (Picando alante y  Parto) y anteriormente las producciones de Ari Maniel Cruz, Antes que cante el gallo (2016) y ¿Quién eres tú? (2018) donde en este último José Félix Gómez ofreció una destacada actuación. Rescato una versión acortada de ese filme que tanto me impresionó.

Rescate del pasado

¿Quién eres tú? (director y guionista Arí Maniel Cruz; autor Enrique Vázquez Quintana; cinematógrafo Santiago Benet Mari; elenco José Félix Gómez, Teresa Hernández, Kisha Tikina Burgos, Cordelia González, Fernando Tarrazo, Junior Alvarez, Magali Carrasquillo, Carlos Esteban Fonseca, Jimmy Navarro, Carlos Miranda, Marisé Alvarez, Eyra Agüero Joubert, Awilda Sterling, Luis Gonzaga, Livan Albelo, Julio César Morales, Nicole Betancourt)

El tercer largometraje narrativo de Arí Maniel Cruz, nos presenta un producto fílmico aún más pulido que los anteriores por su historia, su estilo de contar, su fascinante fotografía y un despliegue de actorxs en su mejor momento en escena. Logra su elocuencia al pasar del tiempo, sin detenerse en un cuadro en específico sino contando los días, semanas, meses y años en que la Aurora que su marido e hijos conocieron va desapareciendo. El marco político que aparenta ser central a la trama y que se convierte en casi un retrato de nuestro presente nos llega a través del periódico, los noticiarios y las visitas de extraños. Pero alerta: esta historia recoge el pensamiento y comportamiento del puertorriqueñx de hoy que está al tanto de las maromas políticas de los gobernantes (incluye los legisladores y asesores que siguen su normalidad como si la crisis económica no les afectara), tiene que lidiar en todo momento con los obstáculos y trampas que nos ponen, directa o indirectamente la sociedad en que nos movemos (empleo, necesidades, deudas) y un entorno familiar siempre complicado por la calidad de vida que queremos darle. En este caso la crisis familiar se centra en cómo afecta el Alzheimer prematuro a Aurora, su marido Eduardo y sus seis hijos, dos de ellos—la mayor y el menor—más directamente.

Eduardo, médico cirujano, puede cuidar de Aurora, aún en sus peores momentos cuando su salud mental se deteriora hasta no reconocer a nadie, ni poderse valer por sí misma en las acciones más básicas, para convertirse en una sombra de lo que fue. Su marido logra darle calidad de vida al mantenerla en su propia casa y hacerla el centro de su atención. Fueron más de 30 años de matrimonio y 11 años desde su diagnóstico a los 58 años y su muerte rodeada de sus seres queridos. Como la mirada es estrictamente de Eduardo, seguimos su vida rutinaria que integra su profesión, sus ambiciones políticas, su vida social y su hogar. Esa casa que una vez tuvo muchos hijos y ayuda doméstica, ahora solamente lo integra Aurora, la visita esporádica de la hija mayor, Belén, la única que reside en la isla, la estadía en recesos académicos del hijo menor, Ernesto, que estudia medicina en los Estados Unidos.

Mientras Aurora va empequeñeciendo mental y corporalmente, Eduardo comienza a prestar atención a sus propios cambios: los riesgos de involucrarse en la política partidista, las amenazas a su propia práctica médica, cómo sentirse al manejar una nueva relación sin quitarle un ápice del amor que siente por su esposa, el hacer entender a los hijos varones (aquí, por lo menos, las hijas no se oponen a esa nueva relación) de que su vida no termina con la enfermedad de la pareja y que el amor no tiene límites.

Las actuaciones de cada uno de los integrantes de este proyecto fílmico son excelentes: José Félix Gómez como narrador-protagonista, Teresa Hernández como Aurora en un papel que casi—solo casi—supera sus maravillosos performances a través de su carrera teatral, Kisha Tikina Burgos como Belén la hija mayor con todas las dudas que alberga del bienestar de los padres y el amor a su familia, y Cordelia González como la Dra. Helena de León, quien no ve ninguna contradicción entre preocuparse y compartir con Aurora y mantener una relación con Eduardo.

El tema de la degeneración mental y física de un ser cercano por la incurable enfermedad del Alzheimer puede convertirse en tema común en el cine. Pero este no es el caso de ¿Quién eres tú? que logra contar una historia con mirada muy particular comparable con los excelentes filmes Iris (2001) sobre la escritora y filósofa inglesa Iris Murdoch, Away from Her (2006) y Still Alice (2014).

Teatralidades de la cultura: Yuyachkani regresa a Puerto Rico

Dos integrantes del veterano grupo de teatreros participarán de un conversatorio y tres funciones en el país

En Rojo

En el marco del 56to Festival de Teatro Internacional, organizado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), el colectivo peruano de teatro Yuyachkani regresa al país a presentar la obra unipersonal Des-conocido y a discutir las “teatralidades de la cultura” estos próximo 13, 14 y 15 de noviembre, desde el teatro Victoria Espinosa.

Dos integrantes del grupo– formado hace 55 años– participarán, el 14 de noviembre a las 11:00 a.m., del conversatorio gratuito para el público. El actor Julián Vargas y el director Miguel Rubio Zapata, asimismo, presentarán Des-conocido el 13 y el 14 de noviembre, a las 8:00 p.m., y una última función el domingo 15, a las 4:00 p.m. Para Rosa Luisa Márquez, una de las organizadoras del evento, se trata de un grupo similar a Anamú, El tajo del alacrán o Moriviví.

“Coincide, en ellos, con eso, pero ellos siguieron y nosotros no. Ellos empezaron aliados a una protesta minera. Vestían, al principio, mahones y camisetas. Y en un momento, en una de las comunidades a las que fueron, una de las personas de la comunidad les dijo ‘bonita su obra, qué pena que olvidaron los vestuarios’. Y eso los hizo mirar hacia el país (Perú), y ver a un país riquísimo en teatralidades. Es un país que tiene máscaras, que tiene danzas, que tiene celebraciones a la menor provocación”, compartió la teatrera con En Rojo.

Márquez describe a Yuyachkani– que significa “estoy pensando, estoy recordando”– como «una academia de Perú» que, en lugar de la academia, se dedica al teatro. El colectivo se distingue por su formación en distintas artes, como las danzas peruanas, las artes marciales y la música. A diferencia de Anamú, El tajo del alacrán o Moriviví– reparó la teatrera– el grupo ha presentado sus obras, de modo sistemático, desde hace más de cuatro décadas.

“Para nosotros, es un universo bizarro porque nosotros hacemos obras, las montamos dos fines de semana y se acabó. Aquí el equivalente sería Una de cal y una de arena, de Agua, Sol y Sereno, pero esto (Yuyachkani) es continuo. Ellos tienen un teatro de repertorio donde repiten las obras. Acabamos de ir a un encuentro internacional y presentaron 11 obras. Una de ellas vino a Puerto Rico en 1992. Es un repositorio, de los grandes grupos del teatro latinoamericano”, continuó.

En Teatralidades de la cultura, el grupo conversará con relación a su trasfondo como grupo. Vargas compartirá su desarrollo como músico, mientras que el documentalista Miguel Villafañe compartirá un fragmento del taller que hicieran por motivo de las más de cinco décadas de Yuyachkani. La visita del grupo estará dividida en tres componentes: la celebración de sus 55 años como colectivo, la discusión del trabajo de Vargas y la presentación de Des-conocido.

Una relación desde finales de 1980

 Rosa Luisa Márquez cuenta que siempre quiso irse «con el circo». Es decir, siempre quiso estar cerca de aquellos ambientes y aquellas cosas que le atraían del teatro. Pero la vida, contó como quien enumera una larga lista de diligencias, le deparó un camino dedicado a la academia, a terminar el doctorado. En 1978, comenzó a dar cátedra de teatro en el Recinto de Río Piedras, no sin antes haberse fugado con dos o tres circos.

“En los años ‘70, aquí hubo festivales de teatro latinoamericano importantes, y esos fueron los años formativos míos. Yo vi ahí, en esos festivales, modelos. Esa presencia de la creación colectiva, del teatro de grupo fue la que me formó como universitaria. Al margen de la universidad, porque la universidad era más tradicional. Era apréndete este libreto y no te choques con los muebles”, relató la productora de Veinte-tú, Donde el viento hace buñuelos y otras obras.

Esas experiencias “marginales” llevaron a Márquez a fungir, desde su rol docente, como un enlace entre artistas de América Latina y la Universidad de Puerto Rico (UPR). Desde allí, trajo a maestros como Augusto Boal y The Bread & Puppet Theater para que presentaran obras en el país. En 1989, la dramaturga conoce a Yuyachkani desde la Escuela Internacional de Teatro para América Latina y el Caribe (EITALIC), dirigida por el guionista argentino Osvaldo Dragún.

“El taller de 1989 fue un pueblo en las sínsoras, como a diez minutos de San Antonio de los Baños, llamado Machurrucutu. Ahí se establece esa escuela, y Dragún nos invita a Antonio Martorell y a mí como gestores de un teatro que nosotros llamábamos gráfico-teatral. Vino, además, el señor Vicente Revuelta, de Cuba; el Teatro La Candelaria, de Colombia; y Yuyachkani, de Perú. De ahí viene ese ‘click’”, continuó Márquez.

Un año después, trajo por primera vez a Miguel Rubio para dar un taller a los Teatros Ambulantes de Cayey, donde se consolidó el vínculo. La relación floreció, desde entonces, con nuevos viajes hacia Cuba para la EITALIC y otras colaboraciones entre los distintos teatros de América Latina. A lo largo de 15 años, se organizaron 32 talleres. La idea, explicó, era que los diversos grupos conocieran los diferentes teatros del continente.

Yuyachkani vuelve con Des-conocido

Fotos suministradas por la entrevistada

En esta ocasión, Yuyachkani presenta su obra unipersonal Des-conocido, que trata sobre las experiencias que tuvo Julián Vargas durante sus visitas a un hospital de salud mental, en Perú. A partir de aquellas vivencias y sus obsesiones, cuenta Márquez, el actor armó la obra con Miguel Rubio.

“Cada actor tiene un universo personal que trae al laboratorio de trabajo y el dramaturgo-director, que es Miguel Rubio, compone. Los provoca, ellos improvisan, traen información y él va construyendo la obra con ellos. Los actores de Yuyachkani son dueños de lo que dicen. No tienen un libreto de nadie. Ellos hablan desde ellos mismos”, describió sobre el estilo de Yuyachkani.

La obra parte desde la perspectiva de un protagonista ingresado en una institución psiquiátrica que, poco a poco, va perdiendo la razón. No se sabe, en ese desdoblamiento, si el actor habla desde su personaje o su posición como actor, o si el personaje simula una metalepsis (rompe la cuarta pared). Yuyachkani ha descrito esta forma de arte como “Teatro del Inconsciente”.

“Es una pieza conmovedora” concluyó Márquez.

Los boletos para Des-conocido están disponibles en Boletera.net. El conversatorio es gratis.

El mito del “héroe de la toalla”

 

Especial para En Rojo

El 30 de octubre de 1950 mientras en varios pueblos de Puerto Rico hubo combate armado contra el régimen colonial por parte del Partido Nacionalista de Puerto Rico, su líder, Pedro Albizu Campos, se mantuvo en la Junta Central del partido en el Viejo San Juan.

Elio Torresola, líder nacionalista de Jayuya, explicó que la permanencia de Albizu Campos en la Junta era parte del plan que se había trazado, pues el máximo líder había dicho que cuando estallara el levantamiento permanecería momentáneamente en San Juan, ya que tenía una vigilancia constante de agentes de la Seguridad Interna y cualquier movimiento suyo delataría el proceso revolucionario.[1] 

Albizu se encontraba junto a las nacionalistas Doris Torresola y “Carmín” Pérez. Albizu pudo haber despachado a sus dos compañeras, pero no lo hizo, así que es lógico pensar que quería que combatiesen junto a él. Albizu recuerda que, como a la una de la tarde del 30 de octubre las fuerzas del régimen abrieron fuego de ametralladoras, fusiles, carabinas y revólveres[2]. Señaló, además, que el ataque fue “rechazado en la forma que es dominio público”[3]. Ante el cerco de la policía, José Muñoz Matos, decidió batirse a tiros con la policía para entrar a la Junta, pero estaba cerrada.  Como no le abrían tuvo que disparar a la cerradura para entrar, y no fue acribillado a balazos porque fue reconocido a tiempo por sus compañeros[4].

En el intercambio de disparos entre los nacionalistas y la policía, Doris Torresola fue herida, y sus compañeros le dieron los primeros auxilios: “Estaban tirando por la ventana y Doris Torresola se asomó, fue cuando la hirieron con una bala en el tórax. La atendimos. Albizu le puso unos algodones. Le dimos las primeras ayudas que se le dan a una persona herida. Sangraba”[5].

 Ante la gravedad de la situación, Albizu le ordenó a Carmín y José Muñoz sacar a Doris para llevarla al hospital y salvar su vida: “Salimos. Ellos se nos fueron detrás, nos rodearon. No sé dónde cogieron a Muñoz Matos”[6].

Luego el ex-comandante de los cadetes del municipio de Humacao en la década de 1930, Álvaro Rivera Walker, logró burlar la vigilancia de las autoridades represivas del régimen, y logró entrar a la Junta. Una vez adentro, se sentó junto al líder nacionalista a escuchar las noticias de la radio que daban cuenta de la Insurrección[7]. Los oficiales de la Guardia Nacional también fueron movilizados para participar en el asedio que mantenía la policía y los federales en la Junta Nacional.

Ramón Medina cuenta que Álvaro le relató que la noche del 30 y la del 31 no pudieron dormir porque a menudo los agentes disparaban, “…y las balas pasaban a través de las puertas de madera rebotando en las paredes”, y como mejor pudieron se acomodaron en un rincón para evitar ser asesinados[8]. A Miñi Seijo le contó sobre el estado de tensión que vivieron mientras resistieron a tiro limpio:

Entré y había una pistola, otro revólver y otro más. Para la pistola había como unas setenta y cinco balas y para el revólver había como unas veinticinco o algo así. Recuerdo que la policía nos decía que nos rindiéramos y, cuando ellos se localizaban de modo que nosotros pudiéramos contestarle, nosotros le contestábamos el fuego para tenerlos a distancia.[9]

Ambos resistieron sin luz, sin agua, y con poca comida, tres noches y cuatro días, desde el 30 de octubre hasta el 2 de noviembre. Es muy posible que la intención, como señala el Dr. Ovidio Dávila Dávila, era “de crearle una terrible tensión emocional y una total imposibilidad de descanso o sueño”.[10] Según el gobernador Luis Muñoz Marín, lo mantenía asediado, pero no arrestaba a Pedro Albizu Campos ya que, aunque sabía que el líder nacionalista era el responsable intelectual, no había podido conectársele legalmente hasta ese momento con lo ocurrido.[11] Así lo anunciaría en una conferencia de prensa ofrecida el 1 de noviembre, pero no explicó por qué la policía y la guardia nacional disparaban hacia la Junta Nacional, si no tenían la orden de arresto. Finalmente, el 2 de noviembre los agentes recibieron la orden de arresto. Como consecuencia, la policía y la Guardia Nacional comenzaron a disparar e iniciaron un fuerte ataque con gases lacrimógenos para sofocarlos y rendirlos. Rivera Walker relata lo siguiente:

Esa noche don Pedro me dijo que me recostara mientras él hacia guardia y bastante tarde en la noche vino el ataque con gases lacrimógenos. No sé a qué hora más o menos sucedió eso, pero debe haber sido como a las doce, o la una de la mañana, o algo así.

Después del ataque yo me levanté, porque por la ventana donde yo dormía fue que rompieron haciendo una descarga de balas y por ahí nos lanzaron las bombas lacrimógenas. Eso lo hicieron de la casa contigua. Aunque la verdad que ya casi todas las puertas y ventanas las habían tumbado a tiros. Esa casa por dentro era como un guayo. Usted veía por todas partes como si hubieran ido haciendo hoyitos, y eran balas que venían de afuera.

Habíamos puesto una muralla de libros en las puertas, bajitos….[12]

Mientras resistían, Albizu Campos, según recuerda Rivera Walker, aún mantenía la esperanza de que las autoridades internacionales reaccionaran e intervinieran en Puerto Rico.[13]  Él confió en las Naciones Unidas porque estaba seguro de que una comisión de dicha organización estaría de camino a Puerto Rico.[14] Luego el capitán de la policía, Benigno Soto, lo llamó para que se rindiera y al no recibir inmediata contestación, los tiradores de la policía que se encontraban en la azotea de la casa de enfrente y por la puerta a cuyo lado estaba colocada la cama de Don Pedro entraron balazos de metralla y seguidamente entraron las bombas lacrimógenas. Los disparos no hirieron al líder ya que pasaron sobre él, pero una bomba lacrimógena le cayó encima.[15]

Anna Feigenbaum, autora del libro “Tear Gas”, informa lo siguiente sobre los efectos de los gases lacrimógenos:

Tear gases are designed to attack the senses simultaneously, producing both physical and psychological trauma. In medical terms, tear gas operates on    multiple sites of the body at once, primarily affecting the mucous membranes and respiratory system. It can cause excessive tearing, burning, blurred vision,  redness, runny nose, burning of the nostrils and mouth, difficulty swallowing, drooling, chest tightness, coughing, a choking sensation, wheezing, shortness   of breath, skin burns, rashes, nausea, and vomiting. Tear gas has also been linked to miscarriages, and to long-term tissue and respiratory damage.[16]

Sobre los efectos de disparar gases lacrimógenos en espacios cerrados informa lo siguiente:

Firing tear gas into an enclosed space significantly elevates the risk of serious  injury and death from inhalation. It invokes trauma and anxiety in choking   people in poorly ventilated spaces where there are no clear exits, which can lead to trampling and asphyxiation.[17]

Como consecuencia del ataque con gases asfixiantes en el lugar cerrado donde se encontraban, Albizu Campos quedó ciego y le dio un ataque de tos, por lo que Rivera Walker decidió socorrer y salvar a su “maestro”:

El gas es una cosa que le priva a usted de la vista y de la respiración. Una persona que reciba gas está indefensa y no puede pelear. Fue entonces que don Pedro me dijo: ‘Tenemos que bajar de aquí’. Yo le dije: ‘Aguárdeme ahí en lo que me pongo la camisa y los zapatos’, pero no encontré los zapatos. Cuando yo bajé del cuarto, don Pedro estaba al principio de la escalera esperándome. Entonces yo pasé al comedor y se me ocurrió pensar que allí abajo habían matado a uno que trató de entrar. La policía lo mató. Cayó en la escalera, allí. Nosotros sentíamos los quejidos del hombre, pero no podíamos bajar a socorrerlo. Entonces a mí se me ocurrió que, como era tarde en la noche, el pueblo no está observando, no está viendo, pues que era un momento propicio para poder asesinar a don Pedro sin que el pueblo se diera cuenta, y entonces decir que bajaron de allá arriba disparando y tirando tiros y hubo que matarlo.

Se me ocurrió que eso podía evitarse rindiéndose. Cogí una servilleta que había en una mesa y la saqué por el balcón indicándoles que nos rendíamos, y ellos contestaron: ‘Sí, bajen, sabemos que se rinden’.

Pero don Pedro no supo nada de eso. Fue solamente decisión mía. Don Pedro estaba en la escalera tratando de reponerse y esperándome para bajar. Entonces dejé esa servilleta o paño de mesa que teníamos, la dejé en un palo de una escoba, que era lo que había allí, y bajamos.[18]

Al bajar, Álvaro enseñó el paño en señal de rendición —de ello existe una fotografía en la que se le puede identificar— y ambos fueron registrados y arrestados. Este suceso fue distorsionado por el gobierno colonial con la intención de representar a Albizu Campos como un cobarde que se rendía con una toalla sobre un palo de escoba. El Diario de Puerto Rico, vocero del Partido Popular Democrático, partido administrador de la colonia, como parte de su propaganda contra Albizu y los nacionalistas, alimentó el mito con el artículo “El héroe de la toalla”, en el que se insulta a Albizu de múltiples maneras. El autor del artículo le llama “criminal vulgar”, “general de operata”, “gran Capitán Araña de la revolución en miniatura”, “Soldado de Chocolate”, “general de agua dulce”, “despreciable muñeco”, “líder de cartón”, considera su rendición como “vergonzosa”,  y miente e indica que “Albizu no hizo resistencia” y que cambió sus “bombas y sus pistolas por una escoba y una toalla y como un agozado salió a rendirse, seguido del gran edecán que lo acompañaba”.[19] Para Álvaro Walker, decir que Albizu fue quien izó la bandera blanca era “un ultraje a su esclarecida persona”.[20]

El gobernador Muñoz Marín también participó en la campaña de recurrir a la mentira para presentar irónicamente al líder nacionalista como un cobarde. Indicó que su mayor indignación había sido ver como Albizu Campos “se rindió a la primera bomba lacrimógena”.[21] También, manifestó que cuando se rindió, su gobierno le dio “toda la protección que las instituciones civiles y constitucionales brindan hasta al más irresponsable y peor ciudadano de una democracia”.[22] Tal parece que, con esta narrativa, el gobernador intentó ocultar los atropellos y las violaciones al debido proceso de ley cometidos durante el asedio.

El jefe de la Policía, Coronel Salvador Roig, también participó del plan que buscaba ocultar el exceso de fuerza utilizado para lograr el arresto de Albizu Campos y su compañero de lucha. Roig mintió al asegurar que en el arresto no se dispararon tiros[23]. El periodista E. Combas Guerra, del periódico El Mundo, también participó de la campaña de desprestigio cuando escribió: “El arresto de Albizu Campos y su acompañante en el local de la Junta Nacional del Partido Nacionalista se llevó a efecto sin que se hiciera un solo disparo de bazuka o de otra arma de fuego…” Según él, sólo se habían utilizado bombas lacrimógenas.[24]

En el panfleto antialbizuista Pedro Albizu Campos: Leyenda y realidad, de Roberto F. Rexach Benítez, publicado en 1961, el autor reproduce la mentira y la versión oficialista con el propósito de denigrar la figura del patriota: “En la segunda, sitiada su residencia por agentes del orden público, durante los sucesos sangrientos de 1950, el señor Albizu Campos, en gesto patético, enarboló una toalla sobre un palo de escoba en señal de rendición”.[25]

 Albizu Campos será transportado al Cuartel General de la Policía y al ver a los periodistas que lo esperaban, aún con los ojos hinchados como consecuencia de los gases lacrimógenos, dijo: “Salud a todos. Agradezco profundamente la visita. Diré que la Patria está pasando por su transfiguración gloriosa. Cumpliendo con mi responsabilidad histórica creo mi deber no hacer declaración adicional alguna. Eso es todo”.[26] Para maltratarlo, pues debían saber que sufría de los pulmones, fue encerrado en una buhardilla que servía de archivo, sin puertas ni ventanas, o sea, sin una buena ventilación, a excepción de la entrada de hierro. Tampoco tenía agua, luz, baño o inodoro.[27] Ahí se le mantuvo hasta el 12 de noviembre, según él indicó. Informó, además, que se abstuvo de declarar al ser interrogado por el fiscal José C. Aponte, quien le dijo: “Entonces usted se ampara en el derecho que le da la Constitución de los Estados Unidos a no declarar si puede con ello incriminarse”, a lo que Albizu le contestó: “Me amparo en el derecho a la revolución”.[28]

Notas
[1]   Miñi Seijo Bruno, La Insurrección Nacionalista en Puerto Rico 1950 (San Juan, PR: Editorial Edil, 1997) p. 178.
[2] Benjamín Torres, Pedro Albizu Campos, obras escogidas, 1936-1954 (San Juan, PR: Editorial Jelofe, 2022), p. 269.
[3] Ibid.
[4]   Juan Antonio Corretjer, “Alvaro Rivera Walker: aclaraciones a un inmortal”, Claridad, 27 de marzo de 1976, p. 13.
[5]   Testimonio de Carmín Pérez, en Che Paralitici, Claridad, En Rojo, 7 al 13 de diciembre de 1984, p. 23.
[6]   Ibid.
[7]   Ramón Medina Ramírez, El Movimiento Libertador en la Historia de Puerto Rico, (San Juan, PR), p. 318
[8]   Ibid. p. 319.
[9]   Miñi Seijo Bruno, La Insurrección Nacionalista, op cit, p. 178.
[10]  Entrevista al Dr. Ovidio Dávila Dávila realizada el 13 de agosto de 2015, en San Juan, Puerto Rico.
[11] El Imparcial, 2 de noviembre de 1950, p. 5.
[12] Testimonio de Álvaro Rivera, en Miñi Seijo Bruno, La Insurrección Nacionalista de 1950, op. cit., p.178-179.
[13]  Ibid., p. 179-180.
[14]  Juan Antonio Corretjer, “En el cuartel general en 1950”, Bandera, septiembre de 1961, año 2, número 13.
[15]  Ibid.
[16] Anna Feigenbaum, Tear Gas: From the Battlefields of World War I to the Streets of Today, (Verso, 2017), p. 6 y 7.  Agradezco al Dr. Ovidio Dávila por recomendarme este libro.
[17] Ibid. p. 8.
[18]  Miñi Seijo Bruno, La Insurrección Nacionalista de 1950, op. cit., p. 179.
[19] “El héroe de la toalla”, Diario de Puerto Rico, 4 de noviembre de 1950, p. 4.
[20] “Sale en libertad…”, El Imparcial, 4 de enero de 1960, p. 6.
[21] “Muñoz dice que ha terminado ya el atentado contra la paz”, El Mundo, 5 de noviembre de 1950, p. 1.
[22]  “Muñoz destaca la protección dada a Albizu”, El Mundo, 3 de noviembre de 1950, p. 1.
[23] “Niega dispararon en arresto Albizu”, Diario de Puerto Rico, 6 de noviembre de 1950, p. 2.
[24] E. Combas Guerra, “En Torno a la Fortaleza”, El Mundo, 4 de noviembre de 1950, p. 6.
[25] Roberto F. Rexach Benítez, Pedro Albizu Campos: Leyenda y Realidad, p. 7.
[26]  “Albizu Campos era interrogado ayer en el Cuartel General”, El Mundo, 3 de noviembre de 1950, p. 2.
[27]  Luis Nieves Falcón, Un siglo de represión política, 1898-1998 (San Juan, PR: Ediciones Puerto, 2009), p.123
[28]  Pedro Albizu Campos, “Relato de un prisionero de guerra: ‘Me amparo en el derecho a la revolución’”, Claridad, 28 de noviembre de 1972, p. 7.  Véase también Marisa Rosado, Pedro Albizu Campos: Las llamas de la aurora, 2da.ed. (San Juan, PR, 1998), p. 355.

Academia itinerante adiestra a jóvenes en la música

 

 

La iniciativa organiza sesiones intensivas en distintos pueblos del país

CLARIDAD

En miras de acercar la industria de la música a jóvenes de todo el país, la Fundación Rimas lanzó, en alianza con Spotify, la Academia Móvil, un estudio de grabación andante que expone a diversos estudiantes a talleres de escritura creativa, composición, grabación, baile y paneles de discusión con recursos expertos en el tema. La parada más reciente se dio, el 23 de octubre, en Coamo.

Para Yamira Flores Rodríguez, directora de Programas de la Fundación Rimas, la Academia Móvil forma parte de otras dos iniciativas que emprende la organización: una convocatoria de subvenciones para jóvenes universitarios que estudian alguna carrera relacionada con el arte, el deporte o la música; y la Academia, que comprende el vagón viajero y otras ubicaciones fijas en diversos puntos del país. Por último, Rimas tiene un programa de canalización de proyectos filantrópicos.

“Nosotros estimamos que para ahora, 2026, hemos impactado más de 5,000 jóvenes de manera directa e indirecta, porque nosotros nos ubicamos en unos espacios y podemos hacer programas muy intencionados, como este. Aquí trabajamos con 30 jóvenes a la vez, pero está la Escuela Rosalina Caraballo, en el barrio Amelia (Guaynabo), donde tenemos el vagón-estudio fijo con un currículo para más de 200 estudiantes de escuela pública”, compartió Flores Rodríguez.

La directora comentó del entusiasmo que este programa provoca en los diferentes estudiantes que les visitan, particularmente porque muchos no tienen contacto con estas actividades extracurriculares. En el caso de Coamo, los estudiantes de la Escuela José Ignacio Quintón aprovecharon tres días para participar de talleres que, al final, produjeron piezas musicales al son de merengues y plenas.

“Tratamos de buscar municipios donde usualmente no llega este tipo de recurso y repasamos los criterios de vulnerabilidad: índice de pobreza, índice de desempleo. De ahí partimos a reconocer una organización con la que ya hemos trabajado, como es el caso de la Fundación Ángeles del Centro (en Coamo). Respetamos muchísimo a las comunidades y sus criterios”, agregó.

De fondo, mientras Flores Rodríguez hablaba, sonaban los cueros de unos tambores y los mambos de algunas trompetas. Eran, según contaron después, las ediciones finales que recibieron las piezas producidas por los estudiantes. Un merengue acompasado competía por la atención de los reporteros que atendían a la directora de Programas. Al lado, escuchando las canciones con miradas impasibles, otra decena de estudiantes pintaban cuadros alusivos al vagón-estudio.

“Nosotros hacemos una preprueba con la organización sede. Durante esa preprueba, le preguntamos sobre los intereses de los jóvenes. A base de esa preprueba, nosotros organizamos la Academia. Ninguna academia es igual, ninguno de los talleres es igual, ninguno de los municipios que hemos visitado ha tenido la misma estructura. En esta escuela, quisimos que los jóvenes conocieran otros aspectos de la industria de la música”, elaboró.

La Academia Móvil, que comenzó este año, inició su recorrido por Caguas, Salinas, Loíza, Aguadilla y, ahora, Coamo. Aparte de estas paradas, la Academia está ubicada en el residencial Las Margaritas, en San Juan; en el Centro de Tratamiento Social, en Villalba, y el barrio Amelia, en Guaynabo. Todas las semanas, contó Flores Rodríguez, los recursos de la fundación visitan las distintas ubicaciones.

“Aquí, hoy, la Academia Móvil se ve más musical, pero la Academia Móvil que pasó, en Aguadilla, estaba más orientada hacia el deporte y la cultura. Todo va a depender de la comunidad que visitamos”, aseguró.

El último taller para esta parada

Fotos suministradas

En el taller principal, el comunicador José Carlos Figueroa charlaba con los 30 jóvenes participantes. Calzado con zapatos de distintos colores y una gorra de visera curva, recordaba los días entrañables de su niñez en que la abuela le decía «José Carlos, ¡qué mucho tú hablas! ¡Cógete un buche!». Desde entonces, contaba con orgullo, jamás abandonó su apego por las palabras, su ánimo parlanchín.

Al final de la tertulia, “el maestro Figue” –como le llamaban con cariño– repartió sobres con cartas para cada uno de los estudiantes. Cada cual los tomó y comentaba sus sospechas del posible contenido. Reían, cuchicheaban y todo se reunía, al unísono, como los grandes desconciertos de los gallineros. Hasta que Figueroa les reveló el secreto.

“Son cartas escritas por otros jóvenes de la Academia. Los jóvenes nos necesitamos los unos a los otros”, decía. De modo que cada participante debía, luego de leer la carta, redactar su propio recado para los futuros participantes.

Para escribir las cartas, el maestro Figue dejó un estuche en el medio del salón. Y cada estudiante, como palomas impelidas por un pitipuá callejero, salió de su silla para recoger algún material para escribir. Movían valijas negras que parecían de flautas, clarinetes, trompetas, percusiones y guitarras. La muchachería, acabado el frenesí, fruncía la mirada y blandía lápices de todo color.

La ceremonia final consistió en oír las tres piezas finales de los jóvenes. Le llamaron un listening party, y al final todos recibieron una mochila. El maestro Figue, empero, demoraba la gran develación. Los estudiantes, ansiosos, descorrían la cremallera del bulto mientras el comunicador evidentemente les corría la máquina. Los gritos despuntaron cuando todos se enteraron de los abrigos, las camisetas, gafas y gorras playeras que guardaban los bolsos.

“Engáfense, engáfense”, les ordenaba el maestro Figue para una foto grupal afuera del salón. La risería y la euforia siguieron puerta afuera.