Inicio Blog Página 325

Un pájaro sobrevuela el río

 

 

Kelvin Durán

Especial para En Rojo

La calma es la catástrofe de Ángel Darío Carrero.

Antes de morir, aquejado por la enfermedad, Ángel Darío Carrero (Puerto Rico 1966-2015) escribió y revisó los poemas que componen su libro póstumo, La calma es la catástrofe (2023).[1] Acompañados por varios de sus dibujos, que aquí no comparto,[2] podría decirse que la brevedad de estos textos recoge la intensidad y el sentido del aliento de quien reconocía el límite de su vida en esta tierra.[3] En un mundo que transita entre el azoro, la mentira y el simulacro, el encuentro con sus palabras es para mí bálsamo y refugio. Se traduce en un acontecimiento que potencia la instancia de intimación con lo que se lee.

no entiendo
esta fatiga
de los materiales
del cuerpo
no es para entender (23).

Pero los poemas no sólo hablan del padecimiento real del cuerpo. Hablan, también, de lo que se transforma hacia la posteridad en la palabra y en la incrustación de los trazos dibujados en la página. No es extraño que, Eduardo Lalo, en una nota-poema que antecede al libro, amorosamente juegue con el nombre del poeta, Darío, y la imagen del río que se ofrece como una voz que ha de ser escuchada. “En el río consumado / permaneces / Darío // Escucho” (6).  El río, cuerpo de agua del mito y la vida, es imagen fundamental: Heráclito, las coplas de Manrique, Julia de Burgos, el Río volcado (1968) de Ribera Chevremont, etc. Este río de la memoria que canta, permanece y se renueva, y que, para Carrero, puede ser el mar que no lo traiciona (20), es obsequio para quien lee y aprende a seguir, mirando y escuchando, la dirección de su flujo. Sea que continúe en su cauce o derive en afluentes, sus aguas desembocan hacia la certeza de un exacto porvenir y hacia la inaudita incertidumbre de la contingencia ubicada entre la catástrofe del cuerpo y la calma de la palabra.

lucho
el muro es alto
no puedo
empujarlo
tampoco saltarlo
escucho humildemente
lo que canta
al otro lado (27).

Aquí, como sucede en sus otros libros (La llama del agua, 2001; Perseguido por la luz, 2008), estos brevísimos poemas tienden al verso mínimo que a veces se quiebra y divide, distribuyéndose su imagen textual en la superficie de la página. El gesto no es meramente vocación de lenguaje fragmentado ni es sólo la búsqueda de un decir que desobedezca al orden habitual de los versos. En cambio, sus poemas “expresan […] un ahondamiento en la experiencia humana, [y] una constante preocupación por la escritura misma” (“Sensei”). Justamente, en esta escritura se escucha y espera con paciencia:  “los pelícanos / perfectos clavadistas / sobrevuelan largamente en el silencio / contemplan el movimiento de la vida / trazan la línea directa hacia la presa verbal…” (22). La forma de estos poemas –su brevedad, precisión y quiebre– devela intersticios en el espacio, en el lenguaje y en la vida. Propone pensar la fragilidad del cuerpo y el límite que la mortalidad supone en la experiencia de la voz que escribe y habla.

Me he reducido
al tamaño
de los insectos
que iluminan
la noche
con sus miedos (10).

Dado que el aliento vital decae, la necesaria paciencia del silencio de la escritura en estos poemas supone una intensidad distinta. Se expresa, sobre todo, ante la proximidad de la muerte. Siempre como designio de lo vivo, la evidencia del padecimiento, la vuelve horizonte ineludible. Es lo que, latente y sin opción, tiene que contenerse en la urgencia para que el poema no se trunque. Con esto se impulsa a las escasas fuerzas a escribir y revisar aquello que, como forma poética, testimoniaría la transformación de la escritura y del cuerpo acechados por la enfermedad y el tiempo. Ante la inminencia, dice: “una parte de mí ha muerto ya / la otra calla” (18). De ello proviene la claridad que reconoce: “cercano al precipicio / la noche irrumpe / para deshacer / el nudo de los milagros” (13).

El libro, además, contiene una nota de la artista Consuelo Gotay, quien diseñara la edición, titulada, “En su memoria”. Indica aquí que la publicación de estos poemas permitió unir la escritura y los dibujos de Carrero en un solo libro. Los dibujos, de color vino y trazos de intensidad, dirección y grosor variado que acompañan a los poemas, muestran: rostros casi humanos, cuerpos incompletos y dobles, ojos que miran y que a veces se niegan a mirarse, figuras espiralizadas enredándose, esperando o en contemplación, formas indefinidas y curvas, seres zoomórficos como pájaros o como ángeles con manchas de leopardo o jaguar. Los dibujos, que parecen flotar en la página, son una y otra cosa: inaprensibles y evidentes en su confusión; con formas circulares; con líneas cuyo flujo hace pensar en el agua; con figuras que parecen bocas abiertas y cuyas tiernas sonrisas fueran las de seres que se inclinan en un gesto amoroso hacia el exterior. Gotay también comenta que la idea de Carrero era publicar estos poemas (y los dibujos) a modo de regalo para quienes estuvieron cerca de él en su enfermedad. Se trata de un libro que se obsequia en agradecimiento. Hay que pensar que las obsequias o exequias son una manera de honrar la memoria de una persona que ha fallecido. Solo que aquí es ésta quien ofrece y da “el río  / en la luz entregada a la noche” (Lalo 6) a quienes, por ahora, permanecemos en esta orilla.

La suma del encuentro entre el dibujo y los poemas en tanto que obsequias fúnebres y regalo de amistad, recuerda una hermosa tradición practicada en Japón en la que se escribía un poema poco antes de morir.[4] (Lalo lo observa en su texto, “Sensei”).  A su vez, remite al legado de la gran tradición poética náhuatl, “in xochitl in cuicatl” (la flor y el canto), donde meditaciones sobre la muerte, la poesía y la amistad son comunes.[5] La asociación que hago obedece al sentido que evocan las líneas y las palabras. Tanto la escritura japonesa como el sistema pictográfico de los códices náhuatl, suponen formas en las que lo pictórico y lo conceptual se aúnan. La escritura es imagen dibujada. Carrero hace algo similar mediante la comunión de una y otra en la espacialidad de la página, pero sin que ello implique reciprocidad entre ambas. Aun así, en uno de los poemas se prefiere “adquirir el don / de la ceguera” (19) para no ver o verse, como tal vez sucede en algunos de los dibujos que contienen figuras con ojos (8, 12, 14, 19, 21). Los dibujos de pájaros o figuras aladas (8, 10, 12, 22, 23, y un cuervo en la 25) con ojos en forma de espiral, son otro llamativo ejemplo de esta vinculación. “The evidence suggests […] that the ancient Japanese believe that the dead turned into birds, or perhaps that birds carried them to another world. […] Many death poems reflect these beliefs” (Japanese… 34). ¿Es esto lo que quiere indicar la cercanía de sus poemas de muerte y las imágenes de los pájaros, cuyos ojos no permiten asegurar si miran, descansan o esperan?

El dibujo final del libro muestra una figura que parece ser humana. Su rostro está posicionado hacia el exterior de la página. Sus ojos, ya no espirales, son líneas de mínima expresión, como así lo son su nariz y su boca. El pelo, largo, le sobresale, lo que le da un aspecto animal, mientras que sus piernas y sus pies están trazados con líneas curvas. Lo que me intriga son sus manos. Con el torso ligeramente echado hacia atrás, el pecho oscurecido y los brazos unidos al cuerpo, sus manos apenas se extienden abiertas como si con dificultad recibieran y ofrecieran. ¿Qué quieren dar y qué esperan recibir? Pienso, por ejemplo, en estas palabras de un ensayo de Carrero: “Tan pronto pude contemplarme como otro, me sentí perseguido por la luz. […] Tal vez la aspiración secreta de toda mi poesía sea la de callar para revelar, ser una huella muda que muestre el paso de esa luz” (Lo que canta… 28). En la antología que contiene estas palabras se muestra como otro en una foto tomada por Adál Maldonado. Cuando se le ve ahí con ánimo y lleno de vida, sabiendo que ya no está, hay que agradecerle por el regalo de su obra. Como si fuera un amigo que regresa, su trabajo es una invitación a escuchar la calma y la catástrofe del río que se obsequia, aprender lo que canta el pájaro poeta de este y del otro lado, dejarse perseguir por la luz. Todavía y siempre nos quedan sus palabras.

 

 

Bibliografía:

Carrero, Ángel Darío. La calma es la catástrofe. Custodia Franciscana del Caribe, 2023.
—. Lo que canta al otro lado. Antología poética (2001-2005). Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2016.
Díaz, Francisco Javier. “La calma es la catástrofe”. El Nuevo Día. 26 de marzo de 2023. https://www.pressreader.com/puerto-rico/el-nuevo-dia1/20230326/281694029031714

Lalo, Eduardo. “Darío”. La calma es la catástrofe. Custodia Franciscana del Caribe, 2023. P. 6.
—. “Sensei”. 80grados. Prensa sin prisa. 18 de marzo de 2016. https://www.80grados.net/sensei/.
Iwasaki, Fernando. “El lugar de las revelaciones”. Lo que canta al otro lado. Antología poética (2001-2005) de Ángel Darío Carrero. Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2016. Pp. 9-16.
Gotay, Consuelo. “En su memoria”. La calma es la catástrofe. Custodia Franciscana del Caribe, 2023. P. 7.
Japanese Death Poems. Written by Zen Monks and haiku Poets on the Verge of Death. Introducción y comentarios de Yoel Hoffmann. Charles E. Tuttle Company, 1986.
La tinta negra y roja. Antología de poesía náhuatl. Edición bilingüe de Miguel León Portilla. Ediciones Era, 2012.

[1] Los poemas que componen este libro primero aparecieron en la antología Lo que canta al otro lado (2016). Entre una y otra edición, hay algunas modificaciones en el orden de los textos y en los poemas propiamente. No es este el momento para hacer una comparación de estos cambios, pero sería algo a considerar en un trabajo con otro enfoque y de otra extensión.
[2] Ha sido muy difícil contactar a quienes podrían haberme otorgado el permiso para compartir o reproducir los dibujos de Carrero en esta nota. Por otro lado, el formato digital en el que se publica este comentario, tal vez no le hubiera hecho justicia a la belleza artística del diseño del libro como pieza de arte. En este sentido, tengo la sospecha de que la calidad de los dibujos reproducidos digitalmente, no habría dado cuenta de su fuerza expresiva ni de la extraña delicadeza que hay en sus líneas.
[3] Explica Fr. Eddie Caro Morales: “Ángel Darío era obsesivo editando sus textos y en el lecho de muerte, casi ciego, donde no se podía casi ni mover, todavía tenía cabeza para editar. Yo le amplié los textos y él me daba instrucciones de qué hacer. Estuvo editando los textos hasta antes de morir” (Díaz).
[4] Ver en la bibliografía Japanese Death Poems (1986).
[5] Ver en la bibliografía La tinta negra y roja. Antología de poesía náhuatl (2012).

Escalofríos y sonrisas en la Novena muestra de cine documental en Puerto Rico

 

Especial para en Rojo

Exquisita la novena edición del cine documental organizada por la Asociación de Documentalistas de Puerto Rico. La cartelera del ciclo se llevó a cabo del 8 al 11 de mayo en la ”casa de cine» del Archivo General de Puerto Rico. Se presentaron más de veintitrés documentales repartidos entre Latinoamérica y Puerto Rico.

La oferta criolla -unos veinte documentales- propone un cine que refleja diversidad y certifica que el foco está en nuestra realidad del día a día. En este sentido las sensibilidades de los documentalistas priorizan contenidos narrativos y circunstancias que afectan a personas o grupos.

Imprescindibles son los documentales clásicos como El caribe en mí de Juan Carlos Garcia y de Sonia Fritz, Voces de pasión. La muestra contó con documentales emblemáticos como Psiquis: un giro descolonial de Tito Román y de Carmen Oquendo Roman Todas las flores sobre la comunidad trans en Santafé, Bogotá.

No faltó la aportación de jóvenes directores que han dado los primeros pasos lanzando a la pantalla obras como Alvarado de Gustavo Castrodad y de Mikey Cordero Por los que vienen. La coordinadora del evento, Natalieann Feshold, ha puesto en valor la riqueza y el talento de la cinematografía puertorriqueña. La difusión del patrimonio audiovisual contemporáneo hace hincapié en visibilizar la relevancia creativa a pesar de las llagas neoliberales, las tensiones sociales y las miserias de la vida que sufre el archipiélago más hermoso del mundo.

Las imágenes en movimiento creadas por nuestros directores de cine quieren apasionar a todas las edades, quieren arrancarle emociones, coraje, orgullo y lágrimas a la audiencia. Uno no se puede encoger de hombros en el teatro lleno de puertorriqueños espectadores con los guiones provocativos de Teresa Previdi, Tito Román, Carmen Oquendo Villar, Sonia Fritz y otros directores igualmente destacados con sus narrativas.

 

Hay que estar enfocado en contar una historia, eso lo saben muy bien nuestros directores. “El detonador es el tema al desnudo luego hacer los deberes. El documental en sí mismo es el que habla y provoca”, ha afirmado el destacado documentalista francés Denis Delestra. El lenguaje retórico, dialéctico o de tesis no debe ser hilo conductor de lo visual narrativo. Esos llamados recursos especializados » aburren».

Pero, en la novena edición de cine documental se aprecia una mirada y sentir diferente. Los documentales son disidentes, no renuncian al conflicto, reaccionan a algo rebelde o conformista presente en la realidad. Nuestros directores clásicos y noveles son auténticos y quieren comunicar sin forzar el mensaje y sin agredir al público. El cine no trata de cambiar el mundo sino de entenderlo. Cuestionar al sistema es posible.

El director hace un relato sin máscaras porque lo ha vivido y masticado. Es decir, viven intensamente sus temas, los guiones, las imágenes y las voces que cuestionan y responden. El director que es capaz de desentrañar la dura realidad, no aspira a la gloria ni a un bajo umbral ni por activa o por pasiva. En la poética documental no cabe una doble vara porque el documental es un instrumento privilegiado y comprometedor mientras elige, captura y escarba la realidad.

Un documental que llega a la pantalla es porque se ama, es algo propio que el director lleva por el resto de su vida como texto de su activismo o descontento. El documental se te mente en los sesos y conquista el alma de la audiencia. Nuestros documentalistas provocaron escalofríos y asombros que desarman el pesimismo y elevan la esperanza. En la cordial discusión que siguió en cada jornada, los directores y protagonistas se sentaron en el banquillo de las preguntas y la audiencia los respeto a todos y hubo un buen rollo y les regaló siempre un redondo aplauso.

El próximo año no se pierdan por nada la nueva edición de la paisana muestra de cine documentalistas. Y nunca está demás agradecer a todos los organizadores e instituciones públicas y privadas que apoyan nuestro patrimonio cinematográfico. ¡Bravísimo Bravo!

 

 

 

Al decir de Elliott: ¡Qué buena es!

Claribel Socorro Millán Ferrer. Foto La Semana

 

 

No me gusta escribir de gente cercana a mí, para que no me acusen de nepotismo periodístico, o como le digan, pero no puedo pasar por alto que le dediquen el torneo de Sofball Femenino de Caguas  a alguien tan querido y no dejarlo consignado, sería injusta porque ella ha sido ejemplo para la niñez y la juventud.

A mi hermana, Claribel Socorro Millán Ferrer desde su niñez le entusiasmaban los deportes: el baseball, su preferido. De pequeña jugó en la Liga Gillete junto a varones, hazaña que se vio empeñada porque para esa época no dejaban participar  a las niñas en los equipos de niños. En esa Liga llegaron a ganar el título de campeones siendo ella una de las protagonistas, lamentablemente, ese juego fue impugnado precisamente por la participación de Socorro.

Esta fue una de las razones por las que pasó a jugar sofball femenino. Socorro decidió hacer del deporte casi un sacerdocio, en una época donde eran pocas las mujeres que  tenían una maestría en estudios deportivos, ella estudió con ahínco para poder impartir sus conocimientos en las escuelas públicas. Estudió en la José Gautier Benítez, en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, en la UPR en Cayey y finalmente en la Interamericana de San Juan. En la UPR practicó tenis, pista y campo y, claro, sofball. Fue exaltada al Salón de la Fama del Deporte en Caguas en 2003.

El camino para Socorro no ha sido fácil, en los años ‘70, cuando era la catcher del equipo Nacional de Sofball, semanas antes de participar de los Panamericanos ella era la receptora de Betty Segarra e Ivelisse Echevarría. El dirigente  y exalcalde de Guaynabo, Junior Cruz, la dejó fuera por dos razones: la primera, por ser abiertamente independentista, la segunda por ser lesbiana y no ocultarlo. Eso la golpeó mucho, creo que fue en ese momento cuando cobró conciencia de lo difícil que era ser independentista  y tener preferencias sexuales diferentes, más porque en nuestra casa ninguna de esas premisas eran un issue y menos un problema.  Mi abuela, mi padre y mi madre siempre fueron un apoyo incondicional para ella.

Socorro junto a Neira.

Socorro o Cocolito, como la llaman sus sobrinas y sobrinos nietos, ha dedicado su tiempo a enseñar, si usted va con ella a algún lugar de Caguas, probablemente tendrá que saludar a algún estudiante que ella le dio clase. Es una mujer solidaria, con un carácter envidiable, le encanta la fotografía y es fanática a morir de Roberto Clemente. Es una tía alcahueta y la hermana que todas y todos quisieran tener. Vive la vida con alegría al lado de su inseparable compañera Neira y se ocupa de hacer la vida más llevadera a las personas que la rodean.

Es un verdadero orgullo que el pueblo de Caguas le dedique la temporada de Sofball Femenino que comienza este domingo a las 12 del mediodía en el Parque Julio Enrique Monagas (Parque Monagas).

Me hubiera encantado que que esta nota la escribiera el siempre recordado editor deportivo de CLARIDAD Elliott Castro, porque el terminaría diciendo: ¡Qué buena es!

 

 

La happycracia como solución y método alternativo del mercado sociopolítico de Puerto Rico

 

 

Especial para En Rojo

 

Tomando como punto de partida el momento histórico- cultural que se vive, tanto a nivel micro como macrosocialmente, del saque puede apreciarse un tipo de rompecabezas como la flagrante tercera guerra mundial. Lo característico de este hecho y fenómeno social son las desestabilizaciones socioeconómicas que sacan a flote los múltiples choques civiles entre Estado versus pueblo. Dichos efectos secuenciales se evidencian con mayor detención ya postcovid-19 debido a que el encierro mismo, distanciamiento social “forzado”, inoculación de rebaño, entre otros parámetros de corte tanato-políticos (planificación técnica de la muerte) afloraron a la progresiva sucumbida del globo terráqueo.

Al situarnos en un año muy particular lleno de diversas eventualidades bajo distracción u ofuscamiento como es el avecinamiento de las elecciones, juegos olímpicos, integración de Irán y Gaza al campo de guerra entre Israel versus Palestina, la incesante inflación y deflación en Latinoamérica, integración de la inteligencia artificial al campo intelectual/académico, la esquizofrenia colectiva entre otros acontecimientos sin precedentes, resulta imprescindible traer a la mesa demagógica-populista el método happycrático . Mediante estos giros sociopolíticos y psicoemocionales irreversibles que van forjándose desde hace unos dos lustros atrás, ha ido emergiendo en países en vías de desarrollo y coloniales como Puerto Rico toda una tautología de cómo llevar a cabo el estado de aplatanamiento y/o autoenajenación social.

En efecto, si ejemplificamos la recreación retórica de transmitir la coacción psicoemocional de las masas a nivel social en estas delicadísimas fases beligerantes y posthumanas en que nos situamos, el remedio distorsionador que propulsa el modelo sociopolítico actual es la happycracia. Tanto es así, que la panacea que inyectan los medios de comunicación de masas (podcasts, radio, televisión, prensa e influencers fatulos) para aplacar esa sensación de ansiedad y/o desestabilización psicosocial es la “Casa de los famosos”.  De este modo, la agresiva propaganda politiquera que anda arropándonos por doquier, también refuerza el imaginario social. Así que, el disque “libre” derecho democrático al voto pueda ilustrarse a flor de piel e incluso minimizarse con la feroz contienda que traen consigo las fallidas primarias de este próximo 2 de junio del 2024; es un claro producto de la lobotomización idónea que emana el circo mediático de “La casa de los famosos”. Ahí es que reside la idealización profética de vanagloriar figuras como Maripily, Patricia Corcino o al mismo Clovis del presente programa secular para contrarrestar la ignominia sociohistórica que afronta, tanto Puerto Rico como la sociedad cosmopolita civil que habita en la isla.

Según Cabanas & Illouz (2021) el concepto de la happycracia apuntala a las nuevas prácticas de control, gestión y toma de decisiones intersubjetivamente. Una excelente muestra de esta actividad lo es vía virtual sea con la medición de lo que nuestros “likes o me gusta” para aprobar un posible enaltecimiento a la definición identitaria, personal, simbólica e imaginaria ante el mundo. Revistas de alto impacto como es “Harvard Business Review” señalan que el impacto que tiene la felicidad en las sociedades moderno-tardías/informáticas es imprescindible para definir e inclusive resaltar lo qué sería un buen civil contemporáneo. (p.108, 2010).

Así que, si entrelazamos bien el sinsentido que cobra la “Casa de los famosos” en los constantes bombardeos que recibe la psicología de masas con la “Maripily-maniacomanía” cosechando “valor y sacrificio” la traducción de este sinsabor adquiere un sentido significativo para el imaginario social puertorriqueño. Tales manifestaciones van interpretándose, concibiéndose y visualizándose en el nuevo imperativo happycrático de rellenar ese vacío y desesperanza vía informativa que meritoriamente debería difundir el aparato ideológico mediático.

Quiérase decir, que son las mismas crisis socioeconómicas las que propulsan una resignificación axiomática del mercado como bien nos expone Deleuze & Guattari (1973) dado que es bajo ese proceso que el capitalismo se atempera las circunstancias del momento. Este evolutivo, pero sutil efecto ha hecho allanar silentemente al dolor en un mero tormento corpóreo pasajero siguiendo la línea del filósofo norcoreano Byung Chul-Han (2021).

La pertinente metodología que facilitó sentar las bases para que el dolor pueda ser cosificado fue la misma pandemia. Esta, gracias a los grandes intereses financieros farmacéuticos como Pfizer, Moderna, Janssen, etc. más allá de perseguir una sociedad sana y salva, edificaron una cuasi “perfecta” atmósfera de “felicidad”. Dicho antídoto fue vaticinado en conjunto a la forzada agenda sociopolítica del venidero regreso a la “normalidad” y “plenitud”, hechos que sabemos que jamás se han aproximado a lo que éramos sociohistóricamente, ¿Cómo logró orquestarse este tácito crimen? Ha sido mediante el desarrollo de la carencia de sentido, la avidez de novedades, satisfacción inmediata, búsqueda de la felicidad, hiperconsumo y la fabricación de necesidades que la happycracia logra enmarcar en productos fetichizables o ideales para sobrellevar la vida cotidiana.

Por tal motivo, según nos subrayan Cabanas & Illouz (2021)

La felicidad se ha erigido como un producto tan central en el capitalismo del siglo XXI porque las mercancías emocionales de la felicidad no se limitan a ofrecer al consumidor momentos de alegría, tranquilidad, evasión, esperanza, reafirmación, etc. sino, principalmente, porque de forma más o menos explícita estas mercancías emocionales convierten a la felicidad en un estilo de vida, en una mentalidad y, en último término, en un tipo de personalidad para definir en términos psicológicos el ideal neoliberal del ciudadano contemporáneo. (p.123)

Es en ese sentido, que en lugar de estar ejerciendo una democracia representativa a nivel isla como es la que nos han hecho impulsar, se nos insta en el fondo un remedio paliativo como nos delinea Chul-Han (2021). Frente a esta autoinducida condición, queda en nosotros no solo desbancar el erróneo concepto vulgarizado que hemos hecho acerca de la búsqueda de la felicidad neoliberal el cual desvirtúa lo qué es dolor. Además, es fundamental el resignificar al mismo dolor.  Y esto es más que meritorio puesto que el famosísimo aforismo de Nietzsche muy adelantado a su tiempo dijo “Lo que no te mata te hiere de gravedad y te deja apaleado, que luego aceptas cualquier maltrato y te dices a ti mismo, que eso te fortalece”. De ahí la necesidad de salir de las zonas de confort de los espacios hogareños, virtuales, laborales y ociosos para sacudir la retoma de la conciencia social así vamos despertando del letargo happycrático. Gran parte de todo este modelo sociopolítico proviene de encontrar ciertos símbolos y personajes míticos para rendirle culto a sus arduas hazañas. Considero que, una de las efigies que más se alinearían a dichas críticas es la de la célebre estadía de Maripily versus su archirrival “Lupillo” en la “Casa de los Famosos” mientras el país plus mundo se nos desintegra entre la corrupta Junta de Control Fiscal, privatización de los servicios básicos como la educación, cierre de departamentos y cursos en la Universidad de Puerto Rico, mayor criminalidad y feminicidios, entre otras rampantes problemáticas.

Es por ello, que, para concluir con esta reflexión, resulta pertinente el reconceptualizar nuestra noción imaginaria, simbólica y “real” de lo que es ejercer la felicidad debido a que esta siempre ha sido más que un sentimiento que no se internaliza o externaliza, sino más bien que se experimenta desde nuestra experiencia individual según nos declara Nietzsche (1881) en su emblemático texto “Aurora”. Por tal razón, es que la búsqueda de la felicidad aparece como un condicionamiento político de control el cual más allá de ser una sensación muy individual, es a su vez un “issue” o problema social de estos tiempos ultrarrápidos.

Referencias

Baudrillard, J. (2014). La sociedad de consumo. Siglo XXI. México.
Cabanas, E. & Illouz, E. (2021). Happycracia. Paidos. España.
Castoriadis, C. (2007).  La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets. Argentina.
Chul-Han. B. (2021). La sociedad paliativa. Herder. España.
Deleuze, G. & Guattari, F. (1973). El Antiedipo. Paidos. Argentina.
Nietzsche, F. (1881). Aurora. Reflexiones sobre los prejuicios morales. Biblioteca Edaf. España.

 

Ángel Vázquez: “Puerto Rico no termina en nuestras costas”


El actor compartió, con En Rojo,  sus expectativas y motivaciones para su próximo monólogo

 

Especial para En Rojo

En un escenario que simulará un apartamento “encantador y viejo” de Harlem, el actor Ángel Vázquez presentará“The Other Side Story”, su más reciente obra que trabaja temas relacionados con la identidad puertorriqueña, en un contexto diaspórico. Las dos funciones se estrenarán, en Santurce, en el Teatro Francisco Arriví en Santurceslos próximos 18 y 19 de mayo.

“Esta presentación es la antítesis de West Side Story. La idea de este monólogo que, a diferencia de lo usual, también es un musical, es rescatar esas voces verdaderas que viven fuera de Puerto Rico”, explicó el actor en entrevista con En Rojo.

De igual forma, Vázquez aseguró que, en el proceso de creación, empleó técnicas del realismo mágico para ilustrar el ambiente de la obra, que incluirá diez personajes de diferentes épocas y basados en personas reales.

“La obra es netamente puertorriqueña. Aunque el monólogo comienza dando la impresión de ver West Side Story, luego cambia a ese estilo latino conocido”, destacó el también compositor de la pieza teatral.

Para Vázquez, este monólogo representa una oportunidad para transmitir “la otra cara” de los puertorriqueños que viven en Estados Unidos. Una cara que se despoja del imaginario “violento”que el actor reseña de otras obras, como West Side Story, punto de partida de esta nueva obra.

En esta historia, que nace tras la experiencia de Vázquez en Nueva York, se invierte la idea acostumbrada de un puertorriqueño en negación de su patria o que prefiere a los Estados Unidos. Un personaje que, tras arribar al extranjero desde su Borinquen, encara y desentraña las historias de quienes, muchos años antes, partieron del archipiélago.

“[Desde la diáspora] tienes que crear una conciencia para no asumir roles que no son los nacionales. Aun así, hay terceras, cuartas y quintas generaciones de personas que se afirman puertorriqueñas”, recalcó el también autor de “Hecho en Puelto Rico”.

En esas historias que descubre el protagonista, se presentan las vidas de diversas generaciones que han conformado la comunidad diaspórica desde el siglo pasado, desde la época del programa industrial “Manos a la obra”.

Para armar la obra, contó Vázquez, se requirió de un trabajo “de dramaturgia, investigación y cuasiperiodístico”que decodifique la historia y la haga más accesible a quienes compartan el sentido de puertorriqueñidad. Sentido que, como relata la obra, se extiende hasta las costas pacíficas de Hawái.

“Puerto Rico no termina en nuestras costas. Existen nichos- o pequeñas patrias- en los barrios y comunidades de otros espacios. No se puede contar la historia de Puerto Rico sin contar la historia de quienes, también, se sienten puertorriqueños y puertorriqueñas desde otro lugar”, acotó Vázquez.

Esas distintas comunidades, reconoció el actor, han apoyado diversas luchas sociales a favor de la independencia de Puerto Rico, los derechos de la clase trabajadora y un sinnúmero de causas que, con el tiempo, han marcado la historia nacional.

La obra ha sido un éxito en estados como Pensilvania, Nueva York, Connecticut y Florida, cuyas poblaciones tienen más boricuas que el archipiélago caribeño. Con excepción de la reconocida canción “America”- de la famosa película de 1961- todas las canciones de The Other Side Story son composiciones de Vázquez, y musicalizadas  por Carlos “Tato”Santiago. Asimismo, Ernesto Concepción dirige, cuyo libreto escribió  el actor de la obra. Por su parte, Marcelino Alcalá organizó la coreografía.La obra forma parte del 61er. Festival de Teatro del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

 Los boletos del monólogo teatral, que valen $15, están disponibles en TicketCenter para sábado, a las 8:30 p.m. y domingo, a las 4 de la tarde.