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Que Henry Kissinger no descanse en paz

 

 

 

Es extrañamente apropiado que Henry Kissinger haya muerto en el año en que se conmemora el aniversario del golpe militar de 1973 que derrocó al presidente Salvador Allende y puso fin a la fascinante tentativa chilena de crear, por primera vez en la historia, una sociedad socialista sin recurrir a la violencia. Como asesor de seguridad nacional de Richard Nixon, Kissinger se opuso ferozmente a Allende y desestabilizó a su gobierno democráticamente electo, por todos los medios posibles, porque consideraba que, si nuestra revolución pacífica tenía éxito, se vería afectada la hegemonía norteamericana. Temía, dijo, que el ejemplo se extendiera y afectara el equilibrio mundial del poder.

Pero Kissinger no sólo fomentó activamente el derrocamiento violento de un líder extranjero elegido por una nación soberana y un pueblo libre, sino que también apoyó posteriormente el régimen homicida del general Augusto Pinochet, una adhesión que no tomó en cuenta que la dictadura violaba masivamente los derechos humanos de sus ciudadanos, cuya manifestación más brutal fue la práctica cruel y aterradora de «desaparecer» a los opositores.

Es en aquellos «desaparecidos» en los que pienso ahora, mientras a Kissinger lo agasajan la desvergonzada élite bipartidista de Washington. Cincuenta años después del golpe de Estado en Chile, todavía no sabemos el paradero final de 1.162 hombres y mujeres, todavía sus cuerpos no han sido velados por sus familiares. El contraste es revelador y significativo: mientras que Kissinger tendrá un funeral memorable, probablemente majestuoso, muchas víctimas de su “Realpolitik” aún no encuentran un pequeño sitio en la tierra donde puedan ser enterradas.

Si mis primeros pensamientos, cuando escuché la noticia de la partida de Kissinger del planeta que despojó y deshonró, se llenaron de las memorias de mis compatriotas chilenos desaparecidos –varios de ellos, queridos amigos–, pronto me vino a la mente un aluvión de otras damnificados: innumerables difuntos, heridos y desaparecidos, en Vietnam y Camboya, en Timor Oriental y Chipre, en Uruguay y Argentina. Y recordé también a los kurdos que Kissinger traicionó, y al régimen del apartheid en Sudáfrica que robusteció, y a los muertos de Bangladesh a los que menospreció.

Siempre soñé que llegaría un día en que Kissinger tendría que comparecer ante un tribunal de justicia y responder por sus crímenes contra la humanidad.

Estuvo a punto de suceder. En mayo del 2001, estando alojado en el Hotel Ritz de París, Kissinger fue citado a comparecer ante el juez francés Roger Le Loire para que respondiera a preguntas relativas a cinco ciudadanos galos que «desaparecieron» durante la dictadura de Pinochet. Sin embargo, en vez de aprovechar esa ocasión para limpiar su nombre y reputación, Kissinger huyó inmediatamente de Francia. Y París no fue la única ciudad de la que se fugó en ese año 2001. También escapó de Londres cuando Baltasar Garzón solicitó que la Interpol detuviera al exsecretario de Estado de Estados Unidos para que declarara en el proceso a Pinochet (bajo arresto domiciliario en esa misma ciudad). Tampoco Kissinger se dignó a responder al juez argentino Rodolfo Canicoba Corral acerca de su participación en la tristemente célebre «Operación Cóndor» o al juez chileno Juan Guzmán sobre el conocimiento que este «anciano estadista» podría tener sobre el asesinato del ciudadano estadounidense Charles Horman por los secuaces de Pinochet en los días inmediatamente posteriores al golpe (un caso que inspiró la película de Costa Gavras, «Missing»).

Y, sin embargo, seguí alimentando ese sueño imposible: Kissinger en el banquillo de los acusados, Kissinger rindiendo cuentas por tanto sufrimiento. Un sueño que, inevitablemente, debe desvanecerse con su muerte.

Razón de más para que ese juicio ocurra en el tribunal de la opinión pública, adentro de estas palabras llenas de pena que ahora mismo estoy escribiendo. Los desaparecidos de Chile, los muertos olvidados de todas esas naciones que Kissinger devastó con sus estrategias despiadadas, claman por justicia o al menos por ese simulacro de justicia que se llama memoria.

Y por eso, a pesar de cómo se supone que uno debe reaccionar cuando alguien muere, no deseo que Kissinger descanse en paz. Espero, por el contrario, que los fantasmas de esas multitudes a las que dañó irremediablemente perturben su funeral y ronden su futuro. Que ocurra esa perturbación espectral depende, por supuesto, de nosotros, los vivos, depende de la voluntad de la humanidad de escuchar las remotas voces silenciadas de las víctimas de Kissinger en medio del estruendo y el diluvio de alabanzas y elogios, depende de nosotros nunca olvidar.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

* Ariel Dorfman es autor de «La muerte y la doncella» y, más recientemente, de «Allende y el museo del suicidio», una novela que investiga la muerte de Salvador Allende. 

 

Esta semana en la historia

 

7 de diciembre de 1724
Tumultos entre protestantes y católicos en Polonia
Tras décadas de guerras en Europa con la religión como pretexto principal, las relaciones entre protestantes y católicos se mantuvieron tensas en Torún, Polonia. En julio de 1724 los jesuitas hicieron una procesión y acusaron a los luteranos de faltarle el respeto a la Santa María al no arrodillarse frente a su estatua. Esto acarreó motines y los protestantes destruyeron el colegio católico. En represalia oficial, el gobierno de Prusia ejecutó al alcalde y otros 9 funcionarios luteranos por negligencia en no proteger a los jesuitas.

7 de diciembre de 1941
Ataque a Pearl Harbor
En Hawái, la Armada Imperial Japonesa ataca la base de Pearl Harbor del imperio de EEUUAA. Fue el detonante bélico para que EUA participara de la guerra en el Pacífico que desembocó con el genocidio de las bombas atómicas contra la población civil japonesa en 1945.

8 de diciembre de 1886
Natalicio de muralista mexicano
Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, más conocido como Diego Rivera, nació en la ciudad de Guanajuato.

Estudió arte en México, España, Francia e Italia. “De regreso a México en 1921, e identificado con los ideales revolucionarios mexicanos, Rivera emprendió un gran proyecto: pintar la historia de su pueblo desde la época precolombina hasta la revolución. … En 1922, Rivera realizó su primera creación mural importante para el Auditorio Bolívar a la que tituló La Creación. En este mural, el pintor quiso plasmar la idea de la creación de los mexicanos y en él se observa a un hombre surgiendo del árbol de la vida. Como anécdota, mientras pintaba esta obra, denostada por los estudiantes de derechas, para protegerse Diego Rivera iba armado con una pistola.” (National Geographic).

El militante comunista hizo murales polémicos en EUA y estuvo casado con Frida Kahlo desde 1929 hasta la muerte de ella en 1954.

8 de diciembre de 1991
Tratado de Belavezha
Tratado firmado por los presidentes rusos, bielorruso y ucraniano, disolviendo oficialmente la Unión Soviética. Gorbachov -al momento presidente de la Unión Soviética- entendió que el pacto fue ilegal, pero cedió y luego el 21 de diciembre fue avalado por los presidentes de otras repúblicas soviéticas, con excepción de Georgia y las repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania). Un referéndum en ese mismo año arrojó que el 76% de la población se mantenía en contra de la disolución.8 de diciembre de 1982

Masacre de Las Dos Erres
En el régimen auspiciado por EUA, las fuerzas armadas especiales del gobierno de Guatemala, los kabiles, con el pretexto de localizar a 17 guerrilleros y 19 fusiles, mataron a toda una comunidad campesina, enterrando en pozos a sobre 200 habitantes. Los soldados nunca hallaron guerrilleros ni fusiles.

Tras el golpe de estado orquestado por la CIA contra Jacobo Árbenz en 1954, se estima que la derecha en Guatemala asesinó a sobre 200 mil personas y otras 45 mil fueron desaparecidas. La herramienta principal fue el ejército, financiado por el gobierno de EUA y cuyo liderato fue entrenado en la Escuela de las Américas.

10 de diciembre de 1815
Natalicio de Ada Lovelace
Precursora programadora de computadoras, desarrolló el primer algoritmo -o sub rutina- para la calculadora creada por Babbage, pero como era mujer, nunca logró probarlo en la máquina.

10 de diciembre de 1898
Se firma el Tratado de París
En Francia se firma el tratado que finaliza la guerra cubana-hispano-estadounidense, por el que España pierde el dominio sobre Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El otrora imperio mundial, se limitó entonces a sus posesiones en el continente europeo, África y Las Canarias.

12 de diciembre de 1901
Nace Pablo de la Torriente Brau
Periodista, narrador revolucionario, comunista, internacionalista. Nació en San Juan. Vivió y destacó en Cuba como militante político y periodista. A través de sus crónicas, reportajes y entrevistas renovó el lenguaje de este medio de comunicación. En Cuba, integró el Directorio Estudiantil Universitario que se creó en 1930 para luchar contra el tirano Gerardo Machado.

La última etapa del trabajo periodístico de Pablo transcurrió en la Guerra Civil Española, a donde acudió como corresponsal de varias publicaciones de América Latina y Estados Unidos, en septiembre de 1936; y donde escribió las crónicas recogidas posteriormente bajo el título de Peleando con los milicianos. Allí, asumió las funciones políticas en un batallón, en el que murió combatiendo en Majadahonda, España el 19 de diciembre de 1936.

11 de diciembre de 1917
“Finalizan” las Cruzadas
En el marco de las guerras entre imperios europeos, tropas británicas –en lucha contra Alemania y el Imperio Otomano– entran triunfantes a Jerusalén, sellando con esta invasión la suerte de Palestina a favor del sionismo auspiciado por Inglaterra. Ese día “el general británico Edmund Allenby entró triunfalmente a Jerusalén por la puerta Jaffa, y la ciudad se convirtió en territorio ocupado. Se dice que en esta histórica ocasión, Allenby declaró que ‘ahora las guerras de las cruzadas han sido completadas’.” (https://www.palestinalibre.org)

12 de diciembre 1969
Se constituye movimiento independentista sahaurí
En el Sáhara Occidental, se constituye oficialmente el Harakat Tahrir, en español, el Movimiento Nacional de Liberación Saharaui, encabezado por Mohamed Sidi Brahim Basir. La fecha exacta es una polémica.

13 de diciembre de 1636
Nace la Guardia Nacional para usurpar tierras
La colonia de la bahía de Massachusetts organiza tres regimientos de milicianos para defenderse contra la nación pequot, léase: invadir su territorio. Este acto se reconoce como la fundación de la Guardia Nacional de los Estados Unidos.

13 de diciembre de 1937
Comienza Masacre de Nankín
En su afán de conquistar a China, Japón comenzó un ataque contra lo que era la capital del país, que duró unas seis semanas. Con órdenes de ejecutar a prisioneros y -entre otras atrocidades- enterrando vivos a los detenidos, el ejército imperialista japonés masacró a una cantidad de chinos y chinas que los estimados varían desde 100 mil hasta los 500 mil.

14 de diciembre 2004
Venezuela y Cuba fundan el ALBA
La Alianza Bolivariana para las Américas es un espacio de coordinación de política de estados y movimientos de Nuestra América.

Fuentes utilizadas: https://www.hoyenlahistoria.com/, facebook.com/dariow.ortizseda; historia.nationalgeographic.com; canalhistoria.es/hoy-en-la-historia; Calendario 2022 Latinoamérica y El Caribe del CSC de Puerto Rico; efemeridespedrobeltran.com; Calendario Histórico Nuestros Mártires 2024; https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-62616853, rumboalterno.net y otros calendarios consultados por José M. Escoda.

 

Teatro para la abolición

 

En Rojo

El teatro a lo largo de la historia ha sido utilizado como un vehículo de expresión radical. Desde la antigua Grecia, donde se abordaban temas políticos y sociales en las obras de teatro, hasta el teatro de vanguardia del siglo XX, que desafiaba las normas establecidas y exploraba nuevas formas de narrativa y representación, el teatro ha sido una herramienta para cuestionar el status quo y promover cambios sociales. En la Grecia antigua y en todos los espacios en los que haya comunidades humanas.

El teatro radical -contrario al teatro comercial, que tiene también su función- busca desafiar las estructuras de poder y visibilizar las voces marginadas. A través de la representación de historias y personajes que no suelen tener una plataforma en la sociedad, este tipo de teatro busca crear conciencia, generar empatía y fomentar la acción política. Además, el teatro radical a menudo se basa en técnicas innovadoras y experimentales para romper con las convenciones teatrales tradicionales y ofrecer nuevas perspectivas y experiencias al público.

Tomemos el caso de Papel Machete y su próxima puesta en escena, En la víspera de la abolición. El trabajo creativo de Papel Machete está firmemente arraigado en la política interseccional de la clase trabajadora, inspirándose en pensadores feministas radicales y anticoloniales como bell hooks y Franz Fanon. Integran la actuación y la música caribeña con las tradiciones populares del teatro y la narración, creando mundos inmersivos que brindan una experiencia estética completa. Este enfoque se alinea con las enseñanzas y la experiencia de la titiritera y colaboradora a largo plazo, Deborah Hunt.

Hace cuatro años, los miembros de Papel Machete conceptualizaron En la Víspera de la Abolición. Tomaron como punto de partida trabajos previos sobre la encarcelación masiva en Estados Unidos y Puerto Rico. Una de esas obras fue la pieza de teatro de sombras titulada ¿Quién controla a aquellos en control? Del 2009, la cual arroja luz sobre la brutalidad policial en Puerto Rico y su papel opresivo en un sistema capitalista colonial. En 2015, crearon una pieza de cantastoria llamada Si todas las vidas importan porque todos somos iguales, ¿por qué algunas vidas son más iguales que otras?, como respuesta a la violencia policial y al complejo industrial penitenciario. Esta pieza incorporó un acolchado hecho a mano diseñado por el artista de Papel Machete, Dey Hernández, y cosido por la artista con sede en Brooklyn, Sylvia Hernández.

Ahora, La víspera de la abolición se sumerge en el género de la ciencia ficción. Ambientada en el año 2047, se trata de una historia sobre amor revolucionario: la lucha y el movimiento de liberación de los pueblos que hicieron posible la abolición del sistema industrial carcelario. Nada más pertinente. La propuesta artística es un producto reflexivo, plural, de diálogo comunitario. Y hoy por hoy la discusión sobre el asunto se hace cada vez más necesario. ¿Por qué? El complejo industrial de prisiones se refiere a un sistema en el que las prisiones y la industria se encuentran interconectadas y generan beneficios económicos. Bajo este modelo, las empresas privadas se encargan de construir y operar prisiones, mientras que los reclusos trabajan en instalaciones de producción, generalmente fabricando bienes o prestando servicios para el mercado. Este sistema ha sido objeto de críticas debido a la preocupación -y constatación- de que funciona como un incentivo para encarcelar a más personas de clase trabajadora, negras, hispanas, y hasta por razones ideológicas o de preferencia religiosa.  Además, se mantienen altas tasas de reincidencia para mantener la mano de obra barata en las prisiones. También se ha cuestionado su impacto en la rehabilitación de los reclusos y la justicia penal en general.

La obra de Papel Machete se inscribe en la corriente del movimiento abolicionista de prisiones. Se trata de una corriente de pensamiento y activismo que busca la abolición del sistema penitenciario tal como lo conocemos hoy en día. Los abolicionistas de prisiones argumentan que el encarcelamiento no es una solución efectiva para abordar la delincuencia y que perpetúa la violencia y la desigualdad social.

En lugar de la prisión, los abolicionistas proponen enfoques alternativos como la justicia restaurativa, la resolución de conflictos y la inversión en programas de prevención y rehabilitación. También se centran en abordar las causas subyacentes de la delincuencia, como la pobreza, la falta de acceso a la educación y la atención médica, y la discriminación racial y de género.

El movimiento abolicionista de prisiones también cuestiona las desigualdades raciales y de clase presentes en el sistema penitenciario, así como la influencia de las empresas privadas de prisiones y el complejo industrial de prisiones en el encarcelamiento masivo. Su objetivo es transformar la forma en que la sociedad aborda el crimen y la justicia, promoviendo alternativas más humanas, equitativas y justas.

Entonces, La víspera de la abolición es una obra original, multimedia, bilingüe, que trata sobre el último día de la última prisión en el sur de EEUU después que el movimiento abolicionista crea las condiciones para poner fin al complejo industrial carcelario.  Video, música en vivo, títeres, máscaras, animación, stop motion, crean una experiencia teatral única.

 El proyecto es desarrollado e interpretado por artistas de Papel Machete y colaboradores como Deborah Hunt, Yussef Soto Villarini, Francisco Iglesias, Carlos Torres López, Lizbeth Román y Aníbal Quintero

La colaboración con la titiritera Deborah Hunt enriquece aún más su enfoque artístico, al aportar experiencia y conocimientos en el campo de la marioneta. Hunt, natural de Nueva Zelanda y residente en Puerto Rico hace tres décadas, es especialista en fabricación y utilización de máscaras y títeres, titiritera y artista de performance desde hace medio siglo.  Tiene amplia experiencia internacional como artista y maestra. Su inolvidable labor en Teatro Estudio Yerbabruja y su constante trabajo como directora de MASKHUNT MOTIONS, laboratorio permanente del objeto performático, la convierten en un pilar de nuestro teatro. Además, Papel Machete, dirigido por Cano Cangrejo, Jorge Díaz Ortiz, cuenta en este trabajo con la asistencia de Sugeily Rodríguez en la dirección y producción, así como una veintena de artistas titiriteros y mascareros y un equipo de trabajo comprometido.

La producción de esta obra es posible, además, con el apoyo de AgitArte, una organización de artistas y organizadores culturales que practican la solidaridad, la educación popular, y la posibilidad de crear proyectos artísticos en comunidades de base.

La víspera de la abolición subida a escena en el fin de semana del 8 al 10 de diciembre en el Teatro Victoria Espinosa.

En Reserva-Imaginarse al otro

Especial para En Rojo

 

Entre las vastas dimensiones de la experiencia humana es el arte lo que nos permite entender sentimientos primitivos, simples y también nos hace abrazar sentimientos más complejos. Estos últimos son los que atados a su contradicción, hacen que imaginemos los puntos de vista de personajes siniestros o que asimilemos mejor las verdades crueles. Me aventuro a formular que una sociedad sin obras literarias o trabajos audiovisuales para apreciar sería un espacio agudamente más apático y peligroso que el que vivimos ahora.

Pero ¿qué sucede si lo único que esperamos del arte es simplemente bienestar moral y sentimientos predigeridos? O caso contrario, que el acompañamiento a un personaje ficticio perturbe nuestra intimidad al punto que terminemos por enjuiciar la obra –y de paso a quien escribe la historia.

Propongo en un intento decidido –y también orientado por una lectura reciente sobre moral, imaginación y arte narrativo[1]– esbozar que sin lo macabro, los relatos hirientes e inmorales nos distanciamos de lo sublime. Al igual que de la empatía necesaria para invocar la solidaridad.

De acuerdo con la experiencia clínica aportada por el psicoanálisis el acto “perverso” es aquello que una estructura neurótica niega desde su interior. Es decir que el neurótico acusaría al perverso de ser una “bestia que goza” pero el perverso en su defensa diría algo así como: “cada vez que yo actúo tú te fascinas con lo que hago”[2]. Mientras el goce del neurótico está detenido en un sufrimiento que goza de manera inconsciente (y que le cuesta reconocer, por eso lo fantasea), el goce del perverso queda exhibido como algo terrorífico, insensible. Y por lo general, de un modo consciente.

Por ello eliminar la categoría del otro, en su propia escena, cercena la posibilidad de comprender las vidas humanas más allá del goce. Porque el goce como concepto psicoanalítico se presenta como una negación al eros y al tánatos. Una imposibilidad ante el deseo. Particularmente lo asocio con el adormecimiento. Lo que me hace pensar en el arte que “piensa” moralmente por nosotros, para que sean los sentimientos y las emociones predigeridas las que consumamos, gravitando hacia el feeling-good sin que saquemos el jugo a la capacidad de relativizar o simplemente imaginar. Imaginar es esencial cuando creamos.

A fin de cuentas, lo abyecto, la contradicción y las tribulaciones son inherentes a la humanidad.

El filósofo catalán Pau Luque nos invita a escarbar en aquellas filosas provocaciones de la creación literaria y artística que él nombra las “virtudes imperfectas”, cuyo registro compara al de la música dodecafónica por el cromatismo de sus tonalidades. Las “virtudes imperfectas” acaso captan mejor la complejidad moral de los humanos, porque nos invitan a “un tenebroso paseo…esforzarnos a imaginar esa caminata en la que el arte contribuiría, de reojo y con ambiciosa modestia, en el ensanchamiento de nuestra comprensión moral”, explica el autor[3].

En su enjundioso y divertido ensayo, Luque nos comparte ejemplos –añadiría “de culto”– sobre la literatura de Iris Murdoch, las líricas de Nick Cave o los films de Michael Haneke que magistralmente nos adentran en personajes imaginados con varios grados de moralidad que –irrespectivamente de que les odiemos o no– contrastan de un modo muy subjetivo las nociones de lealtad, compasión, generosidad y también la comprensión hacia ellos. Las imperfecciones nos aproximan a que una obra de arte narrativo puede ser moralista sin ser doctrinaria o simplemente podemos aprender de ella aunque ella no pretenda enseñarnos nada. Aprender a imaginar sin juzgar, diría yo.

¿No sería eso una alteridad esencial para entender la realidad? Imaginarse al otro es una manera de empezar a entenderse a uno mismo. Coincido con el autor en que es muy probable que el conocimiento o la comprensión de lo humano sea asimétrica. Por un lado nos da temor entender las prácticas perversas o ajenas, un repelillo que algo nos precipite a aceptarlas. Es un miedo injustificado, aunque no inexplicable. Tampoco es que el autoconocimiento o la reflexión profunda sean prácticas habitualmente estimadas.

Aunque convocados a apreciar las propuestas del arte y la literatura es fácil admitir que “la realidad” no se agota en aquello que el ojo puede ver porque con frecuencia las palabras ven más que los ojos. Incluso en los textos que son realistas, rara vez se convoca la realidad para hablar de cómo es de verdad la realidad; más bien se la convoca para hablar de cómo nos gustaría que fuera. Imaginamos. Quizás deba hacer la salvedad acerca de uno que otro texto de corte periodístico, pero una golondrina no hace verano. Ni tres tampoco.

Si acaso, hay que ser compasivos con quienes manifiestan virtudes imperfectas, perversas, poliédricas no porque tengan en sí una patología inevitable, sino porque el defecto, la contradicción y la confusión es aquello en lo que consisten nuestras vidas morales. Y que seamos convocados a sacudidas que nos obliguen a reconsiderar lo que dimos por sentado es, cuando menos, un favor que nos hacen.

Les animo a conocer más del laureado ensayo en torno al arte himenóptero y su interesante concepción que resalta lo que queda más allá de los contornos de la moral para que seamos nosotros los lectores quienes lidiemos con el abismo, con la imaginación al límite. Y recordarnos la afirmación de que un juicio moral (sobre una obra de arte, aunque extenderlo a la vida en general obraría bien) no debería imitar un juicio penal. Que busca la perfección y su acento está en la condena o absolución. Me agrada la idea de que haya más conocimiento en la duda que en la certeza, porque una nos aleja del absolutismo y el fanatismo. En una defensa magistral a la incertidumbre Luque articula que se puede salvar a los personajes y herir a los lectores con la misma arma: las virtudes imperfectas. Porque lo más letal que se puede decir de una novela es que de ella hemos salido ilesos[4].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Pau Luque, Las cosas como son y otras fantasías. Editorial Anagrama, 2020.

[2] Alejandro Campot, ¿Qué es la perversión y la psicopatía? 21-11-2020

[3] Luque, pág 17-18

[4] Luque, pág. 70

San Benito que bueno eres.

27 de noviembre, Santa Fé de Antioquia

Me he quedado solo en la casa solariega de un antiguo monasterio construido en 1547, en Santa Fé de Antioquia,  Colombia. El prodigio de viajar, escribir e imaginar  invitó  a los misioneros dominicos a que me acompañen a orar conmigo. ¿Qué me traerán? Las cofradías manejan secretos y no los revelan ni por  bien o por mal. Comparto con ellos un puro cubano y un ron viejo de Caldas a las rocas. No me reprenden pues inventaron buenos vinos, la cava y el brandy.

Son las nueve de la noche y afuera está el frescor de la luna, me provoca no lo puedo pasar por alto. Me uno a la calle de los conquistadores bellacos y a campanarios fundidas aquí.  Abrí la puerta de madera pintada de verde con bisagras y eslabonada.  Antes miré a los dos costados de la calle empedrada. Estaba despejado, fraternal. Me entró la contemplación con unas caladas monásticas. Tiré la bocanada que llegará a la luna nueva que iluminaba la noche santafereña.

Entonces, lo siguiente era sentarme en el escalón macizo de granito que duerme con la acera. A la orilla del escalón pongo el vaso de cristal con el exquisito ron y sostengo el puro, doy otras caladas porque me satisface fumar sin que pase sobre el filo de los higienistas. No hay moros en la empalizada.

No puedo negar que el encuentro canonizado con un asueto, hace tirar la espada de un soldado, desaparece la tensión de viajar y el opresivo calor se va a otra parte del continente. Desde mi terrera atalaya veo la iglesia de Santa Bárbara. De paso, da gusto reflexionar mirando las paredes de mampostería que se extienden de un extremo a otro de la cuadra. Es un edificio muy sólido con puertas magníficas que se abren con dos llaves, adentro pienso que ocurrieron momentos estelares de la historia de Santa Fé de Antioquia.

En tiempos de la independencia y durante la república, marcharon por estos empedrados caminos regimientos de los ejércitos monárquicos, liberales y conservadores. Muy cerca de donde me hospedo está el parque, los cafés, heladerías, supermercados, ferias de artesanos  y restaurantes. Aquí después de la seis de la tarde el pueblo anda hacia la plaza encalada, tiene una fuente, monumentos y jardines. Además, ya se instalan las decoraciones con motivos navideños. En este parque reina el entusiasmo de los niños, los padres y los abuelos.

El alumbramiento de la navidad es el siete de diciembre según la tradición eclesiástica. Ni las ratas que pululan entre los senderos de matas y flores opacan la fuerza del regocijo. Las sonrisas de los niños son un regalo y causan profunda satisfacción a los parroquianos. Allí, a dos cuadras de mi casa,  está la fiesta pública de los habitantes de Santa Fé de Antioquía. La población santafereña es una asamblea de amigos, parientes, novios, campesinos, sombreros y mantas sobre el hombro. Los contemplo a todos: son conversadores, decimeros, comerciantes, políticos y exguerrilleros. Todos forman un uno entero de vida y fraternidad. Eso es lo que observo desde afuera, es la opinión de un forastero,  lo que pasa adentro es únicamente asunto de esta población.

Aquí las mujeres me asombran, los hombres son enfáticos, los adolescentes son amables y los niños van a sus anchas. Todos contribuyen a la paz y a la alegría de la noche. No veo turistas americanos hambrientos de cannabis, tatuajes o grasosas hamburguesas como ocurre a diario en mi duro Puerto Rico.

Ahora estoy solo en está casa de tres habitaciones, cocina de fogones y una lámpara colgante en cada salón. Hay una máquina de escribir Remington, tendrá como poco cien años y aún brican el teclado en castellano. Sobre una mesa alta de hierro macizo hay un fonógrafo antiguo de disco plano de vinilo. Las paredes están forradas con cuadros a la virgen y el Cristo del Corazón Sangrante cuelga en la alcoba principal donde duermo.

Es un místico alojamiento que me parece una sacristía con imágenes religiosas y gruesos velones. La casa está tomada por los misterios de los santos y ángeles. El recinto está en las sombras, no tiene  chispas. Están callados y no tienen ruidos. Aquí hubo un credo de elevación y meditación. En los muros, la invocación de los monjes es igual al apetito de desear. Por eso, las puertas herméticas no se abrían al mundo profano excepto cuando llegué. La primera noche de mi estadía, las abrí de par en par  para no agobiarme de las cofradías, para descalzarme las sandalias de los monjes.

Sin embargo, yo he violentado este recinto abriendo la puerta, ahora aquí pernoctan mis buenas visiones. De manera que  dejó que el aire profano invada las habitaciones por unos momentos mientras se va consumiendo mi puro y con el mismo ritmo me tomo el ron a las rocas. Dónde empieza la felicidad de la calle, también empieza lo sombrío, lo inesperado, lo indescriptible.

El cigarro por la mitad y el trago casi lo termino, me sentía como el vigilante o portero de la calle empedrada entre muros. Los misioneros dominicos y yo prendimos siete velas, leímos dos cartas de San Pablo, cantamos el rosario a la virgen del Carmen. Me sentía tan anciano como ellos cuando oramos duramente un Padre Nuestro. De pronto estaba en un éxtasis apostólico, veía almas flotando en el aire, veía a San Lázaro chupando un habano, veía a Santa Lucía con su par de ojos en un cuenco y se me apareció  una Magdalena que caminaba por la calle empedrada, no caminaba, flotaba tristemente. Quizás era toda una revelación.

La miraba mientras se acercaba más a mi postura. Magdalena está encinta,  traía una barriga que le explotaba, nada le cubría su torso, su pipa era como un morro desnudo que se tragó el ombligo.  Los dominicos no se enteran,  cerraron los ojos y se metieron en sus calabozos. Se los tragó el credo, son obedientes a la ley de la iglesia. La señora que conocí en la tarde en la plaza Simón Bolívar, me dijo que la justicia es una. El humo del cigarro no impidió que me llegarán los olores de la sagrada gestación.

Yo me quedé solo con Magdalena en la calle. La llamo así porque es la amante pura. Intenté ignorarla con más humo en mi boca, viene hacia mí sin haberla convocado. No entiendo porque se me acercan los tristes, los tontos, los gitanos y las hechiceras. La Magdalena  se arrima a mí con su barriga llena sin cobijo, tiene frío y como cuesta entender el cuerpo grávido de una mujer. Su panza que maravilla, es un nacimiento entre la vida y la muerte.

El cuerpo de la adolescente ancestral se muestra rotundo, sus ojos se fijan en el lujo de fumar, de tomar y tener un cobijo con los misioneros. Fue atrevida, quizás por la desesperación y por mi cara de indígena. Cruzó la acera opuesta, la robusta embarazada, con los brazos cruzados que le tapaban los pechos hinchados. Sin temor se acercó, me inquieté porque solo llevaba puesto un pantalón que le tapaba los muslos y de pronto con una voz húmeda me imploró: “Señor, por caridad tiene una camiseta que me regale para cubrir mi embarazo”.

Vi sus lágrimas, el llanto quejumbroso, vi la piedad. “Me han robado y me han quitado lo poco que tenía”. Tuve sospechas que me quería timar, puse en duda a la madre calumniada que pide posada en pantalones negros y calzando  unos tenis blancos. Nada por arriba. Pensé que debía reprimir mi tendencia a la caridad y de parar de repartir monedas a los pobres que aunque no les de nada me bendicen, “Vaya con Dios, ni le de pena, que Dios se lo duplique».

Recordé aquella anécdota que escribió el poeta maldito Charles Baudelaire que contaba la breve costumbre de un rico ciudadano de París que antes de salir de su mansión se metía en unos de los bolsillos del pantalón unas  monedas falsas para engañar a los pordioseros. Es un canalla quién ofrenda sin querer perder y es un bastardo el que usa la caridad para crear falsas ilusiones.

Repaseé sus ojos lastimados, su rostro hinchado, su piel levantada y su voz ahogada. Era ella la virgen inmaculada concebida por la luna de la noche. Todo este episodio era demasiado fuerte para un dilatante que el taller de Dios lo ponía a prueba. Mientras tanto, los dominicos  seguían sin dar señales humanas.  Estaban educados en teología, leían a San Agustin pero ignoraban la misericordia, no escuchaban ni intentaban ir más allá de los claustros. Habían encendido inciensos en la capilla para vagar en las sombras del mundo. La casa estaba invadida por los intocables de la misión.

Jamás había visto el cuerpo de una mujer  mostrando al sereno su embarazo desnudo. La capilla, el monasterio y la catedral no le ofrecieron ninguna aventuranza. “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré”. Ignoro la procedencia de este llamado cristiano.

Fue un momento surrealista. Tal como se describe en los evangelios. Ella, la mujer de la luna de la noche, es la representación de la madre  María encinta del superhombre, del salvador esperado hace dos mil años.  La chica encinta buscaba un pesebre, que alguien le diera abrigo en la nocturna incertidumbre. Yo la veía venir, intentaba otra calada pensando que pasara de largo, rogué que no se detuviera delante de mí.

Venga el ron mientras nadie hablaba ni se movía en la calle, excepto aquella mujer embarazada que  le seguí con la mirada pero que estaba dispuesto a darle la espalda. Deseaba que se alejara, una mujer embarazada no tiene cuentas con un hombre desconocido. Esto era todo lo que le suplicaba a la embarazada. Pero no tenía fuerza moral para deterla.

No estaba embelesado tampoco me creía que me hacía un truco ilusionista. No tenía testigos, solo yo estaba convencido que era una mujer cuyo embarazo estaba apunto de caramelo. Quería unirme a la desconocida, quería decirle palabras de dulzura  porque he tenido la experiencia de un papá en el pasillo de un hospital en espera del más hermoso e impactante acontecimiento. Nadie la acompañaba. ¿Sería de esos embarazos de mujeres dónde el hombre desaparece? Vayan ustedes a saber.

La pantalla grande ha abordado un cine de embarazadas. Hay películas muy populares que se han convertido en la biblia del embarazo. “Qué esperar cuando estás esperando” (2012) es una de tantas comedias para disfrutar de una matiné de risas y consumos. El embarazo en Santa Fé de Antioquia es un manifiesto vivo y desconcertante por lo sagrado, no es un embarazo burgués ni urbano. Aquí el embarazo vive un destino impredecible  que espera por una película que abra los ojos.

Ella avanzaba esperando mi respuesta. “No te importa que sea una camiseta de hombre”. “No señor”, me dijo. Y en medio de la calle me puse de pie, me quité la camiseta blanca de tamaño grande de algodón. “Aquí la tienes, está recién lavada”. Entonces, mi pecho se quedó explícitamente en cueros. Me sonrió entre lágrimas, me dio la espalda, conserva el pudor, y se puso mi camiseta fresca, liviana y con mi perfume. No la detuve.  Y siguió camino hacia el río tapada, parecía menos triste; le dio la espalda a la luna nueva. Yo me quedé atónito, regresé  a mi puesto calando más hondo  y aceleré el trago. Me puse una camiseta de algodón de Medellín. Adentro, en la casa solariega, los misioneros no preguntaron por ella pero sí que  esperaban por mi para empezar a rezar.

A pesar de mi disposición y del gesto de generosidad, no dormí bien esa noche. Rehusó a ser supersticioso pero había regalado mi camiseta por una buena causa. Entonces, recordé que en la calle de la Amargura conocí a una empleada que atendía la tienda de variedades de Santa Bárbara. Después de desayunar me fui en busca a la señora Milagros. Le conté lo que me había ocurrido la noche anterior. Buscaba el consuelo de que había ayudado a una embarazada de las muchas que se ven en este partido.

“No señor. Mire usted tenga mucho cuidadito con las cosas que pasan de noche. La virgen era pura, esa mujer estaba en pelotas. Esa fue una hechicera. Mire cómo lo ha puesto inquieto. Tenga, léase la oración de San Benito por tres días consecutivos. El santo lo va a proteger de las maldiciones de la calle. Póngale mucha fé. Ya usted verá los resultados santificadores. San Benito es para esas ocasiones. Aleja los malos entuertos. Con él volverá a la tranquilidad y a la paz que ahora necesita. Son cinco mil pesos”.

Salí espantado de la tienda de variedades, la calle de la Amargura me traía angustias. A dos cuadras de la señora Milagros me encontré con Liviano Zapata que vende chorizos. Me dijo que no toma ni una gota de alcohol. Es cantautor, investigador de seres extraterrestres. Me habló que conoce los secretos del Vaticano, del Pentágono y el Kremlin. Le compré un chorizo por tres mil pesos. “Ahora ve a YouTube, me ruega,  tengo una canción, “La puta moza” que está pega”. “Vale, lo haré”, le dije. “Juancho no deje de ir a mi pueblo”.

Para nada, me dije. Aún así se me ocurre la descabellada idea de invitarlo a un café pero me contestó que con los chorizos no se puede, “que Dios se lo pague”. Entonces, pensé en todo lo que me había ocurrido en menos de veinticuatro horas. La Oración a San Benito es para alejar a diletantes, facinerosos, brujos, malandros, misioneros, amantes, envidias, ilusiones, alquimistas y magias. San Benito que bueno eres.