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Creación de un Fondo Soberano de Inversión Social en Puerto Rico

 

Especial para CLARIDAD

Introducción

La propuesta de un Impuesto Mínimo Global (IMG) del 15% a las ganancias corporativas, impulsada por la OCDE, ha generado un debate global sobre la redistribución de la riqueza y la equidad fiscal. En el caso de Puerto Rico, esta medida podría representar una oportunidad única para generar ingresos adicionales y fortalecer la economía a través de la creación de un fondo soberano. Es necesario legislar antes de enero del 2025 sobre el impuesto global mínimo y asegurar que Puerto Rico pueda aprovechar las oportunidades presentadas por el IMG, mitigando los riesgos y garantizando una política fiscal sostenible a largo plazo. Pero también es urgente la creación de Fondo Soberano de Inversión Social (FSIS) en Puerto Rico. La creación de un Fondo Soberano de Inversión Social (FSIS) en Puerto Rico representa una oportunidad única para impulsar el desarrollo económico, reducir la desigualdad y fortalecer las finanzas para ofrecer servicios a la gente de la isla. Un FSIS es un fondo de inversión controlado por el Estado, cuyos activos se utilizan para lograr objetivos sociales a largo plazo, como la reducción de la pobreza, la mejora de la educación, salud, la seguridad ciudadana, la protección del medio ambiente y la economía.

En la organización Espacios Abiertos (EA) han cuantificado y analizado el efecto del Impuesto Mínimo Global de 15%, las oportunidades y riesgos que representa para Puerto Rico y señalan es “por esa razón que es imperativo adoptar legislación que permita a Puerto Rico capturar ese dinero que de otra manera iría a las arcas de otros países.  Estamos hablando de una cantidad significativa. Son más de $3,500 millones que otros podrían reclamar.”

En la colonia, ante esta cantidad de dinero hay que diseñar un instrumento de inversión para el buen uso de esos fondos y que no terminen, pagando deuda ilegal, en acciones de corrupción donde se traquetea con emitir deuda o se desaparezca en programas que no beneficien a la sociedad puertorriqueña. De ahí la propuesta de crear un vehículo de inversión llamado fondos soberanos. Utilizando el estudio de Espacios Abiertos podemos realizar un análisis detallado de los impactos económicos y sociales del IMG y del FSIS, así como establecer un sistema de seguimiento y evaluación para medir los resultados a largo plazo.

Cuando se presentó el libro “El País que queremos” del Movimiento Diálogo Soberanista señalé que al mismo le faltaba la creación de un Fondo Soberano de Inversión Social que en otros países pequeños que se habían independizado se había creado para dar estabilidad financiera a las finanzas públicas y asegurar el bienestar de las presentes y futuras generaciones. Este fondo proporciona un colchón financiero fiscal, ayudar a complementar el déficit nacional, cimentar el desarrollo económico y ayudar la nación conseguir una mayor autonomía financiera. Desde ese momento he investigado y escrito sobre el mismo.

¿Qué es un Fondo Soberano de Inversión Social (FSIS)?

Los fondos soberanos (FSI) son vehículos de inversión promovidos por los Estados a través de los cuales manejan una cartera de activos financieros, tanto nacionales como internacionales. Un FSIS es un mecanismo financiero que permite a un gobierno invertir los excedentes de sus ingresos en activos a largo plazo con el objetivo de generar rendimientos que puedan ser reinvertidos en proyectos sociales y económico priorizando en el impacto social y ambiental.

¿Cómo podría Puerto Rico beneficiarse del impuesto global al 15%?

Existe la posibilidad, si las multinacionales con operaciones en Puerto Rico están sujetas a este nuevo Impuesto Mínimo Global (IMG) de 15% y que los ingresos fiscales de la isla podrían aumentar significativamente. Hay que comenzar a diseñar ese FSIS para que ese dinero no se despilfarre o se mal use en la colonia. Utilizando los cálculos que Espacios Abierto ha diseñado podemos planificar el FSIS con objetivos y métricas de manera que su manejo sea transparente, de discusión pública y que se sostenga.

Con este fondo soberano además de reducir la pobreza debe financiar proyectos de infraestructura, educación, salud, pensiones, protección ambiental, cultura y desarrollo económico sostenible entre otros. Además de ir reduciendo la dependencia de fondos federales, que algunos ingresarían a el FSIS, pero contaríamos con una fuente de ingresos estable y a largo plazo, Puerto Rico podría reducir su dependencia de los fondos federales y aumentar su autonomía fiscal.

Las fuentes de financiamiento para un FSIS en Puerto Rico pueden ser diversas y dependerán de las circunstancias económicas y políticas del país. Pero podemos comenzar con el uso del impuesto mínimo global (IMG) y otros fondos que existen en Puerto Rico como el fondo de recuperación por desastres y otros fondos federales. Algunas opciones incluyen que el FSIS puede recibir donaciones de individuos, fundaciones y empresas. Combinar contribuciones de empleadores y empleados con transferencias del gobierno.

La creación de un FSIS en Puerto Rico enfrenta varios desafíos, entre ellos la gobernanza y transparencia. La gobernanza es fundamental establecer un marco legal y regulatorio sólido que garantice la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión del FSIS. La estructura legal y fiscal actual de Puerto Rico podría requerir ajustes para adaptarse a las nuevas normas internacionales y maximizar los beneficios del impuesto global. La relación fiscal y económica de Puerto Rico con Estados Unidos podría influir en la forma en que se implementa el impuesto global y se utiliza el fondo soberano. Pero no debe determinar el cómo se usen los fondos ni el diseño del mismo, pues puede suceder que el colonialismo financiero se cuele y defina prioridades, como pagar la deuda antes de dar beneficios a las personas. Eso desviaría el uso del fondo y lo desangraría. Por eso la gobernanza y transparencia son dos criterios necesarios para el FSIS junto con la rendición de cuentas, para evitar la corrupción y el mal uso de los fondos.

Las inversiones del FSIS deben ser diversificadas y gestionadas de manera prudente para minimizar los riesgos financieros. No puede caer bajo los caprichos políticos de momento o bajo inversores buitres que arriesguen el mismo. Por eso la transparencia es vital y que se establezca que una pequeña porción va para fortalecer las finanzas públicas en las inversiones sociales señaladas y el resto es para que crezca, en estilo fideicomiso. Es vital alinear los intereses políticos a largo plazo para asegurar que los objetivos del FSIS se mantengan a largo plazo, independientemente de los cambios en el gobierno.

Es fundamental definir una estrategia clara para la inversión de los fondos del fondo soberano, priorizando proyectos que generen un impacto positivo a largo plazo en la economía y la sociedad puertorriqueña. La gestión del fondo soberano deberá ser transparente y estar sujeta a controles rigurosos para evitar la corrupción y garantizar que los recursos se utilicen de manera eficiente y equitativa. Es necesario establecer mecanismos de gestión de riesgos para proteger las inversiones del fondo, y asegurar la capacidad institucional para administrar y gestionar el FSIS de manera efectiva.

La creación de un Fondo Soberano de Inversión Social en Puerto Rico representa una oportunidad única para abordar los desafíos sociales y económicos que enfrenta la isla. La posibilidad de crear un Fondo Soberano de Inversión Social en Puerto Rico a través del impuesto global al 15% representa una oportunidad única para fortalecer la economía y mejorar la calidad de vida de los puertorriqueños, pero requiere una planificación cuidadosa y una implementación efectiva. Estas inversiones en proyectos que generan un impacto social positivo, pueden contribuir a construir un futuro más justo y equitativo para Puerto Rico. Sin embargo, es fundamental diseñar y implementar este fondo de manera cuidadosa, considerando los desafíos y las oportunidades que presenta para la redistribución de la riqueza y la equidad fiscal. Es fundamental abordar los desafíos y las consideraciones mencionadas anteriormente para garantizar el éxito a largo plazo de esta iniciativa, asegurar el bienestar de las generaciones futuras y diversificar la economía.

 

La victoria de Trump y el futuro de la izquierda

Por Frei Betto

Como se solía decir a la luz de las categorías marxistas, cambió la correlación de fuerzas. Después de la Segunda Gran Guerra, el avance se la Unión Soviética y el triunfo de la Revolución China (1948), en el mundo se estableció un equilibrio pendular que se conoció con el nombre de Guerra Fría.
Los países capitalistas metropolitanos, en especial los de Europa Occidental, adoptaron políticas socialdemócratas que beneficiaban a la clase trabajadora. El objetivo del Estado de bienestar social era evitar ser atraídos por la agenda comunista. La elite entregó los anillos para no perder los dedos.
Antonio Candido decía que la mayor conquista del socialismo no había tenido lugar en los países que lo adoptaron, sino en Europa Occidental que, por temerlo, concedió derechos a los trabajadores. Derribado el Muro de Berlín (1989), los derechos también se vinieron abajo.

Como Hitler y Mussolini encarnaban lo que se consideraba la derecha, asumirse como tal era tenido por políticamente incorrecto. En Brasil, después de la redemocratización (1985), en la polarización partidaria, el PT representaba la izquierda y el PSDB la derecha, aun cuando las siglas del partido eran las de la socialdemocracia.
Disuelta la Unión Soviética (sin que se disparara ni un tiro) y derribado el Muro de Berlín, la derecha decidió “salir del closet”. Hoy la polarización ideológica no es la existente entre izquierda y derecha, sino entre derecha y extrema derecha, como ejemplifican Kamala y Trump. En nuestro país, ante el avance de la extrema derecha, buena parte de la derecha trata de disfrazarse de “centro”. Es el caso del PDT, el MDB y otros, que no abogan por una sociedad poscapitalista.

La elección de Trump es la cereza que faltaba en el pastel del ascenso de la derecha en el mundo. Sin duda, anabolizará a la extrema derecha en Brasil. La diferencia entre la derecha y la extrema derecha consiste en que la primera respeta las reglas de la democracia burguesa; la segunda las ignora y adopta medidas autocráticas. El tema ha sido exhaustivamente tratado por autores como Roger Eatwell, Matthew Goodwin y Cas Mudde.
¿Cómo quedan los partidos progresistas como el PT, el PSOL, el PCdB, la UP y otros? Tal como andan las cosas (la elección de Trump y el resultado de las elecciones municipales en Brasil) difícilmente alcanzarán un número significativo de votos en las elecciones de 2026.
El próximo Congreso, que se elegirá ese año, será tanto o más conservador que el actual. ¿Cómo se garantiza ese resultado? Con el presupuesto secreto, ahora apodado enmiendas parlamentarias. Ningún cacique municipal o estadual correrá el riesgo de perder ese caramelito en la próxima legislatura federal. ¿Quién va a querer renunciar a una cornucopia de la que chorrean cada año miles de millones de reales que se embolsan los 81 senadores y los 513 diputados federales’

*¿Qué alternativas tienen la izquierda y los partidos progresistas?*

Uno de los desafíos es el de lidiar política y profesionalmente con las redes digitales. No se puede depender de iniciativas personales o grupales. Si un partido quiere emitir mensajes (análisis de coyuntura, datos del gobierno progresista, desmentidos a las noticias falsas de la derecha, etc.) tiene que contar con profesionales especializados en medios digitales e identificados políticamente con las propuestas de la izquierda. No debe repetir el error de ciertas campañas electorales de candidatos de izquierda cuyos especialistas en marketing son de derecha… Hay que contar con equipos que se releven cada ocho horas para actuar las 24 horas de domingo a domingo. Y los contenidos emitidos deben tener un lenguaje popular y un fuerte impacto visual.
*¿Qué llevó a Lula tres veces a la presidencia de la república?* No fueron la pericia de los especialistas de marketing ni las alianzas partidarias, sino el trabajo de base, de educación política, que acumuló en torno a él un abultado capital electoral. Fue un trabajo desarrollado en todo Brasil a partir de la década de 1970 por las comunidades de base de las Iglesias cristianas, los movimientos populares, el sindicalismo combativo, la militancia remanente de la lucha contra la dictadura. Un trabajo conducido con la pedagogía de Paulo Freire.

*¿Por qué votaron por Trump las clases populares de los Estados Unidos? ¿Por qué hay “pobres de derecha”? ¿Por qué en Brasil solo la derecha logra organizar manifestaciones con un número significativo de participantes?*
Tomemos el ejemplo de doña María. Trabaja de sirvienta y se sentía excluida, oprimida, condenada a la invisibilidad. Ansiaba, como es natural, salir de ese círculo infernal. Soñaba, como todo ser humano, con ser socialmente reconocida y respetada. No le bastaba con tener un nombre, documentos de identidad y un trabajo para garantizar malamente la sobrevivencia propia y la de sus dos hijos. Deseaba “algo más” que le brindara identidad social, fueran bienes materiales (vivienda, escuela para los hijos, mayores ingresos) o bienes simbólicos (cultura, calificación profesional, perfeccionamiento de sus dotes artísticas).
María se sentía humillada por la ardua jornada diaria. Abandonada por el marido, buscaba conciliar su trabajo de sirvienta con el cuidado de sus hijos. Además de trabajar mucho, se pasaba varias horas al día en el transporte colectivo y se sabía socialmente invisible. Su hijo adolescente quería al menos unos tenis de marca para ser socialmente reconocido. Los sueños de consumo podían hacerlo vulneraba a los tentáculos de la delincuencia.
Todo cambió el día que María ingresó en una comunidad religiosa que la trata de “hermana”, se interesa por su vida, la ayuda a superar dificultades. Para consolidar ese reconocimiento, abrazó la ideología de la comunidad. El pastor o el cura la convenció de que su sociedad –capitalista– le ofrece oportunidades a todos, basta con abandonar los vicios. Por tanto, dejó de gastar su menguado salario en apuestas y cigarros. Ahora considera a las familias acomodadas en cuyas casas trabaja bendecidas por Dios gracias a la prosperidad alcanzada. Aunque sigan considerándola una “doña nadie”, María aprendió en la Iglesia que Dios la ama como a una hija y eso alimenta su autoestima.

Aunque el gobierno le dé a María una casa propia gracias al programa “Mi casa, mi vida” y una entrada adicional mediante la Bolsa Familia, y aunque sus hijos tengan escuela y empleo, María no dará el salto epistémico de la ideología de derecha a la de izquierda.
Todos los medios que rodean a María (la cultura que respira, las familias que la contratan, la televisión, la radio, las redes digitales en su celular) la han inoculado con la naturalización del sistema capitalista. Como señala el sociólogo estadounidense Seymour Martin Lipset en su obra Political Man, María admira a las personas ricas y poderosas, y vota por políticos que prometen combatir la politiquería y la corrupción y tratar con mano de hierro a los delincuentes y los traficantes de droga.
María solo dará el salto epistémico si participa en una comunidad que la convenza de que Dios no creó el mundo para que la humanidad se dividiera en pobres y ricos, ni para que existiera una sociedad donde unos pocos se embolsan mucho y muchos claman por un plato de comida. O si se suma a un movimiento popular que, además de organización para adquirir una casa propia o un área en el campo en la que pueda producir, le ofrezca una educación política que le permita entender las causas de las desigualdades sociales, la delincuencia, la dependencia de las drogas.

En la cabeza de María, hombres como Trump o Bolsonaro merecen su admiración, porque son duros con la delincuencia y por esos los “llorones” los acusan injustamente de toda suerte de mentiras. María no sueña con tener la vida de las señoras para las que trabaja. Sueña con andar por las calles sin miedo a que le roben la cartera o el celular, con ver a sus hijos empleados, con que en su barrio haya alcantarillado y calles asfaltadas.
Jamás ha imaginado que si en la sociedad hubiera menos ricos, también habría menos pobres. Nunca tuvo oportunidad de recibir educación política. Por eso, vota confiada en la derecha, como votaron mayoritariamente los electores estadounidenses por Trump, convencidos de que hará que la rueda de la historia gire en sentido contrario y el sueño americano se haga realidad para todos.

Si la izquierda brasileña no baja a Paulo Freire de los libreros, reinaugura equipos y escuelas de educación popular, capacita a militantes para que trabajen junto a las clases populares, asume la ética como un principio innegociable y cambia el proyecto de poder por el proyecto de Brasil, sufrirá en 2026 su peor derrota desde el fin de la dictadura en 1985.

 

Reproducido de www.cubadebate.cu

Nuevo récord mundial para Cuba en el 505 aniversario de La Habana

 

Corresponsal de CLARIDAD

 

La Habana, Cuba –El multirecordista mundial de dominio del balón Erick Hernández volvió a alcanzar otra cota universal al recorrer una distancia de 10 kilómetros en un tiempo de  2:29.33 horas y dominando una pelota solo con la cabeza, los pies y los muslos sin dejarla tocar el suelo.

El cubano, conocido popularmente en Cuba como “el Dominador”, logró la hazaña durante la tradicional carrera del Marabana que se celebra todos los años por estas fechas, en coincidencia con el aniversario de la ciudad de La Habana.

“Este récord significa mucho […] es un regalo que le quiero hacer al 505 aniversario de La Habana y es mi cuarto récord del año. Hacer cuatro récords en un año es algo bastante complejo”, expresó Hernández al periódico CLARIDAD tras cruzar la meta el pasado 17 de noviembre.

En octubre de este año el multirecordista había establecido otra marca mundial al tocar en 13,985 veces un balón durante una hora.

Previamente, había roto su propia marca de más tiempo dominando un balón solo con los pies en una posición de sentado y con 1.5 kilogramos de peso atados a cada tobillo durante 3:07.28 horas.

Pero a pesar de su experiencia en estas lides, la recién culminada proeza supuso para el cubano un reto adicional.

“Es un récord que cambia completamente toda la preparación física y toda la preparación metodológica y psíquica con respecto a los récords anteriores, que habían sido desde la posición estática. Este es completamente en movimiento, depende mucho de los factores climatológicos, de la superficie, etc”, detalló el recordista.

Nacido en La Habana en 1966, Hernández se inició en el mundo del dominio del balón en 1996 y desde entonces ha logrado un sinnúmero de palmarés universales, entre ellos, dos récords Guinness.

Posee la marca de más toques al balón solo con la cabeza en un minuto (351 golpes) y el deportista que en singular ha estado más tiempo tocando la esférica solo con los pies de manera ininterrumpida (12 horas 06 minutos 10 segundos). 

Hecho ya su sitial en el ámbito universal, Hernández asegura que para él es un compromiso mantener el nivel que ostenta y por el que se le conoce en el mundo entero.

“Para mí es un compromiso y eso me obliga a prepararme cada vez con más ahínco, con más perfección para los retos y para no defraudar a las personas que me siguen”.

AUMENTA PARTICIPACIÓN EN LA INTERNACIONAL MARABANA

En el contexto del 505 aniversario de la ciudad de La Habana, tuvo lugar el pasado 17 de noviembre la tradicional carrera Marabana a la distancia de 5k, 10k, 21k y Maratón.

El evento contó este año con la participación de más de 2,000 corredores de 46 países, uno de los mejores registros de concurrencia de los últimos años.

Las coronas en la prueba reina de 42k se la llevaron Dairan Suárez con tiempo de 2:37.28 horas, en la rama masculina, y Milena Pérez con 3:03.37 horas, en la rama femenina, ambos cubanos.

En la Media Maratón, también se impusieron corredores locales: Francisco Ronnei Estévez con 1:06.51 horas (masculino) y Anisledis Ochoa con un crono de 1:15.21 (femenino).

 

No pocas interrogantes se abren con esta nueva presidencia de Donald Trump.

 

 

Esta nueva elección de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos es una reafirmación y una muestra de cuan polarizada está esa sociedad y de las fracturas al seno de su elite política.

Por muy extraño y abigarrado que nos resulte el discurso y la actuación impulsiva de Trump, su contundente victoria electoral refleja y resulta un espejo de las contradicciones e inseguridades que afectan a amplios estratos del pueblo estadounidense. A su vez, el respaldo obtenido por el presidente electo y a sus acciones revelan buena parte de la verdadera cara actual de Estados Unidos. Hay que entenderlo así para comprender algo de lo que se cierne sobre el futuro inmediato de ese país y su papel en el concierto de naciones.

El triunfo en las urnas para su reelección fue muy sólido y mucho más allá de lo esperado. Por vez primera obtuvo la mayoría del voto popular y ganó en todos los estados decisivos, habitualmente fluctuantes entre ambos partidos.  Con ello, en el determinante Colegio Electoral, Trump obtuvo una amplia mayoría de 312 votos de los 538 que se emiten en ese peculiar ente electivo.

A la par con ello los republicanos conquistaron la mayoría en el Senado, la retuvieron en la Cámara de Representantes y, con ello, Trump va a contar con el predominio en las tres ramas del gobierno – Ejecutivo, Legislativo y Judicial – dada la posición conservadora de seis de los nueve integrantes del Tribunal Supremo, varios de ellos nombrados por Trump durante su primer mandato. Sobre esa base, y sin descartar la ocurrencia de contradicciones, podría darse un ejercicio más sintonizado políticamente por parte del gobierno federal -al menos, en los próximos dos años. Tal situación sería, sin dudas, algo desventajoso para las fuerzas populares dentro de Estados Unidos, así como para quienes en el exterior enfrentan las presiones del imperio.

El ex presidente manejó con efectividad su retórica antiinmigrante, manipuló las preocupaciones populares acerca de la situación económica, y se benefició con los deseos de cambio del electorado y al enfrentar a una oponente que no logró legitimidad entre los votantes.

El triunfo de Trump se produjo pese a que el Partido Demócrata se ha movido más hacia la derecha – o quizás porque debido a ello ese partido enajenó sus bases. Asimismo, el ex presidente se impuso a pesar de los muchos procesos judiciales que enfrenta, que en buena medida fueron instrumentalizados contra él bajo la presidencia de Biden.

Por otra parte, algún peso tuvo el error de cálculo de los demócratas al basar su campaña en la creencia de que tendría lugar nuevamente – y que les bastaría para imponerse -, la ocurrencia de un rechazo popular mayoritario a la figura de Trump, similar al que sirvió de base para el triunfo electoral de Biden hacia solo cuatro años. De ahí la insistencia del actual mandatario y sus partidarios en demonizar e inyectar temores respecto a Trump, y de que éste, de triunfar, pondría en peligro los cimientos de la democracia estadounidense.

En alguna medida lo ocurrido en los últimos años desdice bastante de la imagen hollywoodense que muchos tienen de Estados Unidos. La idea de un país inspirador, de formas civilizadas, tolerante ante la diversidad. Trump, y todo lo que tiene detrás su triunfo, rompe con esa imagen.

El papel y la irrupción de Donald J. Trump en la política estadounidense en los últimos diez años puede analizarse tomando como centro, bien su figura, su personalidad, o bien considerando el momento que vive el país, sus muy serias fracturas sociales y políticas, así como, en general, el contexto y búsqueda – por parte de la elite dominante – de una salida a los desafíos y la paulatina declinación de la primacía estadounidense.

El Presidente electo es como la personificación de un proyecto de elite alternativa al modelo que está en quiebra hoy en día. Se ha afirmado que viene a ser la representación burda del ocaso del imperio.

Aunque cuenta, por supuesto, con importantes apoyos oligárquicos. Trump vuelve a la presidencia sin haber sido el preferido para una buena parte de la elite del poder. Entre los nuevos factores oligárquicos se encuentran multimillonarios crecientemente activos de manera directa en la política del país, como es el caso de Elon Musk, de 53 años, catalogado el hombre más rico del mundo y a quien Trump ha designado para que dirija el nuevo “Ministerio de Eficiencia Gubernamental” encaminado a encabezar un intento de reducir el gobierno y desmantelar la burocracia.

En varios aspectos importantes, el nuevo mandato de Trump también introduce ruidos en la continuidad de la política exterior y en su sistema de alianzas. Parte de sus dichos han generado temores entre sus llamados aliados transatlánticos y podrían materializarse en políticas que generen una peor y más tensa relación.

No obstante, está claro que esas posiciones medio heréticas de Trump no alteran el consenso esencial de la clase política yanqui en temas de política exterior.

Está aún por verse cuanto de desafío a las fuerzas afines al poderoso Complejo Militar-Industrial lleguen a significar los pasos del gobierno Trump para cumplir sus promesas de terminar con celeridad la guerra en Ucrania y de reducir su apoyo a la OTAN.

Al propio tiempo, no hay que desconocer que varias de las grandes empresas productoras de equipos bélicos cuentan con divisiones o son parte de conglomerados con vertientes de negocio y experiencia que les permiten sacar frutos, también, en proyectos para la reconstrucción de los países destruidos por las guerras, como es y será el caso de Ucrania.  Es decir, sectores del Complejo Militar-Industrial y otros grupos financieros estadounidenses, incluso aquellos menos beneficiados por la proyección bélica en Ucrania, estarán prestos y con la capacidad de lucrar después del conflicto, incluyendo hacerse a bajo costo con importantes activos y recursos de los entes locales que resultan fuertemente endeudadas como resultado del esfuerzo bélico.

Todavía faltan dos meses para la toma de posesión. Un elemento importante en la gestión de Trump en su nuevo mandato estará, sin dudas, en la esfera económica, en la utilización agresiva de sus recursos de poder e influencia económica.

Trump avanzó con facilidad en su campaña sin tener un plan claro para la batalla del año próximo sobre los impuestos, pero pronto tendrá que enfrentarse a la realidad. Los recortes de impuestos por valor de miles de millones de dólares aplicados en su primer mandato expirarán a fines de 2025.  En su campaña el ahora presidente electo se había comprometido a hacer permanentes esos recortes de impuestos, al mismo tiempo que propone nuevos recortes de gran alcance. Esas exenciones afectan principalmente a los contribuyentes individuales, y los impuestos de casi todos aumentarían si se permite que caduquen a fines del año próximo.

En ese campo, como en muchos otros de sus planes de gestión de gobierno, estará guiado por su concepto de priorizar el interés de Estados Unidos por sobre todo lo demás, y en el propósito de Hacer Grandioso de Nuevo a Estados Unidos (MAGA: Make America Great Again), lo que no quiere decir que vaya a adoptar una clásica política aislacionista.

Trump quiere financiar los recortes de impuestos a la renta con fuertes aumentos de aranceles a las importaciones (que serían extremadamente altos para los productos de China). Está por verse como compensarían el gran impacto inflacionario que ello conllevará.

Por otra parte, como sabemos, el presidente electo se ha movido rápido en la selección y anuncio de quienes ocuparán muchos de los más altos cargos en su administración. A primera vista se observan grandes diferencias entre ellos, según su trayectoria y posiciones políticas, lo que hace pensar en la probabilidad de que se acentúen luego las contradicciones internas en el gobierno. Se destacan los casos de Robert F. Kennedy Jr. y de Tulsi Gabbard, ex demócratas que le dieron un muy sonado apoyo a Trump, pero con abiertas posiciones contrarias a los excesos militares del país. Llama la atención que la Gabbard esté siendo nominada como Directora de Inteligencia Nacional.

Por otra parte, entre los nombramientos, uno muy diferente a los antes mencionados, y de los más polémicos, es el del Senador de origen cubano Marco Rubio como Secretario de Estado. Éste, su antiguo contrincante, ha expresado ya su agradecimiento y lealtad a Trump, aunque es claro que Rubio tiene definida una agenda propia de línea dura, y ha expresado que trabajará “por la paz a través de la fuerza”.

No parece que esta designación sea algo que, en general, le aporte mucho al propio Trump, aunque al haberlo escogido denotaría una intención también por parte del presidente electo, de abordar con agresividad la política hacia Cuba, Venezuela y en otros asuntos y países de la región., mientras que generará vaivenes en las siempre complicadas relaciones con China, entre otros.

Estas son nominaciones de Trump que estarán a la espera de obtener aprobación en el Congreso después de su toma de posesión.

Mientras tanto las reacciones favorables a la nominación de Rubio incluyen, entre otros, saludos de connotadas personalidades reaccionarias como Jair Bolsonaro, del presidente paraguayo, y María Corina Machado, mientras que fue catalogado como una pésima noticia y con expresiones de preocupación por voceros chinos, latinoamericanos y otros. Asimismo, algunos consideran que puede conducir a cierta falta de diálogo político con algunas contrapartes, incluso moderadas, como los gobiernos de Brasil y Colombia, que han sido objeto de ataques por parte del Senador Rubio.

Será Otra Cosa-Inadvertidas combatientes

 

Especial para En Rojo

 

Bien se sabe cuán falaz es el carácter solitario que suele atribuírsele al acto y a la práctica de escribir. Se escribe “sola” entre multitudes. La escritura es un arte de asamblea porque debemos su mecánica a la larguísima historia evolutiva del cuerpo de nuestra especie. También lo es porque escribimos acompañadas, sepámoslo o no, por la literatura mundial en su inagotable diversidad; escribimos porque leemos. Por si fuera poco, escribir es, además, un ejercicio de transmutación del lenguaje mismo y de nosotras, que lo atravesamos y a quienes nos atraviesa. En otras palabras, la escritura es edición. Pienso que escribir es saber —e incluso desear— abrirse con inquietud confiada a que, además de nosotras mismas, otras lectoras con criterio nos recorten, peguen, reorganicen, desafíen, amplíen, profundicen. Sin ese acompañamiento, la escritura —sobre todo cuando su voluntad es al arte— no sería tal cosa. Escribir, leer y editar conforman, pues, un continuum de creación que no se agota nunca.

Desde hace muchos años, edito, formal e informalmente. El oficio como editora, me parece, ha sido esencial para mi pasión y disciplina como escritora. Por definición, la editora, quien ha de ser navaja, esparadrapo y agua oxigenada, debe pasar inadvertida. Solo si no se notan sus manos de costurera, de alfarera, de cirujana; si la escritura —tono, ritmo, imágenes, léxico, estructura, sintaxis, ortografía— parece haber emergido exactamente así, como la leemos cuando lo hacemos, la editora habrá hecho bien su trabajo.

En este año 2024, Editora Educación Emergente, el proyecto independiente en el que trabajo como editora junto a Lissette Rolón Collazo, cumple quince años de labor en el Puerto Rico nuestro, con su cordillera de herida y su litoral de cicatriz. Falto a la bienvenida invisibilidad de la editora escribiendo esta nota en reconocimiento y celebración del oficio, que tampoco es solitario. Reconozco y agradezco a todas las editoras que seguimos comprometidas con la palabra certera y la cadencia precisa; con la vital necesidad de la lectura, el estudio y la investigación; con la apuesta por publicar los mejores libros que seamos capaces de producir, véndase lo que se venda; con el enorme sentido de responsabilidad que supone, en un mundo en llamas, asumir una voz en público y decir, tomen este objeto, humanos desconocidos, y léanlo, que será bueno. Celebro también la fantástica compañía de tantas personas que nos asisten día tras día en las muchas tareas, gestiones, diálogos, fatigas y escollos que supone la aparición de un libro, sobre todo en un país como el nuestro y en un presente histórico como el que nos acontece.

Es la tercera semana de noviembre. Han pasado las elecciones de 2024. Seguimos haciendo libros. Seguimos creando arte de incontables maneras. Seguimos laborando en comunidades y colectivos de base. Seguimos organizándonos políticamente y oponiéndonos al expolio. Lo hacemos de Cabo Rojo a Fajardo, de Aguadilla a Vieques. Estamos aquí y de aquí no nos vamos. Sabemos querernos y comprometernos, a la vez, con el mar y con el cielo, como los manglares que somos. Entrelazamos rizomas y protegemos la orilla. Nos sabemos juntas aun cuando no se nos vea. Acá abajo, junto a numerosos proyectos hermanos en los que cada día cultivamos la política de rigurosa ternura que caracteriza a las mejores editoras, continuaremos apalabrando con acciones y accionando con palabras el país anhelado, inadvertidas combatientes.