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Sábanas Blancas sobre los medios de información

Manifestación boricua en solidaridad con Palestina. Foto por Alina Luciano

 

 

Especial para CLARIDAD

No sé quien dijo que cuando estalla la guerra la primera víctima es la verdad. En esta era de exceso de información esta es una realidad innegable. La verdad de lo que ocurre en el Medio Oriente es cada día más difícil de discernir, no tanto por lo que se informa y dice, como por lo que no se informa ni se dice. Sobretodo en esta tierra colonizada en donde vivimos.

Los medios noticiosos corporativos en Puerto Rico, tanto escritos como televisados, se han convertidos en cómplices del genocidio del pueblo palestino. Apenas informan la destrucción que se lleva a cabo contra el pueblo palestino no solo en Gaza, sino en Cisjordania, donde colonos israelíes que han ocupado territorio palestino en contra de toda legalidad internacional en lo que debería ser el territorio principal para la formación de un estado palestino, están atacando a los palestinos que allí residen.

Los noticieros de la mañana que se han convertido en lo que llaman ¨informteinment¨ apenas dedican 30 segundos a un minuto en dar alguna información superficial sobre lo que sucede en Gaza. Los periódicos corporativos censuran columnas en apoyo al pueblo Palestino, apenas cubren las demostraciones en apoyo locales y ni hablar de las que se están llevándose a cabo en el mundo, incluyendo EEUU, cada vez mas masivamente y con una participación significativa de grupos de judíos, sobre todo jóvenes.

Tenemos que estar atento a la narrativa de los medios corporativos para no ser confundidos. Para empezar, los medios identifican el origen de esta guerra en el 7 de octubre de 2023 cuando las milicias de Hamas entraron a Israel matando a 1,400 civiles israelitas. Esta es la justificación que el estado sionista de Israel usa para continuar y acelerar un genocidio que data desde 1948. El genocidio comenzó con el evento que se conoció como el Nakba cuando militares Sionistas expulsaron a cerca de 750,000 palestinos y se apoderaron del 78 por ciento de la Palestina histórica. El remanente 22 por ciento se dividió entre la Cisjordania y Gaza. En Gaza Israel controla el espacio aéreo y marítimo. Gaza se conoce como la cárcel al aire libre mas grande del mundo. Los 2.3 millones de palestinos viven en un territorio que mide 41km  (25 millas) de largo y 10 km (6 millas) de ancho.

Al momento de escribir esta columna sabemos que según informa el Ministerio de Salud de Gaza han sido asesinados sobre 12,000 palestinos, mas del 40 por ciento de ellos son niños(as) y entre los muertos hay un número significativo de mujeres y adultos mayores.

¿Qué es Hamas? Hamas es un grupo armado de resistencia formado en reacción a la ocupación brutal de Israel del territorio palestino. Ciertamente los ataques del 7 de octubre por parte de Hamas en Israel resutaron en lamentables pérdidas de vida.

¿Entonces por qué decimos que Israel está cometiendo genocidio en Palestina? El 12 de octubre de 2023 un grupo del Relator Especial de la Organización de Naciones Unidas condenó los ataques indiscriminados de Israel contra el ya exhausto pueblo palestino de Gaza, que lo componen sobre 2.3 millones de personas, de los cuales casi la mitad son niños. El pueblo palestino de Gaza ha sido sometido a un bloqueo inhumano e imposición de un sistema de apartheid, por sobre 16 años, han vivido sobre cinco guerras brutales sobre las cuales no se ha impuesto responsabilidad alguna. Los relatores especiales advirtieron sobre las consecuencias severas de la negativa de proveer agua, comida electricidad y medicinas a la población de gaza. Aún así, Israel no permite la entrada de ayuda humanitaria.

El 14 de octubre el Relator Especial sobre la Situación de los Derechos Humanos en los territorios palestinos ocupados advirtió sobre la repetición del Nakba de 1948 y el Nakba de 1967, en escalas aun mayores, mientras los israelitas llevan a cabo una limpieza étnica masiva de los palestinos bajo la sombra de una guerra.

¿Criticar a Israel significa que se es antisemita? Por mas de un siglo los judíos alrededor del mundo han mantenido una crítica robusta del sionismo y el estado de Israel. En el pueblo judíos existen muchas voces que denuncian la creación de un estado sionista como en violación a la doctrina judía. Muchos miembros del pueblo judío  han alzado su voz en protesta contra la desposesión de los nativos palestinos para conformar el territorio de Israel. (Ben Larber para Jewish Voices for Peace)

¿Por qué los medios están tan inclinados a apoyar la narrativa del estado sionista de Israel? El apoyo de EEUU a los colonos israelitas es una parte crucial del los planes de dominación de EEUU en el Medio Oriente, fuente principal del petróleo.  Por tal razón, EEUU ha comprometido sobre $3.3 miles de millones (billions) en ayuda extranjera a Israel en el 2022. De esa cantidad $8.8 millones fue para la economía de Israel, mientras el 99.7 por ciento de la ayuda fue para gastos militares. El dinero estadounidense sin duda está financiando el genocidio contra el pueblo palestino.

Mientras muere un/a niño/a palestino/a cada diez minutos cuyos cuerpitos vemos cubiertos con sábanas blancas, los medios corporativos cubren con sábanas blancas la información necesaria para tratar de evitar que los pueblos se movilicen masivamente y con urgencia. Por lo tanto, adquiere mas importancia aún que nos informemos y compartamos la información obtenida.

En palabras de Layla Maghribi, una periodista independiente inglesa de descendencia Palestina-Siria, ¨No solo estamos siendo testigos de la descomposición de la humanidad. Estamos siendo testigos de la descomposición de la profesión (del periodismo).¨

 

 

 

Puerto Rico Musical de Néstor Murray-Irizarry

(Centro de Investigaciones Folklóricas de Puerto Rico, Casa Paoli, 2023. 249 páginas)

 

En Puerto Rico sentimos la música. Algunas personas podrían decirme: «la música se escucha». Y, en efecto, la escuchamos. Pero al fusionarse la sucesión de sonidos, el ritmo, o alguna melodía con nuestra esencia y vivencias, pues, de inmediato percibimos olores nuevos o conocidos, también sabores distintos; a la vez que podemos tocar las “superficies” de esa melodía por medio de la recreación de imágenes o escenarios que simultáneamente “saltan” a nuestra mente. A ello me refiero con “sentir” la música. La sentimos profundamente sin limitaciones. Nuestras experiencias como pueblo nos permiten sentir de esta manera. Y son esas experiencias –es decir, las del colectivo; como puertorriqueños y puertorriqueñas– las que el historiador Néstor Murray-Irizarry documenta en su nuevo libro: Puerto Rico Musical. Experiencias que, convertidas en memoria histórica y en su síntesis y desplazamiento a estas páginas por medio de la escritura del autor, le permitirán al lector la multiplicidad sensorial aludida, esto es, sentir la música puertorriqueña.

El autor es un caribeño, natural de Ponce. La relación de Néstor Murray-Irizarry con el arte de la música es muy estrecha. Él mismo relata en las páginas iniciales de su libro como su padre Santiago Murray Vázquez le transmitió pasión por la música. Una pasión que transmutó a la materialidad del texto y hoy se encuentra en las manos de decenas de lectores. Esto es Puerto Rico Musical: la pasión por la música que caracteriza a su autor. Murray-Irizarry es un historiador cultural de una narrativa “contrapunteada”. Su conocimiento histórico y cultural es amplio y ello lo manifiesta en su escritura acerca de la música puertorriqueña. Una escritura de un “contrapunteo” entre músico y su entorno. Recordemos que como parte del ámbito musical el contrapunto, en una de sus acepciones, se refiere a «concordancia armoniosa de voces contrapuestas», según el Diccionario de la Real Academia Española. Y esto es lo que logra Néstor en su escritura: una armonía en el relato histórico musical –ello se observa en la fluidez– en donde al artista se le analiza como parte de una sociedad colonial caracterizada por las tensiones propias de su relación política. La escritura de Murray-Irizarry es armoniosa y fluida. Su tesis doctoral precisamente versa sobre la música y en este nuevo libro comparte parte de ese conocimiento relativo a su querida ciudad de Ponce además de que comparte nuevos hallazgos en torno a figuras olvidadas o desconocidas del ámbito musical puertorriqueño. Este es el caso de Simón Madera Magallanes y Elio Adriano Llorens Rivero, entre otros.

Leer Puerto Rico Musical –para mí– ha sido recordar los inicios de esta etapa de estudios en la que me encuentro en mi querida Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Me explico. En un Seminario de Investigación con el historiador Francisco Moscoso, me interesé por las manifestaciones artísticas que se documentaron en tres meses particulares del 1897, en la Gaceta de Puerto Rico, periódico oficial del gobierno español en Puerto Rico a lo largo del siglo XIX. Los periódicos seleccionados fueron los números 233 al 311, los correspondientes a los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1897. Revisé alrededor de 54 periódicos, de seis páginas cada número, o fecha, en una época en la que la Gaceta de Puerto Rico se publicaba seis días a la semana; así como se puede leer en la presentación de cada uno de sus números: «se publica todos los días menos los domingos». Como parte de esta investigación concluí que el ámbito musical era una de las manifestaciones con más presencia o protagonismo en la sociedad puertorriqueña decimonónica. Y por ámbito musical me refiero a todo lo que comprende la música: desde las personas e instituciones que la promueven, estudian y representan de alguna manera; hasta el instrumento musical como objeto y la confección de éste. Según encontrado en la Gaceta, existió en esa época una Sociedad de Conciertos en la ciudad de San Juan a la que todos los Ayuntamientos debían aportar para su mantenimiento. Cabe señalar que algunos municipios podían aportar económicamente y otros no. ¿Por qué les menciono todo esto? Porque además de que la lectura del libro me transportó a una de las aulas de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras; gracias a este libro –Puerto Rico Musical– he podido completar ideas o imágenes hasta hace unos días inconclusas, respecto al escenario musical en Puerto Rico de finales del siglo XIX.

Conviene destacar, además, que, así como mi fuente principal fue el periódico Gaceta de Puerto Rico (c. 1806–1902), para la materialización de este texto de Néstor Murray los periódicos fueron indispensables. El autor se sumerge en los periódicos de la época –es decir, en los de la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX–; periódicos que muy bien caracterizan a la sociedad puertorriqueña de ese tiempo. Periódicos que representan las tensiones sociales del momento. Algunos de estos periódicos consultados por el autor –sus fuentes primarias– son Boletín [Instructivo y] Mercantil de Puerto Rico (c. 1839–1918), La Correspondencia de Puerto Rico (c. 1890–1943), La Democracia (c. 1890-93–1948), El Águila de Puerto Rico (c. 1902 – 1934), El Mundo (1919–1990), entre otros. Precisamente del periódico El Mundo es el hallazgo de la fotografía –Colección de la Universidad de Puerto Rico– que se encuentra en la portada o cubierta del libro y se extiende a la contracubierta. Es una fotografía mágica; sugestiva. Es difícil no sentirse parte de ese escenario que acoge a Simón Madera y a sus hijos. Los cinco personajes miran al espectador-lector, nos miran a nosotros, y todos estamos esperando a que inicie el concierto del Quinteto Madera. Sin duda, esta fotografía es una joya patrimonial. Gracias, Néstor por compartirla.

También esta lectura me ha permitido descubrir una diversidad de escenarios culturales que, la mayoría de las veces, trascienden los límites territoriales del archipiélago puertorriqueño. Los artículos y ensayos compartidos en esta publicación evidencian el virtuosismo de nuestros músicos y el desplazamiento “natural” a ciudades cosmopolitas como Nueva York y París. El patriotismo y el cosmopolitismo se fusionan en la historia musical puertorriqueña. De ello nos da constancia Néstor en su libro. Cuando inicia su narrativa en torno al tenor Antonio Paoli, el autor afirma:

El verdadero testimonio del amor a la patria se construye fundamentalmente sobre el pedestal de la propia identidad cultural expresada en los orígenes de nuestro ser y nuestro destino. La obra artística, como tributo de la fuerza y de la vida, como anhelo y aspiración, recorre latitudes y avanza sobre el dominio de continentes. Antonio Paoli, equipado con todos los medios expresivos a su alcance, enriqueció las grandes óperas de su tiempo. (120)

Los puertorriqueños que tuvieron la oportunidad de escuchar a Paoli en París sentían ese patriotismo “regional”. Murray-Irizarry menciona el caso de Antonio Otero Arce, el de Bazar Otero en Ponce. Según Murray:

Afirmaba Otero Arce que en ninguna ocasión había sentido un placer tan íntimo al asistir a un teatro. Otero hubiera deseado tener a su lado a los familiares, a todos los amigos y compueblanos amantes de la música, en fin, a alguien a quien expresar de modo palpable cómo vibraba su sistema nervioso y cuan grande era su orgullo y satisfacción que le alcanzaba hasta lo más profundo de su sentir. (121-122)

Completo este cuadro “emotivo” –y que nos remite, a su vez, a lo que denominé al inicio de esta presentación como “sentir la música”– con las siguientes palabras de Otero Arce que se comparten en el libro: «Imagínense nuestros amigos la alegría de este puertorriqueño, ponceño al mismo tiempo. La emoción nos embargaba hasta el punto de querer gritar a todos: Es nuestro paisano. Es de Ponce» (121).

Ambos fragmentos del libro que corresponden tanto a palabras del autor como a una cita de un coetáneo de Antonio Paoli, las propongo como ejemplos de lo que intenté explicar respecto a que en Puerto Rico “sentimos” la música.

Paoli fue un puertorriqueño cosmopolita. Era lo natural en la época. Este cosmopolitismo se percibe incluso en la escritura de Alejandro Tapia y en la de José Julián de Acosta. Ambos historiadores y escritores del siglo XIX. Podríamos decir incluso que este cosmopolitismo “natural” en algunos puertorriqueños del siglo XIX les permitía apreciar mejor su lugar de nacimiento. Un lugar que era hostil para todo aquel que pensara distinto a los que representaban el poder en la sociedad colonial. Un lugar en el que, a pesar de las limitaciones para los nacidos en la colonia, pese a la violencia de la censura y a la opresión constante, se lograron desarrollar intelectuales y artistas que hoy son el cimiento de nuestra identidad puertorriqueña. Puerto Rico Musical, este libro que hoy tienen en sus manos, es acerca de nuestra identidad.

Puerto Rico Musical es un “repertorio” de artistas que, por un lado, todavía están dando la batalla entre memoria y olvido, y, por otro lado, de algunos que simplemente no se recuerdan. Para el filósofo François Jaran, «la existencia humana pone de manifiesto el pasado luchando contra la inclinación al olvido» (Jaran 2019, 106). ¿Cuánto conocemos de Federico Ramos Escalera y Simón Madera Magallanes? Ambos puertorriqueños negros que tuvieron una relación directa con Guayama. ¿Alguna vez escucharon de Elio Adriano Llorens Rivero? ¿Por qué no se habla de Francisco Cortés González? Este último un pianista y compositor que admiraba a Ramón Emeterio Betances y que recorrió la ciudad de París con su música.

Los músicos que se encuentran en el “primer plano” del lienzo escritural de Néstor Murray-Irizarry son Juan Morel Campos, Federico Ramos Escalera, Simón Madera Magallanes, Antonio Paoli, Domingo Cruz –mejor conocido como Cocolía–, Juan Narciso Ríos Rodríguez, Elio Adriano Llorens Rivero, Juan Ríos Ovalle, Julio Alvarado Tricoche, Mercedes Arias, Francisco “Paco” Cortés González. Todos ellos se estudian a partir de una mirada holística. El todo son las experiencias de cada uno de estos puertorriqueños en interacción con la sociedad puertorriqueña decimonónica colonial que le dio acogida.

En las páginas que se centran en la figura de Juan Morel Campos, Néstor argumenta:

Un músico de la prepotencia de nuestro ilustre hijo de Puerto Rico, conocido por mucho tiempo como Juan Campos y después como Juan Morel Campos, con toda probabilidad, sólo nace y se desarrolla en un ambiente muy especial dotado de recursos favorables a las artes y las humanidades. Recursos que la propia sociedad permitió acumular por su gran cultura y sensibilidad para el disfrute de sus ciudadanos. El elemento poblacional de Ponce provino de una gama de nacionalidades de todas partes del mundo. (49)

El fragmento anterior nos pone de relieve el cosmopolitismo “natural” de algunos de los pueblos de Puerto Rico. Cosmopolitismo que sin duda también caracterizó a la ciudad de Guayama en la segunda mitad del siglo XIX.

Simón Madera nació en Mayagüez, pero es considerado hijo de Guayama. Por medio del ensayo dedicado a este músico y compositor nacido cerca del 1875, Néstor Murray revela datos históricos desconocidos para los guayameses y recrea todo un escenario sociocultural que se acerca al cosmopolitismo previamente aludido. Guayama fue cosmopolita a su manera. Una ciudad caribeña y costera no podía no serlo. Según Jalil Sued Badillo, el principal historiador de Guayama: «Guayama fue de esas zonas fuertemente impactadas por la llegada de numerosos extranjeros» (Sued Badillo 1983, 85). Conviene destacar, además, que una gran parte de la población de Guayama, de la segunda mitad del siglo XIX, era negra. La cultura artesana que describe Roberto Ramos Perea era uno de los pilares de la sociedad guayamesa decimonónica (Ramos Perea 2009, 43–44).

Ahora bien, el libro de Néstor nos presenta a un Simón Madera muy activo en su pueblo adoptivo. Este compositor fundó varias agrupaciones musicales en Guayama, entre éstas quiero destacar al Terceto Madera. Este fue un grupo que formó con dos de sus hijos –Menchita y Manolito– y que, según las investigaciones de Murray, en el 1912 tuvieron lugar varios conciertos en instituciones emblemáticas del pueblo de Guayama. Es el mismo Terceto que un año después a lo que relata Murray, según mis investigaciones, fue parte de la velada poética en honor al peruano José Santos Chocano en el Teatro Bernardini. Un evento en el que también se presentaron los poetas Luis Llorens Torres –el padre de Elio Adriano Llorens Rivero– y José Antonio Vicente Palés Anés –el padre de los poetas Palés Matos–; este último fallece ese mismo día del 11 de noviembre de 1913 cuando aún no había culminado la actividad.

Guayama está muy presente en este libro Puerto Rico Musical. Son varios los músicos a los que Murray-Irizarry ubica, por diversas razones, en Guayama. Además de Simón Madera, Federico Ramos Escalera también vivió en Guayama cerca del año 1893. Según Néstor: «En 1893 el maestro Ramos, mientras vivía y enseñaba música en Guayama preparó un método para aprender a tocar piano» (91). Por otra parte, el guitarrista de música clásica, escenógrafo y pintor Juan Narciso Ríos Rodríguez se trasladaría a Guayama en el 1913 «para iniciar los trámites para el decorado del teatro de esa municipalidad» (175).

Es menester señalar que en este libro también se destaca a la mujer. No puedo culminar esta presentación sin mencionarlo. La compositora y pianista Mercedes Arias ocupa un lugar protagónico en este libro. También menciona a Ana Otero y a María Concepción Bruno Luzunaris, más conocida como Pura Bruno. Conviene destacar que en el lugar que nos encontramos hoy, la sede del Pabellón de la Fama del Deporte Guayamés, fue la residencia y escuela de música de Pura Bruno. «Estableció su cátedra de música, para piano, en el año 1933», según Adolfo Porrata Doria (Porrata Doria 1972, 199).

Este libro de Murray-Irizarry es el inicio de un trabajo investigativo que se centrará en las mujeres propiamente. Puerto Rico Musical es un libro aún sin terminar. Su autor se ha propuesto ampliarlo en diversos tomos. La historia tiene su continuidad, no es estática. La historia, en palabras del autor de Puerto Rico Musical, «es el estudio de las actividades humanas en general, y éstas son necesariamente interdependientes. Entre esas actividades se encuentra la música, parte esencial de la vivencia de la humanidad. La música es, ante todo, una parte del complejo vasto e infinito que es la historia» (15). Puerto Rico Musical fue también el título de una revista quincenal de San Juan –según Antonio S Pedreira– que salió a la luz en el 1906. Puerto Rico Musical transmuta, evoluciona y trasciende el tiempo. El Puerto Rico Musical de Néstor Murray-Irizarry ya trasciende el nuestro. Gracias, Néstor, por permitirnos sentir esta música.

 

 

 

La autora es doctoranda en Historia, UPR-Río Piedras y
Presidenta del Museo de Historia y Arte de Guayama

 

*Esta presentación del libro Puerto Rico Musical (Casa Paoli, 2023) tuvo lugar el sábado, 18 de noviembre de 2023, en la sede del Pabellón de la Fama del Deporte Guayamés.

Bibliografía
Jaran, François. La huella del pasado. Hacia una ontología de la realidad histórica. Barcelona, España: Editorial Herder, 2019.
Pedreira, Antonio S. El periodismo en Puerto Rico. Río Piedras, Puerto Rico: Editorial Edil, 1982.
Porrata Doria, Adolfo. Guayama: sus hombres y sus instituciones. Barcelona, España: Jorge Casas, 1972.
Ramos Perea, Roberto. Literatura puertorriqueña negra del siglo XIX escrita por negros. San Juan, Puerto Rico: Archivo Nacional de Teatro y Cine y Editorial LEA del Ateneo Puertorriqueño, 2009.
Sued Badillo, Jalil. Guayama: notas para su historia. San Juan, Puerto Rico: Oficina de Asuntos Culturales de la Fortaleza, 1983.
Valentín Pagán, Arelis. “Vida y obra de Vicente Palés Anés, 1867–1913: escenario sociocultural de Guayama”. Tesis de Maestría. Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe, 2015.

Tras las huellas de Rosa Luisa Márquez

 

 

 

Nota inicial. Este artículo se publicó en el número 208-209 de Conjunto, la revista de teatro latinoamericano y caribeño de Casa de las Américas. Tenemos la suerte de que la obra se presentará de nuevo en El Bastión (Calle San Sebastián #1, Viejo San Juan) el 15 de diciembre a las 7 de la noche producida por Teatro Público. La entrada es libre.

El 17 de mayo de este año asistí, en la Universidad de Puerto Rico, a la penúltima función de Rosa, la impresionante “Conferencia / performance ante, sobre, entre y contra” Memorias de una teatrera del Caribe de la genial Rosa Luisa Márquez. Era una gran fiesta. Rosa Luisa acababa de recibir la medalla de Humanista del Año, y una actriz fuera de serie presentaba el libro como monólogo performático. Para el estreno de Rosa en el Taller Libertá de Mayagüez, Eury Orsini coordinador de Vuelta Abajo Teatro publica: “a partir del libro Memorias de una teatrera del Caribe la actriz y performera Kairiana Núñez dialoga con las rutas que el texto propone. Es una conferencia escénica sobre dos generaciones de teatreras situada entre la palabra escrita y el cuerpo en acción durante tiempos pospandémicos”. Redacto estas notas casi dos semanas después de asistir como espectadora a la obra. Para ello me apoyo en tres vértices: la lectura de las Memoria de una teatrera (un collage de conversaciones, crónicas, entrevistas, citas, manifiestos y viñetas magníficamente ilustrado por Miguel Villafañe), el guión del monólogo que generosamente me facilitó la actriz y la intensa experiencia que allí viví.

Pero pasemos a los datos concretos. Como todas las obras vinculadas a Rosa Luisa Márquez que conozco, Rosa parte de la colaboración con personas excepcionales. La creadora y protagonista del monólogo, Kairiana Núñez Santaliz es, sin lugar a duda, la mejor actriz de su generación. Desde el inicio del performance (donde se introducen fragmentos aparentemente aleatorios del capítulo “Pensamientos atravesados”, con la afirmación “¡Apostemos a la alegría y la esperanza! No hay de otra!”), la actriz atrapa la atención del público por su intensidad, sensibilidad, dominio de la expresión corporal y presencia escénica.

El director, la mano invisible detrás del prodigio y coautor de las Memorias, no se queda atrás. Se trata del limeño Miguel Rubio Zapata, director del Grupo Cultural Yuyachkani, cofundador de la Escuela Internacional de Teatro para la América Latina y el Caribe (fundada en Machurrucutu, cerca de La Habana), y colaborador de Rosa Luisa desde 1989. En el montaje participan asimismo dos artistas reconocidos en el ámbito internacional: el especialista en máscaras puneño Edmundo Torres y nuestra titiritera y monarca de las máscaras neozelandesa, Deborah Hunt.

Muy en el estilo de las piezas de Rosa Luisa, el performance se desarrolla en un amplio espacio escénico muy parco de objetos, todos utilizados por la actriz. Tras un sugestivo mensaje en tono humorístico que parece provenir de un teléfono donde se le rinde homenaje a Miriam Colón, Raúl Juliá y Rosa Luisa (“Raúl se destacó en los montajes de Shakespeare en el Parque por hablar un inglés perfecto con acento boricua. Rosa Luisa también hablaba un inglés perfecto con acento boricua. Miriam Colón también hablaba un inglés perfecto con acento boricua. Yo sólo tengo el acento”), la representación comienza por el capítulo final de las Memorias. Aquí actriz y director parecen seguir el dictum de Antonio Martorell, cómplice de Rosa Luisa desde los 80, de que las cosas a veces funcionan mejor al revés. A partir de este momento Núñez Santaliz recorre diacrónicamente algunos de los temas del libro:

  1. Crisis del Covid 19, efectos a largo plazo de la epidemia en el teatro e incertidumbre por un oficio que para Rosa Luisa Márquez constituye un acto al que se entrega porque en ello se le va la vida (p. 161).
  2. Repaso de su biografía como mujer de teatro, donde se trenzan y se explicitan los paralelismos entre las experiencias de la autora de las Memorias y las de la creadora e intérprete del performance. Muy pronto la actriz declara: “Me llamó la atención el hecho de que esta mujer se ha dedicado a visibilizar la historia de nuestra gesta teatral en el Caribe. Una historia doblemente invisibilizada … Me interesaba explorar, y sentir qué detonaba todo eso en mí… Entonces hoy, cual rito de paso pongo mi cuerpo para recibir, dialogar, con lo que está escrito en este libro”.

La reflexión sobre los paralelos entre las dos experiencias vitales prosigue en forma de diálogo con las Memorias: Kairiana lee del texto y le responde “Soy una teatrera caribeña.” Yo también. “Soy latinoamericana.” Yo también. Esta conversación lleva al tema de la lengua: “Escribimos y pensamos en español, un español caribeño, como Calibán, para maldecir. Tiene razón”.

  1. De repente la actriz nos ofrece una adaptación del parlamento “Esta isla es mía” de Calibán de The Tempest. A modo de contraste le sigue una chispeante representación, con altas dosis de pantomima, de cómo una actriz se debe mover en el espacio escénico cuando representa una obra isabelina. Esta escena dicotómica que va de lo dramático a lo cómico deja al espectador embelesado y lo lleva al tema anunciado al inicio: el reto de hacer teatro en otra lengua.
  2. Sin solución de continuidad pasamos a “Las peripecias de una actriz con acento”, donde la protagonista nos cuenta cómo Miriam Colón, la creadora del Puerto Rico Travelling Theatre en Nueva York, afirmaba que prefería ser cabeza de ratón y dedicarse a hacer teatro para la comunidad latina, en vez de cola de león y representar papeles secundarios y estereotipados en Broadway. Inmediatamente, y con la ayuda de una máscara y una voluminosa cola de ratón, Núñez Santaliz muestra su magnífico dominio de la expresión corporal recreando en clave bufonesca los movimientos del roedor. La narración prosigue y la actriz nos habla de la indignación que sintió Rosa Luisa en la Universidad de Michigan al tener que participar en una escena de un club nocturno habanero con faldas hawaianas y taparrabos. Se trataba del musical Guys and Dolls donde primaban los estereotipos execrados por Miriam Colón, y ante los cuales Rosa Luisa protesta con una carta al director del departamento de teatro donde estudiaba, que ella misma lee desde el público.
  3. En ese momento entra el tema del miedo y la lucha contra el miedo: miedo escénico de Rosa Luisa y solución de utilizar una nariz roja de payaso como escudo; miedo lacaniano a la opinión de su padre, crítico teatral; terror en su primera clase en la Universidad de Puerto Rico, donde se queda corta de material y a la que asiste como testigo la actriz. Ya en el ámbito universitario, se describen las huelgas estudiantiles, la persecución política a los independentistas y las famosas carpetas, producto de dicha vigilancia y acoso de la policía.

Aquí se produce una segunda intervención de los espectadores, pero no como la de Rosa Luisa inicial, individual y planificada, sino del público a quien la actriz pregunta si tienen carpetas. En ese momento lo que parecía un monólogo se transforma en diálogo donde se abren de nuevo las llagas compartidas por muchos puertorriqueños. Y el miedo toma otro cariz. Alguien cuenta que conoce a una mujer que se negó a ver qué contenía la suya, no ya por miedo a la policía, sino por terror a saber que sus amigos, familiares o vecinos podían ser sus delatores. La actriz cita entonces al artista Antonio Martorell: “hay que darle valor a las respuestas. … que estén a la altura de la magnitud de la ofensa de los opresores. Esas ofensas nos han dejado unas heridas sociales que tenemos pendientes de sanar”.

  1. En ese momento de altísima tensión, Núñez Santaliz recrea dramáticamente la escena de los tomates creada por Rosa Luisa Márquez y Charo Francés para la obra “Donde el viento hace buñuelos”. La protagonista narra la secuencia escénica descrita en las Memorias mientras pone un mameluco blanco en el suelo y tras aplastar tomates maduros en los lugares donde ambas comparten cicatrices, comienza a tirarlos violentamente contra las muchas heridas que va enumerando: la de la frente cuando chocaron, la de la barbilla cuando se cayó, el tajo profundo en el pie, y las del vientre por cada una de las pérdidas. La actriz cierra brillantemente la secuencia al colocarse un tomate rojo en la nariz como defensa contra las heridas corporales.

Tras este momento catártico de gran impacto, la conferencia-performance se acerca a su fin. Se describe el primer encuentro de Rosa Luisa con el teatro y la actriz cuenta la trascendencia que tuvo el suyo “Lo que me pasó con mi primer encuentro con el arte escénico es que me llevó a descubrir que el teatro es otro tipo de verdad”. Poderosa verdad la del teatro que lleva a la actriz a cerrar su pieza recomendando encomiásticamente el libro y con una emotiva carta de agradecimiento a su maestra Rosa Luisa: “Lo que he hecho y seguiré haciendo tendrá siempre la huella tuya. Gracias Maestra”.

En conclusión, la Conferencia / performance sobre las Memorias de Rosa Luisa Márquez que presentó Kairiana Núñez Santaliz fue a todas luces magistral. Asistí con una amiga que políticamente está en las antípodas de las ideas que se presentaban en la obra y me aseguró que le encantó. El poder de Kairiana puede trascender toda ideología.

 

 

“El Viejo Griot – La historia de todos nosotros”, (2)

 

 

En Rojo

En la 1era parte de este ensayo, escribí de los ensamblajes de Daniel Lind Ramos en la exhibición “El Viejo Griot – La historia de todos nosotros” en el museo MoMA PS1 en Long Island City en Queens, Nueva York, y describí “El Viejo Griot” y “Baño de María” de manera detallada.

MoMA PS 1 es una ex-escuela pública grande y con una relación interactiva con su comunidad inmediata a través de sus clases, charlas con artistas y su extenso patio exterior para ferias y noches de fiesta. A la misma vez está a solamente dos o tres (depende de la línea) paradas de subway de Manhattan y el MoMA (Museum of Modern Art) original de la calle 53.

La ventaja de MoMA PS1 es que ofrece, a un artista como Lind Ramos, un espacio de ocho salas para desarrollar un proyecto grande y complejo y dejarlo expuesto a través de varios meses. Para el público dentro del museo, diferente al rusheo de la muchedumbre de turismo del MoMA de Manhattan, el ambiente auspicia un ritmo de poder contemplar y apreciar todos los componentes de las exhibiiciones sin interrupciones o el forcejeo de muchos cuerpos todos viendo el mismo arte.

Hay un flujo de espectadores pero con una conducta más del “flâneur” que Walter Benjamin elabora en el “Libro de los pasajes” (The Arcades Project) que el ambiente casi hedonista que produce el consumo turístico del “Arte”. Así como flâneur (paseante) visité “El Viejo Griot” tres veces, una vez acompañado por el artista, por dos días seguidos y hasta entré en conversaciones con curadores de otros museos en el proceso.

De todas las piezas, me atrae especialmente “Centinelas” por su aún más amplia utilización de una diversidad de materiales usados y deshechos rescatados, para crear la imagen multifacética de las mujeres guardianas y protectoras de los mangles de Piñones y Loíza. Dentro de esta diversidad, cuento por lo menos seis máscaras hechas de formas y materiales diferentes. Para mi, la más prominente es de cartón y tiene la forma del “Viejo”, personaje tradicional de las fiestas de Santiago Apóstol, con manta de arpillera y una corbata larga hecha de telas rojas, amarillas y verdes, los colores de Loíza, y un tocado negro que junta la máscara con un óvalo azul de madera como trasfondo.

Una segunda es una olla de acero inoxidable con una manta de arpillera y un punto agudo (de penca, creo) encima juntado por una soga azul. Una tercera tiene el hierro mohoso de una asada usada como cara y la cubierta de la secadora de pelo profesional como cabeza y arpillera y lona azul atrás. La cuarta da la impresión de una cara hecha de tela o lona gris con un tubo claro para respirar y un deshecho de una máquina plástica que crea la impresión de un casco de conquistador español. Otra es una paila reclinada llena de palos recortados con un brazo largo que toca un tambor.

Con una olla de aluminio ennegrecida como cara, otra figura enmascarada muestra una cabeza de lona de FEMA formada y fijada con tachuelas de muebles. Un plástico redondo blanco que parece la tapa selladora de un zafacón y con aros de soga y un tubo plástico azul y arpillera por dentro, forman otra máscara-figura. Tiene un cuello de soga roja, un cuerpo de cortina o manta de mesa y un brazo largo de penca de palma que termina en el punto del cuchillo de un machete. Estas guardianas de la vida silvestre y vegetal de los mangles de Loíza representan una milicia afrocriolla, ya femenina, que continúa su vigilancia contra fuerzas invasivas y explotadoras.

Cada ensamblaje de “El Viejo Griot” cuenta su historia. “María de los Sustentos” proyecta un sentido de fogón y alimentación. Con una plancha de acero central, incorpora cacerolas grandes y sartenes más fragiles, su altar de cocos por frente divide la plancha para crear la impresión de dos piernas anchas como bases. Dos remos, uno con una hacha y el otro con un martillo encima, establecen los limités laterales mientras la parte más alta muestra una cara de olla y un tocado que apoya un envase de higüera y cucharones de cocina. Sin embargo, la red de pescar que sirve tanto como velo facial como vestido es el objeto, como la proa del bote de “El Viejo Griot”, que entrelaza y crea su sentido visceral y temático.

“María Guabancex” sugiere el cemi “la señora de los vientos” e integra los artículos y materiales de construcción arrastrados por los vientos destructores del huracán. “Ambulancia” rinde homenaje al apoyo y cuido ofrecidos por la comunidad a las víctimas de María y especialmente durante el primer año de la pandemia de COVID-19. Por razones de espacio no puedo describir todos ellos, pero los ensamblajes de Lind Ramos continuan “de pie”, abriéndose de sala en sala en MoMA PS1 combinando magnitud y masa con increible detalle, precisión de fabricación y asombrosa sensibilidad táctica que transforman sus especifidades locales en una visión trascendente y global.

 

La tercera parte de este ensayo saldrá publicado la próxima semana

 

 

 

 

Poemas de Francisco Félix

 

 

 

Poema para un viejo amigo

Ahora la luz se cuela más temprano
por las ventanas que decido dejar abiertas
y pájaros gritan inconsecuentemente que otro día sobrevivió.
La temperatura asfixia mis deseos de salir al mar;
respirar es un acto de consciencia acosadora.
No me queda más que este tiempo para escribir y leer,
esperando las horas para integrarme a otro desperdicio.

Ahora abrazo el recuerdo de las mañanas bendecidas
con tu primer cigarrillo y mi único café;
las moñas trituradas despotrican
contra las circunstancias de nuestra desidia.
Nos compartimos el gallo como un trueque
de estos minutos que sabemos pronto no compartiremos
porque subieron la renta el mes pasado.

Una mañana en julio

A las siete de la mañana
desayuno medio cigarro y un café,
igual que papá.

La claridad.

El silencio de una montaña en Moca.
Una abeja busca el azúcar en el café.

Este problema no lo debe tener papá que toma su café puya.
La muerte implica un silencio, un descanso eterno.
Pero, ¿cómo es un descanso que nunca termina?
¿Y qué es el tiempo sino una mirada sorpresa
frente al espejo sucio del baño?

Las intermitencias de la soledad:
fumar un cigarro pensando en mi papá,
beber el café puya para ahuyentar la memoria.

Máquinas florecen 

Los servicios básicos escasean,
pero hay carriles exclusivos.

Las nubes serán aliadas hasta que todo se venda
y el verde deje de estar.

Máquinas florecen.
Solo quedará el cemento y el karso en pedazos
y este resentimiento hacia las cosas.

Francisco Félix (Río Piedras, 1990) Estudió Sociología y Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, Rio Piedras. Ha publicado los poemarios Esta Isla (Alayubia, 2019) y Sobre los domingos (La Impresora, 2019). Sus poemas han sido traducidos al inglés y al portugués.