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Urgencia humanitaria en Gaza

 

En conferencia de prensa ante medios en el órgano internacional hoy, 13 de octubre de 2023, el Observador Permanente del Estado de Palestina ante Naciones Unidas, S.E. Riyad Mansour, declaró que la situación de agresión actual en Gaza, sobretodo la evacuación del norte del territorio, equivale a un segundo Nabka, el inicio del éxodo de cientos de miles de palestinos(as) de su tierra, cuyo septuagésimo-quinto aniversario conmemoró recientemente la Asamblea General de la ONU.

Mansour declaró, ante preguntas de periodistas, que es insuficiente la acción al respecto del Secretario General Antonio Guterres, y que todas las entidades tienen que hacer más para aliviar la situación y detener la agresión de Israel contra el pueblo palestino. Indicó, como prioritaria, la entrada de convoys de ayuda humanitaria a Gaza, donde Israel ha impedido el paso del agua, comida, asistencia médica y toda especie de pertrechos.

Indicó que es momento de presionar a los países que tienen poder con Israel para que cese el fuego y pueda entrar la ayuda humanitaria a Gaza, donde se vive una limpieza étnica y en la cual no existe un lugar seguro a lo largo de la franja.

 

Mucho que observar en los Juegos

 

Especial para CLARIDAD

Al momento que escribo estas líneas nos encontramos a pocas horas de que comiencen los decimonovenos Juegos Panamericanos en Santiago de Chile, sede de los Juegos por primera ocasión tras varios intentos en el pasado que se vieron afectados por situaciones políticas.  Puerto Rico se presenta, por 18va vez ininterrumpida, con una delegación compuesta de 228 atletas:  124 mujeres y 104 hombres.

Dura la baja de Jasmine y Owens

El hecho de que los Juegos se lleven a cabo en octubre y noviembre hace que, en algunos deportes, los países no puedan presentar sus mejores equipos porque o están jugando en el exterior o porque la fecha conflige con la preparación de algunos atletas a los Juegos Olímpicos.  En el caso de Puerto Rico, donde más se ve afectado es en el atletismo donde no estarán presente ni la medallista de oro olímpica Jasmine Camacho y ni el decalista Ayden Owens Delerme.  Aun así, esperamos grandes resultados en eventos como los 5,000 metros con Héctor Pagán y con Alondra Negrón en 3000 metros con obstáculos.  Ambos fueron oro en los Centroamericanos.

 Eventos a observar

Mirando detenidamente la delegación, me parece que el evento de lucha donde Puerto Rico tiene dos figuras de calibre mundial en Sebastián Rivera y Darían Acevedo, debe ser uno al que hay que prestarle mucha atención.

Adriana Díaz por su parte sale como favorita en la competencia individual de tenis de mesa.  Jaenesa Fonseca, en karate, es una posible candidata al oro.  En su disciplina el boxeo, que servirá de clasificatorio olímpico, debe ser de gran nivel.  En deportes de conjunto, Puerto Rico tiene gran oportunidad en el 3×3 de baloncesto y en la dupla de Alanís Navas y María González en voleibol de playa.

 21 disciplinas dan plaza a París 2024

En los Panamericanos, 21 disciplinas dan plaza a los Juegos Olímpicos de París a los ganadores y/o finalistas del evento.

Haciendo un análisis frío, las mejores oportunidades de obtener pases son en el boxeo en la figura de Ashleyann Lozada y Stephanie Piñeiro (en el caso de la división de Ashleyann pasan todos los medallistas de la división);  en el tenis de mesa mixto la pareja de Adriana Díaz y Brian Afanador tienen que llegar a la final);  Jean Pizarro en Tiro con Arco;  y las tiradoras Augusta Campos y Yarimar Mercado no deben ser descartadas para el pase olímpico en sus respectivas disciplinas de escopeta y tiro respectivamente.

 Más que merecido los abanderados

La selección tanto de la judoca María Pérez como del arquero Jean Pizarro como abanderados fue una sumamente acertada.

En el caso de Pérez esta ha sido subcampeona mundial (en 2017).  Ganó una competencia de gran nivel en mayo de este año (el abierto de Austria) y siempre ha sido una atleta que ha puesto la representación del país por encima de cualquier otra consideración.

Mientras que Pizarro ha puesto el tiro con arco en el mapa del país colocándose como uno de los mejores diez arqueros del mundo y obteniendo oro en los Juegos Centroamericanos.  Sin duda, son dos figuras que a pulmón y esfuerzo se han ganado el honor de llevar la bandera de nuestro país.

Ahora solo nos queda esperar que se encienda el pebetero y comiencen los Panamericanos.

 

En Reserva-Zombis

 

Especial para En Rojo

En los años 80 un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard se dieron a la tarea de explicar científicamente el fenómeno del zombi.

Las noticias más sonadas (o las únicas) de estas investigaciones fueron las teorías y anécdotas del canadiense Wade Davis, entonces estudiante doctoral de etnobotánica de la institución. Davis aseguraba haber descubierto la fórmula de la zombificación. Los bokores del vudú, grandes farmacéuticos, arguyó, confeccionan una especie de polvos pastosos (“polvos zombis”) que contienen tetrodotoxina –una neurotoxina que se encuentra en algunos moluscos y peces, como el pez globo– cuyo potente veneno paraliza a las víctimas.

En 1985, en una entrevista con la revista National Geographic, Davis afirmó que aún en cantidades ínfimas, esta neurotoxina disminuía de tal manera “el metabolismo de una persona” que parecía estar “más muerta que viva”.

Wade basó parte de su teoría en el testimonio y en la vida del haitiano Clairvius Narcisse.
Narcisse ‘murió’ en 1962 y tras su entierro, alegó, fue ‘resucitado’ por un bokor, quien entonces le drogó de manera continua y, en contubernio con un latifundista, le sometió al trabajo forzado en un cañaveral. El propio Narcisse contaba que no fue hasta que murieron ambos, en 1980, que pudo escapar y regresar a su pueblo. Finalmente falleció en 1994.

Wade, que hasta el momento en que visitó el país no conocía nada de Haití, ni de la diáspora africana, ni del Caribe, descartó el folklore al hablar de los muertos vivos: “solamente se convierte en zombi a una persona que ha sido encontrada culpable de violaciones al código de la sociedad”. Posiblemente Narcisse, sostuvo, fue castigado por robar tierras o por abandonar a sus hijos.

En 1986, publicó sus postulados y hallazgos: The Serpent and the Rainbow: A Harvard Scientist ‘s Astonishing Journey into the Secret Societies of Haitian Voodoo, Zombies, and Magic. Fue un bestseller. Dos años más tarde, bajo la dirección de Wes Craven, se estrenó la película de horror homónima inspirada en el libro.

Durante la década del 90, los planteamientos científicos de Davis fueron desacreditados por la comunidad académica. La falta de rigor, los postulados racistas y sus métodos, que incluyeron la exhumación de cuerpos de niños haitianos, fueron duramente criticados. Otras investigaciones han relacionado la intoxicación crónica con bromuro (presente en pesticidas, plásticos, aditivos, aceites vegetales…) con los síntomas del “zombi”: alucinaciones, delirios, temblores, lesiones cutáneas y dolores estomacales.

Entre los siglos XVII y XVIII, la colonia francesa de Saint-Domingue –hoy día Haití– produjo del 40% del azúcar y 60% del café que se consumió en Europa. La trata de africanos y las condiciones de trabajo fueron avasalladoras –en muchas ocasiones, la expectativa de vida no sobrepasaba la adolescencia.

La violencia histórica y la esclavitud ejercida en Haití, junto con el castigo europeo por su lucha emancipadora (1804) –cuya ‘deuda a Francia’ ‘saldaron’ en 1947– han sido el caldo de cultivo para los relatos del zombi. La invasión y ocupación estadounidense iniciada en 1915 –con  sus extensas secuelas– ahondó la abyección que ha sufrido y sufre el país. De hecho, fue a partir de la invasión estadounidense y de la resistencia local que, según explica el profesor haitiano Patrick Sylvain, “the zombie is made into this walking monster»:

El Manifiesto Zombie (2008), escrito por Sarah Juliet Lauro y Karen Embry, aborda más que la popularidad del zombi, su ubicuidad: “The ubiquity of the metaphor suggests the zombie’s continued cultural currency” (86). Para consagrarse, mucha de la cultura general del horror – incluida la creación de los monstruos– opta por la deshumanización del otro. Haití ha pagado un precio desmedido por su independencia. Las figuraciones de los Wade Davis de la vida y de tantas otras muestras audiovisuales -en su mayoría norteamericanas de las primeras décadas del siglo pasado-, dan forma más que todo a un fenómeno que hace de una nación negra (caribeña, otrx, por ejemplo), un país o un ser monstruoso. ¿Para qué? En otras posibilidades, para mantenerlo en una posición de subordinación.

Ahora bien, con tantas manifestaciones del zombi, Patrick Sylvain se pregunta: “¿Pertenece verdaderamente a Haití?”. “No”, afirma. “The Zombie, again, is a wonderful trope, but we must not forget where it came from, its essence”. Y culmina el profesor haitino, con una sentencia que probablemente Wade Davis no entienda: “[For us] the zombie is real”.

 

Bibliografía
Del Guercio, Gino. “The Secrets of Haiti’s Living Dead”. Harvard Magazine (1986).
Consultado 11 Oct 23: https://www.harvardmagazine.com/2017/10/are-zombies-real
Frederick, Donald J. “Un veneno en pro de la medicina”. El Mundo (Puerto Rico), 9  junio 1985.
Kaplan-Levenson,Laine, y Rund Abdelfatah. “Zombies”. Throughline, NPR, Oct 31 2019.
Consultado Oct 12 2023: https://rb.gy/7i2dr
Lauro, Sarah Juliet, y Karen Embry. “A Zombie Manifiesto”. Boundary 2 (2008): 85-108.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Babylon Baby, novelita/cuentazo

Eugenio Hopgood

Alejandro Carpio

Aquí todos hemos leído a Eugenio Hopgood Dávila, hayamos abierto las páginas de Babylon Baby o no, y dudo que él necesite introducción en este espacio. El libro que se presenta en estos días, sin embargo, es su primera obra de ficción. Está compuesto de una narración larga, titulada también “Babylon Baby”, que podríamos llamar cuento largo o novela corta; alguna gente se refiere a este género literario con la voz italiana “novella”, mientras que los aventurados utilizan el término “noveleta”, una de las palabras más feas del español, que traduce el inglés “long short story”. Se trata de una narración de extensión a caballo entre el cuento y la novela, a la que llamaré “novelita” estrictamente porque es corta o “cuentazo” por el hecho de que es un gran cuento. Además de este texto, el libro contiene nueve cuentos que Eugenio viene escribiendo desde las dos últimas décadas.

Siempre he considerado que reseñar y presentar libros de cuentos es una tarea difícil, porque describir brevemente un texto breve requiere mucho esfuerzo, pero aquí voy. La novelita/cuentazo que nos obsequia Hopgood Dávila y que comparte el título de la colección refiere la historia de unos soldados boricuas que reciben la orden de activación y se dirigen a Irak. La contraportada del libro comenta que el autor puertorriqueño Emilio “Díaz Valcárcel estaría orgulloso” de “Babylon Baby”. Ciertamente, aunque el punto de vista de la novelita/cuentazo diverge mucho del que maneja el autor de Figuraciones en el mes de marzo. Los lectores de Díaz Valcárcel recordarán la historia satírica del joven ponceño Cristeto Aguayo, intercalada en el mismo medio de su novela. Cristeto (una parodia de Rambo avant la lettre) se crio descuartizando lechones y, sin haber siquiera cumplido la edad requerida, se enlistó en las Fuerzas Armadas para poder matar seres humanos con impunidad en la Guerra de Vietnam. Esta sección de la novela de Díaz Valcárcel describe las andadas violentísimas de Cristeto con sobretonos carnavalescos, y subraya la fruición del personaje en el arte de picotear vietnamitas con disfrute profundo y fervor casi religioso.

El humor de Díaz Valcárcel llega a ser muy torcido; leemos que Cristeto “solía dedicarles, con su habitual desprendimiento e imparcialidad, múltiples elogios a los anónimos héroes que trabajan sin llegar a ver el producto de su sudor, como era el caso de los aviadores que, a gran distancia de su objetivo, arrojaban fósforo vivo, napalm, bombas de fragmentación y bombas de acción retardada sin que lograran ver cumplida su labor en lo referente al ‘factor humano’” (260).

En cambio, en su narración Eugenio se permite compadecerse de los soldados de origen puertorriqueño; al menos, hasta cierto punto. Aunque son miembros del ejército invasor, llegan a reconocerse en el pueblo invadido y leer su propia situación histórica en una geografía distante, al otro extremo del planeta. La educación vital por la que atraviesan es rápida y vehemente. No quisiera anticiparles giros de la trama y mucho menos al final, pero sí que la anagnórisis de los soldados boricuas se cristaliza a manera de pesadilla. Esto es, el narrador entreteje su historia con compasión, pero sin conceder una fácil impunidad. Los dobleces y juegos de espejo de la trama se posibilitan mediante el horror y el desmembramiento de manera tal que, aunque Eugenio esquiva la rabia satírica de Díaz Valcárcel, en la novelita/cuentazo se lleva a cabo una justicia poética no menos eficaz y no menos antiguerra que la que encontramos en las páginas dedicadas las crueles andanzas de Cristeto Aguayo.

La literatura puertorriqueña ha novelado un tanto sobre soldados boricuas que luchan en el ejército estadounidense y son “héroes de otra patria”: desde el citado Díaz Valcárcel hasta el maestro José Luis González (sobre todo en Mambrú se fue a la guerra), y más recientemente Jaime Marzán Ramos y Raquel Otheguy. Aunque le sugiero encarecidamente a Eugenio que deje el texto tal como está, lo invito a que nos regale otra narración de este tipo más adelante, sobre todo si pretende continuar con su vocación por este tipo de prosa inteligente y colorida. Esperemos, eso sí, y roguémosle a la Virgen, que no nos novele la incursión de soldados oriundos de Coamo y San Sebastián en la guerra terminal que se está cociendo entre potencias atómicas, como habrán sospechado ustedes si leen el periódico a diario.

Debo decir que me quedé con las ganas de seguir leyendo “Babylon Baby”, que rebasa por poco las 50 hojas de esta edición de Secta de los Perros. Lo digo a manera de elogio. En ocasiones, la soberbia y la lujuria —dos pecados capitales— confabulan para que los narradores nos abrumen con páginas innecesarias, incluso los buenos narradores. La queja no es solo mía; Borges les recriminó a los maestros del realismo ruso que le dedicaran tanto espacio a tramas que se podían resolver en narraciones breves. Cuando uno se propone ponerse al día con la literatura puertorriqueña se topa con el mismo fenómeno: novelas de 400 y 500 páginas (a veces en varios tomos) a las que se le pudo cortar, como mínimo, la mitad; si la instrucción de Borges le aplica a Dostoievski, puede aplicársele también —y sin descrédito— a un autor de la isla borincana. En su novelita/cuentazo “Babylon Baby”, no obstante, Eugenio obró de forma opuesta.

Las otras pesadillas que incluye este libro consideran la responsabilidad individual ante un crimen, la forzosa y atroz seducción de las femme fatales, la claustrofobia ineludible de los ascensores, las malditas, malditas drogas que tantas estupideces nos ponen a hacer y la peor pesadilla de todas: el espantoso deseo del cuerpo maternal que enloqueció a Sigmund Freud y que llamamos, en su honor, “edipal”.

El texto que le da título a la colección me sorprendió por el detalle con el que el autor forjó los colores específicos de la topografía isleña y la iraquí. Ese mismo cuidado puede apreciarse en los diálogos de este y demás textos, incluso los que están en boca de personajes «cacos»; importante decir además que cuando la fantasía literaria le permite (incluso le requiere) a Eugenio jugar con las palabras, no cae en sarcasmos fáciles, típicos de la insoportable comedia popular puertorriqueña.

Quiero advertirles, por consiguiente, que el título del cuento “Sharineshka la voladora” no debería predisponernos a leer una burla de la sociedad boricua contemporánea en donde existe ese tipo de nombre imposible, sino todo lo contrario: Sharineshka es una pieza triste (la única triste del libro, en mi opinión), pero va redactada con la delicadeza inverosímil y formidable que se puede encontrar en el animé japonés más dulce, como el de Miyazaki. Consideremos este pasaje que describe cómo Sharineshka la voladora detiene su acrobacia por los aires brevemente: “En un instante ya se encontraba encima de la copa de un árbol de aguacate o de un palo de limón, luego se posaba suavemente, como si aterrizara una pluma, sobre la acera, el duro concreto que pisaban los demás con sus pasos pesados y cansados” (161). De manera casi imperceptible, el narrador supo contraponer imágenes de ligereza con imágenes de pesadez. Sugieren ligereza los términos instante, encima, copa de árbol, palo de limón, posarse, suavemente, aterrizar y pluma; demandan leerse con pesadez los términos acera, duro, concreto, pisar, pasos pesados y cansados. Escogí este ejemplo un poco al azar para comentar el esmero con que se propuso fabular Eugenio, pero este cuidado estilístico (quizás heredero del maestro Cortázar) puede encontrarse a lo largo de los textos de Babylon Baby.

Insisto: no hay burla, sino ternura, en el trato de los solados boricuas en Irak, así como no hay burla en la selección del nombre de la niña voladora que se posa sobre un palo de limón. Tampoco hay intención burlona en la recreación de quien ha venido a ser el estereotipo por excelencia que nuestra contemporaneidad ha escogido para representar nuestra cotidianeidad. Ya parece obvio que nuestra literatura (incluyo el teatro y el sketch de televisión) reconoce en “el caco puertorriqueño” una clave de identidad nacional que en otra ocasión identificó en el cocolo y que, en un principio, intentó ver en el campesino. En los cuentos “Amigo de qué” y “La vecina”, concretamente, los personajes pertenecen a lo que en otras sociedades se describe como “el bajo mundo” y que aquí en la isla nos resulta tan familiar que reconocemos simplemente como “el mundo de todo el mundo”. El narrador no parece haberse propuesto contarnos relatos realistas, nitty gritty, de la sociedad urbana puertorriqueña (todo lo contrario: diría que todos estos cuentos son, a su manera, fantásticos); las coordenadas espacio-temporales, no obstante, y la lengua que hablan los personajes son tan reconocibles como las conversaciones que suelen tener los muchachos y muchachas en esta calle que tenemos aquí al frente y que alguna gente —tengo entendido—insiste en llamar Ponce de León.

Así, por más misterio, horror y fantasía, advertimos el contorno de una realidad que es nuestra. En la mayoría de los cuentos la escena transcurre en la ciudad capital, con alusiones específicas a Miramar, Santurce y el Viejo San Juan. Por ejemplo, en “La ofensa”, el cuento de ambientación más bohemia, se nos narra el insulto racista que lanzó un colorao borracho en las inmediaciones y cercanías del bar sanjuanero Aquí Se Puede, al que asisten “buscando sexo, adrenalina, ron, cocaína, buscando despejarse y despojarse de las penurias y el hastío de la vida diaria” una gama de tecatos, alcohólicos, bailadores de salsa e imprudentes de la vida. Otro colorao (esta vez no borracho, sino arrebatao con LSD) llega a volar más alto que Sharineshka, no sin antes deambular frente a Perpetuo Socorro, bajar por la Miramar y cruzar la Baldorioty. Reconocibles también (pero igual de viajosos y no menos imbuidos en la fantasía que el resto de los personajes) son José Esteves, Margarita Aponte y Yolanda Vélez Arcelay, quienes tienen una suerte de cameo en el texto (Vélez Arcelay también aparece en la novela más reciente de Pedro Cabiya porque, si de retratar la realidad puertorriqueña en clave fantástica se trata, sería imperdonable ignorar a esta periodista). José Esteves, Margarita Aponte y Yolanda Vélez Arcelay aquí reportan la realidad dentro de un sueño, o desde otra realidad que cruza por encima de la nuestra; una especie de consuelo que recibe otro de los pobres protagonistas de estas pesadillas que escribió Eugenio a lo largo de los años. José Esteves, Margarita Aponte y Yolanda Vélez Arcelay, debo añadir, son algunos de los forjadores de eso que llamamos “la realidad puertorriqueña” y que se genera delante de las cámaras de Wapa y Telemundo; quizás por eso sean los personajes perfectos para recordarnos que la única realidad garantizada, no solo para los borincanos, es nuestra propia muerte, que puede pillarnos en el sitio más inesperado, como le sucede al pobre protagonista de este cuento claustrofóbico.

Finalmente, quisiera comentar que este pulseo entre lo onírico y lo cotidiano me tocó de cierta forma que aún no entiendo. En más de una ocasión la vida y las desdichas me han ubicado en situaciones de un extremo peligro, de un peligro específico y concreto que pude reconocer en uno de los cuentos de Babylon Baby. Hay cierto tipo de belleza extraña (que en ocasiones no reconocemos como belleza de forma inmediata), hay cierto tipo de seducción atroz, de la que he escapado con vida por pura suerte o protección de algún ser astral. Me niego a dar detalles de estas vivencias íntimas de mi vida y me niego todavía más a contar detalles de este cuento en específico, pero anuncio que se trata de una variación muy específica del arquetipo de la femme fatal de las películas de Humphrey Bogart, solo que de matiz borincano; una variación muy reconocible y boricua, enloquecedora y poderosa, de la cual conviene huir en todo momento por razones que el tiempo se encarga de aclarar. Este tipo de carnada mortal y tentadora viene de todos los géneros, colores y sabores, pero el resultado de caer en sus garras siempre es el mismo. Cuando lean “La vecina” entenderán a lo que me refiero.

La literatura puertorriqueña recibe con beneplácito la obra literaria de Eugenio Hopgood Dávila. Estos cuentos (y el cuentazo) les agregan sofisticación a nuestras letras. Espero muy sinceramente que ustedes disfruten este libro tanto como yo y que Eugenio nos regale dos o tres más.

Eugenio Hopgood Dávila. Babylon Baby. La Secta de los Perros, 2023. 188 pp.

*Esta es la presentación del profesor Carpio realizada el sábado 14 de octubre en la Librería Mágica.

María Civico en Ponce

Foto suministrada

El sábado 7 de octubre de 2023, el patio interior del Centro Cultural Carmen Sola de Pereira de Ponce (calle Cristina 70) sirvió de escenario a la presentación del libro María Civico:  modista de conciencias, publicado este año por los caborrojeños Dr. Luis A. Ramírez Padilla y Margarita M. Asencio López.  El acto fue auspiciado por el Ateneo de Ponce, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y el Comité Pro Edificio María Civico, María Civico nació en Cabo Rojo en 1860 y murió en Mayagüez en 1928.  Sus primeros 16 años de vida fue víctima de la esclavitud, pero sus destrezas en la costura, sumadas a sus valores personales, la hicieron superar la pobreza y el discrimen para convertirse en una modista de renombre en la región de Mayagüez.  Aunque no hubo hijos en su matrimonio con el líder obrero Luis Soler, ambos criaron nueve huérfanos de la familia, que se convirtieron en hombres y mujeres de bien.

La presentación estuvo a cargo de la coautora del libro y el Dr. José Escabí Pérez, nieto de uno de los hijos de crianza de María, relató varias anécdotas familiares.  El acto terminó con la participación del Dr. Arnaldo Carrasquillo Jiménez, quien declamó varios poemas de Luis Palés Matos, Fortunato Vizcarrondo y otros poetas negristas.