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Habitar lo imposible: Danza y experimentación en Puerto Rico

San Juan: Editorial Beta-local, 2022.
Susan Homar y Nibia Pastrana Santiago, editoras.

Pocos libros logran ser tan completos, tan bien documentados, tan accesibles y, a la vez, tan táctil- y visualmente atractivos como Habitar lo imposible. Desde su carpeta de cartón dura, su lomo abierto cosido hasta el diseño de espacios cuadrados y texto en negro que enmarcan las fotos e ilustraciones tanto en blanco y negro como a colores, las 348 páginas – casi un ladrillo de papel de alta calidad – del libro impresionan y hasta asombran por su inclusividad, por un lado, y la intensidad de su enfoque, por el otro. Se siente bien en las manos y pasar las páginas de textos e imágenes es un placentero viaje histórico, cultural y estético.

Susan Homar y Nibia Pastrana Santiago son lxs motores detrás de este desvelo de lo que puede haber parecido un campo artístico puertorriqueño menor, pero en realidad, que se retrata como de la misma categoría de las otras artes de historias y prácticas mucho más extensas. Susan, doctorada en Literatura Comparada y la “decana” de los estudios de danza en Puerto Rico y Nibia, performera-artista corporal-directora y también profesora de danza, comienzan Habitar lo imposible al presentar sus propósitos de base: “Este libro surge de la ausencia de una publicación que recoja la historia vital de la danza experimental en Puerto Rico”. Cubre las últimas cuatro décadas del siglo pasado y hasta la fecha de publicación, años en que el “foco ha sido el carácter transgresivo de la danza en Puerto Rico al encarnar narrativas que promueven una mirada transformadora y una actitud participativa como actos estéticos y ético-políticos”. El cuerpo es político, es estético, es transgresivo y es transformador.

Las seis partes de libro son casi volúmenes en si mismas. Tres ensayos componen la primera: “Historias, cuerpxs y alteridades”. En “¡Fuera del medio, que llegamos para quedarnos!”, Susan Homar provee el contexto histórico-político-cultural “[d]e cómo forjaron un nuevo campo en la danza de Puerto Rico” y lo hace de manera detallada, comprensiva y comprometida y a la misma vez con una precisión y objetividad cristalina. Así presenta no una opinión sino la realidad de una lucha anticolonial que se filtra en cada rama de la vida cotidiana puertorriqueña, y especialmente en lo estético-cultural.

Adriana Garriga López, antropóloga cultural, poeta y una vez principiante y ahora tanto cuerpx practicante como voz teórica del arte de performance, en “Cuerpxs insurrectxs” reinventa nociones de interacciones fronterizas y la inter-polinización que conectan la creación colectiva cultural de danza y performance y la cultivación orgánica de nuevas colectivas agrícolas –trabajos de cuerpxs y tierras, una manera de transversalidad visceral que florezca en los márgenes de la sociedad. “Lxs bailarinxs, artistas performativxs y agricultorxs radicales cuir/feministas puertorriqueñxs crean lugares y otorgan significado a espacios comunes y corrientes jugando con ‘formas de nombrar’” y medios de producción creativos capaces de desarrollar transformaciones económicas, culturales y políticas.

En “Contra la borradura, a favor de la rareza y recuerda” nibia pastrana santiago nos trae la experiencia dura del cuerpo en la línea entre espacios concretos y espacios estéticos. Es la narración de su engranaje dentro de la historia de la danza experimental en Puerto Rico a través de reflexiones de sus mentores — muchxs de lxs cuales son lxs sujetxs de las otras cinco partes del libro — , y de su auto-descubrimiento-gestión-aprendizaje-práctica. Como indica el subtítulo del ensayo, la creatividad caribeña nunca ha sido un mito. Aún sus mitos siempre han sido contrapesos a la invasión, la opresión, la explotación, el dolor corporal y la lucha para liberarse de ellxs. El ensayo de nibia es un puente al futuro. Basada en las prácticas y lxs practicantes de una primera generación, su trabajo busca nuevas generaciones de bailarinxs y performerxs.

Las otras partes del libro fluyen del contexto de los primeros ensayos. La parte II concentra en especificidades de la danza local. Alma Concepción escribe sobre Gilda Navarra y el Taller de Histriones, todavía la colectiva de mayor impacto estético en la historia del teatro puertorriqueño. Como participante en el proceso, Alma detalla la creación de Navarra en los 1970s y 80 de un grupo profesional de teatro-pantomima, teatro-danza que rompió con casi cada concepción anterior para crear una expresión corporal-teatral sin palabras en que las imágenes hablan por si mismas. Así Navarra estableció las bases para otra experimentación futura.

El dramaturgo y crítico Nelson Rivera escoge cuatro momentos dentro de los últimos sesenta años para contar y diversificar la historia de danza en Puerto Rico: 1) la fuerza del conjunto de  Ballets de San Juan –Gilda Navarra, Ana García, Irene y Jack Delano, entre otrxs y cuentos de Ricardo Alegría y Tomás Blanco –durante los 1950s para crear ballets puertorriqueños; 2) montajes como Binomio (1988) del Grupo Número Tres (Sunshine Logroño, Iván Martínez y Nelson Rivera); 3) la colaboración del bailarín Miguel Alum con el Taller de Histriones en la creación de la obra casi desaparecida Al pan, pan . . . (1985); y 4) el estilo único del bailarín y artista plástico Oscar Mestey Villamil. Los logros y fallos de Ballets de San Juan resultaron después en los grandes éxitos del Taller de Histriones. Histriones dejó huellas a través de décadas y hasta en una de las obras, tal vez poco conocida y más impresionantes de la segunda década del siglo 21: Anoxia (2018) del grupo La Trinchera –Beatriz Irizarry, Cristina Lugo y Marili Pizarro con el dramaturgo Joaquín Octavio González.

Entre el ensayo de Alma Concepción sobre Gilda Navarra y el Taller de Histriones y de Nelson Rivera de iluminar el campo pre-Histriones – “la zapata” – y los rincones frecuentemente olvidados de la experimentación danza-performance, aparece un ensayo particular para esta edición, pero crucial a sus perspectivas fronterizas, anti-coloniales e internacionalistas. Teresa Peña Jordán escribe de la precariedad corporal de e/inmigrantes cruzando fronteras y mares. Sus cuerpos, vivos y muertos, son archivos de imágenes transmitidas por la poesía, el testimonio y la danza. La migración es un performance de circunstancias de vida y muerte, y aun el cuerpo muerto se transforma en una imagen viva y hasta viral en su alcance que rompe y transforma los limites estancados de percepción y convención normativa. Y otra vez, la imagen es transgresora, es luchadora, es política anticolonial.

Parte III “Quehaceres descoloniales” se compone de tres ensayos que abren el campo de la danza experimental a enlaces teóricos, académico-investigativos, sociales y mediáticos. Lydia Platón Lázaro emplea la “improvisación” en su recorrido de danzantes y performerxs claves como Petra Bravo, Awilda Sterling Duprey, Viveca Vázquez y Merián Soto para ampliar la intertextualidad danzada entre espacios caribeños y la danza moderna (EUA e internacional). Arnaldo Rodríguez Bagué provee un informe sobre su proceso de establecer el Foro Permanente de Performance dentro del programa de Estudios de Mujer y Género en la Universidad Puerto Rico. Así nos propone un mapa de desarrollo y curaduría para poder archivar y preservar actos y gestos de danza y performance que son vivos pero efímeros e inmateriales. Esta sección cierra con un ensayo de Ramón H. Rivera Servera, actual decano de la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Texas en Austin, que sigue las ondulaciones de performance de los movimientos feministas/cuir en Puerto Rico. Para hacerlo, utiliza la noción del “procomún”, o cómo la danza y arte corporal experimental sale a la calle y entra en un discurso público. En los carnavales caribeños hasta las marchas políticas hasta los actos independientes transgresivos, “danzar en las calles” como hacen nibia pastrana santiago, Pó Rodil y  Edrimael Delgado Reyes (entres otrxs), como indica Rivera Servera, “vemos una irreverente interarticulación de estéticas dancísticas experimentales y populares, reclamos políticos y performance del placer feminista y cuir, erótico o no”.

Con la Parte IV “Habitar(se), escribir(se), mover(se)” comienza el deleite mayor de Habitar lo imposible. Once bailarinx-performerxs a través de escritos personales y fotos ponen sus autogestiones en la página. Son de una diversidad de generaciones, edades, preparaciones y estilos, pero del mismo ambiente creativo-cultural-transgresivo-político que es Puerto Rico y elementos tanto caribeños como diaspóricos. Son Alicia Díaz Concepción, Oscar Mestey Villamil, Ñeguí González Martínez, teresa hernández, Jésus Miranda Santiago (Pito), Awilda Rodríguez Lora, Jeanne d’Arc Casas Panouze, Javier Cardona Ortiz, Noemí Segarra Ramírez, Karen Langevin y Pepe Álvarez Colón. Es el cuerpo principal de la danza experimental actual en Puerto Rico. Vienen con trasfondos diferentes: ballet, danza moderna, teatro, performance, música, artes plásticas. He colaborado con varixs de ellxs – pienso en teresa hernández y Javier Cardona — en proyectos a través de tres décadas, y también he escrito reseñas de obras y montajes de ellxs y otrxs. Pero todxs merecen este espacio de reflexión – y reconocimiento — que reciben para auto-identificar y expresarse como artistas del cuerpo y la palabra.

En la Parte V, “MAPA: Cartografías originarias”, Habitar lo imposible llega a su cima y deja su huella mas clara. Alejandra Martorell, bailarina y también estudiosa del baile, después de un impresionante ensayo sobre ellas y el proceso, deja que hablen en entrevistas públicas “cinco exploradoras del baile escénico”: Petra Bravo, Merián Soto, Myrna Renaud, Awilda Sterling Duprey y Viveca Vázquez. Son las danzante-performera-maestras fundacionales del campo de danza experimental en Puerto Rico. Si al crear el Taller de Histriones, la maestra de maestras Gilda Navarra dio a Puerto Rico un nuevo lenguaje corporal para contar historias con imágenes sin palabras, estas cinco artistas se apropiaron de ese lenguaje y otros lenguajes corporales — de Cuba, de África, de danza moderna, del arte de performance –para traducir y transformarlo en diversas expresiones únicas y a la vez compartidas.

No intentaré resumir sus vidas. Habitar lo imposible incluye pequeñas biografías de todxs lxs particpantes.  Como lo hacen en el libro, decidí que era mejor que ellas, aún si brevemente, nos cuenten algo sobre sus carreras.

Es imposible subestimar el impacto de Petra Bravo, proveniente del entrenamiento riguroso del Ballet Nacional de Cuba, sobre danza y performance en Puerto Rico. Petra responde a una pregunta sobre “la/s técnica/s” y cómo pondría nombre a la clase de danza moderna que enseñó por muchos años en la Universidad de Puerto Rico de la siguiente manera: “Yo lo considero adentrándome en tu cuerpo. Un estudio de tu cuerpo a través de unas orientaciones mías. [. . .] Esa es la técnica. ¿Qué es una técnica? Saber el control de tu cuerpo, entiendes, para manifestarte. Es lo que a mí me parece que uno debe hacer cuando uno va a hacer una producción. Estudiar el cuerpo. [. . .] ¿Tú sabes cuál es el trabajo sucio? El trabajo sucio es que tú no llegaste, que tú no me penetraste, que tú no tocaste mi manera de ver las cosas. Y en eso soy bien honesta. ¿Tú sabes? Puedes tener un talento bien terrible y todo, pero hay que trabajar.”

Todas estas figuras icónicas han trabajado o estudiado larga- o brevemente en Estados Unidos. No obstante, es Merián Soto quien ha provisto el enlace “diaspórico” como bailarina y profesora establecida en Estados Unidos y simultáneamente una presencia en Puerto Rico. Después de un semestre de estudios universitarios en Estados Unidos, ella decidió regresar a Puerto Rico para sumergirse en la experimentación artística de la época turbulenta de los 1970s, hasta que, como ella cuenta, “[m]e doy cuenta de que nunca [por las muchas actividades] me voy a graduar de la Iupi [Universidad de Puerto Rico], así que solicito a [New York University] y me voy para allá”. Explica que en Nueva York estudió con colegas de Martha Graham, Merce Cunningham, con el legado de Isadora Duncan y aspectos de ballet y el teatro musical. “Entro en sus compañías y son mis amigos, [pero] los amigos boricuas en Nueva York, [son] los que me dicen: ‘Mira, ¿qué tú haces haciendo esos ballets pendejos? Ponte a trabajar’. Entonces, la primera pieza que coreografío en Nueva York, Pedacito de cristal, era una deconstrucción de la bomba con un guaguancó cubano, y yo cantaba”. Casi cincuenta años mas tarde, Merián continúa experimentando, enseñado, viajando y haciendo enlaces entre Puerto Rico y la Diáspora.

Personalmente, no conozco a Myrna Renaud. Sus piezas e instalaciones a finales de los 1970 y en los 1980 eran más o menos itinerantes en que se movía de espacio en espacio –azoteas, vitrinas de tiendas, la calle – en vez de escenarios u otros espacios más oficiales. No obstante, dentro de la comunidad de danza experimental, tiene un impacto igualmente fuerte como las otras artistas de esta sección. Además, trae la noción de ser multi-artista, corporal y plástica: “El medio es la danza; mi proceso de creación es plástico: diseño, textura, color y valor, escala, forma, línea, equilibrio, armonía dimensión. Es siempre mi punto de partida. Este movimiento se pone más oscuro aquí, pero sale un color más claro si lo ponemos a temblar. Desde lo plástico entiendo lo que estoy creando. La idea es importante, sí, pero es solo eso: una idea. ¿Cuántas ideas tenemos al día? Muchas. Siempre están, pero la manera de abordar la selección de elementos para el desarrollo de una estética es plástica”.

A mediados de los 1960, Awilda Sterling Duprey entra en la Universidad de Puerto Rico y se encuentra con la bailarina y activista afrxboricua Sylvia de Villard y trabaja en su grupo de danza africana. Su campo fue la plástica, pero bailaba; a través de su vida ha sido artista corporal, de la plástica, del movimiento, de la danza experimental, de la africanía, de la cultura boricua y universal. Ella nos dice, “En el baile-no-baile, como dice Viveca [Vázquez]. En el valor del movimiento por si mismo y qué es lo que quieres evocar desde la experiencia personal. No es que tuviera que haber una historia, pero obviamente si estás trabajando con tu cuerpo, el movimiento va a reaccionar neuralmente y va a hablar de tu historia. Tu creas la historia si quieres o no. En el caso mío. Yo me fui en la abstracción de la sensación. Yo creo que la intensidad y la verdad con la que quien interpreta entra a su cuerpo para escucharlo y seguirlo provoca a quien observa quiera saber qué es lo que está pasando ahí. Y tiene que ver con cómo es que se improvisa”.

Finalmente, Viveca Vázquez: en movimiento constante, haciendo, gestionando, enseñando, dirigiendo baile-no-baile, experimentando en grupos y sola, el taller de Otra Cosa, organizando, descubriendo, la “coreografía del error”, compartiendo; casi la esencia de danza experimental en Puerto Rico. En su entrevista, Viveca responde a una pregunta sobre Rompeforma, el festival experimental de performance, danza y visuales que organizó con Merián Soto entre 1989 y 1996: “Eso fue superimportante porque se añadió a todo esto que hemos hablado. Vino gente de Brasil, Perú, México, Venezuela, Ecuador. Significó empezar a ver otro tipo de disciplina en el escenario: cada vez más depuradas las técnicas, la escritura, no sé si lo quieren llamar la actuación, el tema de género, las luchas del SIDA . . . Y todo esto también agarró el rabo de producción cultural valioso que tuvo la Iupi (UPR-RP). Desde Francis Schwartz que, aparte de dirigir Actividades Culturales, me invitó a bailar en sus eventos de música y montajes experimentales, los Encuentros de Danza Moderna Puertorriqueña de Peta Bravo, que también me comisionó piezas nuevas, y la labor de Ricardo Cobián y Ramón Arroyo Carrión, también directores de Actividades Culturales. Todos apoyaron mis proyectos en la UPR”.

Cinco creadoras impresionantes a través de más de cincuenta años de danza experimental puertorriqueña. La coordinación de las entrevistas por Alejandra Martorell hace una contribución excepcional. El excelente ensayo final “Guía documental y bibliográfica sobre la danza experimental de Puerto Rico” es de Sonia Daubón Aquino. Pero son Susan Homar y Nibia Pastrana Santiago, como editoras y ensayistas, que merecen nuestro agradecimiento profundo por este admirable texto.

El hastío de un espectador por Joker: Folie à Deux

 

Especial para En Rojo

 Joker (dir. Todd Phillips; EE. UU., Canadá y Australia; 2019) no es una buena película. Aunque ya discutí algunos de sus méritos y mis problemas en la reseña que escribí para En Rojo, “El hastío de un payaso” (16 de octubre de 2019), he tenido un tiempo para considerar mis ideas. Me reafirmo en que la vida es muy corta para revisitar una película problemática así que no he tenido interés en volverla a ver. Sin embargo, he continuado leyendo literatura gráfica del universo de Batman donde aparece su némesis, el Guasón. Este personaje no es mi villano favorito de los comics, pero su construcción es un recurso a través del cual los escritores exploran distintas vertientes del héroe, del mundo que los rodea y de las oscuridades que amenazan a los residentes de Ciudad Gótica. En los comics, cada escritor y artista visualiza al guasón de maneras únicas. Por ejemplo, en la novela gráfica The Killing Joke (Alan Moore, 1988), el Guasón le dispara y agrede sexualmente a Barbara Gordon, la hija del comisionado de la policía. Al final, Batman intenta establecer un diálogo con el villano. Batman le recuerda que ambos seguirán luchando hasta que uno de los dos perezca. Por eso, Batman le ofrece ayuda psiquiátrica para concluir de una vez por todas su interminable batalla sangrienta. Pero después de contar una anécdota fantástica, el Guasón demuestra un momento de lucidez al rechazar su oferta con la pregunta: ¿qué tipo de cura puede proveerle un enfermo mental a otro? Batman y el Guasón son dos lados de la misma moneda. Por otro lado, en End Game (2016), Scott Snyder (escritor) y Greg Capullo (artista) crearon un Guasón que personifica el caos y la oscuridad que corrompe a Ciudad Gótica. Al estilo de los héroes trágicos griegos, Batman se torna en una versión idealizada de la humanidad que lucha en contra del espíritu del mal representado en el payaso. Cada interpretación del Guasón abre un nuevo universo para el personaje. Las representaciones del Guasón en el cine funcionan de la misma manera. En Batman (dir. Tim Burton, EE. UU. y Reino Unido, 1989), el personaje actuado por Jack Nicholson se asemeja a ese tío borracho que dice las cosas más inapropiadas en las fiestas familiares. Claro, en este caso, su humor concluye con muerte. Esa concepción del Guasón es diferente a la de The Dark Knight (dir. Christopher Nolan, EE. UU. y Reino Unido, 2008), donde el villano, actuado por Heath Ledger, se torna en un ente nihilista que solo añora ver arder la ciudad. En ambas, Batman es la figura que devuelve el orden para que los residentes de la ciudad puedan seguir sus vidas.

Batman es la figura justiciera que protege desde las sombras a los inocentes de Ciudad Gótica. Esta figura no deja de ser problemática. Su identidad secreta es Bruce Wayne, un multimillonario que decidió librar la ciudad de la villanía y la corrupción. Armado de un capitalismo impenetrable, Batman cuida por el statu quo. Sus recursos monetarios, que son parte de su poder como superhéroe, solo fortalecen su arsenal de carros armados y aviones de batalla. Los villanos son una amenaza para la vida de los citadinos, pero también lo son la pobreza y los problemas sociales que predominan. El primer Joker (2019) de Phillips explora esta línea. En esta, Arthur Fleck (Joaquín Phoenix) es un hombre muy pobre con problemas mentales que ha sufrido abusos de su madre y de la sociedad en general. Harto de su situación, Fleck asume la identidad de un payaso que lidera una revolución violenta y problemática. Aunque Bruce Wayne es todavía un niño, Fleck le declara la guerra a Thomas Wayne (Brett Cullen), el millonario padre de Bruce, y a Murray Franklin (Robert De Niro), una celebridad que tiene un late show popular en televisión. Wayne simboliza el poder financiero y Franklin representa las burlas que Fleck sufre a diario. Cerca del final, en la secuencia más emocionante y mejor lograda de la película, el Guasón de Fleck castiga al frente de las cámaras a Franklin haciendo temblar la norma.

En la secuela, Joker: Folie à Deux (dir. Todd Phillips, EE. UU. y Canadá, 2024), Phillips, que ejerció como director y co-libretista junto a Scott Silver, regresan a un material el cual ellos no entienden del todo. En la secuela, Fleck espera su juicio por los asesinatos que cometió en la primera película. El personaje sobrelleva una experiencia desesperante en la prisión que es solo una extensión de la angustia que el personaje sufría cuando era libre durante la primera película. Dentro de su mundo gris, Fleck reimagina su entorno como un musical. En esta realidad imaginada, Fleck se viste con su traje violeta y su maquillaje del Guasón durante su juicio y, en otros momentos, canta en un programa de variedades junto a otra paciente mental que conecta con su locura, Lee Quinzell o Harley Quinn (Lady Gaga). Todas estas ideas me parecen interesantes, pero Phillips no sabe cómo narrar una historia dentro del género del musical. Las secuencias musicales son visualmente atractivas gracias al cinematógrafo, Lawrence Sher, quien también trabajó en la primera película. Sher nos construye unos mundos televisivos setentosos, coloridos e iluminados, pero que no develan absolutamente nada de la vida interior o de las emociones de los personajes.

En un musical como Dancer in the Dark (dir. Lars von Trier; Dinamarca, Alemania, Países Bajos, et al.; 2000), la protagonista, Selma (Björk), confronta unas experiencias terribles. Selma se está quedando ciega y, como consecuencia, perderá su trabajo en medio de su pobreza; un policía le roba el dinero que ella ha ahorrado para operar a su hijo, que también se está quedando ciego; y es finalmente condenada a muerte por un asesinato. Dentro de esta agonía, Selma escapa a través de los musicales. El contraste marcado entre la vida tan oscura de Selma y su alegría cuando canta en una escena musical acentúan la ironía de la ausencia de la esperanza en un género identificado por la felicidad que le comunica al espectador. Al mismo tiempo, la música expresa el mundo interior tan delicado y bello de Selma que se rehúsa a morir durante los momentos más nefastos. Esto en nada se parece a Joker: Folie à Deux, que nunca explora la relación entre la realidad y la imaginación musical.

Joker: Folie à Deux también falla como película de cómics porque no sabe cómo construir sobre el mito del Guasón. Joaquín Phoenix hace de un Guasón con una inocencia que tiende a tornarse mortífera cuando se abalanza en contra de la autoridad. No obstante, Joker: Folie à Deux nos da el asomo de una idea interesante que se desperdicia en las manos de un director que no entiende de cómics, de musicales ni de cine.

Y de dónde salen los ateos

 

  1. Dios con minúscula.

Este verano fui invitado a participar en el XXII Congreso Internacional sobre Nuevas Tendencias en las Humanidades, celebrado en La Sapienza, Universidad de Roma. Aprovecho la oportunidad, para agradecer nuevamente a familiares, colegas y amigues, por haber hecho posible con su apoyo, mi asistencia a este congreso. Me invitaron a La Sapienza, para reseñar una investigación que, además de haberme permitido obtener un grado doctoral, me llevó virtualmente hasta la Ciudad de México, convocado por la XXIII Jornada del Libro Caribeño, y a un popular programa de la radio puertorriqueña, en el que participé como invitado en una respetuosa conversación sobre mi trabajo. Esto, a primera vista, no parecerá mucho según los estándares del éxito académico o de cualquier otro tipo, pero al sopesar lo controvertido del tema que discuto, podría considerarse un logro significativo.

Para muches de les participantes del congreso, mi objeto de estudio provocó reacciones que, aunque trataron de ser corteses, estaban alineadas con la tradición y se reducían a un rechazo visceral sin miramientos. La mayoría de les colegas humanistas nunca se había encontrado con la necesidad de hablar sobre la ciencia ateísta, hilo conductor de mi trabajo, y mucho menos en el contexto de la cultura hispana. Algunes reconocen, una vez lo piensan, que jamás se les hubiera ocurrido hacerse preguntas sobre la descreencia, porque la tradición religiosa pone un velo sobre el asunto. Más veces de las que estamos dispuestos a aceptar, la razón es la coacción, o, dicho de otro modo, el temor irracional a dios, que la cultura dominante nos ha inculcado durante siglos.

En Roma, a pocas millas del Vaticano, presenté mi ponencia ateísta en un congreso que reunió a más de 400 intelectuales de 55 países, y no coincidí con otro ateo. No encontré a nadie que, al conocer mi ponencia, confesara su propio ateísmo o al menos mostrara simpatía por el tema. Dudo mucho que no los hubiera, pero no me topé con nadie. Eso sí, escuché a decenas de personas referirse a la humanidad como “el hombre” o “mankind”, conocí a otro ponente nacido en la Isla, ahora radicado en Texas, y dos parejas de amigues puertorriqueñes coincidieron en estar en la ciudad durante las fechas del congreso.

Mi presentación la titulé “Olvidando a dios: el abandono de la hipótesis de dios en la cultura intelectual que ayudó a construir a Puerto Rico, 1769-1812”; y me veo obligado a empezar señalando, que en la versión publicada por los organizadores, editaron el texto y aparece dios escrito con mayúscula. El cambio se hizo sin ningún tipo de advertencia o espacio para el debate y así está en todo el material del congreso, tanto digital como impreso. No busco debatir sobre esa decisión, porque, si acaso, agradezco la oportunidad que tuve. Mi objetivo en este ensayo es, más bien, hablar de algunos puntos claves del trabajo de investigación en historia cultural crítica que presenté en Roma. A eso llegaré pronto, pero antes quisiera explicar mi decisión de escribir dios con minúscula, ya que se ha convertido en un problema recurrente.

Cuando me corrigen por escribir dios con minúscula, por lo general, usan argumentos de carácter ortográfico o incluso semántico. Eso es de esperarse en el ámbito de lo consuetudinario y no me sorprende. Por costumbre, igualmente, dios se escribe con mayúscula cuando se busca hacer referencia a una de las divinidades de las tres principales religiones monoteístas del mundo. Con esto resultaría ya más que evidente que la imposición ortográfica ha funcionado históricamente como un intento de afirmar la existencia de los dioses que se describen, pero todavía no nos cuestionamos como cultura esa convención, ni su relación con la coerción religiosa. Más adelante esbozaré algunos aspectos históricos del dios impreso, occidental y dominante, que en mi trabajo de investigación discuto a fondo, así como alguna evidencia de su negación en el pasado, que espero arroje más luz sobre estos temas. Sin embargo, adelanto que todo se podría resumir a que se practica escribir dios con mayúscula porque la tradición le atribuye existencia a ese personaje. Nuestra cultura se formó bajo el peso de una comunidad católica que acuñó la grafía de dios creyendo fervientemente en él, pero también sintiendo miedo de su Iglesia. Las primeras traducciones de la Biblia al español en el siglo XVI, hechas tras sus gestores haber renunciado al catolicismo, entre otras publicaciones impresas en el periodo, definieron siempre a dios como existente, al mismo tiempo que la Iglesia autorizaba a esclavizar a los no-católicos y condenaba ateos a la muerte.

Para la Real Academia Española (RAE), “Dios se escribe con mayúscula inicial cuando funciona como nombre propio y con minúscula cuando es un nombre común.” 1 Algunas fuentes añaden que dios en minúscula puede llevar artículo, pero cuando está en mayúscula, no debe. Bajo esas reglas parecería que me veo obligado a decir que escribo dios con minúscula porque hablo del dios común, pero en realidad, lo hago porque entiendo que es imposible que exista el propio. Dios como personaje literario de la Biblia, podría parecer merecedor de un nombre con mayúscula, pero tendría que pasarse por alto la multitud de caracterizaciones que compiten por él. Porque, aunque lean el mismo libro no es lo mismo el dios católico que el protestante. El dios cristiano es diferente al del islam o el judaísmo. Incluso el dios del Antiguo Testamento es diferente al del Nuevo, y el de apenas hace un siglo no es igual al dios de hoy. Pienso que esos matices se ignoran deliberadamente, porque aceptar que dios cambia es como reconocer que no existe. Todavía parece ser más difícil aún, admitir como cultura, que muchos de los cambios que han experimentado las caracterizaciones históricas de los dioses, han sido espoleados por la producción de conocimientos científicos.

Cuando escribo dios con minúscula y lo defino como una hipótesis que se abandona, me refiero a todos los dioses, vivos o muertos, así como a cualquier sistema metafísico, libro sagrado, autoridad imaginaria, planteamiento especulativo, y sus variaciones culturales en el tiempo. No me limito a los dioses de las principales religiones monoteístas, aunque los tome de ejemplo, por lo que el uso de la mayúscula si algo, restringe el alcance de mis planteamientos. Retar el convencionalismo de escribir dios con mayúscula tiene la virtud adicional de provocar en algunes lectores una respuesta espontánea que suele ser reveladora. Cuando nos corrigen con toda la seguridad del mundo haber escrito dios con minúscula, manifiestan un vínculo personal con la tradición religiosa que de otra manera hubiera sido invisible. La corrección, además, demuestra la necesidad que aun tenemos, de debatir los principios religiosos que, muchas veces, pasan como certezas, amarrados a diferentes costumbres y tradiciones.

  1. La descreencia

 

En el primer diccionario de la RAE, que se empezó a publicar en 1726, dios, además de aparecer escrito con mayúscula, se definió incluyendo el detalle de que existía. Así mismo, quedó establecido en el texto impreso, que el Papa tenía el título de “Vice-Dios”. En los diccionarios contemporáneos a este ensayo, como era de esperarse, el Papa ya no se menciona entre las definiciones de la divinidad, pero tampoco dios se escribe con mayúscula, ni se anota que existe. Estas son señas claras de la secularización histórica de nuestra cultura, pero no necesariamente ayudan a explicar el proceso, ni hacen visible el rol que jugó en él la ciencia que abandonó la hipótesis de dios.

Mi propuesta investigativa sostiene como premisa general que la ciencia que se empieza a definir como materialista al menos desde el siglo XVI, es decir, la que se basa en la experimentación, la evidencia, el escrutinio de los pares y la aplicación rigurosa de un método, tiene como uno de sus elementos fundamentales el abandono de la hipótesis de dios. Entiendo, asimismo, que esa cualidad de la ciencia ha promovido la secularización de las culturas dominantes de occidente. Plantear que la ciencia promueve la secularización de las culturas no constituye una novedad, ha sido expresado de esa forma antes, pero, la historia de ese proceso no se había contado. Mi trabajo es precisamente, un intento por comenzar a narrar esa historia en la cultura hispana, como una cualidad intrínseca de la ciencia en desarrollo.

El abandono de la hipótesis de dios en una cultura, además de por su producción científica, se puede medir por su trato al ateísmo. El término ‘ateísmo’, usado para referirse a la descreencia en dios, aparece también en el primer diccionario de la lengua española, aunque su uso se remonta a la Grecia presocrática y se encuentra en la literatura hispana al menos desde el siglo XVI. En los diccionarios concurren “atheos”, “ateísta” y “atheísmo”, manteniendo en la ortografía las señales de sus orígenes griegos: a-theos (sin dios). Estas palabras se escribieron conservando la referencia al sonido de la “theta” (θ) hasta entrado el siglo XIX. La definición de ateísta incluyó, además, la cualidad de impío o necio (“ignorante” o “el que no sabe”), por la misma razón que dios tenía como parte de su definición las cualidades de “…primer y supremo Ente necessario [sic], eterno y [sic] infinito…”2

La Inquisición Española (1478-1834) identificó el ateísmo temprano en su fundación y los intelectuales cristianos lo definieron con claridad, vinculándolo a la tradición materialista griega que incluyó al atomismo de Demócrito (460 a. C. – 370 a. C.), la filosofía de Epicuro (341 a. C. – 270 a. C.) y la de Sócrates (470 a. C. – 399 a. C.). Más tarde se convirtieron en ateos emblemáticos, tanto en la cultura inglesa como en la hispana, el filósofo nacido en Ámsterdam, Baruch Spinoza (1632-1677) y Voltaire (1694-1778) nacido en París. La cultura cristiana fue sin duda una de las primeras en definir el ateísmo formalmente, incluyendo su relación con el materialismo, como lo demuestra Jerónimo Gracián de la Madre de Dios (1545-1614) cuando en 1611, publicó un tratado dedicado exclusivamente al “miserable estado de los ateístas” en su tiempo.3 Jerónimo Gracián asoció el ateísmo con Ámsterdam, el capitalismo mercantilista y la filosofía griega. La inquisición perseguía con prominencia a los practicantes de religiones no católicas, pero siempre reservó un espacio especial para la descreencia de los ateístas descritos como los que negaban la existencia de dios y la inmortalidad del alma desde premisas materialistas.

Los ateos fueron definidos propiamente por el poder religioso hispano que germinó en el humus de las guerras de cristianos contra musulmanes y judíos, en la península Ibérica, durante el siglo XV. Los intelectuales católicos que describieron con precisión el ateísmo fueron devotos de una tradición que usó como excusa la descreencia en el dios católico para esclavizar a los pobladores de las regiones conquistadas en África. La bula Dum Diversas (1452) y la bula Romanuse Pontifex (1455) del Papa Nicolás V (1397-1455), por ejemplo, pretendían ser autorizaciones que le otorgaba el Vice-Dios, al reino de Portugal, para que esclavizara a todos los infieles, paganos, incrédulos y “sarracenos” (musulmanes) que encontraran.4 Los no-católicos, entendidos como pecadores, además de ser objeto de persecución y castigo, se clasificaron como judíos, musulmanes, protestantes (en sus diferentes denominaciones), herejes, impíos, paganos, incrédulos y ateos. El “atheísmo”, como una forma especial de la descreencia, y como término usado en la literatura impresa por la cultura intelectual hispana, e inglesa, es una categoría de pecado independiente, al menos desde el siglo XVI.

En 1550, Virgilio Polidoro (1470 – 1555) denunció el ateísmo de las tradiciones filosóficas griegas, como amenazas al cristianismo. Así describió a Epicuro, a Protágoras (490 a. C. – 420 a. C.), y a Theodoro Cirenaico (340 a. C. – 250 a. C.), como filósofos que no creían en dioses. De Diágoras de Melos (siglo V a. C.), dijo: “…llamado atheo por sobre nombre (porque ningún dios admitía)”.5 Diágoras, en otros textos posteriores aparece mencionado simplemente como el “Atheo”.6 Polidoro también citó a Lucrecio (99 a. C. – 55 a. C.) y a Virgilio (70 a. C. – 19 a. C.) para acusarlos de promover a un dios que al igual que el de Epicuro, no se involucraba con el mundo.

En 1588, Cipriano de Valera (1532-1602) español protestante que después de Casiodoro de Reina (1520-1594) produjo una de las primeras y más populares traducciones de la Biblia al castellano (1602), esgrimió el concepto de “atheísta” como una espada. Lo definió como “hombre sin ningún dios, ni religión”, “que ni pensó haber cielo, ni infierno tras esta vida” y “que tiene por fábula la historia del evangelio”7. Todo lo dijo para referirse a los papas católicos, a quienes también llamó anticristos, pero cuando escribía el incumbente era Sixto V (1521-1590).

Desde el siglo XVI se describe al ateo, al ateísta y el ateísmo con precisión, pero nadie hubiera podido declararse abiertamente como tal y preservar su vida o mínimamente su libertad. Que la censura convirtiera en pecado mortal la identidad del ateísta no es prueba de su existencia tampoco. Pese a ello, la definición que le dio la cultura católica dominante sentó las bases para encontrar a ese individuo y a su comunidad imaginaria con el tiempo, porque entre muchas otras razones, solo pueden existir ateos en una cultura que quiera imponer la creencia en dioses.

Lucilio Vanini (1585-1619) es, sino el primero, el más citado de los individuos acusados y condenados por ateísmo en la cultura católica. En 1619 al médico, naturalista y librepensador se le imputó pervertir a la juventud y ser ateísta, como había ocurrido con Sócrates en Grecia, alrededor de 400 años antes de Cristo. La historia del castigo ejemplar de Vanini, quien pensaba que los humanos compartían ancestros con los demás simios, y fue autor de De admirandis naturae…,8 se repitió por siglos en la literatura hispana como un escarmiento, se copiaba casi idéntica, generación tras generación. A Vanini le colocaron un letrero que decía: “Ateiste et blasphemateur du nom de Dieu”9, le cortaron la lengua, lo colgaron, y finalmente lo quemaron en una hoguera. Le confiscaron todas sus riquezas y le hicieron confesar que fue parte de un grupo de ateos que se había propuesto propagar la descreencia por el mundo.10 El llamado de los administradores del poder fue parte crucial en la creación del sujeto ateísta, porque el término se usó literalmente para sujetarlo: asirlo, doblegarlo, escarmentarlo, o disuadirlo de expresarse libremente, según fuera necesario. El ateísta, como otras identidades culturales, no se definió a sí mismo. Asumió la identidad que ya le tenía bosquejada la autoridad religiosa como antagonista. Hasta el momento, la comunidad cristiana es la primera, en la cultura hispana, en haber dejado evidencia impresa en donde se explica cómo el ateísmo se relacionaba a la ciencia y cómo esto podía hacer caer el andamiaje ideológico que justificaban los privilegios del Papa y el Rey.11

En 1548, en la Bibliotheca Eliotae publicada por Thomas Berthelet,12 aparece una de las primeras menciones al ateísmo que he podido ubicar en la obra impresa por la cultura inglesa. Esta incluía en su definición la palabra “infidel” que se traduce al español como infiel, y significa “aquel que no tiene fe”.13 Al infiel se le veía como a un traidor de la “fe verdadera”, que en ese momento se entendía como una forma de conocimiento: “…una especial y sobrenatural lumbre del Espíritu Santo, infundida en el entendimiento del Christiano…”.14 En la edición del 1583, de la Bibliotheca Eliotae, ya no se usa “infidel” para definir a los ateos, pero las razones para el cambio al momento me son desconocidas.

En la cultura hispana el “atheísmo” incluyó la incredulidad y la ignorancia, como parte de su definición hasta finales del siglo XIX. En 1884 el diccionario de la RAE todavía definía el ateísmo como: “Opinión impía de los que niegan la existencia de Dios”. El término aparece a través de miles de libros desde el siglo XVI, y entre otras cosas revelan su relación histórica con la ciencia porque para la cultura cristiana dominante la ciencia era una filosofía materialista que conducía al ateísmo. Más adelante, en el siglo XVIII se acuñó incluso el término “Spinozism”, para referirse al panteísmo como ateísmo.15

Del ateo conceptualizado como una expresión del pecado y como antagonista del poder, es que salen las bases para lo que será la identidad ateísta como afirmación comunitaria que se empezará a definir a partir del siglo XIX en la cultura intelectual de occidente, pero igualmente para su ubicación irreductible bajo las filas del materialismo científico en el XX y XXI. Definirnos como ateístas todavía carga con mucho del estigma histórico, por lo que continúa siendo bastante peligroso. En más de una docena de países islámicos todavía ser ateo es causa para la pena de muerte. En muchas otras partes se ha dejado de perseguir abiertamente la descreencia, pero aún se margina cuando se desestima el reclamo del ateísmo cultural, o asumen la tradición cristiana como un consenso. Esto ocurre en parte, porque no se ha reconocido todavía o cuando se reconoce se encubre, que la ciencia ha desplazado con su éxito la hipótesis de dios, en incontables espacios culturales. Por lo mismo, aspiro a promover con el balance histórico que hago sobre la ciencia y su descreencia, que no será rápida proveyendo certezas, o su comunidad perfecta, pero funciona mejor que la religión, al momento de administrar recursos y organizar esfuerzos colectivos.

  • La ciencia atea

Todavía en la mayoría de los debates relacionados al sexo, derechos reproductivos y roles de género, por dar solo algunos ejemplos, se insiste en defender la tradición o la costumbre, predominantemente cristiana, por sobre la evidencia científica. Se asume la autoridad de la cultura religiosa por encima de la prueba, y hasta de las prácticas generalizadas por las personas, cada vez que alguien siente la urgencia de llamarle al sexo consentido o a la expresión de género que se prefiera enarbolar, una perversión, un desvío antinatural, una enfermedad, o un pecado. La resistencia a los nuevos postulados sexuales o a los roles que han reclamado las mujeres entre otras comunidades oprimidas, por más de un siglo, tienen una importante raíz en la definición del sexo que han leído los administradores históricos del poder en la Biblia. Cuando se les prohíbe el cambio a las prácticas culturales relacionadas al sexo y a los roles sociales que proponen, se empuja el colectivo a la violencia y se promueve la inestabilidad social.

La ciencia por otro lado es consciente del cambio como parte central de la existencia comunitaria y si bien produce teorías e imagina leyes, persigue partículas indivisibles y se impone la meta de descubrir cómo nace un universo, respeta la diversidad y habita en el foco mismo de las transformaciones culturales. El cambio de la ciencia es su historia, pero también la nuestra, y cuando habla de dios es solo para derrotarlo. En su trayectoria ha producido de todo, incluso, comunidades que han empezado a plantearse lo que podría definirse como una vida eterna secular cuando aspiran a curar la muerte, a superarla sin el cuerpo, o cuando tratan el envejecimiento como una enfermedad.16 ¿Cómo pasamos de la vida eterna del alma a la posibilidad de sobrevivir la muerte, sin tener que hablar de dios? Mi objeto de estudio es precisamente, las transformaciones que causa en la humanidad el conocimiento basado en la evidencia que se va acumulando gracias al trabajo de sus comunidades históricas. Porque entre los cambios culturales que provoca la ciencia, cambios de paradigma como diría Thomas Kuhn (1922 – 1996), es que se encuentra la posibilidad de un ateísmo que no solo existe como la negación de los dioses, sino también como la afirmación de las hipótesis materialistas.

El tema del abandono de la hipótesis de dios, en su forma más simple se refiere a toda aquella instancia cultural en donde una explicación derivada de observaciones objetivas sustituye la idea de dios. En mi trabajo de investigación ilustro este proceso con varios ejemplos, pero me parece paradigmática la historia de la inoculación de la viruela. Sobre este evento discutiré de lleno en otro foro, pero en resumen las primeras campañas de inoculación de la viruela a principios del siglo XVIII en la cultura inglesa promovieron la secularización porque derrotaron todas las objeciones religiosas al procedimiento. La cultura religiosa se negaba a la inoculación, un método precursor de la vacuna descubierta en 1798 por Edward Jenner (1749- 1823), porque entendía que la viruela (y las enfermedades en general) era una de las formas en que dios administraba los castigos en la Tierra. Remediar la viruela era considerado retar a dios. Por lo tanto, la comunidad científica que promovió la inoculación secularizó con su éxito la cultura, porque consiguieron que dios ya no postulara entre los discursos relacionados con la enfermedad.

Si bien se intuye el abandono de la hipótesis de dios en la ciencia desde el siglo XVII y más tarde se habla del ateísmo y de la “teoría de la secularización” como producto de la modernidad, asociándolo con Mijael Bakunin (1814-1876), Carlos Marx (1818-1883), y Max Weber (1864-1920), entre otros intelectuales europeos y decimonónicos, no había sido un asunto que la historia occidental hubiera podido abordar, porque entre otras razones no existió una identidad comunitaria e independiente que la encarnara, al punto de necesitar hacer su genealogía, hasta finales del siglo XX.

En Boston, EE. UU., surgieron varios movimientos efímeros en el siglo XIX que se declararon ateístas, en el contexto de candentes luchas de Poder con los evangélicos del avivamiento.17 Pero en la mayoría de los casos cuando las instituciones religiosas dejaron de tratar de imponerse por la fuerza, ya no fueron necesarios sus esfuerzos secularistas y desaparecieron del ojo público dejando rastros en la prensa, y en algunas leyes. Incluso en Puerto Rico, Nemesio Canales (1878-1923) llegó a identificarse como ateo a principios del siglo XX, dentro de una comunidad imaginaria más amplia, que se autodenominó librepensadora. Sin embargo, el ateísmo de Canales estaba, más que por sus reflexiones científicas, motivadas por su lectura del socialismo, sus posturas anticlericales y la libertad de culto impuesta tras la invasión estadounidense. La identidad de científico ateísta no se galvanizó hasta finales del siglo XX, pero siempre ha ido de polizonte en la nave histórica de la ciencia.

Han existido marxistas ateístas, anarquistas ateístas, feministas ateístas, activistas afroamericanes y de la comunidad LGBTTQ plus que fueron ateístas, pero apenas hubo quienes se identificaran con el ateísmo producido por la ciencia hasta la década de 1990. En esta fecha despunta el ateísmo científico con una serie de intelectuales que comparten muchos objetivos generales sin haberse puesto de acuerdo y que algunos han agrupado bajo la consigna del Nuevo Ateísmo. En conjunto, los intelectuales reaccionaban a tendencias culturales anticientíficas motivadas en gran medida por el reavivamiento religioso que se disparó con fuerza a finales del siglo XX. Este reavivamiento respondía en parte a la caída del Bloque Comunista, emblemático bastión ateísta por casi un siglo, que sufre su primer gran embate con la caída del Muro de Berlín en 1989. El derrumbe de los estados comunistas representó una apertura a los nuevos mercados capitalistas, en donde tomaron un papel de vanguardia las iglesias expansionistas. Los ateístas reaccionaron intelectualmente al ambiente triunfalista de las religiones capitalistas y entre otras cosas, empezaron a explicar el conocimiento histórico producido por sus respectivas diciplinas haciendo explícito que las ideologías religiosas han sido objetoras históricas de la ciencia. Entre estos intelectuales destacan Richard Dawkins (1941), Howard Bloom (1943), Christopher Hitchens (1949-2011), y Sam Harris (1967), entre otres. Stephen Hawking (1942-2018) se une a la tendencia de forma sobresaliente cuando en su libro The Grand Design (2010), hace explícita su postura de que el universo no necesita de un creador. Del físico británico tomo, además, la idea de la ciencia como un ejercicio intelectual que descarta la hipótesis de dios.

Mi ponencia en La Sapienza como adelanté, fue una breve reseña de los puntos generales de mi investigación, inspirada en parte por la historiografía de la ciencia ateísta. Una de las principales conclusiones de mi trabajo, sería que la secularización cultural es visible al menos en la obra producida por los miembros de las élites económicas hispanas, a partir del siglo XVIII. Esto incluye textos creativos, material impreso por corporaciones privilegiadas de accionistas, revistas y libros publicados por la comunidad médica, en especial la relacionada a la inoculación de la viruela, así como la propaganda impresa de las juntas revolucionarias durante la guerra de independencia española entre 1808 y 1812. Mi acercamiento secularista debate con muchos elementos de nuestras tradiciones historiográficas, pero entre ellas disfruto enfatizar que se puede demostrar que la cultura hispana que promovió las primeras versiones de una identidad imaginaria arraigada al territorio de Puerto Rico y que incluso usó por primera vez el gentilicio de “puertorriqueños” en la obra que imprimió, contó con importantes elementos secularistas.

Cuando finalicé mi presentación en la universidad de Roma, rompió el silencio uno de los presentes, para decir que la ciencia se ha convertido en una nueva religión. En el marco de un espacio académico de ese nivel, la expresión me resultó burda y simplista, pero puedo entender que se haya dado como un reflejo defensivo. La ciencia no puede ser una religión, riposté, porque no acepta como respuesta a dios. La ciencia, además, tiene con su método, un sistema de operación bastante flexible y no una verdad absoluta. El método incluye la verificación comunitaria de los postulados que se presenten al foro con evidencia objetiva y se orienta por el cuestionamiento constante. La comunidad científica también parte de la premisa de que solo basta un contraejemplo para descartar una teoría y por lo mismo, entiende que toda certeza es contingente.

Contrario a las religiones, en donde se veneran ideas inmutables y hay cierto orgullo en no cambiar, la ciencia se debe ver como un modelo para el reto constante del status quo y sus autoridades. Porque depende de la rebeldía suficiente como para enfrentar la tradición y no aceptar nada por fe, aunque se inculque con violencia. Para finalizar, quisiera subrayar que mi investigación permite argumentar con evidencia un asunto adicional que me parece urgente exponer. La ciencia nos ayuda a descartar la hipótesis de dios en la cultura, y cuando dios pierde relevancia e influencia, las instituciones religiosas que lo representan quedan expuestas como groseros esquemas cleptocráticos de los que deberíamos prescindir.

Octubre, 2024.

 

Notas:

1Real Academia Española, Diccionario panhispánico de dudas (Madrid: Espasa, 2005), s.v. «Dios.»
2Real Academia Española, Diccionario de Autoridades (1726-1739): https://apps2.rae.es/DA.html
3Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, Diez lamentaciones del miserable estado de los ateístas de nuestro tiempo, Edición, introducción y notas de Emilia Navarro de Kelley (Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999) https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmckw5b1
4Romanus Pontifex (Granting the Portuguese a perpetual monopoly in trade with Africa) January 8, 1455: https://www.papalencyclicals.net/nichol05/romanus-pontifex.htm
5Polidoro Virgilio, Libro de Polidoro Vergilio, que tracta de la inuencion y principio de todas las cosas: agora nueuame[n]te traduzido y trasladado en lengua castellana para nuestra doctrina y exemplo… y dirigido al illustrissimo Senor Don Luys Christoual Ponce de Leon … por Francisco Thamara catedratico en Cadiz interprete y recopilador desta obra (en casa de Martin Nucio, 1550).
6Marek Winiarczyk, Diagoras of Melos: A Contribution to the History of Ancient Atheism. (Berlin, Boston: De Gruyter, 2016): https://doi.org/10.1515/9783110448047
7Cipriano de Valera, Dos tratados. El primero es del Papa y de su autoridad. El segundo es de la misa (Londres: Ricardo del Campo, 1588), 182, 259, 275: https://www.google.com.pr/books/edition/Dos_tratados_El_primero_es_del_Papa_y_de/FvfjRGQZcnoC?hl=en&gbpv=1&dq=%22atheista%22&pg=PA183&printsec=frontcover
8Versión digitalizada del libro en latín, aquí: https://play.google.com/books/reader?id=YnE5AAAAcAAJ&pg=GBS.PA32&hl=en
9“Ateísta y blasfemo del nombre de Dios” (mi traducción) Constance E Plumptre, “Lucilio Vanini.” Chapter. In General Sketch of the History of Pantheism, 367–95. Cambridge Library Collection – Religion. (Cambridge: Cambridge University Press, 2011).
10Benito Jerónimo Feijoo, Teatro critico universal: Ó discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes. (Madrid: Imprenta real de a Gaceta, 1765), 207.
11Fernando de Zevallos, La falsa filosofía o el deísmo convencido de crimen de estado. Tomo VII (Lisboa: Oficina de Juan Procopio Correa da Silva, 1801), 13.
12D. T. Starnes, “THOMAS COOPER AND THE ‘BIBLIOTHECA ELIOTAE.’” The University of Texas Studies in English 30 (1951): 40–60. http://www.jstor.org/stable/20776028.
13Thomas Berthelet, Bibliotheca Eliotae (1548): < https://acortar.link/i3w5Es >
14https://apps2.rae.es/DA.html
15“…la doctrina de Spinoza; o, ateísmo y panteísmo propuestos a la manera de Spinoza.” (Mi traducción). Ephraim Chambers, Cyclopædia: or, an universal dictionary of arts and sciences; F.R.S. The seventh edition corrected and amended vol 2 (1751).
16Amenazo con discutir estos temas en otro turno. Ver Laura D. Herndon, «The Ethics of Immortality: Biogerontology and the Challenge of Prolonging Life,» Hastings Center Report 38, no. 3 (2008): 35-45 y Aubrey de Grey y Michael Rae, Ending Aging: The Rejuvenation Breakthroughs That Could Reverse Human Aging in Our Lifetime (New York: St. Martin’s Press, 2007).
17James Rogers, “Preaching Unbelief: Freethought in Boston, 1825–1850” (Disertación doctoral, University of New Hampshire, 2013).

Solidaridad y buenos deseos

Foto tomada de FB.

La Junta Directiva y el Colectivo de trabajo de  CLARIDAD expresan su solidaridad y respeto al compañero Juan Dalmau y su familia ante la gravedad de este momento. Nos unimos a los buenos deseos de todo un país. La Patria que tanto quieres sabe del calibre de tu familia y lo que significa para ti. Recibe nuestro más grande abrazo y el pedido de que todo salga bien para tu amada Griselle.

 Juan Dalmau ganó el debate, porque el país está cambiando

El pasado miércoles 2 de octubre, al finalizar el debate entre los candidatos a la gobernación de Puerto Rico, las redes sociales y tradicionales se inundaron de análisis trillados. Opiniones de comentaristas reconocidos repitieron ad nauseam cómo la candidata del Partido Nuevo Progresista (PNP), Jenniffer González, y el del Partido Popular Democrático (PPD), Jesús Manuel Ortiz, dominaron acaparando el tiempo utilizando efectivamente las reglas.

Las reglas que permitieron invisibilizar al candidato más popular – Juan Dalmau, representando a la Alianza y al partido independentista puertorriqueño (PIP) – fueron aprovechadas por comentaristas para adjudicar a González y Ortiz como “ganadores”. Estas aseveraciones contradicen prácticamente todas las encuestas que se dieron en días subsiguientes.

Algunas de las encuestas más reseñadas – como la que hizo WAPA.TV – mostraron que la intención de votar por Juan Dalmau al final del día luego de su participación en el debate rondaba en 53%, mientras la candidata del PNP y el del PPD solo contaban con el apoyo 29% y 13% de los encuestados, respectivamente. Otra encuesta que se celebró en el perfil de X de Molusco reveló que 75% de su audiencia encuestada piensa que Juan Dalmau ganó el debate.

Por su parte, el exmonitor federal de la Policía, Arnaldo Claudio, anunció que la encuesta Fowler próxima a publicarse, evidencia un empate virtual entre la candidata del PNP recibiendo 33.7% de la intención del voto y Juan Dalmau con 33.2% del voto. Por último, una encuesta celebrada por Lourdes Fernández (@litdatapr) estima que la candidata del PNP sufrió una baja de 5.02% de la intención de voto durante la semana pasada, mientras Juan Dalmau gozó de un aumento en 3.5%.

Ante semejante contradicción, nos queda la pregunta de por qué las diferencias marcadas entre la opinión de las encuestas y los comentaristas. La respuesta es simple: El país está cambiando. Ya los comentaristas no deben dejarse llevar por las métricas que nos dejó la política chiquita del PNP y el PPD. En la vieja política “ganaban” los debates quienes acaparaban el tiempo peleándose entre sí, no contestando preguntas, ni haciendo mención de su adversario para evitar debatir con él. Esta vez, el pueblo vio ante sus ojos que estas peleas son una cortina de humo. El pueblo puertorriqueño desea cambios profundos, y eso se vio en el debate.

La participación de Juan Dalmau en el debate se puede resumir en su insistencia en no participar de las tácticas engañosas del PNP y el PPD. Mientras los candidatos del PNPPD buscaban acaparar el tiempo, Dalmau nos habló directamente. En materias de salud, seguridad, educación, la descolonización de Puerto Rico, la paridad en fondos federales, la criminalidad, el narcotráfico, entre otros temas, Dalmau contestó todas las preguntas y emplazó directamente a sus adversarios a hacer lo mismo.

Ante la insistencia de no contestar estas preguntas, ni atender los asuntos que les aquejan al pueblo puertorriqueño, se vio un contraste muy marcado entre la honestidad y el engaño; entre candidatos que buscan perpetuar su dominio en un sistema roto, haciendo uso inadecuado de reglas en un debate, y uno que aspira a liderar la nación, arrancando la corrupción de raíz. Fue un contraste muy simbólico para los puertorriqueños que han vivido en carne propia la desfachatez de un gobierno que vive del robo, de la corrupción y del engaño.

Una de las características más evidentes de la corrupción clientelista en nuestro país – o favores políticos que se dan a cambio de lealtad electoral – es la falta de propuestas verdaderas, ya que se prioriza el ganar sobre cualquier otra consideración. Se ve también modalidades de corrupción en la utilización deshonesta de los plebiscitos para manipular al voto a favor de candidatos que mantienen un monopolio sobre una posición de estatus en particular. Pero donde más evidente se ve es en la falta de disposición de darle cara al país. El no contestar preguntas sobre la deuda que crearon, la fuga de cerebros que ingeniaron, la corrupción que defendieron, el sistema eléctrico que hundieron, y el país que vendieron es la mejor admisión de culpa, y los comentaristas deberían tomar nota. El país está cambiando.