Especial para En Rojo
¿Qué encontramos en la botánica? Esto lo supe después de visitar el local de la botánica La Fuente en Barrio Obrero. Solo enumero algunos nombres que he visto también en la Plaza de Mercado de Río Piedras: Ven a mí, Flor de Maga, Derrítete o Para que te derritas, Agua florida, Tónico de jengibre, Delirio, Sácala del medio, La magia protectora de Abracadabra, Miel de amor, por supuesto; Ramas de canela para la persona amado/a, Semilla para la buena fortuna, Ungüento y leche para las pupilas, Extracto de pájaro macuá, Contra el mal de ojo, Combate o revierte maldiciones, Para evitar el engaño (Ya sabes que hacer), Amarrado y clavado, Imán de la suerte, Abrecaminos, Ternura y vigor, además de líquidos para la limpieza de la casa (La Bomba, por ejemplo); plantas para un baño espiritual, pócimas de todas clases, ofrendas para Eleguá siempre, flores para Yemayá, oraciones a San Lázaro, hechizo para enloquecer de amor a una persona y hechizo para olvidarla, conjuro para conquistar a un hombre (según la preferencia); hechizos y embrujos especiales para proteger a los niños (dar la bendición a todos y hacer la oración a San Beltrán o el Padre nuestro). ¡Orula (San Francisco)! No me olvido del baño de vino y oro ni de tener una estampa o imagen del Divino Niño. Hay collares de distintos colores para iniciarse en el culto santero según el orisha o divinidad a la que le corresponda el amarillo, el rojo, el verde u otro color. La fragancia de algunos ungüentos y pociones me recordó la nariz del famoso soneto de Francisco de Quevedo y su antijudaísmo, pero hay otras narices que han sido amorosamente poetizadas.
Changó Macho baja rápido, me dijo un babalao marxista, admirador de Pierre Verger, fotógrafo francés del siglo XX que retrató los altares religiosos de distintas naciones, particularmente de África, contribuyendo visualmente a la antropología que estudia la afroreligiosidad. Hay quien cree que esta es fuente de criminales. A eso se enfrentó el jurista cubano Fernando Ortiz cuando comenzó a estudiar a los negros ñáñigos, sin abandonar por completo el eurocentrismo, lo que matizó más tarde el estudioso y farmacéutico Rómulo Lachatañeré, autor de ¡Oh mío, Yemayá!, quien críticó algunas de sus formulaciones sobre las creencias religiosas de origen africano. ¿Puede la anterior enumeración de pócimas y conjuros con nombres poéticos ser dañina o inspirar traiciones, desengaños y maldad profunda, lo que se dice perversidad?
Los creadores de inteligencia artificial, se rumora, contratan santeros para poder elaborar sus algoritmos, lo que podrá confirmar alguna amorosa y lúdica nariz que se haya asomado a la botánica. ¿Quién creó el algoritmo del amor cortés? ¿Quién el de Don Quijote de la Mancha o el de la novela El amor es una droga dura de Cristina Peri Rossi y el del poema “Piedra de sol” de Octavio Paz del que aquí expongo un fragmento?
Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado más danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo…






A pesar de su título, Carrington tiene como personaje central no a la pintora Dora Carrington, sino al escritor Lytton Strachey (1880-1932). Es la historia de la relación de estas dos personas desde que se conocen en 1915 hasta la muerte por enfermedad de Strachey (Jonathan Pryce) y la muerte voluntaria de Carrington (Emma Thompson). Sin duda la figura más conocida es Strachey, miembro del famoso grupo de artistas modernistas en Londres, Bloomsbury, biógrafo y ensayista que escribió sobre escritores prominentes, la Reina Victoria y la Reina Isabel, utilizando un acercamiento freudiano en un estilo satírico con una gran versatilidad narrativa. Strachey nunca escondió su preferencia sexual y su atractivo por hombres jóvenes. Desde el comienzo de este filme, el escritor se presenta como un hombre refinado, con una educación e inteligencia privilegiada, con una capacidad inagotable de contar anécdotas e ironizar todo lo que esté a su alrededor, y con una increíble capacidad para amar a sus amigos. Mientras Carrington busca definir su sexualidad, Strachey observa desde cerca y establece una unión con esta mujer-amiga y amante platónica quien lo cuidará en sus momentos más críticos y quién nunca lo abandonará.
Entre ese primer encuentro y el segundo, también en el aeropuerto, cada uno fracasa en tratar de ajustarse a lo que no son: Harvey a toda la formalidad de la pre-boda y boda en un ambiente donde lo tratan casi como si no fuera parte de la familia ya que su exesposa ya ha formado otra familia; Kate a un “blind date” que luego se vuelve un encuentro de amigos donde ella es la que sobra. Mientras Harvey trata de escapar de la situación tomando un vuelo más temprano para así no tener que ir a la recepción, Kate vuelve a su rutina personal y profesional. Por tener esa capacidad de reajustar su vida cada vez que la hacen sentir como una fracasada, Kate no está dispuesta a lanzarse al vacío una vez más. Harvey, por el contrario, tiene muy poco que perder y casi nada para volver y por eso se siente cómodo al tratar algo nuevo que definitivamente tiene que ser mejor de lo que tiene. aunque tan sólo dure unos momentos.


