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Universidad y amistad

 

 

Especial para En Rojo

Una mañanita fría y brillante de sábado de otoño, por una esquina de la mitad de esta ciudad (Nueva York), nació mi hija. Un tiempo después entró en la escuela y hace poco se graduó y se va para la universidad. El tiempo es así. Busco qué decirle, cómo aconsejarle, qué recomendarle; el mundo ha cambiado tanto desde que yo fui prepa.

Busco también qué decirme a mí mismo para frenarme y no decirlo todo, para dejarla hacerse universitaria en sus términos, yo que nunca he dejado de estar en la universidad.

***

Cuando niño, mi papá me contaba que a menudo soñaba estar caminando por los pasillos de la Universidad como cuando era joven. Me lo contaba con gusto, casi con afectación, como si lo idealizara. En su tiempo (los sesenta) ya había una ruta bien transitada, un ‘pipeline’, que llevaba directo de su escuela superior en el Pepino a los pasillos de la UPR en Río Piedras, facilitado por una infraestructura de hospedajes, carros públicos, clubes estudiantiles y negocios patrocinados por generaciones de pepinianos universitarios antes que él.

Esas evocaciones universitarias suyas me sembraron desde bien temprano una curiosidad casi reverencial por la Iupi, a donde entré con él de niño cuando tuvo que hacer alguna diligencia o lo azotaba mucho la nostalgia. A veces los domingos, cuando regresábamos al área metropolitana de nuestra peregrinación familiar semanal a San Sebastián, papi cogía la Muñoz Rivera y subía por la Avenida Universidad para que viéramos la torre de frente. Ya casi en la Ponce de León se veían las palmas enormes enfiladas bonitas por el portón de Camino Real, los árboles serios detrás del muro largo con su verja verde y sus pilotes amarillos de ladrillos claros, luego el museo (horizontal, elegante) y allá a lo lejos, la biblioteca.

Por su apego a la Iupi, se hubiera pensado que papi fue lo que más tarde fui yo, estudiante ‘eterno’ estirando el chicle universitario hasta lo último. Requedándome. Pero no. Papi hizo un bachillerato en contabilidad de un tirón y se fue a trabajar. Aún así, lo que esos años representaron para él fue motivo de añoranza el resto de su vida.

Pienso en lo orgulloso que estaría ahora si viera a su nieta adorada, ya grande y a punto de empezar su primer semestre universitario. Si aún pudiera, de seguro le contaría sobre sus sueños recurrentes andando por los pasillos de la Universidad, con la misma expresión soñadora con que me lo contaba a mí hace cuarenta años.

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Mi hija entrará a una universidad distinta a la mía, en un país y un momento también distintos. Algo que nos será común, espero yo, es ese sentido de estar entrando a un tiempo de aperturas, de ampliación de la mirada, de encuentros constantes con preguntas y respuestas nuevas. Pero como otros ‘digital natives’, llegará quizás ya curada de espanto, habiendo visto al menos de reojo muchas de las cosas que a mí tanto me asombraban cuando empecé.

Buscando qué decirle y qué filtrar me voy en el viaje…

Cuando yo entré a la universidad parecía estar librándose una guerra. O en todo caso una guerra de palabras. Se hablaba de la necesidad de ‘un nuevo lenguaje’, ya fuera porque estábamos rodeados de cosas nuevas que las palabras viejas no describían bien o porque las formas habituales de hablar y pensar siempre nos habían tergiversado las cosas sin que nos diéramos cuenta, haciéndonos ver el mundo como si fuera más simple de lo que era.

Algunas formas básicas como esa aspiración renovadora del lenguaje se manifestaba eran:

1) la sustitución de las proclamas totalizantes sobre La Historia, La Cultura, El Hombre (en singular y con mayúscula) por un llamado a estudiar múltiples historias, culturas, hombres y mujeres como existían de hecho, en su diversidad y complejidad;

2) el rechazo a las dicotomías y categorías binarias que dividían el mundo en entidades nítidamente autocontenidas y alegadamente opuestas, – mente/cuerpo, razón/emoción, hombre/mujer, individuo/sociedad, objetivo/subjetivo, personal/político;

3) el uso proactivo de lenguaje inclusivo por género (los puertorriqueños y las puertorriqueñas, los niños y las niñas, los compañeros y las compañeras – todavía no se usaba la e del español inclusivo actual);

4) una actitud exploratoria hacia la dicción, la tipografía, las construcciones gramaticales (por ej. el uso del retruécano: ‘ciencia del arte y arte de la ciencia’) bajo la premisa de que ver más allá a veces se logra trastocando lo más inmediato, como las palabras que siempre decimos en el mismo orden sin pensar.

Mucho de lo que estaba pasando estaba asociado a ese evento académico y cultural internacional frecuentemente menospreciado pero no exento de buenas lecciones llamado el debate posmoderno. Era difícil seguirle el rastro al debate porque muchas de las posiciones presuntamente posmodernas no eran para nada nuevas y habían sido planteadas por autores ‘modernos’ hacía tiempo. El ‘debate’ era más como un fenómeno atmosférico en movimiento, repleto de restos arrastrados por ráfagas de críticas que venían de distintos lugares y distintos tiempos, pero que a los recién llegados nos alcanzaban todas más o menos a la vez.

Para mí lo principal y más revelador era el tema general de la historicidad (y la no inevitabilidad) de casi todo, incluyendo las categorías mismas que usábamos para percibir, conocer, pensar y sentir. Que las instituciones, las relaciones personales, la forma de la ciudad, los países, los productos de consumo, las costumbres, las creencias, las ciencias, incluso los moldes mismos sobre los que estaban montados mis propios pensamientos fueran en parte el producto de ‘meta-narrativas’ y fuerzas sociohistóricas precisas y pudieran ser de otra manera, a mí me parecía la cosa más excitante del mundo.

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Aunque muchas de las ideas no eran nuevas, para mí sí lo eran. Y buena parte de mi experiencia universitaria consistió en buscar esos instantes de descubrimiento que ocurrían con frecuencia durante mis clases o intentos de lectura o en algún debate no previsto en medio de un encuentro casual con mis amigos o futuros amigos en los pasillos de la universidad.

Esos debates de pasillo a menudo consistían en acusaciones recíprocas plagadas de etiquetas cuyos significados nosotros mismos no entendíamos del todo. ‘Deja de ser tan eurocentrista! esencialista! racionalista! positivista!’ ‘Tú siempre con esas posturas tan totalizantes! homogeneizantes! monolíticas! deterministas!’ ‘Estás siendo víctima de tu propio relativismo! reduccionismo! falocentrismo! posmodernismo!’ Para defenderte bien no bastaba con ofenderte; tenías que informarte. Yo quería correr a descubrir qué significaba cada ‘-ismo’ y cómo conectaba con los demás. Le preguntaba a mis profesores cuando me atrevía o a los estudiantes más avanzados, o buscaba en los ficheros de la biblioteca. La internet todavía estaba en pañales. Pero los libros casi siempre estaban ahí.

Me encantaban esos pequeños vértigos privados o públicos, a veces autoinducidos, esas pequeñas caídas al vacío que ocurrían cotidianamente cuando algún nuevo nivel de mi subsuelo mental se derrumbaba. Pero eran vacíos temporeros, circunscritos, con maya de seguridad. Hacíamos piruetas imposibles y decíamos aparatosos disparates, pero allá abajo al fondo estaba el amor general por la vida, la curiosidad en todo su esplendor y quizá lo más crucial, el sentido de protección que daba ser parte de la universidad. Para aprender y desaprender tan vertiginosamente como al parecer lo requería el momento era crucial poder equivocarse sin caer roto en el piso para siempre.

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Muchas de aquellas lecciones supuestamente ‘posmodernas’ yo las aprendí a coro, colectivamente, en el movimiento estudiantil. Por lo general no era un coro muy armonioso, sino una explosión disonante que creábamos y modificábamos a fuerza de desacuerdos, gritos, risas y, en ocasiones, llantos. En el proceso íbamos aprendiendo y practicando ciertos gestos argumentativos útiles, formas transferibles de ampliar la mirada o virar conceptualmente la tortilla; ‘XXX no es una cosa, sino un proceso!’ ‘YYY no es natural, sino socialmente construido!’ ‘ZZZ no es una esencia inmutable sino una relación de fuerzas!‘ABC no es un objeto monolítico, sino una multiplicidad!’ Poder describir cuáles eran esos procesos, relaciones, contextos o fuerzas era otro cuento. Pero ya el hecho de ir montando parte por parte esa orientación más procesual, contextual, relacional, plural (a veces decíamos dialéctica, post-metafísica, anti-esencialista) para mí se sentía como un avance. El conocimiento después de todo, sí parecía ser posible. ¿Pero para quién? ¿Para qué?

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Tengo una foto de mis hijos todavía chiquitos sentados en un banco de la placita de Humanidades mostrando unos pilones que les había traído de regalo mi gran maestro, el Dr. Antonio T. Díaz-Royo, profesor legendario del Departamento de Psicología, quien se ve sonriente en la foto detrás de ellos con una gorra, unas gafas y una guayabera color crema. Se ve el verde intenso de la vegetación viva de la placita y, al fondo, se ve el Teatro. Era agosto de 2012. Yo llevaba varios años sin entrar al campus. Díaz-Royo ya se había retirado pero la sonrisa en la foto es la misma con que miraba benigna y diabólicamente a su -en ocasiones- confundida audiencia cuando yo cogí mi primer curso de Psicología a inicios de los noventa. Nos hablaba de cosas que estaban más allá de lo que la mayoría de nosotros jamás había pensado. Yo no tenía veinte años.

En aquel curso introductorio, el valor y la validez misma de la Psicología no se tomaban por dados y se cuestionaban constantemente. El sentido de palabras comúnmente usadas como ‘individuo’, ‘conciencia’, ‘esencia’, ‘razón’, ‘verdad’, ‘progreso’, ‘objetividad’, ‘inteligencia’, ‘instinto’ o ‘sentido común’ era puesto en entredicho cada vez que alguno de nosotros las pronunciaba. La psicología (y más en general, la ciencia) que estábamos allí para aprender estaba hecha de preguntas y debates más que de datos y respuestas definitivas.

Fue el curso subgraduado donde más tuve que leer. En una de aquellas lecturas encontré la más importante lección de mis años universitarios. Venía de El ascenso del hombre, un libro de Jacob Bronowski basado, supe después, en una serie de televisión de principios de los setenta. En el capítulo titulado Conocimiento o certeza, Bronowski (científico y matemático polaco de origen judío que promovía la unidad de las ciencias y las artes y que murió poco después de publicado el libro) conectaba el ‘Principio de incertidumbre’ de la física cuántica con la importancia de la duda y la humildad cognoscitiva en las ciencias y en la vida. Ante la acusación hecha por muchos de que el conocimiento científico nos deshumanizaba y nos convertía en números, Bronowski mostraba que lo que había reducido los humanos a números era la certidumbre, la certeza absoluta, la orientación dogmática y soberbia que no dejaba lugar a la duda y que había caracterizado al fascismo, haciendo posible el sistema de exterminio y atrocidades de los campos de concentración.  La ciencia era, debía ser, lo contrario de la certeza absoluta, un ejercicio de búsqueda y consolidación de saber hecho a sabiendas de que lo que sabemos está siempre sujeto al peso de nuevas evidencias, una aceptación de buen grado del hecho de que el conocimiento es provisional, incompleto, sujeto a cambio y aún así necesario, urgente, posible.

El texto terminaba con una cita melodramática de Oliverio Cromwell que nunca se me olvidó: “Yo te suplico por las entrañas de Cristo que pienses en la posibilidad de estar equivocado.”

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Es quizá un cliché decir que mucho de lo que uno aprende en la universidad lo aprende fuera del salón de clases, en esa región intermedia y aun plenamente universitaria llamada ‘los pasillos de la universidad’. Quizá para papi, aquellos pasillos con los que tanto soñaba evocaban un tiempo de apertura, de tránsito, de búsqueda y de posibilidad que la vida posteriormente le fue cerrando… A mí, recordar esos pasillos hoy me hace apreciar la fortuna de haber ido a una universidad tan absolutamente presencial y pre-pandémica como aquella a la que fuimos tantos sin darnos cuenta de lo que teníamos, donde vernos y abrazarnos era parte normal del fluir de los días. El recinto de Río Piedras sigue repleto de esos espacios de ‘infraestructura social’ (E. Klinenberg) donde cualquiera puede sentarse a participar del milagro diario de la co-presencia, ser parte de una mezcla cambiante de amigos, extraños y esos desconocidos que te acostumbras a ver y que el psicólogo Stanley Milgram llamó felizmente ‘familiar strangers’. Muchos de mis grandes amigos empezaron siendo familiar strangers en el lobby de Sociales, La Lázaro, la placita de Humanidades, el Centro de Estudiantes…

Ahora, con los años, confirmo lo que sospechaba; que en esos pasillos anchos o estrechos estaban tomando forma amistades que me acompañarían mucho más allá de aquellos días, incluyendo una enorme red de amigos potenciales que se volverían amigos eternos con los años. Quizá lo más grande que me ha dado la universidad son justo estos amigos con los que empecé a hablar alguna vez en un pasillo y las conversaciones que seguimos teniendo, lo mucho que aprendo hablando con mi amigo el arqueólogo, mi amigo el geógrafo, mi amigo el filósofo, mis amigas y amigos psicólogos, periodistas, escritores, maestros, artistas, activistas, abogados, investigadores, gestores, creadores de negocios, toda esta gente luchadora y comprometida en el sentido antiguo y fuerte de esas palabras y que siempre me hacen sentir tan orgulloso. A la mayor parte los conoce mi hija, que ha crecido visitándoles u oyendo sobre ellos. La Universidad impactando a mis hijos a través de las amistades que me dio.

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Hace unos meses estuve por mi universidad y verla un poco apagada me desencajó. Los merenderos de Sociales estaban vivos, pero la placita de Humanidades estaba un poco deshabitada y seca. Cuando pasé por el primer piso de la Lázaro vi que los ficheros, donde tantas horas pasé buscando y descubriendo, no estaban allí y los extrañé. Sentí un vacío. Pero más tarde el mismo día un amigo querido me llevó a donde los habían puesto. Estaban en el segundo piso, íntegros y con el mismo olor a búsquedas pre-digitales. El gusto que me dio pararme frente a la materialidad irreductible de esa infraestructura informacional que tantos viajes me auspició no lo puedo describir. Quiero pensar que algo de lo que no se ve en el campus cuando uno lo visita hoy no ha desaparecido, solo ha sido puesto en otra parte.

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Tras la pandemia, las bajas en el número de estudiantes universitarios matriculados se han hecho sentir en centros académicos alrededor del mundo. La Universidad en general pareciera estar todavía en recuperación post-pandémica, reaprendiendo ella misma a ser universidad presencial.

En el caso de la UPR, aparte de la pandemia, están los golpetazos que la Junta le ha dado todos estos años. La universidad siempre ha tenido enemigos. Y a veces pareciera tener como cierta propensión a procurarse enemistades, o en todo caso a provocar formas de imaginarla que no le son amigas. Pero no todo el que la mira desdeñosamente tiene el poder directo de desmantelarla. Ante esos, los desmanteladores, no se puede ser indiferente. A mí por lo menos me da vértigo imaginar un país como el nuestro sin una universidad como la nuestra: refugio y bastión de futuro a través del cual tantos caminos posibles se conectan, espacio donde proteger la debilidad relativa y productiva de la duda frente a la rigidez absoluta de la certeza, la dignidad de la imaginación y la memoria frente al cinismo neoliberal de la entrega al mejor postor. Cuando en aquellos años proclamábamos la necesidad de un nuevo lenguaje, no podíamos saber la exactitud con que muchas de las palabras viejas, ‘panfletarias’ (opresión, explotación, desposesión, saqueo, imperialismo, patriarcado), seguirían describiendo el mundo como lo vemos hoy.

***

Hace unos meses los profesores de la universidad a donde irá mi hija se alzaron por primera vez en 250 años y lograron, contra las mezquinas recomendaciones de los consultores caros que la administración pagó, defender la universidad asegurando mejoras sustanciales en salarios para los profesores sin plaza y ayudantes académicos, además de mejoras en condiciones de trabajo para todos. Me inspira y me da esperanza pensar que esos serán los maestros de mi hija. Y me da para imaginar una UPR repuesta del saqueo y la sequía, capaz de nutrirse y nutrir al país, haciendo ciudad con todo lo que la rodea.

En el proceso, toca procurarla, estar pendiente, ir a verla, visitarla como se visita a un amigo, por lo vivido y porque nos hace bien a todos. Y porque se es más vulnerable cuando nadie mira.

Entonces, abajo los esencialismos! Pero sin olvidar que a veces hace falta lo que Gayatri Spivak llamaba un ‘esencialismo estratégico’: sabemos muy bien que somos todos diferentes, pero en el mapa de las fuerzas de ciertas luchas que nos importan ocupamos una región tan definida y actuamos tan parecidamente que vale la pena perdonarnos la imprecisión de decir que somos uno, que somos los mismos, aunque en un sentido absoluto nadie lo es.

Abajo los reduccionismos! Pero siempre en busca de los mecanismos precisos, las causas precisas, entendiendo que para avanzar también hay que especializarse, enfocarse en una cosa a la vez, contando con que otros traigan noticias de otros frentes, para hacer causa común cuando haga falta.

Abajo los sistemas de opresión que se cuelan subrepticiamente en lo que hacemos y decimos. Pero déjame escucharte bien, darte el beneficio de la duda, antes de acusarte irreversiblemente por algo que acabas de decir o me dijeron que dijiste, antes de estigmatizarte, ponerte el sello, encerrarte tras la puerta inmóvil de la certidumbre, echarte por el tubo del silencio para siempre, como si fueras un bloque unitario de impureza, eterno e incambiable, si al final podrías acompañarme a defender lo que nos es común.

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Lo cual me trae a lo de los consejos para mi hija, que está a punto de comenzar su semestre y que pudiera no necesitarlos. Si en algo su experiencia de prepa se parece a la mía, le tomará un tiempito aclimatarse. Pero luego encontrará un sentido de libertad interior y de apertura por el cual habrá valido la pena esperar. Para evitar que mis inclinaciones melancólicas empañen mucho el panorama, me limito a hacerle una lista de consejos prácticos:

Sé parte. Participa.

Toma notas y repásalas.

Presta atención a las palabras.

Lee con sospecha y generosidad.

No creas que el presente lo es todo.

Mantente al lado de acá de la resignación.

No cruces los pasillos demasiado rápido.

-No cierres la puerta a la posibilidad del error.

Lleva un diario.

Asómbrate.

No dejes de reír.

-No dejes de reír.

Son inevitables los días tristones, los malentendidos, la soledad ocasional, las injusticias grandes o chiquitas. En esos días, mejor ponerse metas modestas, llevarse uno mismo de la mano, recorrer los pasillos más familiares, quizá incluso ir a ver a tus viejos y contarles… Estaremos aquí, disponibles y atareados, aprendiendo algo nuevo y difícil para lo cual quizás no estamos listos: verte llegar y verte ir… ahora que has crecido tanto.

 

La pecera: vida, muerte, amor, ternura

 

En Rojo

 

Directora y guionista: Glorimar Marrero Sánchez; cinematógrafo: PJ López; elenco: Isel Rodríguez, Magaly Carrasquillo, Modesto Lacén, Maximiliano Rivas, Georgina Borri, Anamin Santiago, Carola García

Como vivo en Vieques, tuve la oportunidad de ver un promo de La pecera cuando se presentó en el Fortín Conde de Mirasol en 2019 como parte de la serie de cine que organizaba Roberto Rabin. Para que la comunidad conociera el trabajo de Glorimar Marrero Sánchez y su enlace con Vieques, también se presentó el cortometraje, La biopsia, sobre un grupo de mujeres, acompañada de un recurso de la comunidad (Carmen Valencia), que viajaban a la isla a recibir tratamiento por su cáncer del seno. Tenían (y tienen) que levantarse antes del amanecer, asegurar transporte para tomar la lancha de las 6:00 am, otro transporte del terminal al lugar de tratamiento y luego el mismo trayecto de vuelta a Vieques. Desde que se anunció el proyecto de La pecera, y en el promo presentado, el papel protagónico de Noelia, sería interpretado por Kairiana Núñez y su filmación comenzaría en Vieques a principios de 2020. Y llegó la pandemia…. Por eso, ver este proyecto terminado y con la misma belleza y acercamiento que en su propuesta original, es momento de orgullo y admiración.

Gracias a la información circulada, pudimos ver por internet la premiere de La pecera en el Festival de Cine de Sundance, el más prestigioso centro de exhibición de cine independiente, celebrado del 19 al 29 de enero de 2023. También pudimos ser testigxs del excelente Q & A que acompañó la presentación. A través de una dirección de cámara admirable de PJ López, nos adentramos en el mundo íntimo de Noelia (Isel Rodríguez) y en el entorno de apoyo con que cuenta en este momento. A pesar de su esfuerzo por parecer “normal”, Noelia se encuentra inmersa en un mundo de dolor: primeramente, por el deterioro de su salud, la relación distante con su compañero y por sentirse desvinculada de su familia—madre, parientes, comunidad—al no haber vuelto a Vieques por muchos años. Su primera decisión es qué hacer ahora que su médica (Carola García) le presenta un cuadro de enfermedad terminal con cuido de hospicio, y su compañero, Jorge (Maximiliano Rivas), seguirá siendo su cuidador. ¿Qué hacer con este cuerpo que parece desquebrajarse cada día?

Su decisión—contra el “buen” consejo de médica y Jorge—es, a través de su isla de Vieques, conectar nuevamente con la niña y luego mujer que se mudó de otro cuerpo herido y desgastado desde tantas décadas. Volver a Vieques es, sin duda, conectar con su pasado, volver a la casa maternal y continuar las conversaciones inconclusas con su madre, Flora (Magali Carrasquillo), abrir las redes de comunicación que se cerraron con su partida, recoger, a través del recuerdo y la oralidad, los cuentos de su formación. Así verá con nuevos ojos la casa donde creció, escuchará las historias de parientes y vecinxs que han vivido la contaminación del bombardeo de la Marina y que sobreviven al entablar una nueva conexión con la naturaleza, esa que se recupera a pesar de la contaminación, el deterioro y la indiferencia de tantos. Noelia intentará revivir momentos importantes de su pasado, incluyendo un amor inconcluso con Juni (Modesto Lacén).

La pecera es también un rito hacia lo desconocido, lo que cada cual define como la muerte de algo carnal y su integración a la naturaleza. Es un acto de amor y ternura, es una despedida y una bienvenida a ser parte de ese atardecer, amanecer, olas y arena, tierra fecunda, golpes de agua y las personas que cuidan de cuerpos enfermos y naturaleza herida.

¿Y qué más decir de unas actuaciones de maravilla de cada intérprete, no importa lo pequeño o grande de su participación? Isel Rodríguez—a quien conocemos a través de sus actuaciones en nuestro cine (Yerba Buena, El cuartito, La última gira, Picando alante)—domina el escenario con su extraordinaria presencia desde el primer momento, sea o no ella el foco de atención. En las tomas cercanas, medianas, distantes y en ángulos difíciles, Isel nos cautiva con sus miradas, gestos, movimiento de cuerpo o sencillamente en reposo. Magali Carrasquillo le da una tranquilidad a su papel que impone el tono de cada escena donde aparece. Modesto Lacén hace que su personaje del pasado se transforme en un presente posible con su acercamiento delicado y profundo a alguien que lo marcó en sus años juveniles. Cada unx de lxs otrxs personajes, deja su impresión en su diálogo breve, pero cortante, con Noelia. Y ante todo, está Vieques, donde se filmó y se utilizó su belleza, su batalla por prevalecer, se incorporó a su gente y se completó el rito del pasaje hacia la vida.

 

Crucigrama Antonio Maldonado Serrano

Especial para En Rojo

Horizontales

1. _____ guardarraya; (1960) cartel de Maldonado.
2. Antonio _____ Serrano (Tony); pintor, dibujante y artista gráfico puertorriqueño de la Generación del 50.
8. _____ plebiscito; obra de Maldonado presentada en el Ateneo en 1962 junto a «Centinelas, Ileana y Sergio» y «El baile».
9. Persona que nada bajo el agua con un equipo adecuado para respirar.
10. Sustancia que segregan las abejas.
12. Senda por donde se abrevia el camino, pl.
14. 25 de _____ de 2006; fallecimiento de Maldonado.
17. Preposición.
18. Época.
19. Yunque pequeño y cuadrado.
20. Asistir.
21. Cuando los _____ olvidan; (1961) serigrafía de Maldonado.
23. Echen anís a algo.
25. De esta manera.
26. Antonio Maldonado _____; trabajó en la División de Educación de la Comunidad en San Juan y dirigió la División de Artes Plásticas hasta su jubilación. Autor de «Desnudo de mujer» y «Camino del silencio de E. Rivera Álvarez».
29. Adjetivo demostrativo, fem.
30. _____ Luna; novela de Isabel Allende.
31. Cólera.
33. Perteneciente a Arabia, fem.
39. _____; pueblo natal de Maldonado.
40. Inhalé.
41. Taller _____; Maldonado fue cofundador del ese taller gráfico. Trabajó con el Taller Bija y Taller Polilla.
42. Símbolo del rubidio.
44. Bóvido salvaje muy parecido al toro.
45. Río de Suiza.
47. Nota musical.
48. Del verbo aovar.
50. Fiestas de la calle _____ Sebastián; Maldonado y un grupo de puertorriqueños reanudaron en los 70 estas fiestas comunitarias en el Viejo San Juan.
52. Colorada.
54. Taller _____; taller gráfico al cual Maldonado estuvo afiliado.
55. 13 de _____ de 1920; nacimiento de Maldonado.
57. Salón.
58. Trozo pequeño y delgado desprendido de una piedra.
60. Tersas.
62. Camino _____ silencio de E. Rivera Álvarez; acuarela de Maldonado.
63. _____ Maldonado Serrano; autor de «La guardarraya», «Felicidades» y «Hombres bailando», entre otras reconocidas obras.
64. Impar.

Verticales

2. Desnudo de _____; (1960) óleo de Maldonado.
3. _____; archipiélago al oeste de Lisboa, Portugal.
4. Cubriese el suelo con losas.
5. Obedecen.
6. Administrador de una hacienda de campo.
7. _____; pueblo de Costa Rica en la provincia de Cartago.
9. Símbolo del bario.
11. Campeón.
12. Parte del molino de viento.
13. Atoase, remolcase una nave.
15. Tensa, tirante.
16. Adorna.
22. Perteneciente o relativo a los dioses.
24. Centinelas, Ileana y _____; una de las obras más destacadas de Maldonado exhibida en 1962 en el Ateneo Puertorriqueño.
27. Sonría.
28. _____ Tapia; cantautor puertorriqueño.
32. Sentimiento de afecto.
33. Amarrará.
34. Puerto _____; patria de Maldonado.
35. Hombres _____; cartel de Maldonado.
36. Mamífero doméstico de la familia de los félidos, fem.
37. Limpiar, lavar.
38. _____ Alta; municipio de Puerto Rico.
43. El _____; obra de Maldonado exhibida en el Ateneo Puertorriqueño en 1962.
44. Frutos de la vid.
46. Roda, pieza gruesa y curva que forma la proa de la nave, pl.
47. Contrario a la verdad.
49. Abertura para pasar un botón.
50. Adjetivo posesivo.
51. Símbolo del níquel.
53. San _____; ciudad donde Maldonado falleció.
55. En Cuba, vara de madera dura, con punta de hierro, para ahoyar en la tierra.
56. Olfateé.
59. Quia, interjección.
61. Satélite de Júpiter.

Ordenan cierre de escuela chárter

 

Por la Redacción CLARIDAD

El juez del Tribunal de Primera Instancia (TPI) de San Juan, Alfonso Martínez Piovanetti, ordenó este jueves 24 de agosto el cierre permanente de la escuela chárter, Paradiso College Preparatory, en Río Piedras, luego de que el Municipio de San Juan (MSJ) y la empresa llegaran a un acuerdo en el cual la empresa acepta que no tienen permisos y se le obliga a no operar bajo ninguna circunstancia, hasta tanto pasen por el debido procedimiento de Consulta de Ubicación ante la Oficina de Permisos del Municipio.

La determinación del TPI fue dada a conocer por la Federación de Maestras y Maestros (FMPR), UNETE y el Junte Multisectorial en Defensa de la Educación Pública (MDEP) quienes celebraron la sentencia y emplazaron a la secretaria de Educación, Yanira Raíces para que no otorgue la Carta Constitutiva y se posicione a favor del sistema de educación pública y revoque de inmediato cualquier autorización entregada por el DE a Paradiso College Preparatory y a la Corporación para el Desarrollo de las Escuelas Pública Alianzas de Puerto Rico, LLC como Entidad Educativa Certificada. Las organizaciones reclaman acción inmediata ante esta situación, en la cual -atribuyeron- se evidencia nuevamente que la privatización, es cuna de la corrupción y que las escuelas chárter tienen efectos detrimentales en nuestros estudiantes. Las organizaciones reiteraron que PC estaba operando de manera ilegal por no contar con los permisos requeridos por ley, en violación al Reglamento Núm. 9155 del DE.

El licenciado Alonso Ortiz Menchaca, director ejecutivo de El Otro Puerto Rico, organización que lucha contra la Ley 22 y el desplazamiento, señaló que “la comunidad riopedrense llevaba cinco meses luchando contra la empresa fraudulenta del beneficiario de la Ley 22 Robert Acosta y Kira Golden. Durante el verano las 10 comunidades y sectores de Río Piedras fueron consultadas por la Junta Comunitaria sobre esta empresa. Nueve votaron en contra y solo una quedó empate. A pesar de esto, este invasor destruyó una estructura histórica para hacer su escuela sin permisos de construcción, anunció una escuela chárter para la que no tenía permiso otorgado por el Departamento de Educación y engañó al Municipio de San Juan diciéndoles que operaría oficinas administrativas para obtener un permiso de uso fraudulento. En cada reunión fuimos claros en que nuestra comunidad no los quería y que los íbamos a sacar. Hoy nos hemos acercado a ese logro”.

En tanto el licenciado Adrián González Costas, asesor legislativo de la portavoz del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en el Senado, María de Lourdes Santiago, apuntó, “lo que está ocurriendo con esta escuela demuestra fundamentalmente tres cosas: en primer lugar, que la privatización del sistema de enseñanza convierte la educación de nuestra niñez en un mero negocio que se aleja de lo que es garantizar el derecho a la educación de las niñas y niños del país; en segundo lugar, lo fallida de la legislación que abrió la puerta a la privatización de las escuelas a través del concepto “escuela alianza” y por último, cómo se unen todas estas malas decisiones del gobierno con las malas intenciones de especuladores de la Ley 22 para multiplicar sus riquezas a costas del bolsillo de las puertorriqueñas, pues las escuelas alianza reciben millones de dólares en fondos públicos’’.

Por su parte el senador del Movimiento Victoria Ciudadana, Rafael Bernabe Riefkohl, recalcó que los fondos públicos deben usarse para subvencionar las escuelas públicas y no para privatizar los servicios que el Estado le debe al país. “Pensamos que los fondos públicos deben usarse para mejorar los servicios públicos que el pueblo necesita. No deben desviarse a bolsillos privados. En salud estamos viviendo el colapso provocado por la privatización. ¿Por qué insisten en llevar esa política a la educación, a través de las chárter? Tenemos que transformar la educación, claro que sí, pero la solución no es la privatización, sino la democratización, bajo el mando de las comunidades escolares y una administración central transparente. Ni burocracia ni privatización, sino democracia y participación”.

Ñam-Ñam:  La comida en la poesía de Luis Palés Matos. 

 

 

Especial para En Rojo

“La poesía come y bebe.”

Francisco Cabanillas

 

El Restaurante El Chévere en Santurce, fue un punto de encuentro para artistas y escritores en los años cincuentas y sesentas en Puerto Rico, entre ellos Luis Lloréns Torres, Francisco Manrique Cabrera, Julia de Burgos y Palés Matos, quienes disfrutaban de tertulias y buena comida en un ambiente bohemio.  Me pregunto si el poeta de los versos negristas se inspiró en sus visitas a este emblemático establecimiento para escribir su poema Menú.  Porque, si bien se conoce a Palés Matos por la conversación que genera su obra en cuanto al tema de la afrodescendencia (generadora de debate; pero no entraremos en eso) a mi parte de chef amateur, de nuestro vate, le provoca más su posición como el OG en esto del “family style dinner” y el “farm to table experience”. Un “farm” llamado Antillas.

Llevo unos años saboreando los poemas de Palés, Aires Bucaneros y Menú debido a sus abundantes referencias gastronómicas y culinarias.  Es bien sabido que lo sensorial es el vehículo en el que transita la poesía. Vista, olfato, tacto, audio; pero en los versos palesianos el gusto es sinestésico y es a la vez el hilo del pastel antillano: es la cosa que amarra la masa con corazón de carne de nuestras ínsulas.  Concuerdo con el doctor de Onís cuando comenta:

 “Su visión de las Antillas… es el tema esencial de sus poemas sobre los piratas y bucaneros y sobre el mar, y, en su última época, reaparece en el poema Menú, suma de todos los pasajes tropicales que las Antillas ofrecen a los hombres del Norte.” 

Con estos poemas, además de un variado “grocery list” dispersos aquí y allá en su Tuntún, plagado de “frases de natilla y suculentas metáforas” (Canción festiva), Palés nos invita a una cena antillana en la que, como una enorme familia multicultural y plurilingüe, compartamos el producto de nuestro suelo caribeño. ¡Qué cosa tan bonita es cocer a fuego lento literatura y gastronomía!

 

  1. La Fonda de los Bucaneros

“Para el bucanero, carne bocanada…
y el tórrido ponche de ron con pimienta” 

Luis Palés Matos. Tuntún de Pasa y Grifería

El poema Aires Bucaneros bien puede leerse en escenas o capítulos, de los que en el primero destacan sus alusiones alimentarias y gastronómicas. Es un poema-documental de cine.  Me resulta interesante que Palés parte de esta secuencia de imágenes en las que el bucanero muestra sus dotes originales de” grill master”, tarea que le valió el mote que, despectivamente, utilizaron los ingleses de Jamaica para referirse a quienes, dejando los fuegos, se convirtieron luego en esos temidos hombres de mar. Porque el bucán era una técnica de ahumar carnes en parrillas de madera tierna, utilizada por los pueblos originarios del Caribe y aprendidas por quienes quedaron a su suerte, principalmente venidos de Normandía, que preparaban así las reses salvajes dejadas cuando fueron abandonados los primeros asentamientos en el este de la Española. No puedo evitar, cada vez que regreso al poema o cuando lo escucho en esa épica interpretación de Roy Brown, leerlo como la oferta semanal de cualquier fonda o cafetín, o incluso del mismo fogón de abuela Camelia. Esta, cuando se veía corta de presupuesto, convertía a los empleados de la fábrica de enfrente en su clientela. Mientras movía sus calderos, me enviaba al balcón a gritarle a los muchachos” lo que hay pa’l almuerzo”; nuestra clásica mixta, también mihtura o mehtura, a la que Del Rosario, en 1965, define como “cualquier plato que se come acompañando a la vianda”. Las posteriores definiciones en el Tesoro Lexicográfico añaden el arroz con habichuelas. Hoy día me atrevo a incluir hasta la pasta, cosa que hemos criollisado magistralmente. Nuestra mixta es una combinación de uno o varios productos vegetales, principalmente carbohidratos y uno de naturaleza animal, como acompañante. Es decir, que, en la dieta básica del puertorriqueño, desde siempre, la carne va “por el la’o”. Esto, contrario a la costumbre norteamericana en el que la proteína es lo principal.  Esta forma de configurar el plato siempre me ha parecido curioso. Pienso que, siendo la carne escasa, de difícil conservación, cuando había era el complemento de lo principal. Nuestra mixta es un plato sustancioso, sencillo y económico, cuyo fin es alimentar a la masa obrera.  La mixta es un instrumento proletario.

Volviendo a la Fonda Bucanera, la mixta, le ofrece hoy como alternativas las siguientes opciones.

(Leáse como ese papelito que le llega a diario desde la fonda de la esquina.)

Escoja dos:

  • “Batatales de la Tortuga”
  • “Cacao en jícara de Nueva Reyna”
  • “Naranjales de La Española”
  • “Cazabe tierno de Venezuela”
  • “Berbén violáceo de la Cruz Vera”
  • “Blando chumbo de la criolla”
  • “Mulata tibia mameya”
  • “Guanábana cimarrona que abre su bruja flor en la negra”

 Y de “mestura”, aquí su alternativa proteica, a lo Palés:

Escoja una porción:

  • “Carne bucanada”
  • “Tiburones de Portobelo”
  • “Ternero desjarretado que se asa al humo de fronda tierna”
  • “Boucan en lonja (para el almuerzo)
  • “Toute chaude de tuétano (para la cena)

 Advertencia: Tenga presente, sin embargo, que estos no son platos para mañosos o gentes de mal diente.  Si su paladar no está habituado a las orgías escandalosas de las especias del caribe, le advierto que estos platos vienen cargados de “densos perfumes, el crudo aroma, la brava especia, las bergamotas y los jengibres, los azafranes y las canelas.”

Para terminar, no faltará un palito que asiente la “jareta”. Pero uno, que hay que volver a laborar:

  • “Tórrido ponche de ron con pimienta”
  • “Ponche de moscabada”
  • “Fiera caña de las Antillas que en viejo roble su diablo acendra”

Almuerzo disponible de 10:00 am a 2:00 pm.

Llame y haga su orden.

Buen Provecho.

 

  1. El Menú del Restaurante Palés: Cocina Caribeña Creativa

“Hete aquí este pasaje digestivo
recién pescado en linfas antillanas.” 

Menú, Luis Palés Matos

El poema Menú sirve de apertura a la edición más reciente del decimonónico Manual del cocinero puertorriqueño.  El amigo Efraín Barradas, experto en libros de cocina y recetarios de América, plantea que existe una diferencia fundamental entre ambos textos gastronómicos. Mientras los primeros recogen la tradición culinaria de familias, que se iban pasando por generaciones, los segundos eran escritos y publicados por y para criollos.  Fueron viendo la luz durante el siglo XIX, cónsono con los movimientos de independencia. Estos textos se convertían en una propuesta gastronómica-político-social: la afirmación nacional servida en un plato.

No es para menos que, para esa nueva edición del recetario puertorriqueño, publicada por Editorial Coquí, cuando nuestro panorama político enfrenta otro reto y por consiguiente, otras estrategias de lucha y otras visiones de lo colonial, se escogiera este poema en el que, “la comida antillana …representa los valores de paz y hospitalidad en la identidad regional y destruye la colonialidad al crear una relación de camaradería”. (Comida, colonialidad, literatura e identidad nacional, Christine Milgie Bowling Green State University).

Aquí trazo la raya.  Lo político no es mi tema, si bien tengo claro que la comida también es un asunto político. De hecho, En Tuntún encontrará una abundante cantidad de imágenes alusivas a la comida que el poeta utiliza para discutir temas de lo colonial y del asimilismo antillano. Esas notas (que son muchas), decidí eliminarlas por asuntos de espacio y porque, a fin de cuentas, ese no es el fogón que domino. Pero les invito a repasar su lectura y luego me cuentan.

Por lo que a mí me toca, no se me ocurre otra manera de hacerle homenaje a este chef de la “cocina poética antillana” convirtiendo sus versos en un menú variado de imágenes gustativas que han llamado mi goloso apetito por la comida y las letras. Cada vez que las encuentro no puedo evitar interpretarlas sobre un plato, humeante y bien dispuesto. Es una propuesta culinaria “con ingredientes antillanos” que proponemos el poeta y yo, “para ti, trashumante peregrino. Comida limpia y varia sin trucos de especiosa culinaria.”  Siéntate y pide lo que quieras, que todo va por la casa, a pesar del alto costo de los víveres en la colonia.

Palés

Cocina Caribeña Creativa

 Menú

Aperitivos

Para abrir el apetito, Palés y yo invitamos a iniciar con esta selección de tapas, que como son abundantes, idealmente, se piden todos para compartir.

  • “Rabo de costa en caldo de mar vivo” sous vide, con confetti crocante de arañitas de yautía lila
  • Arepas de coco rellenas de “Pinos a la francesa en verleniana salsa de crepúsculo con pimienta de luz y miel de ananas”
  • Cuatro golpes dominicano a lo Palés-López: “yema de sol batida en mayonesa”, cebollines y cilantro, espolvoreadas con comino y paprika, mangú, salami y queso frito
  • “Merienda playera de uveros y manglares en salmuera” sobre carcachio de atún de Aguadilla. Mariquitas al ajillo

 Sopas, caldos y sustancias

En el fogón de Palés hay caldo para todos y todos salen con una raja de aguacate y su selección de tostones, arañitas o arroz blanco.

  • “Sopón de embrujado condimento”, gandules y longaniza de Orocovis
  • “Ajiaco” a lo cubano con viandas locales
  • Sopa de papas al “ajopollo” estilo granadino. Drizzle de aceite de orégano brujo
  • “Calalú maravilloso, con que la noche tropical  aduna su maíz estrellado y luminoso, y el diente de ajo de su media luna en divino potaje sustancioso”, terminado con crutones de quimbombó.
  • “Sopa de Martinica (caldo fiero que el volcán Mont Pelée cuece y engorda)con guarnición de boudin noir frita

 Advertencia: Los huracanes soplan el brasero, y el caldo hierve y sube y se desborda en rebullente espuma de luceros.” Cuidado con las quemaduras.

Platos Principales: Especialidades de la Casa

Las Especialidades de la Casa son tan generosas que alimentan a varios comensales.  Sus ingredientes, locales y frescos, nos llegan diariamente, desde las vaquerías del norte o las costas del este y el centro de la isla; libres del claustro de un vagón de la Crowley; sin necesidad de esperar la burocracia en el despacho de los muelles de San Juan.

  • Panceta ahumada y frita de Barranquitas, aligot de apio y side de “palmeras al ciclón de las Antillas” encurtidas
  • Gallinita de campo rellena de mamposteao, bañada en demi glace de “cañaveral horneado a fuego lento” y café; pavé de viandas mixtas
  • Cama de salmorejo de jueyes de Loíza; “soufflé de platanales sobre el viento” en salsa cremosa de coco y jengibre
  • “Piñón de flamboyanes en su tinta »con costra de queso de bola, relleno de costillitas de ternera deshuesadas de Hatillo, braseadas. Socarrat de arroz con maíz

Opciones veganas a la Ghandi y el padre de Asís

“Si tu simple propensión vegetariana”, prefiere abstenerse de criaturas, El Menú ofrece algunas opciones para el gusto de los veganos, vegetarianos y demás malas costumbres. No te me ofendas, animal lover, yo también lo he intentado en decenas de ocasiones y con todas las consabidas razones.  Pero, para salvar mi imagen, en una reciente prueba de ADN que me realicé, supe que la preferencia por los carbohidratos o las proteínas es un rasgo genético.  En mi caso, hay data empírica que justifica este instinto carnívoro.

  • Aguacate relleno de “setas de nubes remojadas en su entrañable exudación de orballo (grandes setas cargadas con vitamina eléctrica de rayo)” al curry con arroz basmati.

Advertencia:  No nos hacemos responsables si el consumo de estas setas “dan a quien su tónico acumula la elemental potencia de la mula”.

  • Terrina de lentejas y vegetales con “racimo de bohíos que a hombro de monte acogedor reposa” en escabeche. Majado de batata mameya asada en leña. Mojo criollo.

Postres

Reconozco que la pastelería no es lo mío; tampoco lo de Palés.  Pero, hemos hecho un collab con el chef Rubén “cuyos soberbios flanes delicia son de líricos gurmanes”.  Este nos ofrece:

  • Queso
  • Coco
  • Vainilla
  • Parcha
  • Pana
  • Calabaza

La cocina de nuestro restaurant, “abierto en el camino”,” brinda sus servicios” las 24 horas, los siete días de la semana.

“Arrímate a la mesa, pasajero, come hasta hartar y séante propicios los dioses de la Uva y el Puchero”.

Algún día tendré mi fonda-taller gastro-literario: un concepto que aún no defino pero que reunirá mis apetencias más golosas:  comida y palabra.  Soy oral, que les puedo decir.  Aún no sé cuándo ni cómo, pero, cuando lo tenga, lo llamaré Palés, eso está claro.  Y tendrá una mesa larga, larga, en la que quepamos todos los antillanos. Mientras tanto; ¿quién se apunta pa’l café?