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Estadistas intentan “redefinir” el caso de Puerto Rico como el de una minoría en EE.UU.

 

 

 

Especial para Claridad

 

ONU, Nueva York – Tras reiterar que lenguaje utilizado hasta la fecha por el Comité de Descolonización (C-24) de las Naciones Unidas en sus resoluciones sobre el caso del estatus de Puerto Rico “no ha cambiado nada” desde que éstas se vienen emitiendo, el exgobernador de Puerto Rico Ricardo Rosselló retó al comité durante su pasada sesión a asumir una idea radical; arriesgarse y atreverse a cambiar el texto de su resolución este año.

“He aquí una idea radical… arriésguense y atrévanse a cambiar estos textos repetitivos que contradicen la voluntad del pueblo. Consideren el siguiente texto: el comité especial de descolonización aprobó hoy un proyecto de resolución que reafirma el derecho inalienable del pueblo de PR a la autodeterminación y apoyará la elección del pueblo de PR respecto a su futuro político,” dijo Rosselló a los miembros del C-24 el pasado 20 de julio.

Ricardo Roselló en su intervención. Foto suministrada por el autor.

La abierta intención de Rosselló era conseguir que el C-24 reconociera la fórmula de la estadidad, incluso la de la libre asociación, como alternativas de descolonización.

De acuerdo con Rosselló, el hecho de que el C-24 “prescriba la independencia” como finalidad en sus resoluciones “no es una opción” descolonizadora para Puerto Rico porque en los recientes plebiscitos de estatus la estadidad ha resultado favorecida.

En un tono marcadamente informal el exgobernador cuestionó el por qué el comité habría de “tenerle miedo a esta opción”. Rosselló justificó su propuesta aduciendo que “el Congreso [de EEUU] ya se ha embarcado en esta dirección y los miembros de esta delegación congresional han trabajado incansablemente para que este cambio se produzca”. Como cuestión de hecho, el proyecto presentado en el Congreso este año (“Puerto Rico Status Act”) no parece tener posibilidades de ser aprobado dado que la vista pautada para el día 19 de junio –un día antes de la sesión del C-24– fue cancelada y el calendario legislativo federal es más corto por ser este un año eleccionario.

La deposición de Rosselló confirmó los señalamientos que había hecho más temprano en la sesión el abogado y profesor de derecho Steven Lausell, a los efectos de identificar “ciertos grupos dentro de las clases políticas puertorriqueña y norteamericana han intentado redefinir a Puerto Rico dentro del discurso del derecho internacional no como un pueblo con derecho a la libre determinación, sino como una minoría dentro de Estados Unidos”.

El comentario de Rosselló señalando que el Congreso de EEUU ya se encuentra atendiendo el estatus político de Puerto Rico puso en evidencia la estrategia del exgobernador y los grupos anexionistas que depusieron en la sesión de convertir el caso en un asunto doméstico de Estados Unidos.

Para Lausell las implicaciones de esto son claras.

“Una minoría se considera que ya es parte del estado, y solamente debe aspirar a tener participación equitativa en el gobierno nacional,” dijo el profesor de derecho, quien recalcó que Puerto Rico es un pueblo y así lo han reconocido las Naciones Unidas desde su creación.

Lausell se refirió a la inclusión de Puerto Rico en la primera lista de territorios no autónomos creada por la Asamblea General del organismo internacional, en virtud del Artículo 73 de la Carta de las Naciones Unidas.

“Desde los comienzos de esta organización hace casi ocho décadas ha quedado firmemente establecido que Puerto Rico constituye un pueblo bajo el derecho internacional”, enfatizó Lausell.

“Los pueblos, como acreedores del derecho colectivo a la libre determinación, ocupan una posición altamente privilegiada dentro del derecho internacional. Ese derecho les permite formar parte de la comunidad internacional y tener su lugar en esa mesa en condiciones de absoluta igualdad y dignidad. Pero el primer paso para ello tiene que ser la descolonización y el ejercicio legitimo del pueblo puertorriqueño de su derecho a la libre determinación”, añadió el letrado.

Lausell denunció los esfuerzos para intentar reducir el problema colonial de Puerto Rico a una mera cuestión de derechos de minoría están dirigidos a evitar el proceso legítimo necesario de la descolonización y así inclinar la balanza a favor de la anexión.

Lausell exhortó al comité a no permitir que se cambie el discurso sobre Puerto Rico “ni que se diluya su resolución”.

Tras escuchar a más de 70 representantes de organizaciones cívicas y políticas, y personas privadas el Comité de Descolonización aprobó el pasado 20 de junio una nueva resolución reafirmando el derecho inalienable de Puerto Rico a su libre determinación e independencia.

Tres veces trans, tres y más: sobre las memorias de Alexandra DeRuiz

Especial para En Rojo

Descubrió la respuesta a la pregunta de dónde
estaba la verdad de sus tacones.  En ellos descansaba
todo lo que existe.  Eran sus instrumentos de trabajo,
de lucha y supervivencia.  Con ellos podía correr
para escapar del mundo y seguir en él, eran su
hogar, su compañía, sus hermanos políticos.

Rafael S. Morla, Saunatopía

 

El prefijo trans está presente en múltiples palabras que forman nuestro vocabulario de uso diario: transferencia, transportación, transitorio…  Pero en nuestros días algunos críticos y teóricos de los estudios literarios y culturales se han valido de este prefijo – y de otros, como post y neo – para crear términos que les sirvan para presentar sus ideas.  A veces lo hacen de forma muy apropiada y otras de manera innecesaria y hasta forzada.  Pero en el caso que ahora me interesa, las memorias de la mexicana Alexandra R. DeRuiz, Crucé la frontera en tacones: Crónicas de una TRANSgresora [sic], (Madrid/Barcelona, Editorial Egales, 2023), el uso del prefijo es muy acertado y, más aún, su empleo explica y justifica mucho del contenido del libro.  Así es porque Alexandra DeRuiz es una mujer trans y en su texto recalca muy enfáticamente el empleo de ese prefijo y, al así hacerlo, este pasa de prefijo (transgresora) a adjetivo (mujer trans).  Pero ella es trans en muchos sentidos.  Por ejemplo, porque en una parte muy importante de sus memorias relata su cruce de la frontera entre su país y los Estados Unidos.  De ahí el título del libro.  Las múltiples transacciones y transformaciones de su identidad – de niño a mujer, de mexicana a chicana, de víctima a activista – justifican muy efectivamente el empleo de dicho prefijo que se convierte en adjetivo y que, en su caso, no se emplea de manera superficial ni juguetona sino como definición radical de su persona y su personalidad.

Crucé la frontera en tacones… es un libro de memorias, lo que hoy llamamos una narrativa del yo.  Por décadas la crítica ha estudiado este género literario y ha identificado en él un subgénero creado por escritoras que presentan su obra desde parámetros femeninos y feministas.  Para esas narrativas del yo se han inventado el término “autoginografía”.  Buenos ejemplos de este subgénero son las memorias de Sandra Cisneros y Malala Yousafzai.  También los críticos han definido otro subgénero en el que el protagonista relata la superación de sus conflictos personales y sociales y se presenta, por ende, como modelo para que otros lo emulen.  A estas se las llaman autobiografías confesionales; las de Agustín de Hipona y José Blanco White son buenos ejemplos.  Crucé la frontera en tacones cabe en estos dos subgéneros de las narrativas del yo ya que tiene un enfoque feminista y, a la vez, la autora se presenta como modelo para otras mujeres.  Valdría la pena leer estas memorias desde estas perspectivas críticas.  Pero mi acercamiento al libro es algo distinto, no tan técnico, aunque mi comentario tiene presente estas importantes categorías literarias.

Alexandra nació niño, pero desde muy temprano supo que era niña.  Esta condición es lo que los sicólogos llaman “disforia de género”, concepto problemático ya que convierte una situación natural en patología.  Activistas como ella luchan por cambiar esta definición imperante todavía hoy en el mundo médico.  Algo parecido pasó en el siglo pasado cuando la homosexualidad dejó de ser consideraba una enfermedad y, tras arduas luchas, hoy se clasifica como una condición natural.  (Ojo: no perdamos de vista la diferencia entre lo natural, lo que se da en la naturaleza, y lo normal, lo que presupone una mayoría o una norma social.)  Las activistas luchan hoy por la despatologización de la disforia de género.  Alexandra es una experta en el tema y participa en foros internacionales en esa lucha.  ¿Pero, cómo llegó a serlo? 

Estas memorias afirman la identidad femenina de la autora.  Por ello, nunca se nos dice cuál fue el nombre que le dieron al nacer.  Ese ocultamiento sirve como excelente técnica de autoafirmación.  Pero sí nos cuenta algunos detalles de su infancia y adolescencia.  Nos dice cómo desde muy temprano en su vida y con el apoyo y respeto de su madre, Catalina, pudo adentrarse en el mundo gay del momento, particularmente el de la Zona Rosa de Ciudad de México, entonces un mundo de bares, cafés, clubes y galerías que propiciaba cierta libertad sexual, artística e ideológica, a pesar de la represión policiaca encarnada por el brutal jefe de la policía del momento, el Negro Durazo (Arturo Durazo Moreno, 1918-2000).  

Pero pronto Alexandra se dio cuenta de que tenía que salir de ese ambiente, que tenía que alcanzar mayor libertad y que tenía que transformar plenamente su identidad.  Joven, inteligente y capaz, se valió de su talento como bailarina y a los quince años salió de la Ciudad de México y se fue al norte del país, a Baja California, primero a La Paz y, más tarde, a Tijuana, ciudad fronteriza con los Estados Unidos.  Aunque Alexandra no nos da muchos detalles de su vida en ese periodo – siempre nos quedamos con deseos de saber más y más –, podríamos calificar la suya como una narración de tonos picarescos, especialmente este periodo de su vida.

En Tijuana, ciudad impactada por el bajo mundo, conoció a una mujer, también bailarina en el club donde trabajaba – no sabemos si era trans o no – que se convirtió en su segunda madre.  La conocemos sólo como Payaya porque era sordomuda y esos eran los únicos sonidos que podía emitir.  Con esos y con múltiples gestos se comunicaba.  Payaya – para mí el personaje más conmovedor del libro – conocía caminos escondidos en el monte fronterizo y guió por ellos a Alexandra hacia San Diego, California.  Las aventuras de ese cruce son otro momento trans del libro en el sentido de tránsito y transgresión.  Con la ayuda de Payaya y de una pareja de lesbianas que vivían al otro lado de la frontera, Alexandra llegó a Los Ángeles y finalmente – no contaré sus aventuras; quien quiera conocerlas debe leer el libro – logró su transformación a la mujer trans que es hoy.

¿Por qué cuenta Alexandra su historia?  ¿Por qué creo que este libro es importante y vale la pena leerlo y comentarlo?  Ella misma responde a esas preguntas: “… siento que escribo esto para narrar mi propia historia, por convicción propia y porque siento que es una obligación ser una voz para aquellas que no tuvieron la oportunidad” (118).

Al final del libro y como homenaje esas otras mujeres no tan afortunadas, Alexandra enumera los nombre de algunas de ellas.  Esos magníficos nombres – la Chuchette, Angélica la Ventanales, Claudia la Chayota, Diana la Chocolata… – reflejan el mundo picaresco en que vivieron y en el que sobrevivieron sólo algunas de estas valientes mujeres trans. 

Alexandra sobrevivió.  Y hace en su libro muy claro que así fue gracias a la solidaridad de sus amigas y compañeras que crearon junto a ella una comunidad protectora y llena de esperanzas, a pesar de los momentos difíciles y hasta peligrosos por los que tuvieron que pasar.  Ya decía que estas son memorias que intentan servir de ejemplo a otras personas, especialmente a otras mujeres trans, para que encuentren el camino a la sobrevivencia.

En muchas formas, este libro me sirvió para internarme en un mundo y unas circunstancias ajenos a las mías.  Que yo sepa, Alexandra es la primera mujer trans que he conocido.  Sé que soy afortunado por haberme topado con una persona extraordinaria.  Y gracias a ese encuentro puedo reconocer que su mundo y sus circunstancias son parte del gran mundo en que vivimos todos y el que, por ello, tenemos que compartir con estas mujeres y con muchos otros seres distintos a nosotros.  Las diferencias no pueden bloquear la empatía ni la solidaridad.  Por ello mismo mi gran crítica a estas memorias es que Alexandra no nos aclara algunos puntos importantes de su vida y, sobre todo, que no nos dan más detalles sobre las peripecias que le tocaron vivir, que nos dejan con unas inmensas ganas de saber más y más sobre su vida y la de sus amigas, vidas a veces trágicas, a veces afortunadas, pero siempre solidarias.

Estoy seguro que hay muchos como yo que no conocen el mundo de las mujeres trans.  Este libro definitivamente nos ayudará a conocerlo y también a conocer el de los y las emigrantes hispanos a los Estados Unidos quienes cruzan la frontera como Alexandra lo hizo, aunque no sea en tacones.  Por ello mismo ella crea otro neologismo, “translatinas”; lo crea para denominar a esas mujeres que, como ella, cruzaron la frontera y se tuvieron que enfrentar a otros formas de opresión en el Norte para alcanzar sus metas.  

Por todo ello, entre muchas otras razones, este es un libro importante y, por ello mismo, hay que agradecerle a su autora las puertas que nos abre a través de sus memorias para entender mejor esos mundos que también son nuestros aunque no seamos trans.

En Reserva-Un nuevo corazón para mi madre

Especial de En Rojo

A mi madre, por su pronta recuperación.

Le tenía mucho miedo a ser madre. Cuando mis amigas imaginaban cómo serían sus futuros hijos, yo siempre huía de esa conversación. Nunca me vi embarazada y mucho menos dedicándole mi vida a otro ser humano. Me pensaba egoísta y, en una sociedad como la nuestra, de seguro muchos me verían también como inmerecedora de ser mujer. Años después, supe que mis razones se relacionaban más a un gran temor de no llenar expectativas. Mi referente me lo hacía muy complicado. Tengo una mamá con una nobleza extrema, rompecurvas, de las que se sacrifica, de las que se amanece, de las que todo lo sabe hacer, que lidera soluciones y, ante mis ojos, ha sabido siempre cómo proteger y cuidar. Mi madre me enseñó a desarrollar una gran autoestima, pero siempre del lado de la tierra. Por lo tanto, soy muy consciente de mis fortalezas, pero también de mis limitaciones. Por eso intuía que yo no estaba ni cerca de ese nivel de entrega; tampoco estaba segura de si quería experimentar esa sensación algún día.

Cuando mi mamá cumplió 49 años, su corazón comenzó a fallar. El médico le advirtió que, si bien tenía una enfermedad, su problema se empeoraba por la forma como enfrentaba la vida. En ese entonces, le aconsejó que debía tomar las cosas con mayor calma, que “bajara revoluciones”, le pidió, pues su colesterol estaba bien, su presión, igual; triglicéridos dentro de la escala adecuada. Mi mamá padecía de una arterosclerosis que, en buena medida, se exacerbaba bajo situaciones de estrés. Ese diagnóstico de obstrucción en una vena la llevó a tener que realizársele una angioplastia y luego otra, años después. Mis tías, criadas con la misma receta que mi mamá, también sufrieron los efectos de ese modo de encarar la vida. A ambas tías, al cumplir los setenta años o cerca, las operaron del corazón. Con ese panorama, mis expectativas de padecer de su misma condición son altas. Por lo tanto, también tengo que cuidarme de la misma manera.

Un poco después de cumplir mis 30 años, me embaracé y el temor más atroz, que nunca había sentido, apareció. Desde ese momento la vida despreocupada se fue. El amor, como lo conocía hasta entonces, creció de forma exponencial. Al sentir los primeros latidos de esa nueva vida, comencé a sentirme vulnerable y expuesta, pero a la vez me llené de una ilusión inédita. Después de todo, es hartamente conocido que amar duele y que, a pesar de ello, los seres humanos nos seguimos arriesgando ante el amor. Sin intención de exponer mucho más allá, un día, cerca de la fecha del alumbramiento, mi hija falleció. No la llegué a conocer. Fue una noticia desgarradora que, poco a poco, pudimos sobrellevar. El cuadro me recordó el diagnóstico de mi madre y de lo absurdo que puede ser “bajar revoluciones” o tratar de que nos afecte menos la vida. Fue, a la vez, fácil de imaginar cómo puede perjudicarse el corazón luego de una emoción como aquella o con cualquier otra relacionada con un hijo. Albergar y criar vida es un desafío, de los más duros, uno que comprobé irremediablemente.

Con aquella muerte, el amor hacia mi madre alcanzó la exosfera. Entendí que aquella vocación de amor era alcanzable para muchas madres y que no debía sentirme culpable de que hubiese llegado, ante mis ojos, tarde. Se aprende a amar sin límites desde el amor y, desde el amor, se realizan los gestos más nobles y desinteresados. Poco tiempo después de aquella pérdida, llegó a mi vida un nuevo embarazo con un final feliz, con preocupaciones continuas sí, pero con grandes recompensas.

Hace unas semanas, recibimos la noticia de que tendrían que intervenir quirúrgicamente a mi madre. Esta vez, la temida operación de corazón abierto fue la alternativa a su cuadro médico. Varias noticias previas relacionadas o, quizá, las jugadas que la vida nos presenta, pudieron ser el detonante para estas nuevas obstrucciones. Enfrentar diagnósticos de forma ecuánime o sosegada es una habilidad que intentamos desarrollar en la familia, pero aún hay muchas piezas que apretar. ¿Cómo decirle a una mamá, con el corazón más noble que yo he conocido, que tiene que reparárselo? ¿Qué ajustes tendremos que hacer ahora?

Desde hace una semana, el corazón de mi mamá cambió. Los médicos alegan que este es mejor: más fuerte, con carriles despejados de sangre y mayor oxigenación. En su convalecencia, con el esternón partido y la nueva cicatriz que divide el torso medio superior, ha continuado preocupándose por los suyos: que si comimos, descansamos, que cómo están los demás. Por más que le hemos hecho entender que su recuperación es prioridad y la única de nuestra parte, mi madre sigue rompiendo curvas y superando expectativas. ¿Cómo se llega a ese nivel de entrega? Aunque comienzo a entender de amores, su bondad y desprendimiento nunca dejarán de emocionar. Como prevención, he comenzado a entrenar mi corazón. Es un trabajo arduo y, quizá, fútil, pero lucho con mis carencias a diario. Si los corazones más nobles y puros necesitan remiendos, ¿qué necesitará un corazón menos sublime, como el mío?

Será Otra Cosa-Ser un gato

Especial para En Rojo

(1)

En octubre de 1963, Félicette (originalmente llamada simplemente C 341) fue la primera gata en viajar al espacio. Antes de ella, habían enviado tortugas a orbitar la luna, y después, a dos arañas jardineras, Anita y Arabella, y hasta a miles de aguavivas a reproducirse y convivir en un space shuttle. Los rusos, en los primeros viajes al espacio, enviaban perros, los americanos, monos. La perra Laika, como se sabe, murió de calor en órbita en 1957. Habrá sido un alivio para los otros animales enterarse de que los humanos empezaran a lanzarse en persona a la aventura. La gata parisina fue y vino sana y salva (a diferencia del gato que lanzaron días después), pero a los dos meses convirtieron a Félicette en material de laboratorio. Los científicos franceses no aprendieron nada de la autopsia, pero décadas después la conmemoraron en un sello postal y, en el 2019, la Universidad de Strasburgo erigió una estatua en su honor. Así se compensan, a veces, los desmanes de la civilización.

(2)

Animal cauto, animal que mueve la cola, animal que dice miau, que va tras el ratón, tras la hoja que mueve el viento, animal que se acurruca junto a mí mientras escribo. ¿Qué puede enseñarnos esta criatura sobre el universo? Puesta a imaginar, imagino ser un gato. Trato de ocupar su lugar en medio de la habitación, entorno los ojos como si tuviera párpados felinos, me quedo quieta. Siento el espacio alrededor de mí, la luz que entra por la ventana.

Ilustraciones suministradas por la autora

Puesta a imaginar, podría ser un gato egipcio, gato embalsamado hace miles de años junto a obsequiosos ratoncitos, gato tratado con veneración, gato encerrado. Con mala suerte podría ser gato medieval, gato convertido en bolsa de dinero, en ingrediente de remedio o de guiso desesperado, gato lanzado a la hoguera, gato negro que cruza la calle y espeluzna al viandante, gato entre los musculosos brazos de los facinerosos, mimado por manos asesinas.

Puesta a imaginar, podría ser gata de una casa en una ciudad sitiada, trazando un nuevo plano entre las ruinas, buscando un lugar seguro, preguntándome por el orden de ese otro mundo que surge del polvo. Saldría despavorida con cada explosión, y en la calma me pasearía entre las piernas de quienes encontrase en el camino, sin distinguir quien huye de quien ataca.

Es una suerte ser gato en la paz, en esta casa mía levantada del suelo. Desde acá veo cruzar los pájaros, y sé que son inalcanzables. Como gata, merodeo por el balcón en las mañanas, cazo lagartijas furtivas, y soy gata fantástica o muy concreta; figuro en escritos como éste. Otra es la que escribe.

Podría ser, en efecto, gata misteriosa como misterioso es el origen de las huestes felinas, su evolución, su relación con los animales humanos. Cabe preguntarse cómo la primera de esas bestias entró a la casa, acarició las piernas de sus habitantes, se sentó frente a la hoguera a compartir el ruedo de las conversaciones; porque así son los gatos, les gusta estar aquí, puro presente, sin necesariamente participar, dominar, disponer de lo ajeno; el gato escucha, siente, se suma al grupo.

Lo que no puede hacer un gato es proyectarse al futuro pues dicen los científicos que los lóbulos frontales de su cerebro no están desarrollados. Sí tienen memoria del pasado. Presumen que su pensamiento, pues, está centrado en protegerse, mantenerse lejos de los depredadores, y en ser felices. Es, sin duda, un animal capaz de habitar en el desastre.

(3)

Los gatos, según cuentan, parecen ser buenos navegantes. Algunos de los puertos más antiguos están repletos de gatos provenientes de varias generaciones de felinos viajeros. Así se explican las muchas variantes de los gatos callejeros de Estambul, donde estos animales campean desde hace siglos por sus respetos para el beneplácito de sus habitantes. Los antiguos egipcios parecen haber tenido una estrecha relación con los gatos a juzgar por la iconografía más antigua. Aparecen entre sus símbolos, como una de sus diosas, asociado a la fecundidad y sus derivados – luz, energía, misterio, nocturnidad. Mucho antes se pintaron felinos en las cuevas de Lascaux y desde entonces siguieron figurando en el arte, ocupando discretamente su lugar en la imagen de la civilización humana.

En Japón el gato, de hecho, tiene una larga e interesante historia. Se les asocia a lo bueno y a lo malo, se les representa de forma temible o sublime, se les imagina transformado en híbrido humanizado, en monstruo amenazante, en mago tenebroso y hasta en anciana. Asociado a las mujeres y la buena suerte, los japoneses le atribuyen al gato la facultad de espantar los malos espíritus. Debe ser por eso que los gatos suelen sentarse cerca de los umbrales de las entradas a las casas, para que no entre nada malo, ninguna amenaza. Quienes viven con gatos saben que un gato ocupa una verdadera casa.

(4)

Hace miles de años los gatos andan por ahí, entrando y saliendo de las habitaciones. Han sido mercancía, adorno, presa, ofrenda sacrificial, enigma y símbolo. Han viajado en caravanas, en barcos y hasta en naves espaciales. Se les ha percibido como amenaza, como animal de compañía, como criatura admirable y ser protector. Han sido objeto de adoración, de burla y de violencia. La internet está llena de historias, bulos y memes sobre gatos; y en el arte pictórico y la literatura también han servido para la denuncia, la sátira y lo sublime.

La internet sabe que he estado leyendo sobre gatos, y me presenta escalofriantes historias de gatos fugados de Fukushima o conviviendo plácidamente con presos en una cárcel chilena, gatos que comen con palitos o abren puertas, gatos rescatados de quebradas y gatos que huyen de la guerra en brazos de una niña. Aparto la vista de la pantalla y miro a los ojos de la gata. Serena, como si tuviera ella la clave de un secreto primigenio, se incorpora elegantemente sobre sus patas y en gentil balance salta al suelo para irse a merodear por el pasillo. Estas criaturas saben algo. Se sientan junto a nosotras, pero no sueltan prenda, como si recordaran a Félicette, a los gatos lanzados en la hoguera, como si todavía no mereciéramos la gracia de sus revelaciones.

Una biografía mínima de José Martí ilustrada para los lectores de Claridad

Especial para En Rojo

Estamos celebrando el aniversario 135 de La Edad de Oro; Publicación mensual de recreo e instrucción dedicada a los niños de América. Por esta razón, les presentamos una biografía mínima de José Martí, redactor de las 32 páginas de cada número de la revista.

Esta biografía fue localizada en el Portal José Martí. Sustituimos las ilustraciones originales -fotografías de época- por sellos de correo postal correspondientes a las series “José Martí, hombre universal”, emitidas por Cuba Correos entre 2004 y 2008. La labor fue realizada para contribuir al conocimiento de esta figura universal y para despertar, en la población lectora de Claridad, el interés por el coleccionismo de sellos de correos y otros productos filatélicos.

José Julián Martí Pérez

Nació en la calle Paula No. 41, La Habana, el 28 de enero de 1853.

En 1866 matricula en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. Ingresa también en la clase de Dibujo Elemental en Escuela Profesional de Pintura y Escultura de La Habana, más conocida como San Alejandro.

El 4 de octubre de 1869, al pasar una escuadra del Primer Batallón de Voluntarios por la calle Industrias No. 122, donde residían los Valdés Domínguez, de la vivienda se oyen risas y los voluntarios toman esto como una provocación. Regresan en la noche y someten la casa a un minucioso registro. Entre la correspondencia encuentran una carta dirigida a Carlos de Castro y Castro, compañero del colegio que, por haberse alistado como voluntario en el ejército español para combatir a los independentistas, calificaban de apóstata.

Por tal razón, el 21 de en la Cárcel Nacional acusado de infidencia por escribir esa carta, junto a su entrañable amigo Fermín, Valdés Domínguez. El 4 de marzo de 1870, Martí fue condenado a seis años de prisión, pena osteriormente conmutada por el destierro a Isla de Pinos, lugar al que llega el 13 de octubre. El 18 de diciembre sale hacia La Habana y el 15 de enero de 1871, por gestiones realizadas por sus padres, logró ser deportado a España. Allí comienza a cursar estudios en las universidades de Madrid y Zaragoza, donde se gradúa de Licenciado en Derecho Civil y en Filosofía y Letras.

De España se traslada a París, por breve tiempo. Pasa por Nueva York y llega a Veracruz el 8 de febrero de 1875, donde se reúne con su familia. En México entabla relaciones con Manuel Mercado y conoce a Carmen Zayas Bazán, la cubana que sería su esposa.

Del 2 de enero al 24 de febrero de 1877 estuvo de incógnito en La Habana como Julián Pérez. Al llegar a Guatemala trabaja en la Escuela Normal Central como catedrático de Literatura y de Historia de la Filosofía. Retorna a México, para contraer matrimonio con Carmen el 20 de diciembre de 1877, regresando a inicios de 1878 a Guatemala.

Concluida la Guerra del 68 vuelve a Cuba el 31 de agosto de 1878, para radicarse en La Habana, y el 22 de noviembre nace José Francisco, su único hijo. Comenzó sus labores conspirativas figurando entre los fundadores del Club Central Revolucionario Cubano, del cual fue elegido vicepresidente el 18 de marzo de 1879. Posteriormente el Comité Revolucionario Cubano, radicado en Nueva York bajo la presidencia del Mayor General Calixto García, lo nombró subdelegado en la Isla.

En el bufete de su amigo Don Nicolás Azcárate conoce a Juan Gualberto Gómez. Entre el 24 y el 26 de agosto de 1879 se produce un nuevo levantamiento en las cercanías de Santiago de Cuba. El 17 de septiembre Martí es detenido y deportado nuevamente a España, el 25 de septiembre de 1879, por sus vínculos en la Guerra Chiquita. Al llegar a Nueva York, se establece en la casa de huéspedes de Manuel Mantilla y su esposa Carmen Miyares.

Martí logra traer a su esposa e hijo el 3 de marzo de 1880. Permanecen juntos hasta el 21 de octubre, en que Carmen y José Francisco regresan a Cuba. Una semana después resultó electo vocal del Comité Revolucionario Cubano, del cual asumió la presidencia al sustituir a Calixto [García], quien había partido hacia Cuba para incorporarse a la Guerra Chiquita.

Entre 1880 y 1890 Martí alcanzaría renombre en la América a través de artículos y crónicas que enviaba desde Nueva York a importantes periódicos: La Opinión Nacional, de Caracas; La Nación, de Buenos Aires; y El Partido Liberal, de México.

Posteriormente decide buscar mejor acomodo en Venezuela, a donde llega el 20 de enero de 1881. Fundó la Revista Venezolana, de la que pudo publicar solo dos números. Tras chocar con el caudillismo, tiene que retornar a Nueva York.

A mediados de 1882 reinició la labor de reorganizar a los revolucionarios, comunicándoselo mediante cartas a Máximo Gómez y Antonio Maceo. El 2 de octubre de 1884 se reúne por vez primera con ambos líderes y comienza a colaborar en el Plan Insurreccional Gómez-Maceo; posteriormente desistió de su empeño por estar en desacuerdo con los métodos de dirección empleados.

El 30 de noviembre de 1887 fundó una Comisión Ejecutiva, de la cual fue elegido presidente, encargada de dirigir las las actividades organizativas de los revolucionarios. En enero de 1892 redactó las Bases y los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano. El 8 de abril de 1892 resultó electo Delegado de esa organización, cuya constitución fue proclamada dos días después, el 10 de abril de 1892. El 14 de ese mes fundó el periódico Patria, órgano oficial del Partido.

En los años 1893 y 1894 recorrió varios países de América y ciudades de Estados Unidos, uniendo a los principales jefes de la Guerra del 68 y acopiando recursos para la nueva contienda. Desde mediados de 1894 aceleró los preparativos del Plan Fernandina, con el cual pretendía promover una guerra corta, sin grandes desgastes y destrucciones para los cubanos. El 8 de diciembre de 1894 redactó y firmó, conjuntamente con los coroneles Mayía Rodríguez (en representación de Máximo Gómez) y Enrique Collazo (en representación de los patriotas de la Isla), el plan de alzamiento en Cuba. El Plan Fernandina fue descubierto e incautadas las naves con las cuales se iba a ejecutar. A pesar del gran revés que ello significó, Martí decidió seguir adelante con los planes de pronunciamientos armados en la Isla, en lo que fue apoyado por los principales jefes.

El 29 de enero de 1895, junto con Mayía y Collazo, firmó la orden de alzamiento y la envió a Juan Gualberto Gómez para su ejecución. Partió de inmediato de Nueva York a Montecristi, en República Dominicana, donde lo esperaba Gómez, con quien firmó el 25 de marzo de 1895 un documento conocido como «Manifiesto de Montecristi», Programa de la nueva guerra. Ambos líderes llegan a Cuba el 11 de abril de 1895, por Playita de Cajobabo, Baracoa.

Tres días después del desembarco, hicieron contacto con las fuerzas del Comandante Félix Ruenes. El 15 de abril de 1895 los jefes allí reunidos bajo la dirección de Gómez acordaron conferir a Martí el grado de Mayor General por sus méritos y servicios prestados.

El 28 de abril de 1895, en el campamento de Vuelta Corta, en Guantánamo, en unión de Gómez, firmó la circular «Política de guerra». Envió mensajes a los jefes indicándoles que debían enviar un representante a una asamblea de delegados para elegir un gobierno en breve tiempo. El 5 de mayo de 1895 tuvo lugar su encuentro con Gómez y Maceo en La Mejorana, donde se discutió la estrategia a seguir. El 14 de mayo de 1895 firmó la «Circular a los jefes y oficiales del Ejército Libertador», último de los documentos organizativos de la guerra, la que elaboró conjuntamente con Máximo Gómez.

Siguiendo la marcha hacia el oeste de la provincia oriental, llegaron a Dos Ríos, cerca de Palma Soriano. El 19 de mayo de 1895 una columna española se desplegó en la zona y los cubanos fueron a su encuentro. Martí marchaba entre Gómez y el Mayor General Bartolomé Masó.

Al llegar al lugar de la acción, Gómez le indicó detenerse y permanecer en el lugar acordado. No obstante, en el transcurso del combate, se separó del grueso de las uerzas cubanas, acompañado solamente por su ayudante Ángel d españoles ocultos en la maleza y fue alcanzado por tres disparos que le provocaron heridas mortales. Cuando se conoció lo sucedido, resultó imposible rescatar su cadáver, el cual fue conducido por los españoles y, tras varios enterramientos, fue finalmente sepultado el día 27, en el nicho número 134 de la galería sur del Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.

***

Si logramos el propósito de esta labor, con respecto al conocimiento de la vida y la obra de José Martí, los interesados pueden solicitar nuestro servicios y si desean comenzar una colección de productos filatélicos, pueden dirigirse a

Sociedad Filatélica de Puerto Rico

Dirección: 773 Av. Andalucía, San Juan, 00921

Teléfono: (787) 399-7025

Horario: domingo de 10:00 am a 1:00 pm

Silvia María Alberti Cayro, Selección de ilustraciones,Wilberto Ojeda Serrano, Digitalización