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Presentación de la revista momento crítico, vol 2

Encontrado en las redes

[Texto leído en la presentación del segundo volumen de momento crítico, celebrada el 19 de junio de 2024 en la Librería La Esquina.]

El volumen 2 de momento crítico recoge artículos publicados entre el 2021 y el 2022, en ese periodo ligeramente post-María y todavía no del todo post-pandemia. El potpurrí de perspectivas recoge muchas de las preocupaciones políticas más apremiantes de la isla, siempre desde un ángulo de izquierda; por momentos más marxista, por momentos más ecológico, por momentos más feminista, aunque siempre marxista, ecológico y feminista.

El libro está dividido en cuatro secciones.

La primera abre con una recapitulación histórica, a cargo del Prof. Rafael Bernabe, sobre por qué acusar de vagos a los trabajadores más vulnerables es tanto incorrecto como abusivo. Continúa con un repaso de Manuel Rodríguez Banchs, más sucinto pero igualmente completo, de uno de los issues más impostergables de la política local: la crisis económica que el bipartidismo ha confeccionado gracias a una mezcla de corrupción, ineptitud y lo que solo puede describirse como “fundamentalismo capitalista”: esa fe (no sé si profesada con devoción o por conveniencia) de que realmente hay una mano todopoderosa —la mano invisible del mercado— que todo lo regula, todo lo dirige y todo lo resuelve. El tercer ensayo, también a cargo del Prof. Bernabe, termina con una amonestación certera: la denuncia sobre la “clase política” debe afinarse, ya que es preferible considerar que “los partidos políticos no dividen al país, el país está dividido en clases” (103). En el cuarto ensayo, con el que termina la primera sección, Verónika Banuchi y Randiel Negrón documentan la historia del sub-salario mínimo que cobran los trabajadores que ganan propinas; esta documentación considera, en uno que otro momento, la experiencia personal de los autores cuando trabajaron en la industria de la comida.

La segunda sección del libro comienza con una invitación a considerar un aspecto reaccionario de la era de la informática. Ángel Rodríguez plantea que, desde la seguridad incompleta de la pantalla, perdemos de vista la humanidad (en ocasiones, otreica) del interlocutor y apostamos por un victimismo despolitizado: “dejamos de ser subalternos para convertirnos en víctimas” (126). El segundo artículo de esta segunda sección anuncia una segunda entrega, que espero con ansias y que no está escrita todavía; Rodríguez Banchs y Jorge Lefevre resumen el modelo de propaganda de Chomsky, la “máquina de fango” de Umberto Eco y la politización del “lawfare” como arma política. En la anticipada continuación del ensayo, los autores aplicarán esas herramientas al caso puertorriqueño; insisto en que quedo a la espera, y con interés. Me provocan curiosidad dos cosas: los rasgos específicos que el modelo de propaganda cobra en el caso puertorriqueño y cómo se aplica —si es que se aplica— a las redes sociales.

La tercera sección del libro se titula “La encrucijada ambiental en Puerto Rico”, y contiene tres ensayos de Pablo Segarra y un relato vivencial de Josué R. “Wisin” Díaz Coss. Ambos autores apuntan al desarrollo de la industria agrícola puertorriqueña con sumo entusiasmo, y queda claro que su apuesta se centra en el desarrollo local y socializado de esta industria. En uno de sus artículos, Segarra les presta atención a los suministros de agua de la isla; en otro, a los efectos devastadores del cambio climático y a posibles vías de combatirlo; en otro, a varios proyectos fallidos de inversión extranjera para el desarrollo de la industria agrícola local.

La cuarta sección está delimitada por consideraciones de derechos civiles, principal pero no únicamente, feministas. Yanira Reyes Gil historia las estrategias anti-aborto que se han estado implementando desde la Corte Suprema federal hasta las legislaturas estatales, y que van desde reducir el momento en que se puede realizar un aborto hasta requerir que se ausculten latidos de corazón del feto, entre otras. Vanessa Contreras Capó incluye un análisis comparativo entre la noción de la autodefensa feminista y la apuesta por un sistema de denuncia que no replique las políticas punitivas y carcelarias del estado. La justicia restaurativa, escribe Contreras Capó, reconoce que “el castigo tampoco logra cambiar las violencias sistémicas” (191), por lo que reclama replantearlo, sobre todo en lo relativo a las “cancelaciones”, que son una suerte de cadena perpetua. Maya Alejandra Rodríguez-Reyes aporta una nota sobre la labor de María Dolores “Tati” Fernós, la primera Procuradora de las Mujeres de la isla, quien a su vez reflexiona sobre la politización de ese puesto en administraciones recientes. Luego siguen dos artículos originalmente escritos en inglés por Shui-yin Sharon Yam y Dianne Feeley, respectivamente, que reaccionan a la revocación de Roe vs. Wade. La colección termina con la charla de agradecimiento de Reyes Gil de cuando ganó la Medalla Nilita Vientós Gastón y un epílogo a cargo de Gabriela Quijano en el que la autora evalúa los textos anteriores bajo una óptica que llama “posthumanismo multiespecista”. Debo decir que aunque los últimos ensayos versan específicamente sobre el aborto y la violencia machista, la perspectiva de género está aplicada a lo largo de las piezas de la colección, aunque no traten sobre temas reconocibles como “estrictamente femeninos” (por ejemplo, el “agravante” de ser mujer en el contexto de la industria de la comida, que comentan Banuchi y Negrón).

Los escritos de Ángel Rodríguez, Vanessa Contreras Capó, Jorge Lefevre y Manuel Rodríguez Banchs aluden a las “reproducciones ideológicas del liberalismo burgués y […] el empresarismo capitalista de los medios” (vi). La interesantísima discusión reclama que se le dé seguimiento, ya sea en el tercer volumen impreso (cuando salga) o en la página electrónica de momento crítico. La perspectiva de Ángel Rodríguez y Vanessa Contreras no me parece menos urgente que la de Lefevre y Rodríguez Banchs, que se refieren a la prensa principalmente: las cancelaciones horizontales que se efectúan en las redes sociales (sobre todo, por faltas de carácter lingüístico) son contraproducentes y lo opuesto de estratégicas, máxime cuando se dirigen a compañeros con los que uno difiere o que se han expresado con incorrección. Este punto, que subrayan Ángel y Vanessa, afortunadamente cada vez se expresa más.

Se trata, pues, de una compilación de artículos que abarca temáticamente una gama de inquietudes políticas de la izquierda puertorriqueña. Como “no man is an island”, quiero comentar rápidamente los “momentos críticos” en que los ensayos enlazan la discusión sobre la situación colonial con algunos de los eventos más apremiantes de la política internacional de los últimos cuatro años: Covid, la guerra contra Rusia y el calentamiento global.

Se mencionaron dos consecuencias de las políticas de Covid: por un lado, el Prof. Bernabe comenta la nefasta eliminación de los “programas de apoyo económico a las personas que perdieron su ingreso” en medio de los lockdowns; por otro, Banuchi y Negrón critican la responsabilidad que los patronos lanzaron a sus empleados de vigilar que se cumpliesen con las disposiciones de salud decretadas en la pandemia. Al día de hoy, discutir las políticas de Covid provoca bochorno a muchos niveles porque estas debieron improvisarse y, además, incitaron neurosis y apasionamiento partidista. No conviene ignorarlas, como el reciente avance de la derecha europea demuestra; plantea el New York Times del pasado 10 de junio, reflexionando sobre las elecciones en Europa: “Other factors contributing to the right’s rise include lingering anger over Covid-era policies, as well as the inflation that grew in the wake of the pandemic and as a consequence of the war in Ukraine”. Este factor pesa más en Estados Unidos y Europa que en la isla, pero un pequeño protagonismo tiene en nuestra clase política, considerando que en la Legislatura puertorriqueña la figura más vocal en contra de los excesos de la pandemia fue (lamentablemente) Joanne Rodríguez Veve. Otra consecuencia de las políticas de Covid es el actual estado de rezago en la comunidad estudiantil, que podemos atestiguar algunos de nosotros, que impartimos clases. El tema debería seguirse explorando y discutiendo para ver si damos con una explicación de estos fenómenos.

La colección recoge ensayos publicados entre 2021 y 2022, por lo que sus textos no han gozado del espacio para digerir cómo la invasión de Ucrania y la subsiguiente guerra contra Rusia afectan el día a día del 100 x 35; esto recién se está comenzando a entender y pensaría que solo tendremos una idea clara de aquí a un tiempo. Segarra menciona una importante consecuencia de la guerra: el aumento en el costo de los cereales. El Consejo Europeo estima que ha habido una disminución de 29% en la producción de granos y aceite de girasol en Ucrania entre 2022 y 2023, lo que encarece los precios a nivel global. El ensayo de Rodríguez Banchs y Lefevre, a su vez, revela la herramienta que debemos manejar para descifrar la causa del enorme fracaso de la “izquierda” estadounidense (y parte de la colonial) a la hora de posicionarse en contra de la guerra de proxy contra Rusia. De mi parte, conozco gente que hace años denunciaba el rol de Estados Unidos como “policía del mundo” y a partir de la vehemente y efectiva manufactura del consenso producida por los medios, la publicidad y sectores importantes de la academia que hoy día se declaran partidarios de “ir a defender la democracia” y “luchar contra el fascista Putin”. Esta manifestación de jingoísmo enajenado de la geopolítica es una clara victoria de los mecanismos que describieron Chomsky y Herman en su libro y que resumieron Rodríguez Banchs y Lefevre.

Finalmente, fueron Segarra, Bernabe y Quijano quienes aportaron a la discusión ambiental en esta ocasión. Los autores abogan por un contraataque socialista a la amenaza del cambio climático; este privilegia la energía renovable y la disminución de emisiones de carbono por parte de las economías desarrolladas (el “primer mundo” o “norte global”). Por ejemplo, el Prof. Bernabe prescribe “reducir las emisiones de CO2, detener la deforestación, suprimir la energía fósil y remplazarla con energía renovable, reducir el consumo de energía […] en pocas palabras, […] abolir el capitalismo” (99). Se trata, por supuesto, de una receta prudente, pero si se me permite una dosis de pesimismo, no parece que se vaya a tomar en serio.

Esto que diré a continuación no es en absoluto una crítica a la solución que plantean los autores, sino una consideración, quizás motivada por la desesperanza, con la que pienso que en algún punto deberíamos lidiar. Les comparto mi pesimismo para ver si me pueden sacar de él.

Si uno observa con frialdad la prognosis del calentamiento global y la compara con la voluntad política que hay para atenderla de la manera que determina la izquierda, no llega a conclusiones muy entusiastas que digamos. Esto, no solo por el avance de negacionistas ambientales a nivel global (el caso más importante es Donald Trump, pero también hay una importante contrapartida europea), sino por la inutilidad de la “izquierda” hegemónica para atender el tema: por ejemplo, ¿cómo es posible que Bernie Sanders y el Squad (AOC, Ilhan Omar, etc.) hablen de reducir las emisiones de carbono para proteger a las futuras generaciones a la vez que envían miles y miles de millones de dólares a una guerra suicida que además de haber devastado a Ucrania deja una terrible huella de carbono en el planeta? La semana pasada leí que la guerra ha emitido 175 millones de toneladas de CO2 (más que las emisiones anuales de Venezuela u Holanda y equivalente a poner 90 millones de carros en las calles), una posible subestimación que no incluye cosas como las 115,000 toneladas de gas natural que se soltaron luego del estallido de Nord Stream. Con todo, la “izquierda” institucional gringa insiste en financiar la guerra, un traspaso multibillonario a la industria de armas que se promociona como una “guerra justa”, y que empeora profundamente la situación climática. Esta contradicción es tan palmaria, que hasta los republicanos hacen chistes al respecto. De más está decir que si uno se posiciona delante del espectro político oficial estadounidense, en la medida en que uno se aleja de esta “izquierda”, el compromiso con la destrucción del medioambiente es cada vez más palpable hasta llegar a los negacionistas de la extrema derecha; procedo «a fortiori».

Así que tenemos, de un lado, que Estados Unidos no va a reducir sus emisiones de carbono, eso no va a suceder; de otro lado, es injusto exigirles a India, Pakistán e Indonesia que adelgacen su desarrollo. La izquierda debería entender que nada de esto va a suceder, lo que pone la bola en la cancha del capitalismo, a fin de cuentas, y en la posibilidad de que sean tecnologías como la de captación de carbono las que de alguna manera amortigüen la catástrofe ambiental. El estado podría y debería tener un rol financiando el R&D de tecnologías para revertir el impacto de las emisiones de carbono, pero hasta ahora la contestación de la izquierda no parece tener la posibilidad de implementarse, porque lucha contra prioridades mayores: como la de hacer una guerra contra Rusia para degradar sus capacidades militares o destruir Gaza en venganza del ataque del 7-10.

Vuelvo a los tres temas que comentaba orita: las consecuencias de Covid, la guerra contra Rusia y el cambio climático están a la vanguardia de los desasosiegos políticos de este año, que la revista Time ha catalogado como “the ultimate election year”, ya que habrá habido 64 elecciones en total, en las que casi la mitad del planeta asiste a las urnas. Un cuarto asunto, el genocidio de Gaza, se abre espacio entre tanto dolor de cabeza mundial. En la isla atendemos pormenores de sabor local, incluida la posibilidad de que el Partido Popular haya recibido una estocada mortífera; no son todas malas noticias.

Los ensayos de este libro lanzan un constructivo llamado a la discusión. El momento en el que estamos reclama que se amplíen y enriquezcan los diálogos y continúen las conversaciones. El compromiso con que los autores de esta edición expresan sus posturas e ideas representa un paso en esta dirección.

Ponce celebra en grande el legado de Lavoe

 

 

En Rojo

 Hace 31 años, el mundo de la salsa sufrió una de sus más grandes pérdidas. Fue de las voces más emblemáticas del género musical, hasta el punto de que fue apodado “El Cantante de los Cantantes”. Su timbre se acomodaba, con una gracia espeluznante, al bolero, la salsa, el guaguancó, el son y, en muy pocas ocasiones, uno que otro merengue. Un funesto 29 de junio de 1993, Héctor Juan Pérez Martínez, indeleblemente conocido como Héctor Lavoe, partió a “la otra vida”, como presagió en el éxito Canto a Borinquen.

Desde su ciudad natal, Ponce, la voz de Juana Peña recibió un homenaje los pasados 28 y 29 de junio con distintas presentaciones musicales, exposiciones artísticas y conversatorios sobre la vida enrevesada del cantante. El conjunto de las actividades llevó 31 años en el periódico de hoy como nombre, y fue promocionado por la página Visit Ponce.

“El evento especial de 31 años en el periódico de hoy une la cultura, la juventud, el arte y la música para conmemorar al legendario ponceño Héctor Lavoe y destacar su impacto en la cultura”, lee la invitación oficial de la página web.

El pasado viernes, 28 de junio, el homenaje a Lavoe comenzó con la participación del Instituto de Música Juan Morel Campos, en el Centro Cultural Carmen Solá Pereira. Asimismo, el día siguiente contó con la presentación de la Orquesta Morel, compuesta por jóvenes, en el mismo espacio. Una casa colonial pintada de rosa con una terraza interior amplia, de losas que parecen ladrillos.

No obstante, la conmemoración más emotiva se dio el día de la muerte del cantante, 29 de junio, frente a la lápida del ponceño. Allí, donde las tumbas parecen casas de cemento, hay un panteón blanco cuya inscripción lee: “Aquí, en tierra ponceña, como fue su voluntad, descansan los restos de El Cantante de los Cantantes”. A eso de las 1:30 p.m., la Orquesta Creación, de Jorge Brown, tocó múltiples piezas conocidas de Lavoe, como “Mi Gente” (La Voz, 1975), “Aguanilé” (El Juicio, 1971) y “Periódico de ayer” (De ti depende, 1976).

Por la tarde, la Orquesta Morel atrajo a un sinnúmero de personas que aprovechó la pista. El Todopoderoso, Amor de la calle, La banda y otras piezas renombradas de Lavoe comprendieron la presentación del grupo juvenil, que incluye a 14 integrantes. El grupo, también, integra trombones, trompetas, saxofones, timbales, congas, bongó y hasta el remeneo de unas maracas.

Monumento a Lavoe. foto Archivo CLARIDAD

El homenaje integró un área de información e historias de la carrera musical de El Jibarito de Ponce, un destaque de las canciones más famosas, fotos de sus espectáculos y carpas que vendían galletas, llaveros y calcomanías con el rostro y los lentes del celebérrimo salsero.

“Los colombianos [o] peruanos, cuando llegan a la ciudad, se bajan del carro y celebran que están visitando la ciudad de Lavoe”, compartió el grupo Isla Caribe, organizador del evento.

Y es que Ponce trascendió los límites isleños con las canciones de Lavoe. Desde los tiempos en que estrenó su voz fañosa con la orquesta de Willie Colón, improvisaba cuanto soneo alusivo a la Perla del Sur en sus éxitos. Así lo hizo en Ah-Ah, Oh-No, pieza en que canta sobre el barrio Bélgica y “la casa de doña Monse” de su entrañable ciudad. De hecho, el último álbum de Lavoe, Héctor Lavoe Strikes Back incluye una canción titulada “Ponce”, dedicada a la ciudad de la quenepa.

Además de las actividades dedicatorias, el centro comercial Plaza del Caribe, en Ponce, tendrá una sala con memorabilia de la vida de Lavoe. La exposición incluye discografía, ropa del fenecido sonero, lentes y, también, una aportación artística.

31 años no son nada

Lavoe murió por complicaciones de salud en un hospital de Manhattan. En sus últimos momentos, sufrió múltiples azotes emocionales, físicos y económicos. Cinco años previo a su muerte, además de haber estado en un punto bajo de su carrera, tuvo que manejar la muerte de su hijo, quien murió por heridas de bala. A eso se le sumó la muerte de su querida suegra y la ya turbulenta relación con Nilda Puchi Román Pérez, su esposa.

Sin embargo, la gente le recuerda como un alma pueblerina, jocosa, divertida y espectacular. A puro baile, coro y aplauso, “su gente” se dio cita al Centro Cultural Carmen Solá de Pereira para acoger la noche en honor a un hijo querido de su país, pero especialmente de su Ciudad Señorial.

“Mañana por la mañana, me voy pa’ Borinquen, oye mi pana. Me voy en barco, me voy en avión o me zumbo nadando, ¡pero yo llego, señor!”. Héctor Lavoe

El silencio de una ciudad invadida en A Quiet Place: Day One

Especial para En Rojo

Uno de mis escenarios favoritos en el cine es la ciudad de Nueva York. No es tan solo porque viví en ella durante dieciséis años, sino porque nunca perdí la sensación de vivir dentro de una película. Desde mi espera en una estación de tren cubierta de nieve en el Bronx hasta caminar en una noche lluviosa por alguna de las calles cerca de Union Square, cada lugar me dejaba con una sensación de que alguien me observaba en una sala de cine. Inclusive, cada emoción o estado de ánimo que sentía en la ciudad conectaba con alguna imagen. Viví la poesía visual de la secuencia inicial de Manhattan (dir. Woody Allen, EE. UU., 1979), donde vemos un sinnúmero de localidades de Manhattan al ritmo de “Rhapsody in Blue” de George Gershwin mientras el personaje de Allen, a través de un voice-over, considera la manera de describir la ciudad. Distinguí el contraste entre la energía intensa urbana durante un día de semana y la oscuridad de los túneles del tren, claramente retratado en The Taking of Pelham One Two Three (dir. Joseph Sargent, EE. UU., 1974). Una noche, al salir de una obra de teatro, me perdí en Brooklyn tratando de encontrar la entrada de la estación del tren. Estaba desorientado en un área de la ciudad cuya surrealidad nocturna me transportó a After Hours (dir. Martin Scorsese, EE. UU., 1985). Coexisten varias ciudades, una encima de la otra, a manera de un palimpsesto. Y una versión no excluye la otra. Por esto, el Nueva York de vecinos que tocan a la puerta con una amabilidad que esconde un secreto satánico de Rosemary’s Baby (dir. Roman Polanski, EE. UU., 1968) se asoma por momentos en el Nueva York de una familia italiana que se sienta en la cocina a desayunar mientras cada uno revela sus romances en Moonstruck (dir. Norman Jewison, EE. UU., 1988).

En la reciente A Quiet Place: Day One (dir. Michael Sarnoski, EE. UU. y Reino Unido, 2024), los citadinos luchan por sobrevivir una invasión extraterrestre y la ciudad se transforma en una manifestación única de las dificultades que enfrentan los personajes. En A Quiet Place: Day One, la precuela de la serie de A Quiet Place, Samira (Lupita Nyong’o) es una paciente de cáncer con un gato entre sus brazos que reside en un hospital para enfermos terminales. Reuben (Alex Wolff), un enfermero, organiza una salida para llevar los pacientes a la ciudad de Nueva York. Aunque Samira se resiste al principio, ella accede a ir si puede comerse un pedazo de pizza.

Con esta escena algo triste, aunque bastante cotidiana, comienza una película donde los personajes tendrán que sobrevivir una invasión de extraterrestres monstruosos con una audición potente. La ciudad de Nueva York se torna en un infierno que hace referencia visual a los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001. Muchas veces podemos ver manadas de personas de diversas etnias y razas moviéndose silenciosamente por las calles tratando de escapar de la ciudad, recordándonos cómo la ciudad se unificó después de la devastación de las Torres Gemelas.

Las primeras dos películas, A Quiet Place (EE. UU., 2018) y A Quiet Place II (EE. UU., 2021), dirigidas y coescritas por John Krasinski, se llevan a cabo en áreas rurales de Nueva York cuando ya los sobrevivientes han aprendido a funcionar junto a la amenaza de los invasores. La primera película, en especial, usa el silencio de una manera fascinante para escalar la tensión. De hecho, recuerdo haberla visto en una sala de cine en el Bronx donde no se oyó ni un suspiro cuando los monstruos acechaban a los miembros de la familia. En la reciente precuela, los personajes no están preparados para la invasión y desconocen el ruido que puede ocasionar el rasgar de una camisa o un maletín atascado en una puerta.

A pesar de que pienso que las primeras dos películas usan mejor el silencio, A Quiet Place: Day One usa el espacio de una manera más interesante. Sarnoski, que también dirigió la excelente y oscura Pig (EE. UU. y Reino Unido, 2021) y colaboró en ambas con el mismo director de fotografía, Patrick Scola, retrata un Nueva York que parece un laberinto. La acción nos lleva por túneles oscuros y entre las calles sumergidas en humo por donde los sobrevivientes escapan de las sombras de los monstruos.

Como es evidente en Pig, Sarnoski también nos da una historia que gira alrededor de tres personajes, dos humanos y un animal. En Pig, el cerdo es tan solo el motivo para que Robin (Nicolas Cage) emprenda su búsqueda junto a Amir (Alex Wolff). Aunque el cerdo no tiene mucha participación, su ausencia se nota en la desesperación de Robin por encontrar al único ser con quien comparte su soledad. Sin embargo, en A Quiet Place: Day One, Samira siempre permanece cerca de su gato, que es su animal de apoyo emocional. Esa denominación es significativa porque cuando estos se separan por momentos, uno siente la tensión de Samira. El tercer personaje, Eric (Joseph Quinn), es un joven que Samira encuentra en el camino. Tanto Amir en Pig como Eric en A Quiet Place: Day One funcionan para devolverles un tipo de esperanza, por más mínima que sea, a los protagonistas a traves de su compañía. La amenaza de los extraterrestres monstruosos es un obstáculo más para Samira ya que ella está muriendo de cáncer. Su determinación de encontrar un pedazo de pizza, independientemente de la catástrofe que la rodea, hace evidente el intento del personaje de salvar tan solo un detalle de su pasado que la haga sentir viva. La búsqueda de Samira transforma la ciudad de un sitio asediado a un espacio que se niega a morir.

A Quiet Place: Day One es una muy buena película que recomiendo que disfruten en la pantalla grande. Si pueden, traten de ver las dos primeras películas antes de ver la precuela.

Encontrado en las redes. Recuerdos de Dylcia Pagán y sus contribuciones culturales

Eduardo Aguiar

Ayer perdí una compañera, amiga, hermana. Por casualidad laboramos en el mismo taller, WGBH-Boston pero no nos conocimos hasta que la compañera Rosaura (Pucha) López me la presentó en Puerto Rico, después de su salida de la cárcel.

Dylcia Pagán nació en Nueva York, parte de una familia nacionalista y desde la niñez estaba destinada a una vida de grandes logros. De niña fue una de las estrellas del programa de niños de WNET en NY. También fue una de las fundadoras del programa “Realidades” en WNET-NY, el primer programa puertorriqueño que se transmitía en la televisión pública.

Desde muy joven participó en todas las luchas de justicia social, fue una de las organizadoras de Puerto Rican Student Union (PRSU), organización que impulsó la creación de los estudios puertorriqueños y el Centro de Estudios Puertorriqueños en la ciudad de NY. Fue organizadora de múltiples organizaciones culturales en la ciudad. Dylcia también fue integrante del Young Lords Party.

Fue productora de TV en varias estaciones de NY y Boston y es durante esa época que se integra a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), decisión muy valiente ya que en el momento de más éxito en su carrera como productora decide integrarse a la vida clandestina. Una decisión que le costó muy cara, no solo por los casi 20 años que pasó en la cárcel, sino porque tuvo que entregarle su único hijo a una pareja de Chihuahua, México, quienes criaron a Ernesto como su propio hijo. Me consta que Carlos Gallisá y Lourdes Muriente siempre velaron por su salud y bienestar, además de su eterna hermana, Rosaura “Pucha” López.

Son muy poco los que deciden dejar la fama, gloria y dinero por la liberación de la patria. Dylcia era una gran productora de TV y lo dejó todo por la patria. Fue una de las imprescindibles.

Lo único que lamento es que hace dos semanas me pidió que la llamara y con el traqueteo de la vida no pude y me quedé sin poder tener esa última conversación.

Te voy a extrañar Dylcia, gracias por atención, cariño y amor. Hasta siempre, compañera, siempre estarás presente.

Luis Cordero Santoni

En marzo de 2009, en NYC, Cemi Underground organizó un evento por Dylcia Pagán en el que ella le presentó a nuevas audiencias algunos de los trabajos mediáticos a los que se había dedicado antes de la cárcel.

Aunque será recordada como una leal luchadora por la independencia de Puerto Rico y la lucha anticolonial, también fue una de las primeras defensoras de la inclusión de la cultura puertorriqueña en los medios de comunicación. Con ese fin se convirtió en productora de televisión y una de las pioneras en llevar la cultura latina a la televisión pública. Uno de los programas que produjo fue “Realidades”, en el Canal 13 de Nueva York, a finales de la década de 1970. Con ese fin, Cemi Underground, en 2009, presentó una proyección de uno de los espectáculos que produjo.

Dylcia será extrañada por todos los boricuas que se precien y por aquellos de nosotros que abogamos por el derecho inalienable de Puerto Rico a la independencia.

Roberto Delgado Ramos (Cate): el compañero y patriota de la eterna sonrisa 

Foto tomada de la página de FB de Carlos Rivera Lugo

 

Es imposible pensar en Cate, querido compañero fallecido en días recientes, sin recordar su eterna sonrisa. La calidez de sus saludos, la chispa de vida que siempre asomaba en sus ojos alegres. Cate fue la viva imagen del luchador entusiasta, optimista, de los que siempre creyó en las posibilidades de nuestro país y de nuestra gente para construir un futuro de libertad y oportunidades para todos y todas. El brillo de sus ojos se acrecentaba cuando hablaba de las puertas que abrirían los avances tecnológicos hacia un nuevo futuro para Puerto Rico y la humanidad. En eso, fue un adelantado. Hablaba de estudiar el futuro mucho antes de que la irrupción del Internet cambiara el mundo para siempre.
Se dio a conocer durante sus años universitarios, cuando la «generación que tomó las calles», al decir de Manuel de J. Gonzalez, luchaba aguerridamente por la reforma universitaria, el fin del servicio militar obligatorio y la libertad de la Patria, a la vez que se formaba académica y profesionalmente para tomar el batón de un nuevo y mejor Puerto Rico.
Fue activista estudiantil e independentista desde aquellos años mozos. Por eso, fue natural para él militar luego en el Movimiento Pro Independencia ( MPI) y en el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP), siempre acompañado por Nitza, su novia eterna, tan firme, entusiasta y aguerrida como él.
Vivió e hizo estudios en Chile en tiempos del gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular, donde fue imbuido del aire de libertad y justicia social que se respiró allí durante aquellos años. Después, como dice Silvio en «El elegido», «vivió la historia de un golpe y sintió en su cabeza cristales molidos», al desmoronarse aquel sueño de una nueva sociedad libre e igualitaria, bajo el horror de la dictadura de Augusto Pinochet.
Ya en Puerto Rico, fue miembro del Comité Central, organizador,  Secretario de Zona de Ponce y candidato a alcalde de la Ciudad Señorial por el PSP, en la primera incursión electoral de dicho partido en 1976. Dejó en Ponce una huella profunda entre compañeros y amigos, que lo siguieron siendo durante toda la vida.
En CLARIDAD fuimos beneficiarios de su conocimiento y habilidad como mentor y adiestrador en nuevas tecnologías, durante nuestra transición de las viejas maquinillas a las computadoras. Con su sonrisa perenne y su don de gentes, Cate fue el maestro ideal para guiarnos hacia la nueva era de la información digital.
Roberto Delgado Ramos fue un luchador de todos los días. Un militante de primera fila que nunca se dejó intimidar por los riesgos y peligros de la época convulsa que le tocó vivir. Fue una época bien difícil, que le puso a prueba muchas veces, pero nunca logró quitarle el entusiasmo, ni borrarle la sonrisa.
En estos últimos años, él y Nitza se habían ido a vivir cercanos a su hija y nietos en el estado de Oregon, en Estados Unidos, pero siempre mantuvieron el vínculo con la Patria y sus luchas, con sus compañeros y con su amado pueblo puertorriqueño.
Hoy, en la hora de su vuelo final al infinito, nos unimos en un apretado abrazo a su compañera de vida y luchas Nitza Hernández, a su hija Yara, su hijo Darién, su hermana Sari, nietos y demás familiares para celebrar su vida y recordarlo con profundo cariño y agradecimiento.
Junta Directiva y Colectivo de Trabajo de CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña